jueves, 8 de enero de 2026
El mármol de Carrara, los excavadores y Miguel Ángel
jueves, 11 de septiembre de 2025
La lejanía de Gaza y los israelíes
por Lidia Ferrari
Nuestras actuales guerras son dirigidas por gente que envía misiles, drones, bombas desde miles de kilómetros de distancia.
Me intrigó la cuestión de la lejanía, porque Gaza e Israel se encuentran en un territorio muy pequeño, muy cercanos uno del otro.
Mi intriga me llevó a Google Maps. ¡Cuánto aprendí allí de lo siniestro de nuestro mundo! Quería saber cuántos kilómettros hay de Gaza a Tel Aviv, la capital real de Israel, pues a pesar de que el gobierno proclama que su capital es Jerusalén (que también reclama Palestina), no ha sido reconocida por muchos países del mundo. Como sea, Tel Aviv es la ciudad de Israel más importante política y económicamente. Cuando le pido a Google cómo llegar a Gaza, responde que no hay ninguna ruta para ir a ese destino. Es decir, Gaza no existe para Google Maps.
Entonces elijo la ciudad de Israel más cercana al límite de Gaza, Zikim. Allí Google funciona y me contesta que hay 68 kilómetros. Calculo entonces que el límite norte de Gaza está a 70 kilómetros de Tel Aviv. Siento un golpe en mi entendimiento. ¿Todo el horror que estamos viendo a diario, los niños y civiles hambreados, los hospitales bombardeados, las escuelas y universidades cerradas, los periodistas asesinados, la gente que muere de hambre está a esa poca distancia de Tel Aviv? Si la franja de Gaza tiene 41 kilómetros de largo, Tel Aviv está a poco más de 100 kilómetros de la parte más distante de Gaza. Pienso. ¿Cómo hacen para no enterarse del horror en que viven los palestinos? Porque nos hacemos la idea de que están muy lejos del escenario del horror. Pero no, la distancia que tienen los israelíes (no todos quizás) es sensible, no se mide en kilómetros. No se trata de distancia geográfica, se trata de distancia emocional, ética, humana. Es más, viendo cada vez más videos de israelíes que denuncian el festejo de sus conciudadanos acerca de los horribles crímenes que cometen sus soldados y sus colonos, no nos queda ninguna duda. La distancia es la de la impiedad, la de la crueldad, la insensibilidad con lo que sucede tan cerca geográficamente pero tan lejos de su alma. Entonces se entiende por qué precisan no considerar humanos a los palestinos y degradarlos. Como para sostenerse en alguna idea que consienta tanta crueldad. Quienes ejercen esa violencia con tamaña impunidad deben convivir en el horror de su propia crueldad.
Pienso. Sería imposible que suceda un genocidio a 70 kilómetros, a 100 kilómetros de donde vivo, y que no esté enterada, advertida, o que nadie haga nada para impedirlo. ¿O será que con décadas de adoctrinamiento podemos, cada uno de nosotros, llegar a aceptarlo?
Hay una ciudad egipcia cerca de Rafah, en el límite sur de Gaza. Google allí sí me guía. Pero para llegar a la ciudad de El Arish, que estará a poco más de 100 kilómetros de Tel Aviv, Google me propone hacer 620 kilómetros. ¿Por qué Google me dice que no encuentra ninguna ruta para llegar a destinos que están en Gaza? No sólo porque es cómplice de Israel y borra a Gaza de la geografía. También porque Israel ha destruido sus caminos, sus casas, sus olivos, sus cultivos, sus bordes, su orografía, tratando de exterminar la vida que bulle en ese espacio geográfico. No sólo se trata de borrar a su gente del mapa, sino de hacer como si esos lugares no existieran. Quizás creen que, cuando hay terminado con el exterminio (hagamos que no suceda) y hayan expropiado lo que no les pertenece, no habrá consecuencias acerca de cómo lo han obtenido. Creen, ilusoriamente, que nos vamos a olvidar de sus crímenes y que disfrutarán de esas playas como si nadie hubiera habido allí antes. No saben o no quieren saber del retorno de lo reprimido y menos aún de los efectos en sus cuerpos y en sus almas (si es que las poseen) del retorno en lo real, cuando tanta forclusión de la Ley se les venga encima.
Los videos que vemos de la crueldad y la impunidad con la que los israelíes tratan a los gazatíes es de una ignominia tal que retorna en mí cuando miro el mapa. Hay playas, como la de Zikim, a metros de Gaza, que son visitadas por israelíes. Se pueden leer sus reseñas. Algunos se animan a decir que se trata de Palestina. Pero otros opinan que la playa está sucia debido a los detritos de los gazatíes. Me conmociona escribir esto como me conmocionó verlo en el mapa.
Se trata de gente que está conviviendo con el mal. Lo han hecho suyo. Ahora entiendo, por eso viven en bunkers. Pero los bunkers no los pueden separar de la propia crueldad, si están a dos pasos de quienes están exterminando. Una película reciente -no la he visto aún- trata de la vida familiar de un jerarca nazi a metros del campo de concentración que dirigía. ¿Cómo se puede vivir tan cerca del horror y del hambre de millones de habitantes? ¿Cuánto esfuerzo psíquico -si no se lo quiere admitir- es preciso para poder negarlo? ¿Cuánto daño psíquico se produce si para poder soportarlo se lo aprueba y se lo festeja? ¿Cómo quedarán estos niños y adolescentes israelíes acostumbrados a maltratar a todo palestino y a no considerarlo un semejante? ¿Cómo sobrevivirán -si los palestinos no sobreviven al exterminio- quienes lo están produciendo? ¿Cómo sobreviviremos todos nosotros a tanto horror transmitido en directo? Por eso la Global Sumud Flotilla es una de nuestras esperanzas, la de que hagamos algo para detener este inadmisible e insoportable genocidio en Gaza.
