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sábado, 26 de diciembre de 2015

Las series de 2015

por Julieta Eme

(El orden de aparición no necesariamente indica un orden de preferencia).

The Knick
(Estados Unidos. Dirección: Steven Soderbergh. Protagonista: Clive Owen. Cinemax).


La mejor serie de 2015, sin ninguna duda. No es una serie de médicos, aun cuando sus protagonistas son los médicos y las enfermeras del hospital Knickerbocker. Transcurre en el 1900. Muestra el nacimiento de la medicina moderna y los conflictos raciales, de clase y de género de esa época en Estados Unidos. La serie es una joya, en todos los niveles. Una mención especial merece la música.

Show Me a Hero
(Estados Unidos. Creadores y guionistas: David Simon y William F. Zorzi. Director: Paul Haggis. Protagonista: Oscar Isaac. HBO).


Estrictamente, no es una serie, sino una miniserie de 6 capítulos. Está basada en la historia real de Nick Wasicsko, un joven político, mostrando su ascenso y trágico final. Se centra en los conflictos raciales de la sociedad norteamericana, pero esta vez de la década de 1980. El problema que tiene que enfrentar Wasicsko, apenas es elegido como alcalde, es la construcción de unas viviendas sociales para personas negras en un barrio blanco. Excelente, en todo sentido.

True Detective
(Estados Unidos. Creador y guionista: Nic Pizzolatto. Protagonistas: Colin Farrell y Vince Vaughn. HBO).


Tres policías, cuyas vidas no son fáciles ni sencillas, tienen que investigar un asesinato. La investigación se irá complicando, así como las vidas de los tres protagonistas. A mi juicio, esta segunda temporada fue muy buena y no me defraudó. Más aún, creo que los diálogos declamativos y forzados fueron más bien los de la primera temporada y no los de la segunda. Y, si bien puede ser que el final sea un poco simple, a mí me gustó bastante.

Luther
(Reino Unido. Creador y guionista: Neil Cross. Protagonista: Idris Elba. BBC One).


La serie trata acerca del detective John Luther, cuyo trabajo es investigar los crímenes más horribles. Luther es inteligente (resuelve todos los casos gracias a su poder de deducción) pero a la vez autodestructivo. Es muy buena la relación de enemistad y luego de amistad (e incluso amor) con Alice Morgan, interpretada por Ruth Wilson, una genia de la astrofísica y una mente criminal que lo ayudará más de una vez.

Hannibal
(Estados Unidos. Creador: Bryan Fuller. Protagonistas: Mads Mikkelsen y Hugh Dancy. NBC).


Una serie totalmente atípica, morosa, preciosista, con unos diálogos perfectos y unas imágenes terribles y magníficas. Y, por supuesto, con el mayor psicópata que ha dado el cine y ahora la televisión, Hannibal Lecter, interpretado magistralmente por el gran actor danés, Mads Mikkelsen. Es una pena que la serie haya terminado, luego de tres temporadas, debido a su poca audiencia.

Les Revenants
(Francia. Creador: Fabrice Gobert. Canal+).


Una serie de zombis francesa, aunque más que zombis son muertos que vuelven, luego de varios años, a sus casas y a sus vidas, como si nunca se hubieran ido. Cada episodio trata acerca de algún personaje, mostrando su historia y/o sus motivaciones. La primera temporada es de 2012 y a mi juicio es la mejor. El personaje más llamativo es el de un nene llamado Víctor, tan extraño como querible.

Historia de un clan
(Argentina. Director y guionista: Luis Ortega. Protagonistas: Alejandro Awada, Chino Darín y Cecilia Roth. Telefe).


La serie (estrictamente, una miniserie de 11 capítulos) está basada en la historia real de la familia Puccio, aunque tiene vuelo propio y no pretende ser una ilustración del caso policial. El padre de la familia lidera una banda de secuestradores y asesinos, con la colaboración de sus dos hijos y la complicidad de su esposa. Uno de los hijos tiene cierta lucha moral interna. El guión es realmente muy bueno y todas las actuaciones son excelentes.

Dos históricas para terminar:

Vikings
(Estados Unidos. Creador: Michael Hirst. Protagonista: Travis Fimmel. History).


Se centra en la figura histórica de Ragnar Lothbrok, desde su nombramiento como rey de los vikingos hasta sus conquistas en territorio europeo. Está muy bien hecha y la reconstrucción de las batallas está muy buena. Vale la pena verla. Destaco el personaje de la mujer de Ragnar, Lagertha (interpretada por Katheryn Winnick), una guerrera que combate de igual a igual con los hombres.


Marco Polo
(Estados Unidos. Creador: John Fusco. Protagonistas: Lorenzo Richelmy y Benedict Wong. Netflix).


Se basa en las historias de Marco Polo durante su servicio en la corte del rey mongol Kublai Khan, nieto de Genjis Khan. Tiene una producción muy importante y sobresalen la fotografía y los paisajes: la estepa, las montañas nevadas, los templos y los palacios. También están muy bien hechas las escenas de artes marciales. Si bien la primera temporada es de 2014, Netflix hizo un episodio especial, para ser emitido en diciembre de 2015, sobre uno de los personajes principales: el monje y maestro de Kung-fu, Cien ojos (interpretado por Tom Wu).

martes, 5 de mayo de 2015

¿Cómo seguir haciendo películas de vampiros?

Casa Vampiro (What we do in the shadows, 2014, Jemaine Clement y Taika Waititi)


por Julieta Eme

Los dos directores son también escritores y protagonistas de la película. Se dio en el último BAFICI y recientemente se estrenó en las salas. Y tal como titula el diario Página 12, es la película definitiva de vampiros. La acción transcurre en los alrededores de Wellington, capital de Nueva Zelanda, en una casa donde convive un grupo de vampiros: Vladislav (Jemaine Clement), un vampiro cruel y medieval de 800 años, que enseguida nos hace pensar en Vlad Tepes; Viago (Taika Waititi), un vampiro considerado y atento de 400 años; y Deacon (Jonathan Brugh), el más joven y rebelde. A este último lo convirtió Petyr, el cuarto vampiro de la casa, absolutamente feo y deforme, de 8.000 años de edad, que nos recuerda a Nosferatu. El grupo se completa con Nick, quien es convertido durante la filmación, y con su amigo humano Stu, al que los cuatro vampiros se comprometen a no comer.

La película es un falso documental y se desarrolla durante los meses previos al Gran Baile Anual de Máscaras, al que asisten todos los vampiros, brujos y zombies de distintas partes de Nueva Zelanda. Según nos cuentan los protagonistas, en Wellington, viven unos 60 o 70 vampiros, que hacen lo que pueden para conseguir sangre humana. Al Gran Baile no son invitados los hombres lobos, con quienes los vampiros están mortalmente enfrentados. Cada vez que vampiros y licántropos se cruzan en la calle es para quilombo. Y uno de estos encuentros terminará muy mal.

