Cadete





sábado, 1 de septiembre de 2012

Prividera y El Amante

Polémica por Tierra de los padres


por Oscar Cuervo

En el número 241 de la publicación digital El Amante - Cine (ex revista), se anuncia desde la portada una "polémica sobre Tierra de los padres" (TdlP). Pero ahí no hay ninguna polémica sobre  TdlP . Solo siete reseñas: cuatro en contra y tres a favor. Reundantes y sin debatir entre sí.

Muy inepta crítica de Gustavo Noriega, vinculando a las personas que en la película aparecen leyendo textos de un libro con los actores del viejo cine argentino:

"Todo lo bueno que generó el entonces llamado Nuevo Cine Argentino se relaciona con el hecho de que cierta forma de representar la realidad quedó definitivamente fechada, obsoleta y caduca. (...) En ese contexto, Tierra de los padres es una extraña quimera, una película típica del circuito artie que sin embargo mantiene una relación más fuerte con el cine argentino perimido que con la renovación. Como en aquellas películas repudiadas de las décadas del ochenta y del noventa, los “actores” son forzados a decir mecánicamente un texto imposible de hacer propio".

La comparación que hace Noriega de los lectores que aparecen en Tierra de los padres con el estilo de actuación del viejo cine argentino no se sostiene en la visión del film. Es evidente que no les habla a quienes la hayan visto, para los que la comparación se vuelve insostenible por falsa. Por ende, Noriega se dirige a lectores que no vieron la película y podrían creer que es como él la describe. De este modo, su descripción deliberadamente falsa lesiona no a la película sino a sus incautos lectores. ¿Por falta de rigurosidad en su oficio o por simple mala leche?

Prividera filma a sus lectores en el acto de leer. Mostrando diversos modos de lectura, diversas tonalidades, hace aparecer el acto de lectura como tal. Prividera filma lectores y lectura. En la diversidad de actitudes y modos de leer, TdlP plantea la cuestión de la cita (el encuentro) entre texto y lector: ¿qué es leer? Noriega no lo entiende. O simula no entenderlo.

Leonardo D'Esposito hace en ese número la segunda crítica de TdlP (en el diario BAE ya había publicado una; en el número 242 publica una tercera: se ve que no logra redondear sus ideas al respecto). En su segundo intento, D'Esposito hace en el final una retorcida referencia al cine de propaganda y al pasar menciona al Indec:

"Tanto el prólogo, dando una visión decisoria sobre la historia, como el epílogo, mostrando que el mundo en que vivimos continúa hundido en el río marrón de las contradicciones, podrían funcionar como muy buen cine de propaganda si se los toma aisladamente. En el conjunto, pierden fuerza. Como la estatua de Roca en Diagonal Sur mirando a Plaza de Mayo: la Plaza aún, y hoy como pocas veces, es sinónimo de una sociedad viva en el alma de sus contradicciones. Al lado de la estatua, otro muro de contradicción, el Indec. Roca, ahí, quieto, solo es un nido para las palomas".

Pasemos por alto la incorrecta sintaxis con que construye el condicional; debería decir: "podrían funcionar como muy buen cine de propaganda si se los tomara aisladamente". Reescribe muchas veces su crítica de una misma película y descuida el estilo, pero, bueh. La alusión al Indec en una reseña de TdlP es desconcertante. ¿Qué tiene que ver la película con el Indec? Parecería que D'Esproposito quisiera impugnar la película de Prividera por kirchnerista, pero no tiene huevos para escribirlo abiertamente, probablemente porque no tiene fundamentos para sostener semejante reduccionismo.

