jueves, 30 de julio de 2015

El s√°bado espera y el domingo siempre llega demasiado tarde, pero el viernes no te quepa duda...

Yo La Tengo, Stuff Like That There, 2015



No me importa si el lunes es triste
el martes gris y el miércoles también
el jueves no me import√°s
es viernes, estoy enamorada.

El lunes te podés venir abajo
el martes o el miércoles romperme el corazón
el jueves ni siquiera empieza
es viernes, estoy enamorada.

El s√°bado espera
y el domingo siempre llega demasiado tarde
pero el viernes no te quepa duda...

No me importa si el lunes es negro
martes, miércoles, ataque al corazón
el jueves nunca miro hacia atr√°s
es viernes, estoy enamorada.

El lunes te podés agarrar la cabeza
martes y miércoles quedarte en la cama
en cambio el jueves mirar las paredes
es viernes, estoy enamorada.

El s√°bado espera
y el domingo siempre llega demasiado tarde
pero el viernes no te quepa duda...

Empilchate bien
qué sorpresa maravillosa
ver tus zapatos y tu espíritu subir
sacate la bronca
y simplemente sonreíle al sonido
nítido como un chillido
dando vueltas y vueltas
da un buen mordisco
es una visión tan genial
verte comer a la medianoche
nunca tendr√°s lo suficiente
lo suficiente de esto
es viernes,
estoy enamorada.

No me importa si el lunes es negro
martes, miércoles, ataque al corazón
el jueves nunca miro hacia atr√°s
es viernes, estoy enamorada.

El lunes te podés agarrar la cabeza
martes y miércoles quedarte en la cama
en cambio el jueves mirar las paredes
es viernes, estoy enamorada.



Quizás mi canción favorita de todos los tiempos.

miércoles, 29 de julio de 2015

Cemento: La caja negra

Una entrevista a Sebasti√°n Duarte en La otra.-radio: clickear ac√°



Desde su primer libro, Ricky de Flema. El √ļltimo punk, Sebasti√°n Duarte viene desarrollando una escritura que es un mix de geograf√≠a existencial, testimonio generacional y experiencia directa de una √©poca, una zona y un esp√≠ritu: el corredor que conecta la zona sur del Conurbano, desde Avellaneda, hasta el desangelado barrio de Constituci√≥n. Ese trayecto no fue solo un desplazamiento f√≠sico, sino ante todo el camino hacia la Meca del Rock, que en los duros a√Īos 90 se situaba en Cemento. El boliche de Omar Chab√°n y Katja Aleman fue para muchos j√≥venes como Sebasti√°n el espacio de su educaci√≥n sentimental, el punto desde el cual pararse para ver el mundo. Varios de sus libros abundan en descripciones de lugares, escenas y personajes de ese n√ļcleo hist√≥rico y experiencial: los mismos Ricky, Chab√°n, las travestis de Constituci√≥n que retrat√≥ en su libro La Constituci√≥n Travesti, las calles de arquitectura chata, los bares, las pizzer√≠as, las estaciones de servicio en las que se esperaba hasta la madrugada la hora del comienzo del rock, las fisuras, los colectivos, los personajes que se estrellan en un intento de fuga del inh√≥spito clima social del neoliberalismo. Sebasti√°n lo cuenta porque estuvo ah√≠, lo vio y lo sinti√≥. Por eso es uno de los mejores testigos de la par√°bola que recorri√≥ Cemento, desde el glamoroso inicio como centro del teatro de vanguardia durante los 80 hasta convertirse en el templo del rock m√°s √°spero, para eclipsarse juntamente con la tragedia de Croma√Ī√≥n, que sign√≥ el fin de una √©poca.

En su nuevo libro Yo toqué en Cemento. La historia por sus protagonistas, Duarte entrevista a una pila de esos personajes que estuvieron ahí: Ricardo Iorio, Adrián Dárgelos, Semilla Bucciarelli, Gillespi, Sergio Gramática (de Los Violadores), Roy Quiroga (Ratones Paranoicos), Andrés Calamaro, Cristian Aldana, Nekro (Fun People y Boom Boom Kid), Iván Noble, Chizzo (de La Renga), Cordera, Patricia Pietrafesa (She Devils), Mosca de 2 Minutos, Pichón Baldinu (la Organización Negra), la Mona Gimenez, que debutó en Buenos Aires en Cemento y unos cuantos más. Escenas graciosas y dramáticas en ese espacio inhóspito, denso, violento y vital que constituyó Cemento, una auténtica caja negra de la época. En el libro aparecen mencionados los otros grandes personajes que pasaron por ahí: el Indio, Luca, Skay y Poli, Batato, Urdapilleta y Tortonese y por supuesto Ricky de Flema.

El domingo pasado tuvimos una amplia y amable charla con Sebastián, que nos contó sus propias experiencias en Cemento, así como el proceso de elaboración del libro y las anécdotas de sus tantos entrevistados.

Creo que Yo toqué en Cemento se convertirá a la larga en un documento histórico de primera mano de un fenómeno contracultural de una época dura y una actitud resistente. Para escuchar el programa, clickeen acá.

martes, 28 de julio de 2015

Lousteau, el traidor agradable

La otra.-radio: Una respuesta a una nota de Eduardo Blaustein sobre las elecciones porte√Īas, que se puede escuchar ac√°.



El tema de las elecciones porte√Īas para jefe de gobierno parece ya un poco agotado. Sin embargo, creo que queda algo de hilo en el carretel, m√°s all√° de los resultados. La discusi√≥n entre votar a Lousteau o votar en blanco, los diversos significados que se le adjudic√≥ al voto en blanco, la intensa campa√Īa para deslegitimarlo, la pol√©mica alrededor de c√≥mo se computaban esos votos, las interpretaciones sobre c√≥mo incidieron pol√≠ticamente en el resultado definitivo, el debate acerca del grado de similitud o diferencia que ten√≠an Larreta y Lousteau y, por ende, si val√≠a la pena ayudar a Lousteau para que venciera a Larreta o si hacerlo significaba intervenir en una interna ajena, todos estos elementos desataron una pol√©mica intensa no precisamente entre los partidarios de los dos candidatos, sino, llamativamente entre votantes, simpatizantes y un sector de la militancia k. Que vivieron esta segunda vuelta con una pasi√≥n que no hab√≠an puesto para sostener a Recalde en las PASO ni en la primera vuelta.

La r√°pida difusi√≥n de los resultados, con un triunfo muy ce√Īido en favor de Larreta y un llamativo crecimiento de los votos para Lousteau que indicaba que el grueso de los votantes K se transfirieron al candidato de ECo, pero no tanto para hacerlo ganar, provocaron una noche de furia en las redes sociales, donde los votantes K por Lousteau experimentaron una nueva derrota y se dedicaron a hostigar a quienes de entrada hab√≠amos manifestado nuestro voto en blanco, por negarnos a optar entre dos candidatos que representaban variantes de lo mismo. Los hostigadores k-lousteausistas nos responsabilizaron del fracaso de su "voto estrat√©gico". Responsabilidad que no pod√≠amos asumir quienes no evaluamos que en la opci√≥n Larreta- Lousteau se jugara algo decisivo. Durante la quincena previa a las elecciones, los partidarios K de Lousteau hab√≠an intentado instalar las falacia de que los votos en blanco se sumar√¨an a Larreta, idea insostenible desde cualquier punto de vista. Se aleg√≥ que el porcentaje de cada candidato se calculaba en base a los votos positivos, de modo que votar en blanco permitir√≠a aumentar el porcentaje de Larreta (en el caso de que saliera primero). Lo que este argumento chantajista obviaba es que el porcentaje es irrelevante para determinar el ganador de la segunda vuelta, que se gana por solo un voto m√°s. Cuando se conoci√≥ que la diferencia entre los dos candidatos era de apenas 3 puntos, las reacciones fueron parad√≥jicas: los partidarios de Lousteau festejaron, dada la remontada que aportaron los votos K, mientras que los votantes K estallaron de ira contra los votos en blanco, adjudic√°ndonos la responsabilidad por no haber dado los tres puntos que le faltaron a Lousteau para ganar. Objetivo que nunca hab√≠amos asumido. El pretexto de su ira era que una derrota de Macri en su distrito hubiera liquidado sus aspiraciones presidenciales. El argumento es discutible: Macri viene algo pinchado, como lo prueba la dificultad que tuvo por imponerse de manera contundente en CABA desde las PASO. Y en todo caso, la incidencia de CABA en el padr√≥n nacional es menor en comparaci√≥n con el volumen del distrito clave, la provincia de Buenos Aires. Ninguno de estos argumentos aplacaron el odio de los k-lousteausistas, que condenaron a los votoblanquistas como colaboracionistas del "r√©gimen PRO".

Esta acusaci√≥n no mov√≠a nuestro amper√≠metro, por el simple hecho de que el triunfo de uno u otro nos resultaba igualmente indiferente. Personalmente considero que la estructura nosiglista y carriotista que dise√Ī√≥ la candidatura de Lousteau es tan indeseable como el macrismo, con el agravante de que la mafia de Nosiglia se oculta detr√°s de un candidato que los disimula, mostrando una careta " progre" capaz de cautivar al electorado kirchnerista.

Hace pocos d√≠as, Eduardo Blaustein, un inteligente periodista con simpat√≠as moderadas hacia el kirchnerismo, escribi√≥ su propio balance a pedido de la p√°gina del ministro Carlos Tomada.  Es evidente que Blaustein vot√≥ a Lousteau y guarda en su corazoncito un poco de bronca hacia los que no seguimos su opci√≥n, pero su inteligencia y su sensibilidad no le permiten caer en las puteadas de otros que asumieron su misma posici√≥n. Sin embargo, lo interesante de la nota de Blaustein es que se corre un poco del pragmatismo declarado de quienes exig√≠an votar a Lousteau s√≥lo para da√Īar a Macri. Blaustein adem√°s encuentra motivos atractivos en Lousteau, razones por las cuales votarlo no s√≥lo le resultaba conveniente sino agradable. Mi supuesto es que expresa a un sector vergonzante del voto K a Lousteau, el de quienes pensaban sin decirlo que el candidato de ECO era ciertamente mejor que Larreta y que hab√≠a que votarlo por esa superioridad.

La primera parte de la nota de Blaustein est√° dedicada a plantear cr√≠ticas bastante justas contra la dirigencia K que hace a√Īos no acierta, por prejuicios e ineptitud pol√≠tica, en presentar una propuesta atractiva a los porte√Īos. Estoy de acuerdo con esa parte. El problema viene con la segunda parte de la nota, que ac√° reproduzco:

Sólo Me Querés Para votar

Es posible conjeturar que para la dirigencia K del distrito no resultaba f√°cil “instruir” u “ordenar” –Per√≥n desde Puerta de Hierro- el voto en blanco. Dif√≠cil saber si hubo caracterizaci√≥n equivocada acerca de la presunta sinonimia PRO- ECO, dudas, temor de que una “orden vertical” hiriera la ya aludida sensibilidad aut√≥noma de los votantes porte√Īos. Tampoco –y as√≠ se demostr√≥- hab√≠a garant√≠as de que una “orden” fuera acatada por los votantes kirchneristas.

