miércoles, 21 de febrero de 2018

Si los dirigentes entienden la marcha de hoy, el macrismo tiene fecha de vencimiento: la unidad popular es invencible













El enorme aparato mediático y represivo que ensayó aplicar el régimen macrista contra las movilizaciones populares no pudo evitar que apenas 4 meses después de su victoria electoral el oficialismo y sus aliados sufrieran una tremenda derrota en la calle. Las imágenes son impactantes. Y los esfuerzos mediáticos para distorsionar su sentido los hacen perderse en disquisiciones insustanciales: si fue la marcha de Moyano para defenderse de la Justicia, si fueron Máximo Kirchner, Zaffaroni y Hebe de Bonafini, si no estaban en el palco, si Moyano se quedó solo porque no fueron Barrionuevo, Daer y Gerardo Martínez, si solo lo acompañaron la izquierda, el kirchnerismo y los partidarios del Papa, si se divide la CGT, si al gobierno le conviene la imagen negativa de los líderes sindicales de acuerdo con las mediciones de los focus groups... Cuando el enemigo se equivoca no hay que interrumpirlo.

"Acá confluyó el aparato del kirchnerismo, el aparato de la ultraizquierda y el aparato del moyanismo, que en el campo sindical tiene cada vez menos peso" sintetiza Hernán Lombardi la lectura oficial.

Lo que acaba de suceder en la calle es la configuración de la unidad posible para expresar el repudio popular a los resultados nefastos de estos dos años de gobierno. Es algo nuevo compuesto de tradiciones lejanas e insistentes. No hay que engolosinarse en el terreno de las especulaciones chicas en las que el oficialismo se enreda sobre alquimias electorales, sumas que restan, ausentes que no se notan. Hasta puede decirse que tan tremenda marcha de unidad popular más allá de las dirigencias (no sin ellas, porque las multitudes sin dirigencias son ciegas, pero las dirigencias sin multitudes son vacías) fue construida por la obstinación del oficialismo. Cómo se va a articular políticamente esa multitud llena de bronca, muchos probablemente desilusionados, muchos otros que ya sabían desde el principio la que se venía, es un desafío que le agrega luz al futuro. 

La imagen nunca es completa, siempre hay un fuera de campo que empuja por resignificar lo que se ve: los cientos de miles con identidades políticas diversas, los que no estaban en el palco pero igual marcharon, la que esperan con cautela para que haga su aporte... 

Hace apenas semanas era impensable que ahí se juntaran todos los que se juntaron. No todos vienen del mismo lugar y quizás no todos quieran ir exactamente hacia el mismo lugar. Pero el pueblo en la calle dibujó el vector al que los dirigentes políticos y sindicales deben seguir. Los discursos en el palco mostraron una gran pericia para encontrar el equilibrio que nos contuviera a todos y permitiera usar esta demostración de fuerza como un primer paso de una marcha inevitable. En una entrevista inmediatamente posterior al cierre del acto, Juan Grabois dijo "los análisis personales le sirven a las personalidades, acá lo que hace falta es entender el proceso". El oficialismo no tiene otra chance más que llevar esta lucha al terreno de las personalidades, no tiene nada nuevo que ofrecer más que chantajes, engaños y hambre. Es el camino que le dio resultado durante dos años. Dejémoslo seguir equivocándose. Organicémonos como hoy.

Hoy el pueblo en la calle dio un primer gran paso al alinear detrás suyo a muchos dirigentes que durante estos años horrorosos del macrismo anduvieron boleados. Era mentira que el estado de conciencia del pueblo no estaba preparado para la resistencia: cada vez que nos convocaron fuimos y así va a seguir siendo. Darle crédito a los colaboracionistas, considerarlos parte del campo popular nos hizo perder un tiempo precioso y comprometer el futuro nacional. Lo que hoy se juntó es la base que va a bancar el difícil proceso para salir del atolladero. El reloj de arena se dio vuelta.