jueves, 3 de marzo de 2022
100 años de Pier Paolo Pasolini (5 marzo 1922 – 2 noviembre 1975)
por Lidia Ferrari
Inmediatamente antes de su asesinato en 1975 Pasolini escribe una serie de notas polémicas en diarios de la época. Épocas antiguas en las que los diarios de circulación masiva producían interesantísimos debates intelectuales. Se ocupa de ese nuevo fascismo que emergía en los jóvenes de los años ’70 y hace un contrapunto con lo que denomina el fascismo “normal”, el de la sociedad de consumo capitalista que producirá una mutación antropológica de los italianos.
Para Pasolini siempre fue posible distinguir entre diferentes culturas en Italia, pero esas culturas cedieron a la homologación de la sociedad de consumo, realizando el sueño interclasista. Dirá que ese nuevo poder no es fácil de reconocer y no está ni en el Vaticano, ni en las fuerzas armadas, ni en los potentes democristianos, ni tampoco en la gran industria italiana. Ese nuevo poder tiene rasgos modernos de una falsa tolerancia. Para Pasolini este nuevo poder capitalista es en realidad una forma “total” de fascismo porque ha homogeneizado culturalmente a Italia.
En 1974 concluye una nota que titula “El poder sin rostro” diciendo: “Porque el viejo fascismo, aunque más no sea a través de la degeneración retórica, distinguía: mientras el nuevo fascismo no distingue más: no es humanísticamente retórico, es americanamente pragmático. Su fin es la reorganización y la homologación brutalmente totalitaria del mundo”.
La reacción de diversos intelectuales fue inmediata. Lo acusaron de añorar el pasado rural de Italia. Pasolini los despacha a leer a Gramsci y a ver sus propias películas. Lo que le interesa es afirmar que el centro cultural del consumo ha destruido la diversidad de culturas a escala mundial y esto supone, para Pasolini, “el nuevo y más represivo totalitarismo que nunca se haya visto”. Como Italo Calvino había escrito que no conocía a los jóvenes fascistas ni querría conocerlos, Pasolini le dice que su respuesta es muy desafortunada, por dos razones. Primero porque no reconocería a un joven fascista de uno que no lo es, pero, sobre todo, le propone lo acertado que sería encontrar a alguno de estos jóvenes fascistas pues ellos “no son los fatales y predestinados representantes del Mal: no nacieron para ser fascistas. Nadie […] les puso de manera racista la marca de fascistas. Es una atroz forma de desesperación y neurosis que empuja un joven a una tal elección; y quizás habría bastado una sola pequeña diversa experiencia en su vida, un solo simple encuentro, para que su destino fuera diverso”. Un Pasolini lúcido y sensible que nos explica el terrible error que se comete cuando se hace sustancia del ser de un sujeto.
Me detengo en estas palabras de Pasolini porque considero que nos ayudan a pensar el momento presente y a no practicar el mote de fascista livianamente.
Comenta el filme Fascista de Luca Naldini, hecho con imágenes de archivo de la época de Mussolini y dice que hay que verla para constatar que esa gente ya no existe más. Pasolini, tan sensible a los rostros humanos, nos dice:
“Basta un instante de posar tus ojos en esos rostros para ver que esa multitud ya no existe más, que están muertos, que están enterrados, que son nuestros abuelos. Esto es suficiente para comprender que el fascismo no se repetirá de nuevo. Es por eso por lo que una buena parte del antifascismo de hoy, o al menos lo que se llama antifascismo, o es ingenuo y estúpido o pretencioso y de mala fe: porque libra batalla o pretende dar batalla a un fenómeno arqueológico muerto y enterrado que ya no puede dar miedo a nadie. En resumen, un antifascismo cómodo y aplacado. Creo, lo creo profundamente, que el verdadero fascismo es lo que los sociólogos han llamado demasiado bien “la sociedad de consumo”. Una definición que parece inofensiva, puramente indicativa. Pero no. Si uno observa bien la realidad y, sobre todo, si sabe leer en los objetos, en el paisaje, en lo urbano y, sobre todo, en los seres humanos, ve que los resultados de esta despreocupada sociedad de consumidores son la consecuencia de una dictadura, de un verdadero y propio fascismo”.
Para Pasolini la sociedad de consumo es el verdadero fascismo de los años ’70. En términos actuales hablaríamos de neoliberalismo. Todo el tiempo el periodismo publicitario y hasta intelectuales y políticos nos alertan sobre los fascistas redivivos. Esos espejos deformados de los fantoches fascistas de antaño podrían ser una coartada. La coartada para conducir una lucha antifascista que, si seguimos a Pasolini, esconde el vero fascismo en ese neoliberalismo cuyo rostro cambia, muda, se transforma hasta ofrecernos su mejor rostro: el rostro que más te guste, mientras su verdadero rostro, si lo tuviera, perpetra tropelías que conducen a lo peor.
(Hasta aquí un fragmento de mi texto ‘Jorge Alemán y Pasolini contra el retorno de los demonios’, publicado en la revista #LacanEmancipa el 5/07/2019, que se puede leer completo acá).