(OBJECION: Primer error: suponer que una orden impartida por la dirigencia K garantizaba una suma aritm√©tica de los votos, no principalmente porque algunos pocos votantes K pod√≠amos desacatar el mandato (nadie es due√Īo de los votos sino cada votante, declar√≥ correctamente Recalde) ,sino por suponer que este tipo de transferencias se resuelve mediante una suma aritm√©tica. Eso no pasa en pol√≠tica. Una parte muy importante del voto por Lousteau es decididamente antiK, por lo cual, si detectaban que Lousteau era oficialmente apoyado por los K, hubieran retirado su apoyo y votado a Larreta. Contra los que reclamaban un apoyo expl√≠cito al pollo de Nosiglia, la prescindencia oficial del FPV sirvi√≥ m√°s a Lousteau que a Larreta. Sigue Blaustein):

Hubo el voto que hubo (hablo de la proporci√≥n mayoritaria de votos K que fueron a Lousteau) y hubo ese ejercicio a contramano de algunas frases que a√ļn resuenan: “un mismo producto con distinto envase”, una mera interna en un √ļnico espacio, “El domingo se enfrentar√°n Macri contra Macri” (An√≠bal Fern√°ndez).
En el voto K a Lousteau seguramente prim√≥ el af√°n de da√Īar a Macri. Pero unos cuantos tambi√©n descreyeron de esa presunta condici√≥n gemela entre Lousteau, Macri o Rodr√≠guez Larreta. Para el que escribe definitivamente no son lo mismo. Pueden irritar y mucho nombres propios como el de Ernesto Sanz o Elisa Carri√≥. Pero la diversidad aguachenta, sosa y apurada de ECO es una cosa y otra distinta cierta poderosa homogeneidad en los apellidos m√°s ilustres del PRO, dirigentes provenientes de familias acomodadas, estudios en universidades privadas, representantes casi puros de lo que m√°s tangiblemente es la derecha dura y pura argentina. Del otro lado, por m√°s regreso a lo conservador y mezquino que pueda latir en la conformaci√≥n de ECO, hay emergentes de viejas tradiciones que merecen una mirada menos despiadada y homogeneizadora: radicales, socialistas, antiguos progresistas. Esto no implica ponerle a ECO la chapa de buen progresismo, categor√≠a definitivamente maldita y controversial desde los tiempos K.
Finalmente, incluso como dirigentes, como figuras individuales, como emergentes: no son lo mismo Rodr√≠guez Larreta y Lousteau. El segundo podr√° caerte mal por sus ademanes de Chico 10 y cierta soberbia. Pero por algo fue funcionario kirchnerista como lo fue Lavagna, con quien tiene alg√ļn parecido. El muchacho de los rulos bonitos, adem√°s de manejar un buen discurso, es un interesante cuadro pol√≠tico. Fue suficiente buen cuadro pol√≠tico como para incomodar y da√Īar con un discurso bien estudiado –ese “hacer los deberes” que acaso Mariano Recalde no pudo asumir por ser a la vez candidato y funcionario- a Horacio Rodr√≠guez Larreta. Por algo HRL no quiso aceptar un segundo debate.
No son lo mismo tampoco porque el voto, aunque sea sinuosa y complejamente, configura al emergente pol√≠tico. Tarea para llevar a casa, entonces: estudiar el voto de las diversas comunas, d√≥nde recibieron m√°s votos Larreta, Lousteau y Recalde. Recoleta no vot√≥ a Lousteau. La otra tarea es la que viene de hace tiempo: estudiar mejor la ciudad y al electorado porte√Īo para interpelarlo mejor. Nadie dice que sea f√°cil ganar m√°s votos, hay razones estructurales, culturales, hist√≥ricas, que explican las dificultades del kirchnerismo para ganar empat√≠as en el distrito. Pero a√Īadir balazos en los pies como se hizo hasta hace poco tiempo con agresiones a los votantes, eso fue un poco too much y es lo que se sigui√≥ pagando.
(El resto del an√°lisis de Blaustein se dedica a mostrar que no son lo mismo Larreta y Lousteau, cosa que de desde un punto de vista literal es obvia: unos son radicales -nosiglistas y carriotistas- y otros son PRO; unos fueron a las universidades privadas y otros provienen de una tradici√≥n simp√°tica, socialistas, radicales, progres, ilustrados, "gente m√°s parecida a nosotros". Ahora bien: lo decisivo no es mostrar que no son iguales, sino que, siendo diferentes, los ECO son pol√≠ticamente lo mismo que el PRO, sino incluso algo decididamente peor. Justamente las cosas que Eduardo rescata de ECO y de Lousteau son las m√°s nefastas. Votar la ilusi√≥n de tradiciones m√°s refinadas que la derecha bruta del PRO es el peor autoenga√Īo que pudieron hacerse los K lousteausianos. Votar en nombre de esos valores respetables a un sector que est√° claramente en el campo antipopular, es votar a la versi√≥n hip√≥crita de la reacci√≥n porte√Īa, con un barniz de ilustraci√≥n, el tristemente c√©lebre nosiglismo. Lousteau es un personaje como Dar√≠o Lop√©rfido o incluso no tan diferente de Hern√°n Lombardi; si le conviniera, ma√Īana podr√≠a estar en un gobierno  PRO.

Lo mismo y a√ļn peor. Blaustein rescata de Lousteau que haya sido funcionario K, como Redrado o Massa, pero eso no lo mejora ni un poquito, al contrario, lo empeora. Si el voto configura al candidato, entonces es deplorable que algunos kirchneristas configuren el engendro del traidor agradable. Lo mismo pero peor, porque Larreta es m√°s sincero con sus votantes que Lousteau con los suyos.

Yo vi la ilusi√≥n  de los que tomaron el voto a Lousteau como una oportunidad de poner algo en su lugar si √©l ganaba, y creo que es precisamente al rev√©s, que muchos porte√Īos semi-K podr√≠an irse a dormir con la conciencia tranquila si ganaba Lousteau. Lousteau es claramente el opio de los porte√Īos. Nosiglia es quien se reposicion√≥ con el voto K y hubiera sido mucho peor si ganaba. El PRO est√° desgastado por 8 a√Īos de gobierno, pero el nosiglismo entrar√≠a a la cancha fresquito, funcionando ahora como tap√≥n para un futuro crecimiento del kirchnerismo porte√Īo. Lousteau y Nosiglia quedaron instalados como la oposici√≥n "progre" al PRO.

Creo interesante de todos modos analizar la quincena nosiglista del kirchnerismo porte√Īo, porque muestra bien c√≥mo es el votante de esta ciudad, que te vota hoy a Recalde, ma√Īana a Nosiglia y... el PRO no est√° tan lejos. Uno se explica, viendo a los K que prefieren ECO, que el voto porte√Īo es m√°s est√©tico que otra cosa. Vilma Ibarra ac√° o all√°. An√≠bal Ibarra ac√° o acull√°. Yacobitti, Storani... etc.

Cuando me "acusan" de haber impedido que Lousteau ocupara el lugar de Larreta, me pongo bien. Me alegra mucho de que mi voto en blanco haya impedido que esa parte careta de los porte√Īos triunfe.

Para escuchar el programa donde criticamos la postura de Blaustein, clickear aca.

lunes, 27 de julio de 2015

Verbitsky y Macri: la escena del poder

Un spot de campa√Īa y una entrevista radial al autor de El Perro (la entrevista de hace unos meses se puede escuchar clickeando ac√°)



El mejor periodista argentino tiene sus fallos, como cualquiera. Pero ayer tuvo un gran acierto period√≠stico. Su nota sobre un spot de campa√Īa del PRO que muestra involuntariamente el lado siniestro del candidato "antipol√≠tico" y lee con sagacidad el subtexto de abuso de posici√≥n dominante asume un registro poco habitual en sus art√≠culos. Solo con cuentagotas Verbitsky muestra su temible mordacidad en columnas generalmente plagadas de datos duros. Pero el tipo siempre (casi siempre, bah) se destaca por su filosa precisi√≥n y por manejar una agenda propia que raramente va detr√°s de lo que los medios hegem√≥nicos imponen.  Por algo somos muchos los que cada domingo esperamos con ansiedad a leerlo.

La de ayer, como dije, se sale de ese registro. Es una nota descriptiva que analiza con precisi√≥n quir√ļrgica el lenguaje corporal de Mauricio en su aproximaci√≥n a los pobres, donde adem√°s quiere hacer aflorar, con muy poca suerte, su lado tierno. El spot es horroroso, porque en l√≠nea con una serie en la que se muestra como una especie de santurr√≥n que hace imposici√≥n de manos para salvar a los morochos pobres, sin querer, su gestualidad lo muestra manoseando sin respeto a una nena que evidentemente se le resiste, ante la mirada absorta de sus padres. Macri adem√°s le compra unas flores del vivero que ella cultiva para poder tener una bicicleta. La mirada del spot naturaliza el trabajo infantil, dejando su marca de clase m√°s evidente. 

"Ya te vas a aflojar" le dice Macri a la nena cuando ella quiere escaparse de sus manoseos. Verbitsky acota "Los spots de campa√Īa de Maurizio Macr√¨ ofrecen una simp√°tica visi√≥n del trabajo infantil y no registran la sensibilidad contempor√°nea ante la pedofilia". Est√° claro que no "acusa" de pedofilia al candidato, sino que registra la falta de delicadeza de los realizadores del spot, o acaso su brutal sinceridad al poner en escena una situaci√≥n que re√ļne al dominador con los dominados. El acierto de Verbitsky es su lectura micropol√≠tica en el propio terreno en el que Macri elige mostrarse con los pobres.

La nota, era previsible, se viraliz√≥ e hizo conocer el repugnante spot. Yo mismo pude verlo gracias a Verbitsky. Como consecuencia de esta viralizaci√≥n, el debate sufri√≥ un ins√≥lito desv√≠o, centr√°ndose en la presunta pedofilia de Macri, a la que la nota de ninguna manera alude; se le critic√≥ tambi√©n la oportunidad de sacarla a relucir en medio de la campa√Īa. Lo que hace Verbitsky no es una denuncia penal sino un an√°lisis semi√≥tico. Lo que la nota muestra no es nuevo desde el punto de vista pol√≠tico: ya sabemos que Macri es la derecha desembozada. Verbitsky dispara un debate m√°s interesante que esa obviedad: se refiere a la naturalizaci√≥n publicitaria de la opresi√≥n clasista, donde se cruzan temas sensibles, como el trabajo infantil y el abuso de menores, en sentido amplio. Por otro lado, gente del kirchnerismo m√°s papista que el Papa, sale a objetar la inoportunidad de plantear estos debates a dos semanas de las PASO. Como si la verdad tuviera √©pocas de veda. Y como si Verbitsky debiera pensar sus columnas alineado con las estrategias proselitistas del FPV. Desbordando esa funci√≥n subsidiaria, Verbitsky como periodista no tiene por qu√© inhibirse de escribir de lo que se le ocurra, no es candidato a nada y los remilgos de campa√Īa no le calzan en absoluto. Por algo es el mejor periodista argentino.

Ac√° est√° el ya tristemente famoso spot:




Leyendo la nota y los debates que gener√≥, me acord√© de que hace pocos meses le hicimos una nota a Hern√°n L√≥pez Echag√ľe, autor de El Perro, un libro donde su Echag√ľe habla de y con Verbistky, de las acusaciones que se le han hecho, de los odios que despierta en el campo adversario e incluso en el propio campo kirchnerista y aleda√Īos. La nota con L√≥pez Echag√ľe, por un simple olvido, nunca la hab√≠a subido al blog, as√≠ que ac√° la dejo. Clickeen ac√° si quieren escucharla.

Cristina y Scioli / Scioli y Cristina

¿Clarividencia o racionalidad?


