domingo, 16 de agosto de 2015

Locas razones



Hoy a la medianoche en La otra.-radio hacemos un especialísimo dedicado a Eduardo Mateo y la biografía que sobre él escribió Guilherme De Alencar Pinto, Razones Locas. Estuve la tarde escuchando canciones de Mateo para seleccionar, con la frustración de que son todas tan geniales que no vamos a poder llegar a pasar ni el 10% necesario para dar una idea cabal de su genio artístico. Esto sin contar que tenemos también una buenísima entrevista con Alencar, que dice muchas cosas reveladoras sobre Mateo y sobre Razones Locas.

Vamos a hablar un poquísimo también de la coyuntura política, lo mínimo indispensable, pero con la suficiente claridad como para instalar nuestra interpretación del momento actual.

Hoy a las 0:00 en http://fmlatribu.com/radio/hd/ invito al que guste a escucharnos.

La Nueva Provincia: la impunidad que resta

Los crímenes imprescriptibles y el mito de un gobierno "centrista"


En una nota publicada el martes pasado yo criticaba una idea muy repetida por estos días acerca de que el próximo gobierno, sea quien fuera el ganador de las elecciones, llevaría a cabo un "corrimiento hacia el centro" del espacio político, un presunto centro que reclamaría ocupar la sociedad en su conjunto. 

Por varios motivos, la idea de un gobierno centrista es un mito impracticable. Ante todo porque en política el centro no existe más que como posición ideal que marca el punto de choque de dos fuerzas contrapuestas. En segundo lugar, porque para postular un futuro centrista habría que conceder que el kirchnerismo es un extremo, pero precisamente los que hablan del corrimiento hacia el centro no aciertan a caracterizar qué tipo de extremo sería el kirchnerismo. Y en tercer lugar, porque no existe un reclamo que haga "la sociedad en su conjunto". La sociedad está atravesada por reclamos diversos y en algunos casos incompatibles. La jefatura del estado puede intentar diversas transacciones para hacer convivir los reclamos, privilegiar algunos, postergar otros y construir alianzas que hagan posible la convergencia de aquellos sectores cuyos reclamos no son contradictorios. Pero el resultado de la orientación de los conflictos nunca es neutro. Satisfacer a unos siempre será dejar insatisfechos a otros. Entonces, la idea del corrimiento al centro es más bien el intento solapado de construir una nueva hegemonía que permita desandar algunos avances logrados en estos años con el impulso del estado. La idea del corrimiento esconde un deseo de frenar o retroceder en ciertos procesos políticos en marcha.

Si existe un asunto que muestra que no es posible ningún centrismo, es el de los juicios por los crímenes de lesa humanidad. Desde el momento en que Kirchner pidió perdón en nombre del estado argentino a las víctimas del terrorismo estatal y respaldó ese gesto simbólico con un impulso muy firme de los procesos judiciales contra los terroristas de estado, se instaló una discontinuidad con las políticas de impunidad que los gobiernos post dictatoriales habían propiciado. Hoy hay en el país centenares de genocidas condenados y otros tantos procesados. La idea de que este proceso esté a punto de llegar a su fin se puede desmentir fácilmente, dado que hasta ahora la inmensa mayoría de los condenados y procesados han sido integrantes de las fuerzas armadas o de seguridad. La cantidad de civiles condenados o procesados es ínfima. Es decir: los sectores sociales que reclamaron, diseñaron y sostuvieron el terrorismo de estado de la última dictadura permanecen impunes. Estos sectores no son simplemente los "cómplices civiles" de la dictadura militar: son más bien los auténticos dirigentes de la dictadura, de la cual los militares fueron apenas el brazo ejecutor. Esos sectores fueron autores y beneficiarios del diseño de sociedad y de sistema económico que el terrorismo posibilitó. El terrorismo no fue un fin en sí mismo, sino un instrumento para instaurar en el país un plan económico de endeudamiento masivo, desmantelamiento de las conquistas sociales, flexibilización laboral, brutal transferencia de ingresos en favor de los sectores más ricos, privatización, primarización y extranjerización de la economía.

Los años kirchneristas marcaron el comienzo del fin de la impunidad. Pero este proceso no podría terminar ni siquiera cuando todos los militares represores hubieran sido condenados, si queda impune el núcleo de civiles que encabezaron este proceso criminal. No hablo acá de sectores sociales que omitieron hacer algo para impedir la masacre, sino de civiles que participaron activamente en la comisión de crímenes de lesa humanidad.

