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viernes, 9 de febrero de 2018

Perspectivismo

por Oscar Cuervo

El perspectivismo es uno de los aportes decisivos de Nietzsche al pensamiento contemporáneo. Hay una pregunta que la filosofía se viene haciendo desde siempre: la pregunta por la verdad. Mientras la filosofía moderna pone al sujeto (el yo, la conciencia) como fundamento de la verdad, Nietzsche afirma que solo hay perspectivas, no existe una Verdad con mayúsculas, fundada en una mirada desencarnada. Sólo pueden existir verdades desde un punto de vista que es siempre singular. Pero esta noción del perspectivismo aparece expresada en Nietzsche de manera vacilante. No termina de definirse si esta perspectiva es una invención del singular o una necesidad que se le impone. En muchos pasajes de su obra Nietzsche le da peso a la idea de invención: el lenguaje se inventa, los ideales se inventan, el conocimiento se inventa. Si la verdad es una simple invención, entonces la verdad es una falsificación, un engaño, por pasar deliberadamente por lo que no es. Si depende de mi invención, se fundamenta en una voluntad subjetiva. Lo único real en esta versión nietzscheana sería el "Yo Quiero". Soy Yo el que otorga el valor a la realidad, Yo soy la fuente de la verdad y el valor. Estos pasajes hacen cortocircuito con la crítica nietzscheana al Yo. "Yo quiero" no tiene ninguna ventaja respecto del "Yo Pienso"; por el contrario, cuando Descartes explaya el campo que abarca el Cogito, incluye al "Yo Quiero" entre esas variantes. Es decir: cuando afirma el "Yo Quiero", Nietzsche no se mueve un milímetro del cartesianismo, por el contrario, se hunde definitivamente en él.

Pero, por otro lado, existe la posibilidad de interpretar la perspectiva como algo necesario, es decir: no podés salirte de tu época, de tu lugar de procedencia, de tu clase social y de tu familia y mirar a la humanidad desde arriba para encontrar una verdad que esté más allá de los puntos de vista singulares. En esa imposibilidad, el "Yo Quiero" encontraría un límite infranqueable. Lo que vos quieras importa un comino, querido Federico, la verdad es a pesar de tus pesares. No se trata de una ficción que vos propongas, cuyo valor dependa de tu voluntad, sino que acatás esa posición en la que ya fuiste ubicado, una posición que no inventaste y ni siquiera elegiste, sino que más bien se te impuso desde el nacimiento. ¿La perspectiva es invención o fatalidad? A veces parece que Nietzsche se inclina por una posibilidad, a veces por la otra.

Las interpretaciones de Nietzsche que tienen éxito en la Francia de los '60 -las lecturas post-estructuralistas- ponen un exceso de entusiasmo en la idea de invención. Es una palabra que Nietzsche usa y de la que los franceses abusan. [Fragmento de un largo texto titulado Nietzsche Largo, publicado en el blog Un Largo].

jueves, 1 de febrero de 2018

Perfume francés


NOTA DEL EDITOR: Ayer se cumplieron 10 años del comienzo de este blog, que como decía, con el correr de los años fue teniendo otros blogs asociados. A modo de extraña celebración acabo de publicar en Un Largo el post más largo que jamás haya publicado, sobre la filosofía y la política nietzscheanas. El larguísimo texto, que vaya a saber si es apropiado publicarlo en este formato, se llama Nietzsche Largo y lo que sigue es su nota introductoria:

En el último par de años me dediqué a repasar mis lecturas de Nietzsche, tomando como pretexto la realización de un ciclo de mircros radiales en Patologías Culturales (FM La Tribu) que salieron entre el 19 de marzo y el 12 de septiembre de 2016. También le dediqué algunos programas en La otra (Radio Gráfica), un seminario de 10 semanas y varios posts en mis blogs. Mi actual relectura de Nietzsche fue en paralelo con el proceso político de imposición del neoliberalismo en la región del mundo en que vivimos. Estas relecturas se impregnaron del presente y modificaron mi perspectiva anterior hacia este autor que vengo leyendo desde mis 16 años. Algo se cayó en estas relecturas y no creo que sea producto de mi reelaboración intelectual. Creo que la experiencia política vivida en estos años me llevó a los libros de Nietzsche con preguntas nuevas. También me parece que esas preguntas estaban latentes en un malestar sordo que siempre me acompañó al leerlo.

En mis intervenciones públicas empecé a articular en palabras la distancia que me fue separando paulatinamente de la fascinación que su estilo de escritura provoca. Traté de ir más allá del encanto de Nietzsche como escritor, para confrontarlo con mi experiencia histórica. Una de las cosas que más me llamaron la atención fue la devolución enojosa que provoca mi creciente distancia hacia Nietzsche. Descubrí que el ambiente cultural porteño es fuertemente nietzscheano y que sus aforismos se volvieron consignas de una religión de descreídos. Esta ciudad ya no es católica y nunca fue marxista. El psicoanálisis y Nietzsche en combinaciones diversas forman parte del sentido común porteño. Para tejer esta naturalización del dogma nietzscheano debe haber sido preciso limarle sus aristas más hirientes, domesticarlo, transformarlo en un afable impugnador de un puritanismo que acá nunca se practicó y que él jamás fue. Los centro-izquierdistas porteños no tocados por la militancia política ni mellados por el terror de estado son culturalmente nietzscheanos. Sin embargo, es la derecha la que lleva el programa político nietzscheano, sin necesidad de declararlo. Lógico: la derecha no necesita un barniz cultural para realzar su existencia: necesita dinero y violencia. Y Nietzsche no necesita adherentes porque sus ideas anticiparon las prácticas sociales del neoliberalismo. Una recusación del poder algo imprecisa en la práctica requiere adoptar un discurso vagamente nietzscheano: no hay verdades absolutas, todo se relaciona con el poder, el cristianismo es malo, hay que ser creativos, toda moral es falsa, Dios no existe, los tiempos cambian, después vemos, hay que disfrutar del cuerpo, cositas así. Una nueva forma de consolación que no exige grandes esfuerzos prácticos y nos sirve para construir un perfil cosmopolita, relativista, egosintónico. Por supuesto, los libros de Nietzsche son muy otra cosa, pero se los lee poco, o se los pasa por el filtro de otros autores que lo bañaron, lo perfumaron (en Francia), lo adecentaron.

Los microprogramas fueron subidos a la web en el blog La otra a medida que se iban desarrollando. Cada microprograma iba acompañado en el blog por un breve texto que intentaba resaltar los puntos principales de cada columna radial y también pasar en limpio algunas ideas que el ritmo radial podría desdibujar. En el proceso de la escritura de estos fragmentos, también se me iban ocurriendo algunas ideas que no había comentado en la radio. Las notas salían con una periodicidad irregular, con intervalos de una, dos y hasta tres semanas entre una y otra. En estos días volví a leer esas notas de un tirón y me pareció que en esta lectura completa el texto tiene un crescendo que resulta adecuado para las ideas que me propuse trasmitir. Primero pensé que bastaría con poner cada fragmento después del otro, después empecé a hacer retoques y algunas supresiones para que la secuencia gane precisión y pierda redundancia, después agregué párrafos enteros para aclarar ideas que antes estaban insinuadas. Finalmente me encontré reescribiendo todo, oración por oración. Algunas cosas quedaron y varias otras aparecieron. Con esto me libero de las ideas en que estuve trabajando en estos dos o tres últimos años. Las dejo. Me voy a poner a leer a otro autor.

