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jueves, 13 de septiembre de 2012

La Nueva Provincia y la dictadura: hoy como ayer

El Tribunal Oral Subrogante en lo Criminal Federal de Bahía Blanca, el considerando 34 del fallo declara:

"Extraer testimonios de las constancias documentales respecto de la publicaciones que daba cuenta el diario “La Nueva Provincia” de esta ciudad y remitirlas al Juzgado Federal que por turno corresponda, a fin que se investigue la posible comisión de delitos de acción pública por parte de los directivos de dicho órgano de prensa, en oportunidad de brindar información respecto de supuestos enfrentamientos militares con presuntos elementos subversivos."

En este blog ya habíamos dedicado dos posts a recordar el papel que jugó el diario La Nueva Provinicia durante la dictadura:


La vieja provincia

por Maximiliano Diomedi. Fuente: Patologías Culturales

Así como el periodista Pablo Llonto escribió La Noble Ernestina, el libro sobre Ernestina Herrera de Noble que cuenta la manera en que fue construyendo su poder a lo largo de las décadas -aliándose con los poderes de turno, pero por sobre todo sacando gran tajada en tiempos de dictadura militar- alguien deberá escribir alguna vez la historia de la familia Julio-Massot, propietaria de La Nueva Provincia, con pelos y señales.

La Nueva Provincia es un diario centenario que a lo largo de décadas fue moldeando el modo de pensar y sentir de -prácticamente- toda la sociedad de Bahía Blanca, una ciudad que se destaca en el mapa de la provincia de Buenos Aires y del país por su perfil conservador. Si bien siempre existieron y existen esfuerzos de radios comunitarias, diarios que plantean una visión distinta, poetas, músicos, artistas en general y editoriales que la hacen más respirable, sabrán entender que ninguna ciudad que viva entre la Base Naval Puerto Belgrano y el Quinto Cuerpo del Ejército puede jacarse de progresista. No al menos esta ciudad. Y sé perfectamente lo que estoy diciendo. De alguna manera yo también fui moldeado por esa mentalidad que se respira, que está en el aire. Imaginarán que -está de más decirlo, pero ahí vamos- el diario tiene que ver en eso. ¿Dije el diario? En realidad es el MONOPOLIO, o son los mecanismos aceitados durante años y años que terminan por aplastar cualquier intento de querer hacer otro tipo de periodismo. Si bien gran parte de la sociedad subestima el poder de interferencia en la subjetividad que tienen los medios, si de algo sirvió la discusión alrededor de la ley de medios fue para darnos cuenta de cuán indefensos podemos estar ante el tremendo poder que de allí emana, si es que no nos mantenemos alerta.


Durante años La Nueva Provincia, LU2 Radio Bahía Blanca y LU80 TV Canal 9 eran lo mismo. De algún modo actualmente también lo son, sólo que no en términos económicos sino ideológicos. Siguen conformando un bloque ideológico lo suficientemente importante como para que uno los identifique como una sola cosa. Aún hoy la cuestión funciona así: lo que cada mañana se publica en el diario se lee en los programas de radio de la primera hora (LU2 siempre se encargó de leer textualmente el diario entero página por página) y esa información es levantada por Canal 9 para su noticiero del mediodía. Paquete completo. Eso sin decir que, además, en 1994, el COMFER le adjudicó a la empresa Multivisión S.A, de la que participa la familia Massot, una licencia para la instalación, funcionamiento y explotación de un sistema de MMDS en la ciudad de Bahía Blanca. Todos los recursos a merced de la famosa construcción de la agenda. Nada muy diferente al funcionamiento de los grupos mediáticos que operan en Capital Federal, excepto que La Nueva Provincia se circunscribe a la ciudad de Bahía Blanca. A tal punto fue la familia Massot precursora en esto de las fusiones -el primer grupo multimedia de la Argentina- que la mismísima Ernestina cuando empieza a pensar en formar su conglomerado multimediático dice: si la Massot puede, nosotros también.

La historia de La Nueva Provincia se remonta a 1898. Fue fundado por Enrique Julio con la intención de hacer de Bahía Blanca la capital de una nueva provincia que estaría conformada por parte de la provincia de Buenos Aires, parte de La Pampa y parte de Río Negro. La idea resultó poco fructífera. Pero lo cierto es que el diario sí se convirtió en un bastión del sur argentino. En 1950 fue incautado por el gobierno peronista por su abierta oposición y recién en 1955 fue recuperado gracias a la "Libertadora". Quien se pone al frente como directora, un par de años después, es la nieta de Enrique Julio: Diana Julio de Massot, fallecida recientemente, quien en ese entonces tenía unos 27 años. Diana es la verdadera hacedora de La Nueva Provincia.


