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miércoles, 3 de abril de 2019

Filósofa punk en el aire

Esther Díaz presentó su nuevo libro en La otra.-radio 


Primera parte acá 

Segunda parte acá 

Los lectores de este blog y los oyentes habituales de La otra.-radio sabrán de mi larga amistad con Esther Díaz, que puede rastrearse en este muy nutrido tag. Aún antes de que el blog existiera, Esther vino al programa de radio al menos una vez por año desde nuestra primera temporada. Y mucho antes que eso, yo fui auxiliar docente de la cátedra que ella dirigía en el CBC de la materia Introducción al Pensamiento Científico. 

Mi suerte hizo que al recibirme de profesor de filosofía en seguida entrara a trabajar en su cátedra, así que pude vivir una experiencia de mucha participación, creatividad, alegría y libertad académica, que no necesariamente son vivencias habituales en otras cátedras pero ella propició desde el comienzo. Por esa entrada afortunada yo conocí la tarea docente en la UBA como un trabajo feliz. Apenas empezamos, ella fue invitando a su propia casa a grupos de profesores de su megacátedra -¡más de cien docentes en total!-, para que pudiéramos aportar nuestras ideas en el diseño del programa. Por esa época conocí también otra cátedra y pude compararlas, así que al siguiente cuatrimestre unifiqué todas mis designaciones en la cátedra de Esther. Su casa de San Telmo era un lugar luminoso y amable para mí. Y Esther fue la líder muy diestra de un colectivo enorme y complejo -cada uno de nosotros tenía a su vez cientos de estudiantes en sus aulas-. Así es como yo la conocí: muchos otros fueron alumnos de sus multitudinarios teóricos en el aula mayor de Paseo Colón, otros la conocieron leyendo sus libros.

Así que no puedo ser un lector lo suficientemente distante de su nuevo libro, Filósofa punk. Una Memoria (Ariel, 2019) como para hacer una reseña profesional. Tampoco soy un crítico literario. Cuando el año pasado se presentó la película Mujer nómade, en la que Martín Farina -también mi amigo- hace un notable retrato de ella (ver acá), por lo menos contaba con instrumentos conceptuales como para producir una distancia crítica que me permitiera hablar de la obra trascendiendo el vínculo que me une a ambos. Pienso con frecuencia en la naturaleza del cine como para ser capaz de ver Mujer nómade con independencia de quienes la hicieron. Pero en el terreno de la narrativa literaria soy un lector bastante ingenuo y tosco. Como Filósofa Punk pertenece al género autobiográfico, yo creía conocer a la autora que ahí se narra en primera persona del singular. Lo más significaativo que puedo decir del libro es que, contra mis expectativas, y aún a pesar de haber tenido noticias de algunos de los episodios de su vida ahí narrados, después de leerlo sé que Esther era también una desconocida para mí. 

Hay al menos una sensibilidad que me trasmite el libro y yo no esperaba: el de una nena asustada. No una mujer nómade, ni una profesora cautivante, ni una directora de cátedra segura de sí y estimulante. No: una nena asustada. Cuando ella narra el episodio en el que su papi -así lo llama en el libro muchas veces- le arroja un cuchillo a su hermana y después van al hospital y, para eximir a su padre de culpa, la familia le atribuye a ella haber tirado el cuchillo, Esther es una nena aterrorizada, y definitivamente sola en el mundo. Ese terror se repite cuando ella tiene que defender su tesis de doctorado ante un jurado hostil, cuando es humillada por un amigo en una noche de joda, o cuando tiene que proteger a su hija Fabiana de una patota de violadores en su propia casa. La casa que yo había conocido como un ámbito de trabajo amable podía ser esa misma noche un escenario de horror. Cuando Esther volvía a su casa en la madrugada, cuenta en Filósofa punk, miraba con miedo si la ventana estaba iluminada, porque eso podía significar que su hija estaba despierta en situaciones de peligro. Cuando en medio de la noche Esther escuchaba el golpe de la puerta de la heladera, se aterrorizaba por lo que eso implicaba. Filósofa punk puede ser para otros lectores muchas cosas, pero para mí es sobre todo un libro de terror desde la perspectiva de una nena asustada.

Los pasajes que ahora cito de la charla que tuvimos el domingo en la radio no hacen hincapié en ese terror, porque Esther Díaz es también, como lo saben muy bien los oyentes de La otra.-radio, una conversadora muy divertida. Además, algunos de estos episodios de su vida no figuran en la autobiografía, así que son un regalo para los oyentes y lectores de La otra:


Lita

- ¿Cómo te decían de chica?

- De chica me decían Lita. Por empezar, tengo que decir que en aquella época casi todo el mundo tenía sobrenombre, por lo menos en mi clase social, que era una clase baja. Y el sobrenombre de mi papá era Tito. Tito era el diariero de Ituzaingó, no había otro diariero en Ituzaingó. Además él ansiaba tener hijos varones, era hincha de Boca fanático y nos hizo hinchas de Boca a nosotras. Me acuerdo de que cuando yo tenía 15 años salió campeón Boca. Y él nos llevó en su coche, porque cuando Boca salía campeón se hacía un corso. Entonces nos sentamos en los guardabarros, las tres vestidas como jugadores de fútbol, con pantaloncitos cortos y la remera de Boca. Todas esas cosas lo consolaban de no haber tenido un varón, que es lo que él quería... Me fui tanto por las ramas que no sé lo que me habías preguntado.

- Lita.

- Ah, sí. A mi hermana mayor mi papá le puso de sobrenombre Tita, igual que él pero en femenino. Entonces aparecí yo y me pusieron Esther Araceli, pero nadie me decía Araceli. Y, como él quería poner la "t" de Tito, inventó Lita. Y después a mi hermana, que su nombre es Martha, le puso Tina. Porque quería que todos nuestros nombres tuvieran alguna "t", como él. De ahí viene la cosa. Y después cuando entré a la universidad, un profesor al que yo le había pedido ayuda en una materia de literatura me dijo: "No. Usted va a ser alguien importante en su profesión, así que un nombre tan largo como 'Esther Araceli Díaz' no es marketinero" -no se decía así en aquel momento, pero eso es lo que me quiso decir-. "Usted es Esther Díaz, el Araceli quedó en Ituzaingó". Ahí pasé a ser Esther Díaz, a punto tal que hay mucha gente que me tiene mucha confianza y me tutea, y sin embargo me dice "Esther Díaz", como si vinieran juntos.

- Como si fuera una marca.

- Sí, tal cual.

El nacimiento del peronismo y la muerte del chancho

- Yo tenía cuatro o cinco años y extrañamente me mandaban al jardín de infantes, no sé por qué, hincharía mucho en mi casa, a mis hermanas no las mandaron ni era obligatorio en aquel tiempo. Y yo sabía que ese día no iba al colegio, porque venía un tío mío de un pueblito del interior que se llama La Violeta. Entonces me levanto, porque escucho conversaciones, mi papá había vuelto temprano del trabajo, y lo veo a mi tío con un cuchillo ensangrentado  en la mano. Y era que había traído un cerdo y lo había matado. Pero no sé si era porque no sabía matar cerdos o porque siempre pasa eso, pero el cerdo estuvo horas chillando. Es terrible. Y yo escuchaba que los grandes decían: "Así debe estar gritando Perón en Martín García". Yo no sabía quién era Perón ni qué era Martín García. Y no podía creer que los grandes dijeran con tanta displicencia que estaban por matar a alguien y en ese momento estaba dando chillidos como el chancho moribundo. A mí me preocupó eso. Estaba contenta, por el ambiente de fiesta que había en casa, pero me preocupó eso. Al mediodía se cocinó al cerdo, que era para comer a la noche. Después que cenamos, como era típico de aquella época, los chicos nos teníamos que ir a dormir, no podíamos intervenir en la conversación de los mayores, pero yo me quedé expectante, porque todo el día se habló de ese Perón al que no sabía por qué lo querían matar. En determinado momento escucho que ponen más alta la radio y hacen exclamaciones. Entonces me levanté y fui a escuchar detrás de la puerta y llego a enterarme por lo que escuchaba de que la gente se había movilizado, la Plaza de Mayo estaba llena de gente que habían pedido por Perón y los militares lo habían traído de Martín García, que ahí supe que era una isla. Y Perón se había salvado y la gente lo estaba ovacionando. Entonces yo me fui contentísima a dormir porque ese señor se había salvado. Y no sabía, no podía saberlo entonces, que el día que mi tío Felix mató al chancho fue el día que nació el peronismo.