Hay en las reseñas de Despropósito y Norriega una velada "acusación" que sobrevuela su rechazo a la película: se sospecha de ella que sea kirchnerista, se sospecha que sea "setentista", se la ¿acusa? de estar "ideologizada". Uso comillas y paréntesis porque aludo al modo escondedor, incapaz de la sinceridad de sostener estas "acusaciones" explícitamente. Esta forma retorcida de impugnar revela la matriz neo-liberal desde la cual ellos recelan de TdlP: Por ejemplo, dice Norriega:

“Así, la película se presenta como un monstruo con cabeza de un animal y cuerpo de otro, forma de vanguardia y contenido antiguo, amagos de ambigüedad asociados con el cine moderno entrelazados con ideas rígidas y predefinidas, lo más rígido del cine de vanguardia con lo más rígido del cine ideologizado de hace varias décadas”.

¿Cuál será el cine ideologizado de hace varias décadas? ¿De qué décadas? ¿Será un defecto ser "ideologizado"? ¿Habrá películas no ideologizadas? Norriega no arriesga una tesis al respecto, pero por lo visto supone un auditorio que al escuchar "cine ideologizado de hace varias décadas" va a mover la cabeza con desprecio y pensando: "Montoneros...". Despropósito sigue en su tercera nota en esa línea de vaguedad histórica para poner bajo sospecha una década entera: los 70. Refiriéndose a la época actual (uno debe interpretar que se refiere al kirchnerismo pero no tiene huevos para decirlo) dice "casi no hay discusión política en la Argentina desde tiempos de Alfonsín (...) el solo triunfo radical del 83 obligó a (..) que los slogans de lo 70 probaran su (im)pertinencia tras un bloqueo de una década". Una vez más ¿qué slogans de los 70? ¿cómo hizo el alfonsinismo para probar la impertinencia de estos slogans? Despropósito, en un gesto de ignorancia histórica, cree que los 70 son la década de los slogans impertinentes (aunque no cita ni siquiera uno, ni muestra su impertinencia; y por supuesto desconoce la infinita densidad discursiva de aquella década que produjo mucho más que un puñado de slogans). Y deja flotando la idea de que Prividera basa su película en "los slogans de los 70", sin poner una sola prueba.

La reseña de Hernán Schell (de la que Noriega dice que es la mejor de todas las críticas) es de una estupidez inaudita: Schell supone que Prividera denuncia lo mal que se enseña historia argentina (?):

"En un momento de Tierra de los padres vemos que una mujer que está por leer un texto de Evita tiene que callar frente a unos alumnos de escuela primaria (o a lo sumo de primeros años de secundaria). Esta escena exhibe con bastante poca sutileza la intención de Prividera de mostrarnos que hay una historia que no se enseña en las escuelas. Puede que Prividera tenga razón, hay muchas cuestiones de nuestro pasado que no se da en los colegios y algunas de ellas las toca Tierra de los padres. A mí no me enseñaron en la secundaria, por ejemplo, que Sarmiento era racista, tampoco se ahondó demasiado (o al menos yo no recuerdo) en la persecución de Roca a los pueblos originarios, ni en las contradicciones políticas de gente como Rosas.

"Personalmente desconozco hasta qué punto eso es aceptable o no, si sigue siendo así o no, incluso desconozco hasta qué punto esto tiene una raíz ideológica y/o educativa. Después de todo, puede que la razón de que en la secundaria no me hayan enseñado las contradicciones de Sarmiento sea para no complicar demasiado a los alumnos, del mismo modo que en literatura no se enseña, por ejemplo, el Ulises de Joyce".

Schell se jacta de "no tener una opinión demasiado formada" sobre estos asuntos y de desconocer si lo que él mismo afirma tiene un buen fundamento,  No obstante, su comentario sobre TdlP gira alrededor de sus propias y jactanciosas ignorancias. En un alarde de idiotismo intelectual supone que en la escuela no se enseña que Sarmiento era racista... ¡para no complicar a los alumnos! La tesis de que TdlP plantea una crítica a la enseñanza de historia en las escuelas es resultado de esa mezcla de indolencia e incapacidad que Schell mismo declara. En un pasaje dice: "la noción de Patria que da TdlP tampoco parece mucho más llena de contradicciones que aquella que se enseña en la secundaria". Pero Schell dice que no tiene en claro qué noción de patria le dieron en la escuela; en cuanto a la "noción de Patria" que él supone que tiene TdlP, no queda explicitada en su nota.