En esta semana, después de haber visto en Italia en acción una caza de brujas sobre ciudadanos rusos y hasta una censura de un curso sobre Dostoievski en una universidad de Milán, procedimiento de censura que ha visto la aprobación de tanta gente, casi se podría pensar que se trata de un retorno fascistoide, de antiguo cuño. Sin embargo, se hace en nombre del ‘mundo libre’. ¿Qué pensaría Pasolini en estos tiempos?
sábado, 11 de septiembre de 2021
La chirinada: Jauretche, Borges, la Duquesa Esmeralda y Cristina
domingo, 15 de agosto de 2021
La geopolítica del Homo Sapiens y los desastres naturales
jueves, 17 de junio de 2021
Borges y Perón: “Hacer creer”
a la memoria del '55
Borges escribe una fuerte diatriba contra Perón en 1955, año en el cual festejaría el derrocamiento del gobierno de uno de sus enemigos ideológicos. Su texto intenta mostrar el procedimiento por el cual alguien puede hacer creer cosas que no son ciertas. Lo que dice en ese pequeño texto para denostar al fenómeno peronista, utilizando la lábil frontera entre ficción y realidad y su manipulación, podría ser utilizado para analizar su propia invectiva. También Borges está proponiendo una lectura y tratando que le crean. Hay un fragmento particularmente provechoso cuando dice que su propósito es “denunciar la ambigüedad de las ficciones del abolido régimen, que no podían ser creídas y eran creídas”.
Para explicar este “no podían ser creídas y eran creídas” encuentra razones: “Ya Coleridge habló de la willing suspension of disbelief (voluntaria suspensión de la incredulidad) que constituye la fe poética, ya Samuel Johnson observó en defensa de Shakespeare que los espectadores de una tragedia no creen que están en Alejandría durante el primer acto y en Roma durante el segundo pero condescienden al agrado de una ficción. Parejamente, las mentiras de la dictadura no eran creídas o descreídas; pertenecían a un plano intermedio y su propósito era encubrir o justificar sórdidas o atroces realidades”.
Se trata de un pequeño texto que Borges escribió para la revista Sur y que se llamó Por la reconstrucción nacional. “L’illusion comique”. Borges nos habla de la frontera entre ficción y realidad usada tanto en el teatro como en la vida cotidiana, también para “justificar atroces realidades”. El centro de la cuestión sigue siendo el problema de la creencia y la posibilidad de manipular esta relación entre ficción y realidad para “hacer creer” alguna cosa.
Parecería excesivo que Borges relacione la maniobra de un recurso de la política a través del engaño con la noción de fe poética de Coleridge cuya eficacia está en relación a ciertas condiciones por las cuales el sujeto voluntariamente suspende su incredulidad, conociendo el estatuto de ficción y de “no real” de lo que se le presenta. Es preciso que el espectador o el lector sepan que no es verdad para que sea verdaderamente libre, dice Octave Mannoni, y se emocione. [...] la ficción tiene un papel simbólico a partir del cual se recupera lo imaginario y se recrea artificiosamente la confusión, supuestamente original, entre lo real y lo imaginario. El sujeto entra en el juego de la ficción y sale de él sabiendo que lo era.
En el caso de la fe poética no hay engaño ni mentira sino un artificio que convoca a la ilusión del lector o espectador que se entrega a sabiendas de lo que se trata. En la construcción de un discurso engañoso en política, sin embargo, se trata de hacer creer algo que es una mentira, lo que significa una voluntad de engaño. Es cierto que los mecanismos psíquicos son similares, en tanto el sujeto siempre se aferra a “algo que no engañe”, a lo verosímil, a la credibilidad general, más allá de los innumerables engaños a los que está expuesto en su vida cotidiana. Es por esta vocación hacia la credulidad que hay eficacia en el engaño pues, como dirá Michel De Certeau, mientras haya muchos que creen, habrá creencia.
El uso del engaño y la mentira en política como en las bromas pesadas tienen similar estatuto, ya que la voluntad de engaño toma toda su potencia de la ignorancia del engañado. Por lo tanto, en los dos casos de Borges, ya sea en el de la radio que inventa un fútbol que no existe, como en un régimen político, cualesquiera fuese, que inventa una realidad para engañar, no se está en el terreno de la ficción o de la ilusión teatral, sino en la dimensión del engaño y la mentira, lisos y llanos.
* Fragmento del capítulo “Creencia, credulidad y bromas pesadas” de mi libro La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina, Letra Viva, 2016.
viernes, 11 de junio de 2021
Mestizos
por Lidia Ferrari
Resulta que cuando vinieron mis antepasados en barco (no había aviones y eran pobres) no fueron bien recibidos por los nativos, pues sentían la amenaza de esa muchedumbre inmigrante. Es que inmigraban los pobres del sur de Europa y no estaban conformados con las facciones previstas por Sarmiento & co. En esa época, ser italiano (tano) era sinónimo de ser inmigrante pobre, idéntica posición a la que más adelante ocuparon los bolivianos, los paraguayos y los inmigrantes latinoamericanos en Argentina. Sufrieron segregación racial.
Sabemos que ciertas formas de racismo se detienen frente a la gran centrifugadora cultural, el dinero. Como dijo Larry Holmes, boxeador estadounidense campeón de peso máximo:"Es duro ser negro. ¿Fuiste alguna vez negro? Yo lo fuí una sola vez, cuando era pobre". Así, los italianos, los franceses, los turcos, los rusos (judíos) eran los segregados porque eran pobres y estaban invadiendo el territorio argentino. Algunos de esos inmigrantes, a su vez, se transformaron en racistas con los nativos, por ejemplo, José Ingenieros.