Cada d√≠a se publican en la red y en papel innumerables columnas de opini√≥n cuya vigencia dura unas horas. El continuo choque de las predicciones contra la realidad emp√≠rica no impide que sus autores vuelvan a presagiar lo que nunca termina de suceder. Sin embargo, esta condici√≥n no es inevitable. Tambi√©n se escriben notas cuya vigencia resiste  el paso de los meses. Como esta, publicada el 14 de noviembre del a√Īo pasado, hace m√°s de 8 meses. Que describe con precisi√≥n el escenario actual. Veamos: 

Es posible que Cristina y Scioli est√©n pensando, ambos, en la conveniencia de encarar las pr√≥ximas elecciones renovando la coalici√≥n que los lig√≥ durante estos a√Īos, lo que significa que Cristina se peronice y que Scioli se kirchnerice. Ser√≠a la primera vez que el kirchnerismo acepte integrar la coalici√≥n gobernante sin ejercer la presidencia de la naci√≥n. Esta posibilidad mantiene muy activos a los kirchneristas emocionales y a los kirchneristas racionales: ¿qu√© pasa si vamos con Scioli? ¿o Scioli es un l√≠mite infranqueable para el K de paladar negro? ¿Es preferible perder con una f√≥rmula kirchnerista pura antes que ganar en una coalici√≥n peronista con Scioli presidente? ¿nos ponemos en las PASO detr√°s de alg√ļn precandidato que nos d√© muestras de kirchnerismo expl√≠cito (Taiana, Uribarri...) o que al menos no nos despierte tanta desconfianza como DOS (Randazzo...)? Pero, ¿y si Cristina decide que no haya DOS f√≥rmulas en las PASO y propicia una f√≥rmula de unidad encabezada por DOS?

Estos dilemas son propios de un sector pol√≠tico que hoy se siente en condiciones de dar pelea. Otros pueden preferir retirarse con la frente en alto, para ocupar una regi√≥n de la pol√≠tica puramente testimonial. 

Hay kirchneristas que preferirían perder con un K puro antes que ganar con Scioli: espero que esa no sea la idea de Cristina.

En ese mismo artículo, puede leerse:

Los que desde fines de 2007 est√°n presagiando un fin de ciclo K de estilo wagneriano vienen err√°ndole sin pausas durante 7 a√Īos: ya es mucho. Un a√Īo despu√©s de las elecciones de medio t√©rmino, el kirchnerismo parece estar quebrando el mito del pato rengo, los garrochazos no se produjeron, Massa est√° en serios problemas para consolidar su armado pol√≠tico y en cualquier momento puede ser desplazado por Macri del podio. Mauricio tiene un par de ventajas: concita con m√°s naturalidad el voto antiperonista y consigue aprobaci√≥n en la gesti√≥n de los vecinos del distrito que √©l gobierna; el candidato del FRENO se mueve en ambos niveles en un limbo de indefiniciones que le est√°n provocando una sangr√≠a interna.

El sector antiK m√°s extremo se ilusion√≥ con que Cristina tuviera dos a√Īos pesadillezcos en la segunda mitad de su segundo mandato, que incluso la obligar√≠an a abandonar el gobierno por anticipado y dejaran grabada en la memoria popular una lecci√≥n inolvidable contra los intentos populistas. Esto facilitar√≠a que un gobierno de derecha cl√°sica emprendiera un ajuste cuyo costo se atribuir√≠a a "los desastres del populismo K". Para que esa memoria anhelada se grabara a sangre y fuego en el pueblo deb√≠an darse una serie de condiciones catastr√≥ficas: la disgregaci√≥n de los bloques legislativos, una hiperinflaci√≥n descontrolada, el desmadre de la conflictividad social, una dificultad insalvable para mantener el funcionamiento de las paritarias, el crecimiento exponencial del desempleo y una escalada del d√≥lar que hiciera inevitable una megadevaluaci√≥n: este combo dar√≠a como resultado la imagen de un gobierno acorralado, jaqueado por los cuatro costados, obligado a reprimir (¡muertos! ¡la derecha se ceba con el olor a sangre!) y abandonado por sus propias bases pol√≠ticas: nada de eso est√° pasando. Los amagos de saqueos y las sediciones de las polic√≠as provinciales de fin de a√Īo pasado fueron sofocados, las paritarias se manejaron con racionalidad, todo indica que la inflaci√≥n de octubre se desaceler√≥ y el consumo parece estar reactiv√°ndose. El nivel de empleo est√° preserv√°ndose y el Ejecutivo mantiene un nivel de iniciativa pol√≠tica que obliga a la oposici√≥n a adoptar una actitud continuamente defensiva y vacilante.

Ser√≠a bueno releer las columnas de opini√≥n de los grandes diarios de aquella semana: ¿cu√°ntas podr√≠an seguir sosteni√©ndose hoy?

La nota completa puede leerse ac√° y ac√°.

domingo, 26 de julio de 2015

Cemento, una de cal y otra de arena / Los EKOS de las PASO

Política y contracultura en la medianoche del domingo, FM La Tribu 88,7


Hoy viene Sebastian Duarte a La otra.-radio, a hablar de su nuevo libro, Yo toqué en Cemento. En un programa donde Maxi Diomedi aportará la perspectiva de otro libro sobre el legendario local de Omar Chabán: Cemento, el semillero del rock, de Nicolás Igarzábal.

La m√ļsica que hoy escucharemos en el programa: Daniel Melingo, Flema, Fun People, Dos Minutos y The Beatles.

Y no faltar√° nuestro an√°lisis pol√≠tico, disintiendo con la evaluaci√≥n de las elecciones porte√Īas que hizo el inteligente Eduardo Blaustein ac√°


s√°bado, 25 de julio de 2015

El burgués angustiado

El descubrimiento de la subjetividad


Pa√≠ses Bajos, 1641, dos mil a√Īos despu√©s de la escena de la muerte de S√≥crates, un hombre se pone a pensar, en un contexto por completo diferente. Rene Descartes (Francia, 1596-1650), educado en la cultura escol√°stica dominante en Europa en ese momento, muy apegada a una tradici√≥n que considera que la verdad ya est√° b√°sicamente dada, escrita en los textos can√≥nicos -la verdad sobrenatural, revelada en las Sagradas Escrituras, la verdad natural, establecida en los libros del antiguo fil√≥sofo griego Arist√≥teles-, se convence de que todo lo que en ese marco le han ense√Īado est√° viciado de dogmatismo. Simplemente todos parecen creer en la verdad de esos textos porque vienen impuestos por la tradici√≥n y respaldados por la iglesia. La iglesia cat√≥lica es por entonces algo m√°s que la instituci√≥n que custodia la fe cristiana, ya que concentra entre sus prerrogativas el control de la vida cultural en un sentido muy amplio: la escol√°stica cat√≥lica abarca una visi√≥n del universo, del destino humano, de la ciencia y las artes, de la moral y la organizaci√≥n social. Descartes se pregunta si puede decirse que sabe de verdad todo eso que ha aprendido y si dispone de alg√ļn criterio para separar lo que realmente sabe de lo que apenas repite dogm√°ticamente porque la sociedad entera lo cree. Lo hace con las debidas precauciones: en ese momento, la iglesia est√° siendo cuestionada en m√ļltiples frentes, principalmente por la corriente cient√≠fica encabezada por Galileo Galilei (Pisa, 1564-1642), matem√°tico, astr√≥nomo y f√≠sico que, contra lo que ense√Īa la iglesia en su universidades, sostiene la hip√≥tesis propuesta por Cop√©rnico de que la tierra se mueve alrededor del Sol. La iglesia se aferra a la antigua cosmovisi√≥n aristot√©lica que dice que la fuera est√° fija en el centro del universo. El principio de autoridad se impone: una teor√≠a es verdadera porque la ense√Īan los maestros consagrados por la tradici√≥n. La verdad se hereda. La iglesia se endurecer√° ante el esp√≠ritu innovador encarnado por Galileo y condenar√° sus ideas como her√©ticas. No s√≥lo quiere defender su visi√≥n del universo sino disciplinar a quienes se atrevan a cuestionar el principio de autoridad. Descartes toma nota de los riesgos que implica animarse a pensar por s√≠ mismo. De todos modos lo hace. No sale a la calle, como hab√≠a hecho S√≥crates, a hablar con sus conciudadanos, tampoco se vuelve un proselitista de las nuevas ideas cient√≠ficas, como Galileo. Descartes se encierra a pensar en sus aposentos, a meditar para s√≠ mismo, aunque deja constancia de esas reflexiones en su libro Meditaciones Metaf√≠sicas, escrito en un lat√≠n culto que lo pone a resguardo de una divulgaci√≥n indeseada:

"Hace ya alg√ļn tiempo que me he dado cuenta de que desde mis primeros a√Īos hab√≠a admitido como verdaderas una cantidad de opiniones falsas y que lo que despu√©s hab√≠a fundado sobre principios tan poco seguros no pod√≠a ser sino muy dudoso e incierto, de modo que me era preciso intentar seriamente, una vez en mi vida, deshacerme de todas las opiniones que hasta entonces hab√≠a cre√≠do y empezar enteramente de nuevo desde los fundamentos si quer√≠a establecer algo firme y constante en las ciencias.

(…) “he aguardado hasta alcanzar una edad lo bastante madura como para no poder esperar que haya otra, tras ella, m√°s apta para la ejecuci√≥n de mi prop√≥sito; y por ello lo he diferido tanto, que a partir de ahora me sentir√≠a culpable si gastase en deliberaciones el tiempo que me queda para obrar.

“As√≠ pues, ahora que mi esp√≠ritu est√° libre de todo cuidado, habi√©ndome procurado reposo seguro en una apacible soledad, me aplicar√© seriamente y con libertad a destruir en general todas mis antiguas opiniones”.

Descartes ha llegado a la mediana edad y goza de una tranquilidad econ√≥mica y una madurez que le permiten sentarse a pensar sin apremios. Es un burgu√©s gentilhombre. Y entonces se pregunta qu√© es lo que sabe de verdad. Quiere deshacerse de todas las opiniones falsas e inseguras y empezar enteramente de nuevo desde los fundamentos. Ya conocemos esta actitud de pensamiento, nos referimos a ella en el post "Lo inquietante", cuando hablamos del tipo de preguntas que caracterizan a la filosof√≠a. Detr√°s de su prudencia, el proyecto que Descartes formula es de una enorme ambici√≥n: pensar por s√≠ mismo, dejando en suspenso la tradici√≥n y lo aceptado por el consenso social. Ir a fondo, s√≥lo aceptar como verdadero lo que no le deje lugar a dudas, lo que se presente ante su mente atenta con evidencia, claridad y distinci√≥n. Su meta son las verdades indudables pero su m√©todo es la duda: si de algo no est√° completamente seguro, lo rechazar√° como si fuera falso. Debe haber algo indudable, aunque todav√≠a no pueda decir qu√© es. Semejante ambici√≥n bastar√° para que su prop√≥sito lo exceda y lo trascienda, pese al cuadro √≠ntimo en que se describe pensando. Se propone reflexionar para darse a s√≠ mismo sus verdades indudables, eludiendo los errores m√°s comunes y tratando de sortear incluso los errores m√°s improbables e imaginativos: dudar de todo, excepto de aquello de lo que dudar sea imposible. Semejante prop√≥sito, a la larga, ir√° m√°s all√° de su edificaci√≥n personal. Descartes va a marcar un hito en la historia de la filosof√≠a, dando inicio, con su proyecto de empezar desde cero, a la modernidad. La tradici√≥n quedar√° abolida y el √ļnico tribunal de la verdad ser√° su propia certeza.


Si al comienzo parece partir de un estado de √°nimo sereno, a medida que se interna en sus propias dudas, descubrir√° el peligro de pensar solo. ¿Es que acaso pueden estar todos los hombres equivocados? ¿Incluso puede enga√Īarse el a s√≠ mismo en lo que cree ver y pensar? ¿Puede estar viviendo una vida de sue√Īo o de alucinaci√≥n? Por ese camino, al advertir que parece no encontrar ninguna certeza, nada evidente y seguro, ni lo que le ense√Īaron, ni lo que percibe o piensa, admitir√° su angustia. Tiene la sensaci√≥n de haber ca√≠do en aguas profundas y no se siente capaz ni de hacer pie en el fondo ni de salir a la superficie. El riesgo que ha querido evitar en el mundo exterior lo estar√° esperando en el rinc√≥n m√°s c√°lido de su interioridad.