En general, los cuatro artículos "en contra" publicados en el blog El Amante responden a un mismo patrón: atribuir determinadas intenciones a Prividera que los autores de estos textos fundan en ocurrencias que no creen necesario respaldar con argumentos propios ni con descripciones rigurosas de los procedimientos del film. En esa línea, a Schell se le ocurre objetar que las citas de textos que hace la película "están fuera de contexto":

"...cuando se saca el contexto en el que se desarrollaron cada una de estas acciones (sus motivos políticos y/o económicos y la idiosincrasia cultural de esa época), se deja de reflexionar sobre la historia –o la política, o la identidad de un país– para simplemente exhibir una seguidilla de evocaciones de hechos terribles".

Tierra de los Padres está construida en base a citas. Schell critica que las citas estén fuera de contexto, como si toda cita no consistiera precisamente en cambiar el contexto de lo citado. Citar es cambiar el contexto: eso es lo que hace Prividera: cambiar el contexto para poner unas citas con otras, hacerlas dialogar. No se sabe si Schell pretende reponer el contexto de cada cita para sustraerlas al choque con otras. ¿Pretenderá citar libros enteros? Aún cuando una película citara un libro entero, digamos el Facundo, igual faltaría contexto: ¿la bibliografía entera de Sarmiento, la literatura argentina, el siglo XIX todo?

***

En un ejercicio inusual, Prividera viene contestando detalladamente cada una de las cuatro críticas en contra aparecidas en El Amante. Inusual porque no es nada común que un director asuma la tarea de responder estas críticas en detalle. Prividera está publicando durante estos días una serie de textos bajo el título "LOS AMANTES IRREGULARES: RESPUESTA A LA “POLÉMICA” SOBRE TIERRA DE LOS PADRES EN “EL AMANTE”en el blog de Roger Koza. Inusual también porque el cineasta no tiene pruritos en discutir con quienes discuten su película, lo cual constituye una apuesta por la horizontalidad del debate:

"Yo no me ofendo con las críticas en contra (me parece absurdo tomar como algo personal un debate estético o ideológico), y mucho menos busco la “polémica” (ni entonces cuando me la endilgaban, ni ahora cuando la invocan), pero tampoco la rehuyo, porque creo que es un ejercicio democrático, contrario a cualquier gesto aristocrático (como el que suelen enarbolar los críticos que reivindican el “gusto”). Y porque creo que la crítica siempre debe empezar por casa: es decir, por la asunción de una esperable contracrítica de la crítica (aunque en esto los críticos sean más susceptibles que los cineastas…)". (Completo acá).

Prividera asume en su carrera como cineasta una posición ética, quizá como ningún otro director argentino contemporáneo. No digo que esta posición sea la única ni la mejor que debe asumir un cineasta, ni tampoco que los que no la asumen con este grado de compromiso (que Prividera parece dispuesto a llevar hasta el extremo posible) sean criticables por ello. En el cine argentino hay muy buenos directores que encarnan posiciones muy diversas, y tan estimables y honestas como la de Prividera. Digo que Prividera cree con pasión en la necesidad de asumir este compromiso y actúa con una consecuencia poco habitual en nuestro medio. Para la posición ética no hay resguardo posible en motivos estéticos, ni es lícito apelar al silencio o a la ambivalencia del discurso: la ética exige una exposición pública que rinde tributo a la comunidad. Por eso le resulta imprescindible responder concienzudamente, despejar posibles malos entendidos, discutir cada vez que no está de acuerdo, exhibiendo argumentos exhaustivos y precisos, interpelar con nombre y apellido a todo aquel que le concierna. En esa exposición tan frontal, Prividera se expone también a las más diversas formas del rechazo. Los artículos aparecidos en El Amante aquí citados practican la malevolencia de la distorsión: tirar la pelota afuera, apilar ocurrencias insustanciales, confundir deliberadamente a los lectores mediante trucos retóricos.

