martes, 12 de mayo de 2020

Falso profeta


Otro día interminable, otro barco que se va
otro día de rabia, de amargura y dudas
sé cómo pasó, lo vi al empezar
abrí mi corazón al mundo y el mundo entró.

Hola Mary Lou, hola Miss Pearl
mis guías veloces en el inframundo
no hay estrellas en el cielo que brillen más que ustedes
ustedes hacen negocios, yo también.

Soy el enemigo de la traición, el enemigo de la pelea
soy el enemigo de una vida no vivida y sin sentido
no soy un falso profeta, sólo sé lo que sé
voy donde solo los solitarios pueden llegar.

Soy el primero entre los iguales, el segundo de nadie
soy el último de los mejores, pueden enterrar al resto
entiérrenlos desnudos, con su oro y su plata
pónganlos seis pies bajo tierra y recen por sus almas.

¿Qué estás buscando? No hay nada para ver
solo una brisa fría que me circunda
caminemos por el jardín, a lo largo y a lo ancho
podemos sentarnos en el borde umbrío de la fuente.

He buscado por todo el mundo el Santo Grial
canté canciones de amor, canté canciones de traición
no importa lo que bebí, no importa lo que comí
escalé montañas de espadas con los pies desnudos.

No me conocés querida, nunca lo sabrás
no soy nada de lo que mi apariencia fantasmal sugiere
no soy un falso profeta, solo dije lo que dije
estoy acá para vengarme con la cabeza de alguien.

Sacá la mano, no hay nada que sostener
abrí la boca, voy a llenártela de oro
oh, pobre diablo, si querés levantar la mirada
la ciudad de Dios está ahí en la colina.

Hola, forastero, hola y adiós
vos regís el mundo pero yo también
mula vieja y lujuriosa, tenés un cerebro envenenado
voy a engrillarte a una cadena y una bola.

Sabés querida la vida que vivo
cuando tu sonrisa se encuentra con la mía algo hay que ceder
no soy un  falso profeta, no soy la novia de nadie
no puedo recordar cuando nací y olvidé cuando morí.



Enigma revelado en la saga Dylan 2020: si este año horribilis merece ser recordado por algo es por la vuelta de Bob a las andadas y por la vuelta al cine de Tsai Ming-liang. Con solo eso el mundo merece seguir aún habitado. Si Days, el regreso de Tsai, se conoció pocos días antes de la maldita pandemia, las primeras tres canciones de Rough and roudy days, el nuevo disco de Dylan, fueron apareciendo a medida que los ataúdes se apilaban en las capitales imperiales. La película de Tsai es una elegía involuntaria, las canciones de Dylan un rugido de formas ásperas como su título lo advierte. Dos artistas de carácter diverso se plantan frente a la debacle del nuevo siglo con un oído puesto en lo mejor del anterior. La melancolía de Tsai y la iracundia de Dylan redimen cada uno a su modo a la humanidad herida y palpitante en esta era desértica.

Cuando hace semanas Dylan  sorprendió primero con "Murder Most Foul" y en seguida con "I Contain Multitudes" fuimos desovillando de a poco un hilo que invitaba al desconcierto. Tan mal no anduvimos: la anacrónica letanía por el asesinato de Kennedy era un tiro por elevación contra la presente decadencia de su nación: detrás del tono fúnebre había enojo y hasta un humor asordinado. La paráfrasis de Walt Whitman que siguió dejaba asomar una leve sorna detrás de un corazón triste. Cada una de ellas  tenía un tratamiento instrumental distinto, como si Dylan amagara a mostrarse de un modo y de otro. Si el tour de force de "Murder Most Foul" no sonaba como nada de lo que hubiera grabado antes, la sencillez elegante de "I Contain Multitudes" remitía al estilo con que revistió los cinco volúmenes de standards en los que jugó a hacer de crooner

Ahora, "False prophet" confirma las sospechas entrevistas sobre su juego del desconcierto. Se trata de un blues rudo en el que la voz rota de Dylan suena como la única forma de decir su rabia con el mundo. La banda toca cortante y clásica, con un riff que se repite todo el tiempo sin variantes. El detalle que le quita toda rutina a la canción es que cada estrofa termina con una línea melódica descendente en la que la voz alarga la última sílaba como resbalándose por una pendiente. Ese gesto revela la mordacidad de su enojo. Nadie hizo canciones de odio como las de Dylan. Como quedó claro desde "Like a rolling stone", su inventiva para la injuria siempre fue única y eso parece saberlo cuando reconoce ser  primus inter pares y segundo de nadie.

Por supuesto, Dylan es y no es el yo que toma la palabra, el que vuelve para hacer rodar una cabeza y engrillar unos pies: viene a desafiar a quien rige el mundo que él también rige a su modo. Es la continuación por otros medios de la tensión que se esconde detrás del tono fúnebre de "Murder Most Foul". Dylan no volvió para decir cosas lindas, el horno no está para bollos.

Cuando era joven el tipo se resistió a ser la voz de una generación. Ahora, en un tema curiosamente llamado "Falso profeta" avisa: "no soy un falso profeta, solo dije lo que dije".

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