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lunes, 11 de mayo de 2026

Después del desencanto

Los Panero: especies que desaparecen

Una madre y tres hijos se reúnen para evocar al padre, el poeta y patriarca español Leopoldo Panero. Bajo esa premisa El desencanto (1976) retrata a una especie de raza sin descendencia, sumida en el alcoholismo y el rencor. 

I

Esta primera parte de la nota fue publicada originalmente en revista La otra n° 22,  verano de 2010

Cuando yo era bastante chico, una película tuvo sobre mí un efecto arrasador y aún hoy difícil de olvidar. El desencanto de Jaime Chávarri. Nunca había visto una película así (y ahora puedo decir que no he vuelto a ver otra igual). Nunca pensé que un documental pudiera ser eso, quizá porque mi aprendizaje cinéfilo haya sido marcado por la revelación de que un verdadero documental siempre es más interesante, más fuerte y más peligroso que un film de ficción: un documental es más cine.

El desencanto: familia Panero, de la ciudad de Astorga, en las postrimerías del franquismo. Mediados de la década del 70. Leopoldo Panero: un hombre al que se refieren como poeta oficial del régimen declinante, un hombre ya muerto. Su viuda e hijos: Felicidad Blanc, Juan Luis, Leopoldo María y Michi. Al comienzo, vemos la estatua del poeta, envuelta y atada: ese hombre del que todos van a hablar en la película (del que van a hablar de una manera despiadada) no podrá responder a lo que de él se dice. Jaime Chávarri, el director de El desencanto, tiene la astucia de no mostrar nunca la estatua descubierta, de modo que Panero será siempre para mí un hombre envuelto y atado. 

La viuda, Felicidad, es una señora melancólica de la burguesía española tratando de ajustar cuentas con la memoria de su esposo, con toda la delicadeza de la que es capaz (que tampoco es tanta), sin privarse por ello de que quede claro que él la hizo desdichada. Ese movimiento tenso de ella hacia una verdad cruel, sugerida con elegancia, será desbaratado constantemente por sus hijos, que se complacerán en darle la razón ridiculizándola, puesto que todos parecen acordar en que si el padre la hizo infeliz, ella se entregó a ese destino y se aseguró de hacerlos igualmente infelices a ellos. 

Juan Luis es el hijo mayor. Acepta el rol antipático que los otros le dan (en la familia Panero todos están de acuerdo en hacer el papel que les toca), y todo el tiempo asume una pose histriónica que se mueve con más comodidad entre sus fetiches y citas literarias que abriendo sus sentimientos. Michi, el menor, el muchacho aún tierno, también el más bonito (la vida será después despiadada con Michi, pero eso queda afuera de El desencanto), defiende a su mamá, dice que ha sido el descubrimiento más deslumbrante que la vida le deparó, pero que tuvo que morirse el padre para que él se diera cuenta de eso. Y cuando Felicidad parece dispuesta a aceptar el piropo, entonces Michi la deja pagando, le tira un reproche que ella no sabrá esquivar. 

Todos ellos hablan de Leopoldo María, el que “se ha terminado por convertir en un verdadero peligro para nosotros” (lo dice Michi). Pero ya pasó la mitad de la película y Leopoldo María, el hermano del medio, no aparece. Uno puede llegar a creer que la película se sostendrá sobre dos ausencias: la de Leopoldo padre y la de Leopoldo María hijo. Entonces Leopoldo María aparece. Y todo lo que hasta ese momento fue la irónica desarticulación del mito de la familia amorosa se vuelve con su presencia y su palabra una demolición implacable: “…ese repudio unánime que todos ellos han hecho contra mí, ese resentimiento que he encontrado en todos ellos como su única pasión…”.

Contra todas las apariencias, los Panero son capaces de deslizar palabras amorosas en medio de la demolición. Quizá ese sea su gesto más inquietante: que ellos puedan aún quererse y que sean capaces de decirlo en medio de los reproches más ofensivos. Ese terrible poder es ejercido ante todo por el más cruel, el que parecía el primero en quebrarse y ha sido al final el más fuerte, Leopldo María: 


“Yo y Juan Luis, que éramos los que más bebíamos y llevábamos una conducta parecida a la de mi padre, nos convertimos en sustitutos de mi padre, pero al nivel más malo, no ya como la metáfora paterna, sino como su realidad, ¿no? Y mi madre… pues no sé, puede decirse que la verdad es que tenía razón cuando nos convierte en sinónimos de lo peor de mi padre, porque yo y mi hermano Juan Luis y mi hermano Michi, que ahora empieza (porque hasta ahora había sido el ideal), hemos sido la causa del desastre más absoluto de mi madre. Aunque, en fin, todos… aquí el que no corre vuela, porque mi madre también fue la causa de mi desastre, etcétera, etcétera”.

Nunca imaginé que un documental pudiera desplegar tal grado de ferocidad y de melancolía, que yo pudiera terminar queriendo a esos seres reales, personas que dan miedo pero también quiere uno guardar en su memoria. El blanco y negro plateado y la música elegíaca de Schubert envuelven la penumbra de Michi cuando dice: “Por mi experiencia personal a lo largo de estos años, me temo que no vamos a tener descendencia. Entonces me interesa resaltar esto, porque somos un fin de raza nada wagneriano. Somos un fin de raza astorgano, muy erosionado por el tiempo, y tampoco es nuestra la culpa, llevamos tantos hectolitros de alcohol en nuestra sangre, tanto por parte de padre como de madre, que hay un momento en que por lo visto no damos más de sí. Yo precisamente ahora en septiembre voy a hacerme unos exámenes médicos para descubrir si podemos perpetuar la raza de alguna forma”.

Leopoldo padre, envuelto y atado

Y la imagen final, la del principio, del poeta oficial envuelto y atado, y su epitafio: “Ha muerto/ acribillado por los besos de sus hijos,/ absuelto por los ojos más dulcemente azules,/ y con el corazón más tranquilo que otros días…”.


II

(Aparecida previamente en revista bache) 

   

Hemos de asumir que los Panero ya eran unos personajes extraordinariamente fascinantes antes de que la cámara de Chávarri se pusiera a rodar la primera toma. Histriónicos, mordaces, desesperados, fotogénicos, locuaces y muy conscientes de sus atributos. Cuando Chávarri los filma su mérito será primeramente no arruinar semejante maravilla del horror. Como la película fue un encargo de la propia familia, más precisamente de la madre, Felicidad, y del hijo mayor, Juan Luis, para hacer una especie de homenaje institucional, que Chávarri confiesa que nunca hubiera emprendido por su propia iniciativa, debe haber habido algún momento en el rodaje en el que advirtió que ellos mismos estaban dispuestos a llevar a cabo un ajuste de cuentas familiar, literario y político de envergadura mayor, una ceremonia fúnebre capaz de desbaratar la inocuidad de cualquier homenaje institucional hasta convertirse primero en un parricidio simbólico y luego en la celebración elegante y cruel del fin de una época: la muerte de Franco, de la que la muerte de Panero y su “fin de raza” son una expresión melancólica y veraz. 

Michi dice al final de El desencanto: “En esta familia, lo que no es literatura es silencio”. Esa conciencia autonarrativa que los cuatro comparten es la base existencial y sociológica sobre la que Chávarri va a erigir su hazaña: si contó con horas de testimonios donde los hermanos despedazaban a sus padres y entre ellos, incluso cada uno a sí mismo, el cineasta comprendió que su oficio solo debía dejar sonar a todos juntos como si se tratase de una orquesta de cámara, encontrar el tempo preciso de la agonía familiar, su tono, su luz plateada, dejar que la entonación de cada uno los construyera como personas dramáticas y manifestara con elegancia el proceso de corrosión que en ellos dejaba ver el trauma franquista. Posiblemente Chávarri, mientras hacía todo esto, no fuera extremadamente consciente de lo mucho que tenía en sus manos. 

