¿Esto no es un golpe?

Son crímenes de Lesa Humanidad de los que los gobiernos sudamericanos son cómplices.

domingo, 29 de septiembre de 2019

Más acá del pueblo, Gonzalo Aguilar ya fue

#SiVosQuerés

El Matadero de Esteban Echeverría, por Carlos Alonso (1966)


Gonzalo Aguilar en su celebrado Otros mundos empieza diciendo "¿Qué pasa cuando los mundos se esfuman, se enfrían o sencillamente desaparecen? ¿Cómo reconocer los otros mundos que comienzan a anunciarse, no menos intensos pero sin duda de contornos no tan precisos?”.

Es raro que Aguilar Gonzalo crea tan livianamente que los mundos desaparecen. Que use justo esa imagen para connotar al nuevo cine argentino (de los 90) en el que él celebra la proliferación de jóvenes abúlicos que deambulan sin rumbo.

Pero, Gonzalo: ¿Mundos que se esfuman, que –nada menos- desaparecen? ¿Por un agujero del tiempo? ¿En el fondo del Río de la Plata?

Más adelante el libro de Aguilar dice, por ejemplo, que Albertina Carri supera el duelo por la desaparición de sus padres mediante la parodia pop y la moda. Esa es la densidad con que Aguilar maneja estos temas.

Este libro fue muy celebrado por la camarilla de cineastas que vieron legitimados a sus jóvenes deambulantes y por la crítica macrista (directores de EL AMANTE, epígonos, el establishment que maneja desde hace años el BAFICI, la FUC, columnistas de Majul con cargos oficiales en el gobierno agonizante).

Unos años después, para estirar la merca, Gonzalo escribe Más allá del pueblo. Título raro para un libro de cine.

Manosea una frase de Deleuze: "Que el pueblo falta quiere decir que esa afinidad fundamental entre la obra de arte y un pueblo que no existe todavía no es ni será nunca clara".

Nunca será clara la frase de Deleuze, pero a los macristas vergonzantes como Aguilar o no tanto les encanta repetirla mientras parpadean suavemente. El pueblo no existe.

Sobre "el pueblo que falta" Aguilar construye su teoría, digámosle así, del cine contemporáneo: sobre la falta del pueblo. Antes nos había relatado que hubo mundos que desaparecieron, vaya a saber cómo. Podemos ir ligando ideas y épocas.

Hasta que un día Aguilar va a un recital de Caetano y se encuentra con un grupo de pibes que sale cantando con alegría una cumbia que dice que macri ya fue y vidal también. Y si vos querés, Larreta también.

Clarín REVISTA Ñ 

Si esto es política

Esto naturalmente produce el escozor en la piel delicada de Gonzalo : "El entusiasmo de tribuna de los que cantaban convivía con el silencio de los que, por una razón u otra, preferían no adherirse". Los jóvenes distinguidos y los mazorqueros. Pasamos abruptamente del siglo xxi al xix. De Deleuze a Echeverría.

A los bárbaros que importunaron a Gonzalo y sus amigos no se les ocurre mejor idea que cantar... ¡una cumbia!

"El ritmo de cumbia de la canción de moda y su efecto ensordecedor contrastaba con lo que había sido el show y, al sustituirlo, frustraba ese momento tan lindo de los recitales...". Cosa de negros, ¿no?

De la crítica académica a la literatura. El matadero, sin el talento ni la exaltación erótica de Echeverría. Más bien frígido, Aguilar.

Estos negros insolentes se ponen a cantar una cumbia a la salida de un recital de Caetano y nos arruinan un momento tan delicioso.

Encima ponen en cuestión esa tesis tan interesante del pueblo que falta. Haciendo caducar la novedad ensayística de Gonzalo.

Me parece que al final el pueblo no faltaba y Aguilar ya fue: una ilusión óptica que será superada por la parodia pop.

Postdata: no crean que Aguilar incurre en algún tipo de originalidad: Monjeau en el mismo diario, apoyado no en Deleuze sino en Adorno, condena aristocráticamente a estos mismos cumbieros. Como si hubiera pasado años leyendo libros de adorno, con la misma rústica ilustración.