Nuestro mayo del 68

- Nosotros como siempre -dice Esther- llegamos un poco retardados respecto del primer mundo y la movilización fue en el 69. Filosofía y Letras de la UBA estuvo cerrada un mes. Yo me acuerdo que pensaba '¡Tantos sacrificios para llegar!'... Yo ya era vieja para estudiar en aquella época, porque el término de vida esperable era de 65 años y yo casi a los 30 entro a la Universidad. Yo ya había perdido la fe, había sido muy católica, bueno, fui monja de clausura, pero yo decía: 'A la naturaleza, a quien sea que le pido, al destino, que por favor pueda terminar mi carrera, después que me muera, pero que pueda terminar...'. Cuando fue "nuestro mayo del 68", en el 69, yo tengo una pequeña anécdota, no me acuerdo si la cuento en el libro. Resulta que durante el día trabajaba de peluquera, como ya es bastante conocido, vivía en Ituzaingó y a la noche dejaba a mis dos hijos con una chica que los cuidaba y me venía para el centro a la facultad. Y cuando volvía a Ituzaingó en el Sarmiento llegaba a las doce, a la una, una y media, así que no había nadie. Ituzaingó era una aldea todavía. Y una noche cuando me bajo del tren veo que hay un grupo de gente al final del pasillo, ahí nomás estaba mi casa, yo vivía en frente de la estación y a media cuadra vivían mis padres. Y veo que hay gente y entonces me extrañó. Y cuando fui acercandomé me di cuenta de que era gente de mi familia. No mis hijos, que eran chiquitos y estaban durmiendo, pero sí mi mamá y mi papá, hermanos, sobrinos...  Y me dicen: '¿Qué te pasó? ¿cómo estás?'... y yo no sabía de qué me hablaban. Entonces viste cómo hacés cuando no te das cuenta de algo, que hablen los otros para ver si la pescás, ¿no? Entonces digo 'bien, bien'. Y me preguntan 'Pero ¿cómo?, ¿no estás lastimada?, ¿no te hicieron nada?, ¿no te llevaron presa'. 'No, está todo bien' contesto. Y entonces una hermana mía muy ansiosa no aguantaba más y dijo: 'No, porque vimos por televisión cómo entró la policía a la facultad y cómo les pegaba, los metían los camiones y se los llevaban'. Y yo ahí me despaché de lo que pasaba porque esa noche me había ido con un compañero al telo, así que no me enteré de nada de nuestro mayo del 68.

La presentación del libro se hace este sábado a la tarde, pero antes pueden escuchar su presentación en La otra.-radio clickeando la primera parte acá y la segunda acá.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Esther Díaz y Martín Farina poniendo al aire el fuera de campo de Mujer Nómade

La radio muestra algo que el cine no




El cineasta Martín Farina era integrante del staff habitual de La otra.-radio cuando vino Esther Díaz en una de sus visitas anuales al programa. Ahí se conocieron, Martín le pasó sus películas anteriores y se empezó a gestar Mujer nómade, el retrato cinematográfico de Esther que está exhibiéndose desde abril de este año con gran éxito de crítica y público (acá los horarios y lugar de sus actuales proyecciones). Ahira, como retronando al inicio, nos volvemos a juntar en un estudio de radio los que estábamos aqulla primera vez (Maxi Diomedi, Esther, Martín y yo). Y ponemos la película al aire. La radio se asoma al fuera de campo del cine.

En la conversación nos enteramos con desagradable sorpresa que el INCAA sostiene hoy una política restrictiva contra la exhibición de las películas independientes filmadas bajo el régimen de la llamada "Quinta Vía", que representan un amplio porcentaje del cine nacional y se encuentran entre lo artísticamente más valioso de esa producción. Estas películas son relegadas en los espacios INCAA de todo el país, a diferencia del trato privilegiado que reciben las películas de las grandes productoras como Disney o Patagonik. Así, Farina se encontró con que llegaron presiones de parte de la coordinadora de Salas de Espacios INCAA María Virginia Petrozzino hacia el personal del Espacio INCAA Villa María para que Mujer Nómade no se exhibiera, a pesar de que había sido pedida con insistencia por el propio público de Villa María. Como en otros campos de la producción nacional, el estado macrista interviene para favorecer a las grandes empresas privadas en detrimento del cine que el propio estado produce. Petrozzino hizo llamados intimidatorios para que la película no se diera en Villa María. A pesar de esa presión central, la gente de la sala logró que se pudiera proyectar una vez, con el autor ya invitado a esa exhibición.

Estas dos horas se nos pasaron volando. Los momentos más interesantes son aquellos en los que Esther y Martín siguen conversando en su intimidad sobre las decisiones del trabajo creativo conjunto, en una película que es parte tanto de la filmografía de Martín como de la obra filosófica de Esther. Así como Farina logró filmar el lado íntimo que Díaz nunca antes había mostrado, en el programa se revelan algunos sabrosos detalles de la experiencia que quedaron en el fuera de campo de Mujer Nómade.

Todo se puede escuchar clickeando acá abajo:

viernes, 2 de noviembre de 2018

Mujer nómade en La otra.-radio

Esther Díaz y Martín Farina este domingo a las 12 de la noche en Radio Gráfica FM 89,3, online acá


Mujer nómade, la película de Martín Farina con Esther Díaz, se gestó en las visitas de Esther a La otra.-radio. En realidad, desde nuestra primera temporada en 2006, Esther nos visita al menos una vez al año. Martín era parte del elenco semanal del programa. Estábamos en FM La Tribu. Vi varias versiones preliminares de la película y conversé durante el proceso creativo con el autor y con la protagonista. La película lleva por estos motivos el sello de La otra. Dada la calidad artística del resultado, estoy orgulloso de ella.


El estreno fue en el último BAFICI y Mujer nómade tuvo un gran recibimiento del público y la crítica. En el FICIC y otros festivales nacionales la onda expansiva fue extendiéndose. La filmografía de Farina empezó a tener mayor visibilidad a partir de ella. Esther pegó un salto desde sus clases y sus libros hacia la pantalla de cine en forma espléndida. Creo que entre ambos lograron que la película se integrara con potencia a la obra filosófica de Esther, con el espesor que agregan el cuerpo y la voz de Esther en los planos compuestos por Martín.


Ahora la película está exhibiéndose en el MALBA todos los domingos a las 18. Y empieza a recorrer los festivales internacionales. Creo que ahí también va a andar bien.


Dando la vuelta entera -¿El eterno retorno? ¿La repetición?-, Esther y Martín vienen el domingo a las 12 de la noche a Radio Gráfica, FM 89,3 (online acá). Con ellos vamos a hablar también de sus nuevos proyectos. 