Las manos se le manchan con sangre a partir del 24 de marzo de 1976, cuando se convierte en el órgano de la Marina, avalando desde sus páginas la política represiva del gobierno militar, aunque para ser justos debemos decir que mantuvieron una coherencia en relación a las opiniones vertidas en el mismo diario unos años antes. Según Leandro Albani, (La Fogata) ya en 1973 se podían encontrar entre sus páginas referencias a la derecha peronista, como "aguerridos grupos de argentinos que defienden los colores patrios y reaccionan como hace rato debió hacerlo el país todo contra los trapos rojos", o al accionar de la Triple A reivindicando que "se juegan la vida en operativos paramilitares". Eso era La Nueva Provincia previo al golpe de Estado. Y más: en 1975, producto de un paro gremial realizado por trabajadores pidiendo un franco cada 4 días, tal cual establecía el convenio de trabajo, el diario estuvo 3 semanas sin salir a la calle. Finalmente debió cumplir con el convenio, pero una vez que reapareció salió con los tapones de punta. Diana Massot no se iba a olvidar tan fácil. Emprendieron una embestida contra los gremios y, oh casualidad, con Videla ya en el poder, el 4 de julio de 1976 encontraron los cadáveres de Enrique Heinrich y Miguel Angel Loyola -obreros gráficos del diario, Secretario General y Tesorero respectivamente del Sindicato de Artes Gráficos de Bahía Blanca. Dos cosas son seguras: que fueron secuestrados, torturados y acribillados, y que la directora los había acusado de formar un "soviet". El diario registró el asesinato por única vez dedicándole sólo 20 líneas.

¿A cuento de qué viene esta breve reseña sobre el reducto de la derecha con base en la ciudad de Bahía Blanca? A que ayer por la mañana -como suelo hacer a menudo- ingresé al sitio web de La Nueva Provincia y me encontré con su editorial. Desde que asumió el gobierno de Néstor Kirchner en 2003 con una clara politica de Derechos Humanos y, posteriormente, cuando le hizo bajar a Biondini el cuadrito de Videla que estaba colgado en la ESMA, la familia Massot se crispó. Quién se encuentra a cargo de la dirección ahora es Vicente Massot, hijo de Diana, militante de la Falange Restauradora Nacionalista, Ministro de Defensa de Menem que debió renunciar por reivindicar la tortura y secretario de la revista Cabildo, entre otras cosas. En sus editoriales siguen utilizando una serie de términos que indican el grado de indignación que les provoca ya no sólo la política de Derechos Humanos sino la democracia misma: hablan de un gobierno repleto de montoneros, festejan cada 24 de marzo como el día que comenzó a abatirse a los terroristas, se refieren al "accionar subversivo", escriben que los hijos de Madres y Abuelas andan dando vueltas por Europa, que las cifras de desaparecidos no superan los 2.000 y que la dictadura no fue una dictadura sino un verdadero Proceso de Reorganización Nacional. Eso a grandes rasgos. Dato: se acerca el 24 de marzo y recomiendo frevientemente que lean el editorial que publiquen ese día.

Decía entonces, que ayer a la mañana ingresé a su sitio web y leí su editorial, que dice así:


"Reivindicación:

Bastó que Eduardo Duhalde dijera que el gobierno continúa humillando a las Fuerzas Armadas y que a éstas hay que darles el lugar que les corresponde, para que el coro estable del progresismo nativo -en general celoso defensor del terrorismo practicado por las organizaciones subversivas de los años 70- pusiera el grito en el cielo.

Leer post completo acá.
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Ilustración: León Ferrari

Algunas editoriales publicadas por La Nueva Provincia en los últimos 24 de marzo

por Maximiliano Diomedi. Fuente: Patologías Culturales

2004: "24 de marzo"

Contrariando al presidente Kirchner y a sus socios, los grupos que medran con los derechos humanos, todos los cuales abrazan hoy la causa que en la década del '70 llevaron adelante las organizaciones subversivas, conviene hacer un poco de memoria sobre los días que precedieron al 24 de marzo de 1976.


En esas vísperas, ya la sociedad argentina se había convencido de que terroristas y guerrilleros del ERP, de los montoneros y de otras bandas perseguían un mismo propósito: destruir o disolver el orden social vigente, para instaurar después su propia dictadura.

No otro sentido podía tener la sucesión de asesinatos, secuestros, ataques a las comisarías y a las unidades militares y las bombas lanzadas indiscriminadamente con la intención deliberada de que alcanzasen a todos y, en especial, a las víctimas inocentes, más eficaces para infundir la sensación de terror a la comunidad entera.

Las bandas que practicaban el terror parecían invulnerables. Las fuerzas de seguridad y la justicia cumplían con su deber. El recurso del que se valía el gobierno de Isabel Perón, ensayado antes por el propio Perón, el de la lucha clandestina a cargo de las Tres A, no sofrenaba a las organizaciones de terroristas. Estas, originalmente financiadas desde el extranjero, habían logrado una inatacable fuente de ingresos locales en el secuestro extorsivo, o su amenaza para arrancar contribuciones mensuales a las grandes empresas.

Sólo un rumor, todavía incierto, quedaba para la esperanza: la intervención abierta de las Fuerzas Armadas. De ahí que, al hacerse cargo del gobierno, fueran saludadas por la unanimidad de la opinión y se les otorgase tácitamente la más amplia libertad en los procedimientos a aplicar como remedio heroico. Nadie se opuso, nadie objetó; ni el pueblo ni los partidos políticos, oficialistas u opositores. Salvo los terroristas y guerrilleros que sintieron llegar el ocaso de la impunidad que habían gozado hasta entonces.

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