Antes de estas distorsiones odiantes, los programadores de los dos festivales que rechazaron TdlP (Mar del Plata y BAFICI) apelaron a otra forma del rechazo: el ninguneo. En todo momento, antes, cuando Prividera expuso la exclusión del film en estos festivales y ahora que responde a estas críticas, hubo otros directores y personas vinculadas al medio del cine y de la crítica que, en voz baja, objetaron su decisión de sostener una discusión pública sobre cine y política, como si se tratara de un exceso de jactancia, de autoestima e incluso de intolerancia ante las críticas: "¿Para qué tiene que salir a responder a unas críticas adversas? ¿Por qué no acepta las críticas en lugar de responderlas ¿Por qué no se calla y se dedica a hacer cine, en lugar de polemizar con críticos, programadores, otros cineastas?". Algunas de estas cosas aparecen en los comentarios de los lectores del blog de Roger Koza; otras las escuché yo mismo de directores que piensan que no hay que salir a discutir de este modo. En general, estos distintos grados del rechazo no entienden la esencia de la posición ética: el imperativo de dar una disputa franca por la verdad en el seno de la comunidad, ante los ojos de todos. Una pasión parresíaca.

Yo he tenido más de una vez choques discursivos con Prividera: nuestros estilos de intervención se parecen en algunos aspectos y, por supuesto, muchísmas veces no estamos de acuerdo. Pero su frontalidad en la discusión me inspira respeto, por su consecuencia y por su renuncia a los atajos.

A mí me resulta sorprendente el grado de reluctancia que se exhibe en el ambiente cinéfilo/crítico hacia la polémica. ¿Acaso no se entendió aún que la polémica abierta es parte del dispositivo autoral de Prividera? Quizá sea este el rasgo que lo distingue de todos los demás. Su cine no solo promueve, sino que exige la discusión. Así que estas notas que viene publicando se entienden perfectamente como la continuidad natural de sus películas por otro medio. Pensar que esta asunción pública del deber de discutir es una manifestación de vanidad o que mediante ella se están dirimiendo rencillas personales, incluso pensar que Prividera está “defendiendo” su película de críticas adversas, es no entender qué es Prividera como cineasta cívico. Por otro lado, suponer que un cineasta no puede intervenir mediante el texto escrito en la conversación con la crítica, responde a una división del trabajo muy esquemática, según la cual los directores solo pueden filmar pero no escribir y además, ante una crítica, tienen que “aceptarla” pero no discutirle.

Es curioso observar cómo molesta una voz polemizante en un medio tan hipócrita, tan liberal en el peor sentido de la palabra liberal, allí donde el compromiso público es visto como un exceso. 

5 comentarios:

rinconete dijo...

Durante unos años tuvimos con un amigo una distribuidora de cine.

Nuestro objetivo fue el de hacer llegar a las salas locales un cierto tipo de cine que no lográbamos ver fuera de los festivales. Queríamos, además, que nuestra selección pudiera conformar una colección (en formato DVD), con el sueño de que alguien pudiera compra una película aún desconocida por el simple hecho de formar parte de ella.

Por razones de costo, muy rápidamente dejamos de exhibir nuestras películas en fílmico y empezamos a proyectarlas en DVD. Ofrecimos a los dueños de las salas equipar alguna de ellas con los mejores equipos de ese formato, sin éxito.

Desde un primer momento recibimos los comentarios ácidos de El Amante, cuyos integrantes nos explicaron lo que ya sospechábamos: El cine se debe proyectar en su propio formato.

