Cadete



jueves, 29 de mayo de 2008

Lo que piensan los buenos

Por Oscar A. Cuervo

En este momento los chacareros han sido erigidos en los custodios de la dignidad política y en torno a ellos se han agrupado diversos tipos de despechados con los Kirchner: los genocidas procesados, dirigentes políticos incapaces de construir un proyecto propio, como la Carrió, Vilma Ripoll o Castells, pools de comunicación que aprestan su musculatura para mostrarse capaces de condicionar cualquier proyecto democrático, los gorilas de siempre, etc. Por eso aparece el chacarero en una foto al lado de un represor y en otra al lado de la virgen de Luján y después la Carrió les soba las medias, y después Grondona, etc.

Dice Buzzi, quien gusta de presentarse como la pata progresista del "campo": el obstáculo para que el país crezca son los Kirchner. El mismo domingo, unas horas antes, le decía al diario Perfil: “El conflicto se radicaliza, temo que haya sangre y pérdida de vidas”. La Carrió se monta en esas declaraciones: ""Kirchner quiere sangre y tenemos que evitarlo. Hago un llamado casi desesperado a la no violencia frente a un Kirchner que busca radicalizarla para dividir a la sociedad". ¿Qué sustento tiene esa apelación al derramamiento de sangre en un contexto político en el que, pese al duro enfrentamiento, el gobierno se abstuvo del uso de la fuerza pública? ¿Qué otra administración, desde Duahlde hacia atrás, se puede jactar de no haber apelado a la muerte para resolver las pujas políticas? ¿A qué viene entonces el miedo de Buzzi y el llamado desesperado de Carrió? No cuesta mucho trabajo pensar que Buzzi y Carrió están esperando un muerto, que esa es la señal que se necesita para dar la largada a la segunda etapa.


Un connotado pensador argentino no lo cree así: para él los abominables son los peronistas, ellos son violentos y patoteros, en tanto que las frases de Buzzi sobre los obstáculos a remover y el esperado derramamiento expresan una preocupación legítima:

"El comunicado justicialista es el de una banda de burócratas matones. Han introducido en la sociedad el lenguaje de la matonería. No dan respiro. “Esto no es para tibios” dice De Vido. “Golpistas”, agrega Capitanich. ” Tomen el ejemplo de las Madres de la Plaza de Mayo” dice sin pudor la Presidenta.
Dividir, crear violencia, amenazar, refugiarse en frases de dirigentes K ya desbordados como Buzzi que habla de sangre para que no la haya.


El pensador parece haber dejado atrás la soltura del juego dionisíaco y adopta para comentar la coyuntura actual un tono melodramático: "crear violencia, amenzar" son palabras bien recibidas por su auditorio: más aún, Abraham podría decirlas en cualquier canal de televisión, podría sumarse a la tribuna de los chacareros exaltados y sería ovacionado. No importa que el uso de expresiones como "crear violencia, amenazar" no se correspondan a algún dato empírico: ¿qué violencia? ¿qué amenaza? Preguntar por eso es lo de menos, porque Abraham, Carrió y Buzzi necesitan inyectar violencia, sangre, amenaza y muertes en su discurso.

Un lector de mi post anterior se desborda de furia: "tenemos q aguantar q ese sorete este sentado en el sillon presidencial, por culpa de todos los pelotudos como vos q la votaron". Es el tipo de gente que acusa al adversario de patotero y violento, de intolerante y antidemocrático. El tipo, que por supuesto no firma, parece coincidir con Buzzi: hay un obstáculo a remover. Es a él a quien se dirige Lilita con un guiño de ojos: "hago un llamado casi desesperado a la no violencia". Casi desesperado: ya falta poco, como cuando dijo: "la presidenta tiene dos días para pacificar el país". Abraham refrenda: "Autoridad y serenidad, habrá que buscarla en otra parte". Nos consta que la están buscando, aunque no parece que la hayan encontrado aún:



Supongamos que se cumpliera el objetivo de la alianza de facto que se ha constituido en torno al campo (esto es: lograr una salida anticipada del actual gobierno): ¿quién conduciría el proyecto político triunfante?

miércoles, 28 de mayo de 2008

Compañeros de ruta


Leo esta información en un diario de Olavarría. Aunque no puedo certificar su veracidad, cito la fuente: http://www.infoeme.com.ar/noticia.asp?id=9830


TIENE PROHIBIDA LA SALIDA DEL PAIS POR EL JUEZ COMPARATO


Una concejal de Tandil y la Apdh de Olavarría denunciaron que junto a De Angeli apareció en TV un ex represor tandilense procesado


Una concejal del Frente para la Victoria de Tandil, María Rosa Toncovich, denunció vía mails hoy que “junto a (el dirigente ruralista) Alfredo De Angeli” apareció en televisión “Julio M. Méndez (foto), quien se encuentra procesado en el juicio por los centros clandestinos de detención en Tandil”. La cadena de correos, a la que se sumó la Apdh Olavarría a través de su presidente Carmelo Vinci, agrega que “Méndez está procesado por el centro `Quinta de Méndez´, y en estos momentos tiene prohibido salir del país por el juez federal Comparato, que entiende en la causa”. Ante una sociedad estupefacta por la falta de acuerdo entre el Gobierno y el campo, la novedad enracece aún más el clima regional del extenso -y muy politizado- debate.

La otra 18: Rosario Bléfari


La nota completa en La otra n° 18. Texto de Bernardo Damián Dimanmenendez y entrevista de Sebastián Duarte.

(La carrera de Rosario Bléfari pareciera ser una pequeña muestra del sueño cándido que vivió lo denominado alternativo en los 90, hasta su metamorfosis en algo aséptico y redituable, vintage mediante, de anteojos de sol y de la cool-manía de lo figurativo por sobre el contenido.)

- ¿Como vivís esto de relacionarte todo el tiempo con gente más joven que vos? Porque la mayoría de los que te van a ver a los conciertos no son de tu generación. Menos aún las bandas de rock conformadas por chicas con las que por lo general compartís escenarios.

- El chico que toca la guitarra conmigo venía a ver Suarez cuando tenía 15. ¡Y yo ya tenía veintipico! Es que tengo espíritu juvenil. Me relaciono más con jóvenes que con los de mi edad. También me gusta estar con los más grandes y sentirme más jóven o con jóvenes y sentirme como la vieja. A lo mejor porque soy hija única. Con la gente de mi edad no tengo mucha relación. Tal vez es algo que pasa con la gente de mi edad. O que a mi edad las personas están muy ocupadas. Y noto mucho que los más jóvenes que tienen mucho tiempo libre. Eso lo percibo cuando doy clases en el Centro Cultural Rojas, en los talleres de letras de canciones. Por ahí termina la clase y los más jóvenes quieren llevarme a tomar una cerveza en un bar ¡y yo no puedo! Tengo que hacer 20 cosas, ensayar, atender a mi familia, entregar una nota. ¡Ojalá pudiera! No puedo perder un día entero y no hacer nada. Es que con las actividades también puedo financiar mi vida, aunque la parte económica aún no la tengo del todo resuelta.

- Pero peor estabas a nivel económico cuando te habías desnudado para la revista Playboy, en los 90.

- Sí, por supuesto. ¡Ahí sí que estaba mal! Fue algo que hice por necesidad monetaria. Se presentó la oportunidad. ¡Ojalá se me hubiera presentado la oportunidad de escribir en una revista! Me había llegado a través de una chica que era amiga de Arturo Carrera, del ambito de la poesía. Ella conocía a una artista plástica y se consiguió armar producciones para revistas. Así fue como recreé los 7 pecados capitales. Me venía bien el dinero. Hoy no me gustaría tomar una decisión que no me cierra por una necesidad. Pero sí estoy abierta a cosas que no me imagino. No es que quiera estructurarme. Si me proponen ir a México a tocar y grabar, seguro diré que sí. Las ilusiones siguen intactas como cuando era más jóven. Incluso con la popularidad. Me encantan los artista populares. Siempre estuve enamorada de Gardel y Elvis Presley. Eran mi íconos. También Nelly Omar y Tita Merello. ¡Fueron estrellas populares y masivas! Al principio me preguntaste sobre el tema de la popularidad y debo confesarte que me gustaría ser masiva y popular, ser recordada por alguna canción, por ejemplo. Quizá las circunstancias de la vida digan que no pueda cumplir con mi sueño de ser popular. Quién sabe.


martes, 27 de mayo de 2008

Macri tuvo que reabrir los talleres barriales que en marzo había cerrado.

Por Oscar A. Cuervo

Cuando en el mes de marzo pasado estaba por iniciarse otro año de actividades del Programa cultural de barrios, nos enteramos de que el gobierno de Macri había decidido "racionalizar" el programa dando de baja más de la mitad de los talleres que se habían realizado hasta diciembre pasado. Con esta decisión, el gobierno de la ciudad excluía a miles de asistentes a los talleres barriales y a varios centenares de docentes. El taller de cine que yo había dictado desde 2006 en el Centro Cultural Fortunato Lacámera de San Juan 354 estaba entre los que habían sido dados de baja. Inmediatamente se convocaron movilizaciones en las que la gente que asistía los talleres exigía la reapertura de sus actividades: cortes de calle, campamentos artísticos, marchas frente a la casa del propio Macri, miles de mails y reclamos telefónicos a las oficinas de los funcionarios reesponsables del área cultural de la ciudad. Finalmente, después de varios meses, el gobierno municipal tuvo que dar marcha atrás y ahora anuncia la reapertura de todos los talleres antes dados de baja.

El compromiso ahora asumido por el gobierno de la ciudad implica, además de la reposición de los talleres levantados, la recomposición de los salarios docentes y el pago de los haberes adeudados desde diciembre pasado. De modo que a partir de la semana próxima vuelven los talleres culturales. Y la inscripción ya comenzó.

El martes 3 de junio próximo a las 18:00 hs. vuelve el Taller de Cine y Pensamiento que yo coordino al Centro Cultural Fortunato Lacámera. Volvemos con un nuevo ciclo:

"100 años de cine en 12 películas de ficción":


Amanecer (1927) de F. W. Murnau
Yo caminé con un zombie (1943) de Jacques Tourneau
La tierra tiembla (1947) Luchino Visconti
Ugetsu monogatari (Cuentos de la luna pálida de agosto) (1953) de Kenji Mizoguchi
Sed de mal (1958) de Orson Welles
HELP! (1965) de Richard Lester
El romance del Aniceto y la Francisca (1965) de Leonardo Favio
Ultimo tango en París (1973) de Bernardo Bertolucci
Alicia en las ciudades (1974) de Wim Wenders
Drácula (1992) de Francis Ford Coppola
Madre e hijo (1997) de Aleksander Sokurov
Angeles caídos (1997) de Wong Kar-wai


Aunque son todas obras extraordinarias, no se trata de los títulos que habitualmente se citan cuando se quiere condensar toda la historia del cine en unas pocas películas. Es, digamos, un canon alternativo. Procuré incluir films de diversas tendencias, géneros y nacionalidades. No obstante, en esta lista no se incluyen documentales, dado que más adelante haremos otro ciclo con documentales de todas las épocas y procedencias.