Quizá no haya un documental previo que pudiera servirle de antecedente para fundar un género nuevo, que desde entonces tiene en esta película su modelo insuperable. Es posible que Chavarri no controlara la operación política y familiar que la madre y los hermanos estaban haciendo, que ellos sí podían ejecutar con exquisita maldad y piedad y poniendo en juego todas las referencias literarias que el mejor guionista no hubiera podido concitar. Chavarri solo los dejó ser y encontró la arquitectura precisa, sin repetir y sin soplar. 

La paradoja es que los Panero sabían que eran un fin de raza, que no tendrían descendencia filial ni literaria, pero ofrecieron su testimonio para iniciar un linaje cinematográfico. Esa conjunción astral que hace de un naufragio humano una obra de arte feliz es lo que medio siglo después, cuando todos ellos murieron y ya no pueden hacerse más daño, agradecemos.

III

La vida de los Panero después de El desencanto fue, en varios sentidos, una extensión de la decadencia y genialidad que mostraron en pantalla. Ninguno de los hijos superó los 70 años, cumpliendo la profecía sobre el fin de raza que plantea Michi al final de la película.

Felicidad Blanc, la madre: Después del documental, ella publicó sus memorias tituladas Espejo de sombras (1977), en la que intenta dejar su propia versión de su vida con Panero, la muerte de su esposo y su vida con los hijos. Vivió alejada del foco mediático y liberada de la opresión que sintió durante su matrimonio. Murió en 1990 en San Sebastián. 

Felicidad Blanc en El desencanto

En 1994, los hermanos aparecen en un segundo documental, Después de tantos años, dirigido por Ricardo Franco, donde se puede ver su desgaste físico y emocional tras dos décadas de soledad.  Después de tantos años se resuelve cinematográficamente de una manera menos refinada que su predecesora. Mientras que El desencanto mantenía una estructura de melodrama coral en un elegíaco blanco y negro, la secuela no logra eludir un formato más cercano al periodismo. Franco cita fragmentos de El desencanto para contrastar la lucidez juvenil con el presente. Funciona como un espejo cruel donde los personajes se ven a sí mismos veinte años después, confirmando que el desencanto no era una etapa sino un destino. El tono es más sombrío y su atractivo radica en gran parte en cierto morbo por ver cómo han quedado los personajes que nos habían deslumbrado. 

Juan Luis

Juan Luis Panero, el primogénito: Fue el que mantuvo una vida y una carrera literaria más convencionales. Se consolidó como un poeta respetado, ganando premios como el Comillas por sus memorias Sin rumbo cierto (1999). Vivió sus últimos años en Torroella de Montgrí, Gerona, donde murió en 2013, a los 71 años. Hasta el final mantuvo su pose de dandi culto y cínico que se ve en la película. 

Su obra: es un poeta de la memoria y la derrota desde una contención formal. Se centra en el paso del tiempo, los viajes, el alcohol, los paraísos perdidos y una soledad aristocrática. Es una poesía clara y escéptica. Mientras Leopoldo María destruye el verso, Juan Luis lo pule para que brille su amargura. En su poema "Galería de retratos" (del libro Los pasos vacíos), asume su rol de último dandi de una estirpe que se apaga. No hay grito sino un desprecio elegante hacia el legado: 

Contemplo estos retratos, estas sombras

que llevan mi apellido y mi amargura... 

Mi padre, con su voz de trueno y gloria, 

no supo que heredaba una ruina. 

Yo cierro la puerta, apago las luces, 

y soy el último en beber de este vaso roto. 

Leopoldo María

Leopoldo María, el poeta maldito: Se convirtió en exponente de la poesía maldita en España. Su vida la pasó entrando y saliendo de instituciones psiquiátricas, con su diagnótico de esquizofrenia. Desde su reclusión fue extremadamente prolífico y admirado por la crítica literaria. Murió en 2014 en el hospital psiquiátrico de Las Palmas de Gran Canaria. Fue el último de los hermanos en morir. 

Su poesía pasó de un brillante culturalismo pop (Así se fundó Carnaby Street) a un lenguaje donde el sentido se rompe. Su temática queda fijada a sus obsesiones: la muerte, la locura, el excremento, el deseo prohibido y la destrucción del yo. Para él, su padre no es una sombra sino un cadáver que aún asfixia:  

En la tumba de mi padre hay un libro abierto

que nadie lee, que el viento ensucia...

Padre, yo te maté para que no me mataras, 

y ahora tu sombra es el muro de mi celda.

No hay Panero que valga, solo el asco 

de ser tu hijo en este manicomio.

Los críticos detectan que los mundos de Juan Luis y Lepoldo María son espejos invertidos: ambos escriben contra el padre de modos distintos. Juan Luis hereda la forma y el oficio para vaciarlo de su contenido épico-religioso e impregnarlo de nihilismo. Leopoldo María destruye la figura del padre a través de la locura. Entre hermanos hay un diálogo implícito de desprecio y fascinación. Juan Luis veía en Leopoldo la caricatura del genio, mientras que Leopoldo veía en Juan Luis la impostura de la normalidad burguesa. Ambos se postulan como enterradores de un apellido literario. 

En las Canarias en 2009, Leopoldo María recibe un ejemplar de revista La otra en el que aparece un texto sobre El desencanto

En Poemas del manicomio de Mondragón (1987), Leopoldo María expresa en cambio su amor apasionado por la madre: 

Escucha en las noches cómo se rasga la seda 

y cae sin ruido la taza de té al suelo 

como una magia 

tú que sólo palabras dulces tienes para los muertos

y un manojo de flores llevas en la mano 

para esperar a la Muerte

que cae de su corcel, herida

por un caballero que la apresa con sus labios brillantes

y llora por las noches pensando que le amabas,

y dice sal al jardín y contempla cómo caen las estrellas

y hablemos quedamente para que nadie nos escuche

ven, escúchame hablemos de nuestros muebles

tengo una rosa tatuada en la mejilla y un bastón con empuñadura en forma de pato

y dicen que llueve por nosotros y que la nieve es nuestra

y ahora que el poema expira 

te digo como un niño, 

ven he construido una diadema 

(sal al jardín y verás cómo la noche nos envuelve). 

Michi hacia el final de su vida

Michi Panero, el hermano menor: Fue el Panero con menos obra literaria. Trabajó como columnista en medios como el diario EL PAÍS. Vivió la noche madrileña intensamente y en los años 80 fue una figura icónica de la Movida. En sus últimos años regresó a Astorga, enfermo de cáncer y cirrosis. Fue el primero de los hermanos en morir,  en 2004, a los 52 años. 

Poco antes, en una de sus intervenciones más citadas, dejó un texto que resume su posición en la familia: "Yo no soy poeta, soy el espectador de los poetas. Soy el que se quedó a recoger los vasos después de que la fiesta de los Panero terminó en naufragio. Mi herencia es el silencio y mi mayor logro es no haber escrito nada para no manchar más el apellido."

(Nota final: hace poco se conoció el desecanto 16, una hermosa película en la que Lucía Seles vuelve a Astorga en busca de los rastros de los Panero. Esto queda para otra oportunidad).

domingo, 19 de marzo de 2023

dice que el amor se muere y no dice más






El jueves 16 de marzo de 2023 murió el escritor, periodista y actor Enrique Symns. En esta emisión de Patologías Culturales, conducida por Maxi Diomedi, acompañado por Oscar Cuervo, rescatamos diversos momentos de su obra y pensamos qué lugar ocupa para nosotros.

