lunes, 28 de febrero de 2011

Su nombre es Legión

"Contra Néstor estábamos mejor"


- Cristina frecuenta a los ultras y a los jóvenes pero relega al peronismo histórico. Néstor jamás se hubiera atrevido. De hecho, murió abrazado al pejotismo . El despertar juvenil asomó, justamente, con su muerte.

- La legión de jóvenes se deslumbra con Cristina y la adula. La Presidenta exhibiría una permeabilidad a los elogios a los que Kirchner rehuía. El ex presidente elegía otro molde para la política. Nunca hubiera tenido a su lado ministros como Boudou o Héctor Timerman. Prefería a los dirigentes de tribuna o de trinchera.

-Timerman agita el conflicto con Washington. El desaf√≠o al imperio podr√≠a traerle alg√ļn r√©dito a Cristina en octubre y trasladarla tambi√©n a sus tiempos juveniles.

- Los jóvenes y muchos veteranos K son los que fogonean también el proyecto de Cristina de mostrarse como la cabeza de un ciclo superador del peronismo.

- Daniel Scioli ha sido víctima de la ambición de esa legión de jóvenes. Scioli cavila y vacila.


- Martín Sabbatella es otra de las armas del ultrakirchnerismo y de los jóvenes K para cercar a Scioli.

- Sabbatella constituye una amenaza. Pero resulta mayor todav√≠a el enojo de los intendentes del conurbano . Las colectoras podr√≠an barrer con varios de ellos. El gobernador recibe mensajes de esos barones angustiados. “Ten√©s que dar la pelea” , lo conminan.

- Los j√≥venes K, incluso, menean la posibilidad de una reforma constitucional que permitiera otra reelecci√≥n de Cristina si triunfa este a√Īo.

(Conceptos extraídos de Nace un tiempo nuevo: el cristinismo, la nota de ayer de Eduardo "contranéstorestábamosmejor" van der Koy en Clarín)

domingo, 27 de febrero de 2011

Hoy es el día en que pienso en vos

Hoy es la noche de la canción del verano 24
Antojo Yo la tengo

Foto: Nicol√°s Villalobos, Cabo Polonio

Te estuve siguiendo... como un tonto
estabas en un bar lleno de humo
y era casi las tres
yo sentado solo en mi auto
cerca de las cuatro
te esperamos toda la noche
y entonces cerré la puerta.

Iba a pasar la noche, podría haber estado okey
hubiéramos hablado toda la noche, hasta que me fuera
¿te acord√°s lo que sol√≠as decir? "no puedo quedarme hasta tarde
un minuto después ya somos más viejos, no puedo seguir despierto"
yo iba hacia la granja de tu padre en un Chevrolet
me acuerdo de ese auto oxidado como si fuera ayer.

Vi a mi hermano manejando el otro día
ojal√° lo hubiera alcanzado, pero se fue
vi a mi hermana ahí parada, bajo la lluvia
y no pensé en nada, lo cual es lo mismo.

Otro día que se va y viene
no creo que pueda cantar esta canción
los secretitos que compartíamos
me estoy tomando mi tiempo
voy a la zaga, pensé en vos.

Hoy es el día en que pienso en vos.

Un regalo de cumplea√Īos

Hoy a la 1:00 AM* desde Cabo Polonio
la capital HOT del verano
x FM La Tribu
* Antes, a la 0:00, Antojo - Yo la tengo



por Willy Villalobos

El jueves pasado me fui a ver a Cabrera. Tenia que hacer 600 kil√≥metros en un d√≠a pero la ilusi√≥n de volver a ver a uno de los m√ļsicos que m√°s me conmueve, me empuj√≥ hacia el Espacio Guambia, en la ciudad vieja de Montevideo, y ah√≠ estuve, festejando mis 56 a√Īos.

Hoy me preguntaba por qué me gusta tanto Fernando Cabrera, por qué será que lo tengo tan metido en el bocho.

El tipo tiene una manera de decir, de tocar como no hay otra. El disco Mateo-Cabrera en vivo debo haberlo escuchado 200 veces y lo sigo necesitando. El recital con Eduardo Darnauchans, otro grande, es otro disco necesario, imprescindible. Con Cabrera vienen Mateo, Zitarrosa, Viglietti, el Darno, aunque el tipo no se parece a ninguno. Es de los que cuentan la historia de uno y de todos en una sola canción.

Es de los que revalorizan la vida, cueste lo que cueste. Es dif√≠cil explicar a un groso, hay que escucharlo. NO SE LO PIERDAN. Cuando conoc√©s la m√ļsica de este se√Īor, inmediatamente quer√©s que todos tus amigos la conozcan, necesitas compartirla, te convert√≠s en un militante del cabrerismo.

Las canciones tienen esa fuerza misteriosa que conecta emociona y despierta a los que tienen la suerte de escucharlo. Es una desgracia que en Uruguay no se lo valore como merece, hay muchos que se lo pierden, le critican que canta mal, que las letras son buenas pero... Dan ganas de matarlos cuando dicen estas pelotudeces. Claro que Cabrera exige, y los cómodos quieren todo servido en bandeja, allá ellos.

Pensaba que La otra le debe una tapa y una gran nota a este gran hombre, ojalá se dé.

Bueno, me fui a verlo, estuve ahí y trataré de contarlo esta noche en la radio. Lo que sigue son algunas partes de una entrevista al Maestro que Gonzalo Curbelo realizara en enero para el periódico La Diaria, a raíz de la aparición del ultimo disco, donde Cabrera canta canciones de otros que fueron hits en su momento y que ahora están olvidadas.

PARRICIDIO

Cabrera se queja de los que piensan que lo de antes ya no sirve. Dice:

Dej√©monos de joder con esa onda de 'antes que yo no exist√≠a nada', y se pregunta: '¿es tan l√≥gico pensar que lo que pas√≥ hace 30 a√Īos ya no tiene lugar en la sociedad?, ¿es sano eso, esa falta de di√°logo?. No, yo estoy dialogando con estas canciones, est√°n en m√≠, est√°n desde mi infancia, pero hay algo que dice que esa franja no sirve. Hay una perversi√≥n del capitalismo, me parece, en ese parricidio. Arriesgo, yo no soy un te√≥rico de nada y puedo estar diciendo un disparate, pero, ¿por qu√© tiene que ser m√°s importante tener 25 a√Īos que 40 o que 12? Creo que todo es importante. La mayor√≠a de los m√ļsicos j√≥venes son m√°s maleables y es m√°s f√°cil venderlos y no tiene por qu√© ser axial.

CANTAR Y PENSAR

Pienso cada una de las palabras, cada una de las s√≠labas y cada una de las letras que canto. Me parece elemental, no creo que ning√ļn cantante pueda ser ajeno a esta posici√≥n. ¿Quien puede cantar sin pensar en lo que dice la letra?

FRACASOS

- ¿Alguna vez pensaste en especular con los aspectos m√°s exitosos de tus canciones?
- Sí, toda mi vida. Y siempre fracasé. Toda mi vida viví realmente preocupado por eso.
- Pero te fuiste radicalizando...
- Sin querer. Siempre quise ser cada vez m√°s popular, m√°s digerible, m√°s f√°cil, tratar de ampliar el p√ļblico, pero uno es esclavo de lo que le sale. Para m√≠, consciente de que lo m√≠o no era masivo, eso siempre fue una espada de Damocles, una preocupaci√≥n muy seria y nunca encontr√© las herramientas para revertirlo.

AFORTUNADO

Yo siempre tengo ideas nuevas. Ser√° que la psiquis se acostumbr√≥ a un proceso vicioso en el que siempre est√°s pensando en algo, en una frase, en un concepto arm√≥nico. Soy axial y por algo me dedico a esto desde los 13 a√Īos y eso se constituy√≥ en el centro de mi vida, porque es lo que mas felicidad me ha dado. ¿Hay algo m√°s lindo que componer una canci√≥n y que encima alguien la apruebe y comunicarte con eso? Es lindo eso, ¿verdad?, comunicarse con algo que sali√≥ de tu cabeza. A veces viene un tipo, un hombre grande, con una l√°grima, emocionado porque una canci√≥n tuya, un verso, lo hizo llorar. ¿Hay paga m√°s grande que eso en la vida?

Afortunadamente, mi vida tiene eso.

s√°bado, 26 de febrero de 2011

La envidia

Cristina y los jóvenes

por oac

Cristina est√° pasando por un momento pol√≠tico formidable: en√©rgica, linda, inteligente como ning√ļn otro pol√≠tico argentino, con capacidad de mando para disciplinar a todo el peronismo, a√ļn a aquellos a quienes les joden las colectoras y a los preocupados por ver a algunos grandes capangas sindicales presos. Y con una alta consideraci√≥n popular y militantes juveniles entusiastas. Estas son cosas que en la vida de un dirigente no se dan con frecuencia. Hay que disfrutarlas y aprovecharlas para construir poder.

La clave la dice el presidente uruguayo, Jos√© Mujica: “Los mejores dirigentes no son los que hacen m√°s, sino los que dejan detr√°s una l√≠nea que los supere, y ustedes tienen la responsabilidad de lo que va a venir” les dijo a los j√≥venes kirchneristas en el acto de ayer.

El tema de la militancia juvenil produce una tremenda desaz√≥n en la derecha medi√°tica, que s√≥lo logr√≥ movilizar a unas caceroleras empastilladas durante algunos d√≠as, un par de a√Īos atr√°s. Y ahora el pobre Lapeg√ľe tiene que andar esquivando, en esa pelotudez del "prende y apaga", alg√ļn cartel que deschave a la viuda apropiadora.