Cuando la película se exhibió por primera vez en el BAFICI, escribí este comentario:


En un puñado de largometrajes realizados en pocos años, Martín Farina vino puliendo discretamente un estilo muy personal que no parece asimilable al de otros cineastas argentinos de su generación. Farina retrata a personajes o grupos y entabla con ellos una interacción que no recurre a la entrevista de formato periodístico. Sus documentales tienen una puesta en escena cuidadosa que busca una perspectiva y una distancia de cámara precisa, una duración del plano y una cadencia musical en la edición que van componiendo su mirada singular de los sujetos retratados. El diálogo que sostiene con sus personajes es específicamente cinematográfico, gracias al plus de sentido que logra extraer de esos cuerpos y de la tonalidad de sus voces. Esto se verifica en casos tan diversos como los jugadores de fútbol en Fulboy, el ladrillero de El hombre de Paso Piedra o el vehemente cineasta Raúl Perrone en El profes1on4l. Su atención hacia los detalles laterales, el tiempo que se toma en exponerlos y la intriga que surge de la sucesión de escorzos generan un fuera de campo desde el que se abren silencios elocuentes, más allá de lo que sus retratados saben de sí mismos. Farina no opina sobre sus personajes, ni los juzga ni los redime: los mira y los escucha con esa concentración que solo el cine permite.

Ahora perfecciona ese estilo en Mujer nómade, con una protagonista muy carismática: Esther Díaz, doctora en filosofía, escritora y profesora. Como docente, Esther despliega un histrionismo que cautiva a sus alumnos desde la época de sus teóricos multitudinarios en el CBC de los años 80. En sus clases, ejerce una seducción que se vale tanto de su formación filosófica como de una cualidad teatral innata. Su modalidad de intervención en el campo filosófico procede de la postdictadura, el momento en que los claustros se abrieron y la universidad argentina se dejó permear, no sin resistencia, por temáticas y autores hasta ese momento esquivados: Foucault, Deleuze, Feyerabend, la relación entre saber y poder, la crítica a la epistemología logicista, la problematización del imperio tecnocientífico y la aparición del cuerpo deseante como sujeto del saber.

Díaz en su práctica docente ya era una actriz con dominio escénico consumado, mucho antes de convertirse en la protagonista de la película de Farina. Pero lo que él logra con su mirada aguda es desvelar el lado oscuro de esta luna.

Ya muchas veces se dijo que la escritura es huella corporal. También se sabe desde Sócrates que en el encuentro filosófico es decisivo el modo en que el maestro -en este caso, la maestra- pone el cuerpo, a la vez que lo sustrae. Esther Díaz, entonces, ya había expuesto su cuerpo antes de que la película de Farina fuera siquiera un proyecto. Pero en Mujer nómade la mirada del cineasta apresa una vibración de ese cuerpo y una entonación de esa voz hasta ahora inauditos. Farina consigue des-teatralizar la presencia de Díaz y volverla materia cinética.

En una secuencia fugaz de la película se aprecia el brillo que Esther irradia en sus clases y que muchos ya conocen de antes, pero Farina parece interesado en acceder a un espacio de intimidad que destituye el escenario pedagógico -en una operación parecida a la que hacía en Fulboy con los jugadores, cuando ponía a la luz un fuera de campo donde esos cuerpos recios se feminizaban.



En el off-scena de la profesora, Farina toca momentos de una cercanía corporal perturbadora, como si un Dionisos tenebroso se apoderara de la puesta en escena y se complaciera en tensar hasta el punto del desgarro a su heroína. El discurso que Esther pronuncia habitualmente en sus clases asume acá un tono inquietante. La profecía del eterno retorno de lo mismo hace mucho que no expresa el temblor que suena en los minutos finales de la película, como si su voz le devolviera a la autoproclamada jovialidad de Nietzche una entonación seria. Es con detalles así que Mujer nómade trasciende el retrato personal de la filósofa para encontrar en su microcosmos el desasosiego de toda la época.

"¿Quién sabe lo que puede un cuerpo?" cita Díaz a Baruch Spinoza y entregada a la cámara de Farina parece dispuesta a poner su propio cuerpo en disponibilidad para la pregunta. Si en el ámbito académico porteño ella es una de las principales impulsoras de la crítica al imperio de la tecnociencia, en la película su cuerpo se ve sometido a toda clase de tecnologías invasivas. A lo largo de Mujer nómade se citan muchas veces palabras como "sexualidad", "tecnología", "saber" y "poder" pero, en el momento culminante, la palabra que ella pronuncia es una que no proviene del léxico foucaultiano ni deleuziano: dice "desesperación".

La película se mueve por bordes del riesgo desde el plano inicial hasta el último, pero tiene un centro secreto, un plano secuencia en el que asistimos a dos mutaciones sucesivas en tiempo real. La escena parece manejada, ni por Farina ni por Díaz, sino por Ello o por un dios desconocido, como ustedes prefieran. En esos minutos se condensa el paso del teatro al cine que es su clave constructiva. Esther empieza la escena representando a una idishe mame maltratada por su hijo (ella sola alterna uno y otro rol). De pronto la representación teatral se interrumpe, ella mira a cámara y empieza a hablar con la voz de Esther, que hasta ahí estaba actuando una situación de violencia psíquica que había atravesado la noche anterior en una clase de teatro. Presa de una furia catártica, su indignación la desborda hasta quebrarse. La escena misma se rompe cuando ella baja la cabeza y sale por un segundo de cuadro, para volver a aparecer en un ángulo inferior, chiquita y frágil, en un encuadre notoriamente desequilibrado que la cámara se abstiene de corregir. Es cuando Esther dice eso de que "se abrió otra vez esta grieta que yo estaba tapando con todas estas cosas y me encuentro otra vez en la desesperación". Instante puramente documental de Mujer nómade, tensión privilegiada en la que el cine muestra que a su modo puede rendirle un inapreciable tributo al pensamiento filosófico.

domingo, 29 de abril de 2018

Una semana tan intensa como la lluvia


La foto que ilustra este post fue tomada por Esther Díaz un rato antes de que se desatara el vendaval de anoche.

Esta semana fue tan intensa como la lluvia de la madrugada, que produjo una catástrofe en diversos puntos de la ciudad. En la semana hubo en el país una tormenta económica y financiera con motivos políticos, cuyas consecuencias las va a tener que afrontar el pueblo argentino durante mucho tiempo. A la vez, este vendaval, creo yo, acelera los tiempos para el deterioro político del macrismo, que si intenta endurecer su posición, probablemente lo único que logre es profundizar su propio anegamiento en su mezcla fatal de codicia e ineptitud política. ¿Piensan ustedes lo mismo?

También fue intensa esta semana en aspectos más gratificantes: el pueblo no deja de oponerle resistencia al régimen ni durante un solo día, mientras la dirigencia opositora intenta desperezarse y articular.

Además, Argentina es un poderoso viento artístico que sopla desde hace mucho y cada tanto nos infla los pulmones para respirar mejor en medio de este ambiente viciado. Esta semana disfrutamos de Liliana Herrero, de Fito, mañana toca Charly...

En pocos días empieza el Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín, cuyo director artístico es el gran Roger Koza. En esta edición, entre las películas programadas está Expiación (una de las últimas películas de Perrone), la Trilogía del Lago Helado de Gustavo Fontán, un ciclo especial de Cine Nacional en 35 mm programado por Fernando Martín Peña, las retrospectivas de Ana Poliak y de Martín Farina, que incluye Mujer Nómade, el notable retrato cinematográfico de Esther Díaz, la autora de la foto que encabeza el post. Y como si no fuera bastante, la propia Esther se hará presente en Cosquín para mantener un diálogo con Roger sobre cine y filosofía. De esto nos va a estar hablando el amigo Roger, quien esta madrugada se encuentra en Galicia, participando del Play Doc, el festival internacional de cine documental. Por supuesto que también nos va a contar lo que está viendo por allá y nos va a anticipar algo de lo que se viene en Cannes.

Todo esto formará parte del programa de esta noche a las 12 (o a las 0 del lunes) en Radio Gráfica, 89,3, online acá o acá.