Los tres personajes principales (Vladislav, Viago y Deacon) inspiran inmediata simpatía y cariño. Todos son un poco sanguinarios, un poco torpes y un poco graciosos. El personaje que, a mi juicio, agrega algunos toques de dramatismo es Nick, ya que, salvo por el hecho de volar, no disfruta de ser un vampiro, sino que más bien lo padece.

La película es ciertamente muy graciosa. Durante la hora y media que dura, mantiene un impecable tono de comedia que fluye maravillosamente. Desde el Drácula de F. F. Coppola, el mito del vampiro ha sido tan explotado en el cine que estas criaturas ya no provocan espanto ni miedo sino risa. Casi todos los aspectos de las vidas de estos vampiros son risibles. Al contrario de los vampiros de Twilight, sus vidas no son para nada glamorosas, sino más bien bastante mundanas (viajan en colectivo, lavan los platos, pasan la aspiradora) y un poco patéticas (una noche terminan bailando solos en un bar para vampiros, al no conseguir que ninguno de los porteros de los otros boliches los inviten a entrar).

Seguramente, se seguirán haciendo y filmando películas de vampiros, pero después de esta película ya no imagino cómo.

Acá dejo el trailer. Es muy gracioso:


jueves, 30 de abril de 2015

Vampira 10: Un jardín


por Julieta Eme

La noche soy y hemos perdido. 
(Alejandra Pizarnik)

(Viene de acá) 

- Todavía no entiendo por qué no querés que te convierta en vampiro. Esta casa es perfecta para que un vampiro viva en ella.
- ¿Perfecta?
- Sí, es muy vieja.
- Eso es verdad.
- ¿Cuántas generaciones vivieron acá?
- Cuatro. Después de que murieron mis viejos, mi hermana se fue con su familia a Europa.
- ¿Nunca conviviste con nadie?
- Una vez, con una chica, hace muchos años. Fueron unos meses nada más. No funcionó.
- ¿Y nunca quisiste tener hijos?
- Nunca fue mi objetivo en la vida. De todos modos, no tengo nada en contra de tener hijos. No se dio…
- La casa, además de vieja, parece tener mucha historia. Eso me gusta. Siempre me gustó, desde que venía cuando era chica. Está llena de cuadros, retratos, adornos…
- Está tal cual como la dejaron mis viejos. Como casi siempre estoy en el taller pintando o dibujando, nunca me ocupé de remodelarla.
- Ni de limpiarla mucho tampoco…
- Es verdad… Lo malo de los adornos es que juntan tierra…
- Podría venir a vivir acá.
- ¿Acá?
- A veces pienso que me gustaría encontrar un lugar al que pudiera llamar hogar o alguien a quien pudiera considerar familia…
- Nosotros somos familia.
- Sí…
- Entonces, ¿ya no querés besarme?
- No…
- Estás rara…
- Puede ser… Desde hace algunas semanas ya que vengo rara… Tal vez esté cambiando o mutando o algo así…
- No te digo que te mudes acá porque la verdad es que ya estoy muy acostumbrado a vivir solo, pero podés venir cuando quieras. Incluso podés quedarte a dormir alguna vez, si lo necesitás.
- Gracias. No te preocupes.
- ¿Estás alimentándote?
- Sí… más o menos…
- ¿Puedo ayudarte?
- Podrías dejarme tomar un poco de tu sangre…
- ¿Puedo dejarte hacer eso sin convertirme?
- Para convertirte tendrías que tomar vos mi sangre. Si sólo tomo yo un poco de la tuya, no pasa nada.
- ¿Eso te haría sentir mejor?
- Físicamente, tal vez sí. Anímicamente, no lo creo.
- ¿Qué te pasa?
- No lo sé…
- Me gusta la idea de probar ser tu víctima.
- No quiero que seas mi víctima. Sólo quiero un lugar… Me acuerdo de un texto de Alejandra Pizarnik donde la protagonista, que se llama Sombra, busca un jardín para llorar…
- Vení cuando quieras. En serio.
- Gracias.
- De nada.
- Es muy linda la terraza. Y se ve que la limpiás más seguido que los adornos de la casa…
- Me gusta subir y ver el cielo. Tengo un telescopio que me compré hace un tiempo. Puedo traerlo si querés. El cielo está despejado. Podríamos ver la luna.
- Otro día… Creo que voy a irme ya…
- Es tarde. ¿No querés quedarte a dormir?
- No… Quiero caminar un rato…
- Está bien. Ya sos grande y sos una vampira. No te voy a decir que tengas cuidado.

Julián comenzó a caminar hacia la puerta de la terraza y yo lo seguí. Atravesamos el pasillo, a cuyos lados estaban dispuestas las cuatro habitaciones de la planta alta, y bajamos por la escalera de madera, que crujía como si hubiera sido construida en el siglo XV. La escalera terminaba a un costado del living, justo al lado de la puerta de la cocina. Julián me dijo que iba un segundo a su taller a chequear algo y que luego me acompañaba unas cuadras. Me pidió que lo esperara.

Me puse a mirar la biblioteca. En un estante, encontré el libro donde estaba el texto que acababa de citarle a Julián. No sé si los vampiros tenemos alma, pero mi alma, en ese momento, era toda un hueco. Me sentí completamente sola, abandonada… alejada del alcance de cualquier ser humano.

Julián volvió. Empezó a hablarme sobre un libro pero enseguida se dio cuenta de que estaba llorando. Me sacó la mochila. Me agarró de los brazos y me sentó en el sillón. Él se sentó al lado mío.

Me saqué las botas y me acosté, con la cabeza apoyada en su pierna derecha, que me hacía de almohada. Sus manos empezaron a acariciarme la cabeza. Sus dedos iban desde las raíces hasta las puntas, rozándome el cuello y terminando en mi espalda.

Me desperté cuando estaba amaneciendo. Me incorporé en seguida. Julián estaba dormido con la cabeza hacia atrás, apoyada en la parte más alta del respaldo del sillón. Sus brazos estaban relajados al costado de su cuerpo. Con dos dedos apenas, le acaricié tímidamente la frente y un poco el cuello. Era un lindo tipo. No había dudas sobre eso.

Antes de irme, le dejé sobre la mesa del comedor el libro de Borges que me había prestado. En su lugar, me llevé el de Pizarnik. Más adelante, se lo devolvería.


Ilustración: Sin título, 2015, José Víctor Montesinos Verdú.

miércoles, 14 de enero de 2015

Vampira 9: Más que animales


por Julieta Eme

Me gustaba la iluminación de su estudio. Como todas las lámparas eran de escritorio, la luz no pasaba de la altura de la cintura o, como máximo, de la altura de los hombros, lo cual hacía que nuestros rostros quedaran en la semioscuridad.