Y cuando parezca ser posible dudar de todo, de pronto descubrir√° ese punto arquim√©dico sobre el que se apoyar√° toda la filosof√≠a moderna, de ah√≠ en m√°s. “Y yo: ¿no soy acaso algo?”. Mediante la duda es posible poner en crisis todas las certezas anteriores, pero aun as√≠, el yo que duda, el que se angustia, el que no sabe si posee alguna certeza, en el mismo momento en que duda, est√° pensando, lo cual implica que existe: “Pienso, ergo soy”. Esta peque√Īa f√≥rmula de pensamiento reconfigurar√° la tarea de la filosof√≠a en los siglos siguientes. Yo puedo estar percibiendo el mundo real tal como es o puedo percibirlo de un modo err√≥neo; puedo estar so√Īando, mi mente puede estar desquiciada por alguna falla cong√©nita de la que no puedo percatarme: todo eso es dudoso, pero a√ļn en las hip√≥tesis m√°s extremas, soy yo el que est√° dudando, con lo cual: yo soy. Descartes incluye en la zona de las percepciones no seguras las ideas que me formo del mundo y de m√≠ mismo: quiz√°s no sea el que creo percibir, quiz√°s el mundo sea distinto y mis percepciones est√©n plagadas de errores que ni siquiera puedo detectar, pero aun as√≠, de todos esos objetos dudosos no hay duda que yo los estoy percibiendo. De este modo, queda descubierta la subjetividad: el yo que piensa, que puede enga√Īarse acerca de todo menos de que est√° pensando. Yo soy el sujeto que percibe, observa, sue√Īa, juzga, se enga√Īa, razona, se equivoca: en todos esos casos soy un sujeto pensante y de eso no puedo dudar. Puedo dudar acerca de esos objetos que percibo: quiz√°s no sean as√≠ como los percibo; quiz√°s incluso solo los est√© so√Īando; o puede que no, que sean tal como los percibo. Lo cierto en todo esto es que yo los percibo. Como objetos de mi pensamiento ellos existen, aunque no puedo estar a√ļn seguro de que m√°s all√° de m√≠ ellos existan por s√≠ mismos.

La Segunda Meditaci√≥n Metaf√≠sica en la que Descartes hace este prodigioso descubrimiento filos√≥fico tiene un t√≠tulo que establece el programa de toda la filosof√≠a moderna: “De la naturaleza de la mente humana: que es m√°s f√°cil de conocer que el cuerpo”. El pensamiento moderno se caracteriza por esta certeza de que el yo, el sujeto cognoscente, es lo m√°s cercano y lo m√°s seguro, lo inmediato y por ende lo m√°s cognoscible. El mundo exterior, incluidas cosas y personas, la naturaleza y la tradici√≥n, todo puede ser dudoso y solo tiene existencia segura en el campo de mi propia subjetividad. El sujeto se conoce a s√≠ mismo directamente, en sus pensamientos; y conoce a los objetos indirectamente, a trav√©s de sus propios pensamientos. Los objetos del mundo son, ante todo, objetos pensados por m√≠. Desde ese momento, la filosof√≠a moderna quedar√° frente a un problema crucial: si estoy seguro de mi propia subjetividad, ¿c√≥mo puedo estar seguro de la objetividad de mis percepciones? ¿C√≥mo puedo saber que las cosas son como yo las percibo? 

Descartes tendr√° una respuesta que no viene al caso desarrollar aqu√≠, y que ser√° ciertamente muy discutida por toda la posteridad. Sin embargo, durante los siglos de la modernidad ning√ļn fil√≥sofo, ni los racionalistas, ni los empiristas, ni los criticistas ni los idealistas, podr√°n sustraerse a la pregunta: ¿c√≥mo es posible conocer una realidad objetiva m√°s all√° de mi subjetividad? El problema crucial de la filosof√≠a moderna ser√° el problema de la validez objetiva de mi conocimiento y para √©l cada fil√≥sofo tendr√° una salida diferente. No obstante, todos se mover√°n en ese territorio que Descartes delimit√≥ al comienzo de esta era: el yo. Con sus diversas denominaciones: la subjetividad, la conciencia, el entendimiento, la raz√≥n, la percepci√≥n, el esp√≠ritu. Basta con repasar los t√≠tulos de los grandes libros de la filosof√≠a moderna para advertir que, aun los adversarios m√°s enconados de Descartes, van a seguir explorando el √°mbito de la subjetividad: Hume (Ensayo sobre el entendimiento humano), Kant (Cr√≠tica de la raz√≥n pura), Hegel (Fenomenolog√≠a del esp√≠ritu) y as√≠ sucesivamente: en la modernidad ese yo que Descartes descubri√≥ parece ser el √°mbito de una exploraci√≥n infinita.

viernes, 24 de julio de 2015

Un condenado a muerte no se escapa


En su Apolog√≠a de S√≥crates, Plat√≥n presenta la autodefensa que S√≥crates habr√≠a pronunciado ante el tribunal durante el juicio que termin√≥ con su condena a muerte. S√≥crates hab√≠a sido acusado con anterioridad de “indagar las cosas subterr√°neas y celestiales, y de hacer m√°s fuerte el argumento m√°s d√©bil”; tambi√©n su figura hab√≠a sido ridiculizada en la comedia de Arist√≥fanes Las nubes (423 a.C.), donde aparece diciendo que “anda por los aires, declarando muchas tonter√≠as”. Y en el proceso que Atenas le inicia se lo acusa concretamente de “corromper a los j√≥venes y de no creer en los dioses que la ciudad cree, sino en otras cosas demon√≠acas nuevas. En su defensa, S√≥crates aparece explicando los motivos por los que cre√≠a que se hab√≠an originado estas ideas falsas sobre √©l. All√≠ supone que la mala fama se origina en su inusual ocupaci√≥n, consciente de que se hab√≠a dedicado a algo m√°s llamativo que lo que hac√≠an los dem√°s. Entonces, se dispone a explicar en qu√© consiste su ocupaci√≥n y el motivo que lo llev√≥ a ella. Su amigo Querefonte hab√≠a ido una vez a preguntar al or√°culo de Delfos, consagrado al dios Apolo, si hab√≠a alguien m√°s sabio que S√≥crates. La pitonisa le respondi√≥ que, efectivamente, que no hab√≠a nadie m√°s sabio que S√≥crates. En los or√°culos la profec√≠a se le encomendaba a una mujer campesina que hab√≠a sido adiestrada desde joven para entrar en trance, luego del cual emit√≠a un dictamen casi siempre ambiguo y enigm√°tico, que exig√≠a una interpretaci√≥n posterior. Al enterarse de este dictamen del or√°culo, S√≥crates reflexiona: “¿Qu√© quiere decir el dios y qu√© enigma hace? Porque lo que soy yo, no tengo ni mucha ni poca conciencia de ser sabio. ¿Qu√© quiere decir entonces al afirmar que soy el m√°s sabio? No es posible, sin embargo, que mienta, puesto que no le est√° permitido”. S√≥crates rechaza la posibilidad de que el or√°culo haya mentido porque se considera un hombre piadoso y respeta la voz divina. Pero a la vez se muestra perplejo al ser se√Īalado como el m√°s sabio, ya que no se considera tal cosa. Entonces emprende una indagaci√≥n entre sus vecinos atenienses, entre aquellos a los que la comunidad consideraba grandes sabios, para poner a prueba el dictamen del or√°culo  y cerciorarse de que existieran al menos algunos que fueran m√°s sabios que √©l:

“Ahora bien, al examinar a aquel con quien tuve tal experiencia -no necesito dar el nombre: era un pol√≠tico- se√Īores atenienses, y al dialogar con √©l, experiment√© lo siguiente: me pareci√≥ que muchos otros cre√≠an que este hombre era sabio, y sobre todo lo cre√≠a √©l mismo, pero que en realidad no lo era. Enseguida intent√© demostrarle que aunque √©l cre√≠a ser sabio, no lo era. La consecuencia fue que me atraje el odio de √©l y de muchos de los presentes. En cuanto a m√≠, al alejarme hice esta reflexi√≥n: 'yo soy m√°s sabio que este hombre; en efecto, probablemente ninguno de los dos sabe nada valioso, pero √©ste cree saber algo, aunque no sabe, mientras que yo no s√© ni creo saber. Me parece, entonces, que soy un poco m√°s sabio que √©l: porque no s√© ni creo saber'. Despu√©s fui hasta otro de los que pasaban por ser sabios, y me pas√≥ lo mismo: tambi√©n all√≠ me atraje el odio de aqu√©l y de muchos otros. De este modo fui a uno tras otro, bien que sintiendo -con pena y con temor- que me atra√≠a odios; no obstante, juzgu√© que era necesario poner al dios por encima de todo. Deb√≠a dirigirme entonces, para darme cuenta de qu√© quer√≠a decir el or√°culo, a todos aquellos que pasaban por saber algo”.

Para que la sentencia del or√°culo le resultara irrefutable, despu√©s de consultar a los pol√≠ticos, S√≥crates indag√≥ a los poetas y descubri√≥ que no sab√≠an lo que hac√≠an sino que actuaban por inspiraci√≥n divina. Ellos tambi√©n cre√≠an ser m√°s sabios que los otros pero no lo eran. Finalmente indag√≥ a los artesanos, que se mostraban capaces de ejecutar bien su oficio, pero ante las preguntas de S√≥crates no pod√≠an explicar en qu√© consist√≠a. En cada una de sus indagaciones, las preguntas de S√≥crates generaban hostilidad en los que se ve√≠an descolocados al quedar de manifiesto que su saber era solo aparente y que esa apariencia escond√≠a una ignorancia. S√≥crates conduc√≠a esos di√°logos con una iron√≠a que no se permit√≠a declarar abiertamente la ignorancia del otro. A los grandes guerreros les preguntaba qu√© es la valent√≠a. A los artistas, qu√© es la belleza. A los pol√≠ticos, qu√© es la justicia. Sus interlocutores intentaban sucesivas definiciones de aquello que reg√≠a su especialidad y S√≥crates simulaba aceptar en una primera instancia las definiciones que ellos le brindaban, pero mediante un procedimiento de preguntas agudas e indirectas, mostraba la inconsistencia de esas definiciones de los sabios. Al ver desbaratarse sus opiniones, los interlocutores de S√≥crates perd√≠an muchas veces la calma y entraban en contradicciones a las que √©l no encontraba dificultad en desmontar. Cuando ellos estaban ya lo suficientemente confundidos, S√≥crates daba por terminada la conversaci√≥n, agradeci√©ndoles que se hubieran prestado al di√°logo y que hubieran cooperado en descubrir la dificultad que encerraba la pregunta por el “¿qu√© es…?” que se planteaba en cada caso. Le bastaba haber conducido a la otra persona hasta el umbral en el que no pod√≠a sino reconocer su confusi√≥n y su falta de certezas. 

