
Cuando a Amy Winehouse le preguntan por qué está tan flaca, contesta: “
sufro de anorexia, bulimia y otros problemas alimenticios. No estoy del todo bien aún, pero tampoco creo que ninguna mujer lo esté”. Son ideas acerca de la salud. Ustedes saben, porque
ya lo hablamos aquí: Amy se hizo mundialmente famosa con una canción en la que se niega a someterse a un tratamiento de rehabilitación por sus adicciones, tratamiento al que su familia y el estado quieren obligarla:
NO TENGO TIEMPO DE IR,
Y SI PAPÁ DICE QUE ESTOY BIEN…
ÉL YA INTENTÓ LLEVARME A REHABILITACIÓN
PERO NO VOY A IR, NO, NO.
PREFIERO ESTAR EN CASA CON RAY,
NO ME SOBRAN 70 DÍAS...
Parece que después, cuando se puso peor, accedió a internarse por un tiempo. Pero al menos en cierto sentido ya era tarde. Porque la canción transformó un asunto privado en una obra de arte (cuando vas al teatro no esperás que Hamlet sea un dechado de virtudes: ¿por qué esperarlo entonces del personaje de una canción?) y en un asunto político (ya no se trata de lo que le pase a un famoso en su privacidad, después de todo decenas de ídolos pop se toman todo y caretean tener una vida impecable; Amy, al hacer con eso una canción, pone sobre el tapete el tema del poder sanitario del estado y de la familia: ¿quién se considera sano como para obligar a otro a someterse a
su idea de la salud?).
Cuando Amy hace poco ganó cinco Grammy por sus canciones, la que se puso mal fue Natalie Cole: "
No tendría que haber ganado. Creo que eso le da un mal ejemplo a los jóvenes que están intentado hacerlo bien. Tenemos que parar de recompensar los malos comportamientos".
"
No estoy en esto para ser un modelo a seguir -respondió Amy-,
escribo canciones porque tengo la cabeza hecha mierda y necesito sacar algo bueno de lo malo".
Cuando el amigo Juan González del Solar leyó en nuestro blog acerca de Amy, expresó sus reservas: “
No hay apología, ok, pero ¿no te parece que así va a ser leído por un adicto que cante esta canción como un himno de victoria? Por otra parte, la mina está diciendo no a la rehabilitación; ¿a qué le dice que sí cantando esto?”.
Le respondí a Juan que pienso que un buen efecto que produce la canción es que se debata políticamente sobre salud, sobre individuos sanos o enfermos, sobre sociedades sanas o enfermas, sobre la medicalización de la existencia. Le comenté que a mí me interesa abrir ese debate, escuchando voces diversas. Y creo que la de Amy es la voz que menos se escucha, la del “enfermo” que “no sabe lo que le conviene”. E invité a Juan a desarrollar su punto de vista en nuestro blog (Juan tiene
el suyo, muy interesante). En principio, Juan aceptó seguir pensando el asunto, pero después de un par de semanas me mandó un mail en el que me decía: “
Estimado Oscar, acá te paso el archivo de lo que quiso ser tantas veces el post. Se me hizo imposible.
Gracias por la oportunidad.”
Pero al leer el archivo, me pareció que este era justamente el testimonio que valía la pena publicar. Se lo comenté y luego de una pequeña y amable negociación, Juan aceptó que el archivo de su imposibilidad se transformara en este post:

«Definitivamente se me hace imposible escribir este post, no tengo ganas o no puedo. Qué puedo contar; nunca consumí cocaína, ni siquiera la vi, lo máximo fue hace dos semanas en el baño de un boliche, un flaco sacó un papelito y se dio un saque como quien se lava las manos; me imagino cómo debe de ser por El pasado, todo mi acercamiento. Alguna vez fumé pero me cayó mal y con eso suficiente, no me gustó aunque le di un par de oportunidades; tal vez la que cultivaba un amigo era diferente, una pitada y listo, pero no otra cosa, no me seduce verme a mí mismo sin mis reacciones, pobres pero mías y concientes. Me acuerdo de mis amigos hablando de las genialidades que pensaban en ese estado en el que cada vez estaban más; los escuchaba y no se les caía una idea ni aunque citaran a Nietzsche. Y después decían que había que fumar con un anotador, no sabés las cosas que se me ocurren, a vos que escribís te haría bien, te puedo pasar un par de ideas. No leían un libro ni bajo tortura, pero ellos sabían más, ellos siempre tenían la razón y la muerte que después llega. Porque que tu vida pierda cualquier sentido o ánimo no es liberación, es pobreza.
«Pero es buscada, claro, con los ojos abiertos, como Amy, que tiene bien claro qué es lo que quiere, lo que necesita y lo que no le interesa: bien por ella. Mientras tanto la muerte otra vez, ver familias destruidas y yo que sé más, ustedes no entienden, “ustedes”, con desprecio y superioridad, y esa larguísima cantidad de estadísticas y excusas que solo demuestran más carencia.