Revista La otra #7, verano 2004

jueves, 16 de junio de 2022

«Me llamo Rainer Werner Fassbinder, me gustaría que se me permita dirigir» (Peer Raben)

Entrevista exclusiva para La otra, publicada en invierno de 2003


De todos los artistas que formaron parte del clan Fassbinder, probablemente Peer Raben (1940-2007) haya sido, junto con el director de fotografía Xaver Schwarzenberger, el que mayor contribuyó a definir el carácter de su cine y a la vez tuvo una relevancia creativa propia más allá de las colaboraciones con el director. En el número 1 de revista La otra (2003) tuvimos el privilegio de entrevistarlo vía e-mail para conocer de manera directa su testimonio. En lo que sigue, reproducimos la entrevista:

La otra: ¿Cómo conoció a Fassbinder?

Peer Raben: En Munich, a principios de los años 60, los estudiantes de teatro a la escuela que yo iba armaron su propio teatro off: el Action-Theater. Como mi objetivo era ser director, en el verano del 68 dirigí una puesta de Antígona de Sófocles. Al final de la función se quedó esperando un joven para hacerle algunos comentarios al director. Sin embargo, lo que quería era expresar era su interés para participar en el grupo. Se presentó así: «Me llamo Rainer Werner Fassbinder, por el momento soy estudiante de teatro, pero estoy seguro de poder colaborar en todo lo que sea necesario. Además me gustaría que se me permita dirigir». Sin embargo, rápidamente resultó claro que no solo se refería a la dirección teatral sino que ya tenía en la cabeza la dirección cinematográfica. Así comenzó todo. La consecuencia fue la co-dirección entre nosotros dos de cinco obras en el Action-Theater, más tarde conocido como Anti-Theater, entre ellas tres escritas por el propio Fassbinder. En los años siguientes vinieron las producciones cinematográficas.

Lo: Dado que usted en sus comienzos era actor y director teatral, ¿cómo fue que se terminó dedicando a la música?

PR: Nunca me interesó realmente trabajar como actor de teatro, por lo que aproveché la primera oportunidad de probarme como compositor cuando necesitamos tener la música para una puesta teatral. Como eso salió bien, cuando Fassbinder comenzó a filmar me arriesgué a componer música para las películas.

Lo: Usted fue uno de los colaboradores permanentes de Fassbinder, su nombre aparece más que el de cualquier otro, hasta el punto de que el cine de Fassbinder se hace indiscernible del carácter que le brinda su música. A la inversa, cuando se oye su música se la asocia directamente al cine de Fassbinder. Algo similar puede decirse de la colaboración de Fellini con Nino Rota o Angelo Badalamenti con David Lynch. En el caso de ustedes, ¿hasta qué punto se conversaba entre ambos el carácter de la música y la función que tenía en cada película?

PR: Quiero citar a Rudolph Arnheim, el psicólogo berlinés, quien escribió en uno de sus ensayos sobre el cine: «En las películas artísticas, las imágenes y la música deben colaborar entre sí en un contrapunto». Fassbinder entendió rápido que mi música para cine se regía por ese principio. Ahora bien, esto no siempre es fácil de lograr. Por eso, cuando dos artistas descubren que su colaboración ha funcionado bien, no sorprende que sigan trabajando juntos. Se crea entonces una simbiosis tan fuerte entre las películas y la música que en la memoria de los espectadores ambas van de la mano. El espectador asocia con total naturalidad las películas de Fassbinder a la música de Peer Raben y las películas de Fellini a la música de Nino Rota.

Lo: Cuando en las películas de Fassbinder no era usted directamente el compositor, ¿lo asesoraba sobre qué otras músicas debían sonar en determinados pasajes?

PR: ¡No! 

 

Lo: Muchas veces en el cine de Fassbinder su música produce un efecto de distanciamiento: por ejemplo, ciertas situaciones muy dramáticas en Desesperación (Despair, 1978) o en El deseo de Veronika Voss (Die Sehnsucht der Veronika, 1982) son acompañadas por una música que suena alegre o al menos ambigua. ¿Este distanciamiento era acordado entre Fassbinder y usted?

PR: En general la música debería acentuar la atmósfera de una película solo en pocos casos. Lo mejor sería que la música cuestionara esa atmósfera para hacer pensar al espectador, así tiene que descubrir con su pensamiento la discrepancia entre ambas.



Lo: En películas como Berlín Alexanderplatz o Un año con trece lunas Fassbinder diseñó un collage sonoro en el que los ruidos, las voces y la música estaban integrados rítmicamente. ¿Usted participó en ese diseño sonoro o solo compuso la música propiamente dicha?

PR: Un ejemplo: Fassbinder quería comenzar El matrimonio de María Braun con un ruido muy violento, que debía oírse como el ruido de la guerra que todo lo ahoga. La música también debía verse arrasada por ese ruido. Para ese comienzo propuse un suave pasaje para piano n° 5 de Beethoven, una parte que a Fassbinder le gustaba particularmente. Como consecuencia de ese montaje inicial, mantuve el leitmotiv de "música destruida" (Zerstörte Musik) para toda la música de la película. El desarrollo de ese collage fue una colaboración entre director y compositor.


Lo: Cuando compone música para cine, ¿piensa que puede ser escuchada fuera de la película?

PR: ¡No, jamás! Tampoco sería bueno perseguir otros intereses, más allá de hacer con la música lo mejor para la película.

Lo: En cuanto a las canciones que Ingrid Caven o Hanna Schygulla cantan en Whity, Mamá Küster o El soldado americano, ¿fue difícil para elllas memorizar líneas melódicas tan disonantes?

PR: Sabía que Ingrid Caven tenía una buena formación musical. Por eso pude arriesgarme a componer líneas melódicas que no a cualquiera se le fijan inmediatamente. Para Hanna Schygulla era un poco más difícil. A pesar de todo. pude arriesgarme a crear canciones folk poco habituales para los números en el bar de Whity. Gracias a Ingrid también pudo Hanna interpretar esas canciones.


Lo: Hace unos años en el teatro Colón de Buenos Aires se proyectó Lulu de Pabst, con la música que usted compuso ejecutada por la orquesta en vivo. ¿Cómo fue la experiencia de musicalizar un film mudo? ¿Le interesaría repetir la experiencia con otros films?

PR: Fue una experiencia artística muy fructífera, ya que pude ampliar las posibilidades, darle una atmósfera a las escenas y, a pesar de eso, al mismo tiempo enfatizar la sincronización con las imágenes. Me encantaría repetir esa experiencia.

Lo: ¿A qué otros compositores admira?

PR: Los músicos que he admirado siempre son J. S. Bach, Bela Bartok y H. Villa-Lobos.

Lo: ¿Qué piensa hoy del cine de Fassbinder? Usted ha trabajado con otros directores de cine. ¿Piensa que en el cine actual hay directores de la relevancia artística de Fassbinder?

PR: Sus películas son todavía hoy los mejores ejemplos de cine arte. Todas sus películas traen nuevas sorpresas de contenido y formales en cada revisión. Por el momento no conozco a ningún director que pueda tener un significado similar al que tiene Fassbinder.


Lo: ¿Con qué artistas se siente más cercano a nivel espiritual o creativo?

PR: Para responderle quiero contar una experiencia personal: cuando allá por 1960 escuché por primera vez la música de Claudio Monteverdi quedé impactado y pensé: "Esta es la música que yo escribiría si fuera compositor". Entonces tomé la decisión de que debía convertirme en director, ya que esta música me parecía tan conocida como si la hubiera escuchado cientos de veces. A medida que más me ocupaba de Monteverdi, más notaba que mis propias ideas espirituales y creativas armonizaban con su obra. Por eso la respuesta a esta pregunta es: Claudio Monteverdi.

* A principio de este siglo Peer Raben compuso para Wong Kar-wai algunos temas para las películas The Hand y 2046.

miércoles, 18 de julio de 2018

martes, 16 de mayo de 2017

Lo personal y lo político, diez años después


En 2007 este blog no existía. El país estaba presidido por Néstor Kirchner, en su último año de gobierno. El festival de cine de Mar del Plata estaba dirigido por Miguel Pereira. En la competencia latinoamericana, la película M, de Nicolás Prividera, ganó el premio Ernesto "Che” Guevara. El jurado de esa competencia estaba integrado por Teresa Toledo Cabrera, Carlos Diegues, Alberto "Chicho" Durant, Victor Gaviria y Federico León.

