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viernes, 19 de junio de 2015

El randazzismo bannerista renunciante y House of Cards



Es notable ver cómo los kirchneristas de facebook y algún blogger se despiden de la militancia cuando la interna no se resuelve como ellos quieren y se embanderan en el cualunquismo cool de House of cards. En estos años K hubo una vuelta de la política y también una moda. Y en esa moda muchos entendieron que formar parte de un colectivo es poner un banner contra Magnetto, o la fotito de Cristina y Néstor abrazados. Y ante el primer disgusto renuncian a la militancia y se van a ver House of cards.

Los sucesos de las últimas horas yo me los vi venir hace unos meses, cuando advertí el carácter que asumía la prédica antisciolista de Randazzo. El hombre no le habló nunca al argentino convenciéndolo de que podía ser un buen presidente. Le habló al kirchnerismo bannerista tratando de calentarle la cabeza para que no voten a Scioli. Ergo, no se proponía ganar las elecciones generales, sino que priorizaba mellar a Scioli y ganar en agosto. Para el día después de las PASO Randazzo no tenía propuesta, sólo confiaba con que ser  "el candidato de Cristina" le bastaba para sumar y que, en definitiva, ganarle a Macri no era imprescindible, ya que habría cumplido con su sueño de ganarle a Scioli. Cuando cayó en la cuenta de que Cristina no iba a atar su liderazgo a la ambición personal de un tipo e iba a trabajar para que el movimiento nacional ganara, se portó como un novio despechado.

La prédica divisionista de los que preferían perder con Randazzo caló hondo en el bannerismo. Y hemos perdido dos días preciosos prestándole atención a un caprichoso que creyó que Cristina iba a poner su fortaleza política en la cuenta de un tipo sin otro proyecto que él mismo.

¿Cristina se valió de él para kirchnerizar a Scioli? ¿Se dio cuenta demasiado tarde de que Randazzo no da la talla para conducir un movimiento complejo y heterogéneo y gobernar un país tanto más complicado? Puede ser. Al menos se dio cuenta antes  de que fuera demasiado tarde. Pero Randazzo se cayó sólo como una hoja seca la última semana de otoño, por su propio vacío político. No hay agrupación, sindicato, intendencia, gobernación ni militancia que salga a respaldarlo, porque él nunca pensó en formar parte de un colectivo.

Generó un ruido en el kirchnerismo más nocivo para la cohesión del movimiento que el daño que a esta altura puede hacer la propia derecha, que está boqueando. Insólitamente la derecha quiso operar a Scioli, el kirchnerismo lo blindó con Zanini y Clarín y La Nación terminaron encontrando a una figurita funcional en Randazzo.

Ahora veo mu difícil, dado los desplantes cometidos y el daño propio, que Randazzo llegue como ministro a diciembre. Incluso no lo veo deseable. Que se vaya.

Con él, se va el kirchnerismo de banners y facebook y algún bloguero renuncia a su blog (?). El movimiento cambia el pelo para seguir adelante. 

Quiero terminar con algo que escribí hace un tiempo, cuando todavía abrigaba alguna esperanza en la sensatez de Randazzo y en el compromiso de los banners:

Consejo a los randazzistas: no hagan una campaña antisciolista, porque así pondrían a Scioli en el centro y renunciarían a una identidad propositiva. Hagan campaña mostrando lo bueno de Randazzo, para que gane el randazzismo y no el antisciolismo. Que el mensaje no sea "vótenme a mí para que no gane Scioli", porque eso sería rebajar su propia estatura política.

Un consejo ahora para todos los kirchneristas: no hagan campaña diciendo que el voto K es de Randazzo y que el voto a Scioli es voto opositor, o de la derecha, o de Clarín. Porque cuando se conozcan los resultados de las PASO le van a dar un argumento a la derecha, que va a tratar de contabilizar solo a los votantes de Randazzo como kirchneristas. Ojo, porque muchos kirchneristas van a votar a Scioli: no nos compremos una derrota al pedo. Si Randazzo hace unas muy buenas PASO y saca, pongamoslé, un 25%, no le demos argumentos a Clarín para que el lunes siguiente titule "Apenas el 25% es kirchnerista". Lo más inteligente que los kirchneristas podemos hacer es asumir que todos los votos del Frente para la Victoria son nuestros votos.

viernes, 28 de junio de 2013

Psicología de masitas: el Suavestar en la cultura


"Los nuevos intendentes -jóvenes, ideológicamente discretos, poco ampulosos en su modalidad discursiva- no emergen como el resultado de carreras políticas vinculadas a estructuras tradicionales hoy en declive, sino fundamentalmente como gestores de bienestar, responsables del ejercicio eficiente de la cosa pública" (Mucho más que chicos lindos, E. M.).