Me quedó lo que sigue: un post larguísimo. Se me ocurre decir el más largo del mundo. Nadie se va a molestar en refutarme. De un largo totalmente inadecuado para un blog. 110.000 caracteres, 18.000 palabras, tendría la extensión de un librito. Publicarlo como post es forzar las cosas. Alguno empezará a leerlo, la mayoría de los que empiecen lo abandonarán antes de llegar al primer tercio. Quizás nadie lo lea y quede colgando en la blogosfera. No importa. No voy a sacar un libro, nadie me lo pide y tampoco quiero. El día que blogger lo disponga, desaparecerá. Acá está.


domingo, 28 de enero de 2018

Redención de Elizabeth Förster-Nietzsche


ADVERTENCIA ALX LECTXR: Esto es un anticipo de lo que vendrá.

por Oscar Cuervo

La hermana de Nietzsche, Therese Elisabeth Alexandra Förster-Nietzsche (10 de julio de 1846 – 8 de noviembre de 1935), es la administradora de su legado ya desde el momento en que él enloquece, a principios de 1889, durante la década en que él sobrevive a su colapso (él muere en 1900) y hasta la muerte de ella. Al regresar de su fracasada incursión germanófila en tierras paraguayas, Elisabeth crea y dirige los Archivos Nietzsche en Weimar, que contienen una profusa cantidad de fragmentos póstumos y de cartas que ella se encargó de salvar del fuego, en algún momento en que él quería quemarlos. También a Elizabeth se le ocurre montar una escena bizarra con la instalación de su hermano, ya colapsado, en una habitación por la que desfilan notorios miembros de la aristocracia europea, para asistir al espectáculo del tipo hierático y absorto en su niebla mental.

El escritor Karl Böttcher describe su vista de diciembre de 1897 a la exposición a la que Elizabeth sometía a Nietzsche: "Al entrar en la amplia habitación, iluminada desde dos lados, la encuentro vacía. Pero no, allí en el rincón, en el sofá detrás mismo de la mesa, reposa en bata una figura algo encogida... Hundido, con los ojos apretados un tanto enfermizamente, pálido, reposando la mano sobre el pecho. La conversación con la hermana continúa en tono de susurro... Volvemos a la biblioteca... Tras algún tiempo entro otra vez en la sala de estar del enfermo. Ahora ha salido ya de su dulce sueño y está acurrucado en su silla junto a la ventana. La ancha espalda inclinada sobre un libro gordo en el que aparentemente lee, aunque lo sostiene en sus manos al revés... De vez en cuando balbucea algunas palabras como en un monólogo. 'En esta casa vivían muchas buenas personas' y más tarde 'He escrito muchas cosas bonitas'... Le dan un trocito de pan, que al parecer le gusta. 'Este es un hermoso libro' dice con seriedad. (Citado por Kurt Paul Janz en Friedrich Nietzsche. 4. Los años del hundimiento. 1889/ 1900, Alianza, p. 166).

Con una selección oportunista de los póstumos ella edita, ya muerto el hermano, las primeras ediciones de La voluntad de poder (1901 y 1906). Casada con el fanático antisemita Bernhard Förster, Elisabeth habilitará ese legado a los doctrinarios del nazismo, como Alfred Rosenberg, Alfred Bäumler y Ernst Krieck. Para construir un Nietzsche que respalde la doctrina nazi, deberá ocultar los fragmentos en los que él se refiere a la estupidez de los alemanes, se reivindica como descendiente de la nobleza polaca -filiación inventada o alucinada- o expresa su repulsión a los antisemitas.

Porque Nietzsche odiaba a los antisemitas, si bien a su manera peculiar:

"Envidia, resentimiento, rabia impotente como motivo director del instinto: la pretensión de los 'elegidos'; la perfecta mendacidad moral frente a sí mismo; esto es lo que tienen en la boca constantemente la virtud y las grandes palabras. E indiquemos como señal típica que ellos ni siquiera notan el hecho de que son semejantes hasta confundirse con lo detestado. Un antisemita es un envidioso, es decir, el judío más estúpido". (Obras completas en 15 volúmenes, edición a cargo de Colli y Montinari, vol 13, 81).

A los nazis les serán muy útiles algunos fragmentos inéditos conservados por su hermana, como este: "Se trata de ganar aquella enorme energía de la grandeza, a fin de que, mediante el cultivo de la especie -y, por otra parte, de la destrucción de millones de malogrados- se configure el hombre futuro, y no perezcamos por el sufrimiento que producimos, un sufrimiento de tal tamaño como no lo hubo con anterioridad".

Entre el enorme volumen de textos inéditos que hoy se consideran una parte fundamental de su filosofía hay esbozos extraordinarios, minados de ideas con las que Nietzsche hizo estallar la filosofía de los siglos xx y xxi, como si el tipo de los bigotazos y el ceño fruncido no hubiera cesado de escribir hasta hoy. Esta vida después de la muerte se la debemos agradecer a la abyecta Elizabeth: sin ella no tendríamos no solo al ilustre precursor del nazismo sino tampoco el insumo que alimenta la indetenida proliferación de comentarios, ahora que la filosofía ya no se sabe si sirve para otra cosa más que para sacar libros y papers. Los que ponen a Elizabeth como la mala de la película son un poco desagradecidos: ella les guardó la materia prima para manufacturar sus valores agregados. La voluntad de poder, volumen con variadas ediciones póstumas, no es, como se dice con rencor, un libro meramente apócrifo: ella eligió, omitió y decidió una arquitectura entre las varias posibles con las que su hermano se debatía indeciso antes del ataque en Turín de 1889. Decir que es apócrifo habilita a sugerir engañosamente que Nietzsche no escribió esos textos.

Lo que ella hizo es una compilación de fragmentos elegidos entre cientos de cuadernos, igual que las sucesivas ediciones de póstumos que se siguen publicando, solo que más sesgada y mucho más incompleta. Si se recusa la edición que Elizabeth hizo hace más de un siglo de La voluntad de poder porque no es un libro que Friedrich haya terminado y decidido publicar, lo mismo deberíamos hacer con todas las ediciones posteriores de inéditos, incluso con los tomos de las exhaustivas "obras completas" que hoy se citan con aire de autoridad. ¡Tampoco son libros de Nietzsche! Con idéntico criterio, la Metafísica de Aristóteles sería un libro apócrifo, así como también casi toda la obra de Kafka y el Museo de la novela de la Eterna de Macedonio, editado por su hijo tras sesiones espiritistas. De Wittgenstein, solo el Tractatus no sería apócrifo. Y de los presocráticos no quedaría nada. Menos todavía de todas las doctrinas atribuidas a Sócrates, de cuyos libros se conoce a un solo lector.