El kirchnerismo ya hacía 4 años había iniciado su política de impulso a los juicios contra el terrorismo de estado.

El genocida Jorge Rafael Vídela tenía una condena firme a reclusión perpetua por la llamada "Causa 13" de 1985 durante la presidencia de Alfonsín, que reunía distintos crímenes ocurridos en la dictadura. Sin embargo, había sido indultado en 1990 por el presidente Menem. En 1996 se abrió la causa que planteaba que el robo de bebés era un plan sistemático organizado que debía ser tratado como un crimen de lesa humanidad y por lo tanto no podía prescribir. En 1998, el entonces juez federal de San Isidro Roberto Marquevich abrió la primera investigación en una causa donde se investigaba el destino de un bebé nacido en cautiverio y dispuso la detención de Videla. Pero al mes siguiente, el jefe del terrorismo de estado volvió a su casa, gracias al beneficio de la prisión domiciliaria, bajo la excusa de que el genocida ya tenía más de 70 años. Tenía prohibida la salida de su departamento del quinto piso de la avenida Cabildo, en el barrio de Belgrano. A pesar de esa prohibición, hay testimonios fotográficos que prueban que el militar asesino paseaba tranquilamente por la calle, burlando la disposición judicial. 

Desde 2003, se habían reabierto las investigaciones de los crímenes de la dictadura, luego de haber sido derogadas por el Congreso las leyes de Obediencia Debida y Punto Final dictadas por el gobierno de Alfonsín. La derogación legislativa se logró gracias a un proyecto de la entonces diputada Patricia Walsh. Una decena de causas empezaron a incluir entre los imputados el nombre de Videla.

El diario La Nación, dirigido por Bartolomé Mitre, reclamó sistemáticamente desde entonces hasta la actualidad el cese de la persecución a los genocidas.

Jorge Mario Bergoglio fue arzobispo de Buenos Aires desde 1998 hasta 2013, Cardenal desde 21 de febrero de 2001 y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina del 2005 al 2011. Durante todos esos años no cesó de reclamar la necesidad de un proceso de "reconciliación nacional", que en los hechos implicaba el punto final de los juicios a genocidas, a pesar de que los responsables del terrorismo de estado nunca manifestaron su arrepentimiento, no pidieron perdón a sus víctimas y no dieron ninguna información sobre el destino de los desaparecidos y los niños nacidos en cautiverio.

El 25 de mayo de 2004 Néstor Kirchner, desde el predio que durante la dictadura había ocupado la ESMA, fue el primer presidente que en carácter de tal pidió perdón a las víctimas del terrorismo de estado. Kirchner además ordenó al entonces jefe del ejército que descolgara el cuadro de Videla que 21 años después del fin de la dictadura seguía colgado en el Colegio Militar.

En 2008, el poder judicial dispuso, en una causa por robo de bebes apropiados, que cesara el beneficio de la prisión domiciliara al dictador y ordenó mandar a Videla a la Unidad 34 de Campo de Mayo, donde se recluían los infractores al código de justicia militar. La organizaciones de derechos humanos reclamaron que el jefe del terrorismo de estado fuera a parar a una cárcel común. 

En julio de 2010, por disposición del Servicio Penitenciario! Videla fue enviado a la cárcel común de Marcos Paz donde quedó alojado en un pabellón destinado a presos por crímenes de lesa humanidad.


En agosto de 2010 la Corte Suprema de Justicia determinó que los indultos recibidos durante la presidencia de Menem eran anticonstitucionales y dejó así firme la condena por la llamada "Causa 13". 

El blog de misceláneas La Lectora Provisoria, editado por el árbitro de fútbol Quintín y su señora esposa Flavia de la Fuente comenzó por entonces una indignada campaña considerando a Videla una víctima de la persecución política del kirchnerimo. En ese mismo blog se hizo habitual el planteo de que el número de víctimas del terrorismo de estado era muy menor a 30 mil, consigna que años más tarde levantó el régimen macrista en su política negacionista.

En diciembre de 2010 Videla fue condenado por el fusilamiento de 31 presos políticos en la Unidad Penitenciaria 1 de Córdoba durante la dictadura. En 2013 el Tribunal Oral Federal 6 lo condenó por planear y ejecutar un plan sistemático de robo de bebés nacidos en cautiverio, miemtras sus madres "desaparecieron" secuestradas por el estado. Videla ocultó el destino de esos bebés apropiados. El tribunal le dictó una pena de 50 años de prisión y unificó las sentencias anteriores en una pena única de reclusión perpetua.

El 17 de mayo de 2013 el jefe máximo del terrorismo de estado argentino murió en una cárcel común. Tenía aún varios procesos pendientes que quedaron impunes gracias a las dilaciones que el propio estado argentino propició hasta que durante el gobierno kirchnerista se cesó por primera vez con la complicidad con los terroristas de estado.

En febrero de 2008 empezó a editarse este blog. En esos primeros días, el blog contaba la visita de 40 lectores diarios. En el mes de abril reciente, el blog La otra llegó a las 300 mil visitas mesuales.

Pocas semanas después del inicio de este blog, la oligarquía terrateniente empezó una feroz campaña desestabilizadora contra la Presidenta Cristina Fernández. Durante cuatro meses la oligarquía nucleada en la mesa de enlace cortó las rutas del país, desabasteció las ciudades, retuvo el producto de sus cosechas para dañar la economía del país e intentó una salida anticipada de Cristina, con una intensa campaña coordinada desde los medios de comunicación más poderosos. Es que el gobierno de Cristina tomó la iniciativa de aplicar mayores retenciones a la renta agraria, afectando así ya no solo a los ejecutores militares sino a los beneficiarios de las políticas económicas de la dictadura, los jefes civiles del terrorismo de estado.

En esos años de acoso de las clases dominantes contra el gobierno democrático de Cristina, creció una generación militante que vino a sumar a los reclamos de juicio y castigo a los dictadores una disputa de política económica sobre la distribución de la renta nacional. Se ajustaban las cuentas así no solo con los crímenes cometidos por la dictadura, sino también con la estructura económica desigual que ese período diseñó y que los gobiernos civiles desde 1983 acentuaron. Pese a las injurias, corridas cambiarias y campañas de acción psicológica, Cristina pudo completar su presidencia hasta el último día de mandato. Varios organismos de derechos humanos entendieron que el proceso judicial a los criminales de Lesa Humanidad era la precondición para poder cuestionar la desigualdad social y la dependencia económica  que la dictadura instauró. 

Asumido el poder por parte del ingeniero macri, comenzó un crescendo para desandar todas estas políticas. Este procesó llegó a un punto de inflexión cuando la nueva corte, bajo la instigación del juez Rosenkranz, delegado de Clarín en la cúspide del poder judicial, otorgó hace dos semanas la reducción de la pena a uno de los terroristas de estado, por un crimen imprescriptible. Esa sentencia abre la posibilidad de que otros peligrosos agentes estatales que hoy están en prisión por sus asesinatos durante la dictadura recobren la libertad. Es también una señal para que los actuales miembros de la fuerzas de seguridad sientan que tienen un permiso social para volver a participar de un plan represivo y quedar impunes.

La impresionante movilización social del 10/5 de los organismos de derechos humanos, apoyados por partidos políticos, sindicalistas, artistas e intelectuales, en repudio contra este nuevo intento de impunidad de los terroristas de estado, logró que el intento, patrocinado por la Iglesia Católica, quedara por el momento en suspenso.