La militancia juvenil les preocupa, no sin raz√≥n. Por eso Fontevecchia empieza a escribir nuevas f√°blulas para asustar a su target, dado que las f√°bulas de la bipolaridad y de la mujer golpeada ya no funcan. En el n√ļmero de Noticias que est√° en la calle intenta trazar un paralelismo entre Cristina y Khadafi, como ejemplos de "los riesgos que enfrentan los proyectos pol√≠ticos de reelecci√≥n permanente". Lo escribe quien deber√≠a procuparse por los l√≠mites de la manipulaci√≥n permanente.

"La inmoratlización de Kirchner como El Eternauta y la guerra santa contra el periodismo convierten al meteórico ascenso de los jóvenes de La Cámpora en un interesante fenómeno socio-generacional, a la vez que prenden una luz roja por la cuota de fanatismo que suele alimentar el reparto de cargos y fondos, ahora en pos del revival de 'aquella juventud maravillosa'".

Guerra santa, fanatismo, reparto de cargos y fondos y una comparaci√≥n final con "la ambici√≥n de eternizarse en el poder, (...) la edici√≥n de la historia al gusto de quien manda" y "...un Khadafi devor√°ndose a s√≠ mismo". El abuso de la analog√≠a deber√≠a hacerle pensar a Fontevecchia si no es √©l quien debe advertir que la historia no puede editarse a su gusto, y que sus lectores no son tan imb√©ciles como √©l supone. 

Si la envidia fuera ti√Īa, cu√°ntos ti√Īosos habr√≠a en la Argentina cristinista. Como dice mi amigo Pablo Cab√°s: "Y? Encontraste UN blog que apoye a @SanzErnesto?". Yo no. Sanz los tiene a Majul y a TN. Pero me parece que no alcanza.

La solución final

Rompecabezas Wittgenstein 4


(viene del capítulo anterior)

En su cautiverio, Wittgenstein reanud√≥ la correspondencia con Russell y comenz√≥ la preparaci√≥n del Tractatus, en base a las anotaciones del lado derecho de sus cuadernos de guerra. Ya liberado, se resisti√≥ a volver a la vida acad√©mica, renunci√≥ a heredar su fortuna familiar, incluy√≥ en su renuncia una cl√°susula por la cual compromet√≠a a sus hermanos a que no le permitieran arrepentirse aunque √©l mismo se los pidiera, y se fue a trabajar varios a√Īos como jardinero en un monasterio, donde los monjes hac√≠an votos de silencio. Despu√©s, ya como maestro de escuela, intent√≥ aplicar con los alumnos sus ideas sobre el lenguaje; pero como perd√≠a f√°cilmente la paciencia y castigaba a los chicos, los padres hicieron un petitorio para que lo despidieran.

Al poco tiempo de terminar de escribir el Tractatus, Wittgenstein empez√≥ a distanciarse de su obra, sin saber del todo por qu√©. Se desentendi√≥ de la suerte del libro, que fue publicado en su ausencia gracias al empe√Īo de Russell, en 1922. Fue su √ļnico libro publicado durante su vida.

Pocos obras en la filosof√≠a contempor√°nea fueron tan influyentes y pocas tan mal entendidas. La oscuridad del asunto contradec√≠a las intenciones del autor, que estaba convencido de que todo lo pensable puede decirse claramente. Precisamente el libro se propon√≠a fijar de modo definitivo los l√≠mites del lenguaje, de lo que se puede decir y pensar. La dificultad radica en que para hacerlo no se permiti√≥ recurrir a otra cosa m√°s que al mismo lenguaje. Todo lo escrito all√≠ queda de este lado de lo decible, ya que Wittgenstein quiso evitar caer en los vicios del lenguaje en que hab√≠an ca√≠do los fil√≥sofos anteriores, entre ellos el mismo Russell. Por eso, para no violar sus propias reglas, muchas de las ideas escritas en los diarios de guerra quedaron reducidas en el Tractatus a escuetas alusiones, lo que le da al libro un tono herm√©tico y por momentos impenetrable. El supon√≠a que, si lograba presentar claramente lo decible –lo pensable-, de esta forma estar√≠a se√Īalando (oblicuamente) lo indecible. Por ese tiempo, escribi√≥ una carta a un amigo en la que dec√≠a que el libro ten√≠a dos partes: 1) lo que estaba escrito, y 2) todo lo que no hab√≠a sido escrito; y esta segunda parte... ¡era la m√°s importante! “Creo que todo aquello sobre lo que muchos parlotean, yo lo puse en evidencia en mi libro, guardando silencio sobre ello.”

Gran parte del Tractatus est√° dedicada a resolver los aspectos insuficientes de la filosof√≠a russelliana y lo hace con √©xito, inventando algunos instrumentos l√≥gicos que luego fueron adoptados por el positivismo. En sus proposiciones principales, el libro dice que el mundo es todo aquello que acaece: la existencia de los hechos simples. El pensamiento es la figura l√≥gica de los hechos y su expresi√≥n es el lenguaje proposicional. Pensamiento, lenguaje y hechos tienen la misma forma, por lo que los l√≠mites del lenguaje son los l√≠mites del mundo; no podemos decir ni pensar c√≥mo ser√≠a un mundo il√≥gico. Gran parte de lo escrito sobre filosof√≠a, sostiene Wittgenstein, no es ni siquiera falso:  apenas carece de sentido, precisamente por desconocer los l√≠mites dentro de los cuales puede decirse algo con sentido. Todo lo que puede decirse se refiere en √ļltima instancia a los hechos simples, y en esa referencia se decide su verdad o falsedad. Esta cr√≠tica a los usos del lenguaje y los aportes l√≥gicos de Wittgenstein encandilaron a los positivistas l√≥gicos, que en la segunda d√©cada del siglo formaron el C√≠rculo de Viena, tomando como base de su escuela filos√≥fica al Tractatus.

Pero

Pero para hacerlo, los positivistas debieron prescindir de las √ļltimas p√°ginas del libro, en las que el pensamiento muestra un giro imprevisto, incomprensible para ellos (un poco como si a los evangelios les quit√°ramos la parte del calvario y la cruz). Por empezar, las generalizaciones acerca de hechos, como las que forman las ciencias naturales ("todos los metales se dilatan con el calor"), no tienen fundamentaci√≥n l√≥gica, sino psicol√≥gica (cosa que despu√©s de todo ya hab√≠a dicho David Hume hac√≠a mucho, mucho). Que el sol salga dentro de un rato porque ha salido ayer y anteayer y antes de anteayer es s√≥lo una hip√≥tesis (y esto significa que no podemos saber si saldr√°). La idea moderna de que la naturaleza est√° sometida a leyes constantes es para Wittgenstein una ilusi√≥n. Los modernos se aferran a las leyes naturales como los antiguos se aferraban a Dios y al destino; ambos tienen raz√≥n y no la tienen. Pero los antiguos eran a√ļn m√°s claros, dado que reconoc√≠an un l√≠mite preciso, mientras que el sistema moderno quiere aparentar que todo est√° explicado.

Porque (ac√° viene el hueso duro de roer) existe ciertamente lo inexpresable, lo que, atravesando lo decible, se muestra a s√≠ mismo. Esto es lo m√≠stico. Ante esto, todo aquello de lo que se puede hablar carece de  la m√°s m√≠nima importancia. Y de lo que no se puede hablar, se debe callar.

Los positivistas se mostraron algo desorientados ante esta modulaci√≥n m√≠stica de las √ļltimas p√°ginas del Tractatus, pero creyeron posible pasarla por alto, como si fuera el ep√≠logo prescindible de un libro valioso. Valoraron m√°s bien el aporte instrumental que el libro brindaba en sus aspectos l√≥gicos (Wittgenstein invent√≥, como quien no quiere la cosa, las bases de la moderna l√≥gica proposicional, lo que en su camino personal fue un tr√°nsito necesario pero, una vez atravesado, carente de valor). La extra√Īeza del planteo wittgensteiniano se acent√ļa por la manera seca y tajante con que lo presenta en su breve pr√≥logo:

"primero ... la verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece intocable y definitiva. Soy, pues, de la opinión de que los problemas han sido, en lo esencial, finalmente resueltos. Y si no estoy equivocado en esto, el valor de este trabajo consiste, en segundo lugar, en el hecho de que muestra cuán poco se ha hecho cuando se han resuelto estos problemas".

Mezcla de arrogancia filosófica extrema y humildad desconcertante, la declaración produce una especie de comicidad involuntaria (lo cómico como reflejo oblicuo del misterio). Para un libro que al principio se jacta de haber resuelto todos los problemas de la filosofía, el final parece una broma decepcionante:

"Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo: quien me comprende termina por reconocer que carecen de sentido, siempre que el que comprenda haya salido a través de ellas, fuera de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido). Debe superar estas proposiciones; entonces tiene la justa visión del mundo".

Un extra√Īo libro que dice resolverlo todo e invita inmediatamente a ser olvidado, un trazo que se borra cuando termina de trazarse.

Tal era el efecto auto-anulador de la filosof√≠a del Tractatus que el propio autor lo abandon√≥ a su suerte. Russell, en cambio, qued√≥ deslumbrado por los instrumentos l√≥gicos que el Tractatus prove√≠a a su programa filos√≥fico y levemente perplejo por su final anticlim√°tico. Por eso, se  encarg√≥ personalmente de traducirlo al ingl√©s (W. lo hab√≠a escrito en alem√°n) y de prologarlo, destacando lo que a su juicio eran los aportes decisivos de quien hab√≠a sido su disc√≠pulo. El pr√≥logo sell√≥ el malentendido, porque hizo que la obra empezara a leerse en la clave que Russell propon√≠a. El Tractatus se abri√≥ camino mientras su autor estaba desaparecido. Inlcuso muchos pensaban que quiz√° Wittgenstein hubiera muerto en la guerra. Mientras tanto, √©l se hab√≠a sumido en el silencio al que su tratado invitaba:

"De lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio".

