jueves, 3 de noviembre de 2011

Charly

por Oscar Cuervo

El martes a la noche volví a ver a Charly en vivo después de un año y medio. Las últimas veces habían sido en octubre de 2009, el Concierto Subacuático en Vélez, que marcó su retorno oficial a los escenarios después de un complicado tratamiento de rehabilitación; y el de marzo de 2010 en el Luna, que fue una secuela de Vélez en estadio cerrado y con un Charly un poco más suelto. Aquellos dos recitales forman parte, en mi inventario personal, del penúltimo avatar de Charly hasta la fecha, el García Rehab. Un Charly muy medicado, corporalmente rígido, musicalmente correcto, demasiado encorsetado por la química. La emoción, en esa penúltima etapa, la ponía el marco en el que la gente, todos los que fuimos a verlo, teníamos la necesidad de tenerlo cerca, haciendo música. Creo que él mismo sabía que era así y por eso se rodeó de un team de los sueños, en el que Hilda Lizarazu (cuánto se la extraña hoy a Hilda), el Negro García López y el Zorrito von Quintiero, junto con la base de los músicos chilenos que lo venían acompañando, lo contenían escénicamente. Y contó con esas canciones infalibles.

Después de eso, tuve oportunidad de ver por la tele un par de apariciones en recitales gratuitos al aire libre (en la provincia de Tucumán y en Plaza de Mayo) y me sentí bastante preocupado: en vez de avanzar y soltarse, me pareció que Charly estaba desmoronándose. 


Preocuparme por Charly es algo que me viene pasando desde que en la navidad del 88 me fui de un recital que dio en un teatro del barrio de Flores pensando que algo no estaba bien en él. Si la memoria no me engaña, él acababa de perder a su hermano en un accidente de ruta y creo que esa pérdida sacudió su existencia. En los 90 la fragilidad de Charly fue pública y notoria. La vida de un fan suyo se volvió tortuosa, porque cada encuentro podría contener la maravilla o el espanto, a veces las dos cosas juntas de un momento a otro... ¡y a veces las dos cosas juntas simultáneamente!

No sé cómo, pero es evidente que Charly se las arregló para convertir su zozobra existencial en una forma artística. Y es milagroso constatar que, en medio de la catástrofe, García concibió dos de su mejores discos de todos los tiempos: La hija de la lágrima y Say no more. "Constant concept" fue el nombre del truco, todo era concepto, sin lugar para el error cuando el capricho es ley. Fue una etapa diabólica, de un Charly poseído, con una mirada oscura dirigida hacia el abismo, con raptos de genialidad y vuelcos constantes. Pero siempre, aún en las noches más negras, en estado de arte.


Este fue mi pacto personal con él: aceptar al querido artista, al hermano mayor, al tejedor de las canciones que constituyeron mi sensibilidad como ningún otro artista lo hará, aceptarlo en su incandescencia, siempre que él quisiera subirse al escenario a transformar cada derrota humana en una victoria artística. Puedo asegurar que en esos largos años Charly logró momentos inolvidables, en el marco de una inquietud constante para todos los que lo queremos.

Ese contrato se quebró en determinado momento: una noche de 2007 salí de la Trastienda hastiado, dije "basta para mí". (Pocas semanas después, Charly era internado compulsivamente). Y escribí una nota despechada "He pasado una noche inolvidable, pero no ha sido esta", en la que decía "Lo que la Trastienda no puede mostrar es que Charly haya pasado en los últimos cinco años por un solo momento de inspiración. Ahora se me ocurre que los desplantes, los cortes abruptos de shows, las demoras, los tediosos entreactos más largos que los actos, los excesos etílicos y químicos, las peleas con su familia y entorno. etc., tienden a producir un tipo de preocupación por su buena salud que permite disimular la cuestión de fondo: le falta inspiración". 