Diez años después de la aparición de esta nota en revista La otra sobre M -que la vincula con dos películas estéticamente y políticamente muy diferentes, Tarnation (Jonathan Caouette) y Fotografías (Andrés DiTella), - creo que puede leerse no sin interés, por la manera como quedan articuladas cuestiones estéticas, éticas y políticas. Ahora que el blog tiene mucho mayor alcance que la revista en la que fue originalmente publicada, la nota queda disponible para más cantidad de lectores. 

Para poder leer el texto en su tamaño originar, se recomienda clickear sobre las imágenes. Al final de la crítica, incluyo una discusión con Prividera tal como salió en ese mismo número de revista La otra.




sábado, 29 de noviembre de 2014

Si te olvidás las rosas, no vengas el domingo

Las músicas de tapa de La otra
Este domingo a medianoche en La otra.-radio. FM La Tribu. 88,7



Tapa alternativa de revista La otra 25, inédita

Viajé 500 millas solo para ver un halo
desde San Petersburgo vinimos Scarlett y yo
cuando abrí los ojos estaba completamente ciego
y si le das suerte a un hombre, tiene que caerse al mar
y ella quiere que robes y que te atrapen
porque te ama por todo eso que no sos
cuando te caés, te caés
cuando te caés, te caés, te caés

Si te olvidás las rosas, no vengas el domingo
ella no te va a elegir por el hecho de que insistas
andá y tomate un trago de veneno y disfrutalo
y no pidas cubiertos, no pidas nada
andá y poné la oreja en el suelo
sabés que vas a escuchar ese sonido cuando estés cayéndote
te caés, te caés
te caés, te caés, te caés

Cuando te caés, te caés, te caés

Andá a ver cómo se balancea la bola de demolición
todos sabían que ese hotel no tenía futuro
rompieron las ventanas, se llevaron los picaportes
y lo transportaron en un par de días
ahora alguien está gritando: se cae
sacate el sombrero
todos nos vemos más pequeños cuando estamos en el piso
te caés, te caés, te caés
te caés, te caés, te caés

Alguien se cae, se cae, se cae
se cae, se cae, se cae
y se cae.

(Falling down, Tom Waits, traducción Maite Veselova)




Diseños de tapas: Luciano Roldán

Este domingo, la música de las tapas: Tom Waits, Liliana Herrero, Eduardo Mateo, Albert Pla, Radiohead.

Columnistas invitados: Mariano Kestelboim (economía), José Miccio y Lautaro García Candela (desde el Festival de Mar del Plata). Medianoche del domingo en www.fmlatribu.com

viernes, 7 de marzo de 2014

El desencanto

 Los Panero: un fin de raza


[A propósito de la muerte reciente de Leopoldo María Panero, el último integrante de esa familia que conocí hace muchos años gracias a una película terrible y hermosa llamada El desencanto (Jaime Chavarri, España, 1976), me puse a revisar todo lo que sobre ellos y ella escribí y edité en estos años. Como esta nota publicada en verano de 2010 en La otra n° 22]

Cuando yo era bastante chico, una película tuvo sobre mí un efecto arrasador y aún hoy difícil de olvidar. El desencanto, de Jaime Chavarri. Nunca había visto una película así, (y ahora puedo decir que no he vuelto a ver otra igual). Un documental... nunca pensé que un documental pudiera ser eso. Quizá mi aprendizaje cinéfilo haya sido marcado por la revelación de que un verdadero documental siempre es más interesante, más fuerte y más peligroso que un film de ficción: un documental es más cine.

El desencanto: Familia Panero, de la ciudad de Astorga, en las postrimerías del franquismo. Mediados de la década del 70. Leopoldo Panero: un hombre al que se refieren como poeta oficial del régimen declinante, un hombre ya muerto. Su viuda e hijos: Felicidad Blanc, Juan Luis, Leopoldo María y Michi. Al comienzo, vemos la estatua del poeta, envuelto y atado: ese hombre del que todos van a hablar en la película (del que van a hablar de una manera despiadada) no podrá responder a lo que de él se dice. Jaime Chavarri, el director de El desencanto, tiene la astucia de no mostrar nunca la estatua descubierta, de modo que Panero será siempre para mí un hombre envuelto y atado. La viuda, Felicidad, es una señora melancólica de la burguesía española, tratando de ajustar cuentas con la memoria de su esposo, con toda la delicadeza de la que es capaz -que tampoco es tanta- sin privarse por ello de que quede claro que él la hizo desdichada. Ese movimiento tenso de ella hacia una verdad cruel, sugerida con elegancia, será desbaratado constantemente por sus hijos, que se complacerán en darle la razón ridiculizándola, puesto que todos parecen acordar en que si el padre la hizo infeliz, ella se entregó a ese destino y se aseguró de hacerlos igualmente infelices a ellos.

Juan Luis es el hijo mayor, el que acetpa el rol antipático que los otros le dan (en la familia Panero todos están de acuerdo en hacer el papel que les toca), y todo el tiempo asume una pose histriónica que se mueve con más comodidad entre sus fetiches y citas literarias que abriendo sus sentimientos. Michi, el menor, el muchacho aún tierno, también el más bonito (la vida será después despiadada con Michi, pero eso queda afuera de El desencanto), defiende a su mamá, dice que ha sido el descubrimiento más deslumbrante que la vida le deparó, pero que tuvo que morirse el padre para eso. Y cuando Felicidad parece dispuesta a aceptar el piropo, entonces Michi la deja pagando, le tira un reproche que ella no sabrá esquivar. 

Todos ellos hablan de Leopoldo María, el que “se ha terminado por convertir en un verdadero peligro para nosotros” (lo dice Michi). Pero ya pasó la mitad de la película y Leopoldo María, el hermano del medio, no aparece. Uno puede llegar a creer que la película se sostendrá sobre dos ausencias: la de Leopldo padre y la de Leopoldo María hijo. Entonces Leopldo María aparece. Y todo lo que hasta ese momento fue la irónica desarticulación del mito de la familia amorosa se vuelve con su presencia y su palabra una demolición implacable: “...ese repudio unánime que todos ellos han hecho contra mí, ese resentimiento que he encontrado en todos ellos como su única pasión...”.

Contra todas las apariencias, los Panero son capaces de deslizar palabras amorosas en medio de la demolición. Quizá ese sea su gesto más inquietante: que ellos puedan aún quererse y que sean capaces de decirlo en medio de los reproches más ofensivos. Ese terrible poder es ejercido ante todo por el más cruel, el que parecía el primero en quebrarse y ha sido al final el más fuerte, Leopldo María: 

“Yo y Juan Luis, que éramos los que más bebíamos y llevábamos una conducta parecida a la de mi padre, nos convertimos en sustitutos de mi padre, pero al nivel más malo, no ya como la metáfora paterna, sino como su realidad, ¿no? Y mi madre... pues no sé, puede decirse que la verdad es que tenía razón cuando nos convierte en sinónimos de lo peor de mi padre, porque yo y mi hermano Juan Luis y mi hermano Michi, que ahora empieza (porque hasta ahora había sido el ideal), hemos sido la causa del desastre más absoluto de mi madre. Aunque, en fin, todos... aquí el que no corre vuela, porque mi madre también fue la causa de mi desastre, etcétera, etcétera”.

Nunca imaginé que un documental pudiera desplegar tal grado de ferocidad y de melancolía, que yo pudiera terminar queriendo a esos seres reales, personas que dan miedo pero también quiere uno guardar en su memoria. El blanco y negro plateado y la música elegíaca de Schubert envuelven la penumbra de Michi cuando dice: “por mi experiencia personal a lo largo de estos años, me temo que no vamos a tener descendencia, entonces me interesa resaltar esto, porque somos un fin de raza nada wagneriano. Somos un fin de raza astorgano, muy erosionado por el tiempo, y tampoco es nuestra la culpa, llevamos tantos hectólitros de alcohol en nuestra sangre, tanto por parte de padre como de madre, que hay un momento en que por lo visto no damos más de sí. Yo precisamente ahora en septiembre voy a hacerme unos exámenes médicos para descubrir si podemos perpetuar la raza de alguna forma”.