S√≥crates comprend√≠a esta pr√°ctica como un servicio que le prestaba al otro. No quer√≠a hacerlo quedar mal, sino que fuera capaz de admitir lo que no sab√≠a. En la Apolog√≠a, dice que muchos de sus interlocutores se quedaban con la sensaci√≥n de que √©l era sabio en aquello en que refutaba al otro, un efecto contrario a sus prop√≥sitos. El hecho de que √©l dejaba abierta la pregunta y la sospecha de que sab√≠a la respuesta fue provocando en los dem√°s una imagen odiosa que se acumul√≥ en importantes sectores de la dirigencia y de la vida cultural ateniense. S√≥crates ten√≠a un grupo de j√≥venes arist√≥cratas que lo segu√≠an y admiraban su talento para desvelar el error en la vida de la ciudad. Qu√© grado de soberbia o de aut√©ntico servicio a su comunidad pon√≠a √©l en juego en su extra√Īa misi√≥n es algo imposible de determinar: hay quienes vieron en √©l a una especie de h√©roe capaz de exponerse al riesgo de los malentendidos en honor a la verdad, como el propio Plat√≥n, y muchos otros en Atenas lo consideraron un impostor capaz de ejercer un tipo de crueldad discursiva contra personas prestigiosas que produc√≠a un efecto corrosivo ante la mirada de los j√≥venes que lo segu√≠an. De ah√≠ la acusaci√≥n de corromper a la juventud. La conclusi√≥n que el propio S√≥crates saca de todo esto:

“…en cada ocasi√≥n los presentes creen que yo soy sabio en aquellas cosas en que refuto a otro; pero en realidad el dios es el sabio, y con aquella sentencia quiere decir esto: que la sabidur√≠a humana vale poco y nada. Y cuando dice 'S√≥crates' parece servirse de mi nombre como para poner un ejemplo. Algo as√≠ como si dijera: 'El m√°s sabio entre ustedes, seres humanos, es aquel que, como S√≥crates, se ha dado cuenta de que en punto a sabidur√≠a no vale en verdad nada'. Todav√≠a hoy sigo buscando e indagando, de acuerdo con el dios, a los conciudadanos y extranjeros que pienso que son sabios, y cuando juzgo que no lo son, es para servir al dios que les demuestro que no. son sabios. Y por causa de esta tarea no me ha quedado tiempo libre para ocuparme de pol√≠tica en forma digna de menci√≥n, ni tampoco de mis propias cosas. Antes bien, vivo en extrema pobreza a causa de estar al servicio del dios”. 

Lo que √©l descubri√≥ no es que dec√≠a m√°s verdades que los otros, sino que era capaz de reconocer su ignorancia y esa era la base necesaria de una verdad posible. Su praxis de ense√Īanza, si puede hablarse de esta manera, ten√≠a un efecto negativo, puesto que no hab√≠a trasmisi√≥n de doctrina positiva alguna, sino un dif√≠cil acompa√Īamiento del otro, una ayuda para que se preparara a renunciar a sus falsas opiniones, que dejar√≠a al otro en las puertas de encontrar la verdad por s√≠ mismo. S√≥crates entendi√≥ que el se√Īalamiento que hizo el or√°culo encerraba una misi√≥n para √©l: el dios, de esa forma, le hab√≠a encargado que ayudara a los atenienses a advertir los enga√Īos en que incurr√≠an. Esa es la funci√≥n de veracidad (parrhes√≠a) que Foucault sostiene que S√≥crates encarnaba. En su misi√≥n, para la cual el dios lo hab√≠a se√Īalado por su propio nombre, √©l sab√≠a que estaba expuesto a tensar el v√≠nculo con su comunidad, hasta el punto de que su veracidad se volviera insoportable para ellos. Efectivamente la misi√≥n se realiz√≥ de un modo tan extremo que Atenas termin√≥ odiando a S√≥crates y conden√°ndolo a muerte. As√≠ describe Francois Chatelet en su libro Una historia de la raz√≥n el efecto parad√≥jico de la praxis filos√≥fica de S√≥crates:

“Su intenci√≥n, seg√ļn Plat√≥n – que lo muestra tanto en su Apolog√≠a como en el Crit√≥n-, es la de salvar la ciudad y no la de arruinarla. Pero aparentemente el objetivo es nefasto. Y S√≥crates es llevado delante de los tribunales; rechaza defenderse, es condenado a muerte, se le ofrece escapar –a los atenienses no les gustaba demasiado condenar a muerte a sus conciudadanos; esta condena era formal, y los magistrados que lo hab√≠an condenado esperaban que escapara-. El rechaza esa posibilidad, bebe la cicuta, muere. De esta ense√Īanza y de esta muerte ejemplar va a nacer la filosof√≠a…”.

S√≥crates asumi√≥ esa condena como una parte necesaria de su misi√≥n, a pesar de que no se consideraba culpable. Pens√≥ que, si quer√≠a sostener esa verdad, deb√≠a hacerlo hasta el fin, a√ļn a riesgo de muerte. Si se desdec√≠a, si escapaba de la c√°rcel, como algunos de sus disc√≠pulos le propusieron una noche, o si iba al exilio, consideraba que no estaba dando testimonio de la verdad, algo que era necesario hacer en resguardo de esa verdad, de s√≠ mismo (aunque le costara la vida) y de sus propios vecinos de Atenas (aunque ellos lo rechazaran). Decir la verdad era un servicio para unos y otros, pens√≥. As√≠, en su gesto, se alinearon de manera inseparable su misi√≥n singular (la que el dios le encomend√≥) y su funci√≥n c√≠vica. Personal y pol√≠tica.

La muerte de S√≥crates puede pensarse como un malentendido necesario: su mensaje era demasiado exigente para con sus semejantes, quienes interpretaron su negativa al exilio o a la fuga como gestos de la misma soberbia que le adjudicaban cuando refutaba a sus intelocutores. El apost√≥ a que el recurso extremo de su muerte dejara instalado en las almas de sus vecinos un gesto de veracidad. La muerte como su √ļltima iron√≠a. Por lo menos en uno de ellos S√≥crates provoc√≥ ese efecto: en Plat√≥n. La muerte de S√≥crates fue ir√≥nicamente productiva para su disc√≠pulo, la escena de la acusaci√≥n, de la condena, de la negativa a escaparse y de la serenidad que S√≥crates mantuvo en el momento de su muerte configuran una cadena de experiencias traum√°ticas para Plat√≥n. Y la manera de elaborar ese trauma es sostener sus preguntas: ¿c√≥mo es posible que Atenas haya tratado al mejor entre ellos como a un reo? ¿c√≥mo pudo ser que no reconocieran el servicio que les prestaba y cu√°nto necesitaban de √©l? E invirtiendo la perspectiva: ¿c√≥mo tendr√≠a que ser una ciudad ideal en la que S√≥crates no terminara condenado a muerte sino consagrado rey? Quiz√°s nada estuviera m√°s alejado del prop√≥sito socr√°tico que ocupar un lugar de poder, sin embargo, el efecto que provoc√≥ en sus semejantes fue indudablemente pol√≠tico: no se condena a muerte a una persona si no se considera que ejerce un poder peligroso para la sociedad. Y ese choque pol√≠tico, resuelto de manera tr√°gica, desencaden√≥ en Plat√≥n la necesidad de postular un estado ideal, una negaci√≥n del orden de cosas establecido, aunque m√°s no fuera en un plano ut√≥pico. Plat√≥n, al presenciar la muerte de su maestro en manos de Atenas, no propuso ninguna revoluci√≥n: en cambio, escribi√≥ numerosos libros en los que delimit√≥ durante siglos el √°mbito del pensar filos√≥fico. Desde entonces, la filosof√≠a no pudo esquivar nunca su dimensi√≥n pol√≠tica.

jueves, 23 de julio de 2015

Personal y político (de nada sirve escaparse de uno mismo)

Un ejemplo de interrogación: Sócrates


Mencion√°bamos ayer la interrogaci√≥n de Agust√≠n acerca del tiempo como una de las formulaciones m√°s concisas del modo de preguntar filos√≥fico. El hecho de que esta pregunta aparezca en su libro Confesiones nos dice algo acerca del grado de intimidad que alcanza la filosof√≠a cuando es capaz de ir al fondo de la cuesti√≥n, de modo que aquel que se pregunta se ve personalmente involucrado de ella y no le resulta posible guardar una distancia puramente contemplativa respecto de eso por lo que se pregunta. As√≠, dec√≠amos, preguntar filos√≥ficamente por el tiempo es a la vez preguntar por el tiempo del que dispongo o el tiempo que me falta, y eso nunca admite ser tratado como una mera curiosidad te√≥rica: la pregunta filos√≥fica interpela en primer lugar a quien la formula. Preguntar “¿qu√© es saber?” conduce irresistiblemente a hacerme la pregunta por mi propio saber: ¿qu√© s√©? ¿c√≥mo reconozco el saber o el error en m√≠?

Pero estas preguntas comparten la doble condici√≥n de ser personal√≠simas, porque conmueven el fundamento en que la existencia de cada uno se apoya, y a la vez comunes a otros, en la medida en que son cuestiones que nos ligan a ellos. El car√°cter comunitario que alcanzan las preguntas fundamentales se reconoce tambi√©n por el hecho de que una pregunta formulada por San Agust√≠n hace 1500 a√Īos puede repercutir con igual potencia en las personas del siglo xxi: pregunt√°ndonos, formamos parte de comunidades que no se limitan a un solo lugar o a una sola √©poca, sino que atraviesan continentes y se extienden por siglos. Esta perdurabilidad no implica necesariamente que se trate de preguntas “eternas” o que formen parte de una naturaleza humana siempre id√©ntica a s√≠ misma. El modo de preguntar filos√≥fico y las preguntas mismas son hist√≥ricos, con un nacimiento situado en una √©poca y en un lugar determinados, pero su temporalidad no es fugaz ni coyuntural. En filosof√≠a la originalidad absoluta es rara y excepcional, si es que acaso es posible, mientras que es m√°s habitual encontrarnos pensando en el seno de tradiciones persistentes. Las preguntas fundamentales insisten porque los fundamentos de las existencias personales y comunitarias no cambian tan r√°pido como las modas. Su persistencia y dificultad, a pesar de la sencillez con que aparecen formuladas ("¿qu√© es...?") se vincula con que, al preguntarnos de este modo, tenemos que dar cuenta siempre de nuestros propios fundamentos, nunca completamente dados, siempre problem√°ticos y siempre sujetos a diversidad de perspectivas y a controversias. No es que las preguntas filos√≥ficas no hayan tenido respuestas, al contrario. Pero su problematicidad y la exigencia de examinar cada vez sus fundamentos renueva siempre la potencia de las preguntas, en busca de aquellos supuestos infundados que se esconden en las respuestas ya dadas. La din√°mica de la filosof√≠a consiste en descubrir esos supuestos que los otros o nosotros mismos no sabemos c√≥mo sostener. No hay garant√≠a de que esos fundamentos sean hallados, mucho menos de que podamos hallarlos r√°pidamente. Una pregunta reverbera en nosotros todo el tiempo que sea necesario. De hecho, las preguntas fundamentales de la filosof√≠a –algunas de las cuales ya citamos- persisten mucho m√°s all√° de aquellas personas que fueron las primeras en formularlas. El tiempo propio del pensar filos√≥fico no es el del hallazgo de una respuesta, sino el del extenso e incierto trayecto de la pregunta.

Intimidad y comunidad no son aspectos contrarios y excluyentes, dec√≠amos. Las preguntas filos√≥ficas ata√Īen a cada persona que es capaz de cuestionarse y al mismo tiempo inquietan el v√≠nculo que nos une con los otros. Podr√≠a decirse de este modo: todo preguntar filos√≥fico es a la vez personal y pol√≠tico, porque siempre se pregunta en el marco de una comunidad, incluso cuando para sostener una pregunta debamos quedarnos solos o ir en contra de los otros. Quedarse solos o ponerse contra los otros son actitudes que √ļnicamente puede hacer alguien que vive en comunidad. El vivir con otros es la condici√≥n previa no solo para acordar un proyecto com√ļn sino tambi√©n para aislarse, disentir o ser condenado al exilio.

