viernes, 17 de julio de 2026

Nadie sabe lo que puede una sábana

Las repercusiones en la prensa internacional por el cartel "Las Malvinas son argentinas", exhibido por los jugadores de la Selección Argentina después de la semifinal del Mundial 2026 que dejó a los inlgeses fuera de juego, se dividen  entre la indignación y demandas de castigo en el Reino Unido y el foco en el debate reglamentario o la épica deportiva en el resto de Europa y América. Mientras el equipo de Messi y Scaloni se prepara para disputar el domingo el campeonato mundial, el gesto político posterior a la victoria escaló a un conflicto de nivel diplomático y deportivo.

La prensa británica y sus principales tabloides reaccionaron con  dureza frente a la pancarta que sostuvieron Giovani Lo Celso, Cristian Romero y Lisandro Martínez, con el acompañamiento o el consentimiento tácito del resto del plantel:

- The Sun tituló en portada "Arrogancia de Argie" y calificó el cartel de "repugnante" y "deplorable", recordando que la población de las islas votó masivamente a favor de seguir siendo británica.

- Daily Mail recalca que la exhibición violó directamente la prohibición que la FIFA había impuesto en la previa del partido, considerando el acto como una provocación.

- BBC Sport siguió de cerca el reclamo formal del gobierno británico ante la FIFA. Algunos medios ingleses replicaron la postura del secretario de Comercio, Peter Kyle, quien tildó el gesto de "totalmente inapropiado". También se hicieron eco de declaraciones políticas extremas, como las del líder liberal demócrata Ed Davey, que exigió que los jugadores sean excluidos de la final. Exasesores conservadores pidieron revocarles a los jugadores involucrados las visas de trabajo en la Premier League.


Fuera del ámbito británico, la cobertura de los medios europeos puso la lupa en el reglamento estricto de la FIFA, aunque sin el tono de agravio personal de los ingleses:

-L'Équipe (Francia) optó por centrar su atención en lo futbolístico, elogiando la vigencia de Messi. Bajo el título "Lo volveron a hacer" destacó la capacidad de remontada del equipo, minimizando el impacto de la pancarta en su crónica principal.

- Diario AS (España) advirtió: “Argentina se la jugó” por desafiar las normativas de la FIFA, porque la acción podría empañar o complicar la antesala de la gran final debido a una inminente sanción.

Los medios latinoamericanos abrieron un debate sobre los límites de los mensajes de identidad nacional en el deporte. CNN en Español lo trata de manera neutral, describiendo el trasfondo de la disputa histórica por las islas; se pregunta si la FIFA debe castigar un reclamo soberano que forma parte de la Constitución Argentina. TeleSUR destaca el  respaldo popular en redes sociales hacia la Selección por sostener la causa latinoamericana, marcando la contradicción entre las restricciones corporativas y el sentir popular.

En las señales deportivas de alcance regional (como ESPN o Fox Sports Latam) el enfoque predominante fue comprender al plantel argentino, cuestionando la hipocresía de las autoridades del fútbol. Compararon la actual respuesta airada con la liviandad con la que la UEFA y la FIFA manejaron históricamente los mensajes políticos europeos en las canchas, como los gestos pro-ucranianos. Ninguna federación sudamericana (la CBF de Brasil, la FCF de Colombia o la FPF de Perú) emitió comunicados condenando el gesto.

La prensa internacional coincide en recordar que el artículo 34.3 del reglamento del torneo prohíbe taxativamente la exhibición de cualquier mensaje político, religioso o personal. En el Mundial 2014 los jugadores agitaron un cartel idéntico antes de viajar a Brasil y la FIFA aplicó una multa de US$ 33.000 a la AFA. La FIFA aplica de manera estándar multas de entre US$ 5.000 y US$ 40.000 por introducir la política en los estadios.

¿Y con eso que?

La reacción indignada de la prensa amarilla y de la dirigencia británicas solo verifica el impacto que logró la decisión de los jugadores de plantar el reclamo por Malvinas en el escenario global de mayor alcance: no hay evento de cualquier tipo, no solo deportivo, que reúna audiencias tan descomunales de todo el mundo. Ni existen portadores de un mensaje que conciten mayor atención que los jugadores de fútbol, sobre todo si son vencedores y más todavía si acaban de derrotar a un país poderoso. Ningún reclamo hecho por vía diplomática sobre la soberanía de Malvinas podría provocar el efecto de la sábana pintada a mano, que se convierte en objeto radiactivo para el poder corporativo mundial y también local. Una gambeta de la hinchada argentina coronada por los jugadores termina reponiendo el espíritu maradoniano y reivindica la insolencia del díscolo Alberto Rattin, muerto hace unos días, que en el Mundial de 1966, jugado en Inglaterra, se atrevió a manosear un banderín inglés. Las amenazas de sanción son la respuesta esperable de los que manejan las instituciones, pero es imposible disciplinar el sentimiento popular con el declinante poder colonial. ¿Cuántos  miles de dólares vale una mojada de oreja así? 

