martes, 18 de octubre de 2016

Paradojas peronistas


por Gabriel Fernández - La Señal Medios

El éxito económico social del gobierno peronista entre 1945 y 1955 fue tan importante y profundo, que generó un crecimiento difícil de detener. Alsogaray, Krieger Vasena, entre tantos, buscaron obturar ese desarrollo y sólo lo lograron parcialmente. De allí que costara 18 años recuperar el control parcial del Estado. Todos sabemos que en el último lustro de los 60 y en el primero de los 70, nuestro país aún tenía un empuje significativo.

A riesgo de internarnos en aguas revueltas, no escurramos este bulto: el reimpulso del crecimiento nacional se observó durante el convulsionado gobierno peronista de los 70, cuando Gelbard tradujo con cierta eficacia el perfil económico peronista. Le costó mucha transferencia, mucha deuda, y mucha sangre a Martínez de Hoz revertir la tendencia. No es sencillo lidiar contra el dinamismo de nuestro gran país.

Estamos viviendo un tramo parecido, en ese aspecto. Los diez años kirchneristas fueron intensos y mostraron una parcela de las posibilidades nacionales. De allí que pese al ajuste de Prat Gay no se registre el clima de efervescencia plena que los números hacen suponer. El acumulado general de la economía argentina durante las décadas activas es lo suficientemente importante como para operar cual colchón de las dificultades impuestas.

Así se extiende un sentido común del tipo "las cosas aumentaron, pero tampoco es una catástrofe, vamos tirando". Al imponer propagandísticamente el criterio de dificultades originadas en el período anterior inmediato, surge la idea suave de "hay que esperar, a ver qué hace esta gente". En tanto, charlamos de la "corrupción K", tan entretenida. Como contraste, un vasto espacio popular comprende y pelea, porque se acuerda y se la ve venir.

Es paradojal pero necesitamos entenderlo para reformular algunos planteos: el hundimiento liberal suele llegar tiempo después del arribo al gobierno de sus bandidos, precisamente porque las gestiones nacional populares previas tuvieron éxito. Se las puede cuestionar en tal o cual punto, y es correcto, pero el alza del PBI y la producción industrial en general suelen habilitar procesos de desestructuración hondos que, sin embargo, se desplazan con sordina.