Me da miedo leerme: estaba enojado y no puedo asegurar que no tuviera razón. En todo caso reivindico mi percepción de ese momento como genuina, aunque suene dura y hasta desagradecida. "...que quizá ya perdió la conexión (o la perdió momentáneamente por un período que dura... ¿cuántos años ya')...". Dejaba abierta la posibilidad de que se tratara de una pérdida momentánea y aún hoy creo que la pregunta sigue vigente. Gonzalo Aloras dice que, más allá de que todos estemos atentos a cuán ágil o rígido está Charly, qué signos dé su voz de recuperar registros que había perdido, pendientes de si toma demasiados medicamentos o volvió a sus anteriores adicciones, incluso más allá de lo buena que suene la banda que lo acompaña, el único momento decisivo que nos cabe esperar es aquel en que Charly grabe un disco con canciones nuevas. Lo único que importa es si Charly puede todavía retomar la composición, y qué concepto artístico nos trasmitirá en ese caso. Gonzalo es un gran admirador de Charly y lo que dice es justo. Dejando esto en suspenso, bien podemos asistir una y otra vez al encuentro de este músico al que todos le debemos casi todo, aunque sea como cuando vamos a ver a un viejo amigo, sin esperar nada más que verlo, y verlo bien.


Este post debía referirse a la actuación del martes pasado, cuando volví a verlo después de su período rehab. Pero ya me salió muy largo. Tengo entradas para volver a verlo el martes que viene y creo que ahí redondearé una idea del Charly actual. Pero antes de dar por terminado el post quiero decir que creo que estamos ante un nuevo avatar de García, alguien que ha dejado atrás la rehabilitación para pasar a ser simplemente el dueño del repertorio de canciones más prodigioso de la Argentina actual. Ya no Say No More incendiándose en público, ya no Rehab curándose impúdicamente a la vista de todos. Charly ha vuelto para apropiarse de lo que le pertenece: es el autor de todas esas canciones increíbles (se da el lujo de programar tres shows distintos, que se alternan cada noche en el Rex, con un total de 60 temas, y todos sabemos cuántos quedan afuera aún así) y quiere recorrer el repertorio un poco azarosamente, yendo y viniendo, combinando los hits con algunas gemas menos evidentes. 

Y, por sobre todas las cosas, Charly quiere repasar las letras, como si se las estuviera diciendo a sí mismo. Por eso no le basta con cantarlas, sino que además incorpora las voces en off de dos personajes, encarnados por Graciela Borges y Juan Alberto Badía, que retoman fragmentos de sus líricas y las dicen con una tonalidad diversa a la que suena en las canciones. Hay ahí un concepto: Charly está recuperando sus letras, nos está invitando a recuperarlas, esas mismas letras que durante el larguísimo período Say No More fueron dejando muchos huecos, esas palabras que parecían haberse perdido.

Bueno, después del martes, cuando vaya a ver "Detrás de las paredes" (el martes pasado asistí a "El ángel vigía"), supongo que podré decir algo más.

3 comentarios:

Martha dijo...

La crítica ( La Nación) de la tercera noche de Charly dijo: " Charly canta y a pesar de que la suave voz que hionotizaba en los ochenta no es la misma, las mas de tres mil personas que están ahí enloquecen, se dejan seducir, acompañan. Es como si todos los años que separan a "Plateado sobre plateado" de la actualidad no existieran, como si Charly la hubiese escrito ayer."Es que algo de eso debe haber. A veces al público le funcionan bien los mecanismos de negación y se le suoerpone la música de antes, quizás, digo..No sé.

santiago segura dijo...

Cómo canto? Al menos cuente eso. Creo que de movimientos y cerebro está un poco más ágil, cierto?

Igual, a mí me alcanza con que el tipo viva en paz y punto.

Martha dijo...

Eso que transcribí , es una crítica de Dolores Moreno, de La Nación del día de hoy. Yo jamás me atrevería a hacer una crítica de música.
" eL SUBTÍTULO REZA: gARCÍA VOLVIÓ A ENCANTAR AL PÚBLICO"
El tema es que Charly si no lograra encantar ..no creo que pueda vivir en paz. Es un artista.