La asimetría entre las herramientas diplomáticas tradicionales y el impacto de un gesto espontáneo en el evento más visto del planeta es precisamente lo que define el fenómeno de la cultura futbolística argentina. Para la AFA o para los jugadores, una sanción económica de decenas de miles de dólares es un costo marginal insignificante en comparación con el valor de posicionar el reclamo en las portadas de los diarios globales. En términos de marketing político o concientización, comprar una audiencia de miles de millones de personas por esa cifra sería una ganga imposible de conseguir por vías instituidas. La indignación del establishment británico y la rigidez de la FIFA parten de una premisa falsa: que el fútbol puede aislarse de la historia y el contexto social de quienes lo juegan. Las amenazas de la FIFA y de los políticos ingleses son mecanismos de autodefensa. Las instituciones necesitan disciplinar estos actos porque le temen al precedente. Si el fútbol se acepta abiertamente como una plataforma de reivindicación de los pueblos oprimidos o en disputa, el control del espectáculo se les escapa de las manos. Su respuesta es siempre burocrática y se mide en fajos de dólares. La reacción furiosa de los tabloides de Londres demuestra que el objetivo de la jugada se cumplió.

La máquina de cortar boludos

El cartel de "Las Malvinas son argentinas" expuso otra vez las contradicciones del gobierno de Milei. La combinación entre un plantel indócil al libreto corporativo, los escándalos de corrupción locales y el debate de la Ley de Tierras en el Senado generan un cimbronazo político indisimulable. El incidente muestra al mileísmo en offside. Esperaron el Mundial para usarlo de cortina de humo para salir del clima de escándalos de corrupción como $LIBRA o Adorni. Intentaron instalar que los peronistas hacían una campaña anti-selección, respaldándose en recortes out of context de figuras que no son voceros orgánicos del peronismo. 

Milei sostiene una reivindicación acrítica de la figura de Margaret Thatcher, uno de los personajes mas repudiados por el pueblo argentino como responsable del crimen de guerra contra los tripulantes del Crucero ARA General Belgrano en 1982. La vigencia del reclamo popular por Malvinas lo empuja hacia una posicion extremadamente incómoda: ¿cómo aprovechar la euforia mundialista con una narrativa propia, pro-norteamericana, pro-israelí y pro-británica, antinacionalista y anti soberanista, cuando los máximos idolos populares, en su momentum, se hacen eco los reclamos históricos? ¿El gobierno va a respaldar las posibles sanciones?, ¿va a reprocharle al equipo de Messi con la misma agresividad con que trata a los dirigentes peronistas? ¿va a volver a reivindicar los derechos británicos? Y si la selección es recibida por una multitud conmovida, sea cual fuera el resultado del domingo, ¿cómo capitalizar la movilización después de dejar a los jugadores sin defensa ante las amenazas corporativas? 

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva coordinó con el FBI y la FIFA la prohibición  de ingresar insignias de Malvinas, asumiendo el rol de gendarme de las corporaciones deportivas. La vicepresidenta Victoria Villarruel rompió el libreto oficial y celebró el cartel: “Nos prohibieron ingresarlas al estadio, pero se olvidaron de que las llevamos en la sangre”, lo que generó un duro cruce de chats  con Bullrich, que la acusó de maleducada. El oficialismo pretendía tratar ayer en el Senado la llamada "Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada", bautizada por la oposición como la "ley de extranjerización", cuyo fin es eliminar el tope del 15% para la compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros. El debate quedó descalzado. Tratar un proyecto que abre el territorio nacional a fondos privados de procedencia incierta en el mismo instante en que el país vibra con un sentimiento anticolonial se volvió inviable. Ante la falta de votos garantizados en medio del clima patriótico propiciado por el triunfo deportivo y el cartel viralizado, la estrategia de los Milei es aguantar el cimbronazo de la final del domingo. Esperan que em agosto, una vez que baje la espuma,  la agenda económica diaria (inflación, tarifas y el invierno) vuelva a atomizar a la sociedad y se retome la rosca fuera de los reflectores.