Mi posición era que, como espectador, yo prefería una crítica a la película más que a su formato (cuyas limitaciones nunca negamos) o un debate adolescente sobre absolutos. Les expliqué que era sólo una cuestión de costo, de posibilidades económicas. Que creía, como sigo creyendo, que ver Tarnation o El Sabor del Té en DVD en una sala, es mejor que no verla o verla en la compu.

Recuerdo una conversación en El Amante en la que les pregunté por qué salía en blanco y negro en lugar del maravilloso color de los Cahiers du Cinéma. Sin detectar la ironía, me contestaron que no daban los costos...

Cuando me enteré que por razones económicas, El Amante dejaba de salir en papel, recordé esas maravillosas discusiones.

Un abrazo,
r.

Felipe Alemán dijo...

bueno...mucho mejor, ya no es contra el cinefilo ñoño si no contra el liberal hipocrita que ve en el compromiso politico una quimera...mucho mejor y más ajustado a la realidad

saludos

Oscar Cuervo dijo...

Rinconet: el problema de los estrenos en dvd es complejo. Yo tuve que ver proyecciones de Aquel querido mes de agosto, El Caimán o Policía adjetivo en condiciones de imagen y sonido muy deficiente, que rebajaban la experiencia cinematográfica a un pálido reflejo de lo que esas películas eran (podía comparar porque muchas de ellas las había visto en el Bafici en proyección fílmica y con un audio óptimo). La joda es que mucha veces en esas salas te cobran lo mismo que en las de los shoppings y en la entrada del cine no se te advierte que vas a ver una película en calidad de proyección disminuída. Si te cobraran $ 15 y te avisaran mediante un cartel bien visible que la película no se ve en formato original, entonces el negocio sería más leal con el espectador. Del modo que se hace ahora se va naturalizando que el cine de autor puede verse y oírse mal por el mismo precio que el cine pochoclero se ve bien y se oye muy bien. Cito concretamente algunas salas: los Arteplex, el Cosmos y el Premiere, pero también las películas se ven y oyen muy mal en algunas salas del Espacio Incaa Gaumont. En el Gaumont al menos las entradas son muy baratas, de todos modos el Incaa debería reacondicionar esas salas para que las películas puedan verse dignamente.
Si los estrenos en digital se vieran en todos lados como se ven en la Lugones, nada que objetar: imagen y sonido excelentes y entrada más barata (así por ejemplo se estrenó Independencia, la Trilogía Dreileben y Figuras de guerra). Pero, como te dije las experiencias e el Arteplex, el Premier y el Cosmos son penosas, las películas quedan arruinadas, nadie te avisa y te cobran lo mismo que en salas bien equipadas. Y uno termina resignándose a que estas grandes películas merecen verse mal porque tienen menos público que Batman.

rinconete dijo...

Oscar
Los Arteplex, el Cosmos y el Lorca fueron algunos de los cines a los que le ofrecimos equipar una sala con equipos de proyección a partir de un disco duro que mejoraba la calidad y capacitación al operador (para evitar por ejemplo que larguen el menú del DVD antes del film), pero no resultó.
Es un buen debate que en realidad nunca rechazamos. Siempre sostuvimos que era DVD y sigo creyendo, como expectador que prefiero eso a nada, como agradecí todas las proyecciones defectuosas de fílmico en la Lugones ya que me permitían ver en sala un cine casi secreto.
Un abrazo,
r.

bernabó dijo...

Yo creo que Prividera es un intelectual que recurre al cine como vehículo. Por eso es totalmente coherente que conteste críticas, que discuta, que polemice. Para generar eso es,justamente, para lo que hace cine.
Un tipo con mucha valentía y solidez intelectual que abre caminos para pensar desde un lugar muy personal y totalmente valioso.
No tenemos muchos intelectuales, así de independientes y expuestos, como él.
Lamentablemente, la mayoría de los críticos de cine no están a la altura para polemizar con él. La discusión tiene que salir del ámbito de la crítica cinemátográfica y excederlo.