Y la imagen final, la del principio, del poeta oficial envuelto y atado, y su epitafio: “Ha muerto/ acribillado por los besos de sus hijos,/ absuelto por los ojos más dulcemente azules,/ y con el corazón más tranquilo que otros días...”.

sábado, 1 de febrero de 2014

Pasame pique, que te fuiste, y yo ahora me tengo que quedar pensando en todo aquello



Urbano Moraes fue bajista de varias de las formaciones de Eduardo Mateo: El Kinto, en 1967; La Morsa –“nunca llegamos a tocar”–; Tres Bigotes y una Mosca (1982), y La máquina del tiempo, después del regreso definitivo a su país en 1986, luego de un accidentado periplo. Tocó con varios grandes de la música rioplatense (como Rubén Rada y Hugo Fattorusso) y conoció los circuitos europeos antes de dedicarse a hacer su música en su país. Dice Urbano:

-Ahora los guachos están alucinados con Mateo y quieren imitarlo, pero sería bueno poder rescatar la cabeza de Mateo, cómo encaraba la vida. Nosotros somos más comunes. Podemos perder tiempo, decir ‘quiero vivir cómodo’. Obviamente es otra cabeza, otra manera de ver la vida.

El desapego de Mateo por lo material signaba su intensa búsqueda por otros mundos, de donde volvía hecho música, en el mejor de los casos. Su extraordinario poder de concentración lo hacía olvidarse del mundo, y en el mercado supieron aprovecharse de esta característica suya, haciéndolo tocar por poco o nada para otras bandas. Pero las innovaciones que se le atribuyen a Mateo no se limitaron, parece, sólo a lo musical:

- Experimentaba mucho. En realidad, la droga comercial que había acá era la marihuana... Bueno, ‘que había...’: empezó a haber a partir de que Mateo la trajo de Brasil. Vos podías fumar delante de un policía sin ningún problema, porque el tipo no tenía idea de lo que era. Y pastillas...

Por las épocas en que el maestro “andaba salado” había que cruzarse de vereda cuando se lo veía venir. Fue en una de esas que Urbano rechazó la oferta de formar una nueva banda con él y con el baterista Roberto Galletti. Y asegura que de eso sí se arrepiente ahora:

- Hay millones de cuentitos sobre Mateo; lo bueno sería que se haga un estudio profundo y dejen de ser cuentitos.

Para Urbano, aquel carácter apacible que de pronto se volvía severo y arbitrario –“cuando te retaba, seguro era porque estabas desconcentrado”–, aquel tipo que “sentía las cosas como las siente un niño, sin mucho pensar, sin mucha cabeza”, aquella lucidez, aquella mirada perturbadora que “te hacía ver tu caretez”, merecen un detallado trabajo de acercamiento, porque son, sin duda, reveladoras de una forma de ver el mundo que no es la habitual. De esa necesidad surge ahora, como una plegaria:

- Pasame pique, que te fuiste y yo ahora me tengo que quedar pensando en todo aquello. Pasame pique, que no me da a cabeza.

(Fragmento de "Imposible entender a Mateo", una entrevista a Urbano Moraes realizada por: Guillermo Villalobos. Texto: Marcelo Rodríguez. Leer la nota completa en el blog Un Largo, clickeando acá).



El Kinto - "Circa 1968"

00:00 - 01 - Don Pascual
03:18 - 02 - Muy Lejos Te Vas
06:42 - 03 - Voy Pensando
09:31 - 04 - Esa Tristeza
11:57 - 05 - Siempre Vas
14:43 - 06 - Estoy Sin Tí
17:41 - 07 - Yo Volveré Por Tí
20:13 - 08 - José
23:17 - 09 - Mejor Me Voy
25:27 - 10 - Ni Me Puedes Ver
28:14 - 11 - Suena Blanca Espuma
30:52 - 12 - Dámelo
34:11 - 13 - Príncipe Azul
36:40 - 14 - Pippo
40:26 - Que Me Importa

miércoles, 9 de octubre de 2013

Perrone dirige el Festival Internacional de Cine Independiente de Ituzaingo. Voy a hacerle una entrevista pública el lunes a las 15:00

Presentamos la revista La otra en Ituzaingo y vemos pasajes de P3ND3JO5


Programación de la Tercera Edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Ituzaingo, dirigigo por Raul Perrone

Los días 10, 11, 13 y 14 de octubre en el Cine Gran Ituzaingó, Mariano Acosta 55 (Ituzaingó Sur), se llevará a cabo la 3a. Edición del Festival de Cine de Ituzaingó (FECI) que realiza el Gobierno Municipal a través de la Dirección de Cultura. El FECI, cuenta con la Dirección del cineasta independiente local Raúl Perrone y nuevamente ofrecerá una vasta proyección de películas de ficción, documentales, experimentales, animaciones y videoclips. En el renovado Cine Gran Ituzaingó se presentarán con entrada libre y gratuita, las películas de Argentina y el mundo que se detallan en el siguiente cronograma:

DÍA 1: Jueves 10 de octubre de 2013 
(Cine Gran Ituzaingó Mariano Acosta 55)16 hs a 20 hs: Proyección de Películas
16 hs.: Agua bendita - Ficción internacional - 1hs22” – de Octavio Guerra - España
17:22: Pasos de sirena - Ficción internacional – 00hs09” – de Manuel Portillo - España
17:31 hs.: – Retrovisor - Ficción internacional – 00hs06” - de Alberto Lavín - España
17:37 hs.: - El invitado de piedra - Ficción internacional – 01hs10” – de Mauro Altschuler - Mex / Arg
18:47 hs- Shame and glasses - Ficción internacional – 00hs07”- de Alessandro Riconda Italia
18:54 hs- Caracas en moto – Documental - 00:10:00 – de Daniel Ruiz Hueck - Venezuela
19:04 hs- El último motor chico - Ficción Argentina – 01hs34” – de Rafael Ontiveros - Argentina
20:40 Hs.: Mensaje a Leonardo Favio – Exhibición de cortometraje Con la participación de los Coros Municipales.
21:00 hs. Acto de apertura del festival con la presencia de autoridades.

DÍA 2: Viernes 11 de octubre 
 (Cine Gran Ituzaingó) 16 hs. a 22.30 hs. - Proyección de películas
16 hs. - El enmarcado - Ficción argentina – 01hs13”– de Sabrina Odoguardio - Argentina
17:13 hs. - El traslado - Ficcion internacional – 00hs12”– de Pablo Ferré - Uruguay
17:25 hs. - Nana - Ficción internacional – 00hs10” - de Alberto Santaella Gallego - España
17:35 hs.- La máquina que escupe monstruos - Ficción argentina – 01hs24” – de Diego Labat y Agustín Ross Beraldi - Argentina
18:59 hs. - Nuestra arma es nuestra lengua - Animación – 00hs15” – de Cristian Cartier Ballve - Argentina
19:14 hs. - Not anymore: a story of revolution - Documental - 00hs15”- de Matthew Van Dyke USA
19:29 hs. - Clase media – Documental – 01hs13” – de Juan C. Domínguez - Argentina
20:42 hs.- Grrrrr! – Videoclip – 00hs03” – de Garbi KW - España
20:45 hs. - La ciudad que canta – Documental – 01hs03” – de Marko Simic – España
21:48 hs.- Sale del alma – Videoclip – 00hs04” – de Adrian Böhn - Argentina
21:52 hs.- Mágica Ficción argentina – 00hs07” – de Güido Simonetti - Argentina
21:59 hs. –Hamomili - Ficción internacional – 00hs15” – de Neritan Zinxhiria - Grecia
22:14 hs. - Porno star - Ficción internacional – 00hs19” – de N. Mendoza - Y. Bahamonde – Perú
22:33 hs.– Wojoh – Documental – 00hs16” – de Said Najmi - Jordania
22:49 hs. - VHS (Victor hasta siempre) - Ficción argentina – 00hs08” – de Amparo González Aguilar - Argentina
22:57 hs.– Ojo por diente – Videoclip – 00hs05” – de Chema Garcia Ibarra - España