Luego, las cosas fueron cambiando porque la mestización ocurre siempre y los extranjeros que ‘bajaron de los barcos’ parecían conformar la ‘vera’ argentinidad. Es similar a lo que pasa en Europa. Los segregados en Italia eran, para los del Norte, los meridionales. Por suerte para ellos, llegaron los inmigrantes de un poco más al Sur, de Africa, entonces son ellos ahora los segregados.
Siempre hay un color de piel un poco más oscuro a segregar y un color de piel más blanco para idealizar. Pero no siempre fue así. En la antigua Roma, los imperialistas de la época segregaban a los teutónicos germánicos, porque esos pueblos eran los ‘bárbaros’. Ser alto y rubio era un rasgo a segregar en la Roma antigua, porque denunciaba al ‘bárbaro’ de la época. Cuando el imperio se empezó a despoblar por pestes y trances, varios convirtieron a esos 'bárbaros' en ciudadanos romanos. Los ideales, porque de eso se trata, se van modificando, tanto como lo denigrado. El mestizaje siempre hace que los ‘objetos’ denigrados o idealizados cambien.
En la Argentina, hay una matriz ideológica de los fundadores de la patria declaradamente racista, pero no todos los fundadores eran racistas. A veces la historia nos enseña mucho. Cuando se habla de que los argentinos bajamos de los barcos, se está hablando de la inmigración del siglo XIX y no de los de la conquista española. Es elemental, cierto, pero cierta lectura parece convertir a inmigrantes como mis abuelos en colonizadores. Algunos de ellos lo serían, otros no. La matriz colonial es fundacional de cada cultura.
También lo es que “en términos de intercambios culturales los individuos construyen imaginariamente un Otro sin tachar”, lo escribí sobre este tema hace tiempo. Muchos argentinos de clase media se olvidaron de Europa y la Meca. Para ellos, el lugar ideal, sin manchas mestizas, es Estados Unidos. Los latinoamericanos pobres arriesgan sus vidas en pos del sueño ‘americano’. Porque ‘hacer la América’ de los europeos del siglo XIX ahora es, para muchos latinoamericanos, ir a Estados Unidos.
Bienvenidas las discusiones acerca de nuestra constitución mestiza. Si vamos hacia atrás el mestizaje, es lo único que existe, con segregaciones y colonizaciones incluidas. Venimos todos de África. Recuerdo alguna conversación con una persona que no podía soportar la idea de que la especie humana viniera del África. Hay una renegación del propio mestizaje que no hace sino renegar eso que nos constituye a todos. La diferencia, creo, la hace quienes la pueden aceptar y convivir con ella, y quienes la rechazan.
Arturo Jauretche recordaba que una mayoría de gauchos fueron italianos o judíos, los de la más temprana inmigración del Ochocientos. Los gauchos, esa fisonomía típicamente argentina o sudamericana que, según Saer, es más un invento literario que una realidad. El tango, una expresión cultural típica rioplatense, fue una invención mestiza. Tantos argentinos y uruguayos de ascendencia africana, los de la procedencia criolla y sus ritmos como la milonga, con los judíos, italianos, zarzueleros españoles, se mezclaron y ofrecieron una invención original a las culturas del mundo, pero partiendo tanto de ritmos africanos como de música europea. Bienvenido que podamos reflexionar sobre estas cosas.
Como dice Derrida: “Toda cultura es originariamente colonial. (…) Toda cultura se instituye por la imposición unilateral de alguna “política” de la lengua. La dominación, es sabido, comienza por el poder de nombrar, de imponer y de legitimar los apelativos”. Si estamos intentando deconstruir los sentidos dominantes de las palabras que usamos, veamos las colonialidades que nos fundan y también los mestizajes. Porque una forma de la segregación es creer que son los ‘otros’ los colonizados o los colonialistas y no nosotros.
Ilustración. Carmen Cuervo
Una zamba que no fuera igual a otras zambas
por Lidia Ferrari
Hasta hace poco era un lugar común decir que los argentinos descendíamos de los barcos. Yo lo he dicho hasta que me instruí, después de un trabajo en contra de la culturación sufrida desde la infancia. Hasta no hace mucho se festejaba el 12 de octubre como el Descubrimiento de América. Nos hemos formado en esos lugares comunes que se están poniendo en cuestión, como debe ser. Argentina es uno de los países con una de las culturas más racistas del continente, con una clase media que se ha construido desde la ideología de sus fundadores, en una matriz que reniega de su propio mestizaje.
El problema de ‘de dónde venimos’ es un tópico de todas las culturas. Y la renegación del proprio mestizaje es una operación también generalizada en la historia de los pueblos. Que sobre un error del Presidente se instale un arremetida ‘bárbara’, como la operación distintiva que ciertos pueblos civilizados hicieron sobre su 'otro' a expulsar, es parte de esa manera en que cada uno de nosotros se ubica en el lugar políticamente correcto. Siempre es el otro el 'bárbaro'. El furcio del presidente tiene una historia. Que los más racistas y segregacionistas lo acusen de eso es prueba de su cinismo y su inescrupulosidad. Pero los de este lado, que se monten ferozmente para ubicarse en un lugar impoluto, es parte de no reconocer que hemos debido trabajar para deconstruir y deconstruirnos de una historia racista y segregacionista. Lo muestran inclusive en estos tiempos tantas personas de genealogía indígena, que han debido recuperar la dignidad de su origen, después de un trabajo sobre ellos mismos. No nacimos, lo debemos confesar, lúcidos acerca de ‘cómo son y cómo han sido las cosas’. Hemos debido trabajar para ello. Ha debido suceder una lucha contra prejuicios raciales y, sobre todo, contra sentidos comunes instalados desde hace quinientos años. Esta sería una oportunidad para trabajar sobre eso, no para que cada uno se coloque la camiseta de indigenista de la primera hora y, desde allí, disparar contra un presidente, porque representaría a su ‘otro’ que no lo es.