Elizabeth era odiada y amada por Nietzsche y solo en los meses finales, cuando él estaba muy mal con todo y con todos, también consigo mismo, se decidió a romper definitivamente con ella: él ya había publicado toda su bibliografía oficial (es decir: los que decidió editar como libros). El resto lo conocemos por ella, por repugnante que nos resulten los manejos que hizo de su hermano cuando lo tomó a su cargo sin que él pudiera decidir ya nada. Como todo en el universo nietzsheano, Elizabeth tiene un perfume ambivalente, entre exquisito y putrefacto.

[Habrá más]

domingo, 5 de febrero de 2017

Psycho Killer, qu'est-ce que c'est?

Especial Talking Heads en La otra.-radio.        Medianoche Radio Gráfica FM 89,3, online


Pareciera que no puedo hacerle frente a los hechos
tenso y nervioso, no me puedo relajar
no puedo dormir, mi cama está en llamas
no me toques, soy un cable pelado.

Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
oh oh oh oh   ay ay ay ay

Empezaste una conversación que ni siquiera podés terminar
hablás mucho pero no estás diciendo nada
cuando no tengo nada que decir mi boca está cerrada
decís algo una vez, ¿para qué lo repetís?



Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
oh oh oh oh   ay ay ay ay

Ce que j'ai fait, ce soir lá
Ce qu'elle a dit, ce soir lá
Realisant mon espoir
Je me lance, vers la gloire ... ¡ok!
ay ay ay ay ay ay ay ay ay ay
somos vanos y estamos ciegos
odio a la gente que no es cordial.

Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
Psycho Killer, qu'est-ce que c'est
Fa fa fa fa fa fa fa fa fa far better
Run run run run run run run away
oh oh oh oh   ay ay ay ay



"...se conocieron en la escuela de diseño de Rhode Island en los primeros 70's. Y, si bien la banda se codeó con toda una nueva camada forjada en los clubes punks de esa ciudad, ellos eran otra cosa. Nadie antes que ellos había logrado un sonido similar con guitarras limpias y al frente, despreocupados por hacer solos y enfatizando lo rítmico, por momentos combinando el funk con el pop y el punk, con composiciones accesibles y bailables, con canciones deformadas por grooves, con melodías refinadas. Pero no siempre serían así...". (Fragmento de la nota de César Colman "Cabezas parlantes", que se puede leer completa en el blog Un Largo, clickeando acá).

Hoy a la 0:00 en FM 89,3 escuchamos a Talking Heads, hablamos de política (el Triunvigato) y de cine: Z32 (Avi Mograbi) y Sin Nada que Perder (Hell or High Water). Y seguimos En busca de la melodía perfecta II.



jueves, 14 de julio de 2016

Las flores crecen en su estación, los bandidos son menos previsibles




por José Miccio

Necesitamos de los pioneros para ordenarnos. Los deseamos, al punto de tropezar con alguno siempre. Wong Kar-wai podría ser su contracara: sus películas no se pretenden primeras de nada pero amenazan siempre con ser el fin de alguna cosa. No lo logran, a pesar de llevar los géneros a su hervor. Con ánimo de amar, que se quiere la última gran historia del último gran amor, ha hecho más por el melodrama que cualquier película desde que Fassbinder decidió buscar en Sirk lo que no encontraba en su Europa culta y olvidadiza. Ashes of Time Redux –revisión de su película de 1994 – es un momento decisivo en la historia del Wuxia, puede que el más importante desde que Tsui Hark lo llevó al infierno en The Butterfly Murders. A nada le teme Wong. Ni siquiera a su talento para los planos inolvidables. Sus historias de espadachines, de compleja y estricta estructura temporal, prefieren el melo antes que el drama. Lo dice el epígrafe, tal vez con otras palabras: “Está escrito en el canon budista: las banderas quietas, el viento en calma; es el corazón del hombre el que se agita”. (...) su camino es el exceso y la desvergüenza, los contrapicados del viento, la música que sube y sube hasta hacer de nuestra sonrisa distante una mueca de pez. Alguien lanza un plato hacia arriba y el plano siguiente encuentra la luna llena. En el desierto alguien muere bajo la espada, y las aves levantan vuelo en el lago donde su esposa acaricia un caballo. Así, noventa minutos. Esto que se dice en la película podría hacer referencia a Wong: “Las flores crecen en su estación, los bandidos son menos previsibles”.

[Fragmento del texto "Antídotos", que puede leerse completo en el blog Un Largo, acá]

miércoles, 25 de mayo de 2016

El bebé de Rosemary



por José Miccio *

Hay embarazos difíciles en el cine pero pocos como el de Rosemary. Polanski cuenta esta, la historia de la posible mami del diablo, como podría haberlo hecho Henry James si hubiese llevado al cine sus ideas sobre la narración y el punto de vista. Mantener siempre el foco en un personaje es algo que Polanski hace a menudo, pero solo con esta película consiguió una aventura cognitiva tan reluciente y amena, tan maliciosa además. A diferencia de lo que ocurre con la heroína del clásico relato de James En la jaula, Rosemary no trabaja con signos leves (aunque insistentes) que la interpretación enriquece hasta la desmesura sino con signos pesados que parecen exigir una interpretación más contundente que la que está dispuesta a darles. Para que tan delicado asunto no desbarranque resulta necesario un soporte a prueba de todo, y una increíble Mia Farrow se carga la película sobre sus hombros finitos. Su Rosemary es psicológicamente débil pero narrativamente vigorosa. La clave de la historia es que colme el vaso de la inocencia hasta que el espectador se fatigue. Sus soleros, sus sábanas floreadas, sus pantuflas celestes y su cara de nena se unen a sus decisiones inexplicables. Rosemary cambia de pediatra porque sus vecinos lo sugieren, ingiere comidas y bebidas de sabor extraño, se pone un amuleto que hiede, acepta la violación de su marido sin escándalo, hace todo lo que los otros quieren que haga y nada de lo que el espectador haría en su lugar. Es frágil e insoportable. Necesita protección y gritos. Hay algo del goce propio del teatro de marionetas en el cine de terror, y cualquiera se habrá encontrado alguna vez dando avisos. ¡Cuidado, Rosemary! ¡No tomes eso, no! ¡Pedí una consulta con el doctor Hill! ¡No confíes en una vecina que se maquilla de esa manera! Pero como resulta que nadie sabe más de lo que Rosemary sabe, el espectador sí está en su lugar, obligatoriamente. Sigue, por eso, sus inferencias, aunque no necesariamente las comparta; aún más, el efecto de la historia depende de que dude de ellas pero no pueda rechazarlas. A fin de cuentas, el lobo nunca aparece detrás de Caperucita: crece lentamente en nuestro interior como consecuencia de la confirmación siempre demorada de lo que en verdad ocurre y del ahogo que provoca la misma Rosemary con su aquiescencia loca.