La ultraderecha gobernante supuso siempre que la línea de los jugadores comandados por Messi mantendría una asepsia renuente a asumir cualquier desafío al poder corporativo. Confiaron en que "Messi no es Maradona". Fogonearon la dicotomía: el Maradona "rebelde, político y plebeyo" contra el Messi "prolijo, familiar, corporativo y mudo". Esta construcción buscó formatear un héroe digerible para las lógicas de mercado y el individualismo meritocrático. Ahora la desesperación de figuras como Eduardo Feinmann, al descubrir que esa frontera no existe, los pone en evidencia. Cuando Messi y los otros jugadores validan el cartel de Malvinas, admitiendo que para el sentir popular el enfrentamiento con Inglaterra se impregna de connotaciones más hondas, se activa para los admiradores de Thatcher un efecto criptonita. Messi dice ante uno de los tantos micrófonos que requirieron su palabra: "Yo soy feliz de poder regalarle esta alegría a la gente. Sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar, que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando. En la vida nuestra lo que nos tocó siempre es poder regalarle estas alegrías a ellos, estar en una final del mundo una vez más, meter dos finales del mundo seguidas, volver a meternos entre los mejores...". Feinmann desde su púlpito en Mitre y A24 comenta alarmado: "Ahora sí, ya Messi es Maradona, porque dijo que la gente la pasa mal y no llega a fin de mes".

Todo lo que puede una sábana de hotel pintada a mano.

miércoles, 15 de julio de 2026

Obsession (Curry Barker, 2026): un vértigo imprevisto

Primera parte 

I

El éxito descomunal de Obsession radica en el acierto de haber democratizado el horror a través de una máxima modestia material y moral. Nunca se logró tanto con tan poco: esta frase no solo aplica al milagro del presupuesto de 750 mil dólares frente a los 426 millones recaudados hasta ahora -lo que la convierte en la película low budget más taquillera de todos los tiempos-. Aplica sobre todo al laconismo figurativo del mal que plantea la película.

"Deseo que Nikki me ame más que a nadie..." le pide Bear al tronquito: es una expresión de un narcisismo tan básico y universal que cualquier espectador se descubre a sí mismo habiendo deseado algo parecido en algún momento de la vida. Es la fantasía romántica más tóxica pero a la vez más extendida: el deseo de ser el centro absoluto del universo de la otra.

Al despojar al principio detonante de toda pátina de malicia refinada o de sadismo, Obsession logra lo aterrador: muestra que para desatar el desastre más absoluto no se necesita ser un psicópata ni un "monstruo moral". Solo alcanza con un instante de debilidad egocéntrica cruzado con una total inmadurez. Bear no es un maldito; es un pibe común que aprieta enter sin medir las consecuencias, y uno se horroriza porque sabe que podría haber formulado exactamente el mismo deseo genérico.

En la historia del cine de terror, los objetos malditos suelen ser imponentes, góticos o amenazantes: la configuración de los lamentos de Hellraiser, el libro de los muertos de Evil Dead o los muñecos poseídos cargados de iconografía siniestra. Obsession rompe con esta regla al presentar un objeto de una simplicidad algo cómica, un simil tronquito que al salir de la caja de cartón rústico emite unos ruidos de juguete y lucecitas infantiles, una estética de la modestia y lo vagamente cómico.

La pareja protagónica, Inde Navarrete y Michael Johnston, son sencillamente extraordinarios. Curry Barker, el director, es un muchacho de 26 egresado de youtube al que habrá que prestar suma atención.

II

El impacto que Obsession desató en el plano sociocultural, al convertirse en un fenómeno de masas sin precedentes por su manera orgánica e incalculada de instalarse como la película de bajo presupuesto más exitosa de la historia y, a pocos meses de su estreno, una de las 10 películas de terror más convocantes en términos absolutos, requiere una interpretación más cuidadosa: ¿qué elementos cinematográficos hay en la obra de Curry Barker que puedan considerarse estímulos no espurios ni meramente marketineros de tal conmoción? ¿Por qué la película convoca en masa a una generación de nativos digitales que no vivió la experiencia del terror del siglo xx y ahora hace su aprendizaje de la potencia inquietante del cine? 

De pronto aparece una película que se gana el merecimiento de que la generación Z y la más joven generación Alfa vayan a hacer su experiencia iniciática en el encanto incitante de la sala oscura, el templo que los que crecimos en el siglo anterior damos casi por perdido. Criados bajo la lógica del clip y la sobreexplicación digital, con el auge de comunidades como ObsessionTok, acostumbrados a consumir datos lineales y contenido masticado, el encuentro con una obra de terror analógica genera una ansiedad y una seducción viscosa que permiten conjeturar los motivos del impacto de una película que no se destaca por el exceso de gore ni por un marketing milimétrico. 