De manera que el martes próximo volvemos al taller de San Telmo. Pueden inscribirse desde ya o ir directamente el martes. Es una actividad gratuita.

domingo, 25 de mayo de 2008

Obras maestras del cine: Sokurov


Por Oscar A. Cuervo

A partir de este jueves, comienza a proyectarse en la sala Lugones del Teatro San Martín una de las grandes obras del cine contemporáneo: Voces espirituales (Spiritual voices, 1995) de Alexander Sokurov, según un esquema de proyección que permitirá ver sus cinco horas y media de un tirón (el sábado 31) o divididas en capítulos (el jueves 29 los tres primeros capítulos; el viernes 30 los capítulos cuarto y quinto). Ver detalle del ciclo aquí.

Pero eso no es todo: a partir del domingo 1 de junio y hasta el martes 3, la Lugones proyectará, mediante un esquema similar, los 210 minutos de Confesión (Povinnost, 1998) en los que el gran Sokurov nos hace compartir la intimidad de la tripulación de un navío de la Marina Nacional rusa que cruza las aguas glaciales del Mar de Barents, a través del diario íntimo del capitán del barco.

Para celebrar tan grato acontecimiento cinematográfico (recomiendo con entusiasmo que no dejen de ver estas maravillas), quiero reproducir aquí una nota que escribí en el tercer número de revista La otra (verano 2004):

VI CINCO VECES SPIRITUAL VOICES.

Y por cada vez que la vi, se fue acentuando la primera impresión que me produjo: no recuerdo otra película así. Spiritual voices hizo una incisión en mi experiencia. No se trata sólo de su extensión: dura cinco horas y media. Es su sentido el que hace que esas horas sean inolvidables. En el prólogo, uno de los más extraños de toda la historia del cine, vemos durante 40 minutos el plano general de una arboleda nevada (ver aquí), mientras la voz de Sokurov nos habla de la vida de Mozart. Cosas que no van a ser retomadas en el resto de la película, pero que van a quedar resonando en la mente cuando, a partir del segundo capítulo, nos traslademos hasta la frontera entre Tadjiquistán y Afganistán. Una de las cosas que Sokurov nos cuenta en ese prólogo es la experiencia de las cinco horas finales en las que Mozart acompaña la agonía de su madre. Cinco horas, dice Sokurov, y cambia de tema. Esas cinco horas remiten a dos cuestiones:

- el tema de la muerte de la madre, que aparece invariablemente en las películas de Sokurov, no importa que traten acerca de su amigo Tarkovski, de la decrepitud de Lenin, del escritor japonés Toshio Shimao, de una campesina soviética trabajando en las granjas colectivas o, más directamente, de la última hora de vida de una madre acompañada por su hijo, en Madre e Hijo.

- las cinco horas de película que nos esperan, el tiempo durante el cual Sokurov nos invita a que acompañemos su mirada.

La última vez que vi Spiritual voices, un domingo a la tarde en la sala Lugones, había tres viejas insoportables (no tengo otra manera de decirlo, a mí las señoras ancianas me caen por lo general bien, pero estas eran tres viejas de mierda). Se empezaron a incomodar desde los primeros minutos, cuando vieron que la cámara se había fijado sobre el paisaje invernal y la voz en off nos solicitaba escuchar tal movimiento del concierto 19 de Mozart. Enseguida empezaron: "¿serán las cinco horas así? ...qué lento es esto". Como la tonalidad de este prólogo exige mucha concentración, los comentarios desubicados arruinaban todo lo que Sokurov proponía desde la pantalla. El resto del público empezó a desesperarse al ver que las diabólicas viejas no se hacían cargo de las súplicas de silencio. Hasta que, finalmente, al empezar el segundo episodio con la misma imagen helada y vacía que habíamos visto durante los anteriores 40 minutos, las tres brujas se enfurecieron del todo y el resto de la gente no las soportó más. Lluvia de puteadas, las viejas se levantan y se van. Lo que que pasó es que el dispositivo Sokurov, que a esta altura nos incluía a los que lo habíamos aceptado, a ellas las explulsó del cine. Porque Sokurov no hace nada para chocar, despliega sus recursos con amor y delicadeza, apuesta a que el espectador sea una persona sensible y atenta, y nada más. No se trata de ser cultos ni de ser cinéfilos, esas tonterías le tienen sin cuidado. Se trata de ser abiertos, de no estar ensimismados. Las cinco horas de Spiritual voices son un viaje que no se puede hacer más rápido. Si no querés viajar las próximas cinco horas, no llegás a destino. Como las cinco últimas horas de Mozart con su madre: ¿querés hacerlas más cortas?


Quisiera proponer para Spiritual voices la categoría de obra maestra. Esta categoría no quiere decir "me gustó mucho"; tampoco eso que a veces dice un conocido: "está bien hechita, redondita". Menos aún quiere decir que la película es eficaz en lo que se propone: si una película se propone "hacer pasar un rato de distracción" o "darte ganas de vomitar" o "respetar las normativas del género", entonces jamás puede ser una obra maestra. La distracción, el efectismo y la mera corrección, propongo, son incompatibles con la maestría. Al decir de una película que es una "obra maestra" quisiera incluir estos rasgos:

- es una película que además de su tema manifiesto (en el caso de Spiritual voices, el final de la guerra entre Afganistán y Tadjiquistán, en 1995), es una toma de posición respecto de la totalidad del cine (del cine ya hecho y del cine por hacer);

- lo anterior implica que su realizador también toma una posición sobre su propia existencia como artista: el cine para él no es “un trabajo como cualquier otro” sino su razón de ser. Esto no depende de sus declaraciones públicas, sino de la forma cinematográfica que la obra realiza;

- y por ende la película también le dirige un llamado personal al espectador. Como preguntándole: querido espectador, ¿para vos el cine es algo tan serio como para mí? Spiritual voices no incluye, creo, ninguna cita cinéfila; pero aún así es una toma de posición acerca del cine. Sokurov dice: ¿ven? O mejor dicho: ¿ves?

La película se subtitula "una narración en cinco episodios", pero, a pesar de las connotaciones literarias de tal subtítulo, se aleja unos cuantos pasos de la dependencia que el cine ha tenido respecto de la literatura. Lo que Sokurov hace aparecer es: el tiempo. El tiempo como problema cinematográfico, lo cual incluye al tiempo del espectador, tiempo de la contemplación. Y también el tiempo de la vida, sin más: el tiempo de las cosas que se extinguen, de las cosas que hemos de retener en nuestra memoria para que no mueran. Las imágenes de Spiritual voices están hechas no para resbalar en la retina, sino para quedarse en la memoria. Está puesto en el prólogo: las últimas cinco horas que pasa Mozart con su madre no son un tiempo indiferente: son el tiempo de una incisión. De como viva ese tiempo dependerá el resto de lo que al hombre le quede por vivir. ¿Cuántas veces vivimos así las horas? ¿Cuántas horas en la vida vivimos dejando que el tiempo solamente pase? En una entrevista reciente Sokurov dijo: “El espectador paga un precio muy alto por una película, y no en dinero. Los espectadores invierten su tiempo en el cine, una parte de su vida, y una película mala, una película agresiva, le resta varios siglos de vida a la humanidad.”


Lo que va a mostrar en Spiritual voices es el tiempo de esos soldados. Algunos volverán a sus casas, otros no. ¿Ves?, nos dice, miralos, guardalos en tu memoria. Puede que sea importante que vos no los olvides. No es casual que el centro dramático de la película sea la llegada de año nuevo. La fría tarde del invierno tadjí, el sol tenue del invierno, la música que rebota en el aire frío de la tarde del invierno tadjí. ¿Quién no conoce la sensación inapresable del aire de una tarde fría, del sol que va extinguiéndose? Hace falta demorarse en el tiempo en el que esa experiencia puede únicamente aparecer. Sokurov nos está expresando: el cine puede iluminar esto, puede retener ese momento fugaz. La música que sale de un grabadorcito y rebota entre las montañas puede vivir en tu alma para siempre. El fuego aquel que se enciende en la arboleda nevada, el hombre que pasa caminando sin que se sepa quién es ni adónde va: no los olvides.Que el cine pueda quiere decir también que hay que permitirlo.

El cine actual está tan pendiente de la pupila resbaladiza del zappeador que impide esa posibilidad de mirar. Y el cine en su historia ha estado tan pendiente de la temporalidad de la lectura que muy pocas veces se ha permitido filmar el paso del tiempo en toda su densidad. En un guión se escribe "cae la tarde". El cine por lo general se ha limitado a filmar el tiempo que se tarda en leer el enunciado. Una toma de algunos segundos de una puesta del sol, corte y a otra cosa. Así no puede filmarse lo que significa que la tarde caiga. Esa caída de la tarde (hay por lo menos dos en Spiritual voices, en los episodios 3° y 5°) significa filmar de una manera distinta de como se lo ha hecho hasta ahora. Permitirlo: porque también uno tiene ahí en la pantalla la dolorosa intimidad de esa mirada, el recorrido acariciante por las piernas, las manos, las caras de esas personas, el brillo de la mirada del perro, todo eso está, y uno puede estar tan ensimismado que no ve nada. ¿Ves?

Cuando digo ver, digo pensar. Una cosa no excluye a la otra, sino que más bien la exige. La intensa emoción que produce Spiritual voices reclama un compromiso del que mira que involucre todo su ser. Oponer los sentimientos al pensamiento es una necedad de lo más triste. Como si de un lado estuviera la ciega ebullición sensorial y del otro la fría especulación del teorema. Hay una pasión que sólo surge del sentido: no digo de los cinco sentidos, digo del sentido.

sábado, 24 de mayo de 2008

Alejandro Tantanián, Diego Penelas, Dostoievski, la noche y El Incesto Musical


Un adelanto sensual de la próxima noche de La otra.- radio.