El triunfo en los c√≠rculos positivistas solo fue posible amputando una parte del libro y tergiversando la otra. En torno a √©l se reuni√≥ una generaci√≥n de j√≥venes fil√≥sofos en Viena, con la pretensi√≥n de subordinar definitvamente la filosof√≠a al rol de auxiliar del conocimiento cient√≠fico. Desgraciadamente (para los positivistas) su autor no hab√≠a muerto: unos a√Īos despu√©s apareci√≥ vivito y coleando. Y les dijo en sus caras que no lo hab√≠an entendido en absoluto y que nunca lo entender√≠an. Pero el intento de aclarar el malentendido no fue asumido por Wittgenstein con la suficiente convicci√≥n, porque √©l mismo empez√≥ a odiar al  libro que le hab√≠a conquistado una fama que despreciaba. 

El Tractatus qued√≥ como una fotograf√≠a de lo que √©l hab√≠a pensado durante un cierto per√≠odo de su vida, en sus a√Īos de guerra. Era solamente un pasaje hacia otra cosa, a pesar del tono terminante de su escritura. Este movimiento parad√≥jico hizo que el libro fuera aplaudido por aquellos contra quienes hab√≠a sido escrito. Wittgenstein dedic√≥ el resto de su vida a reformular su pensamiento, que qued√≥ expresado en libros s√≥lo publicados p√≥stumamente, tomados de apuntes de clases, de cuadernos de anotaciones, de notas escritas al margen de libros ajenos. El malentendido nunca termin√≥ de despejarse, hasta el d√≠a de hoy.

El verano mengua y mi coraz√≥n palpita. ¡Cu√°nto pienso en ti! ¿Pensar√°s en m√≠, al menos la mitad?

viernes, 25 de febrero de 2011

Vida


Esta imagen fue dise√Īada por Hank Soriano

Querido Néstor:

Hoy es el d√≠a de tu 61¬ļ cumplea√Īos y se podr√≠an decir muchas cosas y se dir√°n muchas cosas seguramente. Creo que el momento de la historia que estamos atravesando te debe mucho a vos. S√© que pasaste tu √ļltima semana muy preocupado por el esclarecimiento del crimen de Mariano Ferreyra. Hemos sabido lo que dijo M√°ximo el d√≠a de tus exequias:

"Al matar a ese pibe en Constituci√≥n tambi√©n mataron a mi viejo. Estaba indignado. Todos esos tipos tienen que ir en cana”.

Así que me parece que el mejor homenaje que te puedo hacer es recordarte en ese momento en el que tu vida adquirió la más alta significación: cuando se cruzó con la vida de Mariano Ferreyra. Esta semana parece posible que para los asesinos de Mariano no haya impunidad.

Este es un pa√≠s esponja, que se traga todo lo que pas√≥. Por eso a veces me resulta dif√≠cil incluir en la revista La otra alguna referencia a la actualidad. Para una revista trimestral, la velocidad con la que las noticias se vuelven caducas puede ser fatal. Pens√© mucho, en el cierre del √ļltimo n√ļmero, si deb√≠a incluir algo acerca de tu muerte. Y decid√≠ poner esto, que creo que hoy, d√≠a de tu cumplea√Īos, mantiene total vigencia. Esta es mi manera de recordarte, en tiempo presente:

Hay dos hechos y no s√≥lo uno -la muerte de N√©stor Kirchner- que marcan el comienzo de esta nueva etapa de la pol√≠tica argentina. Son dos muertes, episodios singulares del orden de lo corporal, que responden a series causales independientes, pero que estar√°n inevitablemente ligadas en la batalla de la interpretaciones por el sentido del presente. Mucho se habl√≥ del deceso de N√©stor y de la manera irreversible en que alter√≥ el tablero pol√≠tico. El fallo de su coraz√≥n podr√≠a haber sido esperado hace pocos meses por una derecha que no acertaba a articular una respuesta frente a lo que aparec√≠a como un leve repunte del gobierno. Su muerte precipit√≥ un cambio brusco en la relaci√≥n de fuerzas, pero parad√≥jicamente esa debilidad corporal se volvi√≥ una fortaleza pol√≠tica que dej√≥ a la oposici√≥n en estado de shock y al kirchnerismo m√°s cerca que nunca antes de alcanzar un tercer mandato. Esto no pretende ser ninguna predicci√≥n: la pol√≠tica argentina tiene un margen de indeterminaci√≥n tan grande que la situaci√≥n es siempre incre√≠blemente fluida y puede variar de modo imprevisible. 

Pero es inevitable constatar el cambio de clima que comenz√≥ a partir del funeral de Kirchner, acontecimiento que termin√≥ por convertirse en un hecho pol√≠tico fundacional. La despedida popular que se le brind√≥ podr√≠a terminar siendo no s√≥lo el impulso para la reelecci√≥n de Cristina (con el alineamiento disciplinado de todo el peronismo, que d√≠as antes de la muerte se mostraba d√≠scolo y proclive a explorar otras variantes), sino incluso el comienzo de una trasmutaci√≥n del peronismo en kirchnerismo. La visibilizaci√≥n de una nueva militancia juvenil (que se templ√≥ en las movilizaciones por la 125, la ley de medios y el matrimonio igualitario) parece ser el signo de los nuevos tiempos. Hoy se instala la figura de Kirchner como el √≠cono de una nueva generaci√≥n y se lo exalta como militante. Hasta hace poco, los dirigentes pol√≠ticos trataban de ser hombres cualunques, "gente como la gente"; "militante" era una palabra pronunciada con sorna, para burlarse de “los veteranos setentistas que se hab√≠an ilusionado con el aroma a chorip√°n que los transportaba imaginariamente a las plazas de anta√Īo”. La plaza de la despedida de N√©stor fue juvenil, entusiasta, trabajadora, estudiante, bloguera y gay. La trabajosa construcci√≥n de un pa√≠s crispado y aterrorizado por la inseguridad con que machac√≥ la TV durante tres a√Īos agobiantes perdi√≥ su eficacia simb√≥lica ante la irrupci√≥n de esta nueva multitud que protagoniz√≥ el funeral m√°s esperanzado de la historia pol√≠tica contempor√°nea. 

Esta combinaci√≥n humana tan atractiva est√° haciendo su propia experiencia vital y no simplemente rememorando las gestas de sus mayores de los a√Īos setenta: no sienten nostalgia por los Montoneros ni veneran especialmente al general Per√≥n. Su programa de acci√≥n tampoco se agota en el reclamo de juicio a los criminales de la dictadura: hay nuevos motivos para pelear en el mundo de hoy, que no se oponen al castigo a los dictadores, sino que lo dotan de un sentido m√°s imperioso y actual. La lucha de Madres y Abuelas por la justicia podr√≠a haberse extinguido con la muerte inminente de estas venerables mujeres; hoy ya no se trata de recordar lo que fue hace 30 a√Īos, sino de pelear por lo que puede ser de un momento a otro. 

Empec√© diciendo que dos hechos marcan esta nueva etapa. Hubo una muerte pocos d√≠as antes de la de N√©stor: el asesinato de Mariano Ferreyra por manos de la patota de la Uni√≥n Ferroviaria. Incluso antes de la muerte de Kirchner este asesinato marc√≥ un punto de inflexi√≥n para un gobierno que se pod√≠a jactar de no haber reprimido la protesta callejera. Esta tragedia humana, con todo, puede transformarse en una oportunidad para que el kirchnerismo ajuste sus cuentas con el pasado peronista, si logra resolver el crimen de un modo in√©dito. Porque los asesinos de Mariano est√°n en el movimiento y se vinculan con una forma de construir poder basada en la traici√≥n a los trabajadores y el crimen pol√≠tico. Si el asesinato tiene, adem√°s de una resoluci√≥n judicial con sus ejecutores presos, un corte pol√≠tico que marque el comienzo del fin del sindicalismo patotero, entonces el kirchnerismo se habr√° parido como un movimiento popular digno de ese nombre; si el gobierno queda enredado en la confusi√≥n de estas alianzas non sanctas, entonces no habr√° podido escapar del destino autodestructivo que ensombreci√≥ la historia peronista. Por unas frases pronunciadas por M√°ximo Kirchner en el entierro de su padre, se sabe que N√©stor pas√≥ sus √ļltimos d√≠as personalmente involucrado en la resoluci√≥n del caso. 

Con el correr de las semanas, otros acontecimientos nefastos nos obligan a encender una luz de alarma: en Formosa fuerzas represivas que responden al gobernador Gildo Insfr√°n mataron a dos personas del pueblo toba que reclamaban por sus tierras usurpadas. Pocos d√≠as despu√©s, en el barrio de Soldati de la ciudad de Buenos Aires las fuerzas combinadas de la Polic√≠a Metropolitanta y la Polic√≠a Federal comandaron un violento desalojo de casas ocupadas con el terrible saldo de otras dos muertes. Al cierre de esta edici√≥n (N. del editor: primeros d√≠as de diciembre pasado), ninguno de estos asesinatos est√° judicialmente resuelto; mucho menos ha habido claros gestos del gobierno para diferenciarse de los aliados involucrados en estos casos. 

¿Cu√°l ser√° el signo de esta nueva etapa pol√≠tica que empez√≥ con la muerte de Kirchner? ¿Se concretar√°n las esperanzas que una nueva generaci√≥n de militantes estimulan? ¿Volver√° a instalarse el desprecio por la vida humana que caracteriz√≥ a un per√≠odo demasiado largo de la historia argentina? El final, suele suceder, est√° abierto.

Hasta aquí el texto escrito en diciembre.

Feliz cumplea√Īos 61¬ļ, N√©stor.

jueves, 24 de febrero de 2011

La calma

La canción del verano 23


La calma, verdadera sabia
me cura de mis amarguras
me salva de mis pensamientos
la calma.