"Estudioso de Capriles y tan parecido al primer Kirchner..."
(El nuevo tiburón blanco del peronismo, J. F. D.)

Gestores de bienestar: El primer Perón hizo que los peones rurales se sintieran mejor. Pero sus patrones se sintieron mal.

El matrimonio igualitario dio bienestar a quienes ampliaron sus derechos: la derecha católica se sintió muy mal.

Si los exportadores de productos rurales tienen que subir sus aportes a los fondos públicos, no se van a sentir bien.

Si Clarín tiene que deshacerse de parte de su conglomerado mediático, se va a sentir mal.

Si el Poder Judicial debiera abandonar alguno de sus enojosos privilegios, tampoco se van a sentir bien.

Las nuevas clases medias de Zona Norte van a sentir bienestar si el dinero público se invierte en la lucha contra la inseguridad. Pero los indigentes están estructuralmente inseguros.

La asepsia de la noción de bienestar se usa para no definir en términos concretos el bienestar de quiénes se busca.

Si un político propone bienestar abstracto y cese de la conflictividad, defiende el bienestar de los que están bien.

martes, 25 de junio de 2013

Blogueros +a, qué ricas masitas

Títulos alternativos: "Desierto de ideas" ó "Los heraldos blancos"


Veo con cierta curiosidad una proliferación de ensayos blogueros al paso sobre el giro municipalista (como lo llama HAL______), por parte de ex-blogueros kerneristas reconvertidos en heraldos de la neo-renovación peronista. Ya no descamisados ni compañeros: han circunscripto su nuevo sujeto social (que hace meses venía reclamando Ezequiel Meler, uno de los reconvertidos): el... ¡vecino!
:
"El vecino debe saber cuál es el juez que libera a un detenido y que todos nos hagamos cargo". Dice el líder insurgente del giro municipalista. Sergio. Massa, claro.

Meler (con una sola l): describe a esta camada que viene a renovar la política argentina:

"Los nuevos intendentes -jóvenes, ideológicamente discretos, poco ampulosos en su modalidad discursiva- no emergen como el resultado de carreras políticas vinculadas a estructuras tradicionales hoy en declive, sino fundamentalmente como gestores de bienestar, responsables del ejercicio eficiente de la cosa pública" (Mucho más que chicos lindos).

Se sabe: las estructuras tradicionales hoy están en declive: las clases sociales, por caso. Y hay que aflojarla con el conflicto: necesitamos gestores del bienestar. El giro municipalista como enésimo avatar del peronsimo conserva los enclaves territoriales pero ya no se trata de odiar a la raza maldita de los explotadores, sino de gestar bienestar y eficiencia de la cosa. Pública. ¿No es encantador? Una versión mejorada del Sciolismo, básicamente con más pelo y dientes más blancos. Ideológicamente discretos, atenti.

Poco ampulosos en su modalidad discursiva. En eso son la contrapartida exacta de sus heraldos: Meler, Luciano Chicconi, y un poco más discreto en su discursividad Omixmorón, y bastante más esotérico Manolo Barge, los predicadores de la nuevas buenas del giro municipal, abusan de una jerga rebosante de gobernanzas, electorabilidad, territorialidad,  defensividad, bonustrackeo, ratio de calidad entre demografía-recursos-gastos-territorio-servicios. Luciano Chicconi dice, en un párrafo modélico:

"...los “nuevos intendentes” quieren que el “costo” del defensivismo y la demanda social diversificada se amortice con la construcción de electorabilidad, es decir poder político efectivo propio, no cedido a las conducciones nacionales y provinciales. La reelección de estos intendentes en 2011 con apoyos superiores al 60% del electorado es la tercera variación consolidada de esa nueva lógica política del peronismo bonaerense: se arma el combo electorabilidad + territorialidad sobre la base del bonustrackeo de gestión (el bonustrackeo es la ampliación creciente de servicios municipales para resolver problemas que las orbitas nacional y provincial no resuelven: seguridad, educación, infraestructura, creación de parques industriales para sostener empleo y mejorar la tributación)".

