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miércoles, 12 de julio de 2017

En julio habrá un 2,5% de inflación y otra devaluación: en octubre una devaluación mayor

Mariano Kestelboim en La otra.-radio: una conversación para escuchar clickeando acá


El domingo pasado en La otra.-radio invitamos a Mariano Kestelboim, uno de los economistas críticos del neoliberalismo que más saben entre los que nosotros conocemos. Tanto es así que pocos días antes de la última devaluación predijo que el dolar iba a pasar rápidamente la barrera de los $17. Muy pronto la realidad confirmó su predicción. La suba del dolar es algo que sorprendió incluso a muchos especuladores sofisticados que no preveían un salto tan abrupto y dejaron sus ahorros en Lebacs. Si ellos hubieran sabido lo que iba a pasar, se habrían ido al dolar. Al quedarse con Lebacs, los especuladores desinformados dejaron de ganar muchísimo dinero. En cambio, Kestelboim sostiene que al gobierno este aumento del dolar, a pesar de la previsible disparada inflacionaria que se va a sentir en los próximos meses, no le desagrada, y quizá hasta le convenga, ahora que las paritarias más importantes ya cerraron y los sindicalistas creyeron (¿creyeron?) en las previsiones de los consultores del establishment que pronosticaban una inflación del 20% para este año, una meta ya imposible de alcanzar. El "error" será pagado por la segunda baja anual consecutiva en el poder adquisitivo de los salarios. Este costo para los trabajadores -digo yo- podemos achacárselo no solo a la política económica del gobierno y a las falsas expectativas inducidas por los consultores, sino también a la ¿credulidad? de las cúpulas sindicales.

Pero más allá de las previsiones de devaluación -Mariano pronostica otra para antes de fin de mes y una peor después de las elecciones de octubre- es interesante escuchar uno de los motivos que explica la disparada del dolar: un sector no menor de los asalariados con empleo formal -que se cuenta en millones de personas- tiene ingresos suficientes para seguir atesorando importantes masas de dinero en dólares. Esto evidencia -según el corolario que yo extraigo de lo que Kestelboim dice- no solo las remezones económicas sino también el comportamiento político electoral de esta clase media y media baja que todavía zafa del ajuste macrista que ya padecen los trabajadores no registrados, los desempleados y otros sectores más vulnerables de la población. 

Voy a decirlo en francés: todavía hay margen para que una clase media baja se siga haciendo la boluda en la medida en que aún no la alcanzan los efectos más terribles -perder el trabajo, comer cada vez menos y peor, dejar de darle leche a sus hijos- el ajuste y el sideral endeudamiento que está contrayendo el régimen. Cuando esto ya no se sostenga, volvemos a hablar.

Decía Kestelboim el domingo:

