viernes, 30 de septiembre de 2011

Autobiografía de Nicolae Ceaușescu

(Andrei Ujica, 2010)


por Salvador Savarese

El ominoso edificio a la derecha de la foto era el que bajo el nombre de “Casa Sc√ģnteii” centralizaba toda la prensa escrita durante el gobierno de Nicol√°s Ceau»ôescu. A trav√©s de su antena, emit√≠a la televisi√≥n p√ļblica rumana.

Desde all√≠ y por casi 25 a√Īos se emitieron todos los actos y actividades del Gobernante. Es ese material, filmado en diversos formatos y sistemas, conforma la columna vertebral de ese monumento f√≠lmico llamado “Autobiograf√≠a de Nicol√°s Ceau»ôescu”.

A partir de miles de horas de archivo el director Andrei Ujica elabora un minucioso y extenso (extenso por minucioso y minucioso por extenso) retrato de un tiempo del mundo, de Rumania, y de una persona: Ceau»ôescu.

El punto de partida de la película es un fragmento de la grabación del juicio sumario que se le efectuó a el y a su esposa (Elena Ceaușescu) cuando fueron atrapados en su huida después de la revolución de 1989 y que culminaría con su condena a muerte y fusilamiento. Este fragmento da lugar a un extenso flashback de tres horas de duración donde se ven acciones de gobierno de Ceaușescu, congresos de países comunistas, viajes al exterior, encuentros con diversos gobernantes, discursos, inauguraciones, homenajes, fiestas y entierros familiares.

No hay voz en off ni explicaciones que dirijan la atenci√≥n del espectador de una manera evidente; s√≥lo hay un excelente trabajo de montaje de imagen y sonido (el audio, seg√ļn coment√≥ el presentador Alan Pauls, fue reconstruido en un 80%) que permite que durante el largo tiempo -en todos los sentidos posibles- que dura la pel√≠cula, el espectador vaya compenetr√°ndose en un mundo y un personaje que uno intuye como chato, sin un carisma particular, pero que al mismo tiempo, al estar en el centro mismo de todo, adquiere una personalidad formidable. Mas que por K.O. como lo hac√≠an las grandes estrellas del cine, Ceau»ôescu nos gana por abandono.


Una película tan sólida como esta permite una gran cantidad de lecturas posibles. Es de esas películas que dan lugar charlas de cafes apasionadas y cada espectador con su propias competencias puede encontrarle lecturas -incluso críticas- validas y provechosas.

Me permito solo una de ellas: al final de esas tres horas ese mundo y ese país habrán cambiado ante nuestros ojos, pero el que no lo ha hecho es Ceaușescu. A lo sumo ha envejecido corporalmente. Pero aun así es el centro de la escena. En la presentación de la película, Pauls hablaba de la relación entre el poder y el tiempo, como todo pasaba pero el poder trascendía todo. Viendo esta película autobiográfica, veo de una manera agobiante como el poder trasciende incluso el cuerpo -y conociendo la historia posterior se podría decir la existencia física- del que lo detenta.

¿Y que pasa con Rumania? Es un pa√≠s muy lejano y no es muy bueno opinar sobre realidades no muy conocidas pero otra foto, esta vez mas cercana de ese edificio ominoso que mencionaba al principio, que ahora se llama “Casa de la Prensa Libre” y que aloja a varias agencias de prensa as√≠ como a varias empresas, podr√≠a servir como punto de partida para nuevas discusiones sobre el poder…

Voy a decir algo sobre esta película


Después...

jueves, 29 de septiembre de 2011

La primavera del 43


a Haroldo Conti

Presentía que no iba a ser fácil contarlo, pese a ser tan simple.

Es duro recordarlo, aunque todo pasó ya y me siento bien por primera vez en mi vida, porque lo bueno de esto es que he podido sobrevivir y realmente les aseguro- ustedes se van a dar cuenta- que no ha quedado ninguna huella en mí.

Pero ahora -s√© que es por el momento, que despu√©s todo pasar√°- no puedo evitar sentirme como en aquellos d√≠as. De golpe noto que nuevamente estoy volviendo a soportar esa obstrucci√≥n en la garganta que apenas si me permit√≠a tragar algo l√≠quido con cierto esfuerzo, esa tensi√≥n agobiante que s√≥lo ced√≠a cuando respiraba hondo. Tampoco puedo evitar aquel brusco vuelco dentro de m√≠, como cuando advert√≠a -a la ma√Īana- que todo se hab√≠a mantenido igual, que hab√≠a que seguir repitiendo los d√≠as, hasta que algo ins√≥lito -sin duda m√°gico- entrara por la ventana y lograra quebrar ese sortilegio en el que me encontraba sumida desde hac√≠a algunos a√Īos, ese hechizo semejante al de Rip Van Winkle, que tanto me hab√≠a obsesionado a√Īos atr√°s.

Apenas ten√≠a nueve a√Īos cuando se cortaron los sucesos y vino el letargo.

En esa época -cuando todo comenzó- solía despertarme cerca de las diez. y adivinaba por los ruidos que me eran familiares las actividades de mis padres en el resto de la casa.

Para entonces, yo ya hab√≠a encontrado la manera de inventarme universos sumergi√©ndome en los objetos. Mirando, por ejemplo, el resplandor de mi peque√Īo anillo, tirada boca abajo con la mano en la almohada. Era cuesti√≥n de saber mirar, nada m√°s. Hab√≠a infinitos modos, aunque s√≥lo les explicar√© algunos. Uno era entrecerrar los ojos hasta que apareciera la bolita titilante: todo lo que cab√≠a en ella hubiera sorprendido a la gente acostumbrada a los perfiles definidos, netos. Pod√≠an encontrarse soles superpuestos, aldeas ba√Īadas de un resplandor viol√°ceo, con piedras porosas y materia fosforecente, flotando en un silencio helado.

Otro sistema consist√≠a en juntar las pesta√Īas de tal manera que esa bolita se adelgazara convirti√©ndose en un silencio helado. O juntar las pesta√Īas de manera tal que la bolita se adelgazara, convirti√©ndose en un haz de rayos centelleantes.

Tambien pod√≠a cambiar el anillo de posici√≥n, o moverme yo en la cama -porque me mov√≠a a√ļn, y hasta me levantaba a veces-, y en esos casos el panorama se alteraba. Estas visiones me fascinaban y entreten√≠an. Lo que quebraba esos instantes era la llegada de la primavera, cuando el aire se colaba hasta por las rendijas y, algo lejana, llegaba la m√ļsica de la publicidad del centro, formado por unas pocas cuadras que se recorr√≠an una y otra vez todos los d√≠as -los domingos m√°s. Hab√≠a una confiter√≠a con la gente en las mesas de afuera, tomando helados a las siete de la tarde. El cami√≥n regador pasaba lentamente por las calles del pueblo y su lluvia irisada zigzagueaba bajo los √ļltimos rayos del sol, mientras iban quedando -sim√©tricos y blancos- los cuadrados de tierra seca bajo los escasos autos estacionados. Un vaho agreste y refrescante brotaba de la tierra y hasta mi cama llegaba el olor del verano que se aproximaba.

Todo eso era anterior a la orden del m√©dico: la calle que entonces quedaba pulcra, con las chicas en la vereda reci√©n ba√Īadas, y ese bald√≠o de enfrente donde los varones jugaban a la pelota. Sanos, bronceados, chicos de verdad. Me avergonzaba entonces de aquellos sue√Īos y fantas√≠as.

Martha Silva

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Lo reprimido vuelve

Vals con Bashir



por Oscar Cuervo

No se trata simplemente de recordar lo que ya se sabía: eso sería relativamente fácil; y es esa la facilidad en la que caen los que hacen de la memoria un slogan proselitista: "No olvidar, recordar", como si uno debiera quedar obsesivamente adherido a un pasado que no nos permite vivir el presente o, lo que es peor, olvidar que tenemos un futuro.

El problema más arduo consiste en recordar lo que no se ha podido saber en su momento, eso que estaba ahí pero nunca fuimos capaces de ver. La memoria entonces es una tierra incógnita y aventurarse a constituir el recuerdo (no meramente a recuperarlo) no es un imperativo moral, sino una necesidad vital: hay que hacerse de un sentido que falta, hay que producirlo en el presente, sentir el sentido por primera vez; puesto que estaba ahí en nuestro cuerpo como huella, pero no se le había permitido hablar.


Vals con Bashir, la estupenda pel√≠cula de Ari Folman, trata acerca de la memoria como un tapiz que se teje con dificultad. Empieza con una jaur√≠a de perros furiosos que avanzan por entre las ruinas de una ciudad destruida. Paisaje fantasmal, pesadilla recurrente, horror que insiste cada noche en el sue√Īo de un ex-combatiente israel√≠ que particip√≥ en la masacre de palestinos que viv√≠an refugiados en los campos de Sabra y Chatila, en el L√≠bano. La masacre fue llevada a cabo por las falanges cristianas, con el apoyo log√≠stico de los israel√≠es. El que cada noche sue√Īa con la jaur√≠a era, en aquellos a√Īos, un joven encargado de liquidar a los perros cuyos ladridos delataban la presencia de la fuerza israel√≠. Lo reprimido vuelve.