A diferencia del rol que jugaron los blogueros kerneristas durante el intento de golpe de los ruralistas en 2008/2009, estos heraldos blancos no parecen ser políticamente necesarios para el municipalismo massista. No hay cerco mediático que romper, el "relato" pasó de moda, así que estos blogueros son políticamente superfluos. Los intendentes están preocupados por satisfacer las demandas de seguridad de los vecinos, no quieren volver sobre discusiones ya saldadas (ya basta de enfrentarse a la corporación judicial, solo conozcamos los nombres de los jueces garantistas que largan a los chorros en media hora, ya basta de pelearse con los diarios, que al fin y al cabo son solo diarios). Y la discreción ideológica de estos jóvenes gestores nos alivia de la insistencia con la gastada discursividad de la lucha de clases, las corporaciones y el imperialismo, antiguallas de una generación en retirada. Cloacas, césped prolijo, cámaras de seguridad, ¿luz de mercurio?: cosas concretas demandan los vecinos y los gestores no gastan tiempo en relatos. El relato queda a cargo de estos blogueros sin destinatario: blogueros que hablan para otros blogueros o simplemente para sí mismos; o para clausurar una etapa y dedicarse a echar panza y perder pelo. Se explican por qué el kernerismo ya fue y ahora viene la gobernanza y la electorabilidad. Dice Meler (con una sola ele):

"...los intendentes son la cabeza visible de nuevas clases medias con demandas propias de otra calidad de vida. La seguridad, el transporte, el acceso a la justicia, la descentralización administrativa, han modificado profundamente el perfil del Estado municipal, hasta volverlo irreconocible para los viejos “Barones”.

Ese escenario condiciona también nuevos tipos de apuestas políticas. En efecto, el surgimiento de Sergio Massa como paladín de una nueva Liga de Intendentes puede verse, en alguna medida, como el resultado inevitable del ejercicio eficaz de una gestión delegada hacia abajo, que rebota en el jefe comunal y vuelve como un reclamo de representación “hacia arriba” –a la provincia, pero también a la Nación-, basado menos en circuitos de lealtades afirmadas en la contención social de la indigencia, y más en la posibilidad de seguir creciendo de la mano de gestiones articuladas, que requieren de las instancias superiores una adaptación y una eficiencia que todavía desconocen".

Fin de la historia, finalmente. Fukuyama reloaded.

¿No te para la pija esta epopeya municipal? ¿No? Bueh, no, está bien, a mí tampoco. ¿A Omix sí?

Omix es un arma cargada de futuro:

Desafío massista: que el electorado rompa con el pasado


Para el analista Sergio Berensztein, "la irrupción de Massa adelanta la pelea por la presidencia de cara al 2015, desdibujando aún más el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, que venía sufriendo un rápido deterioro". Massa "ya era la figura con mejor imagen y potencial de votos en la provincia", dice, pero agrega que surgen ahora interrogantes. "¿Podrá sortear la polarización kirchnerismo-antikirchnerismo?", ya que buena parte de la sociedad "tiende a ordenar sus preferencias políticas en torno al clivaje K/anti-K", agrega. También se pregunta si Massa "definirá propuestas que den cuenta de las prioridades que tiene hoy la sociedad", como "la inseguridad, la inflación, la embestida contra el Poder Judicial y los ataques a la prensa independiente", sobre las cuales el intendente de Tigre ha mantenido silencio. (DyN/Redacción Central)