La calma enciende ideas
segura, sin tanta premura
a veces la busco en figuras
de buda.

La calma, profunda
elude que mi alma se hunda
la calma es el poder que domina
toda impaciencia.

¿Ser√° la primera vez
que el cielo se enciende
y me hace feliz?
¿ser√° la primavera que llega
y no puedo dejar de reir?

Un ángel me guía
si el diablo sigiloso me espía
la calma es el poder que domina
el apresuramiento.

¿Ser√° la primera vez
que el cielo se enciende
y me hace feliz?
¿Ser√° la primavera que llega
y no puedo dejar de reir?
No quiero dejar de reir
no voy a dejar...
oh oh...

La guerra de un solo hombre

Rompecabezas Wittgenstein 3
(viene del capítulo anterior)

por oac

Durante sus a√Īos de guerra Wittgenstein llev√≥ un diario, escrito en cuadernos escolares, con un llamativa distribuci√≥n: en las hojas del lado derecho escrib√≠a sus √°ridas reflexiones sobre la l√≥gica proposicional; del lado izquierdo, y en una clave secreta, dejaba testimonio de su tormento personal. Creo que nunca se ha expresado de manera tan patente la √≠ntima fisura y la oculta tensi√≥n que existen entre la verdad cient√≠fica y la angustia existencial. Los lectores de Wittgenstein, sus equ√≠vocos disc√≠pulos, sus herederos intelectuales, no han cesado de ahondar la disociaci√≥n.

15 de agosto de 1914
Hoja izquierda:
Son tantas las cosas que ocurren que un solo d√≠a me parece tan largo como una semana. Ayer me destinaron a prestar servicio en el reflector de un barco que hemos requisado y que patrullar√° por el V√≠stula. ¡La tripulaci√≥n es una banda de cerdos! ¡De entusiasmo, nada! ¡Son incre√≠bles su groser√≠a, su estupidez y su maldad! No es cierto que la gran causa com√ļn ennoblezca necesariamente a las personas. Esto hace tambi√©n que las tareas m√°s desagradables se conviertan en una labor de esclavos. Resulta notable ver c√≥mo son las propias personas las que hacen de sus tareas un tormento aborrecible. A pesar de las circunstancias externas, las tareas en nuestro barco podr√≠an procurarnos un per√≠odo magn√≠fico, feliz... ¡y en cambio! Sin duda resultar√° imposile entenderse aqu√≠ con la gente. Por tanto, hay que ejecutar las tareas con humildad y, por amor a Dios, ¡no perderse a s√≠ mismo! Pues cuando uno quiere darse a los dem√°s es cuando m√°s f√°cilmente se pierde a s√≠ mismo.

5 de septiembre de 1914
Hoja izquierda:
Me encuentro en camino hacia un gran descubrimiento. ¿Pero llegar√© a √©l? Noto mi sensualidad m√°s que antes. Hoy he vuelto a masturbarme. Afuera hace un tiempo g√©lido y tormentoso.

19 de septiembre de 1914
Hoja derecha:
Una proposici√≥n como “este sill√≥n es marr√≥n” parece decir algo enormemente complicado, dado que si quisi√©ramos expresar esta proposici√≥n de modo tal que nadie pudiera hacernos objeciones acerca de su ambig√ľedad, tendr√≠a que resultar infinitamente larga.

7 de octubre de 1914
Hoja izquierda:
Siento un fr√≠o helado que me viene de dentro. ¡Si al menos pudiera dormir lo suficiente otra vez antes de que comience la cosa! Trabaj√© poco. A√ļn no acierto a cumplir con mi deber simplemente porque es mi deber, ni a reservar todo mi ser para la vida del esp√≠ritu. Puedo morir dentro de una hora o dentro de dos. Puedo morir dentro de un mes o dentro de algunos a√Īos. No puedo saberlo y nada puedo hacer ni a favor ni en contra: as√≠ es esta vida. ¿C√≥mo he de vivir para salir airoso a cada instante? Vivir en lo bueno y en lo bello hasta que la vida se acabe.

15 de octubre de 1914
Hoja derecha:
En la proposici√≥n componemos, por as√≠ decirlo, experimentalmente las cosas, tal como estas no necesitan componerse en la realidad. No podemos componer, sin embargo, algo il√≥gico, porque para eso tendr√≠amos que salirnos en el lenguaje fuera de la l√≥gica. (...). De existir proposiciones totalmente generales, ¿qu√© componemos experimentalmente con ellas? Cuando se tiene miedo a la verdad, como me ocurre a m√≠ ahora, no se presiente la entera verdad. He considerado aqu√≠ las relaciones entre los elementos proposicionales y sus referencias, como si fueran tent√°culos, por decirlo as√≠, por medio de los cuales la proposici√≥n entra en contacto con el mundo exterior; por eso, la generalizaci√≥n de una proposici√≥n equivaldr√≠a a la contradicci√≥n de los tent√°culos; hasta que al fin la proposici√≥n general estar√≠a totalmente aislada. Pero, ¿es v√°lida esta figura?

11 de noviembre de 1914
Hoja izquierda:
Hemos o√≠do el estampido de los ca√Īones desde las fortificaciones. He enviado una carta a David. ¡Cu√°nto pienso en √©l! ¿Pensar√° √©l en m√≠, por lo menos la mitad?

Hoja derecha:
¿Acaso no corresponde mi estudio del lenguaje al estudio de los procesos mentales que los fil√≥sofos consideraron siempre tan esenciales para la filosof√≠a de la l√≥gica? Lo que ocurre es que siempre se perdieron en disquisiciones psicol√≥gicas inesenciales, e igual peligro se corre con mi m√©todo.

21 de noviembre de 1914
Hoja izquierda:
Incesante ca√Īoneo. Mucho fr√≠o. Explosiones casi ininterrumpidas desde las fortificaciones. Trabaj√© bastante. Pero soy incapaz de pronunciar la √ļnica palabra redentora. Doy vueltas a su alrededor, muy cerca, pero a√ļn no he podido agarrarla. Sigo preocupado por mi futuro, porque no reposo del todo en m√≠.

Hoja derecha:
En este punto intento expresar otra vez lo que no resulta expresable.

25 de mayo de 1915
Hoja derecha:
¿Se nos aparece en el campo visual algo m√≠nimo visible como indivisible? Lo que tiene extensi√≥n es divisible. ¿Hay en nuestro campo visual partes carentes de extensi√≥n? ¿Las estrellas fijas, por ejemplo?
El impulso hacia lo m√≠stico viene de la insatisfacci√≥n de nuestros deseos por medio de la ciencia. Sentimos que incluso una vez resueltos todos los posibles problemas cient√≠ficos, nuestro problema ni siquiera habr√≠a sido a√ļn rozado. Ninguna otra cuesti√≥n quedar√≠a ya en pie, olbviamente, y esa ser√≠a la respuesta.

***
Austria terminó siendo derrotada en 1918. Wittgenstein fue hecho prisionero por las tropas italianas. Estuvo cautivo diez meses en Montecasino. Quienes administraron su herencia filosófica publicaron póstumamente en 1960 las hojas del lado derecho, con el título Diario filosófico (1914-1916) e hicieron desaparecer durante décadas toda referencia al lado izquierdo: "Del contendido de los diarios hemos dejado afuera muy poca cosa. Las omisiones afectan casi solo a los esbozos de simbolismos que no pudimos interpretar o que por otros motivos carecen de interés" escribieron los editores en la introducción al Diario filosófico. Recién en 1985 fueron publicadas bajo el título Diarios secretos las páginas izquierdas del diario de guerra de Ludwig.

(continuar√°)

miércoles, 23 de febrero de 2011

Para que haya más Pedrazas presos tenía que haber un primer Pedraza preso


por oac

Para que haya un segundo tenía que haber un primero.

Y, para juzgar a un burócrata sindical, éste tiene que cometer un delito, igual que para juzgar a cualquier otra persona. No existe el delito de traición o de burócrata.Tiene que ser un delito tipificado por el código penal.

Por otro lado, hay otro nivel que no es el jurídico sino el político. Ahí es donde los que se llenan la boca indicando lo que hay que hacer deberían ponerse a pensar cómo reunir una masa crítica de poder para no seguir indicando lo que hay que hacer sino para estar en condiciones de hacerlo. No indicar que hay que sacar a la burocracia sindical sino lograr que los trabajadores deseen desembarazarse de esta burocracia.

Una hip√≥tesis a considerar es que la clase obrera no es est√ļpida y que si hasta ahora no termina de deshacerse de la burocracia es porque eval√ļa que los que proponen terminar con la burocracia sindical son peores para los intereses de los trabajadores que la propia burocracia sindical. Peores por ineptos, por dogm√°ticos o porque simplemente no tienen en marcha un proyecto de poder.

En resumen, supongo que en este momento para los intereses de los trabajadores es preferible que haya esta CGT y esta CTA, con todas sus deficiencias e incluso con sus traidores, que es preferible eso que quedar a merced de minorías delirantes, ineptas u oportunistas como el trosquismo o el proyecto surf.

Creo que Pedraza está preso porque se cumple una condición política que lo hace factible: el kirchnerismo conduce políticamente este período.

Sostengo que para que haya un primer preso, y un segundo y un tercero es necesario apoyar a Cristina y no evadirse en salidas imaginarias como el delirio trosquista o el oportunismo surfiano.

