martes, 2 de abril de 2013

BAFICI de amor

Hawaii, de Marco Berger
El domingo Marco y los protagonistas de Hawaii vienen a La otra.-radio





Todas as cartas de amor s√£o
Ridículas.
N√£o seriam cartas de amor se n√£o fossem
Ridículas.

Também escrevi em meu tempo cartas de amor,
Como as outras,
Ridículas.
As cartas de amor, se h√° amor,
Têm de ser
Ridículas.

Mas, afinal,
Só as criaturas que nunca escreveram
Cartas de amor
√Č que s√£o
Ridículas. (...)

Necesité acordarme de estos versos de Pessoa en el momento de escribir mis primeras impresiones sobre Hawaii, la nueva película de Marco Berger, que acabo de ver y está incluida en la competencia argentina del 15 BAFICI. Y mi necesidad empezó a apretar en el momento en que, con el plano final de la película, pensé "hoy en día no hay en el cine argentino quien filme mejores películas de amor que Marco B". Películas de amor, prescindiendo del género de los amantes: chico conoce chica, chica conoce chica o chico conoce chico. Invito, reto o desafío a los lectores de este blog (que se cuentan de a miles, aunque comenten poco) a que me digan quién filma mejores películas de amor que Marco B.

Esperen ver Hawaii para contestarme, es prudente hacerlo.

Hawaii es su pel√≠cula m√°s simple y m√°s bella. Y ac√° la simplicidad juega un papel esencial. Su l√≠nea argumental es tan sencilla que hasta da pudor escribirla, por eso no voy a hacerlo. La sinopsis est√° en el cat√°logo online del festival. Pero resulta que yo odio contar las l√≠neas argumentales de las pel√≠culas, tanto como que odio que me las cuenten. Esto vale no solo para las pel√≠culas de amor (cuya l√≠nea argumental suele ser m√°s simple cuanto mejor es la pel√≠cula, como sucede con Hawaii) sino tambi√©n para esas pel√≠culas cuya l√≠nea es tan complicada que uno se enreda tratando de seguirla (me pas√≥ con El topo, otra pel√≠cula excelente). Ante todo, porque el poner la l√≠nea argumental por delante de la experiencia cinematogr√°fica es siempre un menoscabo del cine y de sus posibilidades, que dif√≠cilmente puedan ser reducidas a una sinopsis.

Los sucesos que relata Hawaii son de una sencillez rotunda, la misma vieja historia ("me gust√°s, pero tengo miedo de decirlo, y si te lo doy a entender de otra forma... etc.,etc.") que, cuando se percibe en exterioridad, se ve tan desprovista de √©pica que parece, como dir√≠a Pessoa, rid√≠cula; pero que al percibirla en interioridad guarda los estremecimientos m√°s terror√≠ficos que vivir se puedan: "para el enamorado, todo es signo, la debacle es siempre inminente". Entonces el repertorio del l√©nguaje amoroso se expande en gestos √≠nfimos, rubores, amagues, gambetas, avances y retrocesos, frases truncas, tragar saliva, escrutar al otro, mirar sin que se note, moverse con la majestad de un cisne o con la torpeza de un adolescente ezquizoide, p√°nico, zozobra, ca√≠das de ojo, parpadeos, sonrisas, roces y todas esas cosas de las que hablan las canciones de Gardel y Lepera. Miedo de todo, desasosiego por cualquier cosa, son instancias que pueden durar segundos u horas, pero expulsan al enamorado hacia la intemperie existencial, fuera del ente. Esos peque√Īos trances sin espesor √©pico son una materia ideal para el cine. No tienen lugar en las sinopsis, est√°n hechas para ser vistas y padecidas con goce sumo.

