jueves, 6 de marzo de 2008

Qué bárbaro


Cuando Mauricio Macri ganó las elecciones porteñas se me ocurrió pensar que el hijo de empresario iba a hacer de su gobierno una vidriera para proyectarse a nivel nacional. Pensé que iba a guardar las formas en determinados ámbitos, como por ejemplo el área cultural. Pensaba que una gestión prolija, manteniendo lo que de bueno se hubiera hecho en el área cultural, le podía servir para desmentir a los que piensan que es el dirigente de un sector social que quiere retroceder hasta una barbarie de mercado.

Estos pocos meses de macro-michettismo parecen desmentir mi cálculo. El Programa Cultural en Barrios quizá sea un caso testigo del proyecto, mucho más, por ejemplo, que el destino del Bafici (que es para el marketing macro-michettista una vidriera restringida a sólo 10 días en el no lugar de los shoppings comerciales). Quintín en su blog está muy contento porque se encontró con la productora general del Bafici que le dijo que "está todo bien". Así que se fotografió brindando sonriente en una mesa con la funcionaria del macrismo.

En el Programa Cultural en Barrios no está todo bien. El gobierno de Mauricio y Gabriela, su brazo ejecutor Hernán Lombardi y el director del programa Guillermo Gonzalez Heredia han emprendido los movimientos tendientes a liquidarlo.

El programa abarca 1200 talleres distribuidos en 37 centros culturales esparcidos por toda la ciudad, desde Lugano hasta Palermo. El año pasado participaron de estos talleres 20.000 personas. Yo coordino desde 2006 un taller de cine en el centro cultural del barrio de San Telmo, en San Juan al 300. Cada semana puder ver cómo el centro cultural se llena de gente que hace teatro, percusión, historietas, fotografía, murgas, bailan salsa, tango: niños, adolescentes, jubilados, que empiezan a preguntar ansiosamente desde mediados de febrero cuándo arrancan los talleres. Está claro que más allá de cumplir una finalidad estrictamente cultural, estos talleres barriales funcionan como espacios de contención en los que la gente del lugar se siente convocada a producir y crear, ensayando una modalidad de existencia que rompe con la rigidez del modelo televidente / consumidor que el neoliberalismo les asigna a los hombres. Esta contención forma parte de las alternativas que una comuna le puede ofrecer a una población de jóvenes que van a ser expulsados fuera de los talleres hacia las calles.

Para el gobierno de Macri y Michetti, para sus ejecutores Lombardi y González Heredia, está claro que estos modos comunitarios deben ser borrados. Ya anunciarion que van a desaparecer la mitad de los talleres, sin que se conozcan los criterios de esta desaparición. Lo que sorprende es la ignorancia de los encargados de ejecutar la liquidacíón de esta experiencia de varias décadas. Para la barbarie macrista se trata de problemas de guita, de hacer rendir la guita mejor, de acuerdo con lo que para alguien de esta estatura intelectual puede significar "rendir mejor".

Veamos el ejemplo del liquidador González Heredia: "Nunca fueron 1.200 talleres; ése era un número marketinero. Si hay un taller de teatro para chicos, otro para adultos y otro experimental no significa que sean tres talleres. Es uno: de teatro". Es una lógica implacable, la de aquel que no tiene idea de qué es el teatro, no sabe qué es un taller, cuál puede ser la diferencia entre trabajar con un grupo de niños y otro de adultos. Es la lógica de un bárbaro que, ignorando estas cosas elementales fue designado para... ¡dirigir el programa! (en realidad para desmantelarlo). "Detectamos una superposición de talleres -dice en tren detector-. ¿Ejemplo? Dos docentes que dictaban el mismo taller en el mismo centro cultural. O talleres con 10 o 12 alumnos. Ahora vamos a optimizar la carga horaria de los docentes y a juntar más alumnos en cada taller". Van a optimizar la carga horaria, juntando quizá en un solo taller literario a 40 niños, adultos, jubilados, total, todos estarán sentados escribiendo. Los talleres siempre fueron gratuitos. En la incertidumbre que reina en estos días en los centros culturales circulan proyectos macristas para arancelarlos.