- La semana anterior a la devaluación que llevó el dolar por encima de los $17 yo empecé a asociar una serie de factores que me llevaron a prever el salto en la cotización. El que más peso me parecía que tenía fue el cobro del aguinaldo. En este momento de la economía nacional en el que a todos nos cuesta llegar a fin de mes, cuando uno imagina que los que cobran el aguinaldo lo van a usar para pagar deudas, para poder llegar a fin de mes, o que ya tiene gastos comprometidos, pensar que hay gente que lo puede destinar a ahorrar en dólares parece un poco raro pero es así. Hay en Argentina 6,2 millones de personas que tienen empleo registrado en el sector privado y en ese sector el salario promedio es de $ 27.000. No estoy considerando a los empleados públicos que en algunos casos tienen altos ingresos, o un sector de los no registrados que también tienen altos ingresos. Entre esos 6,2 millones de empleados hay muchos que tienen la posibilidad de ahorrar. Y lo que ha ocurrido en la economía argentina a mediados de 2014, algo que ya no aparece en los medios de comunicación, es que las cotizaciones paralelas del dolar (lo que era el contado con liqui, lo que sigue siendo el dolar blue) habían aumentado mucho. En septiembre de 2014, Griesa había declarado paria a la Argentina por no pagarle a los fondos buitres. Entonces el dolar alcanzó los $14. Y desde ese momento hasta el mes pasado, cuando hice este análisis, el dolar aumentó apenas el 15%. Pero la inflación acumulada desde septiembre de 2014 hasta hoy fue del 130%. Entonces, comparado con otros bienes de consumo de la población, el dolar estaba recontra-barato. Si esta población con un promedio de $ 27.000 de sueldo cobra su aguinaldo, se lleva una masa de un total de 84 mil millones de pesos; con que solamente el 10% de esa masa de aguinaldos se dolarice, esto representa 500 millones de dólares. Es casi el doble de lo que se opera en un día en el mercado cambiario. La compra de dolares por parte de este sector fue un factor absolutamente extraordinario, no es algo que ocurre todos los días. Era una situación totalmente distinta al pago del aguinaldo de julio de 2016 y al de diciembre de 2016. En esas dos ocasiones había un endeudamiento muy alto que fluía en Argentina que hizo que no hubiera tanta presión en el mercado cambiario. Por otro lado, los salarios en 2016 estaban aún peor que ahora. Y a fines de 2016, además del endeudamiento explosivo, también estaba el fenómeno del blanqueo de capitales, que ocurría por única vez. Estos factores contenían la suba del dolar durante los dos aguinaldos pasados. Ahora ninguno de los dos factores estaban: las emisiones de deuda del gobierno nacional, excepto por el bono a 100 años, se habían detenido en los últimos 45 días. Por otro lado, el viento financiero internacional no es para nada favorable: EEUU había subido la tasa de interés a largo plazo, por lo que todas las monedas de la región se estaban desvalorizando. Y hace pocos días se conoció la decisión del poder financiero internacional de mantener al país en la categoría de "economía de frontera", cuando la expectativa era que se la declarara "economía emergente". Esto implica que quienes arman portafolios de activos financieros debieron decidir menos participación de activos argentinos y más de otro tipo de activos. Así, se produjo aún más presión para comprar dólares. También me sonó extraño el hecho de que se justificara la suba del 7,2% de los combustibles diciendo que el peso se estaba desvalorizando. Mentiras, no se estaba desvalorizando: yo tomé la serie histórica y vi cómo se había comportado el precio de las naftas en Argentina y las naftas habían aumentado mucho más que el valor del dolar. Es decir, de ninguna manera este factor justificaba el aumento del 7,2% de los combustibles. Olfateé la presión del principal CEO de las petroleras dentro del gobierno nacional [Aranguren] y pensé en la hipótesis de que ellos al aumentar los combustibles ya sabían del salto que iba a dar el dolar. La otra conjetura que agregué para prever el aumento del dolar fue la cuestión de las paritarias: las más importantes ya están todas cerradas: una vez que las paritarias ya no se discutieran era el momento propicio para que el dolar subiera. Porque todos sabemos que una suba del dolar impacta sobre los precios: hay insumos dolarizados, bienes de consumo importados, contratos en dólares, inmuebles en dólares. Era el momento de subirlo, porque antes estaban las negociaciones abiertas, una vez cerradas las negociaciones con los trabajadores era más sencillo mover el tipo de cambio sin que importe el efecto inflacionario. Con ese panorama, me tiré el piletazo y dije "creo que va a pasar los $17". Y pasó largo. La que acabamos de ver está entre las cinco subas más fuertes de los últimos 15 años: la de diciembre de 2015, la de marzo de 2016, la de 2014, una en 2009 y esta de ahora.

- El discurso oficial, una vez producida la devaluación -le comento a Kestelboim-, es: 'no se preocupen, -Houston Texas, lo tenemos todo controlado, como en Apolo XIII-, el aumento de la cotización no se va a trasladar a precios, porque los precios ya están dolarizados'. Como cuando, antes de asumir el gobierno, Prat Gay andaba por los canales diciendo que la devaluación no iba a producir inflación, porque ya en noviembre de 2015 los precios estaban al valor de los dólares paralelos, entonces nada iba a aumentar. Cosa que fue refutada, porque la devaluación disparó la inflación del 41% en 2016. Ahora están diciendo lo mismo: que no se va a disparar la inflación ("no pasa nada"). ¿Vos pensás que esa afirmación va a volver a ser desmentida?

-  Va a tener impacto inflacionario -dice Kestelboim-, no hay duda de eso. Podemos discutir en qué medida. En 2015 tuvo mucho efecto inflacionario pero desde ya el salto del dolar fue mucho más alto que el de estos días.

- Además - pregunta Maxi Diomedi-, ¿no se agrega el aumento de las naftas para disparar la inflación?