El pensar filos√≥fico antiguo surge en el √°mbito de la polis (ciudad) ateniense, all√° por los siglos VI y V a. C., en un contexto en el que las deliberaciones en las asambleas, las discusiones en la plaza p√ļblica (el Agora) y la posibilidad de caer en el enga√Īo eran h√°bitos cotidianos. Un contexto en el que la sof√≠stica (la t√©cnica para pasar por sabio sin serlo realmente, mediante el manejo de los vericuetos del discurso) era un arma pol√©mica, requerida y criticada al mismo tiempo por los ciudadanos. Un pueblo apasionado por la discusi√≥n, como lo fue excepcionalmente en el mundo antiguo el ateniense, se familiariz√≥ con las t√©cnicas del enga√Īo y la confusi√≥n, riesgos que era necesario reconocer para no ser v√≠ctima de ellos, o tambi√©n para tratar de persuadir o de cautivar a los otros. As√≠ los atenienses desarrollaron una capacidad especial para sospechar de lo que se dice p√ļblicamente, y para considerar el habla como un arma de poder. Ese clima social propicia el surgimiento de una agudeza nueva para despejar los problemas de la comunicaci√≥n, para tratar de formularlos con precisi√≥n, para hacer distinciones donde otros quieren crear una confusi√≥n, para denunciar los supuestos no declarados, para detectar las formas tramposas del discurso. Y para preguntarse si existe la posibilidad de que la palabra se convierta tambi√©n en un elemento portador de verdad. Pero esa verdad anhelada no surge como la estatua de una divinidad solitaria e impoluta, sino tortuosamente mezclada en una trama de posibles mentiras y enga√Īos.

Para reconocer esta articulaci√≥n no existe mejor ejemplo que el de S√≥crates (Atenas, ¿470?– 399), uno de los pensadores claves de la historia occidental, de influencia tan vasta que, a pesar de no haber escrito de su propia mano ni un solo libro, los ecos de sus preguntas nos llegan hasta hoy. Conocemos a S√≥crates por los escritos de sus disc√≠pulos, y especialmente por el m√°s brillante de ellos, Plat√≥n (Atenas o Egina ¿427? -347 a. C.), otro pensador de relevancia crucial en el destino hist√≥rico de la filosof√≠a. En los libros de Plat√≥n, la mayor√≠a de ellos escritos en forma de di√°logos, el protagonista principal es siempre S√≥crates. De manera que no es posible separar, en la historia de la filosof√≠a, las figuras de S√≥crates y Plat√≥n. Siendo ellos pensadores muy diferentes, cada vez que queramos comprender el pensamiento de uno tendremos que vincularlo, aun en sus diferencias, con el del otro. La forma del di√°logo que elige Plat√≥n para hacer aparecer en sus libros las interrogaciones socr√°ticas (y tambi√©n las suyas propias) no responde a una preferencia caprichosa por un cierto g√©nero literario, sino a una huella de origen de la filosof√≠a ateniense en ese clima pol√©mico al que nos refer√≠amos en el p√°rrafo anterior. Las preguntas filos√≥ficas nacen en el contexto de un di√°logo, que siempre contiene la posibilidad de una discrepancia, a veces subsanable y otras no. El consenso no es un valor necesario de la filosof√≠a, a diferencia de lo que ocurre con otras formas discursivas que parecen fortalecerse cuando se sostienen en acuerdos generalizados. El motor de la filosof√≠a es el desacuerdo y su potencial se despliega cuando un pensamiento surge en tensi√≥n con otros. La pr√°ctica del filosofar conlleva el riesgo de volverse peligrosa, para los dem√°s y para uno mismo. La pregunta requiere de la capacidad y la exigencia de la escucha que aporta la presencia del otro, quien puede cuestionar lo que pensamos o sentirse cuestionado por nuestros pensamientos. S√≥crates fue para sus contempor√°neos de Atenas un personaje inquietante y molesto, tanto es as√≠ que su vida culmina en la condena a muerte a la que lo someten las instituciones de su ciudad.

S√≥crates se distingui√≥ entre sus conciudadanos porque adopt√≥ un modo de vida que daba una importancia crucial a liberarse de las falsas opiniones, a las que consideraba un peligro para la existencia personal: el riesgo de vivir en el error y no advertirlo. Uno piensa muchas cosas y no sabe por qu√© las piensa. Son meras opiniones, ideas ajenas que adoptamos sin cr√≠tica y condicionan nuestros actos. Liberarse de ellas y ayudar a sus conciudadanos a liberarse de ellas fue para S√≥crates una misi√≥n, incluso en la acepci√≥n m√°s religiosa de esta palabra. Por eso, cuando hablamos de la filosof√≠a de S√≥crates, esto no debe llevarnos a pensar en una doctrina formulable de manera te√≥rica, sino m√°s bien en una actitud: una forma de vida. Michel Foucault (El coraje de la verdad, FCE, 2010) se√Īala que en S√≥crates la filosof√≠a es un modo de vida: la veracidad (parrhes√≠a), una vida regida por la misi√≥n de decirse y decir la verdad a sus conciudadanos, a√ļn a riesgo de exponerse por ello a romper el v√≠nculo que lo un√≠a a los otros e incluso en el peligro de perder por ello la propia vida, cosa que efectivamente sucedi√≥. ¿C√≥mo lleg√≥ S√≥crates a volverse tan peligroso?

miércoles, 22 de julio de 2015

Tiempo


"El tiempo es una cosa rara. El tiempo es un √≠tem muy peculiar. Mir√°, cuando sos joven, sos un chico, ten√©s tiempo, no ten√©s nada m√°s que tiempo. Desperdici√°s un par de a√Īos por ac√°, un par de a√Īos por ah√≠... ¿qu√© importa? ¿Sab√©s? A medida que vas envejeciendo, dec√≠s, Jes√ļs, ¿cu√°nto me queda? Se fueron treinta y cinco veranos. Pensalo. Treinta y cinco veranos ".

Monólogo de Benny [Tom Waits] en Rumble fish

Agustín de Hipona (354 Р430), también conocido como San Agustín, a quien la Iglesia Católica considera uno de sus padres, logró formular de una manera concisa y penetrante el modo de preguntar filosófico. En un pasaje célebre de sus Confesiones llega a preguntar:

“¿Qu√© es, pues, el tiempo? ¿Qui√©n podr√° explicar esto f√°cil y brevemente? ¿Qui√©n podr√° comprenderlo con el pensamiento, para hablar luego de √©l? Y sin embargo, ¿qu√© cosa m√°s familiar y conocida mentamos en nuestras conversaciones que el tiempo? Y cuando hablamos de √©l, sabemos sin duda qu√© es, como sabemos o entendemos lo que es cuando lo o√≠mos pronunciar a otro. ¿Qu√© es, pues, el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo s√©; pero si quiero explic√°rselo al que me lo pregunta, no lo s√©. Lo que s√≠ digo sin vacilaci√≥n es que s√© que si nada pasase no habr√≠a tiempo pasado; y si nada sucediese, no habr√≠a tiempo futuro; y si nada existiese, no habr√≠a tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pasado y futuro, ¿c√≥mo pueden ser, si el pasado ya no es y el futuro todav√≠a no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pasado, ya no ser√≠a tiempo, sino eternidad”. (Confesiones, XI, 14, 17)



En muy pocas l√≠neas Agust√≠n instala una de las preguntas m√°s sencillas y a la vez m√°s dif√≠ciles de la historia de la filosof√≠a y expone a la vez esa sencillez y esa dificultad, √≠ntimamente relacionadas una con otra, que muestran las preguntas filos√≥ficas. Porque en la √©poca de Agust√≠n y en la nuestra tambi√©n, en las tareas cotidianas contamos con tiempo o sentimos que el tiempo nos falta, necesitamos saber qu√© hora es, cu√°ntos a√Īos tenemos, cu√°nto falta para llegar al fin de semana o al fin del a√Īo. Una duda que asoma en momentos cr√≠ticos de nuestra vida, pregunta dif√≠cil de encarar por su insoportable intimidad, nos lleva a preguntarnos cu√°nto tiempo de vida nos queda, cu√°ndo se nos acabar√° el tiempo. Es que nuestra existencia consiste en tiempo y el tiempo que tenemos es limitado. Pese a esa familiaridad cotidiana e ineludible con el elemento temporal, la simple pregunta “¿qu√© es el tiempo?” nos deja perplejos por el solo hecho de ser formulada. “Si nadie me lo pregunta, lo s√©; pero si quiero explic√°rselo al que me lo pregunta, no lo s√©" podr√≠a ser el rasgo m√°s t√≠pico que  nos permite reconocer los problemas filos√≥ficos.

martes, 21 de julio de 2015

Lo inquietante


¿Qu√© es saber?

Esta sencilla pregunta atraviesa miles de a√Īos. 

Es una pregunta de una sencillez extrema y a pesar de eso, o m√°s bien no a pesar sino precisamente por eso mismo, es una pregunta desconcertante. Es una pregunta breve, que usa palabras de nuestro lenguaje cotidiano (qu√©... es... saber...), nada abstruso ni extravagante. Y se caracteriza porque en un simple impulso va al fondo de la cuesti√≥n, como en la experiencia de saltar hacia el fondo de un pozo. No preguntamos por algo lejano y extraordinario, como lo har√≠amos si pregunt√°ramos si hay vida en una galaxia lejana. No preguntamos por algo cuya comprensi√≥n requiere destrezas y competencias especiales, como lo har√≠amos si pregunt√°ramos por la f√≥rmula de la relatividad en la f√≠sica contempor√°nea. Tan sencilla es nuestra pregunta que nos desconcierta: ¿no podr√≠a liquidarse mediante el simple expediente de buscar el significado de la palabra “saber” en un diccionario? ¿Es posible quedar suspendidos en una pregunta as√≠ durante mucho tiempo y no apresurarnos a buscar las numerosas respuestas que seguramente ya tiene? No, dado que no preguntamos simplemente por el uso de la palabra tal como lo entiende un diccionario ni buscamos las respuestas que anteriormente se dieron, incluso aquellas que gozan de mayor consenso. 

Pretendemos que esta pregunta nos toque en nuestros propios fundamentos, hasta que sea capaz de conmoverlos. Porque no se trata de una pregunta te√≥rica, sino de ese fondo difuso de ideas no del todo pensadas sobre las que cotidianamente nos apoyamos para tomar decisiones. Justamente, cuando cada d√≠a actuamos en nuestra vida, cuando tomamos decisiones, sean sencillas o dif√≠ciles, emprender un viaje, buscar un trabajo, mandar un mensaje a alguien, siempre contamos con que disponemos de un saber, suponemos que sabemos algo. Creemos poder diferenciar la verdad del error o del enga√Īo, nos parece que tenemos en claro qu√© cosas sabemos bien y cu√°les ignoramos. Pero estas creencias y suposiciones pueden llegar a caerse cuando nos ponemos a pensar en ellas: ¿qu√© es lo que realmente s√©? ¿c√≥mo me doy cuenta de que s√© algo, en lugar de simplemente creerlo? ¿cu√°l es la diferencia entre saber y creer? ¿puedo estar enga√Ī√°ndome acerca de cosas de las que cre√≠a estar seguro? ¿acaso no ha sucedido antes que estaba seguro de algo para despu√©s darme cuenta de que lo ignoraba? ¿tengo que recurrir a los otros para que reafirmen mi saber, o los otros pueden ser tambi√©n fuentes de error para m√≠? ¿tendr√© que apelar a una especie de certeza interior, o puedo equivocarme incluso cuando tengo la sensaci√≥n de estar totalmente seguro de algo?