El programa de talleres barriales de la Ciudad nació en 1984 y a lo largo de estos años, bajo diversos gobiernos, los vecinos y los docentes construyeron una rica experiencia que ahora está a punto de ser arrasada.

Está todo bien, Quintín. Va a estar bueno Buenos Aires. Macri y Michetti representan un modelo político que votaron mayoritariamente los porteños. Dentro de un tiempo, quizá, esta gestión sea propuesta para gobernar la república.


OSCAR ALBERTO CUERVO

MI FUNERAL


El crimen desorganizado
entra y sale de mi casa o van a la casa de al lado.
Todos mis amigos son iguales
y los que no son iguales son tan diferentes
que somos ausentes.

Hace poco un amigo volvió arrepentido a su casa,
y ya por acá ni pasa,
ni el teléfono atiende.
¿Serán las indicaciones del psiquiatra?:
"seguí con el Rivo

pero ni te juntes con el músico furtivo..."
No lo culpo, a mí me pasó algo muy parecido.
Y me desintoxiqué, engordé
y desayunaba al mediodía,
cinco minutos de felicidad... ¿la verdad?
Es que a veces mataría por otros cinco minutos más.

¿Y qué más?
El resto de la vida...
¿La vida? ¿Cuál vida?
La mía te asustaría.
A mí que la vida me gusta también me asusta.

La verdad es que tengo momentos de debilidad.
Y quiero ir al cine, ir a cenar a lo de una pareja de amigos,
hablar de Jarmusch y Abel Ferrara,
y ninguna mañana rara.

Miro a los otros que son como yo …mala vida.
Si no se suicidaron ya, fue por cobardía.

Cómo quisiera ser tan diferente
¿qué habré recibido a cambio de ser un solitario del carajo?
¿un buen trabajo? ¿facilidad musical? ¿violencia intelectual?
¿fama? ¿respeto? …no está mal.
Pero la herida es mortal.



No estoy solo, de verdad, me acompaña mi propia soledad.
De verdad, me acompaña mi propia soledad.

¿Nadie sabe lo que pasa con la gente diferente?
El bohemio se pudrió mucho antes del milenio.
¿Y el reo? Queda feo en un mundo grasa,
¿Qué pasa con los vagabundos y los borrachines y los soñadores?
Yo te digo qué pasa: se quedan sin casa
y la vida moderna los arrasa, los pasa por arriba y se los morfa,
se los come, o los encierra bajo dieta de Cindor y cocaína,
o les lame el orto esperando que terminen arrastrándo... se.
No lo sé.
A mí me parece claro como el agua podrida.
C'est la vida. C'est la vida.

Interminablemente se vuelve uno decadente,
y en una sociedad que engorda mostrar los huesos,
¡esos huesos! ¡ese abandono!
¿Será la capa de ozono? No lo sé.
A mí me parece claro como el agua estancada,
no pasa nada.

A mí me parece claro como el agua podrida,
así es la vida.


ANDRÉS CALAMARO

miércoles, 5 de marzo de 2008

Estar a salvo


Cuando a Amy Winehouse le preguntan por qué está tan flaca, contesta: “sufro de anorexia, bulimia y otros problemas alimenticios. No estoy del todo bien aún, pero tampoco creo que ninguna mujer lo esté”. Son ideas acerca de la salud. Ustedes saben, porque ya lo hablamos aquí: Amy se hizo mundialmente famosa con una canción en la que se niega a someterse a un tratamiento de rehabilitación por sus adicciones, tratamiento al que su familia y el estado quieren obligarla:

NO TENGO TIEMPO DE IR,
Y SI PAPÁ DICE QUE ESTOY BIEN…
ÉL YA INTENTÓ LLEVARME A REHABILITACIÓN
PERO NO VOY A IR, NO, NO.
PREFIERO ESTAR EN CASA CON RAY,
NO ME SOBRAN 70 DÍAS...