* Este es un fragmento del extenso texto "Madres de cine", publicado completo en el blog Un Largo (clickear acá).


miércoles, 4 de mayo de 2016

Susto continuo



NOTA DEL EDITOR: Desde otoño de 2008 (número 18 de revista La otra, Amy Winehouse en tapa) hasta el otoño de 2013 (revista número 27, con P3ND3J05 en la tapa). José Miccio publicó una serie de 44 notas divididas en 8 entregas sobre el rock argentino en los años 80. Una novena entrega quedó inédita, lo que lleva sus notas hasta un total de 56. Recientemente el blog www.unlargo.blogspot.com.ar publicó las nueve entregas para que estén disponibles en la red. A ellas se agrega una nota sobre los Peligrosos Gorriones co-escrita con Gastón Franchini y publicada en La otra en 2007, que excedería el corte temporal de las notas anteriores dado que la banda liderada por Francisco Bochatón forma parte de la camada del rock argentino de los años 90, pero que por su enfoque guarda una estrecha relacion con las otras notas. Probablemente Miccio algún día complete estas notas con algunas ideas que le quedaron en el tintero, pero así como están constituyen un conjunto de ensayos que no creo que tenga parangón por el objeto que analiza, la agudeza de sus tesis y la calidad de su escritura. Bien podría ser un libro y uno de los mejores escritos sobre el rock argentino, así que para mí es un lujo poder tener estos textos publicados en mis blogs. A continuación están los links para ir leyendo todas las notas en forma cronológica. Estoy seguro de que si el lector acompaña la lectura de estos textos con la escucha de los discos referidos logrará una aproximación única a esta producción artística. Como ya dije antes, no puedo afirmar ni negar que en el futuro haya más notas de esta serie, en la revista, en el blog o en un libro. Pero esto es lo que hay:

Notas primera parte acá.

Notas segunda parte acá.

Notas tercera parte acá.

Notas cuarta parte acá.

Notas quinta parte acá.

Notas sexta parte acá.

Notas séptima parte acá.

Notas octava parte acá.

Notas novena parte acá.

Peligrosos Gorriones acá.

He aquí una pequeña muestra:

En líneas generales, Fuga [el segundo disco de Peligrosos Gorriones] navega las aguas poco tranquilas de Pixies, Nirvana y Don Cornelio. Digámoslo de entrada: desde Patria o muerte que un disco de rock argentino no exponía una sensación tan terminal. Su arte de tapa, sencillo y contundente, advierte cómo viene la mano esta vez. Un título que dentro del universo del rock podría connotar dimensiones utópicas recibe del diseño gráfico un atributo que modifica su alcance de manera definitiva: en la tapa, una hornalla prendida, y en la contratapa, el hueco dejado por esa hornalla en una cocina. Es decir: no se trata de una fuga hacia la libertad sino de una fuga de gas. De la amenaza, no de la utopía. Curiosamente, unas letras más rizomáticas que polisémicas son presentadas, de esta manera, con un juego contrario, casi con una declaración. Como si desde el vamos fuese necesario determinar con claridad el sentido anímico del disco más oscuro de la década.

Todo empieza con “El mimo”, que, como “Cachavacha”, dura un minuto cuarenta, pero que sustituye el juego infantil y perverso por una sensación de abatimiento mucho menos lúdica. Antes, Lynch o Craven. Ahora, Romero. “Mi disfraz es caminar adecuadamente” / “Mi disfraz es caminar por la tierra alegre”, canta Bochatón en el papel de un mimo que trabaja en la radio y reparte panfletos de compro oro. Antes un mal sueño que una crónica, “El mimo” mira de reojo y con desprecio al país entero, zombificado, y tal vez al entonces presidente argentino, “simulando ser campeón de tenis o fútbol”. Como siempre, la canción posee un gran trabajo instrumental y delicados y violentos arreglos de guitarra y teclados, sobre todo en su retorcida mitad. Es hora de reconocer que Guillermo Coda, Cuervo Karakachoff y Rodrigo Velázquez supieron encontrar el sonido más adecuado para las canciones de un Bochatón embroncado e inspiradísimo, y que parte del mérito les corresponde. En “Serpentina”, una de las frases que  se desenrolla vuelve a señalar el contexto: “Nueva democracia musical de fiesta y murga”. Es tiempo de pachanga, y al líder gorrión, rocker herido, poco le importa el linaje rioplatense de la música que cita, aunque mucho le molesta, evidentemente, la nueva trama sonora de la década, en relación con la cual “murga” es solo un desplante metonímico: no cuesta nada leer ahí “cumbia” o “ritmos latinos”. Musicalmente, la canción obliga a Bochatón a forzar su voz en los picos agudos de cada frase, y en la segunda estrofa, si se escucha con cuidado, se puede oír cómo sufre su garganta y cómo su respiración no soporta bien el continuo desplegarse de la letra. Suma, además, gritos a lo Palo Pandolfo y una serie de guturales “¡uhhh!” que dan al tema un aire de ska deforme. Digámoslo sin miedo: “Serpentina” es una de las grandes canciones del rock argentino, y junto con la interpretación sufriente de la posterior “Por tres monedas”, la gran performance vocal de un cantante que jamás figurará en una lista de los mejores en su rubro pero que - como Palo, una vez más - aprendió del punk algo más que a cortarse el pelo.

Si hay una canción cuyo título resume Fuga esa canción es “Continuo susto”. Hay un detalle importante, que probablemente mucho tenga que ver con esta sensación de desgracias totales que invade el disco. Los tres primeros temas se suceden como si su separación fuera menos una pausa que un corte como los que abundan en el interior de cada uno de ellos. Comprobación empírica: el contador del equipo de música solo pone el signo menos, que comunica los segundos que faltan para el próximo track al comienzo del cuarto tema. Lo mismo sucede entre “Agua acróbata” y “Sé que el tiempo”, temas siete y ocho respectivamente. Fuera de relación, esto nada significa, pero en un disco que insiste en armar buena parte de sus canciones con repeticiones obsesivas, que está dominado por oscuros campos léxicos y repleto de frases gramaticalmente desesperantes esta continuidad puede no ser inocente. No al menos si pretendemos explicar por qué Fuga nos pone tan nerviosos cuando lo escuchamos. [Completo acá]

Continuo susto

Anda bien, anda solo, anda con la sed. Anda bien, habla poco, anda con la sed, anda con la sed. Anda solo por la vida sin remedio y sin patrón. Anda con la sed. Anda bien, anda solo, anda con la sed. Anda bien, habla solo, anda con la sed, anda con la sed. Anda solo sin cigueña con la luna en el cajón. Anda con la sed. Anda con la sed. La horrible sensación de continuo susto. Anda bien con su moto. Anda con la sed. Anda bien . Anda solo. Anda solo por la vida sin remedio y sin patron. Anda con la sed. Anda con la sed.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Me metieron en un rollo que al final no sé muy bien cómo se sale


por José Miccio *

...el tono negro de Ciudad de pobres corazones resulta en su momento exageradamente novedoso. En una obra compleja como la de Páez, el triunfo de uno de sus aspectos sobre los otros es un dato acerca del trabajo de recepción: aun cuando algunos lo acusan de tristón, seguramente por sus comienzos con Baglietto, para casi todos Páez es un juglar de la esperanza, alguien que reconoce los malestares pero no concluye una canción sin identificar un brote.

No se trata de una interpretación infundada. “Tiempos difíciles”, “Tratando de crecer”, “La vida es una moneda”, “Viejo mundo”, “Del 63”: algo nace en todas ellas. ¿Qué se escucha más, en primer plano, en una canción tan notablemente ambigua como “Tres agujas”? ¿Quién hubiera dado prioridad al dramatismo poético y existencial de frases como “mi canción es un antídoto liviano” y “estoy tranquilo pero herido” cuando tenía a su alcance, y en posiciones convenientes para el ejercicio de la buena voluntad, otras más afines con el ánimo social de entonces como “cambiar para sentirme vivo”, “te daré una flor antes que un decadrón” y “yo no quiero más andar en piletas”?

