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viernes, 19 de abril de 2013

BAFICI: Una indignación y dos alivios

La indignación: Beatriz Portinari: Un documental sobre Aurora Venturini


por Alejandro Ricagno

Suspendí por unos días mi diario ricagnano por dos cuestiones.

Una: de las películas argentinas que me gustaron vistas en estos días,; La paz de Santiago Loza y AB de Iván Fund, prefiero escribir en extenso más adelante o para la revista. La otra, sobre la que me extenderé más tarde. es Museum Hours, de Jem Cohe, que vista el domingo pasado crece como un cuadro de Brueghel en la memoria.

Dos: el cansancio. Cuando no tengo nada que decir,  mejor hacer silencio. Me cuesta- cada vez más- escribir de películas que están “mas o menos”, o zafan, o están bien o son” interesantes”. Además, las que están interesantes generalmente la veo con peligro de sueño. Me paso con I used to be darker, una indie que no está mal, - sobre todo por lo que no hace- y que crece en el –por momentos nebuloso- recuerdo. O con la brasileña con peso –y director- uruguayo, Avanti popolo. Y también porque estoy esperando La Película, que aún no llega. ¿Llegará?

Me desilusioné un poco con la esperada La ultima vez que vi Macau, de Joao Pedro Rodrigues, pero por ahí le doy una chance de reverla online. O sea, que para escribir necesito esa película que me lleve a otros lugares, me haga pensar, me agarre de las bolas o de la punta mas oculta del alma, y me sacuda.

O por el contrario me haga enojar.

Porque lo que me hace escribir hoy es la indignación. No, no la película sobre los indignados, Vers Madrid, de Sylvain Georges, que no vi.

La indignación por el documental Beatriz Portinari: Un documental sobre Aurora Venturini. Si uno no ha leído nada de esta mujer, que con más de treinta libros publicados, a los 80 años le llega el reconocimiento de su particular mundo literario, donde lo biográfico es llevado a dimensiones casi fantásticas, envuelto en un humor negro cortante como una navaja buñueliana-, el film de Agustina Massa y Fernando Krapp no aporta casi nada. No solo no roza ni consigue recrear la obra de la autora, ni investiga su vida, sino que parece –acaba siendo- un documental en contra de la retratada.

Es que, a mitad del rodaje, la Venturini, evidentemente cansada, dice ”basta” y echa al equipo de filmación. Eso está relatado por la voz en off de Rosario Bléfari, que guía e intenta completar los huecos de ese retrato doblemente trunco. Seguramente Venturini es una persona difícil -el film lo deja ver- y con extrañezas que la ponen en un borde de otra realidad, por decirlo suavemente. Pero seguramente es más, mucho más que lo que muestra este pobre documental –pobre en investigación, pobre incluso en su pseudo pretensión ficcional- sobre (contra) el Universo Venturini. Una sola pagina de la escritora -que al momento del rodaje tiene más de 90 años y se recupera de una caída que derivó en un coma cuatro-, humilla cualquiera de las imágenes y de la organización del documental. Evidentemente, que la retratada no se deje filmar más a mitad del rodaje es un problema, y los realizadores se las deben de haber visto negras par decidir cómo y qué hacer. Pero la película no hace su trabajo, ni siquiera en la evidencia del fracaso de su primer propósito. Y entonces lo que hace es un trabajo sucio, casi como una venganza. Que Venturini sea impiadosa consigo misma y su linaje, con propios y ajenos en su literatura parece haberles dado a los realizadores el pie para que sean impiadosos con ella. No hay investigación que supla lo faltante. Ni siquiera el conflicto entre lo mítico y lo real está desarrollado. Las mil y una películas que este doc, -aún con la resistencia de la autora- podría haber sido se esfuman como la propia escritora de la cámara. Y estamos hablando de una mina que fue amiga de Evita, que vivió en el Paris de Sartre y Simone de Beauvoir, que era amiga de Juliette Greco, que fue silenciada por la Libertadora, que fue la mujer de Fermín Chávez, entro otra larga cantidad de etcéteras, que la propia Venturini ha desplegado en mil y un reportajes.

