Foto: Nadia Albarracin


martes, 1 de diciembre de 2015

La lucha es infinita, es padre de todas las cosas


Noto en algunas conversaciones en las redes sociales una complacencia demasiado extendida en la autoflagelación. En los 12 años de kirchnerismo se cometieron errores, muchos de los cuales los fuimos discutiendo en cada momento, otros podemos incorporarlos a la conversación ahora. Perdimos unas elecciones por dos puntos, después de 12 años de gobierno. Se conquistó muchísimo en el plano de la experiencia, la conciencia y de los derechos populares. Alimentamos con nuestros aciertos y errores a una oposición feroz, que ahora pasará a hacerse cargo del gobierno y a demostrar lo que es capaz de hacer. Lo que será capaz de hacer.

Eramos la anomalía populista en un globo dominado por el neoliberalismo. Ahora estaremos en el llano. Somos muchos y aprendimos mucho. Yo personalmente descubrí a varias nuevas generaciones dispuestas a vivir con dignidad, a no dejarse pisotear. Incluso en estas ultimas semanas emergió una cantidad de gente comprometida con estas ideas que en los años anteriores había mantenido un perfil bajo y ahora se animó a escribir su epopeya personal en esta historia. Estamos vivos, estamos alertas, hemos vivido grandes momentos. Apareció el nieto 119 y, por primera vez en la historia, se encontrará con su madre viva. ¿No es un signo de futuro más elocuente que el mejor discurso? 

Vamos a pelear para que se hagan los juicios a los empresarios responsables civiles de la dictadura. Ya hay gente trabajando por eso. Vamos a salir a la calle cada vez que haga falta defender nuestras conquistas. Va a ser un país difícil para los dirigentes.

A veces en la historia te toca perder y tenés que aprender a no llenarte de amargura. La lucha es infinita, la guerra es padre de todas las cosas. Habrá que seguir y seguir y seguir y seguir, dice una canción de Spinetta. El futuro no se abre mediante autoflagelos, sino preguntándome qué voy a hacer en este día que comienza.

***

Se pueden hacer enojosas autocríticas mientras se sigue adelante probando caminos, no son acciones excluyentes. Un sector importante de la población, Autoconvocados, no sabemos cuántos son, pero en tres semanas entre el 25-O y el 22-N, logró construir un fenómeno nuevo. Quizás esta diferencia final de 2,5% entre PRO y FPV se debe en gran parte a los Autoconvocados y puede pesar en el futuro. El 51% del PRO es una foto de algo que se mueve. Se puede mover más, para un lado u otro, a medida que Mauricio empiece a mostrar sus dotes de estadista. Gobernar Argentina es una excelente vidriera para exhibir talentos desconocidos.

Los grupos muy motivados que andan autoconvocándose por las calles y por las redes no tienen el apuro partidario de definir un líder inmediato, están pensando en el ajuste de enero y no en las elecciones de 2019, quizás confiando en que esas cosas decanten en quien las sepa interpretar. En tres semanas intrincadas supieron resolver muy bien dilemas enmarañados en cuanto a qué consignas serían mejores, que porcentaje de cristinismo o sciolismo o peronismo o independentismo había que incluir en la campaña que los dirigentes no sabían como seguir. Todavía no están muy articulados pero nada impide que se articulen en la acción, por lo menos no me parece necesario negarles esa capacidad.

No sabemos cuántos somos, pero no hay una elección inminente, así que no es urgente ponerle un numero. Nada indica que vayamos a dejar ahora. Es más, si el ajuste es brutal y las designaciones del PRO son grotescas, como se está viendo, eso puede estimular los movimientos resistentes. Si me pedis garantías no las tengo, pero tampoco nadie las tiene de que el pueblo vaya a asistir pasivo al intento de castigarlo. Es decir, en un clima de alta indeterminación, yo tengo tantos elementos para ser optimista como otros que quieren convencernos de que nada ya vale la pena, porque lo único que hace falta ahora es encontrar culpables para un resultado que sucedió diez días atrás. Diez días adelante, el escenario será radicalmente otro. Una opción es volver a enumerar nuestros errores (por otro lado, yo solo leo reiteraciones de dos o tres cosas que se dijeron hace rato), la otra es ver como enfrentamos la que se viene.

3 comentarios:

tatincito dijo...

Si, totalmente de acuerdo. Hay que seguir, de hecho, estamos siguiendo, a pesar de la tristeza.

Tu posteo es seguir, mi comentarios y los de tantos otros, es seguir, (mucho mas humildemente, por cierto). Estamos siguiendo, no hay duda.

El ajuste creo que será muy duro, y cada uno tendrá que ver como se la banca, pero debemos ir tomando conciencia que para las legislativas tenemos que poner a varios millones de militantes en la calle.

Ya vimos que dió resultado.

Y a meterse en el orto el "pase de factura". Lo que se viene es un tiempo de militancia a todo corazón, no de venganzas. Que si bien es cierto que el 49% se puede volver un 40% o menos, no es menos cierto que se puede convertir en un 59%.

Carlos G. dijo...

Así es, "la guerra es infinita" y, mientras haya capacidad de resistencia, no terminará.
Yo creo, entre tantísimas otras razones, que para estas elecciones hubo gente que se cansó de un gobierno que mantuvo el conflicto en evidencia todo el tiempo.
Hubo (hay) gente que ha elegido creer que todo puede resolverse mediante el diálogo y el consenso.
Que no se bancó más la tensión generada por la oposición de intereses y que ha elegido creer que todos queremos un país mejor, más justo y más feliz.
Mientras tanto, buena parte del 48,6% deberá encontrar la manera de conservar el terreno ganado.
No va a ser fácil, tampoco imposible.

LO QUE RESTA DEL DIA dijo...

Reconocerse, juntarse, organizarse, abrazarse también y por las dudas, el 2017 está a la vuelta de la esquina. Resistiremos lo resistible, los que reaccionaron en las últimas semanas con dignidad a pesar de los errores, los que ya venían bancando los trapos en las organizaciones conocidas, los que no la vieron venir y estaban como acostumbrados a lo dado y enojados por los errores de gestión nacionales y territoriales. Lo que viene no va a ser fácil, no. Pero más temprano que tarde, tendremos que hacernos cargo, otra vez, a pesar del desastre que nos dejen estos aventureros aprovechados, tan cebados por la ayuda de los medios masivos y su inveterada fe de construcción antipolítica. Volveremos, no por instinto de revancha futbolera, sino por la absoluta necesidad de supervivencia de mayorías no acostumbradas a ser sojuzgadas, habiendo conocido mejores tiempos y con la confianza de que nos merecemos un mejor destino. En una patria digna, justa y liberada.