Por Alejandro Ricagno

Hace unas semanas Oscar Cuervo y yo fuimos invitados a participar de un disco. No como cantantes. Tampoco como músicos. O sí. Como esa música, en todo caso, que sale del aplauso del público -eso es lo que éramos-que asiste divertido y emocionado a un recital. Pero no a un recital, sino a un show.

Pero no a un show, sino a una celebración: la grabación en vivo del espectáculo de Alejandro Tantanian y Diego Penelas, De noche, un recorrido en piano y guitarra (Penelas), y voz y presencia escénica (Tananián) que iba del bolero a Mozart, de Serrat y Miguel Hernández al Paz Martínez, de Kurt Weill a Gloria Trevi, pasando por canciones de cuna, fados, tangos y otras perlas que tenían intimidad con la noche. Intimidad y promiscuidad, siempre gozosas, donde las canciones de “dudosa reputación” convivían y copulaban con otras piezas de mayor prestigio. Cada canción como una pieza teatral en sí. Como un melodrama.
Y de eso, de mezclas impensadas, sabe mucho el actor, director, cantante y dramaturgo Alejandro Tantanián. Recién nomás, acabamos de ver Los sensuales, su magnífica versión libérrima de Los hermanos Karamazov de Dostoievski, convertida en un melodrama con todas las letras (y las músicas). Y que reúne además un espectacular dream team de lo mejor de la escena off porteña: Ciro Zorzoli, Mirta Bogdasarián, Diego Velázquez, Pablo Rotemberg, Javier Lorenzo, Nahuel Pérez Biscayart, Stella Galazzi, Gaby Ferro, Luciano Suardi. Y, por supuesto la música de Penelas. Pasiones rusas, sí. Y universales. Desgarradas entre el incesto y el crimen. Y de pronto, la comedia y la risa. Y el crimen del amor que sólo puede ser cantado, bailado, exaltado al borde del ridículo para volverse otra vez grave, hasta la caída sin fin. Como en un filme de Fassbinder. O un melo de Sirk. O un espectáculo de Alejandro Tantanián.
Y otra vez, Oscar y yo como público, participantes de esta ceremonia incestuosa que nos llevó como un tsunami del humor más desmelando al abismo, del abismo otra vez a la emoción íntima, exaltada, siempre desvergonzadamente sensual. Ese algo que atraviesa gran parte de la obra de Tantanián, como ya la había demostrado en Los mansos (su adaptación de El idiota), o en De lágrimas, De protesta, (que junto con De Noche forman parte de su trilogía musical como intérprete en el más amplio sentido de la palabra) y en tantos otros espectáculos de su prolífica trayectoria como actor, como dramaturgo, como puestista.

Me acuerdo ahora de uno reciente, Y nada más (de pronta reposición) sobre la poeta rusa Marina Tsvetaiva, en el que los poemas de la suicicida alternaban con otros de Syliva Plath, de Celan, confesiones de la infancia de los actores y boleros de Olga Guillot y de Nino Bravo. En suma, que se trata de un pasional, sin lugar a dudas. Entonces ¿qué mejor que invitarlo a un programa nocturno de amores y de odios desatados? Sí, a La otra.- radio, para escucharlo cantar, recitar, para hablar con él y con Diego Penelas sobre adaptaciones, sobre melodramas, sobre lo sublime y lo ridículo del amor, sobre rusos (¿por qué tantos rusos?), sobre poetas, sobre todo lo que sensualmente se nos ocurra, durante las dos horas que queremos compartir con ustedes.

La cita es el domingo a la medianoche. Se recomienda escuchar con el corazón turbulento y un poco de alcohol. (FM La Tribu, 88.7, http://www.fmlatribu.com/).

viernes, 23 de mayo de 2008

¿No ves que ya no somos chiquitos?


Por Oscar A. Cuervo

(A propósito de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, de Spielberg /Lucas, USA, 2008)

Spielberg / Lucas es quien ha diseñado el paradigma que rige a la industria cinematográfica actual, la fase superior del modelo narrativo cuya sintaxis delineó Griffith hace ya casi un siglo. Cada tanto, el dúo siente la necesidad de volver a recordarnos que ellos, como diseñadores, saben mejor que nadie de qué se trata. Este paradigma está basado en una muy definida ontología de la imagen, la cual, con la ayuda de los continuos avances tecnológicos, se despliega en toda su pesadez.

La pesadez es la clave: Spielberg / Lucas "filma" constantemente objetos pesados que se desploman. El uso de las comillas se justifica en que para ellos "filmar" no es necesariamente registrar con la cámara, sino emular con el ordenador. Una pesada plancha de acero cae sobre el jeep que a toda velocidad transporta a Indiana y a sus compinches de aventuras. El punto de vista de la cámara está "montado" perfectamente sobre el jeep, que avanza sobre un terreno escarpado. Naturalmente, esta cámara montada sobre un vehículo a alta velocidad sobre un terreno así debería vibrar de un modo que hiciera que las imágenes se vieran borrosas. La cámara efectivamente vibra. Sin embargo, se trata de una vibración emulada, convenientemente dispuesta para que la imagen conserve su vértigo sin perder nitidez.

La vibración emulada está en sincronía perfecta con unos golpes graves en la banda sonora, que se sienten en el cuerpo. La vibración es intensa, pero el sonido no está "roto", como sucedería si fuera que unos micrófonos captaran un estruendo real. Se trata, por supuesto, de un golpe de sonido emulado. Cuando la plancha pesada cae sobre el jeep, el vehículo, los personajes que acarrea y la cámara que los filma se sacuden, pero, claro, no tanto como para que la imagen que vemos en pantalla se desorganice. La plancha golpea al jeep y rebota pesadamente una y otra vez contra la tierra, lo que "produce" una percusión grave pero seca.

Detalles como estos son las verdaderas marcas de autor del binomio Spielberg /Lucas, mucho más auténticamente que el leit motiv que acompaña las aventuras de Indiana o las resoluciones argumentales en las que un padre (Indiana, pero también Tom Cruise en La guerra de los mundos o el protagonista de Munich) al final asume su paternidad. Eso de la paternidad son paparruchadas para enganchar incautos: lo que al dúo le preocupa verdaderamente es "filmar" cada vez con mayor verismo la manera de caer o de deplazarse de los objetos físicos: sean velocirraptores, tanques alemanes o pirámides precolombinas.

Estas experiencias físicas duran unos pocos segundos, ya que la clave de la película reside en que nada detenga la movilidad de la acción, por más pesado que sea el objeto al caer. No obstante, en estos pocos segundos es aún legible la cuidadosa planificación con que una panda de ingenieros (expertos en materiales, en trayectorias, en ondas sonoras) se ha propuesto emular cada uno de los rebotes, de modo que sintamos toda su pesadez en el cuerpo. La trayectoria de la caída está ligeramente estilizada para que además la veamos con una figura limpia.

No hace falta que el espectador piense en todo esto; es más: no tiene que pensarlo, sino sentirlo. Se trata de un juego, una montaña rusa montada con tecnología de punta. Lo que Spielberg / Lucas quiere es que nos volvamos niños por un rato, que nos dejemos arrastrar por el vértigo que los ingenieros diseñaron para nuestro disfrute inocente. Ya no somos chiquitos, pero lo que se supone que vamos a hacer al cine es achicarnos.

Los malos son comunistas, hay también una tribu de aborígenes peruanos que Spielberg / Lucas filma como chimpancés zombies, hay un Ser Superior proveniente no del espacio, sino de espacios entre el espacio -es decir, algo vágamente científico, vágamente místico- que con su mirada fosforecente incinera a los comunistas y deja vivir a Indiana y los suyos. Indiana, ya lo dijimos, reconoce a su hijo, lo que permitirá hablar a los críticos de El amante del mensaje ético de Spielberg / Lucas y a Spielberg / Lucas le permitirá continuar la saga con Indiana Jr. durante varias décadas, aún cuando Harrison Ford ya no esté disponible. Hay también una majestuosa bandera norteamericana que atraviesa la imagen justo al comienzo, cuando los comunistas están a punto de cometer un atentado contra el territorio de la Patria. Es la bandera del soldado Ryan. Pero nada de esto debe tomarse muy seriamente, porque somos chiquitos y hemos venido a divertirnos un rato.

miércoles, 21 de mayo de 2008

La meseta


Por Oscar Alberto Cuervo

Ayer a la noche el titular de la Federación Agraria Federico Buzzi estuvo en el programa de cable de Chiche Gelblung y declaró que él cree que están dadas las condiciones para un diálogo con el gobierno que permita avanzar hacia la salida de la llamada “crisis del campo”. De esta forma, una pulseada extenuante parece entrar en una meseta de negociación. Buzzi ya no habló de retrotraer la situación al 10 de marzo (o sea, a antes de que el gobierno lanzara el sistema de retenciones), sino tan sólo de la necesidad de “hacer retoques” en dicho sistema, así como también “avanzar en la discusión de un sistema de compensaciones para los pequeños productores, la apertura de exportaciones del trigo, promoción a la producción de ganado y de carnes, el reordenamiento del sector lácteo", entre otros puntos.

Es decir: el líder de la agrupación rural que sostuvo las posiciones más duras ha moderado notablemente su discurso y plantea una serie de items a negociar con razonabilidad. Ya no habla Buzzi de “una nueva toma de la Bastilla” como decía al principio del lock out. Tampoco parece que los ritmos de Buzzi y los otros dirigentes de las tres entidades rurales aliadas sigan siendo regidos por los modos prepotentes de Eduardo De Angelis, el más claro emergente mediático de este proceso.

De Angelis ha tenido cámaras, ostenta un physique du rol pintoresco y algo brutal: es una imagen rendidora para las necesidades de los multimedios. De Angelis está no tanto a la altura de Blumberg, como se ha dicho, sino de los personajes de Gran Hermano: dispuesto a permanecer en las pantallas a toda hora, con varias cámaras siguiendo sus reacciones, sin una idea política precisa que comunicar, pero encarnando una imagen de síntesis que es fácil de asimilar por las normas televisivas: un gaucho apolítico, más bien torpe y bonachón, un hombre medio, hasta mediocre, pero con una capacidad de indignación que conquista inmediatamente el corazón del cualunquismo profundo de la gran parte de los televidentes/ciudadanos. Si en esos días de fragor, de cortes y desabastecimiento, se hubiera implementado un sistema de votos telefónicos: “si querés que se quede Crisina votá al 13013-baila Cristina; y si querés que se quede Eduardo votá al...”, si el grupo Clarín hubiera implementado un sistema de eliminación mediante mensajes de txt, seguro que Cristina habría tenido que abandonar la casa.

