viernes, 19 de octubre de 2018

Las muertes impunes y la mentira incesante

Desde los atentados contra la Embajada de Israel y la AMIA hasta el suicidio de Nisman: Juan José Salinas en La otra.-radio, un programa para escuchar clickeando acá 


El periodista Juan José Salinas estuvo el domingo pasado en La otra.-radio para presentarnos su nuevo libro, La infAMIA. Los servicios de Inteligencia en el atentado y su encubrimiento. El Memorándun con Irán, Stiuso y la muerte de Nisman (Colihue, Encrucijadas). Salinas viene investigando el tema de los atentados a la Embajada de Israel (1992) y AMIA (1994) desde hace años, con conclusiones que contradicen a las que circulan oficialmente. Según él, estas versiones fueron instaladas desde el principio por sectores de los servicios secretos israelíes y norteamericanos, con la complicidad de políticos locales, el poder judicial, las fuerzas de seguridad y el periodismo. 

- Es el único hecho de Argentina que yo conozco -dice Salinas- en el que todos los diarios aceptaron una versión falsa, sin discrepancias. Todos compraron la versión de que la responsabilidad del atentado contra la AMIA era de Irán.

- ¿Ni siquiera Página 12?

-Página 12 dependía de Clarín en esa época. O por lo menos dependía de Magnetto, que ponía la plata para que Página no molestara a Clarín. Los periodistas de Página que empezaron a cubrir el tema AMIA fueron básicamente Roman Lejtman y Raúl Kollmann. Ellos aceptaron en un momento firmar un libro que se suponía que iba a ser la famosa confesión de Telleldín. Esa confesión servía para desviar la investigación sobre los policías federales, que eran quienes estaban verdaderamente involucrados en la conexión local, y atribuirle falsamente participación a los policías bonaerenses. O sea, era una operación de Menem contra Duhalde. Ese libro fue un encargo de Carlos Corach a Lejtman y Kollmann.

- Lanata sacó en aquel momento un libro impugnando también la tesis oficial sobre la camioneta encontrada entre los escombros.

- Claro, con Gabriel Levinas, pero ahora están en las antípodas. Hoy no dicen nada, porque supongo que su patrón, Héctor, no los deja. Kollmann ya se bajó de eso. Y Lejtman hoy es abiertamente un agente de inteligencia israelí. Ahora saca una nota en Infobae congratulándose del triunfo de Bolsonaro. A veces, cuando uno agarra un camino, ya no hay tope. Como algunos periodistas de Clarín, no encuentran límites.

Salinas empezó  a investigar el atentado a la AMIA hace más de dos décadas, curiosamente por encargo de la propia mutual. Esa investigación lo condujo hasta el previo atentado a la Embajada y ahí también se encontró con que la versión oficial era falsa. Como su investigación se encaminó por un rumbo que no satisfizo a quienes se la encargaron, rápidamente fue desestimada por pedido expreso del Estado de Israel a Rubén Beraja, entonces presidente de la DAIA. Por su propia cuenta en 1997 publicó Amia, el atentado. Pero su disfuncionalidad con los intereses que sostenían el encubrimiento de la verdadera trama de los atentados le costó un largo aislamiento.

En el nuevo libro dice: "No haber sucumbido a los cantos de sirena de los encubridores tuvo un alto precio: el de quedar afuera de todo. Pero aunque los periodistas asalariados no siempre estamos en condiciones de decir o de escribir toda la verdad sobre asuntos que colisionan con los intereses de nuestros empleadores, nada nos obliga a mentir".

En 2005 esbozó nuevas hipótesis sobre el contexto internacional en el que se programaron y ejecutaron los atentados, en el libro Narcos, banqueros y criminales. Armas, drogas y política a partir de Irangate

Sin embargo, incluso el gobierno de Néstor Kirchner adoptó como válida la versión de consenso y repitió en reiterados discursos en las Naciones Unidas sus reclamos a Irán para que colabore en la investigación del atentado a la AMIA, sin lograr que se produzca ningún avance. Tampoco nunca se registraron avances en el caso de la Embajada, cuya (no) investigación quedó a cargo de la Corte Suprema, como quedó en evidencia por el papelón sufrido por Lorenzetti ante el discurso de Cristina en la apertura de la Asamblea legislativa del 1 de marzo de 2015.