Anoche en el Luna, durante el recital de Fito: este cántico lo empezamos nosotros, modestamente...

jueves, 19 de abril de 2018

Mujer nómade

por Oscar Cuervo

En un puñado de largometrajes realizados en pocos años, Martín Farina vino puliendo discretamente un estilo muy personal que no parece asimilable al de otros cineastas argentinos de su generación. Farina retrata a personajes o grupos y entabla con ellos una interacción que no recurre a la entrevista de formato periodístico. Sus documentales tienen una puesta en escena cuidadosa que busca una perspectiva y una distancia de cámara precisa, una duración del plano y una cadencia musical en la edición que van componiendo su mirada singular de los sujetos retratados. El diálogo que sostiene con sus personajes es específicamente cinematográfico, gracias al plus de sentido que logra extraer de esos cuerpos y de la tonalidad de sus voces. Esto se verifica en casos tan diversos como los jugadores de fútbol en Fulboy, el ladrillero de El hombre de Paso Piedra o el vehemente cineasta Raúl Perrone en El profes1on4l. Su atención hacia los detalles laterales, el tiempo que se toma en exponerlos y la intriga que surge de la sucesión de escorzos generan un fuera de campo desde el que se abren silencios elocuentes, más allá de lo que sus retratados saben de sí mismos. Farina no opina sobre sus personajes, ni los juzga ni los redime: los mira y los escucha con esa concentración que solo el cine permite.

Ahora perfecciona ese estilo en Mujer nómade, con una protagonista muy carismática: Esther Díaz, doctora en filosofía, escritora y profesora. Como docente, Esther despliega un histrionismo que cautiva a sus alumnos desde la época de sus teóricos multitudinarios en el CBC de los años 80. En sus clases, ejerce una seducción que se vale tanto de su formación filosófica como de una cualidad teatral innata. Su modalidad de intervención en el campo filosófico procede de la postdictadura, el momento en que los claustros se abrieron y la universidad argentina se dejó permear, no sin resistencia, por temáticas y autores hasta ese momento esquivados: Foucault, Deleuze, Feyerabend, la relación entre saber y poder, la crítica a la epistemología logicista, la problematización del imperio tecnocientífico y la aparición del cuerpo deseante como sujeto del saber.

Díaz en su práctica docente ya era una actriz con dominio escénico consumado, mucho antes de convertirse en la protagonista de la película de Farina. Pero lo que él logra con su mirada aguda es desvelar el lado oscuro de esta luna.

Ya muchas veces se dijo que la escritura es huella corporal. También se sabe desde Sócrates que en el encuentro filosófico es decisivo el modo en que el maestro -en este caso, la maestra- pone el cuerpo, a la vez que lo sustrae. Esther Díaz, entonces, ya había expuesto su cuerpo antes de que la película de Farina fuera siquiera un proyecto. Pero en Mujer nómade la mirada del cineasta apresa una vibración de ese cuerpo y una entonación de esa voz hasta ahora inauditos. Farina consigue des-teatralizar la presencia de Díaz y volverla materia cinética.


En una secuencia fugaz de la película se aprecia el brillo que Esther irradia en sus clases y que muchos ya conocen de antes, pero Farina parece interesado en acceder a un espacio de intimidad que destituye el escenario pedagógico -en una operación parecida a la que hacía en Fulboy con los jugadores, cuando ponía a la luz un fuera de campo donde esos cuerpos recios se feminizaban.

En el off-scena de la profesora, Farina toca momentos de una cercanía corporal perturbadora, como si un Dionisos tenebroso se apoderara de la puesta en escena y se complaciera en tensar hasta el punto del desgarro a su heroína. El discurso que Esther pronuncia habitualmente en sus clases asume acá un tono inquietante. La profecía del eterno retorno de lo mismo hace mucho que no expresa el temblor que suena en los minutos finales de la película, como si su voz le devolviera a la autoproclamada jovialidad de Nietzche una entonación seria. Es con detalles así que Mujer nómade trasciende el retrato personal de la filósofa para encontrar en su microcosmos el desasosiego de toda la época.


"¿Quién sabe lo que puede un cuerpo?" cita Díaz a Baruch Spinoza y entregada a la cámara de Farina parece dispuesta a poner su propio cuerpo en disponibilidad para la pregunta. Si en el ámbito académico porteño ella es una de las principales impulsoras de la crítica al imperio de la tecnociencia, en la película su cuerpo se ve sometido a toda clase de tecnologías invasivas. A lo largo de Mujer nómade se citan muchas veces palabras como "sexualidad", "tecnología", "saber" y "poder" pero, en el momento culminante, la palabra que ella pronuncia es una que no proviene del léxico foucaultiano ni deleuziano: dice "desesperación".

La película se mueve por bordes del riesgo desde el plano inicial hasta el último, pero tiene un centro secreto, un plano secuencia en el que asistimos a dos mutaciones sucesivas en tiempo real. La escena parece manejada, ni por Farina ni por Díaz, sino por Ello o por un dios desconocido, como ustedes prefieran. En esos minutos se condensa el paso del teatro al cine que es su clave constructiva. Esther empieza la escena representando a una idishe mame maltratada por su hijo (ella sola alterna uno y otro rol). De pronto la representación teatral se interrumpe, ella mira a cámara y empieza a hablar con la voz de Esther, que hasta ahí estaba actuando una situación de violencia psíquica que había atravesado la noche anterior en una clase de teatro. Presa de una furia catártica, su indignación la desborda hasta quebrarse. La escena misma se rompe cuando ella baja la cabeza y sale por un segundo de cuadro, para volver a aparecer en un ángulo inferior, chiquita y frágil, en un encuadre notoriamente desequilibrado que la cámara se abstiene de corregir. Es cuando Esther dice eso de que "se abrió otra vez esta grieta que yo estaba tapando con todas estas cosas y me encuentro otra vez en la desesperación". Instante puramente documental de Mujer nómade, tensión privilegiada en la que el cine muestra que a su modo puede rendirle un inapreciable tributo al pensamiento filosófico.

lunes, 8 de enero de 2018

Los oyentes dijeron que fue uno de los mejores programas (pero lo están diciendo seguido)

Primer programa modelo '18, con Esther Díaz en La otra, para escuchar clickeando acá.


También lo pueden escuchar con menor calidad de sonido acá:


Cada domingo renace la esperanza, cada primer domingo del año la dicha está de fiesta si es un domingo para la juventud... Ya es una costumbre de todo enero que en el primer programa de La otra del año venga Esther Díaz a echarnos la nafta para arrancar (¡antes de que vuelva a aumentar!). Y esta noche no fue la excepción. Hace pocas semanas salió su nuevo libro, Problemas Filosóficos y vino a traerlo a la radio. Hablamos de esa cosa llamada filosofía, de reputación dudosa cuando se la intenta medir con los estándares del resultadismo científico. Incluso si les preguntamos a distintos filósofos qué cosa es esa, ni ellos se ponen de acuerdo. Pregúntenle a Carnap si Heidegger hace filosofía y pregúntenle a Heidegger qué dice de lo que dice Carnap. Y traten de detectar una señal de progreso entre el pensamiento de Platón y el de Wittgenstein. Si medimos los resultados filosóficos en términos mensurables, las agujas no los registran. Pero ¿qué hay con las agujas de los aparatos? ¿seremos capaces de dejar un poco los vúmetros, los tensiómetros y los ergómetros, de dejar de aparatearnos? ¿o tendremos miedo de desmedirnos, de aburrirnos y quedarnos solos? ¿qué será de nosotros si los apagamos un rato y nos apartamos del jaleo obligado y tratamos de oír lo que nos suena en la cabeza, si es que entendemos el idioma en que esa voz nos habla?