Como he dicho en mi libro ‘La diversión en la crueldad. Psicoanálisis de una pasión argentina’: “Se instala en la cultura argentina un modo renegatorio por el cual, por un lado, la inmigración que constituye la Argentina es menospreciada y nunca hará posible una Argentina potente. Por otro lado, y al mismo tiempo, se persevera en seguir sosteniéndose como la Europa de Sudamérica y, con ello, renegar de su mestizaje, de su hibridación. Con el soporte de ambas opciones hay una renegación de la falta constitutiva y un sostén casi demente de una ubicuidad imposible. Ambas opciones se sostienen en un repudio y un asentimiento, al modo de la Verleugnung freudiana: nuestra inmigración europea fue defectuosa, no es la Europa de nuestros deseos, pero somos la Europa de Sudamérica.”
lunes, 31 de mayo de 2021
El día de la irritación
por Lidia Ferrari
desde Treviso, Italia
Vi un programa político, el único que se puede ver en la televisión italiana: Accordi & Disaccordi. Creo que el perfil centro-izquierda tiene mucho público en Italia, lo que no tiene son programas para ver. Después de la cuarta entrada mostrando las incongruencias de Salvini, y escuchar la crítica de los periodistas a sus desatinos y salvajadas, no pude seguir viéndolo. El único programa en el que admiro a sus periodistas, me somete a ver a Salvini. A pesar de que está bajando en popularidad está en todos lados. Los medios italianos están pareciéndose mucho a los argentinos. El monopolio del discurso en contra de todo lo que sea Conte, el M5S y la alianza de centro izquierda es escandaloso. ¿Por qué en un programa que no sigue la línea de los empleados de los poderes fuertes también le dan tribuna donde proferir sus insidias y sus conjuras?
Lo mismo pasa con la información que me llega de Argentina. Hace 30 años que no leo Clarín y secuaces. Ni veo ningún programa de ellos. La mayoría de mis amigos hacen lo mismo. Sabemos lo que piensan y lo que quieren. Viví durante la dictadura, pertenezco a la generación diezmada, no espero nada nuevo de ellos. Sólo tienen para dar su impunidad, su desvergüenza, sus atrocidades. Tuvimos la inmensa fortuna, el privilegio único en el mundo de ver presos a los represores de la dictadura. Saber que Videla murió en una cárcel común es un evento extraordinario de nuestras vidas y de la historia mundial que no debemos olvidar. Pero sus patrones siguen allí. Me duele que nosotros, desde la indignación y la irritación, multipliquemos sus impunidades o sus delirios. El gran éxito de los cuatro delirantes de la manifestación anti-cuarentena es que ganan la prensa de ellos y la nuestra.
He leído que los expertos en publicidad utilizan la irritación para vender. Un ser irritado es más proclive a prestar atención a lo que lo irrita. Mi irritación y mi indignación me ayudan a superar eso que me sucedió cuando decidí apagar el programa de ‘mis amigos’, los periodistas que quiero y respeto. Me dio tristeza hacerlo. Pero pienso que la irritación y la indignación me evitaron entrar en la angustia. La angustia de que estamos siendo capturados por discursos horrendos, de gente horrenda, que hace cosas horrendas. No sé cómo se sale de esto. Pero pienso que tenemos que inventarnos narraciones donde las cosas no sean dominadas por ese discurso monopólico con intenciones de dominación total. No quiero que sigan imponiendo su agenda al gobierno ni tampoco mi agenda en las redes sociales.
Sé que en Italia se encendió una posibilidad en 2013 con el M5S. Sé que en Argentina tenemos una tradición potente de luchas emancipatorias, como con el gobierno de Fernández-Fernández. Por eso están como locos. Cuando hay algo que se enfrenta a sus impunidades, aunque sea algo mínimo, aunque sea simplemente aminorar en algo su poder, sacan su gigantesca artillería. La que toca en estos tiempos es una guerra narrativa. Porque las batallas también se juegan en la narración. En lo que decimos, en lo que vemos, en lo que escuchamos.
Pero los medios y las redes sociales nos conducen a ver siempre lo mismo, porque saben que el antagonismo está bien presente. Es decir, la oposición a sus desmanes.
Con Menem hubo una ‘Pax’ narrativa, porque se hacía lo que decidían los poderosos de turno. Cuando llegué a Italia estaba Berlusconi. Todo iba sobre rieles. Berlusconi, dueño de medios, y sus socios mostraban el mejor de los mundos desde su más franca impunidad. Ahora, cuando algo se mueve en la Italia profunda, desde la rabia por la desigualdad, ahora, están como locos para impedir que las cabezas se sigan moviendo. No lo logran. Pero abruman. Cuando llegué a este país pensé: está todo tranquilo porque no hay nadie que se oponga. Ahora se movió el avispero, la gente quiere cambiar, a pesar de lo que se diga de los italianos. Veo, siento, que hay un movimiento de base. Por eso hicieron caer al Gobierno de Conte. Pero, aquí, como en Argentina y en todos lados, nos arrojan noticias y relatos exasperantes, inescrupulosos, impunes y desde la más descarada mentira. No quieren que emerja lo que siempre, tarde o temprano, emerge: el deseo de emancipación.
