
Por Oscar A. Cuervo
"El desierto crece" decía FN hace ya bastante. Y, cierto, el desierto está creciendo: a veces adopta el aspecto de un mundo en concreto, quiero decir: de hormigón. Así es como crece el proceso de desertificación de lo real en la China. Hoy todo el mundo está pendiente de China, la antorcha olímpica está llegando. El asunto de los juegos olímpicos es tema de alta política, los chinos están convencidos de que el siglo XXI será suyo y se preparan en la forma en la que ellos hacen todo: en grande. Represas gigantescas, explanadas de hormigón más grande que países enteros y, siguiendo a Mao:
hay que destruir un mundo para construir otro nuevo. Los maoístas de hoy tomaron esa frase en un sentido
concreto y están tirando abajo las viejas casas para construir rascacielos.
Por eso, se dice en
The Concrete Revolution (el documental de
Xiaolu Guo), viajar de un lado a otro de China es viajar en el tiempo: del futuro al pasado o viceversa, con la salvedad de que al volver al punto de partida lo que estaba ya no está. Cómo esta inmensa mutación escenográfica repercute en las personas, si la desertificación se está interiorizando de un modo peligroso o al menos inmanejable, de eso se está ocupando mucho el cine: desde las películas de Jia Zhan-ke (
Platform, Still life, Dong, The world, este año vamos a ver
Useless), así como otros films programados para este BAFICI:
Up the Yangtze (ficción de Chang Yung) y esta
The concrete revolution. Lo que llama la atención en todas estas películas es una mega-melancolía, esa luz apagada que las baña.

Pero los signos de la desertificación pueden ser otros: los que capta John Gianvito en su profunda y triste
Profit Motive and the Whispering Wind, motivos de provecho y viento susurrante. Un territorio, el americano, sembrado de tumbas, de placas que rememoran masacres que nadie recuerda: mineros masacrados, sindicalistas, disidentes, poblaciones aborígenes exterminadas. Las placas dicen "aquí ha sucedido", dice los nombres, las fechas, las balas y hasta las manos que las dispararon. Pero parece que nadie repara en ellas más que la cámara de Gianvito. Esa sangre ha regado las verdes praderas en las que el viento susurra voces que ya nadie escucha. América, tierra de motivos de provecho y viento susurrante. Traten de no perderse estas dos notables evidencias de que el desierto crece:
The Concrete Revolution y
Profit Motive and the Whispering Wind.