Encima, lo que se muestra de su literatura no es ni de lejos lo mejor –un viejo soneto y unas páginas de un escrito, que más huelen a crónica que otra cosa, de su admiración por… Leonel Messi. Nada de la fuerza de su narrativa cruel y extraña se refleja allí. No solo eso, sino que los realizadores se dedican varias veces a mostrar, en el principio del film, la difícil recuperación después de su caída, en unos planos absolutamente innecesarios, o la filman sin que ella se de cuente. Y después en una charla con un amigo sacerdote exorcista que la “atendió” después de su “experiencia en el infierno” (Aurora dixit). Pero no la filman como un “personaje”, sino más como “un caso”.

Entre otros –pocos- testimoniantes hay una vieja amiga, que funciona para los realizadores casi como comic relief, y suelta alguno que otro dato. Pero hasta ese personaje tiene un halo de uso.Solo se pueden rescatar algunas anécdotas en boca de la propia Venturini, como la de su trabajo con los pibes de la nocturna, cuando ella tenía 24 años. O su maravillosa historia con las arañas.También se puede destacar su intuición -algo tardía- de que los realizadores fueron allí a buscar un personaje a explotar, más que a explorar o descubrir. “Las vinchucas” los llama. Lo bien que hace.
Los debería haber echado desde el principio.

Pd: Un crítico extranjero, al que no le gustó la película, me preguntó a la salida por qué aparecía el nombre Beatriz Portinari, antes del nombre del escritora en le titulo del documental... Es el que la escritora escogió como seudónimo para presentarse al concurso de Pagina 12 que ganó en le 2007, con esa novela bestial llamada Las primas. Pero, claro, ese dato figura en el catálogo nomás.

Para no terminar esta nota con solo indignaciones dos positivas:

-El Hong Sang-soo In Another Country con Huppert , es simpático, liviano y amable.

Y una de esas tapadas del Bafici que alegró mi noche: la japonesa I catch a terrible cat, comedia de desencuentros amorosos, que empieza grave y va enloqueciendo imperceptiblemente, y fue una bocanada de aire fresco que casi consigue hacerme olvidar la indignación con que empecé este post. La vuelven a dar el sábado (uh, de pronto me acordé de la chileno-italiana-alemana Il futuro, basado en Bolaños. No, mejor olvidar).

4 comentarios:

susana passoni dijo...

“Uno sentía estar solo en medio de una sociedad inescrutable” (Virginia Wolf)
parece decir Aurora Venturini con un imperceptible guiño a la cámara. Estamos hablando de Beatriz Portinari. Un documental sobre Aurora Venturini, una película que transita por todas las versiones que la protagonista quiere dar de si misma, se aparta del esperable planteo binario “a favor” o “en contra de” y logra mostrar en un recorrido para nada lineal la manera en que Venturini piensa la literatura (o la vida que para ella es lo mismo) y la vive, disruptivamente, desde los bordes, reparando en lo mínimo.
Hubiera sido más fácil para los directores Agustina Massa y Fernando Krapp “rellenar los huecos” que según expresa Alejandro Ricagno tiene la película, con material de archivo, bastaría con googlear y copiar y pegar algunos párrafos de las “mil y una entrevistas” que la escritora ha concedido. Pero, en contra de lo esperado por el autor del comentario (y no del público que la vio y ubicó en segundo lugar de preferencia ) los jóvenes “vinchucas” aceptaron el reto. Tal vez por jóvenes, tal vez por irreverentes como la propia Aurora. Y construyeron un documental. Quizá se esperaba o mejor dicho Ricagno esperaba que un documental atraviese y muestre evolutivamente los logros de un personaje famoso, y en lo posible de a ver sus mejores escrituras. No es el caso de Beatriz Portinari. Porque siguiendo el estilo de la propia Venturini, nada de lo que aquí se ve está dentro de los cánones.
Dice el “indignado” que “en el particular mundo literario de Venturini lo literario es llevado a dimensiones casi fantásticas” cabría preguntarse ¿qué otra cosa es la que se ve en la pantalla que ese despliegue fantasmagórico aludido sutilmente en las referencias familiares?: los saltos a caballo, su relación con los animales, su sentimiento de menoscabo frente a una madre que la obliga a sonreir. Seguramente se podría haber ahondado en la tristeza de esa niña y tal vez hubiésemos podido sentir piedad por ella. No parece ser éste un afecto que Aurora esté dispuesta a tolerar.
La irreverencia de Venturini, su desenfado, su enojo, su actitud desafiante parece haberles señalado otro camino posible para este documental, no lineal ni elogioso de manera grandielocuente, referenciando sus múltiples vidas y personajes famosos que la acompañaron sino íntimo, cotidiano, afectivo donde aparece lo más humano de este ser humano. Así la vi a Aurora Venturini. La película me mostró a una anciana que cuenta como se acercó con miedo al Diablo (y no lo nombra), como lo desafía y como logra ser ayudada por quien la quiere y en quien confia, también pude ver a la escritora, que sigue escribiendo, pero necesita apoyarse en otros (la escena íntima y sencilla del dictado con puntos y comas). Ese Otro que en la infancia aparecía siniestramente obligándola a sonreír, sin lograrlo, parece hoy haberse diluido, desarmado y multiplicado en todos esos otros que la acompañan, ayudan, trabajan con ella, logran que sonría y hasta soportan. Incluídas las vinchucas.