Marco Berger en Hawaii encuentra la manera de poner esta situaci√≥n en escena. Se anima a radicalizar el estado de abstracci√≥n amorosa mediante una dramaturgia extrema: en la pel√≠cula, apenas si aparecen, en tramos muy fugaces, un par de personajes, aparte de los dos protagonistas. En t√©rmino t√©cnicos, se trata de un tour de force. La tensi√≥n dram√°tica ha de acumularse hasta el √ļltimo plano, sin ceder ni un palmo, para estallar al final, dulcemente. Hawaii lo termina de demostrar: Berger es un cineasta virtuoso, de esos que ya no se consiguen con facilidad, capaz de manejar con tacto justo todos los recursos de que dispone: la posici√≥n de c√°mara (siempre un esp√≠a gozoso), la duraci√≥n, el movimiento dentro del plano, la erotizaci√≥n de los bordes del cuadro, el corte, la gravitaci√≥n del fuera de campo, el efecto de suspensi√≥n que estos recursos crean. Pero en el fondo no se trata de t√©cnica, sino de una pulsi√≥n esc√≥pica que organiza el campo de lo filmable.

Hay una marcaci√≥n de actores de una precisi√≥n asombrosa. Manuel Vignau (Eugenio) y Mateo Chiarino (Mart√≠n) est√°n perfectos. A Vignau lo conocemos desde Plan B y ac√° muestra una ductilidad que le permite hacer un personaje totalmente distinto de aquel, m√°s soterrado y m√°s sinuoso. Mateo Chiarino es un prodigio de fotogenia, de una fragilidad y un candor cautivantes, la gran revelaci√≥n de Hawaii. Si los actores est√°n tan bien, no parece fruto de la casualidad: teniendo en cuenta los antecedentes (Ausente, Plan B, El reloj, El Primo, Platero) alg√ļn d√≠a habr√° que admitir que Berger es un gran director de actores. Adem√°s, es notable que el cineasta elija a actores que bordean los treinta a√Īos para hacerlos moverse en un plano donde el jugueteo homoer√≥tico demanda una regresi√≥n infantil. Con osad√≠a pol√≠tica, el cine de Berger pone en jaque las ideas usuales sobre madurez sexual y masculinidad y reivindica la libertad irresponsable de una pubertad sin roles prefijados y sin fecha de vencimiento.

La forma cinematogr√°fica elegida es de un clasicismo severo: presentaci√≥n, desarrollo, conclusi√≥n; concentraci√≥n dram√°tica: unidad de espacio, tiempo y acci√≥n, un crescendo implacable. Pero Berger es un cineasta contempor√°neo y su distancia del clasicismo es instalada con discreci√≥n. En el √ļltimo acto hay una incrustaci√≥n r√°pida e incisiva de un elemento heterog√©neo: el hermano de Eugenio viene a poner en palabras una descripci√≥n prosaica de la situaci√≥n, que la delicadeza de la mirada del film hab√≠a excluido hasta ese momento, una malignidad portadora de todas las objeciones, los prejuicios de clase y de g√©nero que tratan de esmerilar los sentimientos m√°s l√≠mpidos. Es un corte en la estructura, r√°pido pero de una enorme significaci√≥n. Irrumpe una mirada hostil, amenaza con destruir el encanto y en cierto modo lo logra. En los √ļltimos minutos de la pel√≠cula, la restituci√≥n de la tonalidad amorosa requiere un corrimiento hacia el plano de la alucinaci√≥n: algo que Berger ya hab√≠a ensayado en Ausente y ahora, en Hawaii, se integra con mayor eficacia. Si esa presencia tan hosca de la mundanidad no hubiera aparecido, Hawaii ser√≠a un cuento id√≠lico. No deja de serlo, aunque esa breve dureza lo vuelva un film dial√©ctico.

No se la pierdan en este BAFICI, si consiguen entradas.

3 comentarios:

julieta dijo...

esta es la peli para la cual marco estaba juntando plata no? buenísimo que la haya podido hacer :)

y hablando de chicos con chicas, chicos con chicos y chicas con chicas, estoy viendo la primera temporada de SPARTACUS. conocés la serie?

Oscar Cuervo dijo...

Si, Julieta! Es esa misma película y yo me asombre también de lo rápido que la hizo. Y después de verla me volví a asombrar por lo buena que es. Cuando vi Plan B la primera vez tuve la corazonada de que había ahí un gran director. Hawaii confirma todas mis sospechas. Ahora falta que el mundo se avive.

julieta dijo...

jaja genial :)