«¿Que qué se siente? Te sentís Superman, podés todo. Excelente, Superman. Mi amigo tenía la S azul y roja tatuada en la espalda. Como si supiera. La definición es de otro amigo, que por el momento está peor todavía y nada indica lo contrario; ambos coinciden con los otros y los otros y con Amy: ellos saben, saben más, mucho más que vos, que sos un careta. Llega un día en que les aburre mucho estar con vos aunque hagas las idioteces de siempre, en que les molesta e incomoda que digas no gracias; no me juzgues, no te juzgo, lo estás haciendo, no lo estoy haciendo, simplemente que no me interesa, que no tengo ganas, que no gracias, pasemos a otro tema, no hay otro tema, el adicto habla por sobre todo de una cosa –esta es, según la psicología, la definición del adicto y su diferencia con el que solo consume–.
«Amy se da un pase en el escenario. Acá, en Madrid, escucho a los Redondos y me acuerdo de la exégesis que hacía de chico, uh, mirá, esto habla de la droga, qué loco. Qué muerte, qué basura, pero eso no lo decía ni lo sabía ni, por sobre todo, me hubiera animado a decirlo o pensarlo: este tipo el Indio es un genio. Qué bien. Todo está bien. Que los pendejos prueben, que los grandes prueben, que te pegues un tiro, no hay problema, es tu vida. Sí, ya sé que vos lo manejás.
«Amy necesita un amigo y yo también; a mí me toca la suerte, para mí, de no encontrar el substituto.
«Yo intenté, como muchos, ser buen amigo de mis amigos: el primer día no lo estás entendiendo; el segundo no entendés nada; el tercero te atiende y te corta; el cuarto y subsiguientes no te atiende el teléfono. Vos probás con todas las formas pero él sabe todo antes. Está todo bien, me fumo un faso y pasa la vida; una noche; dos; desde que me levanto. Y no se trata de no fumar –tengo muchos amigos que cada tanto fuman y no tendría mayor problema en dar alguna otra pitada– o de no darse un pase –ya, estimo, de otro calibre y no me anotaría–, se trata de vivir.
«¿La vida, qué es eso, esa basura de sistema en el que estás vos donde te dicen qué hacer todo el día? Dejame a mí. Él la tiene clara y yo no; Amy también la tiene clara, I said no, no, no. Genia, Amy. Cuatro millones más dicen no, no, no. ¿Y la respuesta?, ¿a algo se le dice sí? En algún momento la rebeldía va a consistir en ser parte de algo y se hará famoso el torneo de golf para roqueros.
«A mí no me interesa recibirme, no me interesa laburar, no me interesa tener una novia ni hacer la vida que hacés vos, no puede ser tan difícil de entender. No te creo, no te creo nada. Y mucho menos creo que sepas cuál es la vida que elijo yo. ¿Elijo? No sé, no tengo idea. Tampoco sé si elije Amy, claro, sé que dice no, no, no, con una banda que suena increíble, y que va a los Grammys y los gana todos. Genia Amy, vos sí que la pegaste.
«¿Sabés lo que es ver a tu alumno de dieciséis años dado vuelta a las 8 de la mañana? Que llore y que no sepas qué hacer. Que pierda otra vez el año. Que te hable de que quiere suicidarse. A los dieciséis años. Y Amy dice no, ojalá saliera de acá como por arte de magia.
«Está todo bien, reina, es tu vida, vos sabés más, ya conseguirás tu amigo y les explicarás a los que tenés que el que falta es otro, es distinto, o por ahí se van a vivir juntos y te dan una mano con esta forma que parece no gustarte tanto; guita no falta y hasta pueden hacer un reality que se llame Safehouse. Mi amigo sabe más siempre; un día dijo basta y estuvo como tres semanas sin consumir; genio, mi amigo. Después pasó algo y se dio un saque de como 14 grs. que casi lo deja para el recuerdo; qué se le va a hacer, cosas que pasan, la próxima no va a ser así. Claro que no va a haber una próxima, aunque del lado de los mortales la vida se ponga áspera y haya que despertarse temprano por lo que te parece muy poco. Lástima que el día que lo encontraron justo estuviera toda tu familia reunida por tristeza; ellos tampoco entienden nada. Está todo bien, el afano también, si estaba como loco, no pude hacerlo de otra manera. Te creo.
«No es contra la droga; por mí que la legalicen, que no se enriquezcan los de siempre y que se cobren impuestos para invertir en Salud.
«¿Qué queda después? ¿A qué se le dice sí? ¿Cuál es la alternativa para la droga?
«No puedo escribir este post porque no entiendo nada y porque lo que pienso lo piensa cualquiera –hasta Amy–, que la droga mata, te asesina. Para el mundo en que vivimos soy un bicho feo con espíritu moralizante y eso no sirve, abajo la inquisición; encima tampoco soy “del palo”, así que peor que peor. Me falta todavía mucho coraje para ser lo políticamente incorrecto que querría. Y encima creo en Dios.
«No tengo nada para decir, que Amy diga no, que la canten frenéticas millones de personas en el mundo, que esté todo bien, genia Amy.»
Esto es lo que piensa Juan. ¿Qué piensan ustedes?
O. A. C.