Celina Cappello dijo...

Leí la crítica antes de ir a ver la película. En ese momento ya me parecía rara. Me daba la sensación que no se criticaba a la película, sino el hecho de que no fuera el documental que el indignado quería ver sobre Aurora. Sentí que él lo hubiese hecho distinto, pero que no había crítica concisa sobre esta película: con esta selección, con estos periplos. Tal vez lo más fuerte de la crítica (antes de ver la película) es la idea de venganza (de todas formas no entiendo por qué no sería válido como narración -una vez más sólo parece que no es la selección que el crítico haría sobre Venturini- porque documentales que narran aspectos negativos de un personaje hay, y muchos).
Hoy ví la película. Antes de empezar, hablaron los directores y me llamó la atención que nos dijeron "esperamos que quieran a Aurora como nosotros". Abierta contradicción con la sensación del crítico.
Al verla, no me pareció en absoluto que sea una venganza, sí que muestra la dificultad para realizar un documental sin recurrir a archivo o sin que la/el retratado estén muertos o sean viejos. Creo que esto es un gran valor, que el documental no sea sólo mostrar el material bueno, sino la experiencia del realizador. Dejar explícita esa observación de segundo orden, tan compleja, tan necesaria. Aparece en "La chica del sur" -gran documental- y nunca da la sensación de venganza ni de enfatizar en aspectos negativos. Creo que funciona muy bien en ambos casos.
Creo, además, que Aurora es un personaje difícil y complejo, pero de esos en los cuales su crueldad tiene gracia y es lo que le da valor. Todos nos reímos cuando le dice 'pelotudo' a su alumno y le da permiso al equipo para reírse.
Este documental es un gran retrato sobre la capacidad de Aurora de crear permanentemente. Para contar sobre sus mascotas termina narrando una gran ficción sobre una araña que lee. Además, los realizadores cuentan (en el relato de cómo se acercan a ofrecerle filmarla) que es ése su objetivo: su capacidad creativa y no su vida.
Por otra parte, es claro que a Aurora no le interesan mucho los hechos fácticos de su vida como documentos -lo dejan los realizadores en claro cuando cuentan las 5 versiones sobre su padre- porque ella prefiere ficcionar su vida en sus novelas.
Es un acierto la intervención de Enriquez, donde afirma que Aurora da lo necesario para hacer la entrevista. En este caso es real. Aurora da lo justo, da lo que quiere mostrar, los realizadores no agregan nada que ella no quiera contar. Porque no creo que una mujer tan capaz crea que su interrupción sea un hecho no narrable, creo que lo consideró, que lo deseó, que muestra quién es ella y que da lo que quiere cuando quiere, y que eso es igualmente brillante. Aurora en la conferencia de La Plata dice no haber editado nada ni corregido nada de una segunda edición de cuentos, porque estaba bien escrito la primera vez, no era necesario revisarlo. Esa confianza, esa determinación, esa crudeza es su genialidad y es perfectamente retratada.
Mi sensación es la siguiente: si quisiera saber más sobre la vida y los logros literarios de Aurora, googleo, wikipedia, leo las muchísimas entrevistas que le hicieron. Ahora, si quiero saber cómo crea su maravillosa ficción, vuelvo a mirar este documental.

Rodolfo Thompson dijo...

