miércoles, 15 de febrero de 2017

Sombras terribles - Cuatreros online

(Sobre Cuatreros, de Albertina Carri)


"Más importante que la crónica de los sucesos es la significación actual de los mismos. Este estudio de la rebeldía popular debería conectarse con el estudio de las formas políticas que la expresan. Toda política tiene una ideología, Velázquez es una forma política de rebeldía y el sentimiento popular es en cierto modo la ideología. Aquí hay que escapar del formalismo 'civilizado' de considerar formas políticas exclusivamente a los partidos e ideologías a sus programas. Esta concepción falla cuando se quiere analizar este problema en el presente y desde la perspectiva de la liberación nacional. El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la más incipiente, los niega. Al resistir la opresión, niega los hechos que la producen. Con esto, siguiendo a Fanon quiero decir que la certeza es adecuación a los hechos pero la verdad para el pueblo es aquello que perjudica al enemigo. (...) Y Velázquez hoy ya es parte de la cultura de nuestro pueblo, el sentimiento que despertó su acción, su práctica concreta, son patrimonio de los oprimidos de las áreas rurales del Chaco".

La certeza positivista de los hechos o la verdad de la resistencia popular en la negaci√≥n de los hechos que producen la opresi√≥n: esta perla epistemol√≥gico-pr√°ctica refulge en el comienzo de Cuatreros y se convierte en su principio po√©tico, dicha por la voz en off de su autora, Albertina Carri. La autora de Cuatreros, no de la frase. Frase de la que se apropia al decirla sin previas referencias, al comienzo de su pel√≠cula. La voz de Carri, Albertina, en off, mientras en la pantalla se disparan varios registros documentales simult√°neos, con los contornos difusos y sucios y la inmaterialidad √°spera del f√≠lmico. La voz ser√° la portadora de la funci√≥n novelesca que estructura la pel√≠cula, mientras la multiplicidad de pantallas en la pantalla, con registros de diversa procedencia, que muestran la evidente textura de los a√Īos 60 y 70, propone un contrapunto que la des-estructura, y se hace cargo de la negatividad que corroe a la novela y desplaza a Cuatreros en direcciones que la palabra no abarca.


Lo primero que hace Albertina, luego de decir esa tesis que instaura una noci√≥n de verdad que impregnar√° al resto de la pel√≠cula, es reponer las palabras en su contexto inicial: son palabras de Carri, Roberto, su padre, escritas en el pr√≥logo de Formas prerrevolucionarias de la violencia, Sudestada, 1968. Pero no por eso dejan de ser palabras suyas. Negaci√≥n que repite y recupera en una unidad superadora, el tipo de iron√≠a que establece ese juego de m√°scaras de la enunciaci√≥n no pasa nunca por anular lo dicho en el decir, sino por dejar aparecer el espesor de la distancia hist√≥rica. ¿Qu√© hace Carri, Albertina, con las palabras de Carri, Roberto? No ciertamente aniquilarlas mediante una distancia sarc√°stica que las expulse hacia el escepticismo post-pol√≠tico que tantos aplaudieron en Los rubios (es muy probable que muchos de quienes aclamaron Los rubios detesten Cuatreros o, peor todav√≠a, la ninguneen): ac√° no se trata de ponerse pelucas e inventarse una familia sustituta. No. Si hay algo que Cuatreros niega, no es la pol√≠tica: Cuatreros niega a Los rubios, a condici√≥n de que se tome esta negaci√≥n en el sentido que la frase inicial propone: como una posici√≥n de verdad que supera los meros hechos, para recuperarlos en un trayecto que recorre la historia que va desde Cuatreros (2016) hacia Los rubios (2003), desde ah√≠ hacia Formas prerrevolucionarias de la violencia (1968), y desde el libro de Carri (que ya aparec√≠a en la pel√≠cula de 2003) hacia la emboscada en la que muere Isidro Vel√°zquez (1967). No se trata de un retroceso historiogr√°fico, menos a√ļn de nostalgia por lo desaparecido, sino de una negaci√≥n actual que resiste a las formas de opresi√≥n del presente meramente f√°ctico, una recuperaci√≥n que se produce hoy, cuando Carri (ambos, hija y padre) nos hablan a nosotros, extempor√°neos al atreverse siquiera a sugerir una forma prerrevolucionaria de la violencia popular, negaci√≥n de los hechos que hace aparecer lo incipiente. Lo desaparecido vuelve.


Veamos.