La aceptación popular de “Cable a tierra” y “Yo vengo a ofrecer mi corazón”, y la pronta incorporación de esta última al repertorio de Mercedes Sosa, con su consiguiente arribo al cancionero argentino, confirman la lógica y la fortaleza de este modo de comprender la música de Páez.

Desde este punto de vista Ciudad de pobres corazones es un cementerio. Páez cambia entonces sus ideas; es indudable. Contra su canción más famosa dice en una entrevista que terminó el tiempo en que venía a ofrecer su corazón. Contra “Narciso y Quasimodo” y “Cable a tierra” canta en “Track track”: “Ya no existen lazos”. Contra el nosotros que reúne a la humanidad entera identifica un ellos amenazante, un mundo de garcas ominosos e incomprensibles que protagonizan “Gente sin swing” y frases como “Me pregunto qué pensaban cuando estaban por coger”, de “A las piedras de Belén”. Contra la comunicación entre artista y pueblo canta en “Bailando hasta que se vaya la noche”: “¿Y qué pasa? ¿Y sus vidas cómo están?”. Contra el ámbito civil afirma en “De 1920”: “Esto es una guerra”. Y en la introducción del video sobre el disco que filmó con Fernando Spiner: “Naides sabe en qué lugar se oculta el que es enemigo”. Contra las canciones armónicamente complejas toca los ritmos monótonos y obsesivos de “Fuga en tabú”, “Nada más preciado” y “Gente sin swing”. Contra la variedad elige la unidad y el énfasis. Esta vez no hay tango ni folclore ni música latinoamericana. Esta vez hay rock.


* Fragmentos de Notas sobre el rock argentino en democracia, octava parte, que se centra en la obra discográfica de Fito de mediados de los 80 y se puede leer completo en el blog Un Largo, clickeando acá.



Me dijeron que me calle
que no hay mucho más que ver
me dijeron que me vaya
que me deje de joder
Me metieron en un rollo que al final
no sé muy bien cómo se sale
me pregunto qué pensaban cuando estaban por coger.

Que te escupan en la cara
que te duela hoy más que ayer
que te chupen en la cana
que te enseñen a perder
ya no quiero levantarme paranoico
en el medio de la noche.
Ya no quiero que me agarren esta vez.

A la luz de las estrellas
a las piedras de Belén
a las tetas de Gioconda
a los múltiplos de tres
me dirijo hacia ese punto donde hay algo
y a la vez no existe nada
me pregunto qué otra cosa puedo hacer.

viernes, 18 de marzo de 2016

Dos pasos más en la batalla


por José Miccio *

En un encuentro de presentación de bandas nuevas - La Torre, Los Encargados, Gigoló y V8 – publicado por la revista Humor en febrero de 1983 (Ricardo) Iorio reniega de las propuestas optimistas, baja todo a tierra y predica, primero, una bronca de obrero no calificado, y después un imperativo testimonial, privativo según él del heavy metal, que sus letras perseguirán de acá en adelante (pero sobre todo en adelante, con Hermética y Almafuerte), con formas realistas o alucinadas. Dice por un lado: “Nosotros estamos en contra de los tarados que, sin darse cuenta de que los hippones estuvieron quince años tratando de cambiar la vida con paz, y no llegaron a nada, la sociedad los absorbió, les hizo pito catalán. Y acá estamos todavía más atrasados… No sé qué están esperando… Yo llegué a un momento en que dije ‘basta’. Yo no podía estar escuchando a Robin Williamson si tengo a un patrón que me está gritando, que en un día me hacía acomodar cuatro sillas y antes acomodaba tres, y ahora me da cinco más… y encima me siguen exigiendo, y no tengo nada, y estoy sin nada”. Y por el otro: “Creo que lo que nos influye más que nada es el presente. Para gente como nosotros, nuestra música es la música del presente (…) Si querés acordarte de cuando tu abuela te llevaba a la plaza, o de cuando tu mamá te contaba un cuento, podés escuchar a Nito Mestre. O si querés imaginarte que andando por la calle vas a encontrar una doncella azul en un caballo desbocado, escuchá Peperina. Pero si querés vivir la realidad, conectarte con el presente y darte cuenta de que en el colectivo estás mal, que no tenés plata para comprarte unas zapatillas o tomarte una cerveza, tenés que escuchar heavy metal”.

Este es el ánimo de Iorio a los 20 años. Con él y sus tres compañeros graba en 1983, en pocas horas de estudio y para una compañía sin historia, un disco que a la larga sería tan influyente como Wadu Wadu o Clics modernos. Era el tiempo en que Judas Priest sonaba con su cuero sadomaso y el heavy gozaba de las burlas casi generales del periodismo argentino. Como los primeros discos de Virus y el debut de Los Violadores, Luchando por el metal reniega de una tradición que considera dominante y zombi y pretende desenmascarar falsos profetas. Es un disco declamatorio y gritón, breve y agresivo, con ecos punk en algunas letras y en la voz de Zamarbide, nada virtuosa. La acción que compromete a la banda se dice en el título y tiene su continuidad lógica en el del segundo disco, Un paso más en la batalla. Como es común en los manifiestos todo se organiza en dos pares de opuestos: ayer / hoy y nosotros / ellos. El pasado y los otros se dicen en la palabra hippie y en otras a ella asociadas. Blando y paz, fundamentalmente. Sus antónimos señalan el lugar y el tiempo propios: todo el léxico belicista en lugar de paz, duro o pesado en lugar de blando y metálico en lugar de hippie. ["Notas sobre el rock argentino en democracia", quinta parte. Completo acá]

***

Cuando los años 80 terminan existe ya una tradición de encierros, espejos amenazantes y erotismo variopinto que tiene a la habitación y sus ambientes vecinos como escenarios predilectos. Pero, de manera notable, una vez que esta serie predominantemente pop encuentra su rizo (para volver a desplegarse pronto, en las melancolías propias del indie), otras figuras del campo asoman, esta vez como parte de un nacionalismo rancio y telúrico, de vocación indigenista. Su bardo es Ricardo Iorio y sus canciones programáticas ocupan un lugar acorde con sus pretensiones de refundación. En 1989 “Cráneo candente” abre el disco debut y homónimo de Hermética. Dos años después, “Robó un auto” abre Ácido argentino. Ambas reescriben la legendaria huida de Martín Fierro hacia los indios, aunque esta vez la voz quiere otro lugar. Fierro canta siempre de este lado, antes de irse y después de volver, porque en la barbarie no hay lenguaje. Iorio busca su palabra ahí, fronteras afuera.