Él estaba inclinado sobre un escritorio de esos altos, un tablero. Yo caminaba por el cuarto, viendo sus dibujos. Había una pared tapizada de ilustraciones. Siempre pensé que ilustrar un libro era algo fácil. Uno simplemente dibuja lo que quiere y después lo colorea. Pero viendo la pared llena de hojas comprendí que el proceso de ilustración es largo y complicado. Por ejemplo, el mismo dibujo aparecía varias veces: una vez en forma de boceto, otra vez en una hoja más grande, otra vez coloreado sólo en parte, etc. Se veía que eran pruebas que iba haciendo.

- No te molesta que trabaje mientras conversamos, ¿no? A esta altura del año estoy muy ocupado.
- No, no, para nada. Si a vos no te molesta que conversemos mientras trabajás, por mí está bien.

Me acerqué al escritorio donde estaba él. Me incliné también, para ver qué estaba haciendo. Eran dibujos para una edición ilustrada de unos cuentos de Kafka. Había un escarabajo muerto encerrado en una ficha de acrílico.

- Cuando te escribí, tenía ganas de saber si te había ido bien en lo tuyo, si habías logrado vivir de lo que te gustaba.
- Sí, por suerte, sí. Me va bien. Trabajo en varias editoriales. Y luego tengo mis propios proyectos. No siempre puedo dedicarme a esos proyectos todo lo que me gustaría pero, de a poco, los hago avanzar…
- Me puso contenta saber que te iba bien.
- Gracias. Igual, todavía no entiendo muy bien por qué me dijiste de vernos. Hace como 20 años que no nos vemos…
- Sí, ya sé. Y nunca fuimos amigos ni nada parecido…

Julián era mi primo. No un primo directo, sino más bien lejano. Mi padre y su madre eran primos. Él era un poco más grande que yo. Cuando yo era una nena de nueve años, él era un adolescente. Me gustó desde que era chica. Y aun cuando nos habíamos visto muy pocas veces durante nuestra infancia y habíamos conversado solamente una o dos veces durante nuestra adolescencia, sentía con él una familiaridad inexplicable. Supongo que, en parte, esa sensación de familiaridad se debía a que compartíamos la misma sangre. Este hecho cobraba con él una relevancia especial. Por otra parte, compartíamos una historia. Los padres de nuestros padres eran hermanos, llegados a este país nuevo desde otro país más lejano. Y por último, estaba su cara. Era una cara franca. Tenía la piel blanca, los ojos celestes y el pelo castaño. Desde chicos, me pareció que era una persona silenciosa. Eso agregaba un toque de misterio a su personalidad.

- Me acordé de vos hace dos semanas. Estaba en el zoológico. No me gustan los zoológicos pero quería estar con los animales. Había un jaguar. Y me acordé de una leyenda que me contaste una vez.
- Sí, la leyenda del hombre jaguar… Siempre me interesó. Tengo varios dibujos de jaguares y varias ideas para hacer algunas historias basadas en esa leyenda… Pero aún no encontré el tiempo…
- Era muy hermoso. Me quedé toda la noche con él, esperando que se convirtiera en un hombre, pero no pasó nada…
- ¿Te quedaste toda la noche? ¿En el zoológico?
- Si el jaguar se hubiera convertido, tal vez me habría sentido menos sola…
- ¿Menos sola? ¿No te dio miedo?
- Un poco, pero no…

Me alejé del escritorio caminando. Lo dejé dibujar un rato. Volví a mirar sus dibujos, colgados de la pared.

- ¿Vos creés en esa leyenda del hombre jaguar?
- Como ser dotado de razón, debo responderte que no. Pero me encantaría que fuera cierta.
- Seguramente esa leyenda es falsa, pero tal vez alguna otra leyenda, de todas las que circulan, podría ser verdadera.
- ¿Cómo cuál?

No respondí. Seguí mirando dibujos mientras él trabajaba en su mesa.

Después de un rato, volví al lado del tablero.

- ¿Puedo contarte algo?
- Contame. Yo sigo con esto pero te escucho.

Agarró una regla de madera y comenzó a hacer un rectángulo en una hoja, como si fuera el borde interno de un cuadro.

- Soy una vampira.

Terminó la figura, dejó la regla y me miró.

- Si alguna vez querés, puedo convertirte.
- ¿Convertirme en qué?
- En vampiro.

Hizo silencio.

- ¿Vos me estás cargando?
- No, no, para nada. Siempre fuiste muy serio. Nunca me atrevería a cargarte.
- Y entonces, ¿qué me estás diciendo?

Lo miré a los ojos. Sus ojos celestes. Sabía que no le estaba mintiendo pero no podía creerme.

- Lo que te digo: soy una vampira. Los vampiros existen. Existimos. Hace siete años, vino un vampiro a verme y me convirtió. Me dijo que al fin iba a realizar mi deseo.
- ¿Pero vos alguna vez deseaste ser un vampiro?
- Sí, cuando era adolescente. Pero el vampiro llegó 15 años más tarde.

Julián se paró junto a su escritorio. Tenía los brazos cruzados. Pensaba.

- ¿Y cómo vivís?
- Trato de hacer el menor daño posible…
- ¿Y estás bien?
- Sí, estoy bien, pero la vida de un vampiro es bastante solitaria. Por eso te decía que si ese jaguar se hubiera convertido en un hombre, me habría sentido menos sola. Al menos habríamos sido dos las criaturas extrañas en esta ciudad…
- Y el vampiro que te creó ¿dónde está?
- No lo sé… No lo veo muy seguido. Va y viene… ¿Te enojaste?
- No, no, por supuesto que no. Pero no sé qué decirte…
- Quería hablar con alguien, contárselo a alguien. Si te parece que hice mal, te pido disculpas…
- No, está bien. Entiendo.

Ahora él miraba la pared de sus dibujos. Yo lo miraba a él.

- ¿Puedo hacerte una pregunta?
- Sí, preguntame.
- ¿Yo te gustaba cuando era chica?
- Cuando eras chica no. Tenías nueve años cuando te conocí. Pero cuando eras adolescente sí… Creo que la última vez que hablamos, vos tenías 18 o 19 años. Yo debía tener 25. Nos vimos en este mismo estudio...
- Sí, es verdad…

Otra vez nos quedamos en silencio.

- Entonces, ¿te gustaría que te convirtiera alguna vez? Ya no sos tan joven. Ya tenés más de 40. Cuanto antes, mejor.
- En lo más mínimo.
- ¿No querés que te convierta? ¿Por qué?
- ¿No leíste el cuento de Borges, “El inmortal”?
- No, no leí mucho a Borges…
- Esperame. Ya vengo.
- Lo que sí leí es “El vampiro” de Polidori… Está bueno. Te lo puedo prestar si querés…

Julián había salido del estudio. Levanté un poco la voz para que me escuchara.