Parece raro empezar así un año ¿no? No. Sin hablar de la foto de Mariu en el supermercado y sin tener en cuenta las metas de inflación propuestas y pospuestas por el BECERRA. Hablamos de filosofia y el tema es la soledad, el paso del tiempo, el aburrimiento, la muerte... ¡y nos reimos! No hicimos conexión con las playas de Punta. Conectamos con Pascal, Deleuze, Tarkovski, Reinaldo Arenas, con Varsavsky y Los Beatles. ¿Saben quiénes son? ¿Y saben la música que escuchamos: algunos de los mejores discos del año que termina y un par de reediciones que aparecieron últimamente: Poxyran, Demarco, Bocci, Lorde, Plant, Can, Smith, que se tiró por la ventana igual que Deleuze, aunque por otra razón. Estuvo Alejandro Brain, que casi me dejó hablar. Los oyentes dijeron que fue uno de los mejores programas que hicimos, pero eso lo están diciendo seguido.

Y en medio del programa, vimos esa luz...



Me maquillo en el coche de un desconocido
Pedimos bebidas diferentes en los mismos bares
Sé lo que hiciste y quiero gritar la verdad
Ella cree que te encanta la playa,
pero sos un maldito mentiroso.

Esos grandes dientes grandes 
Ah, te van a morder
Pensé que habías dicho que siempre ibas a estar enamorado
Pero ya se te pasó
¿Te asustaste?
Cuando nos besábamos y bailábamos en la luz del piso de arriba
en la luz del piso de arriba...

Pero escucho voces en mi cabeza
voces nuevas en mi cabeza
Querido, te veo siempre donde quiera que vaya
Te veo al bajar en cada calle
Lo estoy esperando, ese rayo verde, lo anhelo.

Porque querido, voy a venir a buscar mis cosas,
pero no voy a dejarlo escapar
Lo estoy esperando, ese rayo verde, lo anhelo
Ah, ojalá pudiera agarrar mis cosas y partir
Pero estoy esperando el rayo verde, lo anhelo.

A veces me levanto en una pieza distinta
Susurro cosas, la ciudad te vuelve a cantar
Todos esos rumores tienen dientes grandes
Ah, te van a morder
Pensé que habías dicho que siempre ibas a estar enamorado
Pero no ya no estás enamorado 
¿Te asustaste?
Cuando nos besábamos y bailábamos en la luz del piso de arriba
en la luz del piso de arriba...

Pero escucho voces en mi cabeza
voces nuevas en mi cabeza
Querido, te veo siempre donde quiera que vaya
Te veo al bajar en cada calle
Lo estoy esperando, ese rayo verde, lo anhelo.

Si quieren saber realmente de qué se trata, pueden clickear acá y sale el programa enterito, como si fuera magia. Es magia.

sábado, 6 de enero de 2018

Esther Díaz tiene Problemas

Filosóficos: y los viene a conversar el domingo a las 12 de la noche en La otra.-radio, FM 89,3 Radio Gráfica, online acá o acá *




[Fragmento del libro Problemas Filosóficos, de Esther Díaz, recientemente aparecido]:

 ...es preciso reconocer que en nuestras sociedades la soledad no tiene buena prensa. Se la asocia a la angustia, al sufrimiento, al tan desprestigiado aburrimiento. Como si se tratara de una derrota social, incluso se la teme. Dice Tarkovski que esa aversión cultural por la soledad termina por privar a millones de personas de aprovechar y disfrutar de las bondades que sólo ella provee.

El maestro ruso considera que el mejor aporte que se le podría hacer a la juventud para que sea fértil en ideas creativas sería enseñarle a cultivar la soledad, esa que en su obra se trasmuta en pausas y silencios. Aspectos temporales que, en lugar de atosigar con estímulos al espectador, lo habilitan como ser pensante.



En épocas de alocadas fiestas juveniles legales o clandestinas, en épocas en que las comunidades artísticas necesitan compulsivamente reunirse y volver a reunirse sin solución de continuidad y los creativos de cualquier cuño forman corporaciones, sectas, grupos, grupúsculos, en fin, rebaños; las palabras del realizador de Solaris suenan extrañas. Quizá por eso merecen ser reiteradas. Los jóvenes deberían aprender a estar solos y a pasar el mayor tiempo posible consigo mismos, dice. Considera que una de las fallas entre ellos es que intentan reunirse alrededor de inventos ruidosos, casi agresivos, y encuentra que ese deseo de congregarse para no sentirse solos es un síntoma desafortunado. Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar el tiempo consigo mismo. Eso no significa que deba ser un solitario sino que no debería sentirse mal en soledad. La gente que se aburre con su propia compañía es muy vulnerable en lo que a autoestima se refiere.

Este reclamo de soledad para la fertilidad espiritual es idéntico al del cubano Reinaldo Arenas quien, desde otro continente, otro lenguaje, otra cultura y otros climas exige lo mismo para la creación artística:

Te he buscado en la noche milenaria
que devoró a Kant y a Marco Bruno,
en el mar y su furia legendaria,
en la Biblia y hasta en un son montuno.

Debo confesar que te he soñado
en la confusión de vastos urinarios,
en el callejón con su horror desamparado,
en un parque y en cien mil balnearios.

Repitiendo mil sandeces te he buscado
auscultando los cuerpos y los rostros
entre estruendo de injurias y anatemas.

Y finalmente te he encontrado:
eres la soledad ante la cual me postro
para que surja el argumento de mis poemas.



* El domingo, hacia la madrugada del lunes, Esther Díaz viene a presentar su nuevo libro, Problemas filosóficos, Biblos, 2017. Y además hablarnos en primicia de una película documental que la tiene como protagonista, dirigida por Martín Farina, que va a  conocerse este año que comienza. En el inicio de una nueva temporada en Radio Gráfica, con nuestra invitada estival, Esther Díaz: a las 12 de la noche del domingo o las 0:00 hs del lunes, como usted prefiera.

viernes, 29 de diciembre de 2017

Su éxito, ¿será también el de la Argentina?


"Los buitres y los grupos financieros más concentrados no ven solamente el potencial de riqueza del país por la explotación de Vaca Muerta y el resto de sus recursos naturales, sino también el colosal sendero de endeudamiento en el que hoy Argentina podría ingresar con más señales favorables para los mercados".

Mariano Kestelboim, "Deuda y buitres", agosto 2014

por Esther Díaz

Un país sin deuda no es rentable para los amos del dinero. Argentina se había desendeudado en la última década. ¿Qué beneficio le da eso al capital? Ninguno. En Inglaterra existen tarjetas de créditos que no les renuevan a los clientes que pagan puntuales. Sin deuda no hay paraíso. La consigna es gerenciar y endeudar. El costo lo pagan los que menos tienen. Se pierden derechos porque el Estado está al servicio de las corporaciones. En contra y a la defensiva del pueblo (por eso la represión entre otras agresiones estatales). Los gerentes impolíticos son eso, gerentes. Trabajan para el neocapitalismo, de ahí el desprecio por los símbolos patrios y los engaños de campaña. Espejitos de colores. Solo importa el mayor lucro para la mínima minoría que acumula la riqueza del mundo. A Marcos Peña -en Forbes- lo nombraron CEO del año. Que a un político de rango en ejercicio de su investidura se lo premie como gerente empresarial, lo dice todo.

martes, 5 de diciembre de 2017

Cuadros de una exposición



por Esther Díaz

Entre las obras se desliza una corriente sutil y envolvente, armónica. Escenas aguerridas o tiernas. Imágenes serenas o crispadas, pero justas, equilibradas. Patria niña con pañuelo blanco, escrituras, ausencias habitando presencias, niñas solas, repetidas, semejantes, diferentes, insumisas, fogosas, serenas, militantes o cabalgando ausencias desde su más prístina inocencia.

Mientras observo esta muestra suena una música interna. Sólo yo la percibo. Cuadros de una exposición, de Modest Músorgski. La compuso al influjo de las pinturas de un amigo ausente. Sensibilidad, rigor, pasión que invitan a meditar. Han pasado muchísimos años desde aquella exposición rusa y enormes distancias nos separan de ella, pero ahora, en Buenos Aires, parece retornar y sobrevolar una confusa divisoria de barrios: San Telmo, Barracas, La Boca. La música me acompaña mientras recorro la muestra Nomeolvides, de Elena Caranci.