Que sea De Angelis el principal emergente de estos meses de crisis (cuya estrella probablemente tendrá su zenith en el acto de Rosario del 25, pero que quizá también en ese momento empiece su declinación) dice mucho sobre la oposición, sobre las dificultades que esta tiene para articular un proyecto político que aspire a desplazar del poder a los Kirchner, sobre la absoluta ausencia de figuras políticas atractivas y confiables, aún para los más furisosos antikirchneristas.

Entonces, es probable que el domingo vuelvan a encolumnarse detrás del chacarero del diente postizo un conjunto de opositores sedientos de multitudes: la Carrió, Chiche Duhalde, Gabriela Michetti, Patricia Bullrich, incluso algún izquierdista sin brújula. También van a estar respaldando el acto el multimedios Clarín, La Nación, Grondona, Fontevecchia, Lanata, Nelson Castro, la Legrand: toda esa guardia cultural que ha sabido aglutinarse en esta inolvidable pueblada. Más difícil parece que salga de este rejunte un liderazgo político que pueda disputar el poder al proyecto neo-peronista. Probablemente el político más favorecido por esta crisis sea otro peronisa: el gobernador Scioli.

La crisis se desató por la acumulación de errores pequeños, medianos y grandes del gobierno kirchnerista, que no supo articular alianzas políticas para respaldar su desición de subir las retenciones: distinguir entre los productores rurales a aquellos que hubieran sido potenciales aliados, tomar la iniciativa de comunicar al país la necesidad de las retenciones; eso en cuanto al motivo específico del conflicto. Porque por otro lado, si el conflicto pudo radicalizarse hasta estos extremos, si sectores rurales de intereses históricamente inconciliables terminaron uniendo sus fuerzas, si entre ellos predominó una lógica de confrontación extrema, con actos prepotentes, desabastecimiento, permanente discursos extorsivos y una amplificación mediática del estado de movilización como no conoció ninguna otra protesta en la historia argentina, para esto ayudaron factores que no tienen nada que ver con las retenciones al “campo”:

- el poder increíblemente concentrado de los multimedios que habían sido favorecidos poco tiempo antes por el propio gobierno y que mostaron en estos últimos dos meses su extraordinaria capacidad destructiva, que puede hacer tambalear al poder constitucional mediante un uso intensivo de los recursos de la telecomunicación para hacer reaccionar a una república de televidentes;

- la necesidad del grupo Clarín de extenderse un poco más en la concentración del poder de fuego, sea para evitar que avance el juicio por la identidad de los hijos adoptivos de la viuda de Noble (ya que se sospecha que estos hijos son niños apropiados por los militares genocidas y cedidos a la viuda como devolución de gentilezas); sea para evitar que salga una ley de comunicaciones que afecte las desmedidas ambiciones del grupo;

- el resentimiento por las sucesivas derrotas de los dirigentes de la derecha, incapaces de proponerle a la sociedad algo distinto al kirchnerismo;

- el gorilismo histórico de una pequeño burguesía que detesta el olor de los peronistas y ya no saben qué hacer para verlos desaparecer de la vida argentina; un sector sensible a los sermones vacuos de los radiopredicadores matutinos;

- la casi total ausencia de voces oficialistas capaces de comunicarse con la sociedad, para oponer algunas ideas al monocorde discurso sensacionalista y desestabilizador de los pools mediáticos;

- la asombrosa imprevisión para preparar el terreno de medidas gubernamentales que podrían despertar reacciones conflictivas (y lo hicieron con una virulencia pocas veces vista);

- la evidente ausencia de una política coherente del gobierno en relación con los poderosos intereses que cruzan a la economía rural.

Creo que el conflicto se disparó por gruesos errores políticos del gobierno kirchnerista, se potenció por obra y gracia de muchos sectores que tienen ganas de que los Kirchner salgan de la escena más temprano que tarde, porque los medios se están probando su capacidad de movilización y de jaquear a los gobernantes. El factor mediático sirvió para echar leña al fuego de reclamos que se podrían haber discutido con racionalidad; también consagró a tele-dirigentes de ascenso fulminante pero con fecha de vencimiento.

Si ahora el conflicto se encamina hacia una meseta negociadora, esto se debe no a méritos del kirchnerismo por salir del conflicto, sino a las inconsistencias propias de un frente político ad hoc, que a la larga se mostrará incapaz de traducir tanto movimiento en liderazgos y proyectos alternativos. El gobierno quedará bastante mellado en su poder real, la oposición no sabrá cómo capitalizar este desgaste y tratará de sumar a De Angelis y a Buzzi a las listas de las próximas elecciones. También habrá quedado planteada con claridad la subsistencia de tensiones inconciliables en la sociedad argentina, que no se terminarán ni con el inevitable eclipse del chacarero de Gualeguaychú ni con el más mediato ocaso de los pingüinos.

martes, 20 de mayo de 2008

AH, MIS AMIGOS, HABLÁIS DE RIMAS...

Fotografía: Willy Villalobos



Ah, mis amigos, habláis de rimas

y habláis finamente de los crecimientos libres...

en la seda fantástica que os dan las hadas de los leños

con sus suplicios de tísicas

sobresaltadas

de alas...



Pero habéis pensado

que el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio

de crecida,

desnudo casi bajo las agujas del cielo?



Qué haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo

del que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde "la división",

despedido del "espíritu", él, que sostiene oscuramente sus juegos

con el pan que él amasa y que debe recibir a veces

en un insulto de piedra?



Habéis pensado, mis amigos,

que es una red de sangre la que os salva del vacío,

en el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,

esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,

a no ser una escritura de vidrio?



Oh, yo sé que buscáis desde el principio el secreto de la tierra,

y que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto...

Y sé que a veces halláis la melodía más difícil

que duerme en aquellos que mueren de silencio,

corridos por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento...



Pero cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía

igual que en un capullo...

No olvidéis que la poesía,

si la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,

es asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,

cruzada o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin

y tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor...



JUAN L. ORTIZ, De las raíces y del cielo, 1958.

lunes, 19 de mayo de 2008

Cine del milenio: Le fils


Por Sasha Strougatski

Al principio de El hijo (Le fils, Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, Bélgica, 2002) vemos a Olivier, un hombre de unos cuarenta y pico de años, de anteojos, enfundado en un mameluco azul y encorsetado. Anteojos, mameluco y corset hacen de su cuerpo un bloque que se mueve de manera brusca por los pasillos de un establecimiento. Bruscos son también los movimientos de la cámara que lo sigue. Y aquí el verbo está empleado en su sentido más literal. La cámara de los Dardenne va siguiendo a Olivier apenas unos pasos detrás, lo que nos obliga a ver casi siempre su nuca; es decir: lo que nos impide detenernos a observar el rostro de Olivier para descubrir los motivos de su extraño comportamiento. Pronto sabremos que Olivier espía obsesivamente a Martin, un joven de unos 17 años que asiste a una escuela de carpintería en la que Olivier es instructor. Como el planteo cinematográfico de los Dardenne es muy riguroso, nunca a lo largo de todo el film abandona el seguimiento de Olivier, lo que nos produce una extraña inquietud, como si de pronto advitiéramos que el cine está destinado a fracasar cuando intentamos comprender a un personaje por sus movimientos exteriores. El arte de los Dardenne es admirable no tanto por aferrarse de modo obcecado a este punto de vista, sino porque esa insistencia nos permitirá, llegado el caso, ser contemporáneos de una revelación extraordinaria.

No conviene contar casi nada de lo que esa cámara desasosegada nos va a ir revelando paso a paso. Olivier y Francis saben cada uno de ellos sólo una parte acerca del vínculo que los une. El espectador sabe casi siempre aún menos que ambos. El film es el proceso en el que todos -Olivier, Francis y nosotros- iremos aprendiendo, cada uno lo suyo. El hecho de que Olivier sea el severo instructor de carpintería de este grupo de jóvenes entre los que está Francis trasmite al film una ética del aprendizaje serio y humilde. El trabajo con la madera, la forma en que las manos humanas dialogan con la resistencia, las rugosidades y la pesantez de la materia, tiene una cualidad física que impregna a la obra (como si el film mismo oliera a madera). Sobre esa fisicidad los Dardenne enhebran un sentido metafísico y finalmente religioso (en esto son aprendices aplicados de Robert Bresson).

En muchas películas los personajes saben un secreto que al ser revelado nos produce sorpresa. En otras, el espectador se da cuenta de algo antes que los personajes (el típico ejemplo de Hitchcock donde vemos una bomba a punto de estallar mientras los personajes conversan de temas triviales), lo que nos sumerge en un angustioso suspenso. En El hijo no hay nada de eso, porque lo que está por verse (no encuentro otra expresión más precisa para describir el estilo cinematográfico de los Dardenne) es algo que permanece en la incertidumbre. Ni sorpresa ni suspenso: es el misterio de la libertad humana a la que ni Dios puede anticiparse.



El punto de vista del film se sitúa en el estricto presente en el que las cosas están a punto de ocurrir (o mejor dicho: en el instante en el que las decisiones se van a tomar). Lo que están por hacer Olivier y Francis es filmado en presente continuo (lo mismo podría decirse de los protagonistas de La promesa y Rosetta, los dos films anteriores de los Dardenne). En el depósito Olivier está pensando, lo mira a Francis mientras este examina las maderas, va a decirle algo, se lo dice, le dice... Se trata de una concentración de la atención máxima y a la vez precaria, porque lo que ellos están a punto de hacer ocurre en un instante fugaz pero tiene un peso infinito. La mirada de los Dardenne no acomoda la cámara para que en una posición se vean prolijamente los movimientos y reacciones de los actores, sino que corre desesperada tras ellos. Para eso, cuenta con unos "modelos" (según la terminología bressoniana) difíciles de olvidar: Olivier (Olivier Gourmet) y Francis (Morgan Marinne) no son grandes actores, sino presencias poderosas: hay momentos en que no hacen nada o hacen algo trivial, como comer un sandwich o llevar unas tablas, pero la vibración que se produce entre ellos alcanzaría para alimentar de energía eléctrica a diez ciudades como Buenos Aires.

domingo, 18 de mayo de 2008

Abbey Road

Por Candelaria Naveyra

Los auriculares enormes están ahí, colocados sobre su cabeza, otra vez. Ella nunca ha visto otros como esos antes. Él le dijo que al ser más grandes producen mejor calidad de sonido. El equipo de música también es distinto, plateado, más grande, con muchos botones, varias palancas y un visor donde una agujita de plástico baila con las canciones. Los parlantes separados y ubicados en lugares estratégicos del living. El tocadiscos, brillante y negro, con tapa transparente y la púa protegida en una cajita especial.