El estudio era la última habitación de una casa muy vieja que había sido de sus padres. Ahora quedaba él solamente. Atravesó la cocina y fue hasta el living. Volvió después de unos minutos con un libro en la mano.

- Estos son los cuentos completos de Borges. Llevátelo. Yo ya lo leí varias veces. Cuando puedas, me lo devolvés.

Agarré el libro y lo guardé en mi morral.

- ¿Puedo confiar en que no vas a convertirme sin mi consentimiento?
- Por supuesto. Nunca te haría daño ni haría nada en contra de tu voluntad. Salvo besarte, claro.

Se sonrió. Dio dos pasos y se puso pegado a mí. Era bastante más alto que yo. Me acarició la mejilla y pasó su mano por atrás de mi cuello. Me dio un beso. No fue ni largo ni corto. Yo lo besé también. Lo agarré un poco de la cintura y lo acerqué más a mí. Después apoyé mi cabeza en su pecho y él me abrazó y me acarició la espalda. Era lindo sentirlo así.

Cuando nos separamos, busqué enseguida mi morral y le dije que tenía que irme. La visita había sido breve, pero ya era tarde. Me acompañó hasta la puerta y me dijo que, cuando terminara de leer el libro, le avisara. Así nos volvíamos a ver para que se lo devolviera. Le dije que sí.

Era de noche. La calle estaba bastante oscura. Me alejé pensando en que si dejaba pasar otros 20 años para verlo, él tendría 60 pero yo seguiría teniendo 33. Pensé entonces en que no iba a dejar pasar tanto tiempo.


Ilustración: “The Vampire”, Philip Burne-Jones (1861–1926)

viernes, 27 de junio de 2014

Tuiter mundial minita

#MundialMinitah #QueHariasConLavezzi




por Julieta Eme

El hashtag #MundialMinitah es muy bueno. La verdad es que el mundial me interesa poco y nada pero lo sigo por tuiter. Leo los comentarios. Me resultan divertidos. Hay comentarios de chicas realmente ingeniosos. Para mi gusto, se destacan los de @MicaelaLibson, @SarahRiveraOk, @SoleVallejos y @soyingridbeck.

Una gran mayoría de chicas coincide en elevar a la altura del Monte Olimpo a estos tres jugadores. Disfruten.

Olivier Giroud, 27 años, francés.

Ezequiel Lavezzi, 29 años, argentino.

Andrea Pirlo, 35 años, italiano.

martes, 20 de mayo de 2014

Vampira 8: Él (parte 2)



por Julieta Eme

Viene de acá

A las dos semanas, mientras bajaba del ascensor en el piso de mi departamento, supe que él había vuelto. Me pregunté qué querría ahora, con qué iba a encontrarme. Sentí un poco de cansancio.

Abrí la puerta y entré. No lo vi en el living. Seguí hasta la pieza y ahí estaba. Debo decir que me sorprendió. Estaba acostado en mi cama, aunque no completamente acostado, sino más bien recostado. Tenía las piernas estiradas y la espalda apoyada sobre el respaldar de madera. La cama estaba abierta. Él estaba sobre las sábanas, desnudo. Y joven de nuevo, como la última vez que lo vi. Tenía la piel increíblemente blanca, tanto que casi brillaba en la oscuridad de mi habitación. Su pelo era de color negro y largo. Me quedé mirándolo. Él no me dijo nada. Al parecer, era su nueva forma de comunicarse conmigo: el silencio absoluto. Y yo tenía que llenar ese silencio. Eso me fastidiaba, pero también me daba mucha libertad. Yo todavía tenía puesto mi morral, cruzado de izquierda a derecha. Venía de verme con una amiga. Me lo saqué y lo dejé en el piso. Mi creador era muy triste. Pensé que quizás tenía algún deseo irrefrenable de autodestrucción. Me acordé de la primera vez que vino a mi casa, después de la conversión. Me acordé de ese momento en el que me dijo que había sido, durante su vida humana, profesor de música. Esa vez, su apariencia era muy desagradable. Esa noche me dijo también que tenía 37 años cuando lo convirtieron. Pero ahora parecía incluso más joven.

Me saqué la remera y el corpiño. Él empezó a masturbarse. No dijo una sola palabra. No hizo un solo movimiento para indicarme nada. Me desvestí. Me saqué la bombacha también. Me acerqué al borde de la cama y me senté sobre sus muslos, con una pierna a cada lado de su cuerpo. Subí un poco las caderas, me moví hacia adelante y bajé sobre su sexo. La sensación fue perfecta.

Algo que noté fue lo siguiente. Un detalle apenas, pero que me distrajo por unos segundos. No tenía ombligo. ¿El paso del tiempo había borrado esa marca de su cuerpo? ¿Cuántos años o siglos llevaba como vampiro en verdad? ¿Había sido humano realmente alguna vez?

Su brutalidad alejó estos pensamientos. Me sacó de encima de él y me acostó sobre la cama. Me agarró las manos y las sostuvo con firmeza por arriba de mi cabeza. Me penetró enseguida. Lo hacía con fuerza pero yo no sentía ningún dolor. Era como sentir lo más suave y lo más duro al mismo tiempo. Inesperadamente, sentí que me besaba: el cuello, los brazos, las mejillas. Después me soltó las manos y me tomó de la cintura, como si quisiera afirmarse para que la penetración fuera completa. Entonces lo abracé. Por momentos, se quedaba quieto y sólo presionaba su sexo contra el mío. Y luego volvía, con más vehemencia. Después de acabar, se quedó un rato recostado encima de mí, sin decir nada. Después de un tiempo, se acostó a mi lado y se dio vuelta, dándome la espalda. Yo me puse pegada a él. Me acordé de que cuando hacía eso con otros hombres podía sentir el calor de sus cuerpos.

A veces, miraba por arriba de su hombro, hacia la ventana. Otras veces, miraba la pared iluminada por las luces de la calle. En algún momento, me quedé dormida.

sábado, 3 de mayo de 2014

Partículas inseparables

Only lovers left alive (2013), de Jim Jarmusch



por Julieta Eme

Él vive solo. Le pide a alguien que le consiga una bala de madera, pesada. La compra. Se apunta al corazón. Y no dispara.

Ella está lejos. Pasa las noches en un bar, hablando con un escritor famoso. Sueña con revelar que el escritor no murió siglos atrás, sino que es un vampiro. Quiere darles una sorpresa a los seres humanos. Quiere alborotarlos. El escritor famoso le dice que los seres humanos ya tienen bastante de qué ocuparse en estos días.