Se dir√≠a que Cuatreros es la pel√≠cula en la que Albertina Carri narra la historia de Isidro Vel√°zquez, un legendario bandido rural que tuvo sus andanzas por la zona del litoral all√° por los a√Īos 60, hasta ser muerto en una emboscada que facilitaron una maestra y un cartero conocidos suyos, con la participaci√≥n de 800 polic√≠as, y por encargo de la Sociedad Rural, que lo estuvo persiguiendo por a√Īos.

Podría decirse eso, pero es cierto apenas.

Porque Cuatreros es la película en la que Albertina Carri narra la historia de por qué no llegó a hacer la película que narra la historia de Velázquez.

Hace unos a√Īos, la hermana de Carri le dijo que ella deber√≠a hacer esa pel√≠cula, pero Albertina dice que nunca se llev√≥ bien con los "deber√≠a". Cosa que iba quedando en claro en Los rubios, la pel√≠cula que Carri hizo hace 13 a√Īos, de la que Cuatreros es una secuela, una reprise, una repetitio, y, como dijimos, una negaci√≥n. Alguna de esas cosas y todas ellas juntas. Podr√≠a decirse tambi√©n, o con m√°s justicia, que Cuatreros es la respuesta de Albertina Carri a la cineasta que en 2003 hizo Los rubios.

Sin embargo, no es Los rubios el precursor m√°s remoto de Cuatreros. La pel√≠cula que cuenta la historia de Vel√°zquez ya se hizo. La hizo entre los a√Īos 1970 y 1972 Pablo Szir. Que est√° desaparecido. La pel√≠cula se llama Los Vel√°zquez y tambi√©n est√° desaparecida. Dicen que la pel√≠cula y su autor desaparecieron juntos, en 1976, por obra de la represi√≥n de la dictadura, porque el negativo lo ten√≠a el director. Lita Stantic, la pareja de entonces de Szir y su colaboradora, dice que hubo un positivo que fue destruido por el compaginador, porque tuvo miedo; aunque circula la leyenda, nunca verificada, de que podr√≠a haber una copia escondida en alguna parte, quiz√°s entre las miles de latas del archivo f√≠lmico del ICAIC, en Cuba. Los Velazquez, la pel√≠cula de Szir, comparte el destino de leyenda del personaje que la inspira. Carri incorpora la ausencia y la leyenda a la trama de Cuatreros.


Hay un antecedente m√°s remoto, m√°s cercano de la vida de Isidro Vel√°zquez. Ya lo mencion√©: el libro de 1968, un a√Īo despu√©s del asesinato de Vel√°zquez, Isidro Vel√°zquez. Formas prerrevolucionarias de la violencia. De Roberto Carri, un c√©lebre soci√≥logo insurgente, tambi√©n desaparecido en 1977, esposo de Ana Mar√≠a Caruso, los padres de Albertina, los rubios.

As√≠ de enroscada es la historia. Volvamos a Los rubios, aquella pel√≠cula en la que Carri, Albertina, intentaba ajustar cuentas con su destino de ser la hija de Carri, Roberto, y Caruso, Ana Mar√≠a. Cuando ellos se proletarizaron, se fueron a vivir a un barrio popular -proletarizarse era el proceso que hac√≠an en los 60 y 70 los hijos de la burgues√≠a que se compromet√≠an con un proyecto revolucionario, un proyecto por el que pretend√≠an cortar los lazos con su clase para fundirse con la de los oprimidos. Cuando Albertina emprende la realizaci√≥n de su pel√≠cula de 2003, descubre que los vecinos de sus padres desaparecidos todav√≠a segu√≠an record√°ndolos como "los rubios", es decir: esos extra√Īos que hab√≠an llegado al barrio. Los rubios es, por lo tanto, la historia de una proletarizaci√≥n fallida. Una ruptura no consumada. Los padres de Albertina son secuestrados por la dictadura; su crianza (ten√≠a solo 3 a√Īos) queda en manos de su abuela, que la va a reponer en su clase de origen. Es desde esa posici√≥n que Carri indaga los hechos que le sustrajeron a sus padres. Seg√ļn la interpretaci√≥n de Gonzalo Aguilar en Otros mundos, con Los rubios Albertina Carri logra salir del duelo mediante procedimientos est√©ticos y artilugios vanguardistas, el trash y la parodia. Es probable que Carri haya intentado "salir del duelo" mediante el trash y la parodia, condensados en las pelucas rubias que al final se calzan los miembros de la "familia sustituta", artefacto que ella intenta fundar a voluntad. Es improbable que en el final de Los rubios haya logrado "salir del duelo": la existencia de Cuatreros parece desmentir a Aguilar. Los rubios no fue ninguna salida, sino una estaci√≥n de un viaje que conduce hacia Cuatreros. La historia, el destino, los padres, el duelo, lo desaparecido, nada de eso se deja conjurar mediante artilugios par√≥dicos ni pelucas rubias. Lo desaparecido resiste. En 2006, cuando Aguilar escribi√≥ Otros mundos, podr√≠a parecer plausible que la historia desembocara en un gesto par√≥dico, pero esa percepci√≥n est√° fechada: nada parece hoy m√°s lejos del presente que 2006. El fin de la historia termin√≥. Cuatreros parece registrar ese acontecimiento.


