miércoles, 14 de septiembre de 2011

Criada: cine político argentino



por Oscar Cuervo

Criada: la concisión del título funciona como clave de la película: una única palabra con un significado propio, ajustadamente descriptivo, y que a la vez abre una perspectiva de clase y una trama de relaciones afectivas, laborales, económicas. Una criada es una mujer que, cuando era niña huérfana, fue adoptada por una familia que la crió. Una criada es también personal de servicio de la familia adoptiva. Tiene un estatus ambivalente en el que es difícil separar el sometimiento económico del vínculo familiar. La de la criada es una institución típica de las economías rurales, remanente del sistema feudal.

Criada, la película de Matías Herrera Córdoba, es el retrato de una criada, Hortensia, una mapuche que hace 40 años fue adoptada por una familia de la burguesía catamarqueña. Es, también, la atenta descripción de una forma de trabajo que produce riqueza enajenada. Y finalmente, pero de manera notable, Criada es una indagación sobre la mirada cinematográfica como órgano de desnaturalización de las relaciones familiares y sociales. 

¿Cómo logra Herrera Córdoba que su película sea estas tres cosas a la vez? Por un lado, Criada es esa clase de obras apegadas a un método (un camino) riguroso, que busca situarse a una determinada distancia respecto de las personas y los hechos que registra. La pregunta a la que este tipo de films está siempre respondiendo no es qué contar, sino dónde colocarse para mirar. Y también: cuándo es preciso apartar la mirada. Estas son las cuestiones básicas del realismo: ¿hay una distancia y una duración justas para mostrar la realidad? ¿o hay infinitas posiciones, las que dan lugar a una variedad de realidades posibles? El realismo cinematográfico no tiene nada que ver con la objetividad, puesto que su objeto nunca puede ser supuesto de antemano, sino que es el resultado del proceso de filmación. Esto es lo mismo que decir que a la pregunta por el realismo cinematográfico no se la puede contestar de manera teórica, postulando la existencia de una realidad evidente y unívoca, sino sólo filmando. El realismo es un horizonte hacia el cual una película puede encaminarse pero, atención: caminando no se llega nunca al horizonte, el horizonte se manifiesta siempre sólo para el que camina y porque camina. Dicho en palabras de cine: no hay un realismo posible sin mirada. Ese bucle de la mirada sobre sí misma no produce un ensimismamiento; por el contrario, hace visible la mirada en su materialidad, es decir: como mirada inserta entre las cosas.

Si el cineasta se mantiene fiel a este problema, si se deja llevar por él, el resultado puede mostrarnos una desconcertante simplicidad. Sólo en este sentido Criada es un film simple: mostrando los trabajos y los días de Hortensia, su puesta en marcha cotidiana de la casa, su cuidado de las gallinas, la recolección de los olivos, su contacto con los elementos -la tierra y el agua, el viento y el fuego-, las tareas de mantenimiento, las mateadas con sus amigas, el contacto telefónico con el hijo que se fue a vivir lejos, el recibimiento que les ofrece a sus patrones, las zonas de la casa que le están vedadas cuando ellos no están, mostrando todo esto la película nos deja ver el mundo que las manos de Hortensia ponen en marcha cada día. Para el que mira atentamente, ese mundo es el nuestro y la cámara de Herrera Córdoba es una extensión de nuestros ojos. Por eso, la simplicidad conquistada mediante tales procedimientos es densa en significados.

El camino singular de Criada tiene además un aspecto imprevisto. Porque lo que podría ser tomado como un estudio antropológico de una antigua forma de explotación de la Argentina rural es, de manera secreta, también una película familiar. La familia que adoptó a Hortensia es la propia familia del cineasta; por eso él la conoce desde que era chico, Hortensia forma parte de sus memorias infantiles. Este vínculo anterior no es explicitado por la película, sólo aparece implícitamente, como condición de posibilidad de la captura de estas imágenes; capturándolas, Herrera Córdoba produce una liberación: la de su propia conciencia, que advierte por primera vez con asombro lo que hasta entonces había aceptado con familiaridad: el trabajo de Hortensia como sostén de ese paraíso familiar. Haciendo su película, el cineasta abre los ojos al rigor de la explotación que sus memorias bucólicas encubrían. Ve por primera vez lo que siempre estuvo ahí. Si no lo hubiera visto tantas veces, no dispondría de una comprensión tan detallada de ese mundo de maravillas; si, no obstante esa familiaridad, no estuviera abriendo los ojos por primera vez, carecería del asombro necesario para desencubrir la opresión en su sorda violencia.

Criada forma parte de ese género que en los últimos años dio películas tan diversas como M, Los rubios, Fotografías, La televisión y yo e incluso La libertad: películas que son posibles a partir de que un integrante del grupo familiar se dispone a establecer una distancia con el ámbito al que pertenece y abrir una brecha en ese mundo retraído. Al colocar una cámara en medio de esa dimensión de la privacidad que cada familia habitualmente oculta (y en primer lugar: se oculta a sí misma), estas películas se ubican en el límite entre lo público y lo privado. Por el mismo motivo, se trata de films cuyo estatuto documental o ficcional es siempre problemático. Su pertenencia al mundo retratado es su “pecado” de origen y la exhibición de ese mundo a las miradas ajenas es un modo de “expiación”. Testimonio y puesta en escena se entrelazan de forma indiscernible. Cada una de estas películas tramita estos problemas de una forma diferente; lo que podemos decir de Criada no se extiende automáticamente a otras películas mencionadas. Sin embargo, es posible hacer que estas películas dialoguen entre sí. Por diversas que parezcan, todas ellas dan cuenta de las diversas modulaciones que en nuestra época asume el límite entre lo público y lo privado.