Mi preocupación, que es pregunta, es cómo inventarnos narraciones para compartir, que alimenten nuestro deseo de construir y no que nos irriten o indignen más de lo que ya estamos por vivir en esta época. Pienso que la abstinencia de convertirnos en espectadores de lo peor es un primer paso, pero tenemos que darnos algo más, acrecentar lo que podemos darnos para causar nuestros deseos, nuestras ganas. No sé cómo se hace. Hoy este es mi exabrupto.
Ilustración: Carmen Cuervo
martes, 20 de abril de 2021
El totalitarismo neoliberal es invisible
por Lidia Ferrari
Ciertas políticas de derecha son similares, al menos lo son en Italia y en Argentina. Se montan en la zona de la dicotomía confinamiento-apertura porque allí se juega la centralidad visible de la política en pandemia. Por un lado, porque la gente sufre con el lockdown y la apertura es reclamada por los perjudicados por el cierre y por la gente cansada de la situación. Por otro lado, es el frente con que atacar a los gobiernos que practican políticas de cuidados porque es su costado débil, ya que no tienen chance. O cierran para cuidar o abren para que entre el virus. A la derecha o aperturistas libertarios no les interesa en definitiva esa dicotomía sino porque allí desgastan las medidas de los gobiernos que cuidan, es decir, están haciendo campaña electoral. Si el juego democrático elige un gobierno popular este será desgastado, atacado y, como en Italia, destituido con golpe de palacio. En Argentina, con métodos un poco más inescrupulosos hasta algún juez se llega a oponer a leyes del Estado. Los medios de comunicación están en todos lados trabajando para el Poder, es decir, cualquier partido, movimiento o gobierno con aires de defender intereses populares son atacados con un poder de fuego colosal y fraudulento.
Estamos habituados a personificar en un Hitler, Stalin, Mussolini el autoritarismo y el totalitarismo. La suma del poder público de los poderes corporativos del neoliberalismo es invisible. Su totalitarismo y su autoritarismo están diseminados por doquier: lawfare, hegemonía mediática, cierta política, la colosal maquinaria de las redes sociales, plataformas digitales, finanzas, etc. No creo que la ‘gente’ o el ‘público’ se esté derechizando. Quienes están recurriendo a métodos fascistas son los poderes y sus empleados, a los que no los detiene ni la legalidad, ni la constitución, ni las normas de convivencia democrática. Crean subjetividad. Si el sistema democrático erige gobiernos que no les convienen, usan toda la potencia de sus armas inescrupulosas y delincuenciales para horadarlo y/o destituirlo, lo que convierte al estatus democrático en quasi ficcional.
viernes, 29 de enero de 2021
Atenti, Argentina
jueves, 7 de enero de 2021
America First
Mucha simbología nórdica en el asalto al Capitolio. Jóvenes disfrazados de personajes de leyendas celtas o vikingas, con cuernos y pieles, quieren mostrarnos la supremacía del Norte del mundo (también los usa la Lega Nord de Italia y la ultraderecha europea). Estos personajes y sus símbolos de Poder no movieron a risa porque era el Capitolio de verdad. La brújula de esta gente subdotada es el Norte, un Norte legendario y poderoso, lleno de odio contra el Sur de la latinidad, la pobreza, la gente de color, de África y Sudamérica, etc. Los tatuajes y disfraces para defender a su Patria, el país más poderoso de la tierra, sin embargo, lejos de representar su poderío, los mostró con ese candor de la violencia de carnaval. Si los Estados Unidos de América, con la escena hollywoodiana que mostró ayer en el Capitolio, pretendiera sostener su “America First”, lo que dio al mundo es la imagen de su decadencia imperial. Estos chicos que entraron al Capitolio como por su casa, que se hicieron selfies con policías, mostraron que la ultraderecha usufructúa de la debilidad mental que la misma maquinaria neoliberal crea, en estos muchachos que de niños jugaban a ser Odin o Batman. No desestimaría el desastre que es para el mundo la existencia de esta infantilización de emblemas de poder (no hablo de los niños, sino de la infantilización que crean los adultos). Hacen el mismo efecto que un niño disfrazado de Odin y rugiendo como un león. Claro, estos pueden portar armas. La política y el Poder se mueven entre narraciones legendarias y cuentos infantiles sosteniendo a poderosos de diversa laya que han inundado todo de mercancías inútiles y videojuegos. Ayer, por un rato, el videojuego salió de la pantalla y algunos de sus héroes se arrimaron al centro de la política estadounidense. Hoy volverán al videojuego online.
Postdata 1: No se debe interpretar que subestimo la tragedia de estas escenas. La ficción, relatos y simbología construyen realidad. Que sea trágica su consecuencia no impide que pueda ser farsesco su sostén.
Postdata 2: Dicen que el activista de la foto está disfrazado de guerrero Sioux. Su atuendo es muy similar al de héroes vikingos, guerreros germánicos. Sus atuendos se ven en marchas de las derechas europeas. El famoso Sioux nórdico que asaltó el Capitolio usa tatuajes de simbología vikinga, como el Valknut tatuado en su pecho. Mi análisis no cambia si se trata de cuernos sioux o vikingos. Se trata de supremacistas blancos.
lunes, 16 de noviembre de 2020
Política y afectos heridos por la metodología trol
por Lidia Ferrari
Se hace necesario indagar el efecto que tiene la actividad trol en las redes por sobre los afectos y las posiciones subjetivas, políticas e ideológicas en su imposición de un tipo de socialidad. Se puede observar en los comentarios de post de personajes influyentes cómo se infiltran mensajes trol cuya acción provocatoria socava el intercambio. Las intervenciones trol son muy efectivas porque van al corazón de las personas que siguen a determinados líderes para conformar sus ideas. El hecho de que cada persona líder sea ‘infectada’ de comentarios infamantes e injuriantes tiene consecuencias sobre sus seguidores o simpatizantes. Cuando navegamos en el barco de las dudas y la incertidumbre, falta poco para que las insistentes humillaciones horaden el prestigio de alguien y logren capturar a quienes, ingenuamente o no, han caído en ellas.
