Cadete






sábado, 28 de julio de 2012

No seas fanático

Todo sobre el Batman de Nolan en La otra.-radio


por Oscar Cuervo

"Recién escribiré sobre Batman la semana que viene, pues tengo una cantidad de trabajo importante que resolver. Pero no será una crítica favorable. Viéndola, además, me imaginé a esa gente que murió frente a este monumento del devenir adolescente planetario. ¿En qué plano habrán sentido el tiro en la nuca, en la espalda? Me tiene los huevos llenos tener que asistir a un fenómeno mundial e indulgente en donde se aplaude las apuestas de la industria. Un film mediocre que logra convencer por los números, como si éstos tradujeran su valor estético y pertinencia filosófica".

Bastó que Roger Alan Koza posteara el párrafo anterior en su muro de facebook para que se desatara un vendaval de comentarios en pocas horas, con varios autodenominados "fanáticos" del encapuchado ofendidísimos porque un crítico de cine -que no es "fanático"- se atrevió a hablar de la película sin conocer al dedillo toda la simbología esotérica que está en posesión de los iniciados. Una de las acusaciones más graves que recibe Roger es "usar palabras largas".

Estos fanáticos ofuscados son una versión muy atenuada del loco que entra a la sala de Denver y se despacha a 12 espectadores. Probablemente el pobre loco sí sea un fanático de Batman y hasta es posible que sepa el significado esotérico de cada símbolo esparcido a lo largo de la película. Lo que no está claro es si sus doce víctimas eran también fanáticos de Batman o había entre ellos algún crítico acostumbrado a las palabras largas.

Pero junto a estos fanáticos hay también algunos cinéfilos (incluso críticos que usan palabras largas) que atribuyen a Christopher Nolan un lugar importante en la historia del cine. En 2008 no pocos críticos saludaron a Batman, el caballero de la noche como a una verdadera obra maestra, incluso como la película del año.

Voy a esperar a ver (hoy) Batman: el caballero de la noche asciende. Pero las dos primeras de la saga no me permiten atribuirle la más mínima importancia en la historia del cine. Prescindiendo de los aspectos ideológicos (nefastos, tan funcionales a la paranoia antiterrorista que promueve a escala global el estado terrorista norteamericano), en las dos primeras partes Nolan ha malgastado kilómetros de celuloide en tratar de conferirle realismo y respetabildad al hombre murciélago, sin lograrlo. Hasta ahora Batman ha sido una criatura que mostró desenvolverse con mucha mayor vitalidad y convicción en el espacio bidimensional del comic impreso. Batman, la historieta, tiene muchos elementos atractivos que podrían haber sido explotados cinematográficamente, pero todavía no tuvo suerte.

Lo que en las dos primeras de su saga Nolan no pudo es articular una narración fluida que sostenga la belleza de sus momentos puramente cinemáticos (atribuibles a la potencia del ícono y sostenidos por un buen diseño de producción): las irrupciones repentinas del encapuchado, su vuelo elegante, propulsado mediante recursos del diseño aerodinámico plenamente humanos (a diferencia de los otros superhéroes, dotados de poderes sobrenaturales), su insomnio vigilante desde la cima de los rascacielos, esa dialéctica entre el vigilante en lo alto pendiente de lo que pasa en el bajo fondo, en los callejones más oscuros y mugrientos de la Ciudad Gótica. Batman podría ser un personaje trágico si asumiera su insanable desesperación, la idea de un superhéroe freak, insomne y desesperado podría tener un resultado genial (a veces lo roza en los comics, sospecho que es porque dibujantes y guionistas gozan de libertades productivas que en una película de cientos de millones de dólares ningún artesano rentado se puede tomar). Podrían haber hecho algo interesante Ridley Scott o Walter Hill allá por los años de Blade Runner, capaces de diseñar un universo autónomo en términos audiovisuales. Pero Nolan hasta ahora se mostró inepto, tanto para generar un universo autónomo cuanto para dotar de dimensión trágica a sus personajes, y terminó mezclando a Kung Fu con el Chapulín Colorado, le hizo impostar a Christian Bale una voz ronca que podría dar miedo a los chicos de tres años y medio y le encargó a Hans Zimmer que saturara la banda sonora con acordes pomposos y graves, a lo Carmina Burana.

Y atenti, que estoy dispuesto a desdecirme si al ver hoy la tercera de su saga, al final me termina gustando. Nada me gustaría más que una película de Batman me gustase al fin.

Hoy la veo y mañana lo hablamos en La otra.-radio. Medianoche del domingo. FM La Tribu. 88,7. Online

2 comentarios:

Martín Espinosa dijo...

A mi me pareció que las películas de Nolan (las tres) fueron las únicas capaces de captar algo de la esencia del personaje del comic. Repito, solamente algo. Pero para mi ese algo ya le alcanzan para ser buenas películas. Estoy de acuerdo en que una de las causas para no poder captar más esa esencia pueda ser la falta de libertad en relación a los artistas comiqueros.

Oscar Cuervo dijo...

Para mí, el Batman de Nolan capta el peor tramo de la historia del comic Batman. Habría que discutir qué es la esencia del comic, después de tantas décadas del comic, desde Bob Kane hasta hoy, pasando por Frank Miller. DE todos modos, cualquiera sea la esencia, la saga de Nolan es de mediocre a mala, indpendientemente de cualquier idea que se tenga del comic. la última película es MALA como película, independientemente del resto del mundo.