Santiago Maldonado

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Con vida te queremos

miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Malditos o bonitos?


por Willy Villalobos

John William Cooke decía que el peronismo era el hecho maldito del país burgués. El odio a Perón y Evita era tan grande que a uno no se lo podía nombrar en público, ibas en cana, y a ella le deseaban la muerte en las paredes de Buenos Aires.

Durante 18 años lo proscribieron pero no pudieron borrarlo de la memoria de los más humildes.

Hoy la historia no sé si vuelve a repetirse, pero se parece bastante. Al régimen que nos gobierna, de democrático le queda poco: autoriza la participación del peronismo en la política argentina siempre y cuando los dirigentes que lo representan acepten la proscripción de Cristina. Ella y todos los que la acompañamos somos señalados nuevamente como el hecho maldito del país de los CEOS.

El kirchnerismo y todos los que no se entregan encarnan por mérito propio y fundamentalmente por el odio de los ricos a ese peronismo que la oligarquía quiso destruir a bombazos y luego los milicos con asesinatos, desapariciones y torturas. De la misma manera que en los 60 intentaron imponer el peronismo sin Perón, de la mano de Vandor, ahora es el peronismo sin Cristina.

Parece que los ricos y sus colaboradores veían en el Pocho lo que ahora ven en Cristina: a un líder político que les ponga límites y no les permita el choreo a mano armada que se repite desde los comienzos de la historia nuestra.

Domínguez, Alberto Fernández, Randazzo, Abal Medina, Pichetto, Bossio, el triunvirato del Bonito y muchos otros se han convertido en los vandoristas del siglo 21 y los chupasangres les dan lugar en las primeras planas de sus pasquines.

Hay otros que no se animan a tanto, pero no paran de pedir autocríticas apuntando, como detrás del vidrio en Tribunales, a Cristina como culpable de todos los males.

Los colaboradores, los que dicen que hay que garantizar la gobernabilidad, hacen mérito en el parlamento votando las leyes que favorecen a las minorías. Estos últimos me recuerdan a los que colaboraban activamente con la dictadura con la teoría de que cuanto más rápido fueran derrotadas las organizaciones revolucionarias el número de muertos iba a disminuir. La diferencia es que los que votan las leyes del poder pueden elegir, los otros estaban secuestrados.

Muy pocos se animan a denunciar la persecución a Cristina.

La autocrítica en el peronismo no es andar pidiendo disculpas en los canales de televisión de ellos, sino lo que se corrige en la práctica política concreta.

Recuerdo a Néstor.

Recuerdo cuando dijo que habíamos perdido por poquito y cuando le preguntaron que es lo que había que hacer contestó: "Redoblar la apuesta, ir por más".

Hoy Cristina es el hecho maldito del país burgués, porque su sola presencia les recuerda el aluvión zoológico y tiene tantos ovarios y convicciones que no quiso ampararse en los fueros ni quedarse tranqui en la casa o exiliarse.

Es maldita porque se la banca, porque dice lo que está prohibido, porque no se rinde, porque recuerda que podemos vivir dignamente, porque sigue representando a esos que son maltratados todos los días por sus patrones y por los que dicen representarlos.

La política sólo debe servir para acompañar a los que enfrentan a los saqueadores, eso es lo que enamora, lo otro es acomodarse, conseguir un puestito, y todos sabemos que nadie puede estar cómodo cuando nuevamente están intentando hipotecar el futuro.


1 comentario:

Tilo dijo...

Ignoro cómo era la convivencia dentro del kirchnerismo. El clima y la relación diarios, con mil problemas y toma de decisiones, acertadas o no. No sé si los alejamientos que tuvieron lugar obedecieron a que quienes se fueron no eran lo suficientemente leales, si no coincidieron con algunas medidas, si el culto al personalismo - especialmente con Cristina - pudo más que las eventuales ganas de seguir o si directamente fueron maltratados. Sólo veo que la mayoría de los escindidos - antes y después del 10/12/2015 - se manifestaron con rencor o con ánimo crítico o bien se unieron a quienes no comulgan realmente con el proyecto nacional y popular.

En otro sentido recuerdo, aún con no poca sorpresa, las épocas de los cacerolazos del odio y nuestra observación para que, en lugar de obrar en forma ofensiva y destituyente "formaran un partido y trataran de ganar alguna elección". Bien. Pues se unieron alrededor de un partido y - aunque por estrecho márgen - ganaron la elección.

Eso indica mayor inteligencia o disposición para poder focalizar en un objetivo común, que en el caso de los últimos triunfadores era primordialmente VOLTEAR AL KIRCHNERISMO, ya que su verdadero programa político y económico es absolutamente anti-popular. De ahí las sartas de mentiras para engrupir giles, que aún continúa.

Aún así, pensamos ingenuamente que NO SE IBAN A ANIMAR a desbaratar la compleja y difícil ingeniería de rescate social implementada durante doce años a contrapelo de nuestra espantosa historia de política antipatria y antipueblo. PERO SE ANIMARON.

Es decir, el virrey amarillo (más que títere, verdadero miembro del PODER ECONÓMICO) no ha tenido problema alguno para destruir todo a su paso, con el agravante de incrementar el ancho de LA GRIETA al patear el índice de Gini hacia arriba.

Mientras tanto, nosotros dudamos en unirnos, lo que debería ser indudable al reconocer que solamente con Cristina y los que la reconocemos como la ÚNICA OPOSITORA REAL de esta farsa democrática, no alcanza para formar masa crítica y patear a esta basura que se encaramó al trono del perro Balcarce hace casi 11 meses.

De manera que no veo otra alternativa - especialmente en razón del oscurecimiento mediático - que la de unirnos con otros "peronistas", aunque el sabor del sapo no sea el que más nos guste. Y que una interna determine QUIÉN REPRESENTARÁ AL PUEBLO. Si nos equivocamos, pues será nuestra exclusiva responsabilidad.

Si existen otras sugerencia más atinadas y con posibilidades de triunfo, ya es momento de someterlas a consideración. Cada minuto que transcurre aumenta el número de víctimas de esta maldita fiebre amarilla que nos está arrebatando el PRESENTE y que si lo permitimos, nos dejará también SIN FUTURO.