Folman particip√≥ de esa masacre, forma parte de aquellos chicos de la guerra que experimentaban los bombardeos al L√≠bano como una experiencia psicod√©lica, potenciada por la m√ļsica de rock que escuchaban en los tanques. La forma que el cineasta adulto encuentra para filmar la dificultad de recordar aquello y la imposibilidad de olvidarlo es notablemente original: un documental animado, de potencia alucinatoria. Porque la verdad del cuerpo se abre paso, dificultosamente, tambi√©n a trav√©s de la alucinaci√≥n.


El inter√©s extraordinario de la pel√≠cula consiste en la experiencia gozosa de su visi√≥n y lo inevitable que es discutir pol√≠ticamente sus tesis. Desde lo m√°s √≠ntimo (los sue√Īos) hasta lo m√°s p√ļblico (la historia), Vals con Bashir es otra forma m√°s de continuar un debate cuyo significado excede el conflicto palestino israel√≠.

martes, 27 de septiembre de 2011

La vida nueva


por Oscar Cuervo

Por una decisión narrativa firme, la vida nueva es eso que en la película de Santiago Palavecino queda fuera de campo. Por eso su visión deja una sensación de ahogo, un malestar difícil de asimilar. Esa vida nueva puede estar en el vientre de Laura (Martina Guzmán), en el hijo de ella con Juan (Alan Pauls) ,que nacerá fuera del espacio dramático en el que la película elige quedarse. Puede que se trate también del renacer de César (Nicolás Goldschmidt), el chico que vuelve de una muerte que parecía segura, que revive en el momento en que la película está por concluir. Hay destinos que parecen inapelables, pero hay también fugas posibles. Posibles: nadie dice seguras.

El infierno de Palavecino es circular, como esas vueltas a la rotonda en las que se crispan los j√≥venes burgueses y recalientan el motor de las camionetas de sus papis. Es un pueblo en medio de la llanura, un paisaje asordinado, no pl√°cido, m√°s bien aplastado. Es una noche tibia, ni fr√≠a ni caliente, y el canto de los grillos es un rumor en el que la naturaleza tambi√©n puede gemir de angustia. Lo sabe Juan, que sale a buscar a su mujer; lo sabe ella, que ha salido a caminar por las calles del pueblo solo para escaparse de √©l, de su indolencia terminal. Y C√©sar, el chico, quiere romper tambi√©n el c√≠rculo; por eso llena la bolsa de piedras y la tira contra una de las camionetas de sus amigotes. C√©sar puede ser dentro de unos a√Īos como Juan, un irresoluto, un tipo al que la vida se le escapa entre los dedos sin ofrecer resistencia. De hecho, el chico paga el gesto de violencia sumi√©ndose en una vida vegetativa, un estado plano en el que parece ya no responder a los est√≠mulos. Pero el caso de Juan es m√°s exasperante: respira, camina, habla, pero no parece capaz de reacci√≥n, no puede largarse a llorar, no puede decir no.

Alan Pauls encarna la tragedia de Juan, una tragedia no declarada al menos hasta el momento en que la narración lo deja. La asume con una forma extrema de la elegancia: conserva tanta elegancia frente a las pruebas a que la vida somete a su personaje que acaba por parecer estólido. Hice todo mal, todo al revés, se justifica Juan ante Laura. Lo dice con un tono pastoso, como si no registrara con el cuerpo el drama que declara. Esa indolencia lo vuelve un personaje conmovedor. Pauls es un cinéfilo al que le gustan los actores neutros, los rostros planos como pantallas, sobre los que el espectador proyecta sus sensaciones. Así es el papel con el que le tocó debutar en la actuación cinematográfica.

La decisión de Palavecino de ver ese mundo a través de ese personaje no está exenta de riesgos: es difícil, si no imposible, sentir empatía con Juan, pero bien mirado, despierta una enorme piedad. El punto de vista elegido no permite crescendos, porque su posición está inhabilitada para la épica. El anegamiento espiritual del Juan le confiere una tonalidad a La vida nueva. Pero la película cobra vida a través de los módulos musicales. Laura es una pianista de carrera trunca, que se dedica a darle clases de piano a Sol (Ailín Salas), la chica que compone el cuarteto central de la película. En esas clases se reflexiona sobre las tonalidades, sobre los puntos de tensión, las transiciones y la duración de las notas; se trata de los momentos en los que el film ensaya sobre su propia forma.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Los polémicos Lucas Carrasco y Esteban Schmidt

Dijo @quintinLLP "@oscaracuervo, Schmidt y Carrasco en un solo lugar. Summit de soretes". Se refería a este post:

Cuando estuvieron en La otra.-radio (29/5/11). Descargar desde ac√°



El domingo 29 de mayo a la medianoche vinieron a La otra.-radio Lucas Carrasco y Esteban Schmidt.

En determinado momento la cosa se puso tensa, espesa, dura, quisquillosa, molesta, inc√≥moda, oscura, amarga, r√≠spida, cruel, lacerante, lamentable, lastimosa, desgarradora, triste, desoladora, √°spera, astringente, picante, √°cida, acre, desagradable, desapacible, despiadada, incisiva, implacable, intransigente, ruda, hura√Īa, rigurosa, severa, acerba, acibarada, amarescente, des√©rtica, √°rida, yerma, devastada, desconsoladora, desesperanzadora, aflictiva, desesperante, deplorable, alarmante, aflictiva, abrumadora, agobiante, desopilante, irrisoria, rid√≠cula, fea, mala, interesante, absorbente, encantadora, cautivante, risue√Īa, afectuosa, cari√Īosa, afable, amable, adorable, delicada, deliciosa, abyecta y tensa.

A pedido de los oyentes, ahora dejamos en el blog el link desde el cual se puede descargar el programa completo, con la m√ļsica de Bob Dylan incluida. Ojo a los distra√≠dos, que las pel√≠culas que se anuncian en la grabaci√≥n ya se pasaron.

De ahora en adelante iremos subiendo algunos de los programas de La otra.-radio que hayan resultado igualmente adorables, abyectos, tensos, etc.

domingo, 25 de septiembre de 2011

El pasado, Tecnópolis y el futuro


por Rodrigo Rocca

All√° por el 2001, cuando termin√≥ la d√©cada del 90', parec√≠a dif√≠cil pensar en volver a hacer historia. El pretendido fin de las ideolog√≠as hab√≠a hundido consigo cualquier proyecto pol√≠tico y econ√≥mico que hubiera sobrevivido a los a√Īos del Terror. Este vac√≠o, la nada negra que heredaba el nuevo milenio, se reflejaba en la fuerza con que el que se vayan todos se impon√≠a como √ļnica respuesta posible. Los 40 muertos por la represi√≥n sobre el cacerolazo, el helic√≥ptero despegando de la casa rosada, la sucesi√≥n de cuatro presidentes en doce d√≠as; por aquel entonces, nadie se hubiera atrevido a intentar el m√°s m√≠nimo esbozo de qu√© suceder√≠a en los a√Īos siguientes.

***

Heidegger distingue dos maneras de vivir la historia. Una es impropia o inauténtica, y consiste en olvidar el pasado como si nunca hubiera tenido lugar. La otra, la historicidad propia o auténtica, supone -al contrario- la recuperación de la memoria, pero además su proyección hacia el futuro como vector del presente; dicho de otro modo, se trata de interpretar las condiciones materiales actuales a la luz de lo que fue, pero también de lo que se quiere que sea, de una propuesta a construir, de la afirmación de un sentido por venir.

***

Apenas se pisa Tecn√≥polis uno tiene la sensaci√≥n de estar en una exposici√≥n diferente a todas las conocidas. Las decenas de galpones de tama√Īo descomunal que pueblan el predio muestran tractores, maquinaria agr√≠cola, autos, colectivos, barcos, robots, sat√©lites; hay un stand del Conicet, otro de la Agencia de Ciencia y T√©cnica; est√°n los famosos Pulqui I y II junto a reproducciones en tama√Īo real de aviones de Aerol√≠neas Argentinas; hay espacios dedicados a las centrales energ√©ticas y a los laboratorios bioqu√≠micos que funcionan en el pa√≠s.