Desde que él le contó acerca de esos discos, el rojo y el azul, y ella los miró, y los fue apoyando uno a uno sobre la bandeja, y empezaron a girar, ella no dejó de sentir su atracción y deseó escucharlos una y otra vez. Giran giran giran giran giran.

Ella se aprende el final de los versos, reconoce pocas palabras, ya que no sabe el idioma. Por eso reproduce las vocales y encuentra las rimas. Él le traduce algunas partes – se cansa un poco de sus preguntas –, las que considera más importantes. Las otras no porque no tienen sentido. ¡Decilo igual! Ella se queda con lo que le suena a propio. “Sitting on a cornflake”, “Semolina pilchard” y luego “Gu gu gu yub, gu gu gu yub” o algo así.

Se queda horas tirada sobre una alfombra que el tiempo ha cambiado de color y los auriculares le cantan. Se va al interior de esa foto donde mucha gente se agolpa detrás de una reja algo oxidada. Hay de todo: señoras mayores con anteojos, hombres maduros, pero sobre todo, jóvenes. Chicas con suéteres ajustados y minifaldas y cabellos largos y sueltos. Adolescentes sonrientes y niños, varios niños. También están ellos. El primero, más cerca de la reja, se agarra a ella como queriendo elevarse para ver más arriba y más lejos. Mira hacia el otro lado, por detrás de la cámara, a un costado. El segundo enfrenta al fotógrafo y le sostiene la mirada. El tercero, un poco más adelante pero disimulado entre la gente, de traje claro. Y el último, de bigote, agachado junto a un niño, casi no se ve. Uno lo advierte solamente porque lo busca. Porque uno sabe que son cuatro. No sabe por qué, pero desea lo imposible: haber estado allí. Tiene la rara sensación de que seguramente ese día fue lindo.

¿Qué tienen de especiales? Según lo que se ve ahí, “1968, St. Pancras Churchyard” dice al pie (tiene casi veinte años la foto, ella hace la cuenta), nada. Según lo que escucha desde hace pocos días, mucho. No puede parar de hacer volver la pata del tocadiscos para que empiece todo otra vez.

Las letras de las canciones están en los envoltorios individuales de los discos, rojos en el rojo, azules en el azul. Ella las sigue de a ratos, descubriendo algo que le interesa pero se pierde y finalmente no importa. Compara las tapas. En una se ve a los integrantes del grupo en un balcón de un edificio que posee infinitos balcones iguales hacia arriba. En color sepia, todos vestidos igual, muy sonrientes, miran hacia abajo. En la otra, la misma foto pero diferente. En colores, los cuatro están bastante cambiados: usan otros trajes, las sonrisas no son tan felices, juegan a reproducir la fotografía más vieja. Han pasado casi diez años entre una y otra.

El disco rojo le gusta, le resulta alegre y sus pies zapatean involuntariamente siguiendo el ritmo cuando lo escucha. El azul la fascina. No sabe qué tiene, solo cierra los ojos allí tirada y canturrea tímidamente las partes que ha logrado memorizar. En general nadie la molesta.


Mamá viene a buscarla para cenar. Hace calor y ellos tienen ganas de ir a acostarse y estar solos. Es tarde. A regañadientes deja los auriculares, apaga el equipo y se promete volver en cuanto pueda.

Han pasado - ¿cuánto? – cuatro horas como mínimo desde la cena. No se escucha ningún ruido, por lo tanto deben haberse dormido ya. Mamá y él están en la habitación. Tienen la puerta cerrada. Seguro que ya ha pasado la medianoche. No debe hacer ni un sonido que los alerte. No pueden darse cuenta. Es mejor cuando uno sabe que está totalmente solo.

Que él le haya dado permiso para usar el equipo (que es difícil de manejar para los chicos, que es muy caro, que hay que cuidarlo mucho, que hay que cubrir la púa cuando no se usa, que los discos no deben rayarse, que hay que envolverlos bien, que se guardan parados uno al lado del otro, no acostados, que están ordenados de una manera especial, que…) casi le perdona estar siempre ahí, en el medio, tener que vivir en su casa porque en verano el departamento se alquila para que mamá pueda ahorrar, aguantar a sus hijos varones que la cargan y le rompen las muñecas, estar en esa casa que a ella no le gusta porque está lejos de la casa de su amiga, de la playa, de su prima, de su abuela, de su calle y su vereda en la que sí se puede patinar.

Según dice él, gran parte de las canciones de esos cuatro fueron escritas por dos, pero más que nada, por uno de ellos, el de lentes. Más que el equipo de música son los rostros y las canciones los que borraron todo eso que la puso de mal humor y callada al principio del verano. Son cosas que no puede decir porque no sabe cómo. Pero de repente siente que el mundo es suyo otra vez.
Pasada la medianoche, entonces, no importa que ellos estén juntos y ella sola. ¡Mejor! Baja de la cama; descalza y en puntas de pie llega hasta la puerta. ¡Por fin! Ya no aguantaba más la espera a oscuras en la húmeda habitación sin terminar. Debe ser cuidadosa porque Daisy puede ladrar si escucha algo extraño. Lo más difícil es abrir la puerta. Chilla siempre; pero esta vez la ha estudiado y sabe cómo hacer. Baja el picaporte con suavidad. Ahora hay que levantar un poco la puerta para que no arrastre y empujar despacio hacia delante. Con unos centímetros alcanza para pasar. Ahí está. Solo unos metros más por el pasillo y ya está en el living.

Daisy no escuchó nada. Todo está en silencio.

¿Cuál era la palanquita de ON-OFF? La de la izquierda. La otra es la que sirve para elegir si escuchás radio o discos. Pero tuvo la prudencia de dejarla donde la necesita. Ahora debe levantar la tapa del tocadiscos. Eso sí que es peligroso, no se ve nada y los pequeños ruidos se agrandan en la quietud de la casa. Le parece que es igual que en el cine: cuando uno quiere desenvolver un caramelo sin molestar es cuando más bochinche mete. Bien. El disco. Las pequeñas luces del equipo iluminan mal el estante. Saca algunos, los da vuelta para ver mejor y al fin lo encuentra. El azul. ¿El primero o el segundo? Los escuchará en orden. ¿De qué lado está? No está segura pero cree que ahí dice lado uno. No va a cerrar la tapa para no tener que abrirla de nuevo. Antes de apoyar la púa sobre el disco, palpa la cara del equipo buscando: hay que conectar primero los auriculares. Si no, estará perdida.

Ya está. Ahora, la púa. Qué bien. Cornetas, trompetas y fanfarrias comienzan… la primera canción no es como las que ha escuchado en la radio o como las de los casetes que le compró su mamá. Sabe que habla de frutillas. Hace mucho, en la casa del pueblo, su abuela tenía plantas de frutillas y peras y mandarinas y limones. ¡Cómo le gustaba ese patio! Tenía una hamaca y un gato y en verano una pileta de plástico.

Acostada boca arriba, los brazos bajo la nuca, las piernas dobladas, de a ratos una sobre la otra. Hay que acordarse de no cantar en voz alta. Por más que venga la canción más linda. Solo hay que seguirla mentalmente. ¿Cuál es la que más le gusta? Van pasando y no puede decidirse.
Terminó el primer lado y tiene que darlo vuelta. Con cautela lo hace y vuelve a acomodarse. Se ha cansado de mirar el techo oscuro, de intentar descubrir los objetos parcialmente conocidos a su alrededor. Por eso cierra los ojos. Mañana van a ir a la playa porque es domingo y mamá no trabaja. Lástima que también vayan él y sus hijos. Los párpados le pesan y pierde la concentración.

Mamá la levanta con dificultad. Ha apagado el equipo y le ha sacado los auriculares.

- Hija, vamos, es hora de levantarse. ¿Qué hacías acá tirada? Andá a lavarte la cara y los dientes, que desayunamos y nos vamos a pasar el día a la playa. ¡Vamos, vamos!

Él está ahí nomás. Prepara el nesquik frío y busca algo en la heladera. Cuando ella pasa, él le sonríe. Es bastante simpático.

sábado, 17 de mayo de 2008

A la primera persona

Primavera noctámbula, acrílico de Celia Ferreira



Yo te puedo contar cómo es una llama por dentro,
yo puedo decirte cuánto es que pesa su fuego.

viernes, 16 de mayo de 2008

La escena

El trompo metálico

Por Martha Silva

Un panorama de obras que están en cartel en este momento y que pensamos que merecen verse:

En primera línea está: La paranoia de Rafael Spregelburd, la sexta parte de la denominada “Heptalogía de Hieronymus Bosch”. Si bien nada es comparable con presenciar las obras en un teatro, es muy interesante leer el texto recientemente publicado por la editorial Atuel. Allí también se encuentra un rico reportaje a Spregelburd, en el que brinda un panorama de las dificultades con que se topa un dramaturgo en la actualidad. La lectura del texto es recomendable dada la complejidad de la puesta, con muchos personajes situados en un mundo del futuro expresándose con términos extraños, con el ingenio tan frecuente en Spregelburd. Aún somos la única especie capaz de imaginar aquello que no ocurre, pero esa capacidad se estará extinguiendo en el futuro proyectado en La paranoia. La obra puede verse en una sala nueva para el teatro, la 25 de Mayo, ubicada en Villa Urquiza, Triunvirato 4440. Siguen en cartel Acasusso y Lúcido obras del mismo autor, que pueden verse en Andamio 90.

Continuando con la tendencia de los dramaturgos jóvenes a dirigir sus propias obras, el talentoso Santiago Gobernori nos ofrece un Biodrama en el Teatro Sarmiento: Deus ex Machina, historia de una familia argentina atravesada por la realidad económica. Estos acontecimientos se despliegan con un ritmo acelerado y desopilante que pone en juego el talento de los intérpretes.

De interés para el mundo vinculado al psicoanálisis es: El día que Nietzsche lloró, pieza de Irvin Yalon dirigida por Lía Jelín. Transcurre a fines del siglo XIX y muestra a un joven Sigmund Freud presenciando el encuentro conflictivo entre su maestro Breuer y el filósofo Nietzsche. Lo que ocurre nos deja claro las vinculaciones insoslayables entre psicoanálisis y filosofía.

El trompo metálico trata con solvencia poco frecuente otro tema arduo. La joven dramaturga Heidi Steinhard presenta el tema de una familia que educa a su hija adolescente con violencia, autoritarismo y mecanismos perversos (Teatro del Pueblo).


