domingo, 14 de abril de 2019

Nuestro BAFICI en el aire

Edgardo Castro hoy a las 12 de la noche en La otra.-radio - Online acá

Espero tua (re)volta, Eliza Capai

Breve historia del planeta verde (Santiago Loza)

Os verdes anos, Paulo Rocha

Mudar de vida, Paulo Rocha

Familia, Edgardo Castro

London: The Modern Babylon, Julien Temple



El brazo del Whatsapp, Martín Farina



Yo maté a Antoine Doinel, Nicolás Prividera



La visita, Jorge Colás


Cartero, Emiliano Serra


Hoy a la medianoche en La otra.-radio vamos a estar repasando la 21° edición del BAFICI, quizá artísticamente la más pobre de toda su historia. No obstante lo cual deben destacarse un puñado de muy buenas películas, por ejemplo, las que mencionamos arriba. De la mayoría de ellas todavía no escribimos el texto que se merecen. Puede que haya otros títulos que se agreguen en un recuento final. Todo esto va a ser ampliado en próximos posteos. Pero hoy a las 12 en FM 89,3 Radio Gráfica, recibimos al autor de Familia, Edgardo Castro, que además acaba de obtener un premio en el Film Festival Nyon Visions du Réel por el work in progress de su tercer largometraje, Las ranas.

Además, otro capítulo de Otoño con Lou.

viernes, 12 de abril de 2019

El macrismo quiere apropiarse por las malas del archivo histórico de las Madres


COMUNICADO DE LAS #MadresDePlazaDeMayo
📍Lunes 15 de abril en la Casa de las Madres

Buenos Aires, 10 de abril de 2019

Las Madres de Plaza de Mayo repudian una nueva avanzada del Gobierno nacional y sus operadores judiciales, quienes intentan, una vez más, apropiarse del archivo histórico de la Asociación, el más grande de Latinoamérica en su tipo.

La semana pasada el titular del Juzgado Comercial Nº 13, Fernando Javier Perillo, ordenó ingresar por la fuerza y de manera ilegítima a la sede, haciendo lugar a los reclamos impartidos por el Ministerio de Justicia -a cargo de Germán Garavano-, por fuera de la ley y con ánimo persecutorio.
A pesar de la presión ejercida por Perillo y el juez de la Ciudad de Buenos Aires, Javier Buján (quien usurpa el cargo de rector del Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos Madres de Plaza de Mayo (IUNMa) con mandato vencido por ley y por incompatibilidad); el comisario convocado no se animó a ingresar. Esto no configura el fin de la cuestión, la amenaza está latente desde que las Madres de Plaza de Mayo calificaron al presidente Macri como el enemigo.

Finalmente el juez Perillo ordenó una nueva fecha para el operativo - autorizando la fuerza pública para ingresar- haciendo lugar al pedido del Poder Ejecutivo Nacional que pretende, entre otras cosas, apropiarse de manera ilegítima del inmueble y del archivo histórico que refleja casi 42 años de lucha inclaudicable; 42 años de una historia que se escribe día a día y que todos los jueves, a las 15.30hs, se refrenda alrededor de la histórica Pirámide de Mayo.

Dicha notificación judicial anuncia que el próximo lunes 15 de abril, a las 11hs, se presentarán en el “Centro de la Memoria, el amor y la Resistencia”, tal como las Madres bautizaron a su sede. El nombre no es casual, es un espacio que tiene las puertas abiertas para todas y todos aquellos que levantan las banderas de una Patria Grande justa, libre y soberana.

Por eso, ante una nueva embestida que pretende apropiarse del archivo histórico, borrar la memoria del pueblo, de las Madres de Plaza de Mayo y de 30.000 compañeras y compañeros, convocamos a proteger un espacio que es de y para todxs.

El lunes 15 de abril lxs esperamos en Hipólito Yrigoyen 1584 para demostrar que aunque intenten avanzar contra las Madres, el pueblo se unirá en un solo grito: “No pasarán”.