¿Se juzgarán a los dirigentes del ala civil de la dictadura? ¿Se discontinuarán los procesos ya iniciados contra empresarios como los Blaquier o los Massot, acusados de acciones criminales muy concretas, como coautores de homicidios con víctimas identificables? No hay corrimiento hacia el centro que pueda evitar la inexorabilidad de optar entre juzgar esos crímenes o dejarlos impunes. El próximo gobierno no puede buscar ningún centro. O deja que estos procesos avancen o propicia la impunidad. La importancia de este dilema no radica sólo ni principalmente en la necesidad de saldar conflictos del pasado. La impunidad de los criminales poderosos implica la perpetuación del crimen y funciona como condición de posibilidad de crímenes presentes y futuros. 

Todo esto viene a cuento de una nota publicada por Máxi Diomedi ayer en su blog Patologías Culturales, en la que trata extensamente del juicio contra Vicente Massot, cabeza del grupo La Nueva Provincia en Bahía Blanca y acusado de ser partícipe necesario de varios asesinatos. Veamos un tramo de la nota:

“Los que crean que las FF.AA. por sí solas van a arreglar este desquicio se equivocan de largo a largo. Constituyen nuestra reserva- y está visto que es moral y espiritual- pero necesitarán, y Dios sabe cómo, que esa ciudadanía (…) no ponga piedras, ahora en el camino…” (La Nueva Provincia, 25 de marzo de 1976).

"Todavía hay un pacto de silencio que calla este tipo de cosas"

Eduardo Hidalgo fue detenido y torturado en el centro de detención clandestino conocido como "La Escuelita", ubicado justo detrás del predio del V Cuerpo del Ejército. Su hermano y su cuñada, militantes igual que él, fueron asesinados después de un operativo militar la noche del 14 de noviembre de 1976. Actualmente es Secretario de la Asociación Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Bahía Blanca, organismo símbolo de la lucha y la defensa de los DDHH desde su creación en 1985. 

Conocedor de la trama de complicidades entre militares y actores de la vida civil de la ciudad y la zona, una mañana de invierno nos sentamos a charlar sobre la historia de La Nueva Provincia, el Plan de Acción Psicológica puesto en práctica a partir de 1976, y cómo - a pesar del paso del tiempo, la importancia de los juicios y el cambio en el modo de leer los medios por parte de la población los últimos años- su grado de influencia, aunque en declive, sigue siendo determinante. En tanto no se haga justicia la dictadura continúa. En Bahía Blanca "ésto recién empieza".

(...)

- Llega el año 1976. ¿Cuál es la participación del diario?
 
- (...) En 1976, cuando llega Videla, ellos son parte de la estructura civil del golpe de Estado porque si hay algo que todavía no se ha desarrollado es que en realidad este golpe fue más civil que militar, no porque le quitemos responsabilidad a los militares sino porque los civiles son los que planificaron el golpe. LNP en Bahía Blanca asumió como medio gráfico lo que se llama el Plan de Acción Psicológica sobre la población. Para eso hay que sentarse y tomar 10 diarios de 1976 en adelante y allí aparece la manera en que ellos actuaban; cómo negaban la posibilidad de que hubieran detenidos desaparecidos; cómo fraguaban junto a los militares, en lo comunicados de prensa, los enfrentamientos (que no eran tales); cómo escondieron la apropiación de bebés; de qué manera atacaron la acción de las Abuelas de Plaza de Mayo mucho tiempo después, cuando decían que el tema de los hijos nacidos en cautiverio era un argumento inventado por ellas. Ese es el contexto. El Plan de Acción Psicológica en Bahía Blanca estuvo personificado en la familia Massot y el diario LNP.


Hidalgo recuerda que el 11 de marzo de 1973, día en que Héctor Cámpora fue elegido presidente, el diario avisa en un artículo que lo estaría vigilando y que de ser necesario intervendría. No fueron utilizadas esas palabras pero casi. El tiempo enseñó que con LNP no es necesario aprender a leer entre lineas, lo que piensan lo escriben, no lo camuflan. 