La parálisis empezó a removerse cuando en 2013, a instancias de Cristina, se firma con Irán el conocido "Memorándun de entendimiento", para hacer posible que Alberto Nisman, titular de una fiscalía especial sostenida durante años por el kirchnerismo, y el juez Canicoba Corral viajaran a Teherán para interrogar a los funcionarios iraníes acusados de haber instigado el ataque. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel consideraron la firma de ese Memorándum una ofensa intolerable y emprendieron una persecución contra Cristina y su canciller Timerman que todavía no ha cesado. De igual manera reaccionó la entonces Secretaría de Inteligencia (SI) local, colonizada por los servicios extranjeros: Stiusso, el jefe de la SI, era quien dirigía el rumbo de la (no) investigación de Nisman. En ese momento Salinas vislumbró que Nisman no podría ir nunca a Teherán a enfrentar a los acusados, porque no tenía ni una sola prueba contra ellos: al llegar a ese punto se hundiría en el ridículo y se incineraría a lo bonzo. Lo dijo un año antes del suicidio de Nisman. Y lo repitió en el programa de Víctor Hugo Morales en el verano de 2015, cuando Nisman volvió abruptamente de sus vacaciones europeas en plena feria judicial para arrojar su bomba mediática mal ensamblada, que la prensa corporativa consideró una grave denuncia contra la entonces presidenta. La entrevista de Víctor Hugo a Salinas se hizo en ese breve lapso entre el regreso y la denuncia de Nisman y la aparición de su cuerpo muerto.

"El disparo que mató a Nisman inició el desvelamiento de la farsa que constituyó su pretendido rol de fiscal de la República y también corrió el velo que desde hace más de dos décadas oculta a quienes encargaron las voladuras (de la AMIA y, antes, de la Embajada de Israel), quiénes ejecutaron materialmente y quiénes, mimetizándose con las víctimas, fueron en realidad victimarios"- dice Salinas en Caso Nisman: Secretos inconfesables. "Suicidios" en serie, tráficos ilícitos y masacres de la Emabajada de Israel y la AMIA, el libro escrito en 2015. 

Con posterioridad a la publicación de ese libro, Salinas pudo obtener abundantes pruebas documentales, "datos duros" que corroboran muchas de las hipótesis sostenidas por años. Con ese material publica ahora La infAMIA, que le permite unir la cadena que va desde la voladura de la Embajada en 1993 hasta la muerte de Nisman y el inicio de un nuevo ciclo de encubrimientos que llegan hasta hoy, un encubrimiento al cuadrado, con el gobierno macrista y su ministro de Justicia Garavano -denunciado hasta por la propia Elisa Carrió- tratando de tapar a los auténticos encubridores de los atentados y desviando la atención con una fábula que pretende incriminar a Cristina en la muerte de Nisman y dejar a salvo a quienes durante años medraron con tantas muertes.

- El título La infAMIA -dice Juan Salinas- remite al título de una nota de Verbitsky, que escribió cuando se cumplieron 10 años del atentado a la AMIA. Verbitsky casi nunca escribe sobre el atentado, pero esa vez hizo una nota con informaciones que había desclasificado Néstor Kirchner. Allí se encontró que [cuando el atentado se produjo en 1994] Israel había mandado un emisario urgente a hablar con Menem para arreglar una versión común de los hechos. Esta fue una versión absolutamente mentirosa sobre la participación de una presunta camioneta bomba con chofer suicida de Hezbolá, teledirigida desde Teherán... Todo esto es un invento impuesto por los servicios secretos de Israel y EEUU, con el acuerdo del Primer Ministro Rabin. Para Rabin se trataba de un acuerdo forzado, él no tenía nada que ver con el atentado porque estaba tratando de lograr un acuerdo de paz con los Palestinos, boicoteado por la derecha israelí. Así como Menem tampoco tuvo que ver con el atentado, aunque sí su entorno. El entorno de Menem se lo encargó a fuerzas mercenarias locales, que fueron los autores materiales. Tanto en el atentado a la Embajada de Israel de 1992 como en el de la AMIA de 1994 participaron servicios secretos israelíes. Decir esto me trae todo tipo de problemas. Me tergiversan, como si yo hablara de un autoatentado. En el caso de la AMIA no se puede hablar de autoaentado, es una ridiculez, porque la AMIA es una institución argentina y hablar de autoatentado implicaría decir que el presidente de la AMIA de entonces tenía algo que ver, cosa que nunca sostuve.

Durante nuestra conversación radial, le preguntamos a Juan por qué, si se trata de una versión inventada pos servicios norteamericanos e israelíes, fue sostenida oficialmente por el gobierno de Néstor durante tantos años en sus reclamos en Naciones Unidas, apoyando a la infructuosa fiscalía especial de Nisman. Y también le preguntamos si, a pesar de las intenciones de Cristina de impulsar un avance en la investigación, la firma del Memorándum con Irán no fue un error político cuyas consecuencias todavía está pagando.

Las respuestas a estos interrogantes las pueden escuchar en el programa, clickeando acá. Por supuesto, también hablamos de la coyuntura política actual, con el progresivo derrumbe del macrismo.

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