Vía: Asociación Madres de Plaza de Mayo
#MadresDePlazaDeMayo #NoPasarán #NiUnPasoAtrás #LaLuchaContinúa
#ConLasMadresNo
#MacriParaLaMano #GermanGaravano

La realidad argentina estudiada por astrofísicos

(que ya se sabe que es gente acostumbrada a usar número muuuy grandes, o muuuy chicos)


Llegó a la redacción de La otra este cálculo elaborado por integrantes del IAFE (el Instituto de Astronomía y Física del Espacio):

En base al informe diario del Banco Central, un colega hizo unos cálculos que reproducimos aquí:

En esta semana, el saldo de LELIQs es de 1 millón de millones, lo que aproximadamente equivale a 22 mil millones de dólares (o sea, el 30% de las reservas).

Argentina paga intereses por un 67%. Es decir 670 mil millones de pesos, que aproximadamente equivale a 15 mil millones de dólares.

Eso representa:

- Por día: 1800 millones de pesos --- 40 millones de dólares.

- Por hora: 76 millones de pesos ---- 1.7 millones de dólares.

- Por segundo: 20 mil pesos --- 500 dólares.

CONICET informa en su página que su presupuesto anual es de 13 mil millones de pesos. Eso quiere decir, que con 7 días DE LELIQs pagamos el presupuesto anual de CONICET.

Los becarios doctorales de CONICET cuestan 3 mil millones de pesos --> 2 días de LELIQs.

La mala noticia, es que estamos pagando 750 mil millones de intereses de deuda externa. Bastante parecido a lo que pagamos de LELIQs. Eso significa, que hay que multiplicar todos los pagos por dos.

Un ejemplo: el sueldo de un becario de CONICET, un licenciado con una carrera universitaria completa que está estudiando 5 años más para doctorarse en alguna especialidad, está por debajo de la línea de pobreza de Argentina, y equivale a lo que se paga cada medio segundo de intereses de deuda externa.

Otro ejemplo: Con lo que se paga de intereses en 1 hora se puede terminar el mayor proyecto astronómico de Argentina, con la instalación del radiotelescopio LLAMA en el altiplano salteño, que serviría para estudios tales como como el descubrimiento del agujero negro en la galaxia M87 que hoy conmueve a la comunidad científica internacional.

Si les parecía que los astrónomos éramos exagerados con las cifras que manejamos al hablar de agujeros negros de miles de millones de soles, Argentina nos abruma con cifras astronómicas mucho más dolorosas.

Invitamos a colegas de educación, salud, etc. a repetir el ejercicio con cifras de su especialidad. ¿Cuántas escuelas por hora? ¿Cuántos centros de salud? ¿Cuántos salarios?

jueves, 11 de abril de 2019

Familia

(Edgardo Castro, 2019)


por Oscar Cuervo

Un equívoco bastante extendido alrededor de la recepción de Familia, el segundo largometraje de Edgardo Castro, tiende a oponerlo al presunto alto impacto que estaba destinado a causar el primero, La noche. Como si todos hubieran quedado esperando que Castro encontrara de un golpe su lugar natural en el submundo de la nocturnidad porteña, con escenas de una explicitud carnal que viniera a inaugurar un estado nomádico -si esto no fuera un oxímoron-, un imperio de los sentidos en pleno barrio del Once. Entonces muchos podrían haber creído que Castro tenía que ir ahora un poco más allá, correr la línea de lo filmable en el terreno de la joda, el pete, la falopa. Los que esperaban más pijas y más rayas quizá no hayan terminado de comprender La noche.