Pero superado el primer momento de extra√Īeza y al empezar a leer los carteles que informan las fechas de descubrimientos e inventos nacionales, lo diverso del recorrido empieza a cobrar sentido. Tecn√≥polis no es una simple exposici√≥n, sino la manifestaci√≥n de un proyecto, la promesa de un modelo en construcci√≥n y a construir, la evidencia de un desarrollo en marcha. Es la muestra de la recuperaci√≥n y repetici√≥n del mayor esfuerzo que hubo en la historia argentina por fomentar la industria nacional; es el indicio del primer verdadero renacer del sue√Īo peronista, despu√©s de las desvergonzadas apropiaciones del nombre del movimiento para convalidar pol√≠ticas que nada tuvieron que ver con las de 46-55'. Tecn√≥polis es nacional en su prop√≥sito y contenido, pero adem√°s, por azar o destino situada en el conurbano bonaerense -en Villa Marteli- y no en la Capital Federal, es indudablemente popular. Y sin embargo, quiz√°s lo m√°s interesante sea ver c√≥mo all√≠ el peronismo se mezcla con motivos y preocupaciones propias del siglo XXI, ausentes en su versi√≥n original, como los derechos humanos o la interpelaci√≥n a la juventud desde lo pol√≠tico y desde lo cutlural.

Tecn√≥polis revela de la manera m√°s concreta posible que despu√©s del colapso del 2001, la historia recomenz√≥. Y que ese nuevo principio es, en realidad, una relectura del pasado que incorpora lo nuevo para proyectar al futuro un sendero propio. En Tecn√≥polis se vuelve a vivir el peronismo, pero tambi√©n se vive algo m√°s, algo novedoso y a√ļn en pleno devenir, algo en lo que es necesario participar para poder luego asumir a conciencia la responsabilidad irrenunciable de haber formado parte de la misma historia. Lo que queda claro al salir de Tecn√≥polis es que el futuro no puede desligarse del pasado ni construirse sin memoria, pero tambi√©n que el futuro no podr√° ser un calco ni una repetici√≥n vac√≠a de lo que fue.

s√°bado, 24 de septiembre de 2011

R√°pidos movimientos oculares

R.E.M. este domingo a la medianoche en La otra.-radio


por Oscar Cuervo

Acaban de anunciar su separación:

"A nuestros fans y amigos: Como R.E.M. y como amigos de toda la vida y co-conspiradores, decidimos dejar de funcionar como banda. Nos vamos con una enorme sensaci√≥n de gratitud y de asombro por todo lo que hemos logrado. Para cualquiera que alguna vez se sinti√≥ tocado por nuestra m√ļsica, nuestro m√°s profundo agradecimiento por escucharnos."

Lo comunicaron el d√≠a de la primavera. Hab√≠an empezado en Athens, esatdo de Georgia, exactamente en 1980, y se constituyeron en el m√°s t√≠pico modelo de las bandas independientes que ganan fans por la difusi√≥n que consiguen en radios universitarias, un poco al margen de las tendencias del mercado. Atravesaron estas d√©cadas dejando una vasta influencia. Terminaron por ser los exponentes m√°s famosos, respetados y persistentes de la etiqueta "m√ļsica alternativa", que cuando surgieron les calz√≥ a la perfecci√≥n y al cabo de tantos a√Īos ya se volvi√≥ un clich√©.

Tuve la suerte de verlos en vivo en su primera visita a Buenos Aires, en 2001. En un festival en el que se suced√≠an en el escenario grandes n√ļmeros locales e internacionales, como Beck, Oasis y Divididos, s√≥lo REM y Neil Young (nada menos) me dieron la impresi√≥n de mantener viva la m√≠stica rockera, sustray√©ndose de la sutil rutina de las bandas "profesionales". Esa tarde Michael Stipe se puso a la multittud en el bolsillo a fuerza de una genuina credibilidad. Dejemos la alegor√≠a para la historia de una Biblia diferente.



Esto no es una parabola,
esto es terrible,
una cosa terrible.

Si, ya rimaré eso, después
después de todo lo que hice hoy
me he ganado las alas.

Hoy ha ocurrido
¡Hurra! ¡hurra!
Ha ocurrido, h¡ip! ¡hip! ¡hurra!

Dejaremos la alegoría
para la historia de una Biblia diferente.

Por deferencia, desafío, la opción es
casi una promesa, después
después de todo lo que hice hoy
me he ganado mi voz.

Hoy ha ocurrido
¡Hurra! ¡hurra!
Ha ocurrido, h¡ip! ¡hip! ¡hurra!


Este domingo a lamedianoche en FM La Tribu. 88,7. On line.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Evita anuncia el derecho al voto de las mujeres


por Oscar Cuervo

Parece incre√≠ble, pero hace hoy exactamente 64 a√Īos reci√©n se les reconoc√≠a el derecho al voto a las mujeres argentinas. Fuimos el pa√≠s n¬ļ 50 en reconocer este derecho. El primero en aprobar el sufragio femenino sin restricciones fue Nueva Zelanda, en 1893; el primer pa√≠s latinoamericano en aprobarlo fue Uruguay; la constituci√≥n uruguaya ya lo permit√≠a en 1917, pero fue emitido por primera vez en 1927.

Argentina, en septiembre del 47 y por la decisiva influencia de Evita, sancionó la ley 13.010. La reforma constitucional de 1949 legalizó la participación de las mujeres, quienes por primera vez votaron el 11 de noviembre de 1951 en elecciones nacionales. En esa oportunidad fueron elegidas 24 diputadas y 9 senadoras.

La revolución francesa, proclamada en 1789, levantó las banderas de la igualdad, la libertad y la fraternidad, pero hasta hace pocas décadasla mitad de la humanidad no gozaba del derecho de elegir y ser elegida. El gobierno peronista fue el que dio este paso profundamente modernizador y democratizador en la Argentina.


Sorprende leer, en el discurso de Evita, que la sanción de esta ley fue resistida en ese momento:

"Hemos llegado al objetivo que nos hab√≠amos trazado, despu√©s de una lucha ardorosa. Debimos afrontar la calumnia, la injuria, la infamia. Nuestros eternos enemigos, los enemigos del pueblo y sus reivindicaciones, pusieron en juego todos los resortes de la oligarqu√≠a para impedir el triunfo. Desde un sector de la prensa al servicio de intereses antiargentinos, se ignor√≥ a esta legi√≥n de mujeres que me acompa√Īan; desde un min√ļsculo sector del Parlamento, se intent√≥ postergar la sanci√≥n de esta ley (...) A medida que se multiplicaban esos obst√°culos, se acentuaba nuestro entusiasmo. Cuando m√°s crec√≠an, m√°s y m√°s se agigantaba nuestra voluntad de vencer. Y ya al final, ante las puertas mismas del triunfo, las triqui√Īuelas de una oposici√≥n falsamente progresista, intent√≥ el √ļltimo golpe para dilatar la sanci√≥n de la ley. (...) La maniobra contra el pueblo, contra la mujer, aument√≥ nuestra fe. Era y es la fe puesta en Dios, en el porvenir de la Patria, en el general Per√≥n y en nuestros derechos. As√≠ se arranc√≥ la m√°scara a los falsos ap√≥stoles, para poner punto final a la comedia antidemocr√°tica".

Curiosamente: partidos auto-proclamados "progresistas" y un sector de la prensa se habían aliado para impedirlo. No sé si les suena.

Y Evita terminaba así su discurso:

"Tenemos, hermanas m√≠as, una alta misi√≥n que cumplir en los a√Īos que se avecinan. Luchar por la paz. Pero la lucha por la paz es tambi√©n una guerra. Una guerra declarada y sin cuartel contra los privilegios de los par√°sitos que pretenden volver a negociar nuestro patrimonio de argentinos. Una guerra sin cuartel contra los que avergonzaron, en un pasado pr√≥ximo, nuestra condici√≥n nacional. Una guerra sin cuartel contra los que quieren volver a lanzar sobre nuestro pueblo la injusticia y la sujeci√≥n. En esta batalla por el porvenir, dentro de la dignidad y la justicia, la Patria nos se√Īala un lugar que llenaremos con honor. Con honor y con conciencia. Con dignidad y altivez. Con nuestro derecho al trabajo y nuestro derecho c√≠vico.

"Somos las mujeres, misioneras de paz. Los sacrificios y las luchas sólo han logrado, hasta ahora, multiplicar nuestra fe.

"Alcemos, todas juntas, esa fe, e iluminemos con ella el sendero de nuestro destino. Es un destino grande, apasionado y feliz. Tenemos para conquistarlo y merecerlo, tres bases insobornables, inconmovibles: una limitada confianza en Dios y en su infinita justicia; una Patria incomparable a quien amar con pasión y un líder que el destino moldeó para enfrentar victoriosamente los problemas de la época: el general Perón.

"Con él y con el voto, contribuiremos a la perfección de la democracia argentina".

Seguro que no eres Jes√ļs



Aquí estoy
Si no necesito a nadie, le agradecería a Dios por ello
No habría nada que me impidiera seguir adelante
Solo yo y mi cerebro
y mi dolor y mi verg√ľenza.

Creo que puedo hacerlo
Este estacionamiento tiene un solo un lugar y es para ti
el √ļnico que puede mostrarme una cara fiera
para empujarme
adonde no se necesita luz
para ver en la noche
porque voy a estar bien.