Lo cierto es, en todo caso, que la pampa es del matrero. Por lo tanto, el límite de la ciudad es la partida: son las “patrullas” y las “autoridades camineras” que sortea el evadido. Detrás de ellas – es decir, fuera de la ley – empieza el campo. Ahí, “Cráneo candente” describe una alucinación e intenta algunas analogías imprecisas. Más radical, “Robó un auto”, que carece de revisionismo histórico, funda una vida nueva. Las dos canciones dejan algo en claro: en la ciudad hay expoliación o acostumbramiento y en la pampa – o “el desierto” - hay verdad pero no calma. Los obstáculos acentúan la decisión de ir hacia la tierra o permanecer en ella. El sol arde y arrastra al que huye a la experiencia de los vencidos. El viento y el invierno azotan a la pareja que levanta su casa al pie del cerro. Finalmente, el momento afirmativo del viaje ocurre en “Robó un auto”. Su emblema son los hijos que nacen en el campo y su doctrina, una frase con voluntad de monumento anarquista: “Pudieron sentirse su estado / su patrón / su íntimo Dios”. ["Notas sobre el rock argentino", sexta parte. Completo acá]

* Fragmentos de las "Notas sobre el rock argentino en democracia" que estamos publicando en el blog Un Largo.

jueves, 3 de marzo de 2016

Carlos García y Carlos Solari


por José Miccio *

“Transas” se burla de las acusaciones, de los acusadores y del acusado. No deja nada en pie. Pero Fiorucci, la poca ropa y la exposición mediática de García son detalles menores en esta etapa. Aquella historia, que va del cinismo al lamento, es solo una de las que protagoniza, y de las menos interesantes a pesar de su importancia. Todavía entonces, como hoy mismo, la mayor parte de las canciones siguen ligadas a una ética que para el rock es fundacional y cuya afirmación, a pesar de altos o desvíos, se repite mientras cambian los contextos. La retórica contracultural, aunque a veces insegura, es un patrimonio del que se reniega raramente y que atraviesa el discurso de todos los músicos. Hay una disputa en torno a él, pero su legitimidad no se rechaza. García, por ejemplo, lo llora después de sacudirlo un poco. Se puede hablar en estos años de su mentira, del engaño de Cantilo o la hipocresía de Porchetto. Pero ese discurso es todavía la verdad del rock. Lo que está en cuestión es quién lo encarna y cuáles son sus formas auténticas.



Carlos Solari, a quien llaman Indio, oye y hace muecas. Está preocupado pero desconfía de palabras con las que coincide. Dice: “Hoy el rock es la música oficial del sistema”. Como García, habla desde mitad de década y testimonia un mismo humor. Alguna vez - se sorprende – concuerdan. Pero su lugar es otro. Participa con una autoridad curiosa. No tiene manager ni compañía discográfica. Ni siquiera publicita sus shows. García es el hombre de toda tapa. Solari es el hombre del subsuelo y dice saber cosas que otros no saben. O peor: que han olvidado. Que es de noche, por ejemplo. Y que la fiebre de los héroes no es tan alta. El rock no ha aflojado sus cuerdas para que él le cante sus embustes; para eso está García, esa institución. Solari vive como un extemporáneo, parado en el margen que queda. Tiene bigote setentista y discurso beatnik. Y sus primeros discos muerden. Pone rojo, negro y pueblo en la tapa de su obra maestra y canta el presente y su historia.




* Fragmento del texto "Notas sobre el rock argentino en democracia", que se puede leer completo en el blog Un Largo, clickeando acá.

viernes, 26 de febrero de 2016

Yo no me sentaría en tu mesa


por José Miccio *

1- El 19 de abril de 1987, desde el balcón de la Casa Rosada, Raúl Alfonsín pronuncia un discurso que, como sucede a veces, cuando la Historia apremia, no necesitaría del tiempo para volverse célebre. Dice entre otras cosas: “Y hoy podemos todos dar gracias a Dios: la casa está en orden y no hay sangre… en Argentina”. Quienes llenan la Plaza de Mayo aprovechan la pausa que hace el Presidente después de la palabra sangre para vivar y aplaudir. La transmisión televisiva edita entonces el contraplano del balcón, hace un paneo sobre la multitud e imprime sobre ella esta leyenda, titilante, en mayúsculas amarillas: “Democracia para siempre”. Hay banderas de distintos partidos y Alfonsín está acompañado por hombres del radicalismo y de la oposición. Todos saben, abajo y arriba, que algo importante está en juego. Sabrán también, más tarde o más temprano, que la crisis de representación no es patrimonio del arte.

2- El 4 de junio de 1987 el Congreso de la Nación sanciona la ley 23.521. Se la conoce como “Ley de obediencia debida” y se añade a la de “Punto final” de diciembre del año anterior.



3- El 21 de julio de 1987 Jesús Rodríguez, primer candidato a diputado nacional por la UCR, participa de una conferencia de prensa organizada por la Juventud Radical metropolitana. Se anuncia un recital de rock.

4- El 22 de julio de 1987 la volanta de una nota publicada por Clarín dice: “Insólito episodio en una rueda de prensa de la J.R.”. En el cuerpo de la noticia se lee: “Una insólita situación se planteó durante una conferencia de prensa organizada por el radicalismo metropolitano para anunciar un festival de rock, cuando los integrantes de uno de los conjuntos contratados para actuar en el recital se negaron a compartir la mesa con los dirigentes de la U.C.R. para manifestar su oposición a la ley de obediencia debida”. La banda de la discordia es Los Fabulosos Cadillacs, un conjunto de corta edad que el año anterior había editado su disco debut, Bares y fondas, para el sello Interdisc con producción de Daniel Melingo.

5- El 23 de julio de 1987, en el marco de la campaña que la UCR lleva adelante con miras a los comicios de septiembre, David Lebón, Los Abuelos de la Nada, Los Enanitos Verdes y La Torre actúan en Obras Sanitarias. También Los Fabulosos Cadillacs, que desistieron de desistir con el argumento de que el contrato que habían firmado era inquebrantable y no querían decepcionar al público que fuera por ellos al evento partidario. La escenografía se reduce a una bandera: “La J.R. va con vos”.

6- El 25 de julio de 1987, en su cobertura para el diario Clarín, Alfredo Leuco describe el clima del show, menciona algunos objetos - una moneda, por ejemplo - que volaron hacia el escenario y cita una declaración de Vicentico en la posterior conferencia de prensa: “Es una chirola de diez pesos, del año 77, del proceso, flaco”. En La Razón del mismo día, Rubén Guillemi recoge en una nota llamada “El rock de los jóvenes radicales” unas palabras de Mario Siperman, tecladista de la banda: “Los que están a favor de la obediencia debida se comportaron de acuerdo con su línea de pensamiento”. En otra página del mismo diario se anuncia: “El 20 de agosto Los Fabulosos Cadillacs entrarán a estudios – muy posiblemente sea Ion – para registrar su segundo LP, que aún no tiene nombre (…) la producción artística de la placa correrá por cuenta de los numerosísimos y rebeldes cadillacs”.

7- Poco después sale a la venta Yo te avisé. El disco tiene una tapa que imita la del debut de los Specials, un protagonismo mayor de los bronces, al menos dos grandes canciones (“El genio de Dub”, “Una ciudad llamada vacío”), un oportuno pozo ciego y algunas bravatas de rude boy. El primer tema del lado dos – así se hablaba entonces - se llama “Yo no me sentaría en tu mesa”.

