Cine y pensamiento







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jueves, 9 de febrero de 2012

Umbral

por José Miccio

Todavía no había escuchado a Spinetta cuando el rock empezó a decirme con claridad que ya nada sería igual que antes de su llegada. Fue mi hermano David el que me dijo que tenía que escucharlo. No era un consejo (mi hermano nunca escuchó música) sino un modo de molestarme: yo era fan de Charly García desde hacía unas semanas y David buscaba hacerme cargo de una falta imperdonable.

El rock me quemó pronto y cambió mi percepción del tiempo. Entonces, unas semanas era una eternidad. Es obvio, se trataba de lo intenso. Poco después, Spinetta toco gratis en Mar del Plata como parte de la campaña presidencial de Eduardo Angeloz. Fui al recital con la condición de regresar temprano a casa, así que si Spinetta tocaba tarde me lo perdería. Vi a Virus ya sin Federico. Luego subió Spinetta. Yo estaba lejos del escenario, no alcanzaba a distinguir demasiado y, medio apichonado, miraba a la gente tanto o más que a los músicos, sobre todo a un tipo que bailaba en cueros a unos metros de mí. Del recital de Virus no recuerdo nada. Del de Spinetta una sola cosa: terminó con “Lulú toma el taxi”, una canción reiterativa que recién podría volver a escuchar mucho tiempo después, porque en aquellos años dependía de la edición en casete y Spinettalandia era inconseguible, al igual que los simples de Invisible, Alma de diamante, el misterioso álbum en inglés y los dobles de Almendra, el de Obras en su regreso y el fenomenal de 1970, despedazado en compilaciones y maltratado también en su primera edición en CD, que no respeta el orden de los temas ni incluye los que fueron editados como simples o “tuvieron la intención de serlo” (las comillas indican el grado superlativo de la barbarie).

Como primer contacto, el show aquel fue bastante pobre. Al menos para mí, que me sentía obligado a ser testigo de la voladura de mi cabeza. Antes de volver a casa, igualmente, pasé por la disquería de San Martín y Entre Ríos y compré con la plata que tenía ahorrada un casete llamado Crónica, que compilaba canciones de Spinetta Jade (excepto de Alma de diamante), de Kamikaze y Mondo di Cromo. Eran alrededor de veinte, y la primera del lado A era “Contra todos los males de este mundo”. Me gustó mucho la canción, me gustó mucho el riff. Y recuerdo haber pensado que el antídoto sobre el que Spinetta canta debía ser forzosamente el amor, aunque la letra no lo dice ni lo sugiere.

La canción que me pareció más hermosa pertenecía también a Los niños que escriben en el cielo, y es mi primera experiencia de extrañamiento spinettiano. Puedo recordar todavía, más de 20 años después, cómo de raro me pareció escuchar la palabra “moras”, la frase “ombligo de piedra marcado” y la última nota de piano, y cómo de raro me pareció leer el título de la canción, con el paréntesis que reitera la última palabra. “No te busques ya en el umbral (umbral)” es mi escena primaria. Podría exagerar la claridad del recuerdo y mencionar rasgos circunstanciales, que estaba en la cama de mis viejos, que eran más o menos las diez de la noche, que pensé qué bello era eso que escuchaba. Es todo cierto.

Pero lo que todavía me sorprende es la persistencia del efecto Spinetta, como si no hubiera nada en mi vida que no contara con una inflexión nacida de su música. No me refiero a la idea de banda sonora, a una canción por episodio… siento la inestabilidad del mundo y suena “Parvas”, me obligo a una idea generosa de la historia y suena “Cantata de puentes amarillos”, amo y suena “Que ves el cielo” (o me voy de viaje y suena “Rutas argentinas”). Me refiero a algo más pegajoso y más inasible, a una cuestión sentimental que no puedo comprender bien y necesita otra imagen además de la habitación adolescente y el abandono del hogar, que son para mí las imágenes fundamentales de los relatos de rock y que Spinetta ya había enrarecido en dos canciones memorables del primer disco de Almendra, la de Ana y la de Laura.

Hace poco supe que “Umbral” decía “Manzano en la nada”. En tiempos del casete conseguir una letra no era sencillo. Los sobres no solían traerlas. Como tantos, pasé horas haciendo transcripciones, retrocediendo y adelantando la cinta, modificando el volumen, consultando revistas. Las imágenes que escribía Spinetta y su manera de modular eran un reto especial. Todo con él era así. Ahora pienso que también la dificultad de transcribir sus letras expresa una característica de su obra, tal vez una de las más importantes. Las palabras son muchas cosas para Spinetta, entre ellas un modo de cantarlas; por eso pueden descomponerse con facilidad en sonidos y cadencias tan singulares, desde “Ti ti ti ti ti” a “Cielo en blanco enorme”. La idea de Poeta del rock es un elogio equivocado, porque una letra es algo especial, irreductible a la transcripción, y la voz no es un accidente. Spinetta era ante todo un cantante, no un poeta. Es su voz la que realiza las palabras, es ella la que convierte “moras” en parte de la música, y es la música la que (no) sigue la melodía en el sorprendente final de “Umbral”.