La dinámica de comunicación digital moldeó el boca a boca que convirtió a la película en hito, considerando la curva sorpresiva de la asistencia del público de la primera a la tercera semana de exhibición: en esa subida se anticipa el shock cultural que provoca la envidia de un Hollywood que ya no es capaz de movilizar personas sin apelar a las franquicias fatigadas. 

Lo muy interesante de Obsession se reconoce en sus aspectos anómalos y ello no remite principlamente a la sociología de la comunicación de los jóvenes. Podría encuadrarse bajo la mirada de una crítica cinematográfica clásica. No se trata solo de un producto diseccionado por miles de youtubers y tiktokers que andan a la pesca de la presa de las "escenas eliminadas" o "el final explicado", o descuartizan las escenas en clips de 20 segundos en los que se aísla el detalle inequívoco: lo usual de esta época. Eso efectivamente está pasando: rápidamente se trató de disciplinar la ambivalencia oscura y el fuera de campo peligroso que instaura con armas de puro cine el joven Barker, para traducirlos en prospectos de corrección política que detectan los momentos incómodos y los neutralizan. Pretenden postular las claves edificantes que diferencien cuándo el protagonista Bear se transforma en un macho abusador, a pesar de que el personaje en pantalla no se parece para nada a eso. O dictar cuando Nicky, la chica que tanto miedo da en pantalla, tiene que pensarse en términos de pobre víctima que pide ayuda, o desdoblarla en una Nicky real e inocente y una Nicky-fantasma-perverso que responde a la voluntad del macho. Estas lecturas proliferan, para reducir el horror a una fábula para principiantes sobre el abuso y el consentimiento. 

Si la película fuera, como esta proliferación adoctrina, una receta para tomar el veneno del cine en dosis que eviten su toxicidad -un peligro que la cultura actual esquiva obsesivamente- e instruyera sobre las maneras correctas de iniciarse en el sexo y el amor -tópicos que Obsession reaviva-, es probable que la atracción aluvional que ejerce no terminara de entenderse. Además de esa dimensión sociológica, la obra de Barker puede ser disfrutada y analizada con armas críticas, con la misma seriedad que se ganaron Vértigo o El exorcista. Podría incluso conquistar el interés de la generación adulta que añora la vuelta a las salas porque se siente cautiva de las plataformas on demand. Esto será motivo de una continuación de esta nota.




(continuará)

jueves, 2 de julio de 2026

Los caminos que Cristina propone no llevan a su libertad sino a nuestra derrota


Todo el despliegue que se hace desde San José 1111 abona la idea de que Cristina prefiere perder y por eso no se dedica a construir un candidato propio sino a minar a Axel. Eso es lo imperdonable. 

¿Por qué no señala un candidato y va a internas? En cambio, a lo que se dedica es a "inundar el terreno de mierda" (como dice Stve Bannon): lo pone a Pichetto a hacer campaña, manda a Berni y Moreno a descalificar a Axel, algunos de la Cámpora piden "Cristina presidenta", sin explicar cómo eso sería viable y otros quieren poner en marcha un "operativo clamor" para poner a Máximo como candidato. También están los que dicen que negocia con Massa para que vuelva a ser candidato. 

2+2=4. Si hacés todos esos movimientos juntos es que estás dispuesta a todo lo necesario para que Axel pierda. Porque Massa vuelve a perder, Máximo candidato va a quedar tercero o cuarto detrás de Myriam Bregman. Tener como voceros a Berni, Moreno e Ishii te muestra que no le interesa sumar a nadie sino que no cuenta con mejores referentes para hacerle daño a Axel. Hay una sola lógica para interpretar todos estos movimientos simultáneos de Cristina: quiere que pierda el peronismo

Yo quiero que ella esté libre pero el camino que ella propone no lleva a su libertad sino a nuestra derrota. 

Se equivocó fiero cada vez que decidió sola quién es el candidato. Desde Insaurralde 2013 no pega una y fue capaz de elegir a los tipos más infumables sin dejar crecer a una dirigencia joven kirchnerista: tragamos sapos a rolete: Scioli, Insaurralde, Alberto, Massa. ¿No te parece que su rol como conductora ya caducó? ¿Vamos a seguir esperando que nuestra suerte quede en manos de su dedo muy falible? ¿No está claro que es la artífice de todas nuestras derrotas desde hace más de 10 años? 