El 27 de julio de 2003, tres meses después de asumir Néstor Kirchner, volvieron a obrar de igual manera. En una media página sin desperdicio firmada por Vicente Massot que se titula "Pandora y el aprendiz de Brujo", le hicieron una advertencia similar a la de Cámpora. Pasó desapercibida porque fue publicada en un periódico del "interior" y su rebote (y poder de fuego) no es el mismo que el de las plumas que escriben desde Capital Federal. Arranca diciendo que "la figura que mejor se corresponde con el gobierno, en general, y con el presidente, en particular, es la del aprendiz de brujo", porque con su imprudencia desató "fuerzas oscuras y ocultas a las cuales, luego de convocadas, no sabe y, por lógica consecuencia no puede, dominar en tiempo y forma". Finaliza con la siguiente descripción:

"Existe hoy, a lo largo de casi todas las guarniciones del país, un clima de desasosiego y, al mismo tiempo, de tensión.

"Nadie conspira, pero todos conversan. Nadie se imagina con la cara pintada, pero son muchos los que no están dispuestos a hacer las veces de convidados de piedra. Nadie sospecha que la Argentina se encamine hacia el socialismo, pero nadie se llama a engaño sobre el rol protagónico que cerca del presidente - con su anuencia - tienen sus amigos montoneros.

"Alguien ha abierto la Caja de Pandora. Las consecuencias no se verán ni mañana ni pasado, pero tarde o temprano se harán sentir. No hay plazo que no llegue y deuda que no se pague
".

[Para leer la nota completa, "Entrevista con Eduardo Hidalgo de la APDH Bahía Blanca", hay que ir al blog Patologías Culturales, clickeando acá]

sábado, 15 de agosto de 2015

Razones locas: El paso de Eduardo Mateo por la música uruguaya

Sábado en Patologías Culturales y domingo en La otra.-radio: entrevista a Guilherme de Alencar Pinto, autor de la extraordinaria biografía de Mateo. FM La Tribu, 88,7


Guilherme de Alencar Pinto es autor de un libro imprescindible para terminar de comprender el genio anómalo del músico uruguayo Eduardo Mateo. El libro se llama Razones Locas y acaba de publicarse la cuarta edición, conjuntamente realizada por La Edad de Oro (Buenos Aires) y Perro Andaluz (Montevideo). Esta edición actualizada, a más de 20 años de la primera, permite revisar en perspectiva el sostenido crecimiento de la reputación que fue conquistando Mateo desde el momento de su muerte, ocurrida en 1990, y la actualidad. Alencar Pinto logró un libro extraordinario, que es la mejor presentación a la obra de un músico que aún desafía nuestra capacidad de escucha. Con motivo de esta nueva edición, Alencar vino a Buenos Aires y tuvimos oportunidad de entrevistarlo, junto con Máxi Diomedi. 

Este fin de semana vamos a emitir la entrevista en dos entregas: hoy sábado a las 17:00 en Patologías Culturales y mañana domingo a la medianoche en La otra.-radio, por FM La Tribu.

En el pasaje de Razones locas que citamos a continuación, Alencar se pregunta por los motivos de la difícil recepción que tuvo una obra artística tan descomunal como la de Mateo, en el contexto de la cultura montevideana de la época de la dictadura militar y el Canto Popular uruguayo:

El caso de Mateo es apenas un extremo, no demasiado improbable, de una situación que es inherente al tamaño del mercado uruguayo, agravado por la orientación predominantemente mercadológica de la difusión musical. Pero el factor decisivo fue el sicológico, que llevó a que el propio Mateo boicoteara una buena parte de las oportunidades que le brindó el medio. Si uno tratara de establecer hasta qué punto contó un factor u otro, se podría pensar en un claro análogo primermundista, tan venerado como Mateo por sus congéneres: Charlie Parker. Tan autodestructivo e indisciplinado como Mateo, y habiendo vivido quince años menos, se encontró con una estructura preparada para dar mucha más consecuencia a sus brotes de calidad e inventiva, y logró dejar registrada una proporción de su obra de la que nadie se puede quejar.

Pero lo que más me importa destacar es un tercer favor: la reacción de la sociedad ante una figura como Mateo en un contexto política y socialmente más convulsionado y dramático que el vivido por Parker (sin querer disminuir lo que hay de dramático en el contexto en que vivió Bird). El momento, a muy grandes rasgos, podría ser definido bipolarmente como la oposición de las tendencias dictatoriales (el sistema, la situación) y la resistencia protagonizada por la izquierda política. Esta situación se inmiscuyó totalmente en el escenario musical uruguayo. Sin embargo parece no haber habido diferencias entre la elite intelectual, el sector social de izquierda y el cuerpo social más amplio, unidos todos en la postura normal de segregación del 'loco'.

