Foto: Nadia Albarracin


sábado, 7 de julio de 2012

Apuntes apurados para una lectura de Tierra de los padres


por Alejandro Ricagno


Es difícil hablar- escribir- sobre Tierra de los Padres, la segunda película de Nicolás Prividera. Mucho se ha escrito de ella, sobre ella, alrededor de ella, -incluso en este blog-. previo a su estreno nacional en la- nunca tan pertinentemente elegida- sala Leopoldo Lugones del teatro San Martín (dos Padres de la Patria en una sola oración, uno de ellos, tal vez por su previsibilidad vuelta a santificarse, en el cine, ausente en el film; el otro, aún, resonante como el vate cantante de la espada).

Prividera nunca la hace fácil. Pero la hagiografía, no es -ni nunca será- lo suyo. Lo suyo es, ante todo, una puesta en tensión. Y en cuestión. La tensión de nuestra historia, que lo interpeló directamente –como a muchos- pero, en su caso, directa y trágicamente. Es desde ese lugar –pero no a titulo meramente personal,  ni tampoco generacional, como intentaba no serlo y serlo, en ese orden, M, su primera película. Pero tampoco es desde un lugar falsamente neutral que Prividera habla, filma, interviene, escribe, “en lengua Prividera". Lengua que incluye la clara articulación de la herida propia, entendida sí ya más claramente como herida histórica y colectiva. Pero propia también.

Allí, en ese filo en el que historia y tragedia política se juntan, pero no se resuelven. Jamás. Allí es donde Tierra de los Padres se instala. Allí es donde indaga. Es notable que, de todas las nociones o ideas posibles de Patria, la que elije Prividera sea la de un cementerio común: la nación como un cementerio, donde las lenguas no están muertas, donde resucitan en el presente las batallas sin resolución de siempre. Y es notable que, en el juego de dobles y oposiciones que Prividera explora en Tierra de los Padres, acabe finalmente retratando otro cementerio sin tierra ni tumbas que pueden homenajearse, ni fechas, ni cuerpos rastreables, tumbas de río y arena.

Es en esta oposición que la elección del cementerio de la Recoleta como espacio de desarrollo de la batallas textuales, y también como idea de territorio de Nación, se vuelve tan simple como genial. Se trata de un Aleph exacto para desnudar dónde nacen las voces de los vencedores y, sin romantizar la de los vencidos, ver cómo se actualizan, resuenan en el presente. Y si bien queda claro quiénes son los responsables de los exterminios y de las exclusiones a través de la historia, los que necesitan desde siempre convertir al Otro en sujeto de eliminación (sea indio, gaucho, negro, pobre, revolucionario o subversivo), si bien la película se para claramente de un lado, la vieja dicotomía de civilización y barbarie no se resuelve fácilmente ni el film ni en la historia. Hay grietas de irresolución que no son mero revisionismo, sino que el film las confronta y nos hace confrontar de diversa maneras.

Al hacer pasar un linaje de voces y un collage de textos en choque, Tierra de los Padres reproduce algunas polémicas históricas conocidas, pero también produce otras en la confrontación de textos, ya no de batallas directas, sino en la batalla entre los mismos textos. Y su recorte y distribución. Y cuyo estruendo y actualidad continúan resonando en el silencio posterior a su lectura en cámara.

Ese es el momento en que los cuerpos que les dan voz a esos textos -proclamas, llamamientos a la masacre, o denuncia de las mismas, poemas que tratan de conjurar lo inasible, sea del horror o de la perplejidad- se esfuman (no todos los cuerpos se esfuman, fíjense quiénes sí, y quiénes no). Las voces se yerguen en el film desde las recoletas tumbas del histórico cementerio como zombies, espectros, replicantes o mutantes. (Y hay diferencias entre estas categorías, invito al espectador a preguntarse cuáles). Allí, en el cementerio, solo de aparente paz, estos lectores encarnan las voces de estos Padres de diversa índole –Padres castigadores, Padres manu militari de Padres rebeldes, Padres olvidados, Padres asesinos, Padres asesinados, y asesinos de padres- y les prestan cuerpo. ¿Son médiums, replicantes, zombies o mutantes? 

Nota: Después de describir esta lista de Padres Terribles caigo en la cuenta de que hay en Tierra de los Padres dos voces textuales femeninas (corporales hay varias). La voz de Esa mujer: Eva Perón, la voz plebeya, que irrumpe como ¿madre aguerrida? Con su mensaje más decididamente pasional, pivoteando en el centro del film y erigiéndose como bisagra, rítmica incluso, de la segunda mitad. Algo cambia después de la irrupción de esa voz (que es seguida por la de otra mujer, la Silvina Ocampo que invierte la referencia a la "raza maldita" que repudia Evita). Y estoy seguro de que el propio Prividera lo advirtió al final. ¿Convierte eso a Tierra de los Padres  en una película evitista? ¿kirchnerita? ¿peronista? ¿cristinista? Prividera dirá que es un film marxista. Que no intenta resolver las dicotomias. Prividera no acordará en la filiación peronista del film –y el texto de cierre de Mariano Moreno podría darle la razón-,  pero algo sucede cuando la palabra de Evita -sin su voz real– irrumpe en el texto del filme. No casualmente Prividera elige para ese texto la clara dicción de Maricel Álvarez, una de las pocas actrices profesionales de la película, en un elenco de “lectores” proveniente mayormente del campo de las letras, la critica cultural o del cine, pero no necesariamente buenos lectores –algunos lo son. 

Algo, decía, cambia incluso en la elección de los choques de textos, posterior a la irrupción del fragmento de Mi mensaje: una mayor alternancia de textos literarios, al lado de textos de combate. En seguida, frente a la aparición paulatina de los distintos textos criminales de miembros de la dictadura, la aparición paulatina de aquellos que no están enterrados en Recoleta ni en sitio conocido alguno, sin tumba ubicable -Walsh, Bustos, Urondo, Aiub- con textos premonitorios de su destino final, que entran -salvo en el caso especifico de Walsh- casi como lamento, antes que como denuncia o llamado al combate. Lectura antiépica de esas voces que se da de bruces con la necesidad de un épica oficial . Pero el texto de Evita sigue resonando. Texto, este sí, de batalla, que les da, en una escucha retrospectiva, ese tono elegíaco...  ¿entonces?

Otra clave de lectura posible: Tierra de los padres, como film político de horror -inversión del género de horror–político que inventó George Romero desde La noche de los muertos vivos hasta Tierra de los muertos. Por algo aparece su nombre en los agradecimientos al final, junto al de John Carpenter, el de La cosa y La niebla.

No Noche y niebla entonces, sino Thing and Fog. ¿Qué cosa -inasimilable- habla desde la niebla de la historia, en ese cementerio, qué tipo de (in)filtraciones y mutaciones operan esos textos, dentro de los cuerpos de los lectores que les dan voz real, audible y presencia? 

(Estos apuntes son apenas un adelanto de un informe mucho más extenso sobre Tierra de los padres -indudablemente una de las películas del año- que va a aparecer en el número 27 de revista La otra, la próxima primavera.  Mientras tanto, mañana domingo a la medianoche vienen a La otra.-radio Nicolás Prividera, Pablo Ratto -productor del film- y Alejandro Ricagno, autor de este texto. En FM La Tribu, 88.7,  online).

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