Estos efectos de sentido se resaltan cuando se mira una película a través de la otra. Por ejemplo, viendo Criada como una relectura de La libertad, y también, haciendo ver en cada una de ellas lo que la otra omite. Herrera Córdoba puede haber tenido o no en mente la ópera prima de Lisandro Alonso cuando filmaba Criada, pero no es esto lo decisivo. Una y otra película forman parte de una época y de un sistema de producción que hacen posible que los hijos filmen con equipos mínimos los territorios de sus padres, y esto altera tanto las relaciones familiares como las condiciones de producción cinematográfica y las marcas que estas condiciones dejan en la estética del film. No hace falta que sus realizadores tengan conciencia política para que el cine que hacen sea político. Su politicidad no se mide en términos de consignas propuestas, ni de los cambios que se propondrían hacer sobre la realidad retratada o de las repercusiones inmediatas que las películas pudieran conseguir (que serían los rasgos reconocibles de lo que décadas atrás se entendía por cine político). Sus miradas hablan –y dialogan- más allá de su voluntad y sus intenciones declaradas. Este diálogo posible entre las películas no requiere que sus autores compartan un programa estético, ni que sus posiciones políticas confluyan en una misma dirección. El diálogo se activa gracias a una mirada atenta de estas obras y también de las palabras que se dicen al pensarlas. El cine lo hacen los cineastas pero también los espectadores; y además cada cineasta es un tipo especial de espectador, uno que se propone ver antes lo que aún no ha sido visto. Y el espectador es un tipo especial de cineasta, aquel que monta las películas en el archivo de su memoria cinematográfica. Miradas, palabras por las que una época se ve y se habla a sí misma.

5 comentarios:

julieta eme dijo...

bueno, voy a tratar de escribir lo que quise decir el otro día.

lo que quería decir era esto:

por más que Hortensia recibiera una paga seguiría habiendo, para mí, explotación. pero no por lo de la plusvalía. yo veo lo siguiente: los trabajos de servidumbre, de servicio doméstico, de empleadas domésticas (porque en su mayoría son mujeres), de sirvientas, de criadas, etc., tanto en nuestras casas, como en un shoping, como en una universidad, en su mayoría son realizados por personas del interior, de piel oscura. es decir, para mí, por más que todas esas personas cobren un sueldo, sigue habiendo una explotación que es de clase y de "raza". por más que todas esas personas cobren un sueldo, el sistema feudal pervive en el hecho de que siempre es el negro sirviendo al blanco, el indígena sirviendo al hispano. y eso me parece nefasto. yo creo que la película debería llevarnos a cuestionarnos no sólo el sistema de "las criadas", sino nuestro propio sistema de sirvientas contratadas por un sueldo. ¿Cuántas posibilidades les da nuestra sociedad a una persona del interior/de piel oscura/indígena? ¿Está bien que nosotros las contratemos para que nos sirvan y nos limpien nuestras casas por más que les paguemos? yo creo que no. como dije, creo que ahí hay una explotación de raza y de clase, por más que haya un sueldo. y en muchos casos además, son mujeres contratando a mujeres... en fin. son sólo impresiones que tengo cuando pienso muchas veces en las cosas que nosotros mismos/as hemos naturalizado, como tener sirvienta o empleada...

yo siempre pensé que uno/a no debería vivir en un lugar más grande que el pudiera limpiar por sí mismo/a ni trabajar tanto como para no tener tiempo de limpiar el lugar en el que vive. creo que ese sólo precepto ya provocaría una redistribución enorme de la propiedad y del trabajo...

julieta dijo...

quise decir

un lugar más grande que el que pudiera limpiar por sí mismo/a

Lilián dijo...

Julieta: voy a acordar con vos en el tema de la empleada doméstica o "sirvienta" como aún hoy algunos la llaman. Para mí es un tema a debatir, esto de que sean mujeres las que le ceden un lugar de explotación a otras mujeres, en el ámbito hogareño con una tarea tan ingrata. Yo creo como vos, que la mugre que no querés limpiar se la encajás a otra para que te la saque de encima, pensando que con el pago está todo bien. Ahí se nos va a la merde nuestro progresismo.

Pero es algo que sucede, aún en personas que pueden pensar otras cuestiones con inteligencia y empatía para con quien menos tiene.

Ojo con el tema del Feudalismo, estoy leyendo un libro de Silvia Federicci sobre la violencia que se ejerció sobre las mujeres en el período en que comienza la caza de brujas, te sorprenderías saber hasta que punto, antes del advenimiento de esos hechos, las mujeres tenían un margen de acción e incluso de tenencia de tierras que fue clausurado absolutamente así como cercenadas sus decisiones a engendrar no cuando lo dispusiera el marido o el señor, con gusto te lo paso. Esto no habla de desconocer el vasallaje u otras instituciones de ese período pero es sorprendente lo que ocurría también con algunos campesinos y artesanos.

Por supuesto el capitalismo ha sido el virus más letal de todos, y esta película tiene el mérito de hacernos pensar en esto que planteás: debe haber un modo en que estas cosas comiencen a cambiar.

julieta dijo...

sí, exacto, se nos va el progresismo a la merde...

julieta dijo...

leí la entrevista al director que está en la revista. muy buena!