El sofisma de la Cámpora es traficar una candidatura de ellos bajo la aparente consigna "Cristina Presidenta", sin mostrar ninguna conexión lógica entre la consigna y la táctica. Solo los que no quieren pensar no pueden ver que es un camino ineludible hacia la derrota. 

Axel es el primer candidato en 15 años al que votaríamos con confianza y justo ahora Cristina despliega un abanico para impedirnos votarlo. Los cristinistas tienen que abrir los ojos porque están aferrados a una ilusión caduca.

miércoles, 1 de julio de 2026

Yo lo vi, me sonrió y se volvió a marchar

Cómo nos golpea la muerte. No digo esa pavada de "se mueren todos los buenos" porque al final nos morimos todos. No se debe moralizar la muerte. Pero Melingo murió exactamente el día en que se cumplía un año de la muerte de mi mamá, así que la noticia me encontró en modo luto. 

Además Daniel Melingo es un artista especial, de esos que se meten en la memoria íntima. 

El año pasado cuando volví a los recitales en medio del duelo fui a ver a Melingo al CCK. Mucho antes lo conocí una tarde en el Auditorio Kraft, en medio de una performance llamada "Juicio al doctor Moreau". Esa primera velada también vi por primera vez a Miguel Abuelo, Andrés Calamaro, Fernando Noy, las Bay Biscuits... en el público estaba, cómo no, Charly. Un espectáculo teatral dada… dadaísta con canciones. Ahí escuché por primera vez a Andrés cantando Tristezas de la ciudad, por ejemplo. Me estaba introduciendo en el underground ochentista previo al fin de la dictadura. Unos meses antes había visto por primera vez en el Teatro de la Cortada a los Redonditos de RIcota, cuando el sótano de Venezuela todavía no era el Parakultural y Patricio Rey todavía no eran "el Indio". Mi fascinación por Melingo era casi secreta. ¿Quién más le estaría prestando atención en ese momento? Poco después aparecieron Los Abuelos de la Nada y los mejores temas de los Abuelos eran los de Melingo. Y lo mismo con los Twist, que aparecieron un tiempo después: los mejores temas eran los de Melingo. Particularmente uno del segundo disco, La máquina del tiempo, que cerraba el lado A, titulado "Viéndolo", un homenaje a Viendo a Biondi y uno de los temas "distintos" de los Twist, sin comicidad ni parodia, donde Melingo exploraba en una textura del dream pop que en el 81 sonaba a algo que solo con el correr de los años se iba a comprender. Cuando a mediados de los 80 tuve que hacer mi primer corto en 16 mm para el CERC puse "Viéndolo" en la banda de sonido. No me equivoqué: difícilmente se convertiría en hit un tema tan exquisito pero 40 años despúes sigue sonando exquisito, sobreviviendo con más lozanía que cualquier otro de los Twist. 

Después de que en los 80 Melingo pasara a formar parte de la banda de Charly solista vino un apagón de él, desapareció por años. Hizo Lions in Love, donde retomaba ese impulso vanguardista de Viéndolo. Después me enteré que estuvo un tiempo internado en el Borda y reapareció con los Tangos Bajos. Con el correr del tiempo, ese artista que siempre había quedado en la segunda línea de la atención de todos pasó a convertirse en figura por sí mismo. En la última década brilló como uno de los mejores de toda la escena. Su despliegue integral, como cantante, como letrista, como instrumentista y como performer lo volvió único en su especie. Alrededor suyo giraba un universo. No es verdad que se mueran solo los buenos: nos morimos todos, pero en estos años la muerte no nos está dando tregua: hay un patrón en los que partieron: Gabo, Palo, el Indio, ahora Melingo: ellos configuraban el espíritu de estos años, poetas oscuros. Lo que se está yendo es el espíritu que animó la noche porteña de la segunda mitad del siglo 20, cuyo resplandor todavía nos alcanza.

Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Decís que esté callada, que no haga caras raras
También quisiera verlo pero no puedo ver nada
Qué placer, qué placer siento al ver lo que nadie ve
Y vos estás de nuevo diciendo cosas raras
Se esfuerza mucho el cuerpo, se nubla la mirada
Muy cerca de mí puedo ver una luz brillar
Por más que me lo expliques yo no lo voy a entender
No se ve
Yo lo vi, me sonrió y se volvió a marchar
Soy feliz, ahora sé que soy inmortal
Por más que me lo expliques yo no lo voy a entender
Por más que me convenzas yo no lo voy a creer
No se ve, no se ve
Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Puedo ver una luz en la oscuridad
La siento venir, no la ve ningún hombre más
Yo no lo veo, padre Bormann
¿Ceguera?
¿Acaso mis ojos no pueden llorar?