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martes, 25 de agosto de 2015

"Tucumanazo": la derecha sacadísima quiere cargarse a la democracia


El domingo a la noche, cuando la operación #FraudeEnTucuman no se había desplegado en toda su magnitud, ya se le veían las patas a la sota. Por eso yo escribía: "En Tucumán el triunfo del FPV contra todos los otros juntos aparece indefectible, pero la prensa porteña prefiere enchastrar la evidencia con titulares de algunos episodios confusos, tanto como quisieron ensuciar la imagen de Milagro Sala o Aníbal Fernández, con operaciones que se cayeron en pocos días. Estas maniobras de la derecha para enturbiar el efecto del voto popular son síntomas de su debilidad política terminal y manotazos de ahogados",

Y eso que no habíamos pasado a la fase #Tucumanazo. Hoy el sentido de la maniobra es más transparente. Hasta la risible nota de Pagni puede ser leída bajo una nueva luz; no se trataba de una descripción desacertada de los hechos, sino que la columna del periodista-espía es parte de la operación de deslegitimación del sufragio popular. Pagni no solo les informa mal para que sus lectores se hagan ilusiones, sino que echa leña al fuego. El "Tucumanazo" no es una simple reacción de unos centenares de partidarios de la fórmula derrotada en las elecciones del domingo sino la admisión del agotamiento de la fase política por la cual la derecha intentó frenar en las urnas al FPV. La ingeniería electoral del Círculo Rojo que alineó a Macri, Carrió y Sanz para disciplinar a todo el voto no K/ no P mostró signos preocupantes con las complicaciones que el PRO tuvo en sus dos distritos "fuertes" (Santa Fe y CABA; perdió en uno y casi pierde en otro); en las PASO del 9 de agosto sonaron las alarmas: el "Elegido" apenas consiguió el 24%. El domingo en Tucuman... Dream was over. Una de las ilusiones que había alimentado la Alianza Cambiemos fue derrotar al kirchnerismo en algunas provincias del NO mediante una coalición opositora que juntara a todos: el macrismo, el carriotismo, los radicales, el massismo, los "progresistas" de Stolbizer y otros... Y el FPV les ganó a todos. Lo que anticipa el resultado de octubre de no mediar un intento más duro de desestabilización. 

El escenario de la derrota resultaba previsible para las usinas de la derecha, así que desde hace varios días instalaron el fantasma del "fraude" sin necesidad de respaldarse en fundamentos empíricos de ninguna especie: bastaba con repetir la palabra "fraude" en las tapas de sus diarios y grabarla en la conciencia de sus víctimas. La estrafalaria denuncia de Felipe Solá de que le habían "afanado" cientos de miles de votos en su provincia no tenía como finalidad iniciar ninguna investigación judicial, sino testear el grado de inverosimilitud que un conjunto de  conciencias alienadas puede asimilar. Y la desesperación de los sectores culturalmente derrotados por el kirchnerismo es tan grande como para comprar los buzones más inmensos. Debimos prever que en Tucumán no se ponía en juego simplemente un distrito importante en el camino hacia octube, sino que se trataba del lanzamiento de una nueva fase una vez descartada la posibilidad de Macri de ganar por las buenas. Calentado el estofado del "fraude", el paso siguiente era inducir a los desmanes callejeros.

Los episodios del domingo (quema de urnas por parte de los propios opositores derrotados, algunas trifulcas con un gendarme herido, circulación de fotos falsas con paredes baleadas) requerían de una logística muy sencilla y funcionaban como señal de largada para la instalación del hashtag y la convocatoria al cacerolazo de anoche, cuyo destino no es lograr la apertura de todas las urnas sino estampar la foto de "final violento para las elecciones fraudulentas de Tucumán" en las portadas de hoy de La Nación y Clarín; que es reproducido en El País de España, y probablemente dentro de horas en el Financial Times y el Washington Post. 




Se trata de un método conocido, que se puso en práctica varias veces: Ecuador, Venezuela y más recientemente en Brasil. No es una versión conspiranoica sino la crónica de una opereta previsible y ya en marcha, según reza el manual del golpe blando:

...2ª etapa: deslegitimación: manipulación de los prejuicios anticomunistas [o antiperonistas], impulso de campañas publicitarias en defensa de la libertad de prensa, derechos humanos y libertades públicas, acusaciones de totalitarismo y pensamiento único, fractura ética-política.

