Cadete



domingo, 24 de febrero de 2013

Aliverti, Cristóbal López y Todos Nosotros


"Voy a contar un único episodio. Perfil montó una guardia enfrente de mi casa, con fotógrafa, en un taxi estacionado de contramano sobre la esquina. Lo habíamos visto desde la noche del jueves. Ayer (por el viernes) a la mañana seguía ahí. No aguanté más. Salí de mi casa. Salió la fotógrafa del taxi. Le dije al conductor “disculpame, no es con vos”. El conductor me dijo “Eduardo, no puedo hacer nada, soy un laburante”. Enfrenté a la piba, a la fotógrafa. Me saqué y le dije, dos o tres veces, “por qué me hacés esto, hija de puta”. La piba me dijo “es mi laburo, entendeme, trabajo en Perfil”. Yo seguía sacado. En medio de la furia, conseguí decirle “pero ponete un límite, ponete un límite, buscá un trabajo donde no tengas que hacer esto”. La piba me dijo “conseguime otro trabajo y me voy”. Se subió al taxi y se fueron".

El lamentable episodio que termina con la muerte de un ciclista atropellado por Pablo García, episodio que trasciende mediáticamente por la circunstancia de que García es hijo de Aliverti, pone en evidencia lo insuficiente que viene siendo el proceso iniciado con la sanción de la nueva ley de servicios audiovisuales. La lapidación mediática desatada contra el periodista requiere un cretinismo pocas veces visto: hostigar política y mediáticamente a un hombre por el presunto acto de su hijo muestra que la máquina comunicacional mantiene su fiereza intacta, que la ley y todos los debates que la acompañaron no parecen haber disminuido. Quizá fuera ingenuo esperar que una ley pudiera alterar una práctica consustancial a esta fase del capitalismo. Algo así como la "prensa" ya no existe: lo que hay es una enorme máquina de picar carne y perturbar mentes. La ley de medios audiovisuales puede ser el comienzo de algo, de una conciencia pongamoslé, pero el fin de nada.

Pero hay síntomas políticos a pensar una vez que se ha perdido la ingenuidad de creer que la ley sola bastaba. Uno: no somos ingenuos si seguimos pretendiendo que estas prácticas, violatorias de los derechos humanos (esto que a falta de mejor nombre podemos llamar "lapidación" mediática) deben dejar de ser el modelo naturalizado de comunicación: mientras este modelo siga naturalizado, mientras no nos escandalice que una corporación de medios puede usar su poder destructivo para estigmatizar no ya a alguien que podría haber cometido un delito sino incluso a sus parientes, mientras aceptemos estas canalladas como algo normal, nuestra libertad de conciencia está seriamente amenazada. Dispositivos como el que esta semana ostentó C5N son un arma muy peligrosa contra la convivencia civilizada y el respeto a los derechos civiles. Este exceso de saña no puede ser tomado simplemente como un exabrutpo de un conductor telvisivo (el siniestro Eduardo Feinmann, por caso). El mecanismo activado tiene todos los rasgos de ser sistémico. No se lo puede encarar como si se discutiera contra un periodista excedido. Hay que reconocer las condiciones que hacen posible que esta cadena de ultrajes se realicen sin sanción social. 

Cadena de ultrajes: no es solo Aliverti el agraviado, ni tampoco su hijo: incluso el hombre que murió es agraviado cuando su muerte se instrumenta para un ataque tan artero. Y por último, pero no por eso menos importante: la conciencia de toda una comunidad es agraviada cuando los medios corporativos se permiten pasar por alto el derecho a la defensa en juicio y predisponer a la masa consumidora al odio fascista.

Noté con preocupación a compañeros que temen pronunciarse contra esta abominable máquina de terror persecutorio porque ceden a un chantaje sentimental: como hay un hombre muerto no se puede salir a repudiar el amarillismo de los medios. Como si la muerte de un hombre nos inhibiera de percibir en qué cloaca estamos metidos. Nada de lo que digo cambiaría si García fuera efectivamente encontrado culpable de un homicidio. Ese resultado no podría legitimar el agravio cometido por la barbarie mediática. También me sorprendió que me respondieran que era más importante discutir la fallas en las políticas viales, como si una falla en este terreno permitiera devaluar la canallada que se comete desde el terror de los medios. El crimen de García es presunto y será inocente hasta que se demuestre lo contrario. La canallada de los medios es evidente y aunque no hubiera una figura penal que la caracterice, su peligrosidad política está a la vista. Estas maneras de comunicarnos nos enferman, nos perturban y nos predisponen a endurecer nuestra convivencia. Un choque entre un auto y una bicicleta, cualquiera sean sus motivos, no pueden llevarnos a un estado de linchamiento simbólico. Es algo que se debe dirimir en los tribunales y no en las pantallas. No podemos ser tan frívolos como para creer que como teleespectadores tenemos algún derecho a sumarnos a la banalización de la muerte. No lo tenemos.

