Foto: Nadia Albarracin


viernes, 23 de septiembre de 2011

Evita anuncia el derecho al voto de las mujeres


por Oscar Cuervo

Parece increíble, pero hace hoy exactamente 64 años recién se les reconocía el derecho al voto a las mujeres argentinas. Fuimos el país nº 50 en reconocer este derecho. El primero en aprobar el sufragio femenino sin restricciones fue Nueva Zelanda, en 1893; el primer país latinoamericano en aprobarlo fue Uruguay; la constitución uruguaya ya lo permitía en 1917, pero fue emitido por primera vez en 1927.

Argentina, en septiembre del 47 y por la decisiva influencia de Evita, sancionó la ley 13.010. La reforma constitucional de 1949 legalizó la participación de las mujeres, quienes por primera vez votaron el 11 de noviembre de 1951 en elecciones nacionales. En esa oportunidad fueron elegidas 24 diputadas y 9 senadoras.

La revolución francesa, proclamada en 1789, levantó las banderas de la igualdad, la libertad y la fraternidad, pero hasta hace pocas décadasla mitad de la humanidad no gozaba del derecho de elegir y ser elegida. El gobierno peronista fue el que dio este paso profundamente modernizador y democratizador en la Argentina.


Sorprende leer, en el discurso de Evita, que la sanción de esta ley fue resistida en ese momento:

"Hemos llegado al objetivo que nos habíamos trazado, después de una lucha ardorosa. Debimos afrontar la calumnia, la injuria, la infamia. Nuestros eternos enemigos, los enemigos del pueblo y sus reivindicaciones, pusieron en juego todos los resortes de la oligarquía para impedir el triunfo. Desde un sector de la prensa al servicio de intereses antiargentinos, se ignoró a esta legión de mujeres que me acompañan; desde un minúsculo sector del Parlamento, se intentó postergar la sanción de esta ley (...) A medida que se multiplicaban esos obstáculos, se acentuaba nuestro entusiasmo. Cuando más crecían, más y más se agigantaba nuestra voluntad de vencer. Y ya al final, ante las puertas mismas del triunfo, las triquiñuelas de una oposición falsamente progresista, intentó el último golpe para dilatar la sanción de la ley. (...) La maniobra contra el pueblo, contra la mujer, aumentó nuestra fe. Era y es la fe puesta en Dios, en el porvenir de la Patria, en el general Perón y en nuestros derechos. Así se arrancó la máscara a los falsos apóstoles, para poner punto final a la comedia antidemocrática".

Curiosamente: partidos auto-proclamados "progresistas" y un sector de la prensa se habían aliado para impedirlo. No sé si les suena.

Y Evita terminaba así su discurso:

"Tenemos, hermanas mías, una alta misión que cumplir en los años que se avecinan. Luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es también una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los privilegios de los parásitos que pretenden volver a negociar nuestro patrimonio de argentinos. Una guerra sin cuartel contra los que avergonzaron, en un pasado próximo, nuestra condición nacional. Una guerra sin cuartel contra los que quieren volver a lanzar sobre nuestro pueblo la injusticia y la sujeción. En esta batalla por el porvenir, dentro de la dignidad y la justicia, la Patria nos señala un lugar que llenaremos con honor. Con honor y con conciencia. Con dignidad y altivez. Con nuestro derecho al trabajo y nuestro derecho cívico.

"Somos las mujeres, misioneras de paz. Los sacrificios y las luchas sólo han logrado, hasta ahora, multiplicar nuestra fe.

"Alcemos, todas juntas, esa fe, e iluminemos con ella el sendero de nuestro destino. Es un destino grande, apasionado y feliz. Tenemos para conquistarlo y merecerlo, tres bases insobornables, inconmovibles: una limitada confianza en Dios y en su infinita justicia; una Patria incomparable a quien amar con pasión y un líder que el destino moldeó para enfrentar victoriosamente los problemas de la época: el general Perón.

"Con él y con el voto, contribuiremos a la perfección de la democracia argentina".

4 comentarios:

Martha dijo...

Muy buena producción.
Felicitadoª

julieta dijo...

en general, lo que se decía en contra del voto femenino era que los intereses de las mujeres casadas coincidían con los de sus maridos, y los intereses de las mujeres solteras, con los de sus padres (o hermanos o primos o cualquier hombre que anduviera cerca...).

hay varias objeciones a este "argumento":

1) por qué una persona no puede dejar constancia de sus intereses aun cuando éstos coincidan con los de alguna otra persona?

2) aun cuando haya una coincidencia de intereses, por qué esta coincidencia es una razón para negarles el voto a las mujeres y no al revés, para negárselo a los hombres y permitir votar a las mujeres?

3) tal vez los intereses de mujeres y hombres después de todo no coincidan, y

4) coincidan o no coincidan es insultante y degradante darles el voto a los hombres y negárselo a las mujeres.

ésta era la discusión por aquellas épocas del movimiento sufragista. parece mentira que un argumento tan malo haya tenido efecto durante tiempo. y creo que se puede decir que nunca hubo democracia en ningún país hasta que las mujeres pudimos votar.

julieta dijo...

quise decir:

durante tanto tiempo

puertacine dijo...

Del post me quedaban las ganas de saber cuales eran las "triquiñuelas", por suerte Julieta las aclaró. Como las triquiñuelas de ahora, apelan a una inconciencia media básica de aquel momento. Pero son tan ridìculas que ni hace falta objetarlas. ¿Quien hacía pasar eso por progresismo?. Mi abuela, a quien atribuyo actitud y discurso inferidamente patriarcal, sin embargo siempre me hablaba emocionada de estos logros (y de Evita, por supuesto). Digo esto porque se hace difícil desde el presente pensar que alguien pudiera picar ese anzuelo. Imagino si, los pérfidos comentarios de algunos sobre conveniencias electoralistas. Eso es un clásico.