Noviembre de 2017. Es el último día de esta exposición en un lugar con toques de magia llamado “Querida Elena”. La causa eficiente de los temas plasmados en los cuadros ha sido un poema de Leopoldo Marechal - “Descubrimiento de la patria”- y las vicisitudes de una Argentina privilegiada y castigada al mismo tiempo. El poema se escapó de la escritura y habita los pinceles de Elena.

La Patria es un dolor que aún no tiene bautismo… ¿Con que derecho definía yo a la Patria, bajo un cielo en pañales y un sol que todavía no ha entrado en la leyenda...

La Patria es un dolor que aún no sabe su nombre…La Patria era una niña de voz y pies desnudos…La Patria era un retozo de niñez en el Sur aventado...La Patria es un temor que ha despertado…niña, y pintando el orbe de su infancia.

El poema es trasladado a imágenes y transformado. Y en esa metamorfosis de lenguajes estéticos desfilan como ángeles niñas y más niñas. Desfilan la memoria, las banderas, las letras y desfilan también papelitos de cancha. Celeste, blanco, rojo, negro, azul iridiscente. Niñas que le han robado los rasgos a la artista que -como glosando a una Frida Kahlo rediviva e intensamente sublimada- reiteran su rostro y su cabello.

Danzas, nomeolvides mínimas, trazos con el idioma en el aire, nostalgia, esperanza. Y la infanta insignia con su bandera en alto. Ella misma convertida en bandera. ¿Cómo expresar en palabras el grito de las representaciones pictóricas? No parece posible. Hay que verlas, sentirlas, dialogar en silencio mientras una fuerte corriente patriótica se arremolina entre las nenas, los símbolos, los pinceles y esas estrellitas que nos sorprenden por aquí y por allá en muchas de las obras.

Ese coral estético gira y gira. La niña, en ese remolino de sensaciones, me visita y se ahuyenta. ¿Una niña o varias niñas? Aunque ninguna duerme, es como si temiera despertarlas. Comienzo a caminar con paso lento. Un inaudible sonido se pega a mis oídos, me pisa los talones, como si las pequeñas me persiguieran. En realidad, lo que me acompaña -mientras me voy alejando de la exposición- es el centellante e inolvidable mundo de Elena.

sábado, 7 de octubre de 2017

Cruces

Kierkegaard / Deleuze: Repetición / Diferencia. Seminario filosófico a cargo de Esther Díaz y Oscar Cuervo. Comienza hoy 7 de octubre y sigue durante los sábados de este mes a las 17:00 hs en Red Colegiales, Alvarez Thomas 1093. Los que todavía no estén inscriptos, lleguen una hora antes para anotarse

Todo se resume en la potencia. Cuando Kierkegaard habla de la repetición como de la segunda potencia de la conciencia, 'segunda' no significa una segunda vez, sino el infinito que se dice de una sola vez, la eternidad que se dice en un instante, el inconsciente que se dice de la conciencia, la potencia 'n'. Y cuando Nietzsche presenta el eterno retorno como la expresión inmediata de voluntad de poder, esta voluntad de poder no significa en absoluto 'querer el poder', sino, por el contrario, sea lo que fuere lo querido, llevarlo a la 'enésima' potencia, es decir, extraer de ello la forma superior, gracias a la operación selectiva del pensamiento en el eterno retorno, gracias a la singularidad de la repetición en el eterno retorno mismo. Forma superior de todo lo que es: he aquí la identidad inmediata del eterno retorno y el superhombre.

No sugerimos semejanza alguna entre el Dionisos de Nietzsche y el Dios de Kierkegaard. Por el contrario, suponemos, creemos que la diferencia es infranqueable. Pero entonces, más aún: ¿de dónde viene la coincidencia sobre el tema de la repetición, sobre ese objetivo fundamental, aun cuando ese objetivo sea concebido en forma diversa? Kierkegaard y Nietzsche son los que aportan a la filosofía nuevos medios de expresión. Ahora bien, lo que está en tela de juicio en toda su obra es el movimiento. Le reprochan a Hegel que permanezca en el falso movimiento, en el movimiento lógico-abstracto, es decir, en la ‘mediación’. Quieren poner a la metafísica en movimiento, en actividad; quieren hacerla pasar al acto, y a los actos inmediatos… Se trata de convertir al movimiento mismo en una obra, sin interposición; se trata de sustituir por signos directos las representaciones mediatas; de inventar vibraciones, rotaciones, torbellinos, gravitaciones, danzas o saltos que alcancen directamente al espíritu.

Gilles Deleuze, Diferencia y repetición


[Este post no tiene el propósito de una afirmación. Kierkegaard, Nietzsche, Deleuze y, claro, Hegel; o, por qué no, Marx se chocan en una encrucijada que no es precisamente la que ellos han elegido para dar sus respectivas peleas. Ellos se cruzan en nuestras lecturas. Nos hablan de hoy y nos hablan a nosotros, no precisamente porque se lo propongan, ni porque lo hayan logrado sin quererlo, sino porque no nos queda otro modo de leerlos: por eso nos juntamos a partir de hoy y durante 4 tardes de sábado a pensar en estos cruces. Diferencia y repetición (y negación y mediación e historia y tiempo y verdad y conciencia y representación y obra y amor y destino y libertad e instante). Junto a Esther Díaz y Oscar Cuervo, 7, 14, 21 y 28 de octubre de 2017 a las 17:00 hs en Red Colegiales, Alvarez Thomas 1093. Atención: los que hoy vayan sin haberse inscripto, lleguen a las 16:00 para inscribirse, porque el curso empieza con puntualidad].

martes, 3 de octubre de 2017

Repitan conmigo: ... *

* Este sábado a las 17 hs. en Red Colegiales (Alvarez Thomas 1093) empieza el seminario co-dirigido por Esther Díaz y Oscar Cuervo: "Repetición y diferencia: Kierkegaard y Deleuze". Para informes e inscripción previa, escribir a redcolegiales@gmail.com. Los que asistan a la primera reunión sin haberse inscripto, se recomienda llegar a las 16:00 hs, con una hora de anticipación.


por Oscar Cuervo

En La repetición, Constantín Constantius se vincula a un joven que está enamorado de una chica. Lo que cuenta el libro es la relación de confidente entre Constantín –un hombre mayor, calculemos unos 40 o 50 años– y el joven -que tendrá unos 20- enamorado de la chica. El muchacho está en el cima del amor, un amor correspondido: ella le corresponde y los dos están en el mejor momento de su relación. Pero en ese momento se despierta en él una melancolía rara, porque siente que, teniéndola, la perdió. ¿Por qué? Empieza a proyectar las posibilidades futuras y entonces tiene miedo de que cada vez que se acerque a ella, cada acercamiento, sea una pérdida. Empieza a sufrir la finitud de esa relación amorosa, el terror a perder lo que tiene. Lo curioso es que el joven vive este amor presente como si fuera un recuerdo, es decir, como si todo ya hubiera terminado y él estuviera colocado en una posición en la cual el amor ya se perdió. Y lo único que hace cuando está con ella es recordarlo: recordar, paradójicamente, lo que tiene, como si ya lo hubiera perdido. Dice Constantín Constantius:

“Nuestro joven, pues, estaba profunda e íntimamente enamorado. De esto no podía caber la menor duda. Y, sin embargo, ya en los primeros días de su enamoramiento se encontraba predispuesto no a vivir su amor, sino solamente a recordarlo. Lo que quiere decir que, en el fondo, había agotado ya todas las posibilidades y daba por liquidada la relación con su novia. En el mismo momento de empezar ha dado un salto tan tremendo que se ha dejado atrás toda la vida” (1).