En esta y en tantas otras canciones Spinetta suena frágil y dulce, como seráfico, pero es el más rocoso de los músicos. No hay obra tan resistente, tan poco permeable en el rock argentino. No es que sea difícil. Es sabia. Desde el primer disco de Almendra hasta Pelusón of milk Spinetta levantó una cordillera imponente. Después cada uno sabrá. Cuando a la tarde me enteré que había muerto me hice el adulto superado, vi una película como cualquier día y atendí a mi hermano Alejandro que me llamó para comentar alguna cosa sobre el Flaco pero sobre todo para probar el canal, para hacer contacto. Seguramente por pensar en esto me di cuenta hace un rato que no quería estar solo. Spinetta me dio una enorme cantidad de canciones extraordinarias y un gozo que existe solo en el arte. Quería compartir la pasión y agradecer.

8 comentarios:

Liliana dijo...

Gracias por compartir la pasión.

Oscar Cuervo dijo...

Una de las cosas que descubrí en estos días tristes del adiós a Spinetta es que su arte nos vinculó a los demás, nos hermanó. Encontré a mucha gente compartiendo sentimientos muy íntimos. Necesidad de compartirlos con otros. Paradójicamente, un artista que le habló a cada uno en su singularidad terminó por generar un sentimiento colectivo. Fue único y generó millones de lazos únicos. Y su partida nos llevó a reconocernos como parte de un "nosotros".

Martha dijo...

Cierto Oscar. Hermanó a la gente más diversa. Eso me asombró.
Y le han hecho homenajes a Spinetta gente de todas las franjas etarias.
Con respecto a la nota, acuerdo en lo que dice aunque creo que él era predominantemente poeta. A mí por lo menos es lo que me atrae más de él.

Saludo. Martha

José dijo...

Ayer necesitaba que me contaran historias biográficas. Quería saber quién le regaló a X un disco del Flaco, con quiéne escuchó Z Artaud, cosas así, que no suelen interesar más que al que las vivió y a sus íntimos. Necesitaba vínculos. Hoy igual. Cuéntense algo.

Oscar Cuervo dijo...

José: yo estaba escarbando en varias capas de memoria en busca de "mi primera vez spinetta". Y lo primero que se me ocurre es que hasta ahora nunca había pensado en tener que hacer memoria con Luis. Así que es un terreno bastante inexplorado e incierto. No tengo precisiones, y tengo varias primeras veces, según. La más vieja es infantil: creo haber escuchado Muchacha en un comercial de televisión, pero no estoy seguro si fue efectivamente esa canción o si era Natural de Tanguito. Después tengo mi primera vez con Spinetta artista en mi adolescencia, el primer recital de Spinetta que vi (Banda Spinetta, en un festival en el que tambièn tocó Nebbia y Antonio Agri (abucheado por el público rockero). Y también el primer y único autógrafo que pedí en toda mi vida. A Luis.
Pero también tengo mi último: Las Bandas Eternas, en una noche que ahora me despierta mucha melancolía.
En cambio, con Charly tengo una primerísima vez mucho más precisa, con muchos detalles.
En fin, si sigo haciendo mi arqueología en estos días, escribo más. Hablamos el domingo en la radio.

José dijo...

Gracias. Acá hay otra nota biográfica.

http://esculpiendo.blogspot.com/2012/02/mi-espiritu-se-fue.html?spref=fb

Santiago Segura dijo...

No soy de andar pegando por ahí las cosas que escribo, pero por lo que puso José se lo dejo:

http://lamusicaesdelaire.blogspot.com/2012/02/spinetta-siempre-estaras-en-mi.html

Estamos todos igual, es increíble.

Martha dijo...

eS QUE A MÍ NO ME GUSTABA NADA EL ROCK QUE EMPEZÓ A ENTRAR EN MI CASA DE fLORES, A CAUSA DE UNA PENSIONISTA, ADOLESCENTE BOCHINCHERA QUE SE TRAJO VARIOS DISCOS ENORMES, ENTRE LOS CUALES ESTABA EL DE sPINETTA, CON CARÁTULA DIBUJADA POR EL. aHI EMPECÉ A INTERESARME. lUEGO LA PROHIBICION DE LAS LETRAS EN INGLÉS POR EL TEMA MALVINAS, HIZO QUE SE DIFUNDIERA MAS. PERO YO SIEMPRE TUVE AL FLACO COMO UN CASO APARTE. UN POETA, LO MÁS!! MARTHA