En Los rubios Albertina Carri quiso erigirse desde la obsesi√≥n de un "sin": "Construirse a s√≠ mismos sin aquella figura que fue la que dio comienzo a mi propia existencia se convierte en una obsesi√≥n, no siempre muy acorde a la propia cotidianeidad, no siempre muy alentadora, ya que la mayor√≠a de las respuestas se han perdido en la bruma de la memoria.(...). Vivo en un pa√≠s lleno de fisuras. El centro clandestino en el que permanecieron secuestrados mis padres hoy es una comisar√≠a. La generaci√≥n de mis padres, que vivieron una √©poca terrible, reclaman una historia que no les pertenece. Los que vinieron despu√©s, como Paula L. o mis hermanas, quedaron en el medio, heridos, construyendo sus vidas desde im√°genes insoportables". El camino propio, que se propon√≠a suturar las fisuras y heridas que ella se√Īalaba en los otros, no "quedar en el medio", era un artificio, ponerse las pelucas y caminar hacia un horizonte que en realidad la replegaba hacia su mundo privado, junto a sus pares de la FUC, su familia artificial. Una privacidad que le demandaba una privaci√≥n. El artefacto tuvo √©xito, si esto se mide por la recepci√≥n cr√≠tica de la que goz√≥ Los rubios. Fracas√≥ por razones constitutivas que la cr√≠tica especializada es incapaz de percibir (o incluso quiz√° est√© especializada en no percibir). 

Cuatreros mantiene la rabia de Los rubios pero la desencadena, la vuelve torrente. Por un lado, con su verborragia y su iconorragia, lanza un reto a tanta discreci√≥n que campea en el cine argentino actual. Cuatreros es desmesurada en su forma, en su materia y en sus ambiciones. Pretende tantas cosas que una actitud precavida aconsejar√≠a esquivar, pero su clave es el triunfo mediante sucesivas derrotas parad√≥jicas. No es la menor de sus paradojas el secreto clasicismo novelesco que organiza su apariencia ca√≥tica y torrencial. El punto de enunciaci√≥n de todos los relatos que Carri engarza es su propia voz, la voz que parece finalmente haber encontrado, que contiene muchas otras voces, en primer lugar la de su padre. Pero tambi√©n la de su hermana, que le pide que haga la pel√≠cula de Vel√°zquez, pedido al que Albertina se resiste pero no tanto; la de Lita Stantic, quien la conecta con su colega y precursor Pablo Szir, el autor de Los Vel√°zquez, la pel√≠cula; la voz de Fernando Mart√≠n Pe√Īa, quien le abre las puertas de los archivos f√≠lmicos de la Argentina de los 60 y 70, r√ļstica y siniestra, en cuyos fotogramas oscuros y borrosos ella busca un rastro de sus padres; la voz de Mariano Llin√°s -gorila pero no boludo, dice Albertina que dice Pe√Īa-, quien la impulsa a dar la cara por Los rubios en un momento en el que ella quiere rajar; la voz de su esposa (as√≠ nombrada), que est√° escribiendo su propia novela familiar, con padres tambi√©n desaparecidos (Aparecida), con quien atraviesa una crisis matrimonial que la lleva a cuestionar la ilusi√≥n peque√Īo-burguesa de una familia con roles establecidos, una familia imperfecta y real, no ilusoria, como la que inventa al final de Los rubios. En el soliloquio que constituye la espina dorsal de Cuatreros, ella contiene incluso la voz de su hijo, que al final, con su anticolonialismo, la remite otra vez hacia el futuro pendiente de su padre.