Seguro que no eres Jes√ļs, pero me est√°s salvando
muchas gracias por poner fe en mí
y recordarme una luz que llegó a ser tan fuerte
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

Aquí espero
por algo malo y triste que trace mi camino
Yo lucho por darlo todo y puedo perderlo
pero a√ļn te tengo a ti en alg√ļn lugar
ac√° arriba
y puede que lo haga.

Supongo que no soy
un Goliat grande y fuerte
soy un hombre extraviado
y a veces me canso
y necesito una mano
que me golpee y entonces
ahí va de nuevo
supongo que eres mi amigo.

Seguro que no eres Jes√ļs, pero me est√°s salvando
muchas gracias por poner fe en mí
y recordarme una luz que llegó a ser tan fuerte
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

As√≠ que gracias, mi peque√Īo √°ngel, (¡gracias tambi√©n!)
por velar por mí
Ella dice que me va a romper la nariz
Si no me porto bien la próxima semana

Seguro que no eres Jes√ļs, pero me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me est√°s salvando
me alegro de haberme hecho un amigo que no rece por mí.

CosmoJarvis

jueves, 22 de septiembre de 2011

Venganza por uno de mis ojos

Un cine del malestar


por Oscar Cuervo

"Creo sinceramente -dijo ayer la Presidenta en la Asamblea General de las Naciones Unidas- que impedir el ingreso de Palestina puede ser visto tal vez por algunos como algo beneficioso para el Estado de Israel. Pero d√©jenme decirles, desde la autoridad que nos da ser un pa√≠s que ha sufrido el flagelo del terrorismo internacional, que impedir que Palestina forme parte de esta Asamblea es seguir d√°ndoles coartadas a los que ejercen el terrorismo”. El discurso fue en ese momento interrumpido por aplausos. Y Cristina sigui√≥: "Que Dios ilumine a quienes tienen que tomar esta trascendental y estructural decisi√≥n en el mundo para lograr mayor equilibrio. Y que Palestina pueda tener este a√Īo su asiento n√ļmero 194; estoy segura de que as√≠ vamos a contribuir a vivir en un mundo no solamente m√°s seguro, sino tambi√©n en un mundo m√°s justo”.

Cristina seguro sab√≠a (como todos sab√≠an) que Estados Unidos har√° uso de su poder de veto para impedir el reconocimiento del Estado Nacional Palestino: Obama hab√≠a reiterado poco antes “el compromiso inquebrantable de Estados Unidos con la seguridad de Israel”; lo que traducido en palabras directas quiere decir: negarle al pueblo palestino el derecho a tener una naci√≥n reconocida por el mundo. Las llaves de ese reconocimiento siguen estando hoy en manos de poqu√≠simos.

Hace un par de días decía Jorge Asís en su página web:

"'Porque el proyecto tiene que pasar por el Consejo de Seguridad'. Y por ahí Palestina, con seguridad, no pasa.

"Estados Unidos anima el llamado Cuarteto para la Paz para el Medio Oriente. Junto a la dividida Unión Europea, Rusia y la ONU. El Cuarteto toma, al boceto de reconocimiento, como una 'decisión unilateral'. Para retomar el diálogo dilatador que lleva -para Palestina- dos décadas de postergaciones, con los tratados de Oslo y Camp David incluidos. Mientras Israel -consideran- profundiza la política colonizadora con asentamientos extendidos.

"Sin rigurosa contabilidad, a esta altura, ya suman alrededor de 140 países que se encuentran dispuestos a proporcionarle, a Palestina, el objetivo institucional que procura su máxima autoridad.

"Estado soberano, independiente y autónomo".

El conflicto paelstino-israelí, desgraciadamente, parece que nunca pasa de moda. Cuando este invierno programé los dos ciclos de cine que estamos proyectando ahora (los viernes "Una vida en canciones" en Zorzal Mané, barrio de San Telmo; los sábados "Políticas del cine" en La Tribu, Almagro) no me di cuenta de que en una misma semana íbamos a proyectar Venganza por uno de mis ojos de Avi Mograbi (este sábado en La Tribu) y Vals con Bashir de Ari Folman (el viernes 30 en San Telmo). De modo que estamos a punto de empezar una semana (no calculada, cruzada de un barrio a otro) de cine palestino-israelí. Menos que menos podía saber, cuando programé los ciclos, que esta misma semana el tema volvería a avivarse a partir de la propuesta palestina en la ONU y el veto norteamericano.

No estoy del todo seguro de cu√°l es raz√≥n, pero siempre que se toca este tema en los ciclos de cine que programo se desatan las discusiones m√°s r√≠spidas. Pas√≥ en los a√Īos anteriores, cuando vimos Ruta 181, fragmentos de un viaje por Palestina-Israel (el extraordinario y monumental diario de viaje realizado por el israel√≠ Eyal Sivan y el palestino Michel Khleifi), tanto como cuando fue el turno de Z32 (la √ļltima hasta el momento de Mograbi) o la misma Vals con Bashir. Es, indefectiblemente, un tema sensible y los √°nimos siempre se crispan.


Quizá deba confiar en el cine mismo: porque estas películas (la gran mayoría de las que hemos pasado son realizadas por cineastas israelíes que asumen una posición muy crítica hacia las políticas del estado de Israel) evidencian estar hechas desde el malestar.

Y Avi Mograbi parece ser un especialista en el tema del malestar. Sus pel√≠culas no despiertan demasiadas certezas -de hecho, puede considerarse una prueba viva de que el cine pol√≠tico no tiene que estar necesariamente fundado en certezas-; tampoco producen conmiseraci√≥n ni odio. M√°s bien es el malestar la sensaci√≥n m√°s persistente. Un cine de la incomodidad, lo cual refuta que el cine pol√≠tico facilite el confort de las consignas proclamadas, en primer lugar, a los que ya est√°n convencidos. La impresi√≥n verdaderamente inquietante que causa la visi√≥n de sus pel√≠culas es que la cosa sigue sucediendo mientras miramos la pantalla y una vez que la pel√≠cula termina: pel√≠culas filmadas en el m√°s molesto presente; que la soluci√≥n dista de estar cerca; que la madeja est√° muy enredada y los intereses para mantenerla as√≠ son muy fuertes. Y sobre todo: que una sociedad moderna, culta, con acceso a la informaci√≥n y necesidades b√°sicas satisfechas, puede consentir formas brutales de humillaci√≥n a un pueblo oprimido. Avi Mograbi es ese "comunista postmoderno" (como se defini√≥ cuando lo entrevistamos hace unos a√Īos), un israel√≠ al que le va  m√°s o menos bien, pero se siente mal con los suyos, y que de ese malestar supo hacer un cine a su medida.

Ninguna consideraci√≥n sobre el cine pol√≠tico contempor√°neo podr√≠a dejar de lado a Mograbi, dada su decisi√≥n de colocarse en un filo inestable: entre lo p√ļblico y lo privado, entre el documental y la ficci√≥n, entre la observaci√≥n de los otros y una inc√≥moda auto-exhibici√≥n. ¿Narcisismo? ¿Honestidad descarnada? ¿Ret√≥rica pensada para molestar a sus semejantes? Mograbi siempre camina por el borde. Como una escena persistente en su cine: en ese punto de cruce que cada ma√Īana los palestinos tienen que atravesar para ir al trabajo, para llevar a sus hijos a la escuela o a sus ancianos a un m√©dico, y que dar√° lugar a √°speros roces con las fuerzas del ej√©rcito israel√≠. En esos puntos de cruce se coloca el cuerpo y la c√°mara de Mograbi con su densa materialidad, con el lente apuntando hacia esos compatriotas que no quieren ser filmados, mientras hacen lo que Mograbi detesta ver.

Este sábado a las 19:30 en Lambaré 873, Venganza por uno de mis ojos, de Avi Mograbi (2005).

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El hombre de la casa hundida

Cabo Polonio IV


por Carmen Cuervo

Que se sepa de una vez, el suelo de Cabo Polonio es mutante. El cabo es un pe√Ī√≥n de rocas y arena, pero el viento forma dunas que se trasladan y cambian de ubicaci√≥n: monta√Īas que alcanzan los treinta metros en la cima y que, desde ah√≠, se caen a lo profundo. Las casitas aparecen desordenadamente en este paisaje. Hay numerosas historias de casas sepultadas ah√≠ y, cada tanto, cuando √≠bamos caminando, alguien nos dec√≠a "ah√≠ hay una casa hundida". 

Pero un d√≠a un hombre nos cont√≥ su propia historia: Yo estaba adentro de la casa cuando empez√≥ a soplar el viento, dijo, ac√° estoy acostumbrado al ruido del viento, pero √©ste ten√≠a un sonido particular, como si peque√Īas rocas fueran arrojadas constantemente contra mis o√≠dos. Y entonces encend√≠ una vela y vi. Flotaban por la habitaci√≥n granos de arena de un color azulado que entraban por todas partes, bailaban eloquecidos y ca√≠an para quedarse en el piso. La cantidad de arena crec√≠a y crec√≠a. Me di vuelta y mir√© por la ventana: la mitad ya estaba cubierta de arena. Sal√≠ por el √ļltimo espacio libre. Afuera, la arena sigui√≥ cubriendo la casa hasta que no qued√≥ nada. Esto nos dijo el hombre y se fue.