La sangre de los seres humanos está contaminada. El agua está contaminada. El petróleo se disputa en guerras. Las ciudades son desiertos. Los edificios son ruinas. La música es triste. Los seres humanos son zombies.

Pero ellos se aman, a través de los siglos, de las plagas, de las guerras, de los desastres humanos y naturales. Viven lejos. Están separados. Ella tiene la idea de llamarlo. Él atiende. Ella advierte que él está deprimido, otra vez. Otra vez tiene que viajar. Ir a rescatarlo. Llevarle algo de paz, de amor, de consuelo, de besos, de caricias, en un taxi, en la cama, en un paseo. Él compone música. Ella baila, dando vueltas como en éxtasis o en trance.

Si se separan dos partículas inseparables y se las pone en extremos opuestos del universo, cualquiera de ellas experimentará cualquier cosa que le pase o se le haga a la otra.

Siempre están juntos, intrincados, como enredados, a veces en posiciones imposibles, uno encima del otro, agarrados, sujetados, sostenidos, apoyados uno en el otro.

Ella lo ama. Haría cualquier cosa por él. Recorrería el mundo 7 veces por él. Y él la llamaría 7 veces gritando, inmóvil y en silencio, diciéndole que venga, que no tarde, que él la espera.

viernes, 18 de abril de 2014

Vampira 7: Él


por Julieta Eme

(Viene de acá: La visita. Y de acá: El asco )

Hace dos años que soy una vampira. En mi vida humana, tendría 35. Ahora, en cambio, tengo 33 para siempre. O hasta que me muera, al menos.

El vampiro volvió. Yo llegaba de dar clases. Los miércoles a la noche termino tarde. Y el viaje de vuelta, en colectivo, me lleva una hora. No es que la Universidad quede lejos, pero el tránsito es insoportable, aún a esa hora de la noche.

Toda la situación, él, su ánimo, su (falta de) voluntad o deseo, no tenían nada que ver con la última vez en que nos habíamos visto. Estaba sentado en el piso de mi departamento, cerca de la ventana. Las luces de afuera iluminaban sus piernas y un poco su torso. Tenía la cabeza agachada. Miraba hacia abajo. Miraba sus manos, creo. O no miraba nada. Apenas lo vi, sentí pena. Algo había pasado. Se lo veía triste. Tal vez, era el paso del tiempo simplemente. Alguna crisis momentánea. La desesperanza de estar solo. Alguna especie de hastío. Realmente lo ignoraba. No llevaba tanto tiempo de vampira como para poder imaginarme todos los problemas de los vampiros más viejos. Pero alguna idea podía hacerme. Yo, en cambio, era una vampira joven. Estaba, digámoslo así, en mi plenitud. Vivía sola. Me iba bien. Tenía un trabajo que me gustaba y colegas que me respetaban. Fuera de mi creador, no conocía a otros vampiros, así que nunca tuve problemas de competencia.

Lo único que, hasta el momento, nublaba mi bienestar era el recuerdo de él. Por eso trataba de recordarlo poco. En mi recuerdo, él era fuerte. Desagradable pero tremendo. Temible. Odiable. Despreciable. Nunca me había hecho demasiado daño, pero prefería tenerlo lejos.

Pero ahora estaba ahí de nuevo. En el piso de mi departamento, sentado, como esperándome. Calmo. Triste. Para nada peligroso. Y, como dije, sentí pena. Al menos antes podía morir en sus brazos, aniquilada por él. Mi vida consumida por sus deseos, sus impulsos. Pero ahora él ya no era, o al menos ya no representaba para mí, nada de eso. Y no supe qué hacer. Me quedé mirándolo. Estaba apoyada con un hombro en una de las paredes del pasillo de entrada. Él sabía que yo había llegado pero no se movió. No hacía nada. No me habló. No lloraba. No me decía qué le pasaba. Ni me pidió ayuda. Sólo estaba sentado, mirando hacia abajo, en silencio. Nos quedamos así un rato largo.

Me di cuenta entonces de que, cuando él me convirtió, perdió algo. O yo se lo hice perder. Era obvio. Ahora yo era más fuerte y él era más débil. Ahora yo era la vampira y él era mi víctima. De nuevo, sentí mucha pena, pero creo que por mí. Nunca quise hacer eso. Nunca quise ser una vampira, debilitarlo. También era cierto que yo estaba sobreimprimiendo todos estos pensamientos sobre su silencio. En verdad, yo no tenía idea de qué le pasaba. Pero creí que mis conjeturas eran acertadas.

Como dije, no sabía qué hacer. Pensé en irme a dormir y dejarlo en el living, solo. Que se quedara hasta que quisiera irse. Pensé también en sentarme a su lado. Y se me ocurrió que tal vez podía irme de mi casa y volver luego de dos o tres días. Pero como si él hubiera sabido lo que yo estaba pensando, de pronto se levantó. No sé cómo hizo. Simplemente se levantó del piso, sin apoyarse en nada. Se estiró hacia arriba. Se irguió. Y lo vi más alto y más hermoso que nadie. Estaba joven. No sé por qué. Era su misma cara pero joven. Me pareció increíble. Pensé que era un efecto de la poca luz o de mi cansancio. Realmente no lo sé. Pero estaba joven y hermoso. Me miró a los ojos. Se quedó mirándome un rato sin decir nada. Sus brazos y sus manos estaban relajados a los costados de su cuerpo. Era flaco. Sus hombros eran anchos. Su espalda estaba perfectamente derecha y erguida. Estaba maravillada. Yo también separé mi cuerpo de la pared y descrucé los brazos. Y cuando estaba completamente atrapada y expectante, él dio tres pasos hacia el balcón y se fue.

Cuando finalmente me acosté, no pude dormir. Y no pude dormir incluso varias noches después de ésa.

(continuará)

viernes, 28 de febrero de 2014

Medio ambiente, costos y consumo

ANTOJO bonus


por Julieta Eme

En otro post (acá) me ocupé de la ética ambiental. Y a raíz del Antojo en el que se habló del desastre ambiental y el capitalismo, me gustaría agregar algunas cosas.



En este video (que forma parte de The Story of Stuff Project) se ve claramente que el problema de la contaminación ambiental involucra dos cuestiones: la externalización de los costos y el consumo. Actualmente, no pagamos por las cosas que consumimos. Para mantener a la gente consumiendo y hacer crecer las economías, lo que se hace es mantener los precios bajos, lo cual se logra externalizando los costos. Nosotros no pagamos los costos reales de producir un reproductor de MP3 o un par de zapatillas, por ejemplo. Una parte del costo la paga el medio ambiente, con la degradación y la contaminación ambientales, y otra parte la pagan las personas que trabajan en condiciones de explotación, sin seguros médicos y en condiciones insalubres. Si los costos de producir las cosas que consumimos se internalizaran (mediante políticas de Estado que obligaran a las empresas a internalizar sus costos), el precio de las cosas aumentaría. Y el consumo disminuiría. A esta altura de la historia del planeta, creo que lo que deberíamos hacer no es seguir creciendo, sino empezar a decrecer. Como dice Annie Leonard en el video, para que todas las personas del planeta alcanzaran el nivel de vida del ciudadano norteamericano promedio se necesitarían de 3 a 5 planetas. Es imposible operar un sistema de crecimiento constante en un planeta con recursos finitos. Tarde o temprano, se encuentra el límite.