Finalmente, otra puesta presenta elaboraciones ficcionales de hechos y personajes reales: Las mujeres de los nazis, compuesta de tres obras breves de Héctor Levy-Daniel, dirigidas por el autor, Clara Pando y Laura Yusem. En ellas, el período del nazismo es mostrado desde el punto de vista de mujeres que tuvieron una relación estrecha con los dirigentes de dicho régimen: Magda Goebbels, esposa del Ministro de Propaganda; Irma Grese, ayudante de Mengele; y Geli Raubal, una sobrina de Hitler, con quien el tirano tuvo una relación amorosa que probablemente la condujo al suicidio (Patio de Actores, de la calle Lerma).

El Amante nos copia: dos tapas

Por Oscar A. Cuervo



















Lo hicimos por primera vez en el último número de PARTE DE GUERRA, en el 2002. Y lo adoptamos a partir del número 2 de LA OTRA: dos tapas que señalan dos posibles entradas a la revista, para que los kiosqueros puedan colgarla de ambos lados. El número 192 de EL AMANTE, que acaba de salir, nos ha copiado.





















La revista se puede empezar a leer por una tapa o por la otra y el sentido de las páginas se invierte en el interior de la revista: la página central es el fin de cada una de las dos mitades.





















Ya nos habían copiado otras revistas, como SUDESTADA y SOY ROCK. Ahora lo hace EL AMANTE, que usualmente se jacta de la originalidad de sus ideas. No podemos asegurar que LA OTRA sea la primera revista del mundo en adoptar este diseño: muy probablemente existan otros casos; quizá los de EL AMANTE digan que mucho antes que LA OTRA alguna revista lo hizo, para asegurar que no nos copiaron a nosotros sino a algún antecedente más ilustre. Sin embargo, para cualquier frecuentador de los kioscos porteños es notorio que LA OTRA emplea este recurso en forma sistemática desde hace un lustro. Seguramente no van a reconocerlo, pero nos han copiado. Ojalá en los próximos números también se pongan a pensar.

jueves, 15 de mayo de 2008

Reunión cumbre: Coiffeur y Juanito

COIFFEUR

Un beso nunca viene mal
y más si es en el placard
después nos olvidamos
de todo lo que pasó
Podríamos acurrucarnos
dormir la siesta abrazados
tomar una merienda
y andar en bici por Morón

Me siento tan estúpido
no sé qué es lo que pensás
yo sé que vos no te animás
me siento tan estúpido

No sé qué es lo que pensás
yo sé que vos no te animás....
me duele verte,
me encanta verte ee
me duele verte,
me encanta verte ....
(Amor On, Coiffeur)




Este domingo a la medianoche
en La otra.- radio,
FM La tribu, 88.7,





JUANITO

Jennifer y su auto mágico

Jennifer sale a bailar
quema sus lágrimas con sudor
Mueve su cuerpo
quiere cantar
una canción muy popular

Mueve su cuerpo
quiere cantar
una canción muy popular
una canción muy popular
una canción muy popular
una canción muy popular

portuñol
portugués
son idiomas al revés de lo que ves

Jenniffer escucha muy bien lo que tengo para contarte
abre bien tus orejas y prestame mucha atención
el pasto y las tortugas son verdes
los loros y las uvas son verdes
tus ojos y mis penas son verdes
tus mocos y mis mocos son verdes


miércoles, 14 de mayo de 2008

Mayo


(Conversación con José Miccio el 12 de mayo pasado en La otra.- radio)

Oscar Cuervo: Ustedes saben que nosotros somos un país europeo. Somos franceses que hablamos en español. Y además todos recordamos mayo del 68 con una sonrisa. Esto en realidad lo decía la semana pasada Alan Pauls en Radar, a propósito de los 40 años de aquella rebelión estudiantil. “¿Con qué otra puta época del Siglo de lo Real -se pregunta Alan- podemos decir lo que decimos de mayo del '68: que tenemos con ella una relación de alegría?”. Era una nota bastante interesante, no tanto porque uno se sintiera inmediatamente dispuesto a adherir, sino porque revelaba una posición de cierto sector de la cultura porteña. Por ejemplo, en un momento hablaba de “dos categorías vaguísimas, derecha e izquierda, que ya ni siquiera necesitamos saber qué son para que no nos interesen”. Una sensación de que despúés de “la alegría que nos produjo a todos mayo del 68” hay ciertas cosas que se habían caído, por ejemplo, esta distinción mediocre de derecha e izquierda. Inmediatamente este artículo provocó la reacción de un amigo nuestro, de Mar del Plata, colaborador de la revista La otra, también de nuestro blog, el marplatense José Miccio.

Willy Villalobos: ¿Se molestó?

OC: Se molestó por pensar sobre la nota y por escribir. Y escribió un artículo bastante largo e interesante, que inmediatamente subimos al blog, “Diez notas sobre el Mayo francés de Alan Pauls”. Así que hoy quisimos conversar con él. José, ¿estás ahí?

José Miccio: Sí, aquí estoy.

OA: Vos viste que tu nota generó algún debate en el blog.

JM: Sí, fue algo escrito un poco en caliente, y siempre es bueno ponerlo en discusión.

Corina Setton: ¿Y qué fue lo que te calentó?

JM: Me molestó un tono que yo identifico con muchos intelectuales argentinos y no solamente los del presente, sino que tiene larga data, yo lo llevaría hasta el siglo XIX, la generación del 80. Cuando el liberalismo argentino toma las riendas del estado, construye la nación, lo que significa básicamente liberar mano de obra y ganar tierra para la agro-exportación, construye allí todo un aparato teórico, por ejemplo esto que comentabas vos sobre la “europea Buenos Aires”, una tradición que es operante todavía. Tradición que en su forma ya catastrófica, porque ni siquiera se puede tomar en serio, dice Vargas Llosa en el texto que posteaste sobre “Borges y los piqueteros”.

OC: Sí, él retoma aquello de “Civilización o Barbarie” que lo personifica en la Argentina de Borges y la de los piqueteros.

JM: Sí, y lo más interesante del artículo es que dice que Borges trabajaba en una biblioteca que se llamaba Miguel Cané, lo que da bien la serie, ¿no? De Cané a Borges y de Borges a Vargas Llosa tenemos toda una línea directa.

OC: La cuestión es que a mí me pareció que tu nota estaba muy intencionalmente colocada en un contexto de cierto rebrote de estas tensiones políticas que atraviesan la historia argentina.

JM: Justamente en un momento donde con argumentos mejores o peores hay una re-politización de los discursos, Alan Pauls sale con un texto donde lo primero que hace es desechar categorías históricas como las de izquierda y derecha, como si fueran parte de una taxonomía superada. Me gustaría saber superada por qué o por qué razones, pero no dedica argumentos para eso, es más que nada una invectiva. Me parece significativo que venga de un tipo al que yo, por otra parte, respeto mucho y admiro. Por ejemplo, él tiene un ensayo sobre la literatura de Manuel Puig que es brillante, pero, claro, nunca había hablado de política. Yo intenté dispersar por el texto algunos comentarios elogiosos sobre su carrera intelectual como para que no sonara todo demasiado violento.


OA: Pero viste que enerva mucho hoy en día decir... sobre todo “derecha”, porque “izquierda" es una palabra que todavía se admite ser dicha con desprecio, “esos señores de la izquierda...”. Yo te digo, porque me meto un poco masoquistamente en las discusiones de algunos blogs, como Pan Rayado, de Tomás Abraham, en La lectora provisoria ya no, porque creo que ya no hay ninguna discusión para dar con Quintín. Decís por ejemplo “la derecha” y te saltan encima con “¡pero vos qué sos, sos un setentista, sos un retrógrado, mediocre...”. Se enojan muchísimo.

JM: Sí, pero a la vez esos discursos necesitan una especie de monigote de izquierda, postulan una especie de tipo ideal del izquierdista “progre” al cual castigar con un desprecio bastante pronunciado como el que Pauls escupe en su pequeño ensayo. Porque no les gusta la derecha pero necesitan un personaje de izquierda como para que su discurso superado sea efectivo, ¿no?

WV: ¿A vos por qué se te ocurre que irrita de esa manera?

OC: A mí me parece que es una derecha que no quiere que la llamen por su propio nombre. Tienen una cierta idealización de su propia posición, se sienten después de no sé qué, como que ya aquello otro pasó y ellos están un paso más adelante. Y me parece que el resurgimiento de estos conflictos que estuvieron siempre en la Argentina a ellos los enoja un poco, porque se soñaban... no sé si se compraron el verso del primer mundo del menemismo o del fin de la historia de Fukuyama. Y cuando se dan cuenta de que estamos más o menos en la misma, ahí se enojan. A todos nos sorprende un poco también esta repolitización de la sociedad argentina, todos pensábamos que ya la política había pasado, y que ahora sólo era cuestión de mercado, de gestión, como un triunfo del liberalismo, ese que proclamaba Fukuyama, a fines de los años 80: “bueno, la Historia ya se terminó, ahora todo lo que queda es el mercado”. Pero ni a Pauls, ni a Quintín ni a Tomás Abraham les gusta definirse como defensores de un liberalismo clásico. Hoy en el programa de Grondona había un corresponsal de The Economist, un tipo joven que hacía un análisis de la actualidad argentina. Y el tipo decía que la línea de su publicación era fiel a los lineamientos del liberalismo del siglo XIX de John Stuart Mill. Lo que pasa es que estos se venden como “lo nuevo”, cuando en realidad piensan con categorías que son pre-marxistas.

JM: Pero si vos le preguntás a Pauls, él va a tener un discurso claramente anti Fukuyama, Pauls no es un seguidor de los ideólogos del liberalismo, sino de cierta crítica que surge por los años 50 en Europa, que se asume como superadora del marxismo, a partir de aquello que el marxismo nos impedía pensar: Pauls es deleuziano, es foucaultiano. Desde ese punto de vista su lugar de enunciación es más complejo, más difícil de capturar también, porque tiene un prestigio académico que lo hace más firme y menos atacable.

OC: Un lugar de prestigio, no sé si de firmeza filosófica.

JM: Exacto, pero que es dominante en el pensamiento político desde hace unos años, acá en la Argentina no tiene más que veintipico de años, porque es con la democracia que se instala, un pensamiento post-marxista. Y muy legítimo, en algún sentido: Foucault es un pensador extraordinario, ha hecho un trabajo intelectual que a mí me apabulla, me fascina leerlo. Pero a la vez ese discurso ha logrado una posición académica que se ha convertido en algo hegemónico.