Despu√©s pasaron unos d√≠as tranquilos desde aquella vez que hab√≠amos visto al hombre de la casa hundida, pero una noche empez√≥ a soplar un viento de forma extra√Īa. Esa noche casi no dormimos, el viento era fuerte y hac√≠a mucho ruido. Cuando nos levantamos muy temprano, alguien nos exhortaba, a mis compa√Īeros y a m√≠, a sacar la arena que hab√≠a entrado durante toda la noche en la posada donde est√°bamos.

No prestamos atención y comenzamos a preparar las cosas para volver a Buenos Aires.

martes, 20 de septiembre de 2011

Con √°nimo de amar

Este viernes a las 20:30 en Humberto Primo 775




por Oscar Cuervo

ŤäĪś®£ŚĻīŤŹĮ: "La flor de la edad" podr√≠a ser la traducci√≥n del chino tradicional del t√≠tulo original de Con √°nimo de amar. Se refiere al punto exacto de la vida en el que el amor florece con toda su frescura y en su plenitud irrepetible. Se trata de un momento necesariamente ef√≠mero, aunque nadie ha sabido decir cu√°nto puede durar exactamente ni a qu√© edad se produce. Es probable que no haya medidas universales y que cada caso sea distinto. Pero el concepto es que hay un tiempo preciso en el que el manjar est√° a punto, que nadie puede disponerlo a voluntad, ni acelerarlo ni prolongarlo m√°s all√° de su ciclo vital. Y que una vez que pasa, ay, s√≥lo cabe recordarlo.

Ese mood delicioso y destinado al recuerdo es lo que se propone y logra filmar Wong Kar-wai en Con √°nimo de amar. Es la etapa del escarceo y la aproximaci√≥n amorosa, que puede empezar primero en uno y luego en otro de los posibles amantes, un per√≠odo poblado de signos, de conjeturas, de reflejos enga√Īosos y de brillos genuinos. En algunos instantes preciosos los enamorados quedan a la par, sienten lo Mismo, pero a la vez habitan un tiempo de inestabilidad en el que ning√ļn gesto resulta suficiente. Es una tortura, pero es la tortura m√°s suave que se conozca. Es la posici√≥n est√©tica a pleno, en su momento m√°s agradecido. Supongo que ni la posici√≥n √©tica ni la religiosa son capaces de llegar a esas alturas.

Wong Kar-wai tiende el tapiz de tremenda experiencia con el cuidado y el fervor de un estilista alucinado. Hace que su pareja protag√≥nica quede detenida en ese escarceo y que, por motivos argumentales, no pueda salir jam√°s de √©l. La pasi√≥n no conoce explosiones er√≥ticas, s√≥lo se consuma en roces, silencios y palabras acariciantes. El punto de vista de c√°mara, los delicados movimientos, la luz que destella de modo casual en el brillo de la mirada, los ojos h√ļmedos, el tacto de manos y la indecible atm√≥sfera musical tienden a sumergirnos en el ensue√Īo amoroso.


Se trata de un melodrama de un romanticismo furibundo. Realizado a comienzos del siglo XXI, guarda una relación tensa con el melodrama clásico y con su relectura moderna. Es una película de todas las épocas.

En Con √°nimo de amar Su Lizhen (Maggie Cheung) y Chow (Tony Leung) –la pareja m√°s bella jam√°s reunida en el cine contempor√°neo- son vecinos. Cada uno est√° casado por su lado y de alguna manera ambos se dan cuenta de que sus respectivas parejas, el marido de ella y la mujer de √©l, son amantes. Entre ambos se inicia un v√≠nculo equ√≠voco, porque juntos intentan imaginar c√≥mo empez√≥ la infidelidad de la que son v√≠ctimas. Pero esta “reconstrucci√≥n del hecho” se transforma pronto en amor entre ellos. ¿Se permitir√°n traspasar el l√≠mite? El pudor de Su y Chow, su decisi√≥n de distinguirse de los ad√ļlteros, le confieren a la pel√≠cula una energ√≠a tensa. Pero esa inhibici√≥n no hace sino potenciar la pasi√≥n hasta el infinito. El resultado es un relato de extrema concentraci√≥n.

Wong Kar-wai ha llegado, en Con ánimo de amar a impregnar cada molécula de su cine, cada reflejo de luz, cada textura, hasta el sonido, el aroma y el tacto de sus superficies, de pasión amorosa. Una película perfecta.

Juan y Eva


por Martha Silva

Se podr√≠a decir que es “una historia de amor jam√°s contada”, por el cine al menos, si se tiene en cuenta que no se hab√≠a encarado hasta ahora un relato sobre el romance naciente de Juan Per√≥n y Eva Duarte, (Osmar N√ļ√Īez y Julieta D√≠az) cuando a√ļn ninguno de ellos estaba tan fogueado en sus respectivos quehaceres.

La relación que describe el film nace después del terremoto de San Juan, cuando el entonces Coronel Perón no era todavía un político avezado en la tarea de dirigirse a las masas populosas, y menos en enfrentar temas arduos, como los entredichos permanentes con el Embajador de Estados Unidos, Spruille Braden. Es más, por entonces le escribían sus discursos, lo cual es objetado por una Eva Duarte que a su vez era intérprete de heroínas históricas cuyos parlamentos se propalaban por radio.

En el contexto de la recolección de fondos para auxiliar a los damnificados por el sismo, nace una relación entre ellos que coincide con el inicio de uno de los movimientos políticos más populares del siglo XX. El film abarca un estrecho margen, desde enero de 1944 hasta el momento de contraer enlace en 1945. En este reducido lapso se muestra la relación entre estos dos interesantes personajes históricos. A los que en esta oportunidad se exhibe desde un costado más sentimental que lo que se había visto en films anteriores. Dos seres que se cruzan sin siquiera intuir que los espera el destierro y la muerte respectivamente, en un plazo que hoy se nos antoja demasiado breve.

La realizadora de esta pel√≠cula tiene el tino de rehuir los estereotipos. Otra de sus virtudes es manejar los movimientos de masas con una habilidad cercana a la perfecci√≥n. Hay asimismo intrigas palaciegas que nunca antes han sido tan bien reflejadas, como las que sostienen √Āvalos (Fern√°n Mir√°s) y el presidente Edelmiro Farrell (Pompeyo Audivert). Tambi√©n se luce el excelente Alberto Ajaka, encarnando al hermano de Evita, Juan Duarte.

Una versión de los hechos muy elaborada, cercana a lo que imaginamos que pudo haber sucedido, cuidadosa y entretenida..

Posdata: Puedo agregar a esta rese√Īa una an√©cdota de la que fui testigo presencial. Para la √©poca de la colecta que se hizo con el aporte de todo el pueblo argentino, cada familia contribuyente recibi√≥ una fotograf√≠a del entonces Coronel Per√≥n autografiada. Este detalle no caus√≥ gracia entre las familias de clase media rionegrinas, que en su mayor√≠a eran radicales, y que en las elecciones de 1946 optar√≠an por la vergonzosa Uni√≥n Democr√°tica. Pude ver la copla de la fotograf√≠a que por ese entonces circulaba entre las familias antiperonistas y dec√≠a: "Per√≥n, Evita/ adonde est√° la guita/ que San Juan la necesita".

lunes, 19 de septiembre de 2011

La política cambió, chabón

M√°s sobre El estudiante


por Oscar Cuervo

El estudiante, la película de Santiago Mitre co-producida por Mariano Llinás, Pablo Trapero y la FUC, pone en marcha una sofisticada operación estética para envasar una posición política ordinaria.

Pol√≠tica y ficci√≥n: El estudiante, en parentezco directo con Secuestro y muerte (Filippelli, Sarlo, Llin√°s, Oubi√Īa) practica ese jueguito lleno de vericuetos que consiste en decir sin decir diciendo. La pol√≠tica forma parte del universo ficcional de Mitre y Llin√°s; por eso, la sucesi√≥n de traiciones y desfalcos que se narran es "tan solo ficci√≥n"; el robo de dinero en la fotocopiadora o la artima√Īas del veterano militante progre son "meros McGuffins". 

Pero "la pol√≠tica cambi√≥, chab√≥n". Y el cambio consiste en que ahora pol√≠tica es sin√≥nimo de transa, de discurso progresista declamado con fines espurios, de trapicheo de cargos, becas, ayudant√≠as, concursos acad√©micos y negociados entre ministerios y laboratorios.