Y una última cosa. ¿Cristóbal López era un empresario K? Mirá qué bien. Porque esta vez no fue TN, no tenemos chances de reducir este agravio a la guerra Clarín - Gobierno. ¿Cómo no advertir su responsabilidad empresarial en el sostenimiento de una línea editorial tan repudiable? En cualquier momento, si no ya, López puede convertirse en una lacra tan nociva para la democracia como el propio Magnetto.

8 comentarios:

Carlos G. dijo...

Daniel Scioli y su hermano Pepe fueron en su infancia y adolescencia, socios de un club de Ramos Mejía que se llama Estudiantil Porteño.
Integraban el equipo de natación representativo del club.
Pasaron los años, sus vidas tomaron por otros caminos, y en setiembre de 2002 al festejarse el centésimo aniversario de la fundación del club Daniel Scioli concurrió a la fiesta de la que tuvo que retirarse al poco rato hostigado por los gritos y los insultos de buena parte de la concurrencia.
Eran tiempos del "que se vayan todos".
Hace unos pocos días conté aquella historia y recibí como respuesta "son las reglas del juego" y entonces me acordé de la agresión que sufrió Kicillof y me pregunté si esas eran las reglas del juego, ¿cuál juego?.
Relaciono esta historia con esa bastarda actitud no sólo del periódico Perfil, también de la periodista y aún del tachero que se prestó a la guardia porque "es su laburo"; tenemos que ponernos límites éticos todos y cada uno en su actuación cotidiana.
Pero parece que es más fácil banalizar, volvernos cínicos, y justificar cualquier actitud-basura.
Es hora de cambiar "las reglas del juego" porque quizás lo que pasa es que esos medios que criticamos no sean más que la expresión de la sociedad en la que se desenvuelven.

gem dijo...

Exelente post, muchas gracias, tambien al comentario de Carlos G. en este hecho hay dolor en las dos familias, lo que Feinmann no sabe que no esta libre de nada parecido, somos todos vulnerables

César dijo...

Cristobal López "apoya" por derecha. La líquidez y maleabilidad de las ideologías.

carmen dijo...

debe haber excepciones pero no cuentan, todos los medios periodísticos manipulan nuestros neuronas y nos mienten

David Schmukler dijo...

Muy bueno el artículo, pero una cosa es la ley de medios y otra el debate de los medios. Digo, más allá del debate que generó dicha ley sobre los medios, esta no regula contenidos ni nada por el estilo. Lo preocupante no es Feinmann y los periodistas de su calaña, lo preocupante es que tenga muchisimos seguidores a los cuales les parece un buen tipo en vez de la basura que es. Creo que la pregunta sería ¿Porque un hijo de puta como Feinmann tiene tanta audiencia? ¿Porque a muchos de sus colegas incluso sus barbaridades les parecen divertidas? Saludos.

Oscar Cuervo dijo...

David Schmukler: El otro día Alejandro Kaufman me hizo notar que la ley de medios sí regula algo respecto a los contenidos:
"ARTÍCULO 70: La programación de los servicios previstos en esta ley deberá evitar contenidos que promuevan o inciten tratos discriminatorios basados en la raza, el color, el sexo, la orientación sexual, el idioma, la religión, las opiniones políticas o de cualquier otra índole, el origen nacional o social, la posición económica, el nacimiento, el aspecto físico, la presencia de discapacidades o que menoscaben la dignidad humana o induzcan a comportamientos perjudiciales para el ambiente o para la salud de las personas y la integridad de los niños, niñas o adolescentes."

Es la ley, textual.
Por otro lado, lo que yo digo en este post es, justamente, que la ley de medios no nos saca del pantanal.

Shi Yi Yue Tian dijo...

"la conciencia de toda una comunidad es agraviada cuando los medios corporativos se permiten pasar por alto el derecho a la defensa en juicio y predisponer a la masa consumidora al odio fascista."

Exacto. Muy de acuerdo en general, pero fundamentalmente en este hecho que es clave y recontra clave.
Los medios han asumido el poder de policía y de justicia, eso es grave para un estado democrático porque es, justamente, una práctica fascista. Esos medios que joden con la división de poderes no respetan los mínimos derechos ni a las autoridades, bastardean y condenan a los funcionarios y pasan por encima de la autoridad del sistema judicial.

Adriana dijo...

Estoy muy de acuerdo y venía pensando en algo similar a raíz de lo que pasó con la maestra jardinera del jardín Tribilín, la de la grabación; que por cierto, tuvo menos suerte en conseguir defensores que Aliverti.
Vi con horror la cobertura mediática, el ensañamiento, cómo publicaron las fotos, la dirección y datos personales de la piba con total impunidad y, peor aún, sin que nadie se horrorice. Claro, es fácil conmover a las masas con las grabaciones editadas de una mina maltratando bebés, se hace difícil la defensa (que en sí no sería la defensa de esa actitud, repudiable, si se comprobara que efectivamente maltrataba a los chicos, sino del derecho que tiene todo el mundo de no ser hostigado).
Es imposible saber qué fue primero, si los medios o la gente, pero circulaban por facebook las fotos de la chica, su número de documento, dirección, nombres de sus familiares... La verdad es una locura y no creo que sean sólo los medios, hay una retroalimentación de esta enfermedad y de la necesidad de linchamiento que no parece estar cerca de cortarse.