[* Texto: Fragmento del ensayo de José Miccio "Notas sobre rock argentino en democracia (tercera parte)" (Completo acá), que viene publicándose en el blog Un Largo; clickeando sobre los títulos, pueden leerse también Notas sobre rock argentino en democracia (primera parte) y Notas sobre el rock argentino en democracia (segunda parte).]

miércoles, 17 de febrero de 2016

Patria o muerte


Dice José Miccio en un fragmento de la nota X de Notas sobre el rock argentino en democracia:

..las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que se han interpretado, no sin razón, como el otoño alfonsinista, señalan en realidad solo el primer acto de un drama de descubrimiento cuya duración se extiende al menos por quince años (los indultos de principios de los años 90 constituyen el segundo y la crisis neoliberal de 2001 el último). Recién entonces se tomarían en serio los comentarios que las ruinas de la izquierda hacían durante los felices años de la joven democracia. Eran esas voces anacrónicas y desautorizadas, que insistían en denunciar la dependencia de los organismos internacionales de crédito y el persistente imperio de la última dictadura militar en la vida de los argentinos. Visto así, la sospecha de que había continuidad entre el país de los últimos años del menemato y el de la dictadura contrasta de manera notable con esa experiencia de lejanía que el fervor eleccionario suscitó cuando el tiempo posmalvinas parecía representar el definitivo arribo del país a la tan ansiada madurez social. Patria o muerte es tal vez el único disco de rock que inscribió en su  sonido un nivel de malestar que nada tenía que ver con los juegos románticos y decadentistas que llevaban adelante los grupos que habían descubierto hacía poco a The Cure y a Siouxie, a Bauhaus y a Talking Heads, a Joy Division y a Echo and the Bunnymen. Don Cornelio contestaba entonces a su álbum anterior, de mezcla clara y distinta, y a su contexto social inmediato, de pascuas tristes y endebles, con un título que no por azar reponía, en forma desviada, una lexía de los años 70. Pero entonces todo esto era literalmente inescuchable. Como si Patria o muerte no hubiese sido parte de una década que, sin embargo, tuvo.

[Esta serie de notas se están publicando en el blog Un Largo; para leer completas, clickear acá]


miércoles, 10 de febrero de 2016

Rock y tiempo




NOTA DEL EDITOR: Un proyecto de largo aliento -tanto para un blog como para una revista de papel de periodicidad incierta- comenzó en otoño de 2008 (número 18 de revista La otra, Amy Winehouse en tapa) y se extendió -al menos por el momento- hasta el otoño de 2013 (revista número 27, con P3ND3J05 en la tapa). Se trata de una serie de 44 notas de José Miccio, publicadas en 8 entregas, sobre el rock argentino en democracia. Hay todavía una novena entrega inédita, que llevan las notas hasta un total de 56. Las ocho partes editadas y la novena inédita, con sus 56 notas, serán publicadas a partir de hoy a razón de una por semana en el blog www.unlargo.blogspot.com.ar. Nadie puede afirmar pero tampoco negar que en un futuro haya más notas de esta serie, en la revista, en el blog o en un libro. Como editor de revista La otra y del blog Un Largo, creo tener entre manos una obra imprescindible, un texto con destino de consulta, para leer con placer y sorpresa, con el que no es necesario estar siempre de acuerdo pero todo el tiempo dan ganas de que siga. Y de volver a escuchar los discos de los que habla, no solo los buenos, sino los otros. Sinceramente no creo que haya otro texto que se haya planteado preguntas tan agudas sobre el rock argentino de los 80. Los clásicos, los secretos y los olvidados, están (casi) todos. Hoy empieza y se saborea durante 9 semanas (habrá llegado otro otoño) y de ahí en mas. Se los recomiendo con entusiasmo.
OAC

Advertencia 2016 del autor

Hace ya varios años comencé a publicar en la versión en papel de La otra una serie de notas sobre el rock argentino de los años 80. Tenía tantas pretensiones que en cierto momento me dije que eran mis Grundrisse, y que ya llegaría El Capital. Por suerte el tiempo y la escritura me fueron convenciendo de que mi proyecto era inviable (y yo un pobre pelotudo), y que si tenía algo que decir sobre una música que amaba debía hacerlo en el modo más abierto del ensayo. No estaba preparando nada: esto era lo que quería escribir. Así, lo que apuntaba a ser una historia social del rock argentino fue convirtiéndose poco a poco en unos apuntes que debían bastarse a sí mismos. Lo noto al repasar los textos para esta nueva publicación (gracias otra vez, Oscar Cuervo): al comienzo quería que hubiera coherencia, que todo cerrara, que cada nota fuera una pieza y todas armaran una figura. La época, digamos. Después me amigué con el fragmento y dejé de creer que fuera posible (o deseable) ir tras la totalidad. El punto de quiebre lo señala para mí la serie número seis. A partir de ahí los textos representan mejor al tipo que soy ahora. Pero bueno. Más allá de mis dudas respecto de las primeras entregas (no suscribo lo que escribí sobre Miguel Grinberg, por ejemplo, absolutamente exagerado) me gustan las notas porque hablan de Charly, del Flaco, de Virus, de Fito, de Sumo, de los Redondos, de Soda, de Fricción, de Los Encargados, de Don Cornelio. Es decir, de bandas y solistas que me acompañan desde que tengo quince años y cuyas canciones dicen de mí cosas más verdaderas que las que puedo decir yo mismo. Kamikaze y Piano Bar me conocen mejor que nadie. En fin. Son cincuenta y seis notas en nueve entregas. Corregiría varias, borraría algunas, la mayoría me parece legible, dos o tres me enorgullecen. No pude resistirme a modificar un poco la puntuación de las primeras.
JM

[Esto sigue ahora mismo acá]

viernes, 14 de agosto de 2015

Los economistas del PRO y el equívoco del liberalismo


por Juan Manuel Iribarren

Como por consejo de asesor han decidido no presentar ningún proyecto económico, habrá que hacer de cuenta que las ponencias de Espert, Broda y Melconian en el Consejo Interamericano de Comercio y Producción son el único rastro, la única pista con la que contamos para dilucidar algo de lo que están pensando sobre la economía, por lo que no sería descaminado hacer de cuenta también que esa reunión semiprivada fue una reunión pública con el objeto de dar a conocer cómo piensa el equipo económico del macrismo y por qué lo deberíamos votar. Que no podamos recurrir al Pro para saber cómo piensa el Pro solo es parte de la época; hoy no solo la derecha ya no cree en la división derecha- izquierda, y los neoliberales se ven a sí mismos como liberales, sino que hay un intento de dejar de considerar a la política como tal con el fin de presentarla como gestión- y la gestión es racional y esa racionalidad es más o menos compartida por todos los analistas de buen fundamento; lo que evidencia, por supuesto, que la ideología es de los otros, y que son ellos- los gestores- los únicos que no tienen ideología, ya que la ideología es irracional y ellos representan el sentido común; y por sentido común también se debe entender una razón suprema, por lo que los políticos solo deben limitarse a gestionar, o en su defecto, a buscar quien les gestione y nada más: se trata por supuesto de ideologías reforzadas, y hay que entender en esta naturalización de la ideología un enorme y peligroso acto autoritario- tan brutal en sus fundamentos como inofensivo en su imagen- expresado en la frase de Melconian: "aquí no hay ideología, aquí hay capitalismo, aquí hay sentido común y aquí hay reglas de juego".