DÍA 3 – Domingo 13 de octubre 
(Cine Gran Ituzaingó) 16 hs a 20hs: Inicio de proyección de películas.
16:00 hs – Vidrios - Ficción argentina -01hs35” – de Ignacio Bollini - Federico Tachuela - Argentina
17:35 hs - Memorias - Ficción internacional – 00hs05” – de Joel Jardines - Cuba
17:40 hs - España is different - Ficción internacional – 00hs04” – de Salvador Guerra - España
17:44 hs - Mi reino no es de este mundo – Documental - 01hs30” – de Tatiana Font - Argentina
19:14 hs – Forbici – Experimental – 00hs04” – de Maria De Razza - Italia
19:18 hs - Una mirada de lejos – Experimental – 00hs04” – de Elena Saura - Francia
19:22 hs - The Visit – Documental- 00:52:00 – de Fany de la Chica - España
20:14 hs - No aguanto a tus padres - Ficción internacional – 00hs05” - Javier Cano - España
20: 15 hs: Gala de premiación
21 hs: Cierre del festival – Show de clausura

Y después de la Clausura...

DÍA 4: Lunes 14 de octubre de 2013
(Cine Gran Ituzaingó). 14hs – Proyección de Trabajos del Taller Municipal de Cine de Raúl Perrone.
14 hs. - Próspero - de Fernando D’amico – 00hs22” – Documental
14:22 hs. - Obstáculos y eficacias- de Sergio Boggio - 00hs05” - Ficción
14:27 hs.- Un par de coas que había dejado – de Micaéla Dománico – 00hs17” Ficción
14:44 hs. - La silla está rota – de Solange Reynuc – 00hs12” – Ficción

15 hs – Reportaje público a Raúl Perrone a partir de la multipremiada película P3ND3JO5 y presentación de la revista La otra de Oscar Cuervo, con la presencia del cineasta y productor Pablo Rato.

16.30hs - Proyección de Trabajos del Taller Municipal de Cine de Raúl Perrone.
16:30hs- Mintea joc – de Sibila Herrero – 00hs20” - Ficción
16:50hs - Subjetividad del tiempo – de Patricia Lagomarsino – 00hs03” - Ficción
16:53hs - Llaves - de Patricia Lagomarsino – 00hs06” - Ficción
16:59hs - Estampida – de Silvina Retamoso – 00:10” - Ficción
17:09hs - El manifiesto de lo invisible – de María Florencia Juarez - 1hs08” - Ficción
18:17hs - Ella / El – de María Paula Trotta – 00:25hs - Ficción
18:42hs - 01 – de Mariano Basso – 00hs07” - Ficción
18:49hs - Elena – de Tony Alba – 00hs24” - Ficción
19:13hs - Destino - de Juan Rodrigué – 00hs12” - Ficción
19:25hs - Alterados x pri – de Damian Nussembaum – 00hs19” - Documental/Experimental
19:44hs - El bautismo de Juan Domingo – de Miguel Sirna – 00hs32” - Documental
20:16hs –Actividad fuera de competencia: Proyección del Corto “Falcon Verde buen estado”.

martes, 8 de octubre de 2013

Thom Yorke vio algo que no le gustó

Vio con quién le había tocado compartir la doble tapa de La otra número 26




¿Podrías por favor parar el ruido?
Estoy tratando de descansar.
De todas las voces en mi cabeza
de pollos nonatos.
¿Qué es eso?
(Puedo ser paranoico, pero no un androide.)
¿Qué es eso?
(Puedo ser paranoico, pero no un androide.)

jueves, 19 de septiembre de 2013

La sociedad me pone mal


Revista La otra n° 17, verano 2008

¿Tengo que sentirme culpable por una vida imperfecta?
Ya es tiempo de tomar lo que es mío
no quiero vivir el presente
yo me arruino siempre que estoy bien
pero la sociedad me pone mal.

Mi pasado implica mi futuro
mi futuro, ya lo he planeado
si me pierdo a mí mismo, pierdo lo más precioso
y si no me pasa nada malo, podría pasarme
que tu sociedad me ponga mal,

Si pudiera lograr ser invisible
la vida podría ser tan hermosa
yo podría andar y andar por ahí
sin que nadie lo notará.

¿Tengo que sentirme culpable por una vida imperfecta?
Ya es tiempo de tomar lo que es mío
no quiero vivir el presente
yo me arruino siempre que estoy bien
pero la sociedad me pone mal
tu sociedad me pone mal.

Johnny Thunders

martes, 17 de septiembre de 2013

La era del pesar


a Mariano Rueduch

La historia del punk nunca ha sido bien contada. A mediados de los 70 el movimiento rock había empezado a astillarse en sub-géneros: glam, heavy metal, sinfónica, rock espacial. De modo que la aparición del punk siempre ha tendido a leerse como una reacción interna contra la inflación estética de un género que se iba volviendo más y más académico mientras perdía su violencia primal. En cierto modo todo esto es correcto: quienes sostienen esta hipótesis pueden exhibir las remeras de la época en las que se dice, por ejemplo, I hate Pink Floyd. El problema de esta versión es que muerto el perro se acabó la rabia. Hoy el establishment rockero luce y suena más parecido a los Sex Pistols que a Emerson, Lake & Palmer, y el tipo de atontamiento que exhibía Sid Vicious se ha convertido en un recurso cómico en series como Jackass e incluso en la versión amateur que prolifera por millones en Youtube. Estar dopado, mostrar el culo, meterse el dedo en la nariz, lastimarse y hacer canciones de dos tonos donde se dice fuck todo el tiempo es una monería muy celebrada por el sistema. El punk, entonces, terminó por ser un género entre otros, y después del 77 vineron muchos más: la new wave, el dark, el death, el trash, el homocore, el emo, el post-rock, y todos los posts, los news y los retro que hoy dominan la escena.

Por suerte un cineasta como Lech Kowalsky estuvo ahí para imprimir cientos de horas de celuloide, el registro en directo de su propio día a día. Kowalsky guardó todas esas latas y la sola perspectiva del tiempo que pasaba le indicó ir extrayendo películas a partir de ese magma. Los protagonistas de esos films no son personajes en un sentido narrativo, tampoco en un sentido mediático. Es la gente con la que él vivía. Los giros del relato no son la invención de un guionista astuto, a menos que consideremos a la muerte como un gran guionista.

La muerte de Sid Vicious a fines de los 70, la muerte de Johnny Thunder en los 90, la de Dee Dee Ramone a comienzos del nuevo milenio. Kowalski volvía a mirar sus latas de celuloide a medida que ellos iban cayendo. De modo que sus documentales son como los informes de las bajas producidas en una guerra. ¿Son la crónica de una derrota?

La gran diferencia de Kowalski con D. A. Pennebaker, el otro documentalista que pudo filmar los momentos claves de la historia del rock (la mutación del Dylan en Don't look back -1965-, la majestuosa última escena de Hendrix y Joplin en Monterey Pop -1968-) es que Kowalski no pasaba por ahí de casualidad, ni tuvo la suerte de capturar con la cámara los highlights de sus héroes. No los highlights sino los momentos más oscuros, en habitaciones oscuras y callejones oscuros. Y no héroes del rock'n'roll, aunque tampoco víctimas en sentido estricto. Vicious, Thunders y Dee Dee no tienen ese glamour de semidioses, se los ve, en los films de Kowalski, en toda su humana fragilidad: los vemos ir adelgazándose, vemos cómo sus pieles se van agrietando, se ve a la muerte trabajando sus cuerpos. Y el punk no es allí un género musical, sino la atmósfera de la era del pesar.