La otra cuestión es el consumo. Y esto se relaciona con lo que podemos hacer en nuestra vida diaria para atenuar el daño ambiental. Tenemos que dejar de consumir tantas cosas. Yo no tengo aire acondicionado. Uso el transporte público. Jamás me compraría un auto. Tengo un celular del 2007 y una computadora también del 2007. Hay que frenar el consumo. Casi todo lo que compramos va a parar a la basura a los pocos meses, incluidos celulares, computadoras, televisores, monitores. Como dice el filósofo australiano Peter Singer, deberíamos tratar de dejar una pila de basura lo más pequeña posible al final de nuestras vidas. Nuestro objetivo debería ser consumir lo menos posible, no sólo para que haya menos basura, sino principalmente porque para hacer las cosas que consumimos se utilizan muchos recursos y se produce mucha contaminación. Disminuir el consumo disminuirá nuestra necesidad de explotar el planeta y sus recursos.

Por otra parte, la cuestión del consumo se relaciona con el tema de la felicidad. Nuestra idea de felicidad no puede estar basada en el consumo de bienes materiales. Hay un párrafo muy lindo de Peter Singer en el que aboga por la frugalidad:

“El énfasis en la frugalidad y en una vida sencilla no implica que la ética del medio ambiente desapruebe el placer, sino que los placeres que valora no provengan de un consumo exagerado, deben provenir de estrechas relaciones personales y sexuales, de estar cerca de los niños y de los amigos, de la conversación, del deporte y del esparcimiento que estén en armonía con nuestro medio ambiente en lugar de dañarlo; de una alimentación que no esté basada en la explotación de las criaturas sensibles y no tenga como coste la tierra; de la actividad creativa y el trabajo de todo tipo; y (con el debido cuidado para no arruinar lo que tiene valor) de saber apreciar las zonas vírgenes del mundo en que vivimos.” (Ética práctica, 2a. edición, Cambridge University Press, 1995, capítulo 10, pág. 359).

Para mantener a la gente consumiendo, hay dos estrategias: la obsolescencia programada y la obsolescencia percibida. Las cosas se hacen para durar poco (pero no tan poco como para que la gente pierda la confianza y deje de comprarlas). Pero las cosas duran cada vez menos. Y las modas hacen que compremos cosas nuevas aun cuando las cosas que tenemos todavía sirvan perfectamente. Las cambiamos solamente porque nos parecen viejas. Hay que tratar de resistirse a ver las cosas viejas. Hay que tratar de resistirse a la obsolescencia percibida, que es lo que en general mantiene a la gente consumiendo todo el tiempo productos nuevos.

A nivel individual, también podemos empezar a consumir menos carne. La industria ganadera es una de las principales responsables (sino la principal) de la producción de gas metano, uno de los gases de efecto invernadero. Y además, para producir un kilo de carne se utiliza mucha pero mucha más agua que para producir un kilo de papas, por ejemplo.

Los problemas de contaminación ambiental son reales y graves. Hemos crecido exageradamente y desproporcionadamente. La frugalidad y la cooperación son los valores que deberían guiarnos ahora y en el futuro.

Post scriptum: Un documental que vi recientemente y que trata sobre estos mismos temas es Home, realizado por Yann Arthus-Bertrand, fotógrafo de la revista National Geographic, especialista en fotografías aéreas. El documental es una suerte de historia del planeta, desde el surgimiento de la vida hasta la explotación actual de los recursos. Contiene información valiosa y tomas aéreas realmente impresionantes. Pueden verlo acá.

miércoles, 29 de enero de 2014

Masters of sex y las diosas griegas



por Julieta Eme

En esta nota, intentaré trazar algunas analogías entre los personajes femeninos de la serie norteamericana Masters of sex y las diosas griegas. O mejor, entre los personajes femeninos y los arquetipos conformados, a grandes rasgos, por estas diosas (para más detalles, ver el libro Las diosas de cada mujer de Jean Shinoda Bolen).

Masters of sex es una serie que cuenta la historia de William Masters (1915-2001) y Virginia Johnson (1925-2013), dos investigadores (ginecólogo él, psicóloga ella) que revolucionaron la sexualidad humana en la década de 1960. La pareja está interpretada magistralmente por Michael Sheen y Lizzy Caplan.

Virginia Johnson, sin duda, representa el arquetipo de Artemisa. Artemisa es una de las tres diosas vírgenes. Sabe que en una sociedad patriarcal las mujeres ocupan los lugares subordinados, así que decide apartarse de los hombres, para conservar su independencia y lograr sus metas. Artemisa, además, ve a las otras mujeres como a hermanas, las cuida y las protege. Cuando una mujer Artemisa llega a una posición de poder o privilegio, utiliza esa posición para hacer visibles los problemas de las mujeres y, sobre todo, para buscar formas de empoderarlas. Y Virginia tiene todos estos rasgos. En las investigaciones que conduce con William Masters, incorpora siempre el punto de vista femenino. Porque, en una sociedad patriarcal, ¿quién se va a preocupar y ocupar de nosotras si no somos nosotras mismas? William Masters, sin duda, no va a hacerlo.

Pero Virginia tiene algo también de Hera, ya que, en el pasado, estuvo casada. Y tiene algo de Deméter, ya que es madre de una nena y un nene. Y tiene mucho de Afrodita, ya que, según algunos personajes masculinos, es una excelente amante.


La doctora Lillian DePaul (interpretada por Julianne Nicholson) encarna el arquetipo de Atenea. Atenea es otra diosa virgen. Pero en vez de apartarse de los hombres, yéndose al bosque (como hizo Artemisa), Atenea se queda en la ciudad. Una mujer Atenea quiere triunfar en el patriarcado, quiere alcanzar las mejores posiciones y probar que puede sola. Y una vez que alcanza posiciones de privilegio, no ayuda a las otras mujeres ni se preocupa por ellas. La doctora Lilian menosprecia a Virginia por varias razones: 1) Virginia es femenina y utiliza a su favor esa feminidad. Lilian, en cambio, desea y tiene una apariencia masculina, 2) Virginia es una estudiante mientras ella es una profesora, 3) Virginia es la secretaria de un doctor (William Masters), mientras ella es doctora, y 4) Virginia no tiene marido, pero corre todo el día detrás de los pedidos, deseos y necesidades de su jefe. Lilian, en cambio, no tiene marido ni jefe. Ha alcanzado una posición en la que ya no depende de ningún hombre.