Dos potencias se saludan

Rompecabezas Wittgenstein 2

(viene del post anterior)

por oac

El encuentro de Russell y Wittgenstein en Cambridge result√≥ decisivo para los dos. En 1911 Russell era, a sus 40 a√Īos, una autoridad acad√©mica cuyas tesis sobre filosof√≠a de las matem√°ticas eran estudiadas en todo el mundo; estaba trabajando para concretar el objetivo de m√°xima de la metaf√≠sica occidental: demostrar que la realidad es enteramente representable por el lenguaje proposicional de sujeto y predicado; es decir: por la ciencia. (Una metaf√≠sica, digamos, que ni siquiera se reconoce como tal). Wittgenstein era un estudiante de 22 a√Īos inadaptado, de vocaci√≥n no del todo definida y con serios problemas an√≠micos. As√≠ lo vio Russell en sus primeros encuentros:

"Mi amigo alem√°n amenaza ser un suplicio. Despu√©s de mi clase me acompa√Ī√≥ a mi casa y estuvo discutiendo conmigo hasta la hora de la cena; lo hac√≠a de un modo testarudo y extravagante, aunque me parece que no es nada est√ļpido".

Wittgenstein ten√≠a que tomar una decisi√≥n: o dedicar su vida a la aeron√°utica o dedicarla a la filosof√≠a. Le fue a preguntar a Russell si ve√≠a en √©l alg√ļn talento filos√≥fico, porque si as√≠ no fuera estaba dispuesto a abandonar para siempre esa disciplina. Russell le dijo que no estaba seguro de sus reales aptitudes pero, despu√©s de leer un ensayo que Wittgenstein le acerc√≥, se convenci√≥ de su genio y lo alent√≥ a seguir. En sus memorias, Russell lo recuerda as√≠:

"Fue el ejemplo m√°s perfecto de genio que encontr√© en mi vida: apasionado, profundo, intenso y dominante... Cada medianoche me visitaba y durante tres horas, sumido en un nervioso silencio, se mov√≠a de un lado para otro como un animal salvaje. Una vez le pregunt√©: '¿Usted est√° pensando sobre l√≤gica o sobre sus pecados?'. 'Sobre las dos cosas' me contest√≥ y sigui√≥ movi√©ndose por la habitaci√≥n. Yo no quer√≠a mencionarle que ya iba siendo hora de acostarse, porque tem√≠a que se fuera a suicidar si lo hac√≠a ir'".


La relaci√≥n entre maestro y disc√≠pulo se fue invirtiendo con el correr del tiempo. Wittgenstein se tomaba las tesis del atomismo l√≥gico como una cuesti√≥n personal, con su incapacidad tan caracter√≠stica para ponerle l√≠mites a su obsesi√≥n, que lo obligaba a perseguir una idea hasta extraer las √ļltimas consecuencias y descubrir los puntos d√©biles de cualquier argumentaci√≥n. Ludwig concordaba, en principio, con el programa cient√≠fico de Russell, pero encontraba serios inconvenientes en el concepto de representaci√≥n; esto es: en la capacidad del lenguaje para hacer referencia a los hechos. ¿C√≥mo es posible que haya una concordancia entre una proposici√≥n simple y un hecho? ¿Hay en nuestra experiencia 'hechos simples'? Las proposiciones negativas, como por ejemplo "vos no est√°s aqu√≠", ¿se refieren a hechos negativos? ¿a "no hechos"? ¿Tiene alg√ļn sentido hablar de un hecho negativo - un "no est√°s"-? ¿o los hechos son simplemente lo que son? ¿Cu√°l es el sentido entonces de una proposici√≥n negativa? ¿Y qu√© pasa con una proposici√≥n general, como por ejemplo "todos los metales se dilatan con el calor"? ¿Se refiere, en raz√≥n de la infinitud de hechos a los que alude, a algo real, a una infinitud real de hechos? ¿O es s√≥lo una manera de hablar?

Los cuestionamientos a Russell se fueron haciendo cada vez m√°s duros, hasta bordear la violencia. Ludwig le dijo que estaba totalmente equivocado, que √©l ya hab√≠a ensayado recorrer ese camino hasta convencerse de que no conduc√≠a a ninguna parte. Las cr√≠ticas hicieron tambalear a Russell. A√Īos despu√©s, el fil√≥sofo inlg√©s reconocer√≠a que el encuentro con Wittgenstein fue "un acomntecimiento important√≠simo en mi vida, que afect√≥ todo lo que he hecho desde entonces. Vi que √©l ten√≠a raz√≥n y que yo no podr√≠a hacer ya ninguna tarea fundamental en la filosof√≠a". De hecho, Russell no produjo ya grandes novedades en su pensamiento filos√≥fico despu√©s de cruzarse con Wittgenstein y, a pesar de que vivi√≥ hasta los 98 a√Īos, sus intereses se fueron desplazando cada vez m√°s hacia la causa pacifista, los derechos humanos y el feminismo.

La distancia entre ambos aument√≥ hacia 1914, no s√≥lo por razones filos√≥ficas: sus actitudes de vida eran totalmente opuestas. Russell era un librepensador, un antirreligioso que se burlaba de los escr√ļpulos de Wittgenstein sobre el pecado y de su misticismo; el ingl√©s ten√≠a todo el sentido del humor y la sociabilidad que le faltaban al austr√≠aco. Solo el brillo intelectual de Wittgenstein y el respeto y la paciencia que Russell le lleg√≥ a profesar le permit√≠an disculparlo por los continuos desplantes que su disc√≠pulo ten√≠a contra las normas acad√©micas y las convenciones sociales.

Cuando empezó la Primera Guerra Mundial, Russell pudo profundizar su militancia pacifista, precisamente en el momento en que Wittgenstein decidió enrolarse como voluntario en el ejército austríaco. Esa era su oportunidad para romper con la comodidad y el vacío de la vida burguesa que tanto despreciaba. Creyó encontrar en la guerra un remedio extremo, el sentido fuerte del que su existencia hasta ese momento carecía.

(continuar√°)

martes, 22 de febrero de 2011

Por el asesinato de Mariano Ferreyra detuvieron a José Pedraza

Las pruebas para detener a Pedraza ac√°.

Aeronáutica y desesperación

Rompecabezas Wittgenstein 1 *


por oac

Todo lo que puede decirse, puede decirse claramente; y de lo que no se puede hablar, se debe guardar silencio. Resulta gracioso, pero estas frases est√°n escritas en el Tractatus Logico-philosophicus, un libro oscuro y desconcertante, fuente del m√°s sorprendente equ√≠voco de la filosof√≠a del siglo XX: los positivistas lo erigieron como una especie de libro sagrado, sin haberlo comprendido, precisamente por no haberlo comprendido. Su autor, Ludwig Wittgenstein -que pudo haberse dedicado a la ingenier√≠a aeron√°utica o haberse suicidado a los 20 a√Īos, pero no- persiste como enigma, a pesar suyo. Lo que nos da que pensar es su silencio.

Pudo haberse suicidado como lo hicieron tres de sus nueve hermanos. Hijo menor de una familia de la alta burgues√≠a austr√≠aca de origen jud√≠o, Wittgenstein naci√≥ en Viena el 26 de abril de 1889, bajo el signo de Tauro. Su padre era un capit√°n de la industria metal√ļrgica que destinaba una parte de su fortuna al mecenazgo de artistas como el pintor Gustav Klimt, el escultor Auguste Rodin o el m√ļsico Gustav Mahler, pero no se tomaba en serio ninguna profesi√≥n m√°s que la de ingeniero y, sobre todo, le disgustaba que sus hijos tuvieran inclinaciones art√≠sticas, como las que manifestaron Hans y Rudolf, quienes, para colmo, eran homosexuales declarados. Los hermanos mayores de Ludwig no habr√°n sido capaces de soportar las exigencias paternas, porque lo cierto es que se suicidaron poco despu√©s de cumplir los 20 a√Īos. Ludwig estudi√≥ ingenier√≠a aeron√°utica y estuvo varias veces al borde del suicidio, tal vez atormentado por la culpa que le produc√≠a su a duras penas velada homosexualidad, o quiz√°s por su desbocada sed de Dios. El √°nimo de Wittgenstein siempre pendul√≥ entre la ciega desesperaci√≥n y la experiencia de un amparo invulnerable. Para esta guerra no tuvo palabras.

Como t√©cnico, pronto se destac√≥ en el dise√Īo de una h√©lice de propulsi√≥n por reacci√≥n. El tema lo obsesionaba y, sin que se lo propusiera, desde las cuestiones f√≠sicas fue desliz√°ndose hacia los fundamentos de las matem√°ticas, y de ah√≠ hacia la filosof√≠a. En 1908 lleg√≥ a sus manos un libro de Bertrand Russell, Los principios de las matem√°ticas. Wittgenstein decidi√≥ escribirle una carta a su autor.

El novio del √°tomo

El techo es blanco, la cama es de madera, las s√°banas son azules y esta mano tiene cinco dedos. Y as√≠ sucesivamente. La realidad es una colecci√≥n de hechos simples que son descriptibles por medio de proposiciones igualmente simples. A cada hecho le corresponde una proposici√≥n. "El techo es blanco" es una proposici√≥n verdadera si y s√≥lo si el techo es blanco. El lenguaje es una figura de la realidad. La realidad y el lenguaje tienen la misma forma. Ambos pueden descomponerse hasta llegar a sus elementos simples -o at√≥micos- que los componen. El todo es la suma de las partes (la cama es de madera, las s√°banas son azules, etc.). La realidad no es ambigua ni contradictoria, nuestra forma de hablar de ella puede a veces serlo. Pero para solucionar eso (para curar esa enfermedad del habla) est√° la filosof√≠a. Ella tiene que determinar con claridad la forma l√≥gica del lenguaje, para erradicar las contradicciones. Tiene que purgar las ambig√ľedades y las vaguedades en el uso de los t√©rminos, para figurar los hechos con precisi√≥n. Tiene que mostrar que la mayor√≠a de los problemas planteados por la filosof√≠a tradicional son pseudo-problemas originados por un mal uso del lenguaje. Si la filosof√≠a logra esto -y est√° en v√≠as de lograrlo- , entonces el lenguaje y el pensamiento humanos conquistar√°n la precisi√≥n del c√°lculo matem√°tico (esta mano tiene cinco dedos, etc.). El resto es silencio.