Constantín no objeta que el joven atraviese esta experiencia, a la que considera típica de esa disposición (Stemmning) erótica. Pero se sorprende de que no pueda contraarrestar esa melancolía con otra disposición:

“Cada uno debe de hacer verdad en sí mismo el principio de que su vida ya es algo caducado desde el primer momento en que empieza a vivirla, pero en este caso es necesario que tenga también la suficiente fuerza vital para matar esa muerte propia y convertirla en una vida auténtica. En la aurora de la pasión amorosa luchan entre sí el presente y el futuro con el fin de alcanzar una expresión eternizadora. (2) ”

Constantín expresa la tensión esa entre finitud e infinitud de la que hablé antes. Es alguien que tiene una posición subjetiva distante, como si mirara todo desde afuera, sea porque está en otro momento de su vida o por una imposibilidad de comprometerse. Es un amante del teatro y por eso es esencialmente un espectador. Y le gusta que el muchacho le cuente todas estas cosas, porque a él, como observador estético, le gusta escuchar el drama de otro.

[Fragmento de "La repetición I. Desesperación y Recuperación", un texto que se lee completo en el blog Un Largo, clickeando acá.]

NOTAS

(1) La repetición, p. 138-9.
(2) op. cit., p. 140.



jueves, 7 de septiembre de 2017

Repetición y diferencia

por Esther Díaz

Algo sobre repetición y diferencia. Si dejamos de lado que los humanos percibimos algunas cosas como similares, ¿qué tiene en común los sonido de diferentes procedencias? Incluso cuando se trata de la repetición de una misma nota, cada nota emitida es singular. Una nota que se repite es diferente en cada repetición, aunque más no sea porque se está produciendo en otro instante. También son diferentes todas y cada una de las Marilyn de Andy Warhol, aunque se trate de la misma toma fotográfica replicada. El simple hecho de que se reitere en diferentes lugares del cuadro está marcando que cada una es otra, aunque similar a las demás. Pero, ¿alguna representa realmente al modelo? Sí y no. Sí, en la medida en que la similitud de la imagen con el aspecto físico del original produce una evocación de la persona aludida. Y no, porque nada puede estar en lugar de lo que representa.

La imposibilidad de la representación –o su sentido azaroso y convencional- se manifiesta en las onomatopeyas con que los diferentes idiomas “representan” sonidos que, se supone, sonarían de la misma forma en todo el mundo. Por ejemplo, el canto del gallo se expresa con distintos fonemas onomatopéyicos en diferentes idiomas (y todo parece indicar que los gallos no cantan en inglés o en castellano, sino "en gallo"). No obstante, la música tradicionalmente se quiso representativa. Los griegos antiguos consideraban que el arte es imitación de la realidad. Ahora bien, ¿qué realidad puede imitar la música? Se podría decir que el sonido del agua deslizándose entre piedras, o el del viento agitando las hojas de los árboles. De todos modos la música no es agua, ni piedra, ni viento, ni hojas. Es ella misma.


Desde el sábado 7 de octubre a las 17:00 y durante 4 semanas, Kierkegaard  - Deleuze: Repetición y diferencia. Seminario a cargo de Esther Díaz y Oscar Cuervo. Vacantes limitadas.

Informes e inscripción: ver Facebook, Red Colegiales y por e-mail: redcolegiales@gmail.com

domingo, 18 de junio de 2017

La noche de la filosofía


por Esther Díaz

Un encuentro organizado por un gobierno que, si bien es democrático, toma medidas contra el pueblo y a favor de los ricos y de los muy ricos. Que recorta y recorta inversiones en cultura, que se burla de la educación pública, que desprestigia a la ciencia, ningunea al arte y pretende despojar al pensamiento filosófico de aquello que le da sentido: su capacidad problematizadora, su poder crítico, su potencia para crear conceptos que actúen como “el tábano de Sócrates” que, con su agudeza nos despabila para desarrollar pensamiento fecundos que contrarresten la chatura e inanidad de los “pensadores oficiales” de los gerentes devenidos gobernantes. 

En la década del 80, gracias al renacimiento de la democracia, he sido compañera de cátedra de jóvenes y diáfanos colegas con los que, incluso, hemos marchado acompañando a defensores y víctimas de los atropellos de esa década infame que terminábamos de dejar atrás. Hoy, varios de esos mismo “filósofos” se “convirtieron” y son anfitriones de La noche de la filosofía (y lo peor es que aparecieron nuevas generaciones de obsecuentes). Son lacayos de quienes miran con simpatía la iniquidad vivida en nuestro país, son escuderos y defensores de negacionistas. Reconozco que hubo alguno que ya entonces no se plegaba a nuestras críticas a los represores, pero tampoco se atrevía a defenderlos como lo hacen ahora. Otros, en cambio, han sido una sorpresa: pasaron de la revolución a la reacción. 

Cuando, durante la presente gestión, se organizó la primera Noche de la filosofía fui invitada, como lo fue Oscar del Barco y otros colegas de probada producción filosófica. Sin ponernos de acuerdo (más allá de los acuerdos que existen entre quienes creemos tener claro que la filosofía debería estar al servicio de la crítica y de las causas que incluyen al pueblo), declinamos esa invitación que, en cierto modo, hubiera manchado nuestras trayectorias. Pero en esta nueva edición de esa Noche que produce un poco de vergüenza (¿con qué cara organizan un evento para festejar algo que denostan?) veo que hay colegas que, a pesar de que suelen publicar sus aceradas críticas contra este régimen de gobierno, aceptaron figurar. Si se cambiaron de bando (por figurar, por convencimiento o por lo que fuere) ellos sabrán disfrutar los beneficios; ahora bien, si se engañan a sí mismos creyendo que mezclándose con esa gente podrán emitir sus críticas desde ahí, entonces, en ese caso, su ingenuidad es tal que en el fondo, más que indignación, producen un poco de lástima, a pesar de que, en esta oportunidad (y en todas, porque son oportunistas) han decidido ponerse del lado del más fuerte. 

Con tal de figurar, se amanceban con cualquiera.

domingo, 19 de febrero de 2017

Estado y mujer



por Esther Díaz

Lo que es hostil está más próximo que lo demás. Si una mujer se viste de color púrpura es duramente castigada por la ley. Otro tanto ocurre si su ropa es de seda o si luce joyas. Sólo debe usar telas de lana sin teñir. Que sea rica no es excusa para vestidos lujosos. Hay varios argumentos que avalan estos mandatos. Uno es que la manera de mostrar u ocultar el cuerpo delatan el grado de honestidad de cada mujer. Además, la seda se importa, en cambio la lana se hila y teje en casa y -siendo la mujer quien hace esa faena- hay un motivo más para que no se aparte del hogar.

Hasta aquí se trata de manipulaciones domésticas y de construcción de subjetividades femeninas dóciles. Pero también hay vinculaciones directas con intereses de Estado. Al limitar los gastos de la mujer se produce una planificación biopolítica del ahorro. Hogares con abundante efectivo otorgan solidez a un gobierno asediado por conflictos bélicos. A ello se le agrega el aumento de poder simbólico masculino, que sale fortalecido con el sometimiento.

En este sentido, las mujeres no pueden usurpar el color púrpura, ya que representa el poder masculino relacionado directamente con lo político. Por otra parte, la mujer rica debe ser un ejemplo para las pobres. Porque si las de clase privilegiada les reclamaran a sus maridos vestimentas ostentosas, las humildes las imitarían. Se podrían desatar tormentas conyugales, familiares y hasta sociales. Menuda carga depositan los legisladores -varones en su totalidad- en las espaldas de quienes no pueden entrar al recinto legislativo. La Ley Opia, que reglamenta cómo deben vestirse las mujeres, se promulgó en Roma en el año 215 antes de Cristo.

Y, si bien algunos de sus términos suenan anacrónicos, el espíritu que la animó sigue vigente. La mujer es utilizada como instrumento de gobernabilidad. Una somera deconstrucción permite vislumbrar lo milenario (y puntilloso) del aparato de control. Devela así mismo las estrategias gubernamentales para normalizar a la mujer y, como valor agregado, a los demás discriminados.