Desde el psicoanálisis podría pensarse a partir del mecanismo de la idealización. El Ideal lleva adherida la contracara de lo degradado. La idealización forma su objeto como ideal. Esta verdad no es de perogrullo pues el problema es que cualquier juicio que desmerezca o rebaje ese objeto puede llegar a fisurar la idealización. Una vez que se llega a tocar con la duda y la desconfianza, es muy fácil hacerlo caer. Son épocas en las cuales parece difícil mantener algún tipo de lealtad a la posición de quien ocupa un lugar de liderazgo o prestigio. Son épocas en las que hasta el Papa es tratado de la forma más abyecta, sin respetar su investidura. Si hay algo que parece haber sido carcomido y perforado es la idea de lo sagrado y la del respeto por una investidura (no se trata de la infalibilidad de una posición simbólica sino de que no le esté destinado el descuartizamiento continuo). La aparente horizontalización de las opiniones en las redes sociales posibilita que el insulto, el ultraje, la calumnia se apoderen del intercambio. El efecto es devastador, porque no funcionan los límites del respeto, la cortesía o el pudor.
Se suelen depreciar las consecuencias de este tipo de intercambio porque se piensa que los killers que se escudan detrás de las pantallas son inofensivos. Esa cobardía no aminora el impacto destructivo que tiene para las relaciones sociales y la circulación de ideas que, en nuestros tiempos, se realiza mayoritariamente a través de las redes a-sociales. En Italia es posible observar en algunos adherentes del M5S, por ejemplo, que repiten discursos de desencanto y desilusión tomados del trolaje colosal que realiza la derecha en las redes. Así la trama denigratoria y aniquilante de la derecha termina siendo asumida por sus adversarios. Esto también se ha podido ver en Argentina.
Frente a este tipo de infección pareciera no haber vacunas ni remedio de algún tipo. Si no se puede o se hace difícil sostener un ideal es probable que resulten dañados los afectos que, de alguna manera, precisan del ideal o los ideales como pueden ser el amor, la lealtad, la admiración, la ilusión, la gratitud, el entusiasmo, el respeto y hasta la amistad. Podemos suponer también que si estos afectos se sostienen mal aparecen los resentimientos, la hostilidad, el odio y eso que se lee todo el tiempo en las redes: el desencanto, la amargura, el cinismo y la indiferencia. No son buenos tiempos para el intercambio y la socialidad, interceptados como estamos por discursos de odio, denigración y hostilidad para el prójimo que, muy frecuentemente, parecen estar destinados a cumplir con propósitos ideológicos y políticos, camuflados.
domingo, 1 de noviembre de 2020
Diego Maradona, el documental de Asif Kapadia (2019)
por Lidia Ferrari
Acabo de ver la película de Asif Kapadia, el documental sobre Diego Maradona. La vi en dos días. Si no hubiera visto la parte final, cuando el film comienza a relatar el problema de Diego con la droga y la circunstancia dramática de jugar los cuartos de final del Mundial del ‘90 en el estadio San Paolo de Napoli, si no hubiera visto esta parte final, habría quedado en mí una sensación placentera de la relación entre el ídolo y sus fans. El Dios Maradona para Napoli y los napolitanos es una pieza fundamental de la historia de las pasiones del fútbol y, sobre todo, exhibe la manera en que la institución del héroe tiene vigencia en la actualidad.
Pero después vi la última parte, testimonio del derrumbe del ídolo pero, sobre todo, de la mezquindad y de la crueldad de sus admiradores. Podemos descontar la intervención del gran poder económico del fútbol que está detrás de la manipulación mediática para crear y derribar ídolos, pues ese es su negocio. También descontamos que la camorra salga a relucir su poder derribándolo hasta dañarse a sí misma. Descontemos también a la prensa que lo nombra como el Diablo que vive en Napoli, después del partido en que Argentina vence a Italia y la elimina del mundial. Si decidimos eliminar las manipulaciones de la prensa y de los poderosos, sin embargo, pervive la imagen de los admiradores que le dan vuelta la cara a su ídolo. Se pasa del fervor fanático que endiosa a defenestrar sin conmiseración a quien les dio tanto a Napoli y los napolitanos, cuyas proezas deportivas no podrán nunca ser desmentidas.
Que se pueda pasar del endiosamiento a la demonización de modo tan impetuoso puede hacernos pensar acerca de ciertos afectos colectivos. El remate con las operaciones del poder mafioso a todo nivel que persiguen a Maradona hasta suspenderlo por un año y truncarle la carrera, con la anuencia de la FIFA, está entre las infamias más grandes que ha ocasionado el siglo XX a la carrera profesional de alguien que, entre sus defectos, quizás el mayor sea el de no haber sucumbido a la sumisión al poder. Ese poder que lo ha querido destruir estuvo cerca de lograrlo.