El p√°rrafo anterior describe el programa del atomismo l√≥gico, el proyecto filos√≥fico puesto en marcha por el fil√≥sofo ingl√©s Bertrand Russell hace ya m√°s de un siglo y continuado por el C√≠rculo de Viena en los a√Īos 20 del siglo pasado. A√ļn hoy es el pensamiento dominante de los departamentos de filosof√≠a de aqu√≠, all√° y de todas partes. En realidad estas tesis pasan en limpio el craso sentido com√ļn, al que tratan de formalizar. La filosof√≠a clara de una √©poca oscura. Es m√°s f√°cil resumir este programa en 15 renglones que llevarlo acabo en sus articulaciones y detalles. A Russell y ac√≥litos les llev√≥ d√©cadas el intento y en el camino se encontraron con paradojas a√ļn no resueltas, tal vez insalvables. ¿Falta mucho para llegar a las verdades simples y precisas (el techo es blanco, las s√°banas son azules, etc.)? El desaf√≠o fue una tentaci√≥n que Wittgenstein no pudo o no quiso evitar. En 1908 encontraba un fundamento s√≥lido para seguir viviendo o se mataba.

(continuar√°)


Bonus track: Yo ya tengo quien me plagie


* El texto que antecede (y que continuar√© publicando en pr√≥ximas entregas) fue editado en el n√ļmero 2 de la revista PARTE DE GUERRA (noviembre de 1997), que yo codirig√≠a por entonces, junto con el psicoanalista H√©ctor Fenoglio. En el d√≠a de ayer se me ocurri√≥ reeditarlo en este blog. Cuando estaba buscando a trav√©s de Google im√°genes para ilustrarlo, me encontr√© con una sorpresa may√ļscula: en el blog de una tal  Rosa Aksenchuk, (quien se presenta de la siguiente manera: "Lic. en Psicolog√≠a. Facultad de Psicolog√≠a de la Universidad de Buenos Aires. Su actividad se circunscribe a la Cl√≠nica con orientaci√≥n psicoanal√≠tica. Actualmente brinda atenci√≥n a adultos y adolescentes. Desde el 2006 dirige Psikeba, Revista de psicoan√°lisis y estudios culturales") se plagia mi texto, incluso su t√≠tulo, sin citarme para nada. La licenciada Aksenchuk me copia descaradamente, intercalando de vez en cuando algunas pocas frases de otra cosecha. La fecha del post de Aksenchuk es el mi√©rcoles 8 de julio de 2009, 12 a√Īos despu√©s de que yo lo publicara en mi revista. Desconozco si el resto de los textos que do√Īa Rosa se atribuye en su blog los afan√≥ de otro lado.

Sab√≠a que los estudiantes secundarios suelen presentar, como trabajos pr√°cticos de las materias que cursan, monograf√≠as que copian de internet. No sab√≠a que licenciadas en Psicolog√≠a de la UBA, que brindan atenci√≥n a adultos y adolescentes y dirigen revistas de psicoan√°lisis y estudios culturales, incurren en semejantes latrocinios. El subt√≠tulo del blog de Rosa reza "Intertextualidades", lo cual puede intepretarse como una velada confesi√≥n del plagio. Desconozco si, adem√°s de haber plagiado mi texto en su blog, la se√Īora Aksenchuk se lo atribuy√≥ tambi√©n en alguna publicaci√≥n impresa. Curiosamente, la cabecera del blog lleva un ep√≠grafe: "Es mientras escribo que encuentro", cita de un tal JL (¿Jacques Lacan?). Rosa, parece que primero encuentra y despu√©s lo escribe.

La plagiaria, Rosa Aksenchuk


Me gustar√≠a conocer a alg√ļn paciente o a alg√ļn alumno de la licenciada Rosa.

lunes, 21 de febrero de 2011

El secreto de tu corazón

Corriente alterna (canción del verano 22)



No sé por qué te fuiste ni por qué después
al poco tiempo te dio por volver
no sé por qué, no sé por qué
tomaste aquella triste decisión
de abandonarme y cuál fue la razón
de tu regreso y qué pasó
que al otro dia te volviste a ir
no me diste ni tiempo de decirte
preguntarte si esa vez
regresarías como la anterior
ni si te ibas en busca de amor
y si fue así supongo que
no lo encontraste y fue por eso que
volviste pero cuando te apreté
y te pregunt√© qu√© plan ten√©s
me contestaste muy así nomás
con evasivas y casi te vas
pero esa vez no te dejé
porque de un brazo fuerte te agarré
pero fue in√ļtil porque cuando me acost√©
sentí la puerta y eras vos
que te pirabas sin decir adiós
capaz que fue mejor para los dos
pero muy malo para mí
por eso me alegré cuando te vi
que regresabas pero no entendí
por qué enseguida me decís
que tu intención sigue siendo partir
y sin demora pas√°s a cumplir
tu anuncio y me dejas ahí
sin esperanza con respecto a ti
pero con la sorpresa de que así
como te vi partir también
te vi volver y te escuché muy bien
decir que nunca me ibas a dejar
para después saber faltar
a tu palabra porque sin piedad
te fuiste a algun rincón de la ciudad
que al parecer no te gustó
porque, si no, no entiendo qué te dio
por dar la vuelta y pedirme perdón
pero enseguida, ¡maldici√≥n!
me abandonaste y desde aquella vez
te fuiste y regresaste mas de diez
o veinte veces, es que ya
perdí la cuenta y la velocidad
de tu continuo ir y venir se va
volviendo cada vez mayor
ni bien te fuiste por el ascensor
la puerta se abre y est√°s otra vez
ahí no sé si es que volvés
ya es imposible adivinar qué hacés
si te est√°s yendo o a la misma vez
est√°s viniendo o ya no est√°s
acá ni allá, como venís te vas
tu cara ya no se distingue m√°s
apenas en el corredor
se ve una larga franja del color
de tu vestido, sos como un ciclón
un huracan sin dirección
un haz de luz cada vez m√°s veloz
ya nadie puede verte, ya no sos
más que una tenue sensación
una sutil fugaz coloración
en las baldosas de ese corredor
y la portera ya subió
trayendo el balde con el secador
le digo: do√Īa deje por favor
y me contesta: no se√Īor
el corredor lo tengo que limpiar
y yo le explico que te va a borrar
si pasa el trapo por ahí
pero ella cree que me enloquecí
no sabe nada de lo que yo vi
y un golpe de agua con jabón
te lleva entera junto a la ilusión
de averiguar un día en qué vagón
viaja el secreto de tu corazón.

s√°bado, 19 de febrero de 2011

La verdad del cinismo

Antojo Foucault 2

√Čdouard Manet

"Est√° la idea de que el propio arte, tr√°tese de la literatura, la pintura o la m√ļsica, debe establecer con lo real una relaci√≥n que ya no es del orden de la ornamentaci√≥n, de la imitaci√≥n, sino del orden de la puesta al desnudo, del desenmascaramiento, la depuraci√≥n, la excavaci√≥n, la reducci√≥n violenta a lo elemental de la existencia. Esta pr√°ctica del arte como puesta al desnudo y reducci√≥n a lo elemental de la existencia es algo que se marca de manera cada vez m√°s patente a partir, sin duda, del siglo XIX. El arte (Baudelaire, Flaubert, Manet) se constituye como lugar de irrupci√≥n de lo sumergido, del abajo, aquello que, en una cultura, no tiene derecho o, al menos, posibilidad de expresi√≥n. Y en esa medida, hay un antiplatonismo del arte moderno. Si han visto este invierno la exposici√≥n de Manet, la cosa salta a la vista: hay un antiplatonismo del arte moderno que fue el gran esc√°ndalo de Manet y que, creo, sin ser la caracterizaci√≥n de todo arte posible en la actualidad, represent√≥ una tendencia profunda que encontramos de Manet a Francis Bacon, de Baudelaire a Samuel Beckett o Burroughs. Antiplatonismo: el arte como lugar de irrupci√≥n de lo elemental, puesta al desnudo de la existencia.

"Y por eso mismo el arte establece con la cultura, las normas sociales, los valores y los cánones estéticos, una relación polémica de reducción, rechazo y agresión. Esto es lo que hace el arte moderno desde el siglo XIX, un movimiento por el cual, de manera incesante, cada regla postulada, deducida, inducida, inferida a partir de cada uno de los actos precedentes, resulta rechazada y negada por el acto siguiente. En toda forma de arte hay una suerte de cinismo permanente respecto a cualquier arte adquirido. Es lo que podríamos llamar el caracter antiaristotélico del arte moderno.

"El arte moderno, antiplatónico y antiaristotélico: reducción, puesta al desnudo de lo elemental de la existencia; negativa, rechazo perpetuo de toda forma ya adquirida. En estos dos aspectos, el arte moderno tiene una función que cabría de calificar de esencialmente anticultural. Hay que oponer, al consenso de la cultura, el coraje del arte en su verdad bárbara. Y si no es sólo en el arte, es sobre todo en él donde se concentran, en el mundo modreno, en nuestro mundo, las formas más intensas de un decir veraz que tiene el coraje de correr el riesgo de ofender. Podríamos hacer con respecto al arte moderno una historia del cinismo como modo de vida ligado a una manifestación de la verdad, como puede hacerse con respecto a los movimientos revolucionarios o con respecto a la espiritualidad cristiana".