De Sid Vicious se sabe demasiado. Fue elegido por Malcom McLaren para formar parte de los Sex Pistols por su facha (Sid era modelo publicitario) y no por su talento musical (un pésimo bajista, músico nulo). Luca Prodan lo conoció y decía que era un idiota. Las fotos de Sid adolescente, flaco y con el torso cortajeado siguen trasmitiendo ese sex appeal irresistible de los cuerpos jóvenes dañados e invulnerables. Kowalski filma la gira americana de los Pistols a comienzos de 1978 y eso se convertirá en la película Muerto al llegar (Death on arrival) en 1981. El film contiene una ¿entrevista? a Sid Vicious junto a su novia, Nancy Spungen. Un Sid completamente embotado intenta contestar algunas preguntas pero no logra redondear una sola frase, a pesar de que Nancy, apenas un poco más lúcida, lo induce a hacerlo. Parece un sketch cómico, una parodia reaccionaria acerca de una sórdida pareja de jóvenes cretinos, pero es una escena real, destinada a forjar la iconografía punk. Todo es oscuro y sucio alrededor. Es la era del pesar. Los Pistols se disolverían meses después, Sid asesina a la cargosa Nancy y muere por sobredosis al poco tiempo.



Johnny Thunders nació en una zona pobre de Queens, New York, en 1952. Desde el fondo de su casa se veía el Empire State Building y él se sintió atraído hacia el Lower East Side. Allí conoció a los otros chicos con quienes iba a formar los New York Dolls. En pocos meses conquistaron New York, con sus pelos revueltos, su pose desafiante y su sonido crudo. Era 1973 y resultaron elegidos la mejor – y simultáneamente la peor- banda del año por la revista Creem. No era 1977, no era Londres y aún no estaba Malcolm McLaren para diseñar un lanzamiento publicitario. Todavía hoy asusta un poco verlos tan jovencitos y zarpados, vestidos de mujer y haciendo esa música tan cruda.

El polaquito Kowalski también anda por esa época por el Lower East Side. Allí conoce a los grandes personajes de sus películas. Conoce a John Spacely alias Gringo, skater heroinómano del parche en el ojo y pelo platinado a quien la vida no le gusta, excepto cuando se pincha y sale a deslizarse en su skate para que Lech lo filme. En ese momento se lo ve feliz. La vida de Gringo transcurre por los callejones más oscuros del barrio. Es la era del pesar. Gringo será el protagonista de Gringo, la historia de un yonqui, la más oscura y desesperada de las películas de Kowalski. Gringo será también la clave secreta de toda su obra, el personaje que aparece una y otra vez, hasta la escena más despiadada de Al este del paraíso * (2005, la película que puso a Kowalski en el centro de la escena internacional).

Johnny Thunders conoce a Gringo en el barrio, no se caen bien. Allí también Kowalski conoce a Thunders y se empieza a filmar la que con el correr de los años se titularía Nacido para perder. La última película del rock'n'roll. Thunders, después de la disolución de los New York Dolls, cuando el punk -que él ayudó a germinar-ya ha explotado por todas partes, sería primera guitarra de los Heartbreakers. Johnny consume heroína, o más bien es consumido por ella. Kowalski lo filma y lo filma durante los 70 y los 80, hasta su muerte en 1991. Entonces el documentalista se propone hacer con todo lo filmado la última película del rock'n'roll.

Para contar la vida de Johnny hace falta entrevistar a Dee Dee Ramone. Ellos habían sido de algún modo amigos o algo así, Johnny era de la clase de gente a la cual Dee Dee acudía cuando se sentía sofocado por ser un Ramone. Dee Dee escribe Chinese Rock y Johnny Ramone desaprueba las abiertas referencias a la droga de la canción, los Ramones ya no pueden cantar algo así. Entonces Dee Dee va a tocarla con Thunders. Después los Heartbreakers terminan grabando la canción que los Ramones habían desechado. En la entrevista que Kowalski le hace para Born to lose Dee Dee cuenta que Johnny Thunders era, en sus buenas épocas, el hombre que les robaba las novias, el que se quedaba con las mejores chicas. En cierto momento Thunders pasa a ser una compañía indeseable, el chico-problema, el que es capaz de arrastrar a los que están cerca hacia el abismo, un yonqui. El Thunders de los 70 ya estaba matándose, pero todavía era tan joven y fuerte que el trabajo de la muerte le infundía brillo a su cuerpo. Uno deja de ver a Johnny y la muerte sigue trabajando día a día. Hasta el día en que ya no es Johnny sino ella la que toma el comando. Se pierde la juventud, la piel empieza a convertirse en cáscara seca y los ojos se apagan. Todavía queda mucho por morir, así que los fans tendrán oportunidad de ver a Thunders muchas otras noches dando lástima en escena. Ir a ver un show de Thunders pasa a ser ir a ver un mal show, es lo que todos esperan. Hasta se puede llegar a pensar que Johnny es inmortal, que va a estar muriéndose siempre ahí arriba, que siempre estará dando el mal show que esperamos. Pero no, un día Johnny Thunders se muere del todo.

Kowalski filma a Dee Dee en 1992, contando anécdotas sobre Johnny. Es un buen pretexto para que Dee Dee despliegue todo su encanto. El es el Ramone íntegro, el que se apartó de la banda cuando esta perdió la frescura. El que también sabe apartarse de Thunders cuando las anécdotas que se pueden contar pasan a ser deprimentes. Dee Dee es un sobreviviente. “He puesto mi historia en mis brazos” le dice orgulloso a Kowalski. Se refiere a los tatuajes (Dee Dee es un hombre ilustardo) y también a los pinchazos. Cada tatuaje es una anécdota, muchas de ellas relacionadas con Johnny, la mayoría con las drogas. Dee Dee luce tan fresco que Kowalski lo sigue filmando, mucho más allá de lo necesario para el film de Johnny Thunders. Dee Dee dice que ha dejado la heroína, hace seis meses que no la prueba. Pero sigue pensando en ella, a juzgar por la cantidad de veces que la nombra.

La vida da tiempo para todo. A Dee Dee hasta le dará tiempo para vivir en la Argentina, en el barrio de Banfield más precisamente (esto no figura en la película de Kowalski). Aquí se pone de novio con Bárbara, una fan de 16 años que va a conocerlo al hotel después de uno de los shows de Dee Dee en Buenos Aires. La vida da tiempo para todo. Hasta para que Dee Dee forme aquí una banda, The Dee Dee Ramone Band, con Bárbara como bajista y un baterista llamado Mario. “Mi relación con el público argentino es terrible. El primer show, en 1987, fue salvaje. Se te va de las manos. Me acuerdo del pobre Charly García. ¿La policía lo arresta todo el tiempo, no?”.

Kowalski tarda varios años en terminar la película sobre Johnny Thunders, “la última película de rock'n'roll”. Se ve que algo le pesa en la historia del músico del que “podría decir que fue mi amigo”. La termina en 1999. Dee Dee después de un tiempo vuelve a Los Angeles con Bárbara. El 5 de junio de 2002 Bárbara lo encuentra muerto en un sillón de su casa. Sobredosis de heroína.

Kowalski rescata todo aquel material filmado que quedó afuera de Born to lose y monta Hey, ¿está Dee Dee en casa?, un cálido retrato del bajista de los Ramones, amigo de Johnny Thunders y autor de la canción Chinese Rock.
+++

Kowalski sigue filmando, en Brasil, en Chechenia, en Kabul, en Mar del Plata. Dice tener más de 500 horas. Muchos de los tipos que él conoció en el Lower East Side están muertos y enterrados, pero nos siguen mirando desde sus películas. El punk es un subgénero del rock, que es la banda de sonido del sistema. Es la era del pesar.

(Esta nota fue originalmente publicada en revista La otra n° 18).