Parece que después, cuando se puso peor, accedió a internarse por un tiempo. Pero al menos en cierto sentido ya era tarde. Porque la canción transformó un asunto privado en una obra de arte (cuando vas al teatro no esperás que Hamlet sea un dechado de virtudes: ¿por qué esperarlo entonces del personaje de una canción?) y en un asunto político (ya no se trata de lo que le pase a un famoso en su privacidad, después de todo decenas de ídolos pop se toman todo y caretean tener una vida impecable; Amy, al hacer con eso una canción, pone sobre el tapete el tema del poder sanitario del estado y de la familia: ¿quién se considera sano como para obligar a otro a someterse a su idea de la salud?).

Cuando Amy hace poco ganó cinco Grammy por sus canciones, la que se puso mal fue Natalie Cole: "No tendría que haber ganado. Creo que eso le da un mal ejemplo a los jóvenes que están intentado hacerlo bien. Tenemos que parar de recompensar los malos comportamientos".

"No estoy en esto para ser un modelo a seguir -respondió Amy-, escribo canciones porque tengo la cabeza hecha mierda y necesito sacar algo bueno de lo malo".

Cuando el amigo Juan González del Solar leyó en nuestro blog acerca de Amy, expresó sus reservas: “No hay apología, ok, pero ¿no te parece que así va a ser leído por un adicto que cante esta canción como un himno de victoria? Por otra parte, la mina está diciendo no a la rehabilitación; ¿a qué le dice que sí cantando esto?”.

Le respondí a Juan que pienso que un buen efecto que produce la canción es que se debata políticamente sobre salud, sobre individuos sanos o enfermos, sobre sociedades sanas o enfermas, sobre la medicalización de la existencia. Le comenté que a mí me interesa abrir ese debate, escuchando voces diversas. Y creo que la de Amy es la voz que menos se escucha, la del “enfermo” que “no sabe lo que le conviene”. E invité a Juan a desarrollar su punto de vista en nuestro blog (Juan tiene el suyo, muy interesante). En principio, Juan aceptó seguir pensando el asunto, pero después de un par de semanas me mandó un mail en el que me decía: “Estimado Oscar, acá te paso el archivo de lo que quiso ser tantas veces el post. Se me hizo imposible. Gracias por la oportunidad.”

Pero al leer el archivo, me pareció que este era justamente el testimonio que valía la pena publicar. Se lo comenté y luego de una pequeña y amable negociación, Juan aceptó que el archivo de su imposibilidad se transformara en este post:




«Definitivamente se me hace imposible escribir este post, no tengo ganas o no puedo. Qué puedo contar; nunca consumí cocaína, ni siquiera la vi, lo máximo fue hace dos semanas en el baño de un boliche, un flaco sacó un papelito y se dio un saque como quien se lava las manos; me imagino cómo debe de ser por El pasado, todo mi acercamiento. Alguna vez fumé pero me cayó mal y con eso suficiente, no me gustó aunque le di un par de oportunidades; tal vez la que cultivaba un amigo era diferente, una pitada y listo, pero no otra cosa, no me seduce verme a mí mismo sin mis reacciones, pobres pero mías y concientes. Me acuerdo de mis amigos hablando de las genialidades que pensaban en ese estado en el que cada vez estaban más; los escuchaba y no se les caía una idea ni aunque citaran a Nietzsche. Y después decían que había que fumar con un anotador, no sabés las cosas que se me ocurren, a vos que escribís te haría bien, te puedo pasar un par de ideas. No leían un libro ni bajo tortura, pero ellos sabían más, ellos siempre tenían la razón y la muerte que después llega. Porque que tu vida pierda cualquier sentido o ánimo no es liberación, es pobreza.

«Pero es buscada, claro, con los ojos abiertos, como Amy, que tiene bien claro qué es lo que quiere, lo que necesita y lo que no le interesa: bien por ella. Mientras tanto la muerte otra vez, ver familias destruidas y yo que sé más, ustedes no entienden, “ustedes”, con desprecio y superioridad, y esa larguísima cantidad de estadísticas y excusas que solo demuestran más carencia.