De todos modos, por razones personales, Lilian sí tiene una preocupación real y sincera por la salud de las mujeres, lo cual hará que Artemisa y Atenea se terminen acercando y que Virginia, muy de a poco, se vaya ganando el respeto y la simpatía de Lilian.

Libby Masters (interpretada por Caitlin Fitzgerald) representa el arquetipo de Hera, la esposa de Zeus. Esta diosa no era una diosa virgen. Se casó con Zeus y fue constantemente engañada y humillada por su marido. Pero Hera valora el matrimonio y desea ser una esposa por encima de todo. Libby es la típica Susanita (diríamos nosotros) que quiere casarse, cuidar a su marido y tener muchos hijitos. Pero el destino no parece favorecerla.

Si bien Libby puede parecer una tonta que se queda al lado de un hombre que dudosamente la quiere, creo que no lo es.

Hay otros personajes femeninos muy atractivos y encantadores, como Betty DiMello (interpretada por Annaleigh Ashford), la prostituta lesbiana que ayuda a William Masters en el comienzo de sus investigaciones, Jane Martin (interpretada por Heléne Yorke) quien no duda en participar, en nombre del progreso de la ciencia, de los experimentos de Masters y Johnson, y Margaret Scully (interpretada por Allison Janney), la esposa del rector de la Universidad / Hospital donde trabaja Masters, quien después de un matrimonio de casi toda la vida, se da cuenta de que sabe y entiende muy pocas cosas.


Y, finalmente, tenemos a nuestro dios griego, Zeus, William Masters. William es un hombre apasionado por su profesión y su trabajo que tiene una vida personal sorprendentemente fría. Es un ginecólogo, especialista en infertilidad. El mejor de todos. Ha logrado que parejas desahuciadas pudieran tener hijos. Los hijos se conciben teniendo sexo. Pero, acerca del sexo, no sabemos nada. Y Masters tiene el deseo de descubrirlo todo. Se da cuenta de que el sexo es aún un territorio inexplorado y él quiere ser el primer aventurero.

Dije que Libby podía parecer una tonta pero que no lo era. Todos los personajes de la serie están atrapados por sus propios miedos y por los prejuicios de la sociedad en la que viven. Pero todos los personajes están buscando un poco de pasión en un mundo que parece haberse olvidado de ellos. O en el que ellos se han olvidado de sí mismos. Luchan y se esfuerzan por alcanzar un poco de felicidad para sus vidas. Y cuando una los ve, desea que ojalá puedan lograrlo.

NOTA: para más recomendaciones de series de 2013, pueden ver acá

miércoles, 1 de enero de 2014

Series 2013: Masters of sex, Breaking Bad, The fall, In the flesh, The mentalist, Misfits, Black mirror, House of cards, Hannibal, Game of Thrones, Ray Donovan, The walking dead


por Julieta Eme y Luis Arias


Masters of sex

Michael Sheen y Lizzy Caplan interpretan a William Masters y Virginia Johnson. Los estudios de esta pareja de investigadores -matrimonio en la vida real- revolucionaron la sexualidad humana. La serie tiene un punto de vista femenino / feminista realmente encantador. Resulta muy emocionante ver a estos dos pioneros abriéndose camino en territorio inexplorado (o malísimamente explorado). Y la historia de cómo se enamoran es realmente increíble.


The fall



Una cuestión subyace y atraviesa toda la serie: cómo las sociedades patriarcales en las que vivimos piensan y ven a las mujeres. Es excelente la interpretación de Gillian Anderson en la piel de la Detective (convocada para descubrir y atrapar al asesino): fría pero empática, femenina y a la vez “masculinizada”, atrae a todos los hombres por igual, tanto inferiores como superiores en rango a ella.


In the flesh



Luke Newberry interpreta al personaje principal, un zombie que se reintegra a la sociedad. En esta serie, los zombies son los nuevos negros / judíos / gays. El tema es la discriminación y los límites que se ponen de manifiesto en el mismo proceso de aceptación e integración. ¿Por qué los zombies tienen que maquillarse para que los aceptemos?


The mentalist



Simon Baker hace de un mentalista / mago / adivino / mentiroso encantador y entrador que ayuda a resolver casos policiales. La serie es de bajo perfil pero muy buena. Siempre mantiene el interés, mezclando la trama principal con la resolución de casos particulares. Este año, la serie tuvo una suerte de segundo comienzo.


Misfits



Cinco chicos (tres chicos y dos chicas) con problemas de adaptación social cumplen servicios en un centro comunitario como pena por sus delitos. En un día de tormenta, un rayo les otorga poderes sobrenaturales. La serie es una mezcla extraña de ciencia ficción, comedia y drama que increíblemente funciona muy bien. Lamentablemente, los actores y actrices del comienzo van dejando la serie. Se extraña mucho a Nathan que era, por lejos, el personaje más bizarro.


Black mirror



Esta temporada nos gustó menos que la anterior. Pero la serie es buena. Recomendamos sobre todo el último episodio de la temporada anterior, "The entire history of you", y el primero de ésta, "Be right back". La serie es de ciencia ficción / futurista. Vamos hacia ese futuro, lamentablemente. Si es que ya no estamos ahí.


House of cards






Adaptación de la miniserie británica basada en la novela de Lord Dobbs, con Kevin Spacey y Robin Wright, el mundo oculto detrás de la política, visto a través de los ojos de un maquiavélico (en el peor de los sentidos) congresista, Francis Underwood (Spacey) y la compleja relación que entabla con una inexperta periodista.


Hannibal





Lograr encarnar a Hannibal Lecter luego de la actuación de Anthony Hopkins parecía tarea imposible para cualquier actor que desease salir bien parado, el genial Mads Mikkelsen lo logra y le aporta al mismo su impronta, la historia previa a todas las películas, el origen de la relación de Lecter con el FBI antes de su captura y con un enemigo/protegido (relación turbia e indefinible) Will Graham (personaje principal en la película Dragon Rojo.


Game of Thrones



Caballería, medioevo y una lenta pero interesante irrupción de lo fantástico en un mundo complejo, donde el hombre comienza a darse cuenta de que las leyendas de antaño no eran sólo cuentos, conspiraciones e intrigas por doquier. Personajes interesantes mezclados con dosis de sensualidad.


Breaking Bad




Impresionante historia sobre un profesor de química del secundario (Bryan Cranston) que, ante el descubrimiento de una enfermedad terminal, irá haciendo un descenso a los infiernos en cada aspecto de su vida. El camino al infierno, dicen, está plagado de buenas intenciones. Memorable también la actuación de Aaron Paul (Jesse) como el ex alumno que lo acompaña en ese viaje.