La impostura del McGuffin: para Hitchcock el McGuffin era pura nada, un recurso estructural que sólo permitía poner en marcha el mecanismo narrativo: por eso, en Notorious, con las botellas de champagne rellenas de uranio, Hitchcock no pretendía decir nada acerca del peligro atómico ni del resurgimiento del nazismo en Latinoamérica. Ese McGuffin está enteramente subordinado al juego de reflejos esquivos del encantamiento amoroso (que es lo que a Hitchcock le ha interesado a lo largo de toda su filmografía). Muy distinto es el caso de El estudiante, donde el fraude, la traición y la transa política constituyen la sustancia misma del relato. Por eso, cuando Mitre dice "McGuffin", a duras penas logra borrar las marcas de su enunciación, ineludiblemente política. Este McGuffin es un algo.

SetentistasEl estudiante, como Secuestro y muerte, revelan un malestar con el presente pol√≠tico que procura evadirse entre las hendijas de un espacio off sin lograrlo jam√°s. Ambas pel√≠culas operan de manera oblicua sobre la pol√≠tica actual, sin poder decir las cosas por su nombre. Per√≥n no era en el film de Filippelli el General  sino el Jefe; Aramburu no era un dictador asesino sino un estadista descarnado. Brecha es, en El estudiante, una agrupaci√≥n imaginaria, sin referencias expl√≠citas a ning√ļn grupo real, comandada por un setentista quebrado que utiliza a militantes idealistas incautos; Acevedo, el villano rotundo de la pel√≠cula, fue peronista por un rato en los 70, aunque haya visto la llegada de Per√≥n por la tele: setentista del orto

La caja. Opino que ese coqueteo con las marcas hist√≥ricas concretas delata una imposibilidad aut√©ntica, embellecida tras un gesto de distancia ir√≥nica: la imposibilidad de abrir su juego pol√≠tico, de blanquear su cualunquismo vergonzante. Su intervenci√≥n en la coyuntura actual no termina de ser asumida por las propias pel√≠culas (Secuestro y muerte, El estudiante), si bien es explicitada por las declaraciones period√≠sticas de sus autores y por la traducci√≥n burda de sus ap√≥logos. Es as√≠ como Mitre necesita auto-interpretarse en los reportajes: el enfretamiento final entre Roque, el joven militante enga√Īado, y Acevedo, el setentista quebrado: “Es un duelo ret√≥rico entre el viejo pol√≠tico y el joven, al punto que para m√≠ ni siquiera son los personajes los que est√°n hablando sino dos generaciones: los militantes de los ’70 y sus hijos, que creo que es la discusi√≥n que est√° sucediendo actualmente. Cabr√≠a preguntarse d√≥nde halla Mitre expresadas estas posiciones en discusi√≥n "actualmente": ¿qui√©nes encarnan hoy a esos militantes de los 70 y a sus hijos?. Gustavo Noriega acude presuroso a revocar con brutalidad toda distancia ficcional y todo McGuffin: "la caja de la fotocopiadora como eco de la caja del Anses" (!).

Cualunquismo exquisito. Una idea que extraigo de mi conversaci√≥n de anoche con Emilio Bernini en La otra.-radio: El estudiante expresa la cohabitaci√≥n de dos modelos narrativos antag√≥nicos: 1) el aprendizaje que hace el novato de los c√≥digos de una organizaci√≥n criminal (como Pablo Trapero en El bonaerense y Leonera); y 2) la distancia sarc√°stica del discurso impugnador de la pol√≠tica desde una superioridad moral (el relato en off, a la manera de Llin√°s). El problema es que la asimilaci√≥n entre pol√≠tica y organizaci√≥n criminal es un giro demasiado abrupto para ser neutralizado como "mera ficci√≥n"; no hay manera de despolitizar ese giro. Yo me apoyo en la idea de Emilio para se√Īalar la ambivalencia con que el film trata al espectador: nos invita a descubrir junto con el estudiante los c√≥digos criminales de la pol√≠tica, a la vez que la voz off nos se√Īala desde el comienzo la impostura. Esto produce un punto de vista falsamente inocente, nos pide que aprendamos lo que la voz off sabe desde el principio: "la pol√≠tica es as√≠". 

La cuesti√≥n de la t√©cnica. Hay, s√≠, una pericia t√©cnica en El estudiante que disfraza el sentido com√ļn rasante de su pol√≠tica: actuaciones notables, un montaje preciso, de ritmo sostenido. Estas destrezas disimulan las rusticidades del gui√≥n: Roque induce con trucos obvios a un militante trosquista ingenuo para que denuncie p√ļblicamente a un "traidor"; la denuncia hace saber lo que se sabr√≠a de todos modos (el "traidor" pasa de un bando al otro); con eso Roque logra una victoria que lo encumbra como el preferido de su jefe pol√≠tico. El trosquista es lo suficientemente bobo como para prestarse a una manipulaci√≥n que ser√° capitalizada por otros. El truco de Roque es demasiado burdo para hacerlo aparecer como un destello de talento t√°ctico. Hay entonces una pol√≠tica de la pel√≠cula para con sus espectadores, que consiste en desplegar recursos distractivos que hacen pasar lo burdo como genial y el moralismo antipol√≠tico como lucidez descarnada. En t√©rminos generales, los personajes que rodean al protagonista oscilan entre la estupidez y la abyecci√≥n, ignorantes o canallas (m√°s ignorantes cuanto m√°s cerca se hallan de las bases; m√°s abyectos cuanto m√°s encumbrados: Acevedo y el secretario del ministro son las cumbres de la abyecci√≥n, as√≠ como el trosquista es el extremo del idealismo inepto). En ese contexto, Roque pasa de ser un aprendiz de canalla a una especie de h√©roe moral, sin que el relato d√© cuenta del proceso de transformaci√≥n. El "no" que corona la s√ļbita conversi√≥n de canalla en h√©roe funciona como un t√≠pico deus ex machina.

domingo, 18 de septiembre de 2011

El estudiante

Un suceso cinematogr√°fico


Despu√©s de ganar varios premios en el √ļltimo Bafici, El estudiante, la pel√≠cula de Santiago Mitre co-producida por Mariano Llin√°s, Pablo Trapero y la FUC se estren√≥ hace pocos d√≠as en apenas dos salas (la Sala Lugones y el Malba) y se constituy√≥ inmediatamente en un minifen√≥meno de taquillas: sus pocas funciones concentraron una cantidad de p√ļbico inusual, agotando constantemente las localidades. La mayor√≠a de los cr√≠ticos (no todos) la saludaron con un desbordante entusiasmo:

Dice Gustavo Noriega en EL AMANTE: "Lo primero que uno admira de El estudiante es su valentía. Hay que tener coraje en el cine local para sumergirse en un terreno tan peligroso como el de la política universitaria, a menudo maqueta o reflejo de la política nacional (aunque matizado por sus peculiaridades: la caja de la fotocopiadora como eco de la caja del Anses). (...) Hay una nueva forma de hacer cine en la argentina que nos muestra, con su accionar, que debería haber una nueva forma de hacer política. Coraje y generosidad es lo que falta para eso".

Dice EZEQUIEL BOETTI en Revista √Ď: "El estudiante es quiz√° el filme nacional que mejor refleja las costuras de su tiempo desde la inoxidable Tiempo de revancha. “La pol√≠tica cambi√≥, chab√≥n”, le espeta Roque (Esteban Lamothe) a un compa√Īero de militancia, y con √©l a los espectadores. Porque El estudiante –premio Especial del Jurado en el Festival de Locarno y el √ļltimo Bafici– borra de un plumazo la concepci√≥n obsolescente de pol√≠tica con la que el cine argentino viene empecin√°ndose desde hace d√©cadas, para actualizarla en su ant√≠tesis: aqu√≠ ya no impera la √©tica, los discursos bomb√°sticamente moralizantes y pactos caballerosos, sino la realpolitik bismarckeana en su m√°ximo esplendor, aquella que concibe a la pol√≠tica como un gran tablero de TEG donde cada jugador distribuye las piezas y procede regido, menos por sus ideas rectoras que por la conveniencia presente o futura de cada movimiento. 

Diego Batlle en Otroscines.com: "Como en toda gran pel√≠cula, en El estudiante no s√≥lo se luce su protagonista -y motor de la narraci√≥n- sino tambi√©n cada uno de sus secundarios. Mitre le dedica el tiempo necesario a esos operadores pol√≠ticos que anudan y desanudan todo en las sombras (los herederos de los Cotis Nosiglias) y a los j√≥venes militantes que hoy manejan una fotocopiadora y ma√Īana son grupo de choque o pasado aparecen como candidatos en una lista o en un cargo rentado".

Dice Daniel Cholakian en cineramaplus+: "Artera como los personajes que presenta, de un modo pretendidamente realista, El estudiante utiliza el recurso de hablar de la pol√≠tica, para enarbolar un discurso anti pol√≠tico. La trama realiza un sagaz recorrido por los m√°s falsos discursos del sentido com√ļn, utilizando un conjunto de t√≥picos para promover el repudio por toda forma de militancia".