La película termina con Diego llorando abatido en la televisión argentina. Pero le falta la historia posterior, cuando va a Cuba y se recupera y sigue siendo el más grande. Tengo la sensación de haber visto dos películas sobre Maradona. Pero no sobre el Diego del esplendor y el del derrumbe, porque Diego no fue vencido. Quien fue vencido es el fragor popular que se viste de idolatría o de ingratitud y crueldad, según los vientos que tiren. Se entiende también que cuando se habla de los ídolos con pies de barro, lo que es de barro es lo que los sostiene, sus idólatras. Es una película excelente para pensar la relación entre el ídolo y su multitud y ver el delicado sostén de la adoración popular que puede, con vientos menos favorables, convertirse en el más cruel y destructivo odio.
jueves, 1 de octubre de 2020
Jorge Alemán: La agenda de la derecha o la propia
por Lidia Ferrari
En la entrevista que le hace Navarro a Jorge Alemán el 29 de septiembre hay algo para pensar y no precisamente el título efectista con el que presentan el video.
Sintetizo la línea del diálogo que me interesa.
Navarro: Coquetean con la violencia (la derecha en las redes sociales).
JA. Eso es una consecuencia de las redes sociales. Te obligan a estar en la agenda de ellos y te obligan a que los sectores nacionales y populares o progresistas sean una especie de ejército de Twitter respondiendo a eso. Como vos no podes tomar la calle ni movilizarte, todo el tiempo tenés que responder por lo que ellos hacen y, como cada vez son más disparatados e incongruentes, te obligan a seguir en la lógica de lo que ellos imponen. Eso me trae a mí un poco de preocupación, porque veo muchos medios que se pasan todo el día respondiendo a esas cosas.
Navarro pone de ejemplo a un político del gobierno al que que en los programas amigos le preguntan todo el tiempo por la tapa de Clarín.
JA. Claro, entonces no estamos hablando nunca de lo que podemos hacer nosotros, cómo nos organizamos, qué tipo de proyectos y como distinguirnos nosotros al enemigo, que es la obligación que tiene aquel que está comprometido con un proyecto transformador: decir cuál es la situación del mundo ahora. A mí me parece que hay mucho internismo. Yo estoy muy atento a la Argentina... Verdaderamente hay momentos que digo [acerca de los medios argentinos afines]: "Esta es la agenda de la derecha. Yo te obligo a discutir en mis términos, te obligo todo el tiempo a desmentirme".
Navarro: ¿Hasta dónde uno puede llevar a cabo proyectos políticos y económicos sino tiene la posibilidad de narrarlos, explicarlos para hacer que tome encarnadura en la sociedad?
JA: … Uno de los motivos por el que se nos puso mal es la pandemia y lo que hace todo el tiempo la derecha con sus pasajes al acto es que nos obliga a estar a la defensiva explicándonos, no verdaderamente a construir un relato afirmativo.
Navarro: Si a vos te cuesta tanto explicar los motivos del pesar de la gente, de lo que están viviendo, es un obstáculo también para ganar una elección.
JA: Es un obstáculo muy serio.
Tomo nota de este diálogo porque JA intenta poner en discusión el problema de que los medios afines al proyecto del gobierno nacional están siguiendo la agenda de la oposición. Lo que hace JA es advertir (es mi lectura) que los medios afines no deben seguir esa agenda, hablando siempre de lo que ellos plantean. Es interesante porque se desliza, en segunda línea, una forma de decir las cosas, donde la derecha maneja la agenda y se impone y los proyectos populares tienen la ‘obligación’ de seguirlo. Aparece varias veces ese ‘te obligo’ a desmentirme, ‘te obligan a seguir la lógica de ellos’. Pienso que esto puede tener dos lecturas. Una es la metafórica, que estaría diciendo ‘pareciera que te obligan’ o ‘te sentís obligado’; pero también, si lo escuchamos en su literalidad, suena que estás obligado y no podés sustraerte. Habría que discutir si es que efectivamente uno está obligado a ello. La línea de Alberto y Cristina es clara, ellos hablan de todo lo que están haciendo.
Por eso cuando Navarro dice: ‘Si a vos te cuesta tanto explicar los motivos’, pareciera que es el gobierno el que no puede o no sabe narrar y no los obstáculos que parecen ser insalvables. De ahí que las diferentes formas de decir se pueden deslizar a esas críticas que se le hacen al gobierno de no saber comunicar. ¿Entonces en qué quedamos? ¿No te dejan por la misma estructura narrativa de la oposición, por sus disparates que hay que desmentir, por la potencia de poseer los medios hegemónicos o porque vos no sabes comunicar? Podría haber de las dos cosas, pero hay que tomar posición. Entonces, el periodismo nac&pop debería poder abstenerse de hacerle el juego a la derecha. Y esa es una decisión narrativa. También se les podría pedir a los propios militantes y adherentes tomar igual decisión. Abstenerse de comentar, difundir, multiplicar, repetir lo que dice la oposición. Es imprescindible.
Esto sucede en todos lados. En Italia son impresionantes las fakes que todo el tiempo los medios hegemónicos y la oposición disparan sobre el gobierno. Es una guerra de la narración donde ellos tienen las mejores armas, el colosal poderío de un ejército de súbditos en la prensa y un ejército de trolls en las redes sociales. Pero están del lado de la mentira y del poder inescrupuloso, en contra del ejercicio de la democracia con sus armas colosales. Del lado de los proyectos progresistas hay una genuina intención y la verdad en la mano. Denunciar la mentira de ellos todo el tiempo agota los recursos, porque es continua e insistente. Jorge Alemán plantea una dirección, dejar de estar todo el tiempo hablando de la agenda de ellos. Es difícil porque el escándalo, la miserabilidad y el disparate convocan más la atención del público que la razonabilidad y la sensatez. Pero se trata de una elección forzada, hablar de lo propio e imponer la propia narración.













