Ray Donovan



Un interesante personaje (Liev Schreiber) que se dedica a solucionarle o emparchar la vida de sus ricos y conocidos clientes (estrellas de Hollywood, cantantes etc) mientras la suya propia y la de su familia parecen estar dañadas más allá de toda posibilidad de arreglo.


The walking dead



Original serie sobre un tópico ya bastante trillado, logra mantener el interés luego de varias temporadas, pasando el foco de atención sobre la vida y conflictos propios de los múltiples e interesantes personajes que tiene. Para que no quede todo resumido a "corré que viene el zombie", el factor humano y los conflictos entre los sobrevivientes tienen, muchas veces, más importancia que el "problema zombie" en sí mismo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Vampira 6: Tristeza


por Julieta Eme

A veces los imagino a los dos juntos. La imagino a ella arriba de él, perfectamente erguida, sentada sobre su sexo, con la piel perfectamente blanca que tiene y el pelo rubio suelto. Imagino las manos de él en las caderas de ella, acompañando sus movimientos. Imagino que estoy ahí con ellos. Pero ellos hacen como si yo no estuviera. Imagino que después él la acuesta de espaldas sobre la cama. Y mientras él la penetra, ella me besa apasionadamente. Me agarra la cabeza con sus manos y me besa fuerte. Gime de placer. Y ya no quiero dejarla.

Pero lo mejor es cuando me imagino a mí arriba de ella. Me imagino entre sus piernas y le acaricio la frente y el pelo. La miro con dulzura. Casi con pena. No sé por qué ni por quién. Ella me ve, entre despierta y dormida, hundida en una especie de modorra. Me dice que me quiere y me acaricia los hombros. Yo la beso despacio. Presiono mi sexo contra el suyo y ella empieza a gemir de nuevo.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Las mujeres y el maratón


por Julieta Eme

En el Día Internacional de Lucha por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres

La primera mujer que corrió oficialmente un maratón (la carrera de 42 kilómetros y 195 metros) se llama Kathrine Virginia Switzer y actualmente tiene 66 años. Cuando lo corrió tenía 20. En esa época, hace 46 años, a las mujeres no se nos permitía correr maratones, ya que existía la creencia (científicamente comprobada, por supuesto) de que si corríamos distancias muy largas, se nos podía caer el útero.

En 1967, Kathrine Virginia Switzer se inscribió en el maratón de Boston con sus iniciales: “K. V. Switzer”. Y nadie sospechó que no se trataba de un hombre.

En el documental El espíritu del maratón (Spirit of the Marathon, 2007), del director Jon Dunham, Switzer cuenta lo que pasó esa mañana.

Poco después de comenzada la carrera, los periodistas que iban en el camión de prensa notaron que había una chica corriendo y se acercaron para sacarle fotos. Al lado del camión, iba el autobús con los oficiales de la competencia. Uno de esos oficiales era también el codirector de la carrera. Al ver a Switzer, el codirector se bajó enseguida del autobús y trató de alcanzarla. Ella se dio cuenta de que algo pasaba y se dio vuelta para mirar. Él la agarró, la tiró hacia atrás y le gritó: “¡Andate de mi carrera y dame esos números!”. Al mismo tiempo, intentó arrancarle el dorsal, en el que estaba anotado el número 261. El novio de Switzer, que corría con el número de dorsal 390, empujó al codirector, que aterrizó en el suelo, y liberó a su novia. Ambos siguieron corriendo, pero el acto de brutalidad y violencia que había sufrido la dejó muy mal. Ella cuenta que pensó: “Debería abandonar. No soy bienvenida”. Pero luego reflexionó y se dijo: “No. Entrené muy duro. Si me voy, van a decir que las mujeres no podemos hacerlo”. Así que siguió corriendo y terminó la carrera.


Ese día, Switzer corrió el maratón en 4 horas y 20 minutos. Junto con otras corredoras, luchó para que la Asociación Atlética de Boston aceptara la participación de mujeres, lo cual finalmente sucedió en 1972. En 1975, 8 años después de su primer maratón, y nuevamente en el maratón de Boston, Switzer logró su mejor marca: 2 horas 51 minutos y 37 segundos (aunque quedó segunda).

Actualmente, el record mundial femenino lo tiene la británica Paula Radcliffe, con una marca de 2 horas 15 minutos y 25 segundos, en el maratón de Londres, en 2003.

Los 42 kilómetros y 195 metros que actualmente tiene el maratón se fijaron en 1908, en los Juegos Olímpicos de Londres, aunque la categoría olímpica femenina del maratón se agregó recién en 1984 (76 años después), en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Allí ganó la medalla de oro la atleta estadounidense Joan Benoit, con un tiempo de 2 horas 24 minutos y 52 segundos. Cuando ella entró al estadio, ya para correr el tramo final hasta la meta, todo el público se puso de pie para ovacionarla.

Sin embargo, aún hoy las mujeres deportistas luchan por ser incluidas. Cuatro mujeres ciclistas hicieron una petición para que se agregue una categoría femenina en el Tour de Francia. Ellas dicen:

“Tener una competición de mujeres profesionales en el Tour de Francia […] creará una oportunidad para demostrar que los mitos sobre las ‘limitaciones’ físicas impuestos a las mujeres son falsos. A fines de los 60, la gente asumía que las mujeres no podían correr un maratón. [Ahora] podemos ver cuán equivocado era aquello”.

Si desean firmar la petición de estas ciclistas, pueden hacerlo acá:


Me considero una maratonista. Ya corrí tres veces el maratón de la Ciudad de Buenos Aires. Este año fue la tercera. De un total de 7.275 competidores, solo 1.502 éramos mujeres. Muy pocas todavía.

Me encanta correr. Amo correr. Adoro correr. Afortunadamente, mi novio también. Así que no nos cuesta irnos temprano de alguna reunión, un sábado a la noche, o directamente decir que no podemos ir, porque al otro día tenemos que correr 28 kilómetros en la Reserva Ecológica, o porque tenemos que levantarnos a las 5:00 para estar en la línea de largada de alguna carrera a las 7:30.

Creo que, para las mujeres, correr tiene un efecto de empoderamiento (del inglés empowerment). Correr me hace sentir fuerte, no solo físicamente, sino sobre todo mentalmente. Me mantiene estable. O, al menos, un poco más estable. Me hace feliz, aunque cuando estoy corriendo lo que siento la mayor parte del tiempo es sufrimiento.

Si alguien me preguntara en qué actividad de mi vida me siento más yo, la respuesta sería: corriendo. Corriendo distancias largas. Corriendo más de una hora a un ritmo sostenido. Eso me encanta. Todo lo otro que hago es solo una excusa para hacer lo que realmente me gusta: correr. Concentrarme en el camino y correr, pensando un poco en todo. Y en nada.