viernes, 21 de junio de 2013

Trae nuevos y muy buenos aires el diputado de todas y todos

El pasado no puede leer al futuro.
Trata de colocar los sucesos en casilleros que no conectan con hechos y cosas que -se supone- deben definir.
* Que el massismo jugará en contra del oficialismo
* Que el massismo será funcional al oficialismo.
* Que el massismo se juega el cuero contra el pasado para apuntalar el proyecto sciolista e ir a la vera de este en 2015.
Un mundo de dos posturas absolutas, como decretar que las fruterías vendan solo uvas y melones, y de alli inferir que el que quiera mandarina juega en contra de las uvas o es funcional a los melones.
En lo sucesivos diez años y para abarcarlos por anticipado deberemos tener la flexibilidad de pensamiento y la audacia que demuestra entre otros Lucas Carrasco que habla del massismo en otros terminos "kirchnerismo sincero con empresarios truchos, impresentables y naif, pero a la luz publica"
http://lucascarrasco.blogspot.com.ar/2013/06/como-hacer-que-tu-blog-este-entre-los.html
En contra, si, pero no en los viejos moldes del "Negocio del Pais Dividido" del que hablaban hace unos meses en dialogos twitteros el Cnel Gonorrea y Mazorca Blanca y que tan bien define esta etapa que se fue aunque aún carezca de certificado de defuncion.

El negocio del país dividido. Omix trata de incluir a Lucas Carrasco en esta nueva constelación de blogueros +a. Vamos a ver si Lucas se va alejando de las viejas categorías de esa antigualla de la izquierda y cae bajo la seducción del Futuro de los Gestores de Bienestar. Lucas desde su pelea con la Cámpora está en disponibilidad y capaz que estas oleadas de buenas ondas lo terminan de tranquilizar.

La juventud masita no va a ser convocada a controlar precios ni se va a poner pecheras. Va a ser enfocada por las cámaras de seguridad. Por algo se empieza.

¿Cómo trasladar la gestión de la Primera Sección, con vecinos que demandan seguridad y eficiencia, a la pulseada con organismos financieros internacionales, a la pelea para que los terratenientes paguen más impuestos, a que la iglesia no se meta en los asuntos de la sociedad civil, a que los medios no impongan la agenda de "demandas de los vecinos", a aclararle a las policías bravas que las demandas de seguridad y la abominación del garantismo no significan gatillo fácil sino una cosa mucho más futurista? ¿Qué hacen los gestores de bienestar cuando son presionados por los porongas del mundo aún regido por el paradigma neoliberal? Ya veremos. Seamos discretos nosotros también en nuestras preguntas, no ideologicemos tanto, que eso ya fue.

Por lo pronto ya hay un grupo de blogueros dispuestos a postear la década municipalista que se avecina (ría).

jueves, 13 de junio de 2013

Cristina Kirchner dio un extenso acto sin mencionar a Ángeles Rawson, ni a las elecciones

El ridículo título de este post repite el de una nota del portal de La Nación:

¿Qué pelotudez es esa? ¿Desde cuándo la presidenta de la nación tendría que dedicarse a comentar la agenda periodística de los portales de noticias? ¿Y por qué debería hablar alguna vez de un caso policial? De un caso que, para colmo, acaba de producirse y sobre el que no se tiene ninguna certeza. De hecho, durante 24 horas los medios trataron de presentar el asesinato de la chica como un caso de inseguridad, se habló hasta el cansancio de una "violación seguida de muerte", violación que la autopsia finalmente no certificó. Un giro de las últimas horas parece apuntar hacia los allegados de la chica asesinada.

Parece que la familia es una institución muy insegura porque un porcentaje importante de los homicidios son cometidos por familiares de las víctimas. Pero, claro, eso no es lo que los lectores de La Nación quieren leer. Quieren rasgarse las vestiduras gritando que "cuando nuestros hijos salen de casa no sabemos si vuelven vivos y la presidenta no hace nada". Cuando muchas veces el máximo peligro está en la propia casa.

No importa.Esto mismo que acabo de escribir está totalmente de más, la presidenta no tendría ni que rozarlo con media palabra, no es su función. Como fuera, ella no tiene nada que comentar de un caso así, ni ahora que está en plena investigación ni cuando sea cosa juzgada. Pero hay una premisa que subyace en el título de La Nación: que los medios son portavoces de lo que le interesa a "la gente". Y que una lider política como la presidenta debería acatar ese orden de prioridades.

En una línea argumental distinta pero no tanto, hace poco Lucas Carrasco comentaba alarmado que la presidenta no decía nada sobre las "denuncias de corrupción de Lanata". Se supone que Cristina debería responderle al showman de los domingos. Y no. Lanata es un payaso, sus denuncias un mamarracho y Cristina no tiene que avenirse a participar de ese show decadente.