«¿Que qué se siente? Te sentís Superman, podés todo. Excelente, Superman. Mi amigo tenía la S azul y roja tatuada en la espalda. Como si supiera. La definición es de otro amigo, que por el momento está peor todavía y nada indica lo contrario; ambos coinciden con los otros y los otros y con Amy: ellos saben, saben más, mucho más que vos, que sos un careta. Llega un día en que les aburre mucho estar con vos aunque hagas las idioteces de siempre, en que les molesta e incomoda que digas no gracias; no me juzgues, no te juzgo, lo estás haciendo, no lo estoy haciendo, simplemente que no me interesa, que no tengo ganas, que no gracias, pasemos a otro tema, no hay otro tema, el adicto habla por sobre todo de una cosa –esta es, según la psicología, la definición del adicto y su diferencia con el que solo consume–.

«Amy se da un pase en el escenario. Acá, en Madrid, escucho a los Redondos y me acuerdo de la exégesis que hacía de chico, uh, mirá, esto habla de la droga, qué loco. Qué muerte, qué basura, pero eso no lo decía ni lo sabía ni, por sobre todo, me hubiera animado a decirlo o pensarlo: este tipo el Indio es un genio. Qué bien. Todo está bien. Que los pendejos prueben, que los grandes prueben, que te pegues un tiro, no hay problema, es tu vida. Sí, ya sé que vos lo manejás.

«Amy necesita un amigo y yo también; a mí me toca la suerte, para mí, de no encontrar el substituto.

«Yo intenté, como muchos, ser buen amigo de mis amigos: el primer día no lo estás entendiendo; el segundo no entendés nada; el tercero te atiende y te corta; el cuarto y subsiguientes no te atiende el teléfono. Vos probás con todas las formas pero él sabe todo antes. Está todo bien, me fumo un faso y pasa la vida; una noche; dos; desde que me levanto. Y no se trata de no fumar –tengo muchos amigos que cada tanto fuman y no tendría mayor problema en dar alguna otra pitada– o de no darse un pase –ya, estimo, de otro calibre y no me anotaría–, se trata de vivir.

«¿La vida, qué es eso, esa basura de sistema en el que estás vos donde te dicen qué hacer todo el día? Dejame a mí. Él la tiene clara y yo no; Amy también la tiene clara, I said no, no, no. Genia, Amy. Cuatro millones más dicen no, no, no. ¿Y la respuesta?, ¿a algo se le dice sí? En algún momento la rebeldía va a consistir en ser parte de algo y se hará famoso el torneo de golf para roqueros.

«A mí no me interesa recibirme, no me interesa laburar, no me interesa tener una novia ni hacer la vida que hacés vos, no puede ser tan difícil de entender. No te creo, no te creo nada. Y mucho menos creo que sepas cuál es la vida que elijo yo. ¿Elijo? No sé, no tengo idea. Tampoco sé si elije Amy, claro, sé que dice no, no, no, con una banda que suena increíble, y que va a los Grammys y los gana todos. Genia Amy, vos sí que la pegaste.

«¿Sabés lo que es ver a tu alumno de dieciséis años dado vuelta a las 8 de la mañana? Que llore y que no sepas qué hacer. Que pierda otra vez el año. Que te hable de que quiere suicidarse. A los dieciséis años. Y Amy dice no, ojalá saliera de acá como por arte de magia.

«Está todo bien, reina, es tu vida, vos sabés más, ya conseguirás tu amigo y les explicarás a los que tenés que el que falta es otro, es distinto, o por ahí se van a vivir juntos y te dan una mano con esta forma que parece no gustarte tanto; guita no falta y hasta pueden hacer un reality que se llame Safehouse. Mi amigo sabe más siempre; un día dijo basta y estuvo como tres semanas sin consumir; genio, mi amigo. Después pasó algo y se dio un saque de como 14 grs. que casi lo deja para el recuerdo; qué se le va a hacer, cosas que pasan, la próxima no va a ser así. Claro que no va a haber una próxima, aunque del lado de los mortales la vida se ponga áspera y haya que despertarse temprano por lo que te parece muy poco. Lástima que el día que lo encontraron justo estuviera toda tu familia reunida por tristeza; ellos tampoco entienden nada. Está todo bien, el afano también, si estaba como loco, no pude hacerlo de otra manera. Te creo.