Dice Hern√°n Manzi Leites en Cr√≠ticas para nuestra cultura: "En El estudiante no aparecen muchas moralejas nuevas: las tramas pol√≠ticas son viejas conocidas. No se desarrollan tampoco temas concretos, se los elude y se apela a la moralidad de unos principios que finalmente se quebrantan. No obstante, estos vientos casi reaccionarios de la pel√≠cula de Mitre no empa√Īan el atractivo del producto y, dejan, tal como lo hace Secuestro y muerte, atisbos de una neutralidad que r√°pidamente toma el caudal de la incitaci√≥n a lo apol√≠tico. Pocas cosas son menos neutrales que los intentos de abstracci√≥n, en un √°mbito que es concreci√≥n pura. Pero no podemos hacer nada: no hay thriller sin vicios".

En La otra nos preguntamos: ¿Debe medirse una pel√≠cula como El estudiante con los par√°metros de las intervenciones pol√≠ticas, o se trata de una ficci√≥n que se desarrolla en el √°mbito de lo imaginario y no dice nada sobre los militantes universitarios en particular y la militancia pol√≠tica en general?

El director, Santiago Mitre, dice algunas cosas al respecto en  una entrevista de EL AMANTE: "Gran parte (casi todo) lo que la pel√≠cula cuenta es ficci√≥n. No existe la agrupaci√≥n Brecha, ni la mayor√≠a de las agrupaciones que se nombran, tampoco la mayor√≠a de las situaciones, ni los nombres propios que se evocan. Esa l√≠nea argumental, que justifica las traiciones finales en torno a 'los laboratorios', es completamente inventada, un 'MacGuffin' que obedece a cuestiones dram√°ticas. Evidentemente lo que nos interesaba no era hacer una denuncia de nada sino exponer una historia de ficci√≥n que se centre en la militancia universitaria, en los procedimientos que se ponen en juego para elegir autoridades en la Universidad, para hacerlo extensivo (o hacerlo met√°fora) de esos mismos procesos en cualquier otra instituci√≥n, incluso en el pa√≠s".

"La pel√≠cula tiene dos ejes: uno que sigue la evoluci√≥n del protagonista, que narra su aprendizaje pol√≠tico, su ascenso; y otro que busca independizarse, que se centra en las pr√°cticas pol√≠ticas casi como ente abstracto. Las alianzas, las roscas, las traiciones, las rivalidades, las b√ļsquedas de cargos, etc√©tera. Como si busc√°semos aislar la materia pol√≠tica de su coyuntura. Nos centramos en la militancia estudiantil para intentar referir a la forma en que esta materia pol√≠tica opera en todos los √°mbitos. Entonces la pel√≠cula no busca ser un retrato realista de c√≥mo se milita en la Universidad, sino que intenta ser un poco m√°s amplia".

Y en RADAR; P√°gina 12, especifica su perspectiva hist√≥rico-generacional: “Es un duelo ret√≥rico entre el viejo pol√≠tico y el joven, al punto que para m√≠ ni siquiera son los personajes los que est√°n hablando sino dos generaciones: los militantes de los ’70 y sus hijos, que creo que es la discusi√≥n que est√° sucediendo actualmente, y que marca que haya crecido enormemente la militancia en la universidad. Es un planteo sobre c√≥mo se milita hoy, no s√© muy bien qu√© buscan los que se acercan en la actualidad a la pr√°ctica y la discusi√≥n pol√≠tica; si se trata de la lucha por el bien com√ļn ni a qu√© se llama hoy bien com√ļn. Uno se siente perdido respecto de estas cosas y creo que la pel√≠cula trata un poco sobre eso.”

Y bien: ¿qu√© decimos en La otra de El estudiante? La respuesta est√° ac√°.

Hoy a la medianoche viene el crítico Emilio Bernini, director de la revista Kilómetro 111 y con él estaremos hablando de El estudiante, del cine político y del cine en general. FM La Tribu, 88.7. Para escuchar on line clickear aquí

La m√ļsica que vamos a escuchar: Yo la tengo, Mogwai, Dump, Moris, Antonio Birabent y Slowdive.


It's so lonely in this place,
so cold I don't believe.
And theres no one knows my name
It's easy to pretend
It's easy to believe.

There's a shadow on my wall
It dances like my soul
dances like my soul
It's so cold now
I swear it will be warm
Here she come now.

s√°bado, 17 de septiembre de 2011

Philip Glass en Argentina‏


por Diego Menegazzi

El próximo martes 20 de septiembre en el Teatro Coliseo, se presentará el compositor norteamericano Philip Glass para interpretar al piano algunas obras de su autoría. El programa incluye piezas de su ciclo Metamorphosis (1989), Mad Rush (1979), Wichita Vortex Sutra (1988), Six Etudes (1994) y Dreaming awake (2006).

La m√ļsica de piano de Glass es un excelente ejemplo del llamado estilo minimalista, que se basa en repeticiones de notas o figuras musicales que van variando levemente a lo largo del tiempo. Lejos de ser sencilla, esta m√ļsica exige del int√©rprete una gran concentraci√≥n y una perfecta coordinaci√≥n en el ritmo de la mano izquierda y la derecha, para que el oyente pueda percibir esa sensaci√≥n casi hipn√≥tica de "movimiento est√°tico". Esta es una caracter√≠stica que viene de las m√ļsicas orientales y que Glass incorpor√≥ a sus composiciones luego de su encuentro con Ravi Shankar en la d√©cada del 60.

Aquí pueden escuchar MAD RUSH, una pieza dedicada al Dalai Lama a raiz de su primera vista a EE.UU. en noviembre de 1979.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Clarín, Duhalde, Carrió, Solanas


por Oscar Cuervo

Artemio López citó hace pocos días un fragmento del libro Argenleaks de Santiago O'Donell que serviría para poner en cuestión la legendaria fama de Duhalde como gran jugador de ajedrez de la política:


"En febrero de 2009, Eduardo Duhalde visit√≥ la embajada estadounidense para llevarle al encargado de negocios Tom Kelley sus 'Pron√≥sticos Electorales para 2011'... El ex presidente y actual precandidato por el Peronismo Federal dijo que la verdadera carta fuerte de la oposici√≥n no era √©l sino el Jefe de Gobierno porte√Īo Mauricio Macri y Felipe Sol√° era una alternativa... Elogi√≥ 'el coraje y las convicciones" de Cobos, critic√≥ el "liderazgo combativo" de Lilita Carri√≥ y opin√≥ que Sol√° "tiene una chance s√≥lida'. "Pero por sobre todos ellos coloc√≥ a Macri de quien dijo: 'Le tengo mucha fe'.

"¿Y Cristina? Duhalde predijo que 'ninguno de los Kirchner ser√° un factor en las elecciones de 2011, ni como candidatos ni como generadores del nuevo l√≠der', escribi√≥ el diplom√°tico como resumen del encuentro."


Abel Fern√°ndez retoma la cuesti√≥n de la sagacidad pol√≠tica de Duhalde, puesta en cuesti√≥n una vez m√°s por la asombrosa desubicaci√≥n con que encara la actual campa√Īa:


"...su estrategia actual muestra incapacidad para aprender de la experiencia. Porque Duhalde ya canaliz√≥ en las primarias del 14 de agosto un voto anti K.

"Hab√≠a sumado a lo largo de los dos √ļltimos a√Īos – pude percibirlo – un voto no peronista, que aceptaba algunas pol√≠ticas del gobierno nacional, pero rechazaba el “estilo K”. Y en el mes previo a la primaria consigui√≥ sumar los votos de los que estaban dispuestos a votar a Dr√°cula, si Dr√°cula, como Duhalde, pareciera ser el opositor m√°s s√≥lido contra el kirchnerismo.

"Y todo eso, m√°s el siempre presente “efecto ambulancia” – el sumar a los peque√Īos dirigentes y punteros que quedan fuera de la lista oficialista (y, en Buenos Aires, de la de Narv√°ez) – le di√≥ un poco m√°s del 10 % el 14 de agosto.

"Creo que la conclusi√≥n es inescapable, y se aplica no solamente a Duhalde. Carri√≥ – “medium” de los sectores medios con un rechazo de piel a los K, seg√ļn la bautiz√≥ Manolo Barge – obtuvo el 3 %. No veo chance que en octubre mejoren, y s√≠ de que empeoren.

"La sociedad – o, como se dec√≠a antes, el pueblo – a√ļn los opositores al gobierno, quieren algo m√°s que un Frente del Rechazo. Hay toda una camada de dirigentes pol√≠ticos que se han mostrado incapaces de proporcionarlo, y su jubilaci√≥n es inevitable".