Aurora Venturini o Beatriz Portinari, son dos mujeres que entienden que la vida y la literatura pueden ser una sola cosa, al punto tal que en el excelente documental de la dupla de jóvenes directores y guionistas Massa y Krapp, que se pudo ver en el ultimo Bafici, la sensación que a uno le queda al abandonar la sala de proyección, es ir en búsqueda de algún libro de la Sra. Venturini, para tratar de conocer a través de sus relatos ese mundo onírico que pude visualizar en la imágenes que acababa de ver.
Y esta sensación personal la compartí al salir de la sala con interlocutores ocasionales
quienes coincidíamos: el documental tiene la virtud de poder captar de una manera calida, sencilla y muy respetuosa momentos en la vida de esta mujer de una personalidad tan compleja y fascinante.
Reconozco que no soy un habitué a realizar este tipo de comentarios, sobre todo por esta vía, tengo 60 años y prefiero el diálogo personal, tampoco se si es en respuesta a...
Simplemente escribo lo que voy pensando, y lo que pienso es, como nos puede impresionar de maneras tan distintas y hasta muchas veces opuestas, lo que,(en este caso en particular) un par de directores jóvenes han querido expresar?, y es ahí donde aparece, nuestra formación ideológica, religiosa, profesional, etc. etc. (tan viejo y remanido), nuestra historia, que muchos de mi generación sentimos como una carga sobre sus espaldas, la represión, la oscuridad, la muerte, el no poder ser.
Entonces ayer me senté en la butaca de un cine, para ver un documental sobre Aurora Venturini, escritora que muchos de mi generación y otras, no conocíamos, dos jóvenes nos la pusieron en consideración.
Soy medico Clínico Geriatra desde hace 30 años, se que ello, por otra parte no me habilita a ninguna interpretación muy especial y absoluta de ciertas conductas de los adultos mayores, pero si me permito disentir con algunos de los comentarios anteriores, con relación a este documental por que en ningún momento percibí que la Sra Venturini se sintiera ofendida ni agraviada, pienso que simplemente estaba cansada, simplemente eso, cansada, quizás de la filmacion, de las luces, de estar inmersa en una situación que le es ajena, y que desestructuraba su cotidianidad.
Cansada, simplemente de estar cansada, tal vez el comentario que leí es prejuicioso respecto de esta situación, no puede entenderla y busca en algún gesto, otras intensiones que pueden llevar a conclusiones quizás inexactas. En todos estos años de labor profesional, observe que muchas de las personas mayores, ni siquiera quieren ser fotografiadas, porque en la foto pueden ven el paso del tiempo y la finitud de la vida, y no olvidemos que esta mujer, venia de pasar un episodio clínico de mucha gravedad, y que según ella, “volvía de la muerte”, sin embargo esto no impidió que accediera al proyecto.
Por ultimo quiero comentar que la película me produjo una gran emoción, una gran ternura, una gran curiosidad por ese ser humano tan complejo, y un sentimiento de pena por no haber conocido antes algunos de sus libros.
Muchas gracias Agustina Massa y Fernando Krapp por darme la oportunidad de conocer a Beatriz Portinari o Aurora Venturini, e intuir tanto en tan poco tiempo.

damián huergo dijo...

Suele pasar que las críticas que empuja una obra sean encontradas. Al fin y al cabo, ni los hermanos siameses ven una misma cosa del mismo modo. Sin embargo, el problema mayor es cuando una crítica especializada se aleja de su objeto de análisis, cuando se desilusiona al no encontrar lo que esperaba, cuando pide la misma información que se puede leer haciendo un click, cuando descubre que le teme a la sorpresa.
Al leer esta breve reseña "indignada" dan ganas de sentar al escriba frente a la película y explicársela plano por plano.
Antes de los títulos, la narradora advierte que lo que vamos a ver es lo que Aurora quiere decir. Es un acierto del guión la introducción. Prepara al espectador: todo lo que veamos de ahora en más será el universo de Aurora, su elaboración, no una monografía sobre su vida, con fechas ni planos que la muestren como la mujer "de". Podría seguir con los ejemplos, pero con los comentarios de arriba alcanza. Además, dudo de que sean escuchados: es sabido que los indignados escuchan a medias; tanta olla essen abollada termina arruinándoles los oídos.