Cuando sin darnos cuenta nos fuimos deslizando hacia otras preguntas vinculadas a ella, la sencillez inicial de la pregunta da lugar al desconcierto. Una pregunta puede llevarnos, antes que a una respuesta inmediata, a abrir otras preguntas. No es esta una posici√≥n c√≥moda: por el contrario, en la velocidad de la vida actual, facilitada por la tecnolog√≠a que nos hace todo m√°s r√°pido y m√°s sencillo (o al menos eso es lo que nos gusta pensar), nos molesta perder el tiempo pensando, cuando preferimos creer que ya hay respuestas para todo. “No me traigas problemas, quiero soluciones” es un refr√°n que suele repetirse con frecuencia en las labores cotidianas. Como estamos convencidos sin haberlo pensado demasiado de que el tiempo es oro, o incluso m√°s expl√≠citamente de que el tiempo es dinero, a las preguntas preferimos concederles apenas la funci√≥n de ser un puente para llegar pronto a la orilla de una respuesta. La vida apurada no ve con buenos ojos demorarnos en una pregunta ni darle un valor por s√≠ misma. “Son las respuestas las que valen –nos decimos-, las preguntas no tienen demasiado valor”. Incluso nuestra experiencia en las escuelas y universidades nos lleva a habituarnos a que lo valioso no son las preguntas y que el centro de gravedad de nuestro pensamiento deber√≠a reposar en las respuestas. Si la pregunta insiste y no logramos responderla lo m√°s r√°pido posible, podemos llegar a angustiarnos, como pasa en las noche de insomnio, o de fastidiarnos, como cuando conversamos con un ni√Īo que atraviesa la “edad de las preguntas” y no se contenta con ninguna respuesta que le demos.

Las preguntas no gozan de prestigio en un mundo regido por la eficacia de la t√©cnica. M√°s a√ļn si se trata de preguntar por algo tan sencillo y f√°cil como el saber: ¿qu√© es saber? Pero esa sencillez, lo vimos, puede escurr√≠rsenos de las manos como si intent√°ramos atrapar un pu√Īado de agua. En cuanto a la facilidad, suele ser enga√Īosa. Quiz√°s las preguntas m√°s sencillas sean las m√°s dif√≠ciles –como las de las noches de insomnio o las de la edad de los porqu√©s-, no por referirse a asuntos extraordinarios, sino por ir a fondo, en un solo impulso, hacia las cuestiones ordinarias. Las cosas de todos los d√≠as, las que m√°s familiares nos resultan: el tiempo que nos lleva hacer algo, la verdad que sustenta a una afirmaci√≥n, la justicia de un acto, la belleza de una canci√≥n o de una persona, la valent√≠a que necesitamos para enfrentar un problema, el trabajo que nos requiere lograr algo, el saber que ciertos deseos nos resultan imposibles de cumplir. En suma, las cosas comunes en que consiste la existencia cotidiana. Justamente, como vivimos en un entramado de ocupaciones diarias que a cada momento requieren ser resueltas, es raro que nos detengamos a preguntarnos por las cosas ordinarias. Pero, ¿qu√© es el tiempo?, ¿qu√© es la verdad?, ¿qu√© es la justicia?, ¿qu√© es la belleza?, ¿qu√© es propiamente trabajar? ¿qu√© es saber?

Esta manera de preguntar es propia de la filosof√≠a, una actitud de pensamiento, una forma de acci√≥n humana que naci√≥ hace m√°s de 2500 a√Īos, en un lugar muy preciso del mundo, en Grecia, en la antigua Atenas, en circunstancias hist√≥ricas determinadas que propiciaron que los ciudadanos se detuvieran a debatir sobre los problemas compartidos. Desde el principio, eso que llamamos filosof√≠a se consagr√≥ a preguntar no tanto por lo extraordinario sino por lo ordinario; no especialmente por lo lejano, sino por lo m√°s cercano; no por los asuntos de los especialistas, sino por las cosas comunes a todos. Pero el car√°cter peculiar de la filosof√≠a consiste en tratar a las cosas de todos los d√≠as como si pos√°ramos la vista en ellas por primera vez. Porque sucede que creemos saber muy bien, por ejemplo, de qu√© se trata la justicia, hasta que nos detenemos a pensar en ella y entonces descubrimos que necesitamos tener una noci√≥n de lo justo, dado que preferimos no cometer injusticias ni ser v√≠ctimas de ellas, pero tambi√©n nos damos cuenta de que el l√≠mite que separa a los actos justos de los injustos es problem√°tico y evasivo. Por eso, preguntarse “¿qu√© es la justicia?”, no es algo que nos propongamos hacer, sino un problema que nos asalta, muchas veces a pesar de nuestra voluntad. Y aunque a lo largo de 2500 a√Īos abundaron las respuestas a preguntas de esta √≠ndole, a pesar de que se escribieron innumerables tratados acerca, por ejemplo, de la justicia, podemos constatar que cuando una pregunta as√≠ nos asalta es como si la pens√°ramos por primera vez, ya que no nos basta con enterarnos de lo que otros dijeron al respecto, porque hay algo en la pregunta que nos atrae a quedarnos un poco m√°s en ella, sin aceptar de antemano las respuestas disponibles. A veces sucede que una pregunta nos retiene y nos reclama demorarnos en ella, incluso m√°s all√° de nuestra voluntad. Es una experiencia del orden del deseo. Deseamos demorarnos en un pensamiento antes que darlo por resuelto. Esta experiencia de sentirse atravesado por el deseo de un saber que se nos escapa es lo distintivo de la filosof√≠a.

La estructura misma de la palabra "filosof√≠a" puede darnos pistas reveladoras al respecto. En realidad, el sustantivo “filosof√≠a” parece haber sido usado despu√©s que el adjetivo “fil√≥sofo”. Contra el modo habitual con que se usa en la vida cotidiana, la palabra “fil√≥sofo” no refer√≠a en sus or√≠genes a alguien que es capaz de hablar de cualquier cosa o que tiene respuestas para todo. Por el contrario el “philo-soph√≥s” se define como alguien distinto del “soph√≥s” “Soph√≥s” es una palabra que los griegos de la antig√ľedad usaban para referirse al sabio, al que sabe muy bien algo (o se supone que lo sabe). “Soph√≥s” es el que dispone de la “soph√≠a”, la sabidur√≠a, el saber. En cambio, la etimolog√≠a de “philo-soph√≥s” dice algo m√°s. “Philos” significa amigo, as√≠ como “phil√≠a” designa a una forma muy precisa del amor, que es la amistad. Por tanto, el “philosoph√≥s” no es el sabio sino el amigo del saber; esto significa: no el que sabe, sino aquel que siente un impulso hacia el saber, un amor por el saber, una amistad hacia el saber; en definitiva: un deseo de saber. 

Pero se desea o se siente un impulso hacia algo que no se posee. El fil√≥sofo, por ende, es aquel que, admitiendo no saber, experimenta un impulso por saber. Por eso, es fil√≥sofo quien se pone en una situaci√≥n distinta del sabio, pero tambi√©n distinta del ignorante. Porque tanto el sabio como el ignorante pueden reposar en su condici√≥n: uno ya sabe y no necesita saber; el otro no sabe ni le preocupa saber. Fil√≥sofo es aquel que advierte que le falta saber pero se ve impulsado en la busca de aquello que le falta. No se trata de una profesi√≥n, ni de una facultad humana, ni de una condici√≥n permanente: podr√≠amos decir que, seg√ļn la noci√≥n griega y ateniense de la filosof√≠a, alguien puede filosofar en la medida en que necesita saber algo que admite no saber. En este sentido, la filosof√≠a, a diferencia del saber y la ignorancia, es una actitud o un movimiento de la existencia humana que combina de una manera especial el saber y la ignorancia. S√© que hay algo que ignoro, pero lo quisiera saber. Eso que me falta, el saber algo, ejerce una atracci√≥n sobre m√≠, de manera que la pregunta insiste, por m√°s que por momentos preferir√≠a abandonarla. 

Las preguntas filos√≥ficas suelen tener esa estructura sencilla. Como ya dijimos: “¿qu√© es… tal cosa?” (por ejemplo, el tiempo, la verdad, la justicia, la valent√≠a, el saber, etc). Pero su sencillez nos atrae hacia una experiencia abismal, porque nos enfrenta a esos fundamentos sobre los que nuestra vida reposa cuando no pensamos. Cuando pensamos filos√≥ficamente, sentimos que el piso se nos mueve. La actitud propia del preguntar filos√≥fico difiere de otras formas de preguntar que practicamos cotidianamente: cuando queremos saber c√≥mo hacer algo, c√≥mo obtener un cierto resultado, por ejemplo, c√≥mo construir un edificio, c√≥mo preparar una comida o c√≥mo resolver el problema de la inflaci√≥n, se trata de preguntas t√©cnicas, preguntan ¿c√≥mo? En cambio, la filosof√≠a no pregunta t√©cnicamente por el ¿c√≥mo?, sino que su forma m√°s clasica inquiere: ¿qu√© es…? Las preguntas filos√≥ficas propician un tr√°nsito hacia un bien, un saber o un valor del que no disponemos. Advertir que hay algo que falta en nuestro pensamiento y sentir que necesitamos eso que nos falta, que eso que no tenemos nos llama desde una distancia atractiva, sin que podamos resistirnos, sin poder olvidarlo: eso es lo propiamente inquietante.

lunes, 20 de julio de 2015

La ciudad de los pibes sin calma: Macri complicado / Lousteau falluto / Kirchneristas enardecidos

La otra.-radio, para escuchar clickeando ac√°


Finalmente la ciudad de Buenos Aires se dio ayer su nuevo Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Tercer período consecutivo para el PRO, después de una desgastante seguidilla -para las aspiraciones presidenciales de Mauricio Macri- de jornadas electorales, que lo condujeron a un magro y muy ajustado triunfo, que no pudo superar la suma de los votos obtenidos por los dos precandidatos PRO en las recientes PASO (863.219 en las PASO; 860.802 ayer; la otra precandidata había sido Gabriela Michetti). También se constituyó en el más bajo resultado obtenido por el PRO en segunda vuelta en CABA, desde 2007 hasta hoy. Una tendencia declinante bajo cualquier parámetro que se tome.

Estas son las cifras objetivas del escrutinio provisorio:

Total de electores: 2.555.853 (100 %)

Total de votos emitidos: 1.772.888 (69,37 % del padrón)

Votos afirmativos: 1.666.859 (65,22 % del padrón; 94,02 % de los votos emitidos)

Votos Para Unión PRO (Rodríguez Larreta): 860.802 (33,68 % del padrón; 48,55 % de los votos emitidos)
Votos para ECO: 806.057 (31,54 % del padrón; 45,47 % de los votos emitidos)

Votos en blanco: 89.444 (3,50 % del padrón; 5,05 % de los votos emitidos)
Votos impugnados: 601 (0,02 % del padrón; 0,03 % de los votos emitidos)
Votos nulos: 15.001 (0,59 % del padrón; 0,84 % de los votos emitidos)
Votos Recurridos: 214 (0,01 % del padrón, 0,01 % de los votos emitidos)
Votos no leídos por motivos técnicos: 769 (0,03 % del padrón, 0,04 % de los votos emitidos)

Los fr√≠os n√ļmeros son los votos, uno a uno: los emitidos, los positivos, los que sac√≥ cada candidato y los votos en blanco. Porque en la segunda vuelta el n√ļmero clave es 1. Con 1 solo voto m√°s, uno de los dos competidores gana la elecci√≥n. Larreta ayer sac√≥ apenas 54.745 m√°s que Lousteau. La aclaraci√≥n vale porque durante la extenuante quincena que fue desde la primera vuelta a la segunda se pretendi√≥ invalidar la opci√≥n de los votos en blanco alegando falsamente que estos se sumaban a los del candidato ganador, cuando en realidad expresan la decisi√≥n de los votantes que no eligen, con todo derecho, a ninguno de los dos candidatos.

