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viernes, 3 de marzo de 2017

El Hombre Depaso Piedra

por Oscar Cuervo

Segundo largo de Martín Farina (Fulboy) y segunda coproducción de La otra.-cine. ¡Orgullo! Más allá de nuestra cercanía con la película y con su director, El Hombre Depaso Piedra confirma la cualidad cinética que fluía en Fulboy. Farina, después de esta película de 2015, en el BAFICI pasado presentó Taekwondo, en co-dirección con Marco Berger, con quien ahora están filmando El fulgor -ver más clickeando acá-; a fin del año pasado en Mar del Plata EL PROFES1ON4L -un retrato de Raúl Perrone filmando CUMP4RSIT4- y tiene en progreso dos películas más. Esta semana se estrena El Hombre Depaso Piedra en el Espacio INCAA Gaumont.

Se trata de "temas" distintos: el vigor juvenil de los jugadores del equipo de Platense retratado en la intimidad de la concentración en Fulboy tiene poco que ver con la vida áspera del hombre cercano a la vejez que se dedica a fabricar ladrillos en un paraje solitario del suroeste argentino. Del entusiasmo sobreexcitado del capitalismo al tempo pausado de la vida agreste regida por los ciclos naturales, el día y la noche, las estaciones, la tierra, el cielo, el agua y el fuego: mundos inconmensurables.

Pero es sabido que el cine se define poco por sus temas y mucho más por la mirada que se lanza sobre ellos. Ahí es donde se puede reconocer a Farina como autor.

Primero, porque la aproximación a los sujetos que retrata siempre debe dar cuenta de la distancia que al cineasta lo une y a la vez lo separa de ellos. Las dos películas son interrogaciones acerca de su propio vínculo de observador/intruso con los mundos que retrata. No se trata de la abstinencia observacional (que siempre sería una construcción ficticia) ni de la exposición narcisística del cine en primera persona, sino de una tensión entre el cineasta y los mundos que sus "modelos" abren.


La cámara tiene una presencia material en ese ámbito en el que ingresa.

Martín construye un vínculo con Mariano, el fabricante de ladrillos, se deja llevar por su pulso vital, tan distinto al suyo, pero a la vez lleva sus propias preguntas, que, como en Fulboy, se vinculan directamente con el problema pendiente del trabajo alienado, de la vida económica como proyecto vital o como desperdicio, de la sombra incierta del futuro.

Segundo, Martín tiene una delicadeza y una precision de la mirada que se imprime en la belleza de sus planos. Eso se nota tanto en el espacio exiguo y neutro de la concentración deportiva en Fulboy como en la inmensidad del paisaje y la rusticidad de la casa de El Hombre Depaso Piedra. No se trata de una belleza pictórica forzada, sino de la ductilidad de una mirada que poetiza los espacios porque a la vez está meditando su posición en el mundo.

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