Los intelectuales en su laberinto
por Pablo Anadon *
El núcleo del problema creo que se escapa una vez más: no se trata de meras “anomalías del paradigma”, sino del paradigma en sí mismo.
Hace unas noches, vi la entrevista que le hicieron a Horacio González en el programa Palabras más palabras menos. Se lo notaba cansado, y el tono de su llamado a la autocrítica y la reflexión sobre las fallas del Gobierno nacional también sonaba exhausto y, quizá, excesivamente general, voluntarista. Con todo, al menos, como actitud vale.
Leí también, esa misma noche, una página del intelectual kirchnerista Oscar Cuervo, titulada La Patria es el otro. Y el otro ayer no te votó (tallerlaotra.blogspot.com.ar), que apunta en el mismo sentido. Cuervo señala dos errores principales: uno, dice, “de conducción política”, “de cómo conquistar aliados, porque gobernar es conquistar aliados”; el otro, de comunicación: “No saber escuchar, algo imprescindible en política”.
Aunque sospecho que ambos postulados tienen algo de contradictorio porque el primero supone una lógica bélica de la política (se hacen aliados contra un enemigo) y el segundo, en cambio, una lógica pacífica, de diálogo y debate, reconforta que un kirchnerista admita que el Gobierno nacional no se caracteriza justamente por su capacidad de negociación, ni por su percepción y atención de los reclamos de la ciudadanía.
Respecto de la segunda falla, la de carencia de una adecuada capacidad auditiva, observa Cuervo: “El paradigma de eso es 6,7,8. No sólo como programa, no me voy a ensañar con el programa ni con los panelistas porque no se trata de cambiar ese programa por otro más piola”. Coincido, por cierto, con el diagnóstico, si bien no dejo de preguntarme qué entiende el autor de la nota por “más piola”: ¿un programa menos obtuso, menos obsecuente, o un programa que, sin dejar de “bajar línea” y de ser un órgano de adoctrinamiento, simule un poco más de independencia intelectual?
Oscar Cuervo, en fin, hace una suerte de llamado a la autocrítica semejante al de González, señalando: “Hay que volver a examinar en profundidad cuáles son las fallas estructurales del kirchnerismo. Fallas que probablemente estén desde el principio, otras que se fueron agregando. Anomalías del paradigma. En momentos de idilio político, como cuando recién empezás un noviazgo, pasás por alto esas pequeñas cositas molestas. Pero el tiempo pasa y los que eran pequeños detalles se vuelven ofensas imbancables, y el idilio termina a las piñas y con un odio tan intenso como antes fue el amor”.
También, sobre esto, no puedo dejar de preguntarme: ¿fin del idilio, pues, entre la intelligentsia y el kirchnerismo? ¿Preparan, los “intelectuales orgánicos”, no diré una “estampida”, sino una retirada más o menos digna, arguyendo que en el fuego de la pasión no advirtieron la importancia de esas “anomalías del paradigma” de la amada, pero que ya no pueden pasarlas por alto? ¿Recién ahora, luego del resultado en las urnas, perciben la sordera congénita de la novia, su enclaustramiento en la torre del poder?
Está bien, siempre es mejor tarde que nunca, pero el núcleo del problema creo que se escapa una vez más: no se trata de meras “anomalías del paradigma”, sino del paradigma en sí mismo, un paradigma autoritario que, no obstante el eslogan, excluye la posibilidad de admitir que el otro de verdad es otro, un otro que no necesariamente es un enemigo, pero sí alguien que espera otra cosa de la política.
Las declaraciones de la Presidenta, de La Cámpora y de otros referentes del kirchnerismo luego de las elecciones, confirmando que no se dará “ni un paso atrás”, demuestran con meridiana claridad la naturaleza intransigente de ese paradigma.
*Poeta, ensayista, profesor de Letras en la UNC
El texto original de este artículo fue publicado el viernes 16 de agosto de 2013 en la edición impresa de LA VOZ DEL INTERIOR, diario cordobés del Grupo Clarín. Ingrese a la edición digital para leerlo igual que en el papel.
REPISA DEL BAÑO
..................................................A Ana, Irene y Mariana
Un cestillo de mimbre
de donde sobresalen
peines, cepillos, bigudíes
de colores y cintas para el pelo:
hay niñas y hay una mujer
en esta casa, que cada mañana
se asoman a la luna del espejo
y se peinan con gestos absortos, milenarios.
El baño de una casa
como todas las otras,
donde hoy la vida fluye luminosa
en cascadas de pelo sobre hombros redondeados.
PABLO ANADÓN