Si damos un salto retrospectivo desde la represión policial por amamantar en público o tomar sol sin corpiño, en Buenos Aires 2017, hasta la promulgación de leyes para determinar cómo vestirse, en Roma doscientos años antes de Cristo, aparece la naturalización de los prejuicios en contra del cuerpo de la mujer. Así como la solidez de estructuras coercitivas que sobreviven siglos.

El contexto político en el que se aprobó la Ley Opia correspondía a la segunda guerra púnica. Había que poner orden en la población y acumular fondos para la guerra. La variable de ajuste se concentraba en las mujeres. Hubo otras normativas, como la prohibición de heredar y el reforzamiento de que el único rol aceptable para una mujer es el cuidado de futuros ciudadanos.

Gestos, palabras, miradas, alimentación, procreación, en fin, todos y cada uno de los movimientos de las mujeres estaban administrados por el poder. Esa represión fue internalizada por las romanas, de modo que pocas mujeres se sentían atraídas por lo placeres del sexo. Las alegrías cotidianas, el arreglo personal o los divertimentos no las seducían, pues temían caer bajo la condena pública. Preferían el silencio y la moderación para pasar desapercibidas. Se resignaban, ya que los “medios hegemónicos” de entonces (dramatizaciones, poesías, discursos) llenaban de agravios a las mujeres que no cumplían el mandato.

No es casual que el episodio de Lucrecia, ocurrido en el siglo VI anterior a nuestra era, haya sido exaltado por la cultura romana como ejemplo que debería de ser seguido. Lucrecia, según el poco confiable testimonio de Tito Livio, era una joven romana famosa por su belleza y honestidad. Una noche, aprovechando que su marido no estaba, Sexto Tarquino, el hijo del rey, entró en su casa y la violó. Al otro día ella hizo llamar a su padre y a su esposo, les relató lo ocurrido e, inmediatamente, se suicidó clavándose un puñal en el pecho, no sin antes dejar su mensaje: “Con el ejemplo de Lucrecia, ninguna mujer quedará autorizada a sobrevivir a su deshonor”.

No hay manera de testimoniar si realmente fue violada, si se suicidó o la mataron, menos aún si dijo esas palabras. Es histórico en cambio que, a partir de graves incidentes entre los Tarquino y la familia de Lucrecia, se produjo el fin de la monarquía y el comienzo de la república. No existen testimonios confiables acerca de la muerte de Lucrecia, pero el episodio transcendió como eslogan para marcarle el terreno a las mujeres.

Se deben sentir culpables si un hombre abusa de ellas y, en caso de ser violadas, deben asumir la carga y la culpa. Esto sigue vigente. El 11 de noviembre de 2016, en Catamarca, Luz Villafañez, una niña de trece años, fue abusada. La madre intentó hacer la denuncia, pero los policías no la quisieron atender porque, según dijeron, se trataba de un caso irrelevante. Al agresor ni lo citaron. Luz estaba descompuesta, no podía caminar. En el hospital desestimaron su malestar y ni siquiera le practicaron una revisación ginecológica. Es decir que, además de la agresión del violador, la menor recibió maltrato médico y policial. Esa noche se suicidó. La autopsia reveló que había sido brutalmente violada.

Regresemos a la cultura latina. Catón, defensor acérrimo de la Ley Opia, fatigó los estrados políticos y judiciales arengando en contra de las mujeres, de su impostura, de su lujuria, de su peligrosidad y de la necesidad de mantenerlas con las riendas cortitas. Esa era la faceta adusta de la ofensiva contra la mujer; la burlesca la asumió Plauto, cuya obra es una sátira antifemenina. Retoma la sorna machista griega y la condimenta con exabruptos romanos.

Megadoro, uno de sus adinerados personajes, expone su decisión de casarse con una mujer pobre. Es muy alabado por ello pues, si los demás ciudadanos siguieran su ejemplo, los ricos serían mejor valorados por el populacho gracias a su acto de “liberalidad” y, por añadidura, las esposas (por ser de extracción humilde) serían más sumisas. Temerían a sus maridos más que las ricas. Y ellos tendrían menos gasto, ya que una pobre se contenta con cualquier cosa.

Ahora bien, si todos siguieran el camino de Megadoro, ¿con quién se casarían las mujeres ricas?, le pregunta un interlocutor. La respuesta es que se casen con quién quieran, con tal de que no aporten dote. Eso traería no solo ventajas económicas para su familia paterna sino también mayor sometimiento al esposo. Pues, al no tener dote para hacerse valer, las mujeres se preocuparían por mejorar sus costumbres y ser virtuosas para congraciarse con sus maridos.

Derecho a utilizar púrpura, seda, oro, poseer criadas, mulas, muleros, lacayos, recaderos y carruajes; nada de esto puede reclamar una mujer que no aportó dote. Pero como siempre quedaban algunas mujeres con poder adquisitivo que se les escurrían por los entramados del poder (huérfanas, viudas o divorciadas), se estableció un impuesto a la riqueza de las mujeres. Aunque no solo se controlaba a las mujeres en general y a las que poseían bienes en particular, también se perseguía a las lindas. Si es bella, no es buena.

¿Por qué tanta saña con las mujeres destacadas que, en términos poblacionales, eran una minoría? Justamente, porque después de las guerras púnicas, los hombres quedaron diezmados y las nobles adquirieron potestades desconocidas hasta entonces. Había que destruir a machetazos el huevo de la serpiente.

Las nimiedades sobre el boato de la mujer sorprenden por provenir de adustos varones que parecerían llamados a legislar sobre temas más trascendentes que someter a la mujer desde su vestidos, adornos y afeites. Pero ese control en realidad se sostenía en previsiones geopolíticas. Así pues, la promulgación de la ley contra el boato estaba grávida de significación doméstica (para administrar la cotidianidad) y de política exterior (acumulación de capitales para posibles guerras).

Otra función de la normativa comentada era dejar en claro la dicotomía heredada: madre o prostituta. La Ley Opia proporcionaba privilegios simbólicos a la matrona obediente y destinaba todo el oprobio para la que, por no cumplir el mandato, era consideraba meretriz. El reticulado de control era tan exhaustivo que las prostitutas no podían vestir ropas que se consideraban exclusiva de las patricias, así como estas no podían vestirse con colores reservados para el boato masculino.

No se legislaba únicamente sobre costumbres y fortuna, otra virtud de la mujer debía ser el silencio. Pero hubo mujeres que gritaron y lograron finamente que se derogara la Ley Opia. Aunque no fue únicamente por su persevante movilización, sino también por los encendidos discursos de algunos patricios celosos de sus intereses privados. Las restricciones a sus mujeres afectaban, en algunos casos, los intereses de los señores.

Durante los días en los que los legisladores discutían la abrogación de la ley, las mujeres se volcaron masivamente a las calles y presionaron con su obstinada resistencia y su inaudita presencia en el foro. La Ley, después de veinte años de vigencia, quedó sin efecto. No así su espíritu, que se extiende con variantes hasta nuestra época. Desde la inequidad salarial hasta el femicidio, pasando por la desigualdad de tareas en el hogar, la violencia de género y el acoso sexual.

La mujer es una tecnología de poder. No te olvides. Lo importante es que no te olvides cuál es tu función en el dispositivo social. Tampoco el machismo -que atraviesa todos los géneros- debe olvidarlo. Hoy las normativas se expresan con diferentes expresiones, pero el mensaje persiste. He aquí el epitafio aleccionador del sepulcro de una matrona romana que vivió y murió antes de Cristo:

Extranjero, tengo poco que decir. Detente y lee. Este es el sepulcro no bello de una mujer que fue bella porque amó a su marido de todo corazón. Puso en el mundo dos hijos. Amable en el hablar, honesta en el comportamiento, custodió la casa, hiló la lana. He terminado, puedes seguir tu camino.