Para que las cifras se aprecien en diversas escalas, incluyo entre par√©ntesis el porcentaje que estos resultados representan para la totalidad del padr√≥n (que abarca tambi√©n a los que no votaron) y adem√°s para la totalidad de los votos emitidos. As√≠ puede advertirse que la comunicaci√≥n period√≠stica de estos resultados es inconsistente, ya que se adjudica a Larreta el 51,6 % y a Lousteau el 48,4 %; mientras se le asigna al voto en blanco el 5,05 %; lo cual es absurdo, dado que la suma de las tres opciones que se ofrec√≠an ayer a los votantes dar√≠a 105,05 %. Si se mensuran esos votos sobre la base de los votos emitidos, en realidad Larreta sac√≥ 48,55 % y Lousteau 45,47; si a esos porcentajes le sumamos los votos en blanco, los impugnados, los nulos, los recurridos y los no le√≠dos por motivos t√©cnicos, entonces s√≠ la suma da 100 %. 

El porcentaje de votos en blanco alcanz√≥ un r√©cord hist√≥rico para las elecciones a Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Ese 5,05%, es el m√°s alto desde 1996, cuando se hizo la primera elecci√≥n ejecutiva porte√Īa.


En el programa de anoche de La otra que se puede escuchar acá estuvimos haciendo las evaluaciones en caliente de estos resultados. Me gustaría destacar dos o tres cosas:

- Macri est√° complicado: las elecciones en el √ļnico distrito donde el PRO tiene dominio territorial se le fueron complicando a medida que avanzaban las tres instancias electorales. Si el favorito de la derecha calculaba que los resultados de Santa Fe y CABA iban a funcionar como un espaldarazo para posicionarlo de cara a las PASO nacionales, que se hacen dentro de tres semanas, despu√©s del costo pol√≠tico que demand√≥ disciplinar a una parte importante del arco opositor en la Alianza Cambiemos (de la que tambi√©n forma parte Lousteau), la derrota en Santa Fe y esta tendencia declinante en su propio territorio evidencian la dificultad del PRO para dejar de ser un partido vecinal para ser uno nacional. La derecha, por medio de Elisa Carri√≥, aline√≥ a los radicales, la Coalici√≥n C√≠vica y el PRO detr√°s de la candidatura presidencial de Macri, despu√©s de constatar el proceso de evaporaci√≥n pol√≠tica que sufri√≥ Massa desde 2013 hasta hoy. Ahora Macri llega a las PASO con un √ļnico y muy mezquino triunfo distrital, lo que hace dudar de su competitividad nacional, sobre todo teniendo en cuenta que los n√ļmeros del PRO fueron bajando en la ciudad a lo largo de estas tres jornadas. El experimento Cambiemos resulta endeble por el forzamiento de la alianza que impuso el C√≠rculo Rojo y por las tensiones internas que la imposici√≥n gener√≥ en el interior de los partidos aliados, sobre todo los radicales. El estatus ambiguo de Lousteau, que tiene una pata adentro y otra afuera de Cambiemos, y la err√°tica conducta de su mentora, Elisa Carri√≥, plantean muchas dudas acerca del resultado efectivo del dise√Īo electoral de la derecha. Sobre todo si consideramos que fuera de ella a√ļn sobreviven Massa/ De La Sota, Stolbizer, la izquierda trosquista y Rodr√≠guez Saa, todos en pugna por el voto opositor. En este sentido, el resultado de ayer deja a Macri magullado y a la f√≥rmula Scioli / Zanini con perspectivas muy promisorias para vencer en las PASO con cierta comodidad. 

Despu√©s veremos c√≥mo se reconfigura el voto opositor. 

Lo que parece es que Macri no da la talla de l√≠der nacional, que no conduce una construcci√≥n pol√≠tica, sino que fue elegido por el establishment, y que las t√°cticas electorales que emple√≥ hasta ahora no salieron bien a la luz de los resultados. La escueta victoria de ayer no le da espacio para llegar a estas instancias decisivas con aire triunfal. M√°s all√° de la debilidad cong√©nita del candidato y de la alianza que lo lleva, pienso que hubo una cadena de decisiones malas que los fueron debilitando: el empe√Īo en promover a Larreta en lugar de Michetti como candidato a intendente; la rigidez con que encar√≥ Macri las negociaciones con sus propios aliados; la insistencia de Dur√°n Barba en presentar una f√≥rmula presuntamente "pura", que representara "la nueva pol√≠tica" y que excluyera (enga√Īosamente) al peronismo (porque el peronismo tambi√©n est√°, un poco escondido, en el PRO); las oscilaciones que fueron desde presentarse como "El Cambio" - idea tambi√©n expresada en el nombre de la alianza-, porque "la gente quiere cambiar" hasta la reivindicaci√≥n que Macri se vio obligado a hacer anoche de "las cosas que se hicieron bien en estos tiempos" (se refiere, aunque le cueste decirlo as√≠, al gobierno kirchnerista): AUH, ANSES, YPF, Aerol√≠neas Argentinas... Esto representa una s√ļbita "kirchnerizaci√≥n" de su discurso y una admisi√≥n de que la "gente" no quiere tanto cambio como el que hasta hace poco Macri promov√≠a (o en la direcci√≥n que √©l propon√≠a).

Habr√≠a que evaluar tambi√©n si el entrevero del macrismo en la maniobra de Bonad√≠o, enviando a la Metropolitana a la provincia de Santa Cruz para hacer una serie de procedimientos irregulares que est√°n al borde de ser declarados nulos y que ya lograron el apartamiento de Bonad√≠o de la causa Hotesur, no volc√≥ a la casi totalidad de los votantes que hab√≠a obtenido Recalde en primera vuelta hacia la candidatura de Lousteau. El costo econ√≥mico de enviar a la Metropolitana al sur, acompa√Īando la aventura fallida de Bonad√≠o, fue pagado con fondos del presupuesto porte√Īo, pocos d√≠as antes de la elecci√≥n en que Macri se jugaba una partida decisiva. ¿No fue eso una torpeza muy grande que logr√≥ empujar a muchos indecisos porte√Īos a votar contra el PRO? Si as√≠ fuera, la aventura de la Metropolitana y Bonad√≠o ser√≠a el "caj√≥n de Herminio" amarillo.


- La ambivalencia de Lousteau y... ¿Cambiemos? ¿ECO? Cuando anoche Maximiliano Montenegro le ped√≠a a Lousteau precisiones acerca de su posici√≥n en las inminentes PASO nacionales, el ex ministro, autor de la 125, respond√≠a con evasivas. Ante la repregunta del periodista, Lousteau dijo que √©l trabajar√° para los candidatos de "su" espacio. ¿Incluido Macri? Lousteau contest√≥ que sus precandidatos son Elisa Carri√≥ (CC), Ernesto Sanz (UCR) y Margarita Stolbizer (GEN). Pero sabemos que los dos primeros forman parte de Cambiemos, que trabaja para la candidatura de Macri, igual que Coti Nosiglia, el armador de su espacio en CABA. ¿Entonces? Entonces, adem√°s de la endeblez del armado de la derecha, esto pone en evidencia el car√°cter sustancialmente ambivalente de Lousteau, un tipo que parece destinado a traicionar todos los espacios por los que pasa. Una especie de Cleto Cobos m√°s joven y marquetinero. Los 800 mil votos que obtuvo ayer significan pol√≠ticamente muchas cosas y ninguna, una especie de bot√≠n disponible para cualquier aventura, pero que le bast√≥ para colocarse como "oposici√≥n constructiva" de Larreta y segunda fuerza en la Legislatura porte√Īa, as√≠ como abrir una hendija por la que se cuela la vuelta del nosiglismo a la pol√≠tica porte√Īa. A este regreso contribuyeron tambi√©n los votos kirchneristas que se movieron en una escaramuza t√°ctica antimacrista, de resultados a√ļn inciertos para el propio kirchnerismo. Lo cual nos lleva al tercer punto que quiero destacar.

- Kambiemos: Es evidente que la casi totalidad de los votos K de la primera vuelta se inclin√≥ ayer en favor de la turbia construcci√≥n pol√≠tica del nosiglismo porte√Īo, movidos por un anti-macrismo futbolero y por el deseo de birlarle el territorio al PRO, usando a Lousteau como instrumento de castigo. Habr√° que ver si no fue al rev√©s: si los votos kirchneristas no fueron usados para tratar de dejar afuera al kirchnerismo de la pol√≠tica porte√Īa, construyendo en su lugar a un mu√Īeco catch-all, el propio Lousteau, cuya identidad pol√≠tica se muestra como indescifrable o directamente destinada a traicionar cualquier mandato. En todo caso, los kirchneristas que militaron con fervor por Lousteau en esta quincena lograron ser derrotados una vez m√°s por el PRO, solo que ahora conducidos pol√≠ticamente por un adversario tal vez peor que el propio Macri, al fin de cuentas un rival de posici√≥n transparente, mientras que el neo-nosiglismo que Lousteau encarna se reviste de la enga√Īosa apariencia de un candidato vagamente progresista que puede disputar con su ambig√ľedad una parte de la base social del kirchnerismo porte√Īo. No se llega a este resultado solo por astucia de Nosiglia, de Carri√≥ y de Lousteau, sino tambi√©n por el descuido que el kirchnerismo tuvo en todos estos a√Īos hacia el electorado porte√Īo. La tard√≠a irrupci√≥n de Recalde, un candidato s√≥lido pero sin tiempo para hacerse conocer, y ahora la candidatura de Kicillof como diputado pretenden empezar a reverir esta extendid√≠sima derrota kirchnerista en Capital. Pero la furia que reinaba anoche en las redes sociales en gran parte del kirchnerismo virtual porte√Īo habla tambi√©n de la inconsistencia pol√≠tica de este sector, que a esta altura parece m√°s porte√Īo que kirchnerista, dado el fervor con que milit√≥ por uno de los candidatos de Cambiemos para derrotar al otro. Lo penoso fue que para inclinar la balanza hacia Lousteau, el kirchnerismo 2.0 no dud√≥ en instalar mentiras sobre el valor del voto en blanco (se insisti√≥ hasta el absurdo con que los votos en blanco se sumaban a Larreta) y anoche sus intervenciones en las redes sociales sonaban m√°s enardecidas que cuando el FPV sufri√≥ derrotas en carne propia. Parad√≥jicamente, tanto celo y la desacreditaci√≥n del voto en blanco hicieron posible que este sector fuera derrotado por el PRO por tercera vez en pocos meses. ¿S√≠ndrome de Estocolmo? Y los celosos nosiglistas K "acusaban" de su propia derrota a quienes desde el principio anunciamos la intenci√≥n de votar en blanco. Como si tuvi√©ramos que alinearnos todos detr√°s de este tacticismo abombado. 

En todo caso, creo que esos bandeos del kirchnerismo porte√Īo hablan (igual que la dureza con que muchos de ellos se hab√≠an encolumnado hace poco detr√°s de Randazzo, al que llamaban "el candidato de Cristina") de la crisis de transici√≥n que va a sufrir en los pr√≥ximos meses la identidad pol√≠tica del kirchnerismo metropolitano. Habr√° que ver c√≥mo se procesa el paso del liderazgo de Cristina desde la Casa Rosada hacia el llano. Pero la furia antisciolista/pro-randazzista primero y ahora la furia antimacrista/pro-nosglista abren un interrogante sobre la consistencia ideol√≥gica del kirchnerismo porte√Īo y el riesgo de convertirse en una identidad reactiva a merced de aventuras veleidosas.