El rasgo que se revela esencial en la posición cinematográfica de Castro emerge cuando se disipan estos malentendidos. Familia no es "lo contrario" de La noche, ni un repliegue hacia el mundo de las convenciones sociales, ahí donde La noche parecía rebosar de "transgresiones". Lo que queda cuando se suprime lo superfluo es que Castro practica un cine sin adjetivaciones: La noche designa una instancia temporal cotidiana, sin calificativos, un presente continuo, sin ninguna adjunción ligada a la libertad, la sordidez, el goce, la felicidad, el pecado o la desdicha. Castro no romantiza el desvelo. Solo desvela. No hay moralización en ese tránsito nocturno ni en su prolongación hacia las mañanas de luz hiriente; tampoco ningún malditismo. Castro no celebra ni se conduele en su excursión por la parte oscura. La noche es oscura, saturada y ruidosa, porque es de noche y porque transcurre en lugares donde hay ruidos y colores saturados. La política del autor en aquella ópera prima exponía la presencia de los cuerpos, sus movimientos, sus roces, sus introducciones, sus fricciones, sin construir con ellos una épica ni una tragedia. Si La noche era inaudita para la habitualidad del cine argentino es porque rescataba para la cámara su capacidad de percepción material del tiempo, su inercia y su demora. Contra una cierta idea del drama construido a fuerza de encuadres y cortes de montaje, La noche practicaba una abstinencia del fluir, una exasperante serenidad del dejar ser: como una corriente que no se puede empezar ni terminar. Por lo tanto, sin drama, suspenso ni conclusión, no hay una instancia del juicio: el espectador no tiene que condenar ni absolver ningún acto de héroes ni villanos, más que nada porque no hay héroes ni villanos. La noche no es una posición moral contraria al día, es un mundo que el día dice desconocer, aunque esté hecho de su misma materia.


En este sentido, Familia viene a despejar los equívocos alrededor de la película anterior. Castro continúa fiel a su abstinencia de adjetivos. Es la familia, nada más. El telos hacia el que él se dirige -el mismo Castro, es decir, con toda probabilidad el mismo personaje de La noche- es la familia, sin ninguna calificación. Su inmersión en ese mundo es tan o tan poco promiscua como en La noche: tan o tan poco explícita. Castro viaja hacia Comodoro Rivadavia, aunque ese lugar carezca de atributos en el tratamiento del film. Es simplemente el espacio de la familia, lejos, cuya peculiaridad es la distancia que impone un viaje y por ende un tiempo. Si el viaje es largo, hay que parar en el camino, hay que cenar y compartir el silencio y un bocado con un perro de la ruta. En esa escena nocturna, pequeña y poderosa, Castro traza el primer puente hacia La noche. El silencio que rodea el encuentro del hombre y el perro vibra. Son dos cuerpos que se encuentran un momento y no necesitan hablar para decir su verdad. 

El silencio de esa escena contrasta con la sonoridad continua que Castro hallará en la casa de su familia, un espacio invadido por el audio del televisor y los celulares, que los breves y desafectados intercambios entre sus habitantes parecen interferir o apenas comentar. La sordera del padre hace que nunca entienda bien de qué se habla y sin embargo parece haber entendido todo lo que (ya no) pasa entre todos ellos. La madre mira la tele y todo el drama que falta en el espacio familiar emana de ese rectángulo. En el led -que la cámara toma fuera de foco, porque importan los que miran y no lo mirado- se comenta toda la épica, la moralidad y la adjetivación de la que la vida familiar carece. Si de pronto una catástrofe interrumpiera la trasmisión televisiva, ese mundo quizás no resistiría, de un modo similar al que la droga y el alcohol sostienen la socialidad en La noche. 

Después habrá ocasión para una celebración ritual, tan despojada de épica como todo lo que se ha mostrado, con fuegos artificiales que cruzan el cielo y arrancan en los personajes una sonrisa protocolar, que se disipa enseguida. Cuando la ceremonia acabe, Castro saldrá a la calle y verá pasar a un hombre y -otra vez- un perro, quizás una línea de fuga inexplorada, capaz un puente hacia La noche. Antes que el plano quede vacío, Castro girará por última vez su rostro a cámara, para desaparecer por el lado izquierdo.


¿Entonces? La cámara en el cine de Castro nunca compone, por lo que cada sucesiva situación queda des-compuesta. Es su manera de registrar el tiempo de la vida. Pero hay un signo que atraviesa inequívocamente ambas películas: la presencia de Castro, su mirada impasible, su concentración renuente a cualquier expresividad. Edgardo Castro es un hombre que viene del teatro pero parece entender qué cosa es el cine. Como la cámara, él no compone: simplemente está ahí. Eso es lo que nos inquieta.