- Naftas y medicina prepaga -agrega Mariano-. Son muy importantes esos aumentos. Y sí, va a haber un proceso inflacionario. En los últimos meses rondaba el 1,5%. Seguramente en julio yo calculo que la inflación va a estar en torno al 2,5%. Contando la inflación que se registró en esta primera mitad del año ya estamos pasando el promedio de la banda de inflación estimada en el presupuesto para todo el año. Habían dicho entre el 12% y el 17% y ya está arriba del 15%. Se comieron esa previsión en medio año. Hicieron el mismo juego que el año pasado: el gobierno decía que la inflación iba a estar entre el 20% y el 25%, las consultoras decían que iba a ser de un 30 (un 30% más que lo que decía el gobierno) y al final fue del 41%. Este año hicieron lo mismo: el gobierno dijo un 17%, las consultoras dicen entre el 20% y el 21%,: de vuelta dicen un 25% más. Este año yo publiqué a principios de año en Página 12 que la inflación no va a ser inferior al 25% y que el crecimiento va a ser inferior al 2%. Cuando yo escribí esto las consultoras auguraban un crecimiento del 4%, incluso Bein, quizá para sacarse de encima el mote de sciolista, decía que este año se iba a crecer más de un 5%.

[En la nota del 12 de febrero en Página, Kestelboim explica: "Las previsiones forman expectativas que repercuten en el resultado. Bajo el blindaje mediático instalado que preserva el prestigio de las consultoras, si los analistas coinciden en que habrá crecimiento, aumenta la probabilidad de que lo haya realmente y potencia el efecto de los factores objetivos que lo impulsan. Esto se debe a que los pronósticos inciden en el comportamiento presente de empresarios y consumidores. El consenso de crecimiento en 2017 superior al 3 por ciento es una pauta que buena parte de las empresas y de los consumidores aún considera válida y la tiene en cuenta a la hora de invertir, producir y consumir, al menos durante los primeros meses del año. Por el contrario, si hubiera un amplio consenso sobre una caída del PIB, como se decía para 2015, probablemente se tomarían decisiones más cautas. En cualquier caso, aunque las proyecciones sean acertadas o no, cumplen su función de afectar las decisiones".].

El domingo, antes de la entrevista, me anoté una pregunta para hacerle a Mariano: "¿El macrismo tiene algún plan económico, más allá de la baja del poder adquisitivo de los salarios, el aumento del desempleo, la concentración económica y el endeudamiento masivo?". Y Kestelboim me respondió:

- Agregale desindustrialización, una economía mucho más abierta y un cambio en la distribución de recursos en favor de los sectores que estuvieron postergados durante los años del kirchnerismo: el energético y el del campo; y un panorama muy auspicioso para la inversión financiera. El modelo es muy cortito, porque se puede sostener siempre y cuando Argentina acceda al crédito internacional. Cuando el crédito internacional se vaya cerrando o cuando las condiciones para prestarle a la Argentina sean más exigentes, estos meses van a ser añorados por ser mucho mejores que los que van a venir, cuando Argentina tenga que pagar toda la deuda que está tomando ahora.

- Una última pregunta: un pequeño ahorrista, un trabajador formal al que todavía le sobran unos pesos y no quiere ver pulverizado lo que tiene, ¿vos en qué le recomendarías que invierta de acá a fin de año?

- Si puede acceder a una cuenta bancaria -dice Kestelboim-, una cuenta custodia o comitente para comprar bonos y acciones, le recomiendo que compre letras del tesoro en dólares. Con el nivel de endeudamiento que está teniendo la Argentina y el plazo de estos bonos (que son a 6 meses, con lo que no me parece que vaya a quedar atrapado, no va a explotar todo tan pronto), entonces estas letras en dólares son una buena opción. El ahorrista no sofisticado, que tiene que elegir entre plazo fijo o dolar, tiene que comprar los dólares antes del 19 de julio. Es la fecha clave porque vencen estas Lebacs, una pelota de plata que me parece que va a hacer subir un escaloncito más al dolar. Después del 19 de julio se va a ir a la franja de entre $ 17,50 y $ 18. Me parece que hay que aprovechar ahora. Y después de las elecciones de octubre probablemente haya una devaluación más fuerte.

Una vez que se fue Mariano, seguimos conversando con Maxi acerca de las consecuencias políticas de este panorama. Y si nada de esto les dio un poco de miedo, al fin del programa tuvimos un momento de terror radial salido de la oscura imaginación de David Lynch:

This is the water
and this is the well
drink full and descend
the horse is the white of the eyes
and dark within.