OC: Una cosa que yo no tengo para nada clara y que trataba de preguntarte en el blog: esta vuelta a un liberalismo clásico, ¿a vos te parece que está en los propios Foucault y Deleuze?


JM: Yo no creo, no. Vos comentaste que esos libros eran hijos de una crisis de la modernidad, ¿no? Y yo también pienso que es así. No me parece legítimo decir que son neo-liberales. Creo que inauguraron un piso discursivo en el cual muchas reivindicaciones legítimas encontraron lugar, sobre todo reivindicaciones de minorías. Y creo que esas reivindicaciones entraron en un conflicto radical y ya a esta altura inamigable con la militancia tradicional de izquierda. Pero yo leo a Marx hoy, o leo a Sartre, y son dos personajes todavía fuera de la dominante, no solo en los ámbitos académicos, sino también en la divulgación. Y a mí todavía me interpelan. Por eso me llama la atención que nos hayamos desecho de categorías que me parecen todavía pertinentes, sin ponernos a pensar por qué nos hemos desecho de ellas.

OC: Sí, de todas maneras, la realidad nos insiste, ¿no?

CS: Igual, como vos también le dijiste el otro día a Tomás Abraham: “tantos años de leer a Foucault nos llevaron a...”. Porque no por leer muchos años a Foucault eso significa que se lo encarne.

OC: Bueno, claro, eso también se puede aplicar a tantos que se piensan marxistas y que no han hecho buen uso de esas lecturas, o a los que leen a Nietzsche o tantos otros... Leer mucho a un autor no es garantía de nada. A mí lo que más me impacta de estos lectores de Foucault o de Deleuze es que, puestos a opinar políticamente, sean tan parecidos a cualquier gorila vernáculo. Cuesta mucho diferenciarlos. Y uso intencionadamente la palabra “gorila”, que es una palabra interdicta, porque te pone inmediatamente en el campo de D'elía y de la patota. Pero me parece que es así, porque no encontré una palabra mejor todavía.

JM: A mí el otro motivo de enojo, o de cosquilleo que me produjo la lectura del artículo de Pauls es esa constante salida respecto de todo aquello que él describe. Es tan trascendente Pauls respecto de todo lo que dice que uno se pregunta desde dónde habla. Determina categorías de las que no forma parte, juega con las atribuciones del discurso, habla en primera persona irónicamente cuando tienen que hablar otros, o retoma una primera persona muy acotada, que sería la de la elite intelectual a la que pertenece, cuando tiene que hacer otras cosas. Pero su compromiso con el mayo francés, que me parece muy evidente en el texto, se reduce finalmente a esta cuestión de la alegría. Parece que para Pauls el mayo francés es algo sencillo, porque le permite politizar su discurso, cosa que no hace nunca, sin tener que mancharse con nada. Mayo es básicamente una fiesta, un período de recreo, un carnaval.

OC: Ningún conflicto que nos implique a nosotros en este momento.

JM: Ni en este momento ni en nuestra relación con la historia. Un pasado que no te permite tomar partido por ninguna posición que te genere algún conflicto. Me parece que es solamente una confesión de amor. Mayo me dio la alegría, unos cuantos pensadores que me sirvieron...

OC: ...y algunas películas.

martes, 13 de mayo de 2008

La otra 18: Ketil Bjornstad







Por Diego Menegazzi
Escasamente conocida en nuestro país, la obra del pianista y compositor noruego Ketil Bjornstad es una de las más interesantes de la actualidad. Con discos notables como The Sea, Epigraphs, Grace o The Nest, Bjornstad desafía las categorías musicales con una sabia amalgama de jazz, rock avant-garde y música clásica contemporánea.



Bjornstad es una figura única en el arte de su país. Pianista y compositor, ha grabado más de treinta discos desde 1973.Además de su carrera musical, ha incursionado en el terreno literario, publicando numerosas novelas, ensayos y libros de poesía.



Desde el 2000 Ketil Bjornstad viene editando sus últimos discos en el sello Universal, que incluyen composiciones para piano solo, grabaciones en vivo con distintos grupos de jazz y obras sobre textos literarios en donde incorpora la voz humana. Discos como Bach variations (2001), Before the Light (2002), Grace (2002), The Nest (2003), Seafarer´s song (2004), Floating (2005), “The Rainbow Sessions” (2006) o “Devotions” (2007), son el testimonio de la constante evolución de su música, cada vez más rica en matices. (La nota completa sobre Bjornstad en LA OTRA 18; las fotografías son exclusivas del blog.)



(Fotografías: Willy Villalobos, Cabo Polonio, 2008)

lunes, 12 de mayo de 2008

Escarapela


(Fragmento de la Carta Abierta "No toquen la escarapela. Dejen a la patria tranquila" de Orlando Barone en radio Continental. Aquí la versión completa).

El Gobierno debería descender de las nubes o de los cerros de Úbeda. Salir del soliloquio que onaniza su discurso, y aterrizar aunque sea en Caballito. Pero los del agro bájense un rato del caballo. Exhiban en la televisión las escrituras de los terrenitos que poseen. Muéstrenles a los argentinos pobres el margen de ganancia que tienen. Declaren a los movileros cuántas hectáreas poseen sus chacritas y cuánto vale cada una.

Y si quieren ponerse una escarapela como grupo rebelde no usen la de Argentina. Pónganse una escarapela con una cabeza de novillo o con una plantita de soja.

domingo, 11 de mayo de 2008

Muchísima gente vs. algunos provocadores


Por Oscar A. Cuervo

A las 20:00 hs. en punto TN comienza la transmisión en directo del cacerolazo anunciado por la gente de De Angelis en Gualeguaychú. “Hay muchísima gente” dice el movilero, aunque las cámaras no muestran más que un centenar. El relator dice “este cacerolazo se hace extensivo a otros lugares del país”. El periodista le pregunta a De Angelis acerca de los respaldos que recibe de todo el país: “Todo el mundo me respalda. Es un movimiento que se ha creado.” Ante la multitud de 100 personas que lo aclaman, De Angelis dice “a esta gente no la trajimos en micros, cada uno de ellos vino solo”.

Hoy a la tarde Ruben Manusovich, presidente de Fedecámaras, fue agredido por la gente de De Angelis. Manusovich y la titular de la agrupación Madres por la Vivienda, Rosa Morales, habían llegado al mediodía al kilómetro 53 de la ruta 14, para pedirle a los productores rurales "que dejen transitar a los camiones". Cuando los seguidores de De Angelis lo vieron, comenzaron a insultarlo, después pasaron a tirarle agua y luego empezaron los empujones y los golpes, por lo que personal de Gendarmería debió rescatarlo del tumulto y llevarlo hasta un móvil de la fuerza.

En TN no se ven las escenas de los golpes a Manusovich; en cambio, el locutor dice que a la tarde se “ha producido un incidente y Manusovich no fue bien recibido; eso derivó en que la Gendarmería formara un cordón para proteger a Manusovich”. Cuando le preguntan a De Angelis, dice: “que esta gente no venga a dialogar, no queremos dialogar nada con ellos. Yo me pregunto -dice De Angelis- de dónde sacaron la plata para hacer tantos kilómetros para venir hasta aquí” y remata, con simpatico gracejo campesino: "venían por la lana y se fueron esquilados".

El presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, ratificó su disposición a continuar con el paro si el Gobierno sigue imponiendo las condiciones con "el autoritarismo". Envalentonado por el aliento de los medios que amplifican continuamente cada expresión de su sector, Buzzi dijo ayer “que nadie crea que este reclamo del campo se agota en el tema de las retenciones. Es una pueblada agraria federal, por un modelo distinto de país.”

El vicepresidente segundo de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Ricardo Buryaile, advirtió hoy que la dirigencia del campo no se sienta "más a negociar porque el Gobierno sabe lo que necesita el sector para levantar el paro". También aseguró que cualquier intento de generar hechos de violencia con presencia de infiltrados en las protestas de ruralistas "va a ser segregado por los genuinos productores", tras remarcar que "el ánimo del productor no es belicoso, no quiere producir disturbios". Pero, agrega: "Todos los argentinos estamos con dudas de cómo sigue esto y hasta dónde aguanta el país esta situación."

Liverpool (Monólogo de Farrell)


A Lisandro Alonso
que nos permite imaginar


El mar es siempre igual donde se mire.
Nos alejamos de la costa,
volvemos a la costa.
Y ésta es línea imaginaria
cuando no hay más línea que el horizonte
borrado por la sal.
Es solo línea. Una idea que se olvida
bajo el camarote o en la sala de máquinas
o en la botella de alcohol.
Sé que ahora regreso a un puerto que fue puerta
de salida de un casa en medio de la nieve.
Farrell, me llamo.
Un marino extranjero me dijo que mi nombre
en inglés se parece a la palabra adiós.
A Dios nada le debo porque en el frío
-cuando era niño ya hosco entre talares-
lo perdí pensando en la idea del mar.
¿Habrá dios que me reconozca cuando llegue?
No lo creo. Mi madre –si es que vive- estará vieja,
y la niña cuyo nombre olvidé –como el lugar
donde saliera- no sabrá reconocerme como padre.
Vuelvo porque hay un peso oculto, allá,
entre la nieve de ese sur sin nombre.
Un peso blanco como sal.
Farrell, me llamo, les diré cuando regrese.
A modo, menos de saludo
que de confirmación.


Alejandro Ricagno
Mayo 2008

sábado, 10 de mayo de 2008

Back to black



Sin tiempo de arrepentirse,
con su pija todavía húmeda
él volvió a apostar a lo seguro.
Yo y mi cabeza volada,
y mis lágrimas secas,
me quedé sin mi hombre.

Vos volviste a lo que conocías,
tan lejos de lo que vivimos,
yo voy por un camino atribulado,
mis asuntos atascados,
voy a volver al negro.

Apenas nos despedimos con palabras,
y yo morí cien veces,
vos volviste con ella,
y yo de vuelta a
y yo de vuelta a

nosotros

Te quiero tanto
pero eso no es suficiente,
a vos te encanta soplar y a mi aspirar,
la vida es como un tubo
y yo una monedita que rueda por su interior.

Apenas nos despedimos con palabras
yo morí cien veces,
vos volviste con ella...
y yo de vuelta a
y yo de vuelta a

al negro.

