Foto: Nadia Albarracin


martes, 10 de julio de 2012

La inquietud de los muertos

Tierra de los Padres en La otra.-radio
Un programa para descargar, clickeando acá


Es muy difícil explicar el mundo
que nos están dejando los que a morir empiezan.
Correspondió a nosotros
partir de la neurosis o el alcohol, como a otros
de la mugre, las bombas, la poesía de vanguardia
o simplemente el vaso de cicuta. Se trataba
de asumir la discontinuidad
en el orden fallido de los otros. Finalmente,
jugando al desencanto o la profecía social,
nos hemos puesto graves sin sacar conclusiones.
El crimen no es mentira y la mentira
fue imposible enterrarla. 
Una tumba para ellos. Un puñado de tierra
en despedida y en acción de gracias.
Ahora es nuestra vuelta pensativa del sepelio:
padres irónicos, ¿qué inocencia nos dejaron
aparte de la música y los dientes,
para intentar la construcción de algo
importante y real? 
Vacío en la retórica y el hueso íntimo:
“Sois la nueva era y arreglaos”.

Si nos toca partir
desde el engaño, desde el hierro al rojo,
ya no es posible simular mas tiempo
mirando hacia otra parte.
Porque si es difícil explicar un mundo
que insiste en reclamar nuestra complicidad, 
eso no es decisivo; un ademán cargado de sentido,
es decir, de justicia, importa más
que obtener conclusiones ya sepultas
con la acción de los otros. 
Pero si alguno afirma que está solo
frente a su propio perro pues no está papá,
y que no puede dar un paso
sin continuar la peste que heredó,
entonces, que cada uno hable en su nombre
cuando salga del cine o del cementerio,
y diga: Yo me reconozco en esta fastidiosa historia,
soy hijo de la estafa y de los muertos recurrentes,
me ha tocado la usura y tengo tiempo.

Joaquín Gianuzzi, "Progenitores", Contemporáneo del mundo, 1962. Palabras que son pronunciadas en Tierra de los Padres por Nicolás Prividera y en el programa del domingo por Alejandro Ricagno)



por Oscar Cuervo

Si dijéramos que Tierra de los Padres es una película histórica, estaríamos diciendo algo correcto y hasta evidente: porque trabaja con materiales provistos por la historia. Sin embargo, la corrección y la evidencia de este aserto son engañosas, desde el momento en que todavía no hemos dilucidado suficientemente qué es la historia, asunto que una película como esta ayuda a recordar.

¿Qué es la historia? Solemos identificar historia con pasado y con muertos, y nos parece que, justamente, sólo le concierne a la historia lo que ya ha pasado y lo que ya está muerto. Si hay algo que el dispositivo cinematográfico ideado por Nicolás Prividera ayuda a remover es esta presunta quietud de los muertos. Los muertos de Tierra de los padres no están quietos, no solo porque sus palabras no terminan de pasar, no solo porque insisten en hablarnos, sino porque su inquietud parece referirse a nosotros. Estos muertos insisten en volver porque están inquietos por nosotros. Hay algo del sentido de lo que dijeron estos muertos que aún nos espera en nuestro futuro, porque resulta que tampoco nosotros estamos aún lo suficientemente vivos.

La temporalidad propia de las palabras no es equivalente a la de los cuerpos físicos, perduran de un modo diferente, no con la pesantez estatuaria del mármol. Gustavo Fontán dice las palabras de José Hernández:

"El partido que invoca la ilustración, la decencia, el progreso, acaba con sus enemigos cosiéndolos a puñaladas. Mata por su índole perversa, mata porque una sed de sangre lo mortifica, lo sofoca, lo embrutece; mata porque es cobarde para vencer en el combate, y antes que mirar frente a frente a su enemigo, desliza entre las tinieblas y el silencio de la noche el brazo armado del asesino, para que vaya a clavar el puñal en el corazón de su enemigo dormido.

"A veces me pregunto por qué esa furia, esa sed nunca satisfecha de sangre y exterminio. ¿O no se puede ser liberal sin matar?"

Mientras Hernández habla por medio de Fontán, el cielo va nublándose. La escena se hace sombría. Después el sol vuelve a salir. La silueta de Fontán se evapora en el espacio y la solidez del mausoleo sobre la que Fontán se apoyaba permanece intacta y muda, una vez que él ya no está. Se hace un silencio en el que las palabras aún están esperando ser oídas por nosotros. ¿Dónde está la historia, entonces? ¿En la estolidez de las bóvedas? ¿en la tosquedad mecánica de los ataúdes, empujados por los trabajadores del cementerio?¿en la confiada corrosión del viento y de la lluvia, del calor y del frío que van gastando la piedra con paciencia inhumana? ¿en la volatilidad del cuerpo que ahora dice y ahora tiende a desaparecer? ¿en la abierta indeterminación de nuestra escucha, que sigue siendo inminente siempre que escuchamos? Ahora, ya, aún, pasar, quedarse, irse, aguardarnos... ¿cuál es la acción y cuál el adverbio más propios de la historia?

Algo de todas estas ideas se suscitan a partir de la película Tierra de los Padres y a tientas estuvimos tratando de decirlo en el programa del domingo pasado, Prividera, Ratto, Ricagno, Villalobos, Diomedi, Farina, yo. El programa pasó, la película sigue en cartel, ahí está el cementerio y allá los libros. Y acá pueden descargar el audio del programa:


En el transcurso del La otra.-radio escuchamos también la música de Bon Iver ("Michicant", "Wash", "Flume", canciones que Prividera reprobó), "El umbral", cantada por el Botis, y un fragmento de "Va, pensiero" del tercer acto de Nabucco, de Giuseppe Verdi. Alejandro Ricagno ajusta cuentas con el movimiento poético de los 90, al que denomina "menemismo poético". Y nos preocupamos por la salud mental de la Presidenta, siguiendo los diagnósticos psicopatológicos de Fernando Laborda en La Nación.

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