3ª etapa: calentamiento de la calle: cabalgamiento de los conflictos y fomento de la movilización (...) generalización de todo tipo de protestas, exponiendo fallas y errores gubernamentales, organización de manifestaciones, trancas y tomas de instituciones públicas que radicalicen la confrontación.

4ª etapa: combinación de diversas formas de lucha: organización de marchas y tomas de instituciones emblemáticas, con el objeto de coparlas y convertirlas en plataforma publicitaria, desarrollo de operaciones de guerra psicológica y acciones armadas para justificar medidas represivas y crear un clima de ingobernabilidad.

Unas cuantas de estas cosas las están poniendo en práctica. Claro que las posibilidades de que esta escalada prospere son bajas en Argentina, porque el peronismo tiene una memoria histórica de resistencia y movilización que la haría insostenible en el largo plazo; más aún cuando no están dadas las condiciones de fractura social, por la alta tasa de empleo, la desaceleración de la inflación y la fortaleza del salario real. (Están pujando por el dolar ilegal, eso sí). Pero eso no impide que el sector más ultra de la derecha lo intente, sobre todo ante la evidencia de que el kirchnerismo puede salir fortalecido en las próximas elecciones, con una importante representación en el Congreso, en intendencias y hasta el dominio territorial de la provincia más grande del país. O sea: para el Círculo Rojo, el peor final. Y ante situaciones de debilidad extrema, la derecha suele apelar a medidas desesperadas. Esto es lo que está pasando en Tucumán. Como bien apunta el blog Nestornautas:

...de acá a octubre que la principal estrategia opositora es deslegitimar a priori los resultados, sembrando todo tipo de sospechas sobre la transparencia de los procesos electorales; eligiendo para esa pelea los ámbitos extrainstitucionales (los medios, las redes sociales) en lugar de la justicia: curioso tratándose de gente autoproclamada republicana, y guardiana de las instituciones.

El tucumanazo no es sólo un intento de embarrar las elecciones en esa provincia, sino sobre todo las que vienen, Chaco, Buenos Aires Santa Cruz, donde se van a preanunciar fraudes, e intentarán quemar urnas y organizar otras trifulcas destinadas a ser propagadas en redes sociales y tapas de diarios. Creo que hoy mismo van a empezar a editar columnas que pongan en duda de antemano los resultados de las generales de octubre y la aptitud del sistema electoral argentino. Es decir, el voto del pueblo. El hecho de que prácticamente toda la dirigencia opositora se haya subido con docilidad a la maniobra desestabilizadora arroja una sombra sobre la democracia argentina. Me gusta el comentario que firma Rojo y Negro en el blog de Néstor Sbariggi:

"...ninguna derecha es moderna y menos democrática. Ningun poder concentrado lo es. Juegan y si no ganan la pudren. O eso pretenden: Desde el golpe económico, hasta la creación de agenda mediática, pasando por la opereta y otras canalladas.

Veamos Brasil, como ejemplo emblemático. Nos medirán el aceite todos los días y en cuanto verifiquen debilidades en la consistencia politica, vendran con tutti por todos los medios que sean. Entonces la respuesta y accion politica es UNIDAD y gestión popular (el famoso segundo tomo). Esto no está en una nota al pie de página de un oscuro libro de política, sino en la tapa. No verlo es criminal." (Completo acá)

Al parecer de eso se trata, entonces. Hace poco escribí que el corrimiento al centro es un mito impracticable instalado por algunos comentaristas de la post política que desde hace años nos vienen dando lata con el turno de la generación intermedia. Como si la lucha política fuera una sucesión de modas y tendencias . El centro no existe y el giro hacia el centro no es posible porque la derecha está sacada y viene por todo. No se trata del estilo de Scioli, de la cultura italiana de Macri o de la formación cívica de Massa, como algunos pelotudos con obra nos quisieron hacer creer. El centrismo no es posible porque las clases dominantes argentinas son extremas y están dispuestas a apretar a la sociedad e imponer sus condiciones extremas durante los próximos años. Giro al centro, las pelotas.



1 comentario:

Politico Aficionado dijo...

Tenemos clarísimas posibilidades de ganar en primera vuelta, en octubre. Tengamos la serenidad de no responder a estas provocaciones de la derecha.