Cuatreros es la continuaci√≥n por otros medios de la lucha emprendida en Los rubios. Carri menciona varias veces su pel√≠cula de 2003 como el veh√≠culo espacial que la conduce a Cuatreros. Cuando en una proyecci√≥n de Los rubios en Chaco Mariano Llin√°s la empuja a presentarse ante el p√ļblico, que constaba de apenas 7 personas, uno de los asistentes se acercar√° al final de la proyecci√≥n y tender√° un puente hacia la historia de Isidro Vel√°zquez. Los rubios tambi√©n la lleva al Festival de La Habana, otra ocasi√≥n para deprimirse, en este caso por el l√ļgubre resultado de la revoluci√≥n que sus padres hab√≠an tenido como faro. Albertina sabe que, al deplorar los hechos de la Cuba actual, va a ganarse el mote de tilinga o de peque√Īo-burguesa, cuando se encuentre con sus padres en el cielo o el infierno, de encontrarse. Ella es la hija desobediente que nunca se llev√≥ bien con los "deber√≠a". El formalismo positivista se basa en los hechos; la resistencia popular, en todas sus etapas desde la m√°s incipiente, los niega. Ella se atreve a impugnar Cuba para reivindicar la negaci√≥n que constituye toda revoluci√≥n. Ese rechazo que le produce su l√ļgubre mirada sobre la Cuba real es su camino parad√≥jico para encontrarse, no en el cielo ni en el infierno, sino en Cuatreros. En Cuba que tanto la enerva, Albertina encontrar√° a Pe√Īa y Luc√≠a Cedr√≥n; con ellos va a entrar al ICAIC a ver Hoy es tiempo de violencia, la remota pel√≠cula argentina que a partir de ese momento se constituir√° en la tradici√≥n en la que ella decide insertarse. Para poder acceder al archivo del ICAIC, Albertina tiene que ser presentada por Pe√Īa ante los guardias como "la hija de Carri". 

Por su aversi√≥n a los "deber√≠a", su enemistad con las certezas f√°cticas, su inclinaci√≥n antipositivista a introducir la negaci√≥n como motor de su historia, es que Carri discrepa siempre con todo antecedente: incluso consigo misma, la que en Los rubios se propuso dejar de ser la hija de Carri. Cuando a principios de siglo tuvo que conseguir una vacante en la FUC, ella, a instancias de su abuela, tuvo que asumir una filiaci√≥n incompatible con la de ser la hija de Carri. La abuela quer√≠a meterla en la FUC por dos razones: para que no fuera a la UBA y para que el mundo dejara de llamarla la hija de Carri. En el consejo asesor de la FUC estaba Adolfo Bioy Casares, el t√≠o abuelo de Albertina. La abuela quiso, y ella obedeci√≥, que Albertina pasara a ser la sobrina de Adolfito. Durante sus a√Īos FUC fue la sobrina de Adolfito, de una extirpe en abierta beligerancia con la hija de Carri. Los Bioy Casares y los Carri pelean por tomar el comando de su identidad en la √©poca que ella hace Los rubios. Esos fueron sus a√Īos obedientes.


En Cuatreros, mientras su voz compone la novela familiar, la pantalla se descompone en un prisma de im√°genes que remiten de manera simult√°nea a los pasados posibles, a los reales y los ficticios. Aparecen el campo, los caballos, la Sociedad Rural, los milicos, los Ortega, Videla, Massera, Rojas, Aramburu, Campolongo, la Legrand, Pous√°, la propaganda antisubversiva, el robo a una tienda de venta de pelucas, la casa de un "terrorista" reci√©n fugado, los polic√≠as gordos que contestan con su extra√Īa jerga a las preguntas de los periodistas de la tele. La imagen -las im√°genes- en Cuatreros tienden a abrir, contradecir, burlar, parodiar, dejar en suspenso lo que su propio relato novelesco intenta definir. Albertina dice que la pel√≠cula es un tributo no tanto a Isidro Velazquez como a Fernando Pe√Īa, ese h√©roe desali√Īado que, en un pa√≠s que quiere borrar constantemente sus huellas, lucha denodadamente para rescatar de todos los containers las latas de pel√≠culas que guardan la memoria a punto de extinguirse. En esos rollos ella espera encontrar el rastro borroso de sus padres.

Al final, carece de toda certeza de hallarlos en ninguno de tantos fotogramas. Es en la pel√≠cula misma, en Cuatreros, en los huecos que deja, fuera de cuadro, en la historia de sus fracasos parad√≥jicos, donde ellos vuelven.  


Cuatreros, de Albertina Carri from El Cohete A La Luna on Vimeo.

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