La particular 'locura' de Mateo parece ideal para hacer de él un punto de referencia ideológico. Bastante impermeable a los estímulos sociales, Mateo respondía muy poco a opiniones ajenas. Las grabaciones de espectáculos de los años oscuros de Mateo demuestran que la evolución de la categoría de 'sombra lastimosa' a la de genio intocable se operó más en los observadores que en el observado. En todo caso, la actitud personal que culmina con una mendicidad apenas más notoria que la mantenida hasta sus últimos días, parece ser más bien una respuesta a una merma violenta de las posibilidades de trabajo que la causa de la misma. Y acá no se trata de establecer culpas individuales, ya que el cambio de enfoque ocurrió, más o menos pronunciado, en allegados a Mateo que con toda buena voluntad trataron de respaldarlo en los tiempos difíciles. Por si hace falta, el caso de Mateo viene al pelo para mostrar la incidencia de lo subjetivo, ideológicamente condicionado, en juicios que algunos tienen la absoluta seguridad de que son 'objetivos' y defendibles racionalmente. Si el diccionario de la Real Academia define 'locura' como 'privación del juicio, no sería un arrebato romántico decir que ese rasgo correspondió a los demás, en forma más pronunciada que a Mateo.

Mi intención no es hacer una defensa idealizante de la actitud de Mateo. En lo personal, deploro muchas de sus actitudes, y sufrí las consecuencias de su ética personal dudosa y su eventual egoísmo (que parecían convivir en él sin conflicto con lo mucho que tenía de querible y admirable). Lo grave es que las fuerzas progresistas del Uruguay, necesitadas de los aportes poderosos de esos talentos descomunales que aparecen cada tanto, hayan desperdiciado por tantos años (y justamente qué años) una prodigiosa fuente de ideas útiles. Es comprensible que los músicos resistentes no se subieran livianamente al carro de posibles delirios, pero es también decepcionante que no hubiera un intento -en una época en que se tendía a las teorizaciones, a la apología del rigor y del espíritu crítico- de derivar de Mateo y de su producción sus complejas y ricas implicancias estéticas y filosóficas, de hurgar en su gama de posibles sentidos, para entonces evaluar lo que de allí podría servir o no al 'hombre nuevo'. El contraste entre el comportamiento de Mateo y la normalidad social era lo que ponía en evidencia especial sus incoherencias, endebleces o sinsentidos -características que, si uno se pone especialmente crítico o autocrítico, va a encontrar en cualquier cuerpo social-. Y el cuerpo social -como es tendencia casi  ecuménica- prefirió negar sentido a lo diferente antes que ponerse a buscarle nuevos sentidos (y así parcialmente desarmarse). En líneas generales, se reaccionó por un somero etiquetaje, permitiendo que la 'música de izquierda' quedara (falsamente) asociada a las cuadradeces que al poco tiempo estarían patentes en la izquierda misma.

(Razones locas, capítulo 26)

Más sobre Eduardo Mateo acá y acá.

viernes, 14 de agosto de 2015

Los economistas del PRO y el equívoco del liberalismo


por Juan Manuel Iribarren

Como por consejo de asesor han decidido no presentar ningún proyecto económico, habrá que hacer de cuenta que las ponencias de Espert, Broda y Melconian en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción son el único rastro, la única pista con la que contamos para dilucidar algo de lo que están pensando sobre la economía, por lo que no sería descaminado hacer de cuenta también que esa reunión semiprivada fue una reunión pública con el objeto de dar a conocer cómo piensa el equipo económico del macrismo y por qué lo deberíamos votar. Que no podamos recurrir al Pro para saber cómo piensa el Pro solo es parte de la época; hoy no solo la derecha ya no cree en la división derecha- izquierda, y los neoliberales se ven a sí mismos como liberales, sino que hay un intento de dejar de considerar a la política como tal con el fin de presentarla como gestión- y la gestión es racional y esa racionalidad es más o menos compartida por todos los analistas de buen fundamento; lo que evidencia, por supuesto, que la ideología es de los otros, y que son ellos- los gestores- los únicos que no tienen ideología, ya que la ideología es irracional y ellos representan el sentido común; y por sentido común también se debe entender una razón suprema, por lo que los políticos solo deben limitarse a gestionar, o en su defecto, a buscar quien les gestione y nada más: se trata por supuesto de ideologías reforzadas, y hay que entender en esta naturalización de la ideología un enorme y peligroso acto autoritario- tan brutal en sus fundamentos como inofensivo en su imagen- expresado en la frase de Melconian: "aquí no hay ideología, aquí hay capitalismo, aquí hay sentido común y aquí hay reglas de juego".

