jueves, 2 de abril de 2009

Bafici: Nunca estuviste tan adorable



por Martha Silva

Nunca estuviste tan adorable es una película basada en la obra homónima del dramaturgo argentino Javier Daulte, que escribiera en 2004 para el ciclo Biodrama, por encargo de quienes dirigen este proyecto en el teatro Sarmiento. La versión cinematográfica de esta obra, que fuera representada por un elenco similar, se presentó en el BAFICI como un homenaje al cine de las décadas de los 50 y 60.

Podría haber quedado en la versión plana de esa madre de familia que exhibe el status de estrella del cine de teléfonos blancos, casi sin salir de su casa, donde logra que todos giren a su alrededor. Pero la imaginación del autor desborda lo testimonial y tiende sobre su propia familia –que de eso se trata- un halo de encanto en el que mezcla el melodrama con la comedia musical hollywoodense de esa época. Rescata la magia, las escalinatas, los vestidos de fiesta y todo el brillo y la parafernalia imaginable, insinuando hacia el final el paso del tiempo y la decadencia económica.

Blanca, la abuela estelar del autor, encarnada por la excelente actriz María Onetto -La Mujer sin cabeza- es una mujer egoísta, manipuladora y con pujos aristocráticos. Es necesario aludir a la capacidad de transformación de esta actriz que, en la segunda parte, ya casi en los 70, muestra su agobio físico y su fracaso ante la pérdida de su poder. Los hijos simplemente la soportan y el marido se fue en pos de una mujer sencilla que lo tuviera en cuenta. A partir de este personaje, similar a los de las novelas de Manuel Puig o a los de las familias estereotipadas del cine nacional (como Los Martes orquídeas), se despliega todo un universo de regalos fabulosos que intentan crear una realidad paralela. Esto dura poco y termina emergiendo lo siniestro, en medio de las canciones y situaciones de ficción.

Maussi Martinez ha dirigido bien a este elenco importante donde se luce también Mirta Busnelli. Lo hace respetando el texto, aunque se le puede objetar que esto trae aparejado un cierto encierro en el ámbito del departamento, pese a los pasajes musicales que le otorgan un aire curioso y refrescante.

La obra que le sirve de base fue estrenada asimismo en Barcelona, con un elenco local, siempre con la notable afluencia de público que corroboraría la universalidad del tema.

miércoles, 1 de abril de 2009

Este blog cada vez se lee más



Durante el mes que acaba de terminar, el número de visitas que ha recibido el blog La otra creció de una manera contundente, como lo muestra el gráfico que ilustra este post. 8.953 visitas, casi el doble de lectores que La otra había convocado en el promedio de los meses anteriores. Desde que existe, La otra ha tenido más de 70.000 visitas. En el caso del mes último, la respuesta no puede atribuirse exclusivamente a la intensa y variada cobertura que nuestros colaboradores están haciendo del Bafici. De hecho, el día más visitado de la historia del blog hasta el momento fue aquel en el que se analizaba la tapa de Clarín que tergiversaba el resultado de una encuesta sobre el adelantamiento de las elecciones legislativas. Esto quiere decir: la totalidad de los 550 posts que publicamos hasta hoy sobre cine, política, análisis de medios, música, poesía, teatro, artes plásticas, comics o filosofía convocan siempre lectores. ¿O será el amor y el odio que ponemos al hacerlo?

Bafici: aliento a mitad del río


Breathless

por Oscar A. Cuervo

Promediando la 11a. edición del Bafici me voy convenciendo de que se trata de una de las mejores ediciones que el festival haya tenido. No hablo acá del error que significó mudar el Espacio Bafici a un galpón de la calle Humahuaca (con lo cual se desactivó prácticamente la función del meeting point), ni tampoco de desajustes organizativos como el atraso de las funciones o el problema con el subtitulado de algunas películas. Prefiero referirme exclusivamente a la programación, que es eso por lo cual un festival ha de ser recordado.

Y este Bafici tiene grandes películas, tanto en sus retrospectivas como en las competencias: vi al menos tres buenísmas películas en competencia (Aquele querido mes de agosto, Hunger, Breathless); y el nivel de las películas argentinas me viene sorprendiendo muy gratamente. Veamos:

Ya dije que Plan B es una gran película, el debut en largometraje de Marco Berger, un cineasta al que le pongo varias fichas para los próximos años. Le hice el otro día una entrevista para la revista La otra y me convencí de que los buenos resultados de Plan B no son producto de la casualidad sino que están respaldados por un pensamiento cinematográfico sólido y decidido. Berger está menos pendiente de sintonizar con las tendencias en boga que de filmar imágenes que le resultan necesarias. Quizá por eso su película haya pasado un tanto desapercibida para la corporación crítica (tan preocupada habitualmente por decretar las nuevas tendencias); quizá por eso, también, Plan B haya picado en punta en el voto del público. Los espectadores que tuvo el film estuvieron menos preocupados por las tendencias y más dispuestos a dejarse conquistar por la pasión con que Berger filma.