«No es contra la droga; por mí que la legalicen, que no se enriquezcan los de siempre y que se cobren impuestos para invertir en Salud.

«¿Qué queda después? ¿A qué se le dice sí? ¿Cuál es la alternativa para la droga?

«No puedo escribir este post porque no entiendo nada y porque lo que pienso lo piensa cualquiera –hasta Amy–, que la droga mata, te asesina. Para el mundo en que vivimos soy un bicho feo con espíritu moralizante y eso no sirve, abajo la inquisición; encima tampoco soy “del palo”, así que peor que peor. Me falta todavía mucho coraje para ser lo políticamente incorrecto que querría. Y encima creo en Dios.

«No tengo nada para decir, que Amy diga no, que la canten frenéticas millones de personas en el mundo, que esté todo bien, genia Amy.»


Esto es lo que piensa Juan. ¿Qué piensan ustedes?


O. A. C.

martes, 4 de marzo de 2008

Tsai y el cine mutante


El devenir de los fideos mutantes en La nube errante es la insignia de todo el cine de Tsai: la luz natural, la ética estricta de un montaje que no se permite jamás anticipar el proceso por el cual algo ha de mostrarse, las precauciones acerca de los diálogos, la confianza en la elocuencia de la imagen y aún en la elocuencia del fuera de campo.

Esto está ahora para mí muy claro, por eso vuelvo siempre al plano final de El río: ahí ya estaba todo. Después del tremendo encuentro de Hsiao Kang con su padre, todo hacía prever un desenlace fatal: el arte occidental por mucho menos haría que Hsiao se arranque los ojos o se arroje al vacío desde el balcón. Interminables segundos nos llevaría descubrir que no, que Hsiao estaba aún ahí y que no se iba a tirar. Desde ese momento, todo el potencial trágico de la fábula muta en una comicidad que empieza a quedar patente cuando se ve El río por segunda y más aún por tercera vez.

Hablar de la comicidad de aquella película parecía osado en aquel momento, por ser tan lúgubre su tonalidad dominante. Pero a la altura de La nube errante, la dupla Tsai / Lee Kang-sheng ha destapado su capacidad cómica: La nube... está plagada de momentos graciosos. Para encontrar sus precursores ya no cabe hablar de Antonioni, de Bresson o de Ozu: parece más apropiado pensar en Harold Lloyd, en Keaton o en el propio Chaplin. Hsiao Kang tirando en una maceta el jugo de sandía mientras finge secarse la boca con satisfacción, o el equipo del filmación en pleno buscando la tapita de la botella perdida en la vagina de la actriz porno: momentos de pura gracia, que hacen de La nube errante un ejemplo de slapstick siglo XXI.



Hay sequía en la comarca: si en las películas anteriores de Tsai y Lee las aguas contaminadas, las cucarachas y la lluvia torrencial fueron signos de un estado de catástrofe ingobernable, desde el cortometraje The skywalk is gone (antecedente inmediato de La nube...) Taipei sufre una sequía que trastorna los vínculos humanos. La mutación que amenazaba veladamente en El río y en The hole termina por concretarse: a cierta altura La nube errante muta en un musical, cuando del tanque de agua emerge Hsiao Kang convertido en mutante, con el cuerpo escamado de lentejuelas verdes y azules. En esa condición le canta su amor a una esquiva luna. De mutaciones se trata: el amor nos vuelve mutantes. El muchacho extremadamente serio que vimos en las películas anteriores muta en un gracioso cantante y bailarín.

Y el cine de Tsai muta en algo difícil de prever, pero lleno de promesas: si alguien ha pensado que el malestar es la sensación más recurrente de este cineasta, una sola escena alcanza para desmentirlo: Hsiao se enjabona en el tanque que distribuye el agua por todo el edificio, la espuma viaja a través de las cañerías y unas delicadas pompas de jabón salen por la canilla del departamento de la chica y hacen plop en su cuerpo. ¡Oh!


OSCAR ALBERTO CUERVO