Como los tiempos han cambiado, hoy algunos partidos políticos ya no pueden lucir sus economistas como en otras épocas, hoy tienen que esconderlos, ocultarlos, solapar un poco sus ideas, y si fuera posible, negarlos un poco, oscurecerlos, aunque se trate de economistas reconocidos, todos doctores con una larga reputación de la que sin embargo ya no se ocupa la sociedad civil, que ha dejado de percibir garantías en el conocimiento académico como lo hacía en otras épocas; pero quizás esté tan naturalizado el ocultamiento del macrismo detrás de falsas banderas, y sea tan fácil de entender, que no pensemos que sea importante intentar entender también la otra cara de la moneda y es por qué estos economistas se prestan al juego, y qué lejos quedó la época en que los economistas defendían a capa y espada sus ideas y sus locuras, diciendo lo que había que hacer con todas las letras y en todos los medios, muy lejos de la inquietante timidez (matizada de soberbia compulsiva, hay que decirlo) de algunos economistas de hoy, que juegan el papel de los incomprendidos, los que no pueden decir lo que piensan porque la sociedad no está preparada.

Que Melconian sea el único economista orgánico del Pro, que los demás sean asesores, que incluso Espert reniegue de la política y de los políticos y diga que no pertenece a ninguna corriente, no invalida que se pueda ver un conjunto en las ideas, no tanto porque se presenten juntos sino porque las diferencias sutiles en los discursos no son lo suficientemente evidentes para, de ser conocidas, generar una repercusión pública de distinto tenor; puede que si les tocara gobernar tuvieran algunas diferencias, pero en lo que respecta a la opinión pública no habría diferencias sustanciales, la reacción sería la misma, así que es conveniente ir a la cuestión central, que a mi modo de ver, no es tanto la que dicen, como la que suponen (e incluso dicen en otras ocasiones) al pasar: debido a que la sociedad argentina está enferma de populismo no es posible decirle la verdad sin generar una reacción negativa (sin que no nos voten), por lo que, dado que la sociedad argentina no puede hacer valer su razón, ya que se trata de una razón enferma, es necesario engañar al pueblo para evitar que el pueblo se autoengañe a sí mismo con falsas ilusiones de carácter patológico, digamos, por ejemplo, la inclusión social, el pleno empleo, el aumento del gasto público, entonces, resumiendo: es necesario engañar al pueblo para que el pueblo no se autoengañe. Y con esto arribamos a una diferencia sutil con la factoría Duran Barba que diría que es necesario engañar al pueblo solo para llegar al poder, lo cual no es tan sencillo de ver como reflejo de alguna ideología en particular, y parece ser un poco más elemental; en tanto que engañar al pueblo para que ese pueblo no se autoengañe, y por supuesto, con las mejores intenciones, no puede dejar de pensarse como una ideología interesante de señalar ya que tratar al pueblo como a un enfermo al que no hay que decirle lo que tiene ni explicarle cual va a ser su cura, presupone echar por la borda todos los ideales liberales al suponer un sujeto sin libertad, sin capacidad de decisión, y sin racionalidad, y evidentemente en esto hay una verdad y un sentido común que presupone lo conveniente de esa táctica y ambos, tanto la verdad como el sentido común, son una construcción ideológica; en lo que respecta a lo conveniente, son estrictamente ideológicos y como tales, siempre algo difíciles de vislumbrar y retener un tiempo en la lupa. Y con lo que intenta ser invisible, lo que no quiere mostrarse, siempre tenemos la opción de un deber: Visibilizarlo.

Ya que el macrismo se presenta como no ideológico y no creo que sea prudente juzgarlo sin saber que piensan ellos de sí mismos, y dado que sobre eso no pueden hablar por consejo de asesor, para acercarnos, deberíamos saber al menos qué piensan estos economistas de sí mismos? Por supuesto, que son liberales, pero ¿lo son realmente? ¿De qué hablamos cuando hablamos de liberales?

[Fragmento de la nota "De qué hablamos cuando hablamos de liberales y otras cuestiones (1)", cuyo texto completo puede leerse en el blog Un Largo, clickeando acá]