Coincido con ambos acerca de la demolici√≥n del mito de Duhalde como un astuto jugador pol√≠tico. Pero la debacle abarca a sectores m√°s vastos y m√°s bastos; se extiende m√°s all√° del fallido peronismo anti-k (peornismo opositor, seg√ļn Verbitsky). Pensemos en dos figuras que no tienen que ver con ese universo: Elisa Carri√≥ (la menciona Abel), pero tambi√©n Pino Solanas. Yo creo que definitivamente hay que incluir en estre cuadro, entonces, a Clar√≠n, que fue un factor de poder no desde√Īable en las √ļltimas d√©cadas. Un tipo insospechado de kirchnerismo, pero que conoce el vientre de la ballena por dentro, Jorge As√≠s, autor del maldit√≠simo y ultraproscripto Diario de la Argentina, escribi√≥ hace poco en su p√°gina:

“Cristina entonces le brinda una invalorable lecci√≥n hist√≥rica, en principio, al general Videla. Tambi√©n, en la misma fila, a Alfons√≠n, Menem y De la R√ļa. Ense√Īa la Maestra Cristina que el Grupo Clar√≠n, si se lo enfrenta con convicciones firmemente s√≥lidas, es perfectamente doblegable. Porque sencillamente no se encuentra en condiciones morales de sostener ninguna batalla. [Clar√≠n] Ganaba por la implantaci√≥n del temor esc√©nico”.


Entonces hay una combinaci√≥n de factores: la cortedad de miras del frente opositor, en estos a√Īos comandado por Clar√≠n y no por Duhalde, que ha sido demolido en las urnas en agosto pasado; y, junto a esto, un acierto de N√©stor y Cristina en la selecci√≥n del adversario principal: Clar√≠n y no los diversos pol√≠ticos que se montaron sobre el soporte medi√°tico de Clar√≠n.

Duhalde, Carri√≥ y Solanas son tres figuras de trayectorias muy diversas que se alinearon con Clar√≠n, porque ten√≠an ah√≠ una plataforma desde la cual estar presentes en la agenda diaria, diciendo lo que el Grupo necesitaba. Parecen haber ca√≠do bajo el influjo enga√Īoso de ese micro clima anti-k y supusieron que con eso solo bastaba. La carrera de los tres (y de sus varios sat√©lites) est√° hoy aniquilada. En estos d√≠as, Clar√≠n los suplant√≥ por Shoklender, pero eso apenas les sirve para tratar de ara√Īarle algunos votos a Cristina, tratar de que no se aleje demasiado del 50 % obtenido en agosto: pan para hoy, hambre para ma√Īana. Lo que Clar√≠n no tiene (y mientras no tenga…) es liderazgo pol√≠tico alternativo.

Por haberse valido de (y haberse dejado usar por) Clar√≠n hay pol√≠ticos cuyas carreras se extinguen irremediablemente. Pero incluso a los opositores que queden en pie despu√©s de octubre, el triunfo de los Kirchner sobre el Grupo les va a servir. Una vez m√°s, Jorge As√≠s:

"por el mero hecho de haberles declarado la guerra, los Kirchner produc√≠an un saludable beneficio. A la pol√≠tica, en general, como oficio. La despejaban. La liberaban (a la pol√≠tica) de la extorsi√≥n permanente de tener encima, siempre, el Riesgo-Clar√≠n. Consist√≠a, en la pr√°ctica, en gobernar espec√≠ficamente para ellos. Para el Grupo. Tratamiento relativamente favorable, en materia informativa, a cambio de las ventajitas comerciales, que facilitaban la expansi√≥n infinita del Grupo. Al extremo de hacer, casi sin darse cuenta, de pronto, la pol√≠tica ideal que les dictaba el Grupo. Clar√≠n bajaba, en la pr√°ctica, la l√≠nea. A cambio, en el t√°cito mercadeo, de los titulares. Y -sobre todo- de las omisiones de los aspectos m√°s degradantes que cargaba, invariablemente, el pol√≠tico. Los 'finaditos' ocultos del armario. El manejo del silencio selectivo. 'En cuanto Kirchner se hart√≥, y les declar√≥ la guerra, el Grupo estuvo perdido', confirma la Garganta. Calificada. Sin mayor dramatismo. Con la rodillera. 'Nadie, por la destrucci√≥n de Clar√≠n, va a derramar una sola l√°grima. Que se j…', confirma otro. Con el babero. Siempre en off. Aunque suele manifestarse, en p√ļblico, con la mirada grave hacia el horizonte, y sin vinchas visibles, en contra 'del hostigamiento hacia la prensa libre'."


Muchas veces se dijo que los Kirchner eleg√≠an adversarios f√°ciles y desacreditados en la sociedad para obtener r√©ditos pol√≠ticos a bajo costo. Cuando en 2008 el gobierno se enfrent√≥ a Clar√≠n, muchos desde√Īaban el valor pol√¨tico del enfrentamiento, diciendo que se trataba de una obsesi√≥n trivial por el "relato" sin efectos apreciables sobre el poder real. Ahora algunos de los m√°s acendrados cr√≠ticos del oficialismo empiezan a reconocer el servicio que a la pol√≠tica argentina le ofrenda Cristina, despu√©s de enfrentar con firmeza 347 tapas en contra del ex Gran Diario Argentino.

jueves, 15 de septiembre de 2011

La noche estrellada

(Van Gogh, 1889)
Visuales XXXVII‏


por Liliana Pi√Īeiro

El silencio cae sobre las casas y se adhiere a ellas como una l√°mina delgada y mortal. El canto de los grillos y el revolotear de los insectos son los √ļnicos sonidos que parecen salvarse.

Erguido y oscuro, el ciprés se sostiene. Pocas luces en el pueblo quedan prendidas: es la hora en que toda certeza se hace precaria.

Pero las estrellas no se resignan, y formando remolinos curvan el cielo. La noche se vuelve brillante, como sólo puede hacerlo un momento de felicidad.

El Príncipe

Este viernes a las 20:00 hs. en Humberto 1¬ļ 775



Escribió Willy Villalobos, director de La cocina:

"Mucho tiempo tard√© en editar el material, 5 a√Īos. Lo que pasaba es que el Pr√≠ncipe ya no estaba y por lo tanto era una gran responsabilidad para m√≠ convertir en pel√≠cula esa cantidad de tesoros. Muchos amigos se acercaron a dar una mano, pero no d√°bamos pie con bola. De lo √ļnico que estaba seguro era de lo que no quer√≠a. No me gustaba el apuro de los editores, me mareaban, y mucho menos la idea de mezclar los tiempos de filmaci√≥n. Sab√≠a que con los mismos ingredientes se pueden hacer comidas muy diferentes. Cinco editores desfilaron hasta que di con uno que se dio cuenta de que el Pr√≠ncipe era “diferente”: era Mart√≠n Farina. Recuerdo que llegu√© a su casa en Castelar y no le andaba el equipo de sonido, por lo que decidimos que viera el material con auriculares, mientras yo preparaba unas pizzas en la cocina. Al rato Mart√≠n me grita desde el cuarto: “¡Che Willy, este tipo est√° loco, es un genio, como Charly!”. Durante toda la ma√Īana no par√≥ de comentarme asombrado lo que estaba viendo.

"La idea con la que trabajamos fue respetar, como si fuera una crónica, los tiempos vividos, y escucharlo atentamente al Príncipe, ya que sus ideas nos servían de guía en la edición. Hoy, cuando nos juntamos con Martín para hablar de cualquier verdura, siempre aparece alguna idea de las que aprendimos mirando y escuchando a Gustavo. Jugamos a repetirlas de memoria.

"Cuando terminamos, no lo pod√≠amos creer, hab√≠amos logrado armar el rompecabezas y salimos a mostrarlo, quer√≠amos ver al Pr√≠ncipe dialogando con los espectadores. Desde ese d√≠a entend√≠ que la pel√≠cula era una obra del Pr√≠ncipe, desgraciadamente la √ļltima, y que nuestro m√©rito hab√≠a sido estar a su lado, acompa√Īarlo".



Dice Pablo Dacal: "Nuestro Príncipe ríe para combatir la tragedia, canta para elevar el espíritu, se deja poseer por el don musical. Hijo de los mejores artistas del mundo y padre de la nueva generación rioplatense, cuánta inspiración verlo vivir, cuánta palabra que pudo perderse y aquí nos está hablando, cumpliendo su inevitable destino".

Dice Juanito el Cantor: "En estos tiempos donde las personas forjamos 'carreras' y donde la grandeza se mide en popularidad, descubrir a un hombre que con una profunda simpleza nos conduce a preguntarnos una vez más por qué elegimos hacer lo que hacemos (y por qué lo seguimos haciendo) es una explosión de sentido".

Dice Gonzalo Aloras: "La m√ļsica del Pr√≠ncipe est√° hecha de cuerpo. El cuerpo del Pr√≠ncipe ha sido campo de batalla y experimentaci√≥n. Sin duda fue un artista que percibi√≥ su eternidad en vida. Al morir entonces, poca cosa ha perdido: sus canciones vibran para siempre al ritmo de un latido c√≥smico. Y en La Cocina nos hacemos amigos de estas verdades".