Michel Foucault, El coraje de la verdad


En las conversaciones cotidianas usamos la palabra cinismo para calificar despectivamente la actitud del que descree de la sinceridad, el que ridiculiza y se burla de la confianza en las personas. Tildamos de c√≠nico al que parece estar de vuelta de todo, al canchero que siempre descree con un gesto socarr√≥n. Es una curiosa mutaci√≥n sem√°ntica. El cinismo ha sido una posici√≥n filos√≥fica nacida en la antig√ľedad griega, caracterizada por un apego extremo a la verdad, pero por sobre todo, por vivir en consecuencia con una verdad practicada antes que dicha. Los c√≠nicos como Di√≥genes eran personajes exc√©ntricos por el coraje con que sosten√≠an su pensamiento, en abierto desaf√≠o a su comunidad, raz√≥n por la cual se expon√≠an al rechazo de todos. Por eso, no es raro que el √ļltimo libro de Foucault, titulado El coraje de la verdad, dedique su segunda mitad a analizar el cinismo como el arte de vivir verdaderamente, actitud existencial nacida hace muchos siglos pero que, seg√ļn Foucault, atraviesa toda la historia de Occidente, hasta la actualidad.

"Hay que oponer, al consenso de la cultura, el coraje del arte en su verdad bárbara" condensa Foucault en una frase cortante el escándalo del arte moderno. Ni bien leí esta hermosa frase me vino a la cabeza una que se repite obstinadamente Jean-Luc Godard en sus Histoire(s) du cinéma. Godard, nuestro cínico.

Ma√Īana a la medianoche, Antojo, en FM La Tribu. Y m√°s tarde, a la 1:00 am del lunes, seguimos buscando la canci√≥n del verano.

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Buscando la canción del verano 21
Es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sue√Īo largo y fatigoso
las m√°s dulces flores
y frutos cuelgan de los √°rboles
caído del pájaro gigante que me estaba llevando
es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sue√Īo largo y fatigoso
tal cual lo recuerdo
cada raíz
cada gesto.

Soy un corazón
en esta tierra fría
cayéndome de la cama
de un sue√Īo largo y fatigoso
al fin me he liberado
de todo el peso que estuve llevando

Cada mujer corrió su velo
en el ojo del que observa
ahora soy un pez fuera del agua
caído del pájaro gigante que me estaba llevando.

Yo me abrí
estaba tirado
y el grifo cerrado
yo era s√≥lo un n√ļmero
quiero volcarlo
y volver abajo.

Y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
y si piensas que esto terminó
entonces te equivocas
(despiértame, despiértame).

Es como si estuviera cayéndome de la cama
de un sue√Īo largo y fatigoso.

Cuando te pida otra vez
Cuando te pida otra vez
despiértame, ah...
despiértame, ah...
despiértame, ah...
Despiértame, ah...

viernes, 18 de febrero de 2011

Llorar como hombre lo que se perdió como mujer

(Morir como un hombre)

por oac

Dos pel√≠culas en los √ļltimos meses me dejaron arrobado, sin palabras durante un largo rato, como para testimoniar la soberan√≠a propia de la experiencia cinematogr√°fica, es decir: su resistencia a ser r√°pidamente hablada. Pel√≠culas muy diferentes pero similares en su capacidad de fascinaci√≥n y en su reto a esa man√≠a que consiste en reducir prontamente toda experiencia a palabras. Me refiero a Uncle Boonmee Who Can Recall His Past Lives (Apichatpong Weerasethakull) y Morrer como um homem (Jo√£o Pedro Rodrigues). Y la paradoja con la que ahora me topo es la de escribir sobre una de ellas, Morrer..., justamente ensalzando su tenaz resistencia a ser hablada.

Sobre la otra, Uncle Boonmee..., escrib√≠a ayer en respuesta al comentario de un lector: Para m√≠ es el tipo de pel√≠culas que signan el segundo siglo del cine, junto con Autohystoria o Morrer como um homem. Pel√≠culas que dan la sensaci√≥n de que no sabemos qu√© es el cine, ni nunca lo sabremos. Que impiden ir a refugiarse en certezas o en c√≥digos gen√©ricos. Si uno quiere olvidarse un rato de lo que sabe y dedicarse a ver y a oir, ah√≠ est√° Apichatpong esperando. Y ahora voy a intentar incluir en esta caracterizaci√≥n a Morrer... (Atenci√≥n: de ahora en m√°s revelo algunos detalles importantes de la narraci√≥n, para los que prefieran no saberlos de antemano recomiendo dejar de leer ac√° y tratar de ver esta, una de las grandes pel√≠culas de los √ļltimos a√Īos)


Digo: pel√≠culas que impiden refugiarse en certezas o en c√≥digos gen√©ricos. Y esto no significa que ellas prescindan sin m√°s de los g√©neros, porque en verdad se insertan en una corriente previa de mitos y g√©neros narrativos, incluso arcaicos. Lo que afirmo es que lo hacen de un modo que deja en suspenso las certezas. Y que le reintegran a la experiencia art√≠stica su distancia del saber. El cine, el arte, no son formas del saber: quien va en ellos a encontrar lo que sabe o a enterarse de lo que no sabe queda indefectiblemente descolocado. Y esto se opone a una actitud hoy en d√≠a com√ļn, la de los inspectores de g√©nero, espectadores y cr√≠ticos que acuden a ver pel√≠culas que reafirmen lo que ellos esperan. Ni siquiera esta actitud es exclusiva del cine: "me gusta la comedia", "soy John Ford y hago westerns", "eso no es tango", "una pel√≠cula tiene que contar una historia", "el cine tiene ante todo el deber de divertir", "el punk-rock dura dos minutos y medio"... dichos que parecen postular la pre-existencia de una Idea que de tanto en tanto se encarna en ejemplos particulares del Universal. Un saber relativamente sencillo, y el reconocimiento habitual de que todo est√° en orden, lo cual nos deja tranquilos.

Morrer como um homem descoloca en virtud de la dificultad de reconocer r√°pidamente su tonalidad (¿es un film triste? ¿es c√≥mico? ¿es ir√≥nico? ¿debo llorar? ¿debo reir?) y desde la discrepancia que entabla con cualquier encuadre gen√©rico. Porque lo primero que a uno se le ocurre es la palabra melodrama, ante la historia de este hombre que vive como mujer y muere como naci√≥. Porque el (la) protagonista, Tonia, sufre por amor y padece el dolor de su condici√≥n, porque espera un reconocimiento que su entorno le niega, es maltratado(a), seducido(a), despreciado(a), y en todo momento sostiene su integridad: todo lo cual lo(a) hace pasto de melodrama. Y, adem√°s, es lo suficientemente melo como para construir sus n√ļcleos dram√°ticos alrededor de un pu√Īado de bell√≠simas canciones.


Pero esta vacilaci√≥n para hablar del(a) protagonista en masculino y/o femenino replica de manera precisa su problem√°tica condici√≥n de cine de g√©nero. La pel√≠cula comienza con un primer√≠simo plano de un carapintada, es decir, un soldado que est√° pint√°ndose la cara con camouflage, y lo hace con fruici√≥n femenina. Acto seguido parece que asistimos a un film de guerra, un pelot√≥n de soldados se desplaza en silencio en medio de las sombras de una noche cerrada (¿o acaso estamos ante una secuela del surrealismo tard√≠o de Bu√Īuel?). Pero, de pronto, dos de ellos se apartan del resto y se ponen... a garchar. Luego ellos mismos atraviesan un jard√≠n y se acercan a espiar la ventana de una casa en la que dos hombres trasvestidos est√°n cantando una canci√≥n. Uno de los soldados (que acaban de garchar, les recuerdo) le dice al otro: "estos son dos maricas, como tu padre"; a lo que el otro soldado responde: "mi padre muri√≥". Y mata de un disparo a su camarada de armas y ocasional amante. Este es s√≥lo el pr√≥logo de la pel√≠cula. Despu√©s viene el t√≠tulo: "Morrer como um homem" e inmediatamente asistimos a una did√°ctica exposici√≥n acerca de una operaci√≥n de cambio de sexo, en el que los sucesivos pasos de la transformaci√≥n de un pene en vagina son ilustrados mediante los pliegues de una servilleta de papel (menos mal, por suerte Rodrigues no profesa la brutalidad s√°dica de Gaspar No√© o Lars von Trier).


Y no sigo: s√≥lo han pasado unos ocho minutos de pel√≠cula, pero la marcha ya ha sido lo suficientemente abrupta como para obligarnos a replantear varias veces el car√°cter de lo que estamos viendo. ¿Pel√≠cula hombre? ¿Pel√≠cula mujer? ¿soldados? ¿maricas? ¿melodrama? ¿parodia? Morrer como um homem guarda una homofon√≠a con su protagonista, un(a) travesti mofletudo(a), ya un poco entrado(a) en a√Īos y entrado(a) en carnes, que evoca la imposibilidad de la reposici√≥n de una belleza perdida. Tonia forma una pareja despareja con un muchachito que podr√≠a ser su hijo; y tambi√©n est√° el hijo de Tonia (el soldado que dice que su padre ha muerto). Y son estos dos muchachos (que funcionan como sendas facetas de una √ļnica persona dram√°tica) los que portan la belleza que el melodrama tradicional reclama.

Lo que caracteriza a este cine incierto son los escollos permanentes que nos presenta para impedir fijarles un sentido (es decir: un significado, pero tambi√©n una direcci√≥n). Y el asombro es que esta falta de fluidez, este devenir abrupto y sinuoso no impiden la emoci√≥n m√°s genuina, la menos ir√≥nica que se pueda esperar, sino que por el contrario la propician. Hasta se podr√≠a arriesgar una hip√≥tesis: un melodrama hecho y derecho ya no podr√≠a emocionarnos, sino tan solo evocar el recuerdo ir√≥nico de una emoci√≥n pret√©rita, mientras que un film renuente a entregar sus claves (como una partitura sembrada de notas alteradas) nos invita a abandonar nuestro saber y a entregarnos a esa especie de extra√Īeza que deben haber sentido los que vieron aquellos primeros melodramas en los que el g√©nero no estaba lo suficientemente codificado.