Como los tiempos han cambiado, hoy algunos partidos políticos ya no pueden lucir sus economistas como en otras épocas, hoy tienen que esconderlos, ocultarlos, solapar un poco sus ideas, y si fuera posible, negarlos un poco, oscurecerlos, aunque se trate de economistas reconocidos, todos doctores con una larga reputación de la que sin embargo ya no se ocupa la sociedad civil, que ha dejado de percibir garantías en el conocimiento académico como lo hacía en otras épocas; pero quizás esté tan naturalizado el ocultamiento del macrismo detrás de falsas banderas, y sea tan fácil de entender, que no pensemos que sea importante intentar entender también la otra cara de la moneda y es por qué estos economistas se prestan al juego, y qué lejos quedó la época en que los economistas defendían a capa y espada sus ideas y sus locuras, diciendo lo que había que hacer con todas las letras y en todos los medios, muy lejos de la inquietante timidez (matizada de soberbia compulsiva, hay que decirlo) de algunos economistas de hoy, que juegan el papel de los incomprendidos, los que no pueden decir lo que piensan porque la sociedad no está preparada.

Que Melconian sea el único economista orgánico del Pro, que los demás sean asesores, que incluso Espert reniegue de la política y de los políticos y diga que no pertenece a ninguna corriente, no invalida que se pueda ver un conjunto en las ideas, no tanto porque se presenten juntos sino porque las diferencias sutiles en los discursos no son lo suficientemente evidentes para, de ser conocidas, generar una repercusión pública de distinto tenor; puede que si les tocara gobernar tuvieran algunas diferencias, pero en lo que respecta a la opinión pública no habría diferencias sustanciales, la reacción sería la misma, así que es conveniente ir a la cuestión central, que a mi modo de ver, no es tanto la que dicen, como la que suponen (e incluso dicen en otras ocasiones) al pasar: debido a que la sociedad argentina está enferma de populismo no es posible decirle la verdad sin generar una reacción negativa (sin que no nos voten), por lo que, dado que la sociedad argentina no puede hacer valer su razón, ya que se trata de una razón enferma, es necesario engañar al pueblo para evitar que el pueblo se autoengañe a sí mismo con falsas ilusiones de carácter patológico, digamos, por ejemplo, la inclusión social, el pleno empleo, el aumento del gasto público, entonces, resumiendo: es necesario engañar al pueblo para que el pueblo no se autoengañe. Y con esto arribamos a una diferencia sutil con la factoría Duran Barba que diría que es necesario engañar al pueblo solo para llegar al poder, lo cual no es tan sencillo de ver como reflejo de alguna ideología en particular, y parece ser un poco más elemental; en tanto que engañar al pueblo para que ese pueblo no se autoengañe, y por supuesto, con las mejores intenciones, no puede dejar de pensarse como una ideología interesante de señalar ya que tratar al pueblo como a un enfermo al que no hay que decirle lo que tiene ni explicarle cual va a ser su cura, presupone echar por la borda todos los ideales liberales al suponer un sujeto sin libertad, sin capacidad de decisión, y sin racionalidad, y evidentemente en esto hay una verdad y un sentido común que presupone lo conveniente de esa táctica y ambos, tanto la verdad como el sentido común, son una construcción ideológica; en lo que respecta a lo conveniente, son estrictamente ideológicos y como tales, siempre algo difíciles de vislumbrar y retener un tiempo en la lupa. Y con lo que intenta ser invisible, lo que no quiere mostrarse, siempre tenemos la opción de un deber: Visibilizarlo.

Ya que el macrismo se presenta como no ideológico y no creo que sea prudente juzgarlo sin saber que piensan ellos de sí mismos, y dado que sobre eso no pueden hablar por consejo de asesor, para acercarnos, deberíamos saber al menos qué piensan estos economistas de sí mismos? Por supuesto, que son liberales, pero ¿lo son realmente? ¿De qué hablamos cuando hablamos de liberales?

[Fragmento de la nota "De qué hablamos cuando hablamos de liberales y otras cuestiones (1)", cuyo texto completo puede leerse en el blog Un Largo, clickeando acá]

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Cuando la miro con ansias sonríe y cuando anochece..



por Luciano Deraco

Algo así como esas fotos viejas que retienen momentos entrañables, resistiendo amarillentas los embates del tiempo y el polvo del olvido.

Cualquier imagen elegida al azar de esos seis tipos pícaros y guarros que respiraban irreverencia parece ya anacrónica, desfasada y ajena. Así y todo, cualquiera de estos retratos furtivos de una ya época añeja y casi irreconocible nos instala, al menos por un instante, ante un cóctel de libertad, baile y desparpajo. No obstante, el exótico menú no acababa en una colorida y animada entrada de jolgorio. Tampoco en el sonido potente de esa banda ideal de los primeros 80, minada de talentos como Gustavo Bazterrica, Cachorro López, Daniel Melingo o Andrés Calamaro, en su época más popular. Era la pluma sagaz e iluminada de Miguel Abuelo la que dejaba satisfecho hasta al apetito más voraz, tambaleando de yapa, a cuanto cerebro gris se le topara en el camino hacia la mesa de la deidad.

La aventura de Los Abuelos de la Nada había sido inaugurada con notable lisergia en el ocaso de los años sesenta: su primera formación data de 1968, integrada por "Mayoneso" Fanacoa (teclados), Miky Lara (guitarra rítmica), Alberto "Abuelo" Lara (bajo) y "Pomo" Lorenzo (batería); Claudio Gabis, fue primera guitarra en la grabación del simple "Diana Divaga". Pero en la cara B ("Tema en flu sobre el planeta") aparece nada menos que Norberto Pappo Napolitano como guitarra líder. Después vino un voluntario exilio europeo de Miguel (del que también queda un disco: Miguel Abuelo & Nada , 1975).



(Fragmento de la nota "Miguel Abuelo: la eterna postal de la libertad", que se puede leer completa en el blog Un Largo, clickeando acá)

martes, 9 de septiembre de 2014

Cerati x Aloras


por Gonzalo Aloras *

No hay otros ejemplos entre los músicos populares argentinos de su generación que dediquen tanta pasión a la producción y le den tanta importancia a la experimentación, a la tímbrica, a las sonoridades, a la instrumentación de cada uno de los versos, a la decisión en los materiales, al proceso mismo de grabación y mezcla; en otras palabras: al amor por el audio. Pues acaso si los hay entre aquellos cantantes que saben rodearse de profesionales y logran un refinado producto, no son artesanos en la concepción general del proyecto. Gustavo Cerati es un escultor: esculpe el audio de sus canciones en el aire (junto a su invalorable equipo de labor: técnicos y músicos). Este arduo trabajo sonoro que denota horas modelando arreglos, sonidos y efectos, sumado a los aciertos compositivos y líricos de al menos las cinco canciones que aquí se transcriben, hacen de este disco un techo, un umbral de la época pop argentina y un faro para aquellos que, fuera de todo prejuicio perceptivo, esperan siempre dar con algún registro intenso, alegre y renovador para sus oídos, sea cual fuere su autor, su procedencia.

* Fragmento de una nota publicada en el blog Un Largo. Para leerla completa, clickear acá.