Amy Winehouse (más sobre ella en LA OTRA 18)

viernes, 9 de mayo de 2008

Marcas en la piel

Fotos: Patologías Culturales

Por Maximiliano Diomedi
Este domingo a la medianoche en La otra.- radio (FM La Tribu, 88.7, http://www.fmlatribu.com/) vamos a estar hablando del viaje que realizamos con el equipo de Patologías Culturales a Misiones- Chaco- Corrientes y Formosa hace unas semanas. Un viaje del que trajimos 40 entrevistas más o menos, 30 horas de grabación, fotos y muchas experiencias.

Misiones, Corrientes, Chaco y Formosa. Cada una con sus particularidades encierra misterios que no son descifrables en 15 o 16 días de recorrido ni en un mes. Pero ir a su encuentro ya vale la pena. No es un recorrido turístico, nada más lejos. Es un encuentro fugaz con la historia de cada ciudad y sus alrededores, de cada pueblo, de cada comunidad aborigen y de cada persona que se cruza en el camino. La historia y el presente. Los paisajes hablan por sí solos, sólo hay que contemplarlos o -en su defecto- caminarlos. Los artistas hablan de esos paisajes, de la historia y del presente. O mejor: el paisaje, la historia y el presente se manifiestan a través de la obra de esos artistas. Cada pedazo de historia ha dejado sus marcas en la piel de las provincias y sus pobladores. Y eso se nota.

jueves, 8 de mayo de 2008

Blancos y negros

(Foto: Sara Facio, Funerales del Presidente Perón, 1974)

Borges y los piqueteros

Por Mario Vargas Llosa (para el diario español EL PAÍS)

Argentina renuncia poco a poco a todo lo que hizo de ella un país del primer mundo para, obnubilada por el populismo, la dictadura y la demagogia, empobrecerse, dividirse y ensangrentarse.

La biblioteca "Miguel Cané", en el barrio bonaerense de Boedo, es un modesto local de techos altos y viejos anaqueles y pupitres de lectura, que se ha convertido en un sitio de peregrinación cultural para todo visitante más o menos alfabeto que llega a Buenos Aires. Porque aquí trabajó Jorge Luis Borges nueve años, de 1937 a 1946, como humilde auxiliar de bibliotecario, registrando y clasificando libros en un estrecho cuartito sin ventanas del segundo piso, donde ahora se exhiben, en una vitrina, las primeras ediciones de algunos de sus libros.

No hace mucho pasó por aquí el escritor inglés Julian Barnes y dejó estampada su admiración por el autor de Ficciones. Siento de pronto emoción imaginando aquellos años oscuros de ese auxiliar de biblioteca que, según la leyenda, en la hora de tranvía que le tomaba ir y venir de su casa a su trabajo, se enseñó a sí mismo el italiano, y leyó y poco menos que memorizó La Divina Comedia, de Dante. Además, claro, de darse tiempo para escribir los cuentos de su primera obra maestra, Ficciones (1944).

Borges es una las cosas más notables que le ha pasado a la Argentina, a la lengua española, a la literatura, en el siglo veinte. Y es seguro que esa particular forma de genialidad que fue la suya -por lo excéntrico de sus curiosidades, su oceánica cultura literaria, lo universal de su visión y la lucidez de su prosa- hubiera sido imposible sin el entorno social y cultural de Buenos Aires, probablemente la ciudad más literaria del mundo, junto con París. Ambas capitales tienen encima, como segunda piel, una envoltura literaria de mitos, leyendas, fantasías, anécdotas, imágenes, que remiten a cuentos, poemas, novelas y autores y dan una dimensión entre fantástica y libresca a todo lo que contienen: cosas, casas, barrios, calles y personas.

Mucho de aquella Argentina de lectores voraces y universales, de cosmopolitas frenéticos y políglotas desmesurados, está todavía presente en la desfalleciente Buenos Aires a la que vuelvo luego de algunos años: en sus espléndidas librerías de Florida y Corrientes abiertas hasta altas horas de la noche, en sus cafés literarios donde se cocinaron grandes polémicas estéticas y políticas, y cuajaron esas revistas culturales que circulaban por toda América Latina como ventanas que nos descubrían a los latinoamericanos todo lo importante que en materia artística y literaria ocurría en el resto del mundo. Las paredes del Café Margot están llenas de inscripciones, fotos y recuerdos de los ilustres escribidores, músicos y pintores que se sentaron, bebieron y discutieron hasta altas horas en estas mesitas frágiles y apretadas donde, con un grupo de amigos, recordamos algunas glorias extintas: Victoria Ocampo, María Rosa Oliver, José Bianco. En un rincón del célebre Café Tortoni hay una mesa con un Borges de tamaño natural, hecho de papier-maché.

Pero es sobre todo en ciertas personas donde aquella tradición civil e intelectual está aún viva y coleando: después de muchos años tengo la alegría de ver al ensayista y filósofo Juan José Sebreli y unos pocos minutos de conversación me bastan para comprobar, de nuevo, la solidez y vastedad de su información filosófica, la desenvoltura con que se mueve por los mundos de la historia, las ideas políticas y la literatura. Como muchos argentinos que he conocido, me da la impresión de haber leído todos los libros.

Borges fue destituido de su empleo en la biblioteca "Miguel Cané" por el gobierno de Perón, en 1946, y degradado, por su anti-peronismo, a la condición de inspector municipal de aves y gallineros. El hecho es todo un símbolo del proceso de barbarización política que latinoamericanizaría a Argentina y revelaría a los argentinos al cabo de los años que, en verdad, no eran lo que muchos de ellos creían ser -ciudadanos de un país europeo, culto, civilizado y democrático, enclavado por accidente en Sudamérica- sino, ay, nada más que otra nación del tercer mundo subdesarrollado e incivil.

La involución del país más próspero y mejor educado de América Latina -una de las primeras sociedades en el mundo que gracias a un admirable sistema educativo derrotó al analfabetismo- a su condición actual, es una historia que está por escribirse. Cuando alguien la escriba, lo que saldrá a la luz tendrá la apariencia de una ficción borgiana: una nación entera que, poco a poco, renuncia a todo lo que hizo de ella un país del primer mundo -la democracia, la economía de mercado, su integración al resto del globo, las instituciones civiles, la cultura de brazos abiertos- para, obnubilada por el populismo, la demagogia, el autoritarismo, la dictadura y el delirio mesiánico, empobrecerse, dividirse, ensangrentarse, provincianizarse, y, en resumidas cuentas, pasar de Jorge Luis Borges a los piqueteros.

Son emblema de la otra Argentina, la que rechazó el camino de la civilización y optó resueltamente por la barbarie. En sus orígenes eran, al parecer, desempleados y marginales que salían a reclamar atención y trabajo de un poder que los ignoraba, de un mundo oficial sin alma, que daba la espalda a los más necesitados. Ahora, más bien, son las fuerzas de choque del poder político. Antenoche han salido con sus bombos y sus garrotes a enfrentarse a los simpatizantes de los agricultores que protestan en la Plaza de Mayo por los nuevos impuestos decretados por el gobierno de Cristina Kirchner para los productos agrícolas. Y, en efecto, los dispersan a palazos y a patadas, en nombre de la revolución.

¿Cuál revolución? La del odio. Lo explica muy bien el líder piquetero Luis D'Elía, afirmando que la culpa de esta movilización de agricultores contra el gobierno la tienen "los blancos". Añade que él "odia" a los blancos del Barrio Norte y quisiera "acabar" con todos ellos. Pregunto a mis amigos argentinos qué quiere decir el líder piquetero con aquello de "blancos". Porque, por donde yo miro, en la Argentina, por más esfuerzos que hago, sólo veo blancos. ¿Quiere acabar, pues, el piquetero con 40 millones de sus compatriotas? No veo argentinos negros, ni cholos, ni indios, ni mulatos, salvo turistas o inmigrantes: ¿únicamente a ellos está dispuesto D'Elías a salvar de sus fantasías homicidas y racistas?



Unos días más tarde, tengo ocasión de inspeccionar muy de cerca a un par de centenares de piqueteros que emboscan el autobús que me lleva, de la Bolsa de Rosario al local del Instituto Libertad, que cumple 20 años, un aniversario que un buen número de liberales del mundo entero hemos venido a celebrar. Como quedamos inmovilizados por la joven hueste de don Luis D'Elías -o tal vez alguna peor, pues ésta es sólo ultra, y en la Argentina hay ultra-ultra y más- entre 10 y 15 minutos en la Plaza de la Cooperación, mientras ellos, imbuidos de la filosofía de aquel mentor, destrozan los cristales del autobús y lo abollan a palazos y pedradas y lo maculan con baldazos de pintura, tengo tiempo de estudiar de cerca las caras furibundas de nuestros atacantes. Son todos blanquísimos a más no poder. Mis compañeros y yo guardamos la compostura debida, pero no puedo dejar de preguntarme qué ocurrirá si, antes de que vengan a rescatarnos, los aguerridos piqueteros que nos apedrean lanzan adentro del ómnibus un cóctel molotov o consiguen abrir la puerta que ahora sacuden a su gusto. ¿Celebraré mis 72 años -porque hoy es mi cumpleaños- tratando de oponer mis flacas fuerzas a la apabullante furia de esta horda de salvajes? Cuando pasa todo aquello, la joven periodista ecuatoriana Gabriela Calderón -es tan menuda que consiguió encogerse debajo del asiento como una contorsionista- me pregunta muy en serio si estas cosas me ocurren en todas las ciudades que visito. Le respondo que no, que esto sólo me ha ocurrido en la queridísima ciudad de Rosario.

Lo es para mí, por los buenos recuerdos que guardo de ella, y porque es la tierra de mi amigo Gerardo Bongiovanni y de Mario Borgonovo, un publicista que, cuando se lanza a cantar tangos, hasta los ángeles del cielo bajan y los diablos del infierno suben a escucharlo. Gerardo fundó, con cuatro amigos, en 1988, la Fundación Libertad, para promover las ideas liberales en su país. 20 años después, el Instituto es un foco de pensamiento, de debates, de publicaciones, de seminarios y conferencias que entablan una batalla diaria por la modernidad, la tolerancia, el progreso, la democracia y la prosperidad contra quienes se empeñan en seguir retrocediendo a la Argentina hacia lo que Popper llamaba "la cultura de la tribu".

Durante los diálogos, mesas redondas y exposiciones de estos días, como en la mañana emocionante de mi visita a la biblioteca "Miguel Cané", de Boedo, me digo, esperanzado, que no todo está perdido, que todavía el fantasma de Borges podría despertar a la Argentina de la pesadilla de los piqueteros.