Excursiones, la película de Acuña, es otro caso alentador: ya se hizo lugar común decir que el nuevo cine argentino sólo se reduce a mostrar la vacuidad de un grupo de adolescentes porteños abúlicos. Quizá las anteriores películas de Acuña hayan contribuido en parte a instalar esta imagen, pero lo cierto es que no es justo adjudicarle este caracter a su nuevo film . La película tiene su gracia y su angustia y ese mix de emociones permite ver que, si estos ya no tan adolescentes no terminan de hacerse adultos, es porque hay algo que no cierra en el modelo de adultez imperante.

La risa

Otro grato descubrimiento: La risa. La película de Ivan Fund también se centra en un grupo de jóvenes, pero esta vez son jóvenes de suburbio al cabo de una noche de escabio. Fund los capta en el momento en el que la excitación del sábado a la noche empieza a declinar y la luz cruda del sol los muestra más bien insatisfechos, sin que ellos puedan dar cuenta de su desilusión. Hay una violencia contenida y también una ternura pudorosa. Fund parece admirar a John Casavetes y sabe aplicar una mirada casavetiana a estos rostros de la Argentina suburbana. Las actuaciones y el trabajo de una cámara muy cerrada y cercana a estas faces son estupendos. Quizá todo habría sido mejor si Fund se hubiera decidido a hacer una película más concisa: sus 90 minutos bien podrían haber sido 60 y su fuerza habría aparecido más concentrada.

En cambio, no me convenció del todo La madre, la nueva obra de Gustavo Fontán. Es cierto que el director de La orilla que se abisma ha llegado a un dominio admirable de la cualidad plástica de sus imágenes, también que tiene una gran lucidez para pensar al mismo tiempo su posición estética y sus condiciones de producción, o que en apenas un par de minutos es posible reconocer su autoría muy consolidada. Sin embargo, hay algo sofocante en el control al que Fontán somete a sus materiales, un riesgo de manierismo que no se notaba ni en El árbol ni en La orilla que se abisma. En La madre da la impresión de que tanta autoconciencia no termina de cuajar con la tonalidad poética buscada.


Hunger

En cuanto a la competencia internacional, yo pensaba que después de Aquele querido mes de agosto había visto todo lo que hacía falta. Y sin embargo en la jornada que termina tuve un par de revelaciones: Hunger es una durísima y hermosa película política del londinés Steve McQuenn, centrada en los años del IRA y especialmente en la figura del luchador irlandés Bobby Sands. Desde el punto de vista formal, la fuerza arrolladora de Hunger crece en la medida en que su director es capaz de modular registros dramáticos diversos entre la sequedad y el lirismo, entre la contundente corporalidad de sus personajes y su fuerza espiritual. Habrá que aprender a asociar el nombre de Steve McQueen a un promisorio cineasta inglés.

También es muy fuerte la aparición del coreano Ik-June Yang con su Breathless, en su doble rol de director y actor protagónico. La película es el retrato potente de un matón despiadado, pero también una exposición de las relaciones de crueldad y sumisión de toda una sociedad. Su violencia al borde de lo insoportable no impide que afloren ni el humor ni la melancolía. Yang hace un film de matones que no sería justo considerar como cine de género. Anoten el nombre y grábense la cara de este coreano.

Bafici: A l`ouest de Pluton



Por Dark Lady

Si bien estoy de acuerdo con la idea de que el mundo en el que vivimos no es una realidad “neutra”, de que es una realidad política, y he leído lo que sobre el tema (concepto de hegemonía) han escrito con tanta lucidez Gramsci y Pasolini, sin contar a Bajtín; y estoy de acuerdo, además, en que el cine que refuerza o convalida un cierto estado de las cosas es en este sentido nefasto… yo me pregunto:

Ayer a la noche vi en el Atlas Santa Fe 2 (el de abajo) la película quebequense (¿será así?) Al oeste de Plutón. Me pareció mala. Sus protagonistas, unos adolescentes aburridos, medio bobos, a pesar de la supuesta individualidad que los directores quieren marcar -el “sensible” o el “langa” o la “fácil”, etc.-, en definitiva se parecen unos a otros; todos estos bobos que de alguna manera parecen no adaptarse, como dijo Pasolini, son doblemente adaptados, su desobediencia es una falsa desobediencia. Lo que yo creo es que esto mismo les pasa a estos directores, que hicieron una película tan pretenciosa y tan parecida a Belleza Americana, con esas “críticas” al sueño americano (o al sueño canadiense), con unos acercamientos de cámara a los cuerpos y rostros que algún distraído podría poner en paralelo con Gus Van Sant. La estructura de la película y el funcionamiento de la cámara, tanto como las pequeñas historias que se narran, parecen querer realizar esta crítica a la “normalidad”, pero lo hacen de una forma tan directa, y encima pretendiendo ser “experimentales” y “arriesgados”, que para mí resulta algo mucho peor que The man who loved Yngve (película de la cual disfruté mucho su excelente música y su pelirrojo protagonista), un film “común”, ni mejor ni peor que cualquiera. No me gustaron ninguna de las dos. Me parece que las dos están mal. Creo que Al oeste de Plutón termina reforzando más lo que critica tan burdamente.

No sé cuánto se entiende de lo que dije (está escrito a las apuradas). Espero olvidar este mal trago con el bello Kiarostami.