Extra√Īa y hermosa: estoy diciendo que Morrer como um homem es una de las mejores pel√≠culas posibles, la que no habr√≠a que perderse por nada del mundo. (Y va a durar poco tiempo m√°s en cartel).

jueves, 17 de febrero de 2011

Visuales XVI

Paisaje con p√°jaros amarillos (Paul Klee, 1923)


por Liliana Pi√Īeiro

No hay gravedad, ni leyes de la naturaleza que ordenen la mirada. Hay hojas blancas, celestes y violetas que brotan sin ramas, entre los verdes troncos deshilachados. Flamean orgullosas hacia una extra√Īa simetr√≠a.
Ni arriba, ni abajo. Olvidada, la luna ha quedado tiesa en el centro del paisaje, mirando su sombra coloreada al costado del cuadro.

Cuando el horizonte se extravía en lo oscuro, los pájaros amarillos posándose distraídos, entre dos nubes, cabeza abajo, rinden tributo a la libertad.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante

Verano 20


Mientras paseaba esta noche por el jardín místico
las flores marchitas colgaban de la parra
pasaba junto a aquella tranquila fuente cristalina
alguien me golpeó por detrás.

No hablo, solo camino
por este mundo cansado y afligido
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
nunca nadie en esta tierra lo sabr√°.

Dicen que la oración tiene el poder de sanar,
así que reza por mí, madre
en el corazón humano habita un espíritu vil
intento amar a mi prójimo
y hacer el bien a los dem√°s
pero, oh madre, las cosas no marchan bien.

No hablo, solo camino
voy a quemar ese puente antes de que lo puedas cruzar
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
no habr√° piedad para ti una vez que te pierdas.

Ahora, de llorar, estoy hecho polvo
mis ojos est√°n llenos de l√°grimas
mis labios secos
si encuentro a mis rivales durmiendo
los sacrificaré ahí mismo.

No hablo, solo camino
por el mundo misterioso e incierto
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
caminando por las ciudades de la peste.

Bien, el mundo entero está lleno de especulación
todo este ancho mundo que la gente dice que es redondo
te volverán loco alejándote de la contemplación
saltar√°n sobre tu desgracia cuando caigas en ella.

No hablo, solo camino
comiendo grasa de cerdo en una ciudad de cerdos
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
alg√ļn d√≠a te alegrar√°s de tenerme cerca.

Te abrumar√°n con riqueza y poder
en cualquier momento podrías sucumbir
trabajar√≠a la mayor parte de mi √ļltima hora extra
vengaría la muerte de mi padre cuando volviera.

No hablo, solo camino
alcánzame mi bastón
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
tengo que sacarte de mi miserable cerebro.

Todos mis leales y amados compa√Īeros
me aprueban y comparten mi código
practico una fe que hace tiempo que fue abandonada
no hay altares en esta carretera larga y solitaria.

No hablo, solo camino
mi mula est√° enferma, mi caballo ciego
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
pensando en la chica que dejé atrás.

Bien, brillan los cielos y las ruedas vuelan
la fama y el honor no parecen esfumarse
el fuego se apagó pero la luz permanece
¿qui√©n dice que no puedo conseguir ayuda del cielo?

No hablo, solo camino
llevando la marca del hombre muerto
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
caminando con un dolor de muelas en mi talón.

El sufrimiento no acaba
cada rincón y cada grieta tienen sus lágrimas
no juego, no finjo
no aliento temores superfluos.

No hablo, solo camino
sin parar desde la otra noche
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
caminando hasta perderme de vista.

Mientras paseaba por el jardín místico
en un caluroso día de verano
sobre el caluroso césped de verano
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
disculpe, se√Īora, perd√≥neme
no hay nadie aquí, el jardinero se ha ido.

No hablo, solo camino
carretera arriba, al doblar la curva
el coraz√≥n ardiendo, a√ļn anhelante
en el √ļltimo campo en el fin del mundo.

Bob Dylan, Ain't talkin

martes, 15 de febrero de 2011

El discurso del rey



por Alan Dorfman

Vamos a aclarar los tantos: tiene 12 nominaciones a los supuestos premios más aclamados del mundo (!?). Ya no tengo idea de lo que esto significa. Todavía no sé si es prestigioso o un show. Seguramente opte por la segunda, un show, un gran show, y esto es lo que es esta película de Oscar, "el mejor premio del mundo...".

Igualmente, hay que aclarar que las actuaciones son buenas. Pero eso no salva ni mitad de pel√≠cula. La m√ļsica es tan linda, pero tan tan tan forzada... que da l√°stima desperdiciarla. A las escenas √©picas y de gloria se les suma esa m√ļsica alucinantemente grande que denomina nada m√°s que "show". Un grand√≠simo show del que no estoy dispuesto a participar, por m√°s que haya pagado mi entrada. Tampoco voy a confundir: el film no es aburrido. Incluso no s√© si hubiese dado para m√°s. Pero lo que hubo, no alcanz√≥.

Convengamos una parodia: en la "preparatoria", todo muy yanqui, una chica extremadamente popular y "hermosa" se junta con un "nerd". Los junta una de esas casualidades incómodas, donde ninguno quiere estar con el otro pero... deben. Bien, convengamos también que para juntarse, cuando ya están "juntos", se tienen que separar, porque se dan cuenta de que en verdad, no son buenos amigos; son de mundos distintos, inconexos y de "realidades distintas". Tenemos que estar de acuerdo: para que se vuelvan a juntar tiene que existir una secuencia fabulosamente épica, dando cuenta de cómo ellos se necesitan y lo importantes que son el uno para el otro. Viendo cómo aprenden entre ellos, más allá de la raza, religión, color, clase social, etc. Cómo juegan, cómo se divierten, cómo sufren: nerviosos, por el qué dirán.

Y como sigue siendo una historia de Hollywood, se tienen que volver a pelear, para darle ese toque dramático; y volver, ya con plena confianza, para putear a todo el que los jode por ser dos personas distintas unidas (incluso a la iglesia, porque ya que está, se critica a algo que muy poco que ver con la película, pero que está ahí, de paso). Y así triunfar, triunfar por el mundo, y ser grandes amigos. Esa "parodia", es nada más ni nada menos que El discurso del rey. No será exactamente igual, pero el punto es el mismo.

Ahora, tambi√©n, no me molesta que las cosas se puedan repetir. Pero esta vez no estuve dispuesto a verlo, por el hecho de forzar una imagen que no es. No es por el hecho de que est√© todo tan armado, tan planeado, que el espectador pasa a segundo plano. Sent√≠ que no pude pensar por m√≠ mismo, y a m√≠ no me sirve que alguien me de todas las pistas para descifrar un film que no vale la pena descifrar, porque no hay nada que descifrar. Entonces, ¿qu√© hay que ver? Solo que el momento "suspensivo" no tiene nada de suspensivo, porque el director me est√° clamando: "este es el momento suspensivo. Te aviso, por las dudas, viste c√≥mo es el cine...".

Quedemos en un show, puro show, de la pel√≠cula m√°s nominada al Oscar. Ya nada pero nada me extra√Īa de todo esto. Si antes no estaba seguro, ahora lo estoy. Qu√© tristeza...

El "humanizar al rey" tampoco tiene mucho sentido. √Čl es una figura humana, como todos, pero es rey. Entonces el film quiso hacerlo m√°s plebeyo. Bueno, m√°s plebeyo de coraz√≥n, porque de guita se desenfunda, aunque nunca lleva nada en el bolsillo. Con las charlas y ejercicios que no funcionan para que el rey deje de tartamudear, debido a los discursos important√≠simos que debe dar, se encuentra con un doctor que no es doctor, pero que ayuda a los tartamudos a salir adelante. Un "doctorado de experiencia" tiene ese personaje que interpreta Geoffrey Rush, y es simp√°tico, al fin y al cabo. Esa juego tartamudo, esa humildad progresiva del rey, enfocada con... ¿primer√≠simos planos √©picos de suspenso y continua gloria? Quiero decir, ¿no es un poco contradictorio querer humanizar al rey con planos cada vez m√°s cerrados, encerr√°ndose en la grandeza de si mismo? S√≠, es una idea contradictoria que tira abajo todo el leit-motiv de una pel√≠cula; el √ļnico que pod√≠a hacerla vivir.

Todo esto por no nombrar ese juego con los nombres: desde "Su Alteza" hasta "Sr. Johnson", y c√≥mo la monarqu√≠a llama de un modo al pueblo y de otro a la elite. Esto me hace acordar a Mulholland Drive, donde los nombres s√≠ jugaban un punto muy importante. Pero ac√°... es solo ese juego simp√°tico para el espectador, que nada enriquece a la historia mon√°rquica. Porque seamos claros: la gracia de humanizar al rey puede llegar hasta un punto. Pero tirar toda una monarqu√≠a justamente "basada en hechos reales" (por aclaraci√≥n o no del film) dentro de una historia totalmente veros√≠mil, solo por el hecho de unos efectos c√≥micos y sentimentales para que la m√ļsica salte y exalte en toda la sala y veamos un gran happy-ending... ¿no es un poco tonto?

Los archivos de Hitler me empezaron a interesar un poco. El personaje de Colin Firth empieza a hacer esos comentarios chaplinescos de El gran dictador, dándole a la voz el papel importante, más allá de un lenguaje incomprendido. Parece que se va a poner más picante, pero... viene la secuencia final, la que da título al film... y ya no sabe nada de lo que estaba diciendo. Alguien puede decir: ah, sí, y eso es porque te llevó a donde quería: la voz, y exclusivamente la voz, que casi no tartamudeó. Pero yo digo: no, es que la escena es tan tontamente forzada...

Y me pueden decir que soy snob, pero no. La realidad es que no. Y que pagué para ver un film que mínima de expectativa tenía. Nada resultó, ni en mí ni en la película.