¿Quiénes se creen que son los periodistas? (¿Hay algo menos importante que la tapa de los diarios? Sí: los blogs (ampliaremos). ¿Hay algo que importe menos que los blogs? Sí: twitter). Los multimedios transforman en noticia de tapa del diario del lunes los puntos de rating, como si por ahí pasara la legitimidad del poder, como sí el rating, los hashtags, los TT y las mentions fueran instancias de una nueva legitimidad. Parecen desconocer que el rating responde a la lógica zappinera de la tele, que no instaura ningún lazo político como no sea el de la telepolítica, más tele y menos política. De los 20 puntos de Lanata, 10 puntos, un millón de personas, lo están viendo para detestarlo, para burlarse de sus ridiculeces e impugnar la endeblez de sus operaciones. Los hashtags que Lanata impone desde la pantalla oligopólica de Cablevisión (oligopolio concedido por Néstor, eso sí) en unas horas son desplazados por otros como


¿Por qué la política debería subordinarse a este dominio tan volátil? Gabriel Medina me comenta: "Es que la derecha tiene mas rating que votos, es la vuelta de la telepolitica, pero como farsa!". Cierto, lo curioso es que festejen los puntos de rating como si fueran votos. Y que algunos compañeros lo crean así. La telepolítica puede convocar durante algunas horas a una masa de televidentes ofuscados, pero los telvidentes son animales primarios que responden a estímulos conductistas.

Habría que notar que un televidente, un votante y un militante son cosas distintas. No miden igual.

viernes, 11 de enero de 2013

Militantes y vergonzantes

Fotografías: M.A.F.I.A.


Me acuerdo de que cuando explotó el conflicto político con las patronales agrarias en otoño de 2008 se hicieron los primeros tímidos intentos de movilización en favor de un gobierno que creíamos asediado. La iniciativa, loable, fue de un grupo de intelectuales que había hecho su experiencia militante en los 70 y estaba empezando a considerar eso del regreso de la política y la posibilidad de marchar en defensa de algo que valía la pena pero parecía frágil y expuesto a los ataques del sector más reaccionario de la sociedad. Fue la gente de Carta Abierta, siempre se lo tendremos que agradecer. También aparecieron los francotiradores solitarios de los blogs, que estaban instituyendo una praxis de comunicación hoy ya consolidada. Hicieron punta cuando a muchos les daba vergüenza decir que estaban a favor del gobierno y contra la oligarquía. Sufrieron, era de esperar, la burla que en política se usa para demoler al que primero asoma la cabeza. Se burlaron diciendo que la marchas de Carta Abierta eran tristes, que el promedio de edad de los asistentes de las reuniones era de 65 años, que eran vejetes convocados por la nostalgia que les producía el humo del choripán que los retrotraía a su lejana juventud  setentista. En esa burla asomaba la hostilidad del neoconservadurismo que detesta la dimensión callejera de la política, que a esta altura del siglo XXI preferiría que todo se resolviera por el televoto y las encuestas de opinión: que el pueblo en la calle (ya solo decir la palabra pueblo era motivo de burlas) debe ser suplantado por las consultoras políticas y que uno debería enterarse qué piensa "la gente" cuando en los diarios del domingo nos lo cuenten Management & Fit o Poliarquía.

Por izquierda se criticaba al kirchnerismo por no haber emprendido una construcción política, por haber apostado a ensayos de laboratorio como la transversalidad, la cooptación del radicalismo k o el repliegue posterior sobre los intendentes del pejotismo bonaerense. Y esas críticas tenían algo de justo. La falta de presencia territorial del kirchnerismo después de 5 años de gobierno parecía un síntoma de que los Kirchner se habían achanchado en un esquema de emergencia, que había funcionado para reconstruir una autoridad política que había nacido prematuramente y y había tenido que pasar por la incubadora del duhaldismo, del clarinismo, del moyanismo. Nunca dejaremos de deplorar que Néstor firmara la fusión entre Cablevisión y Multicanal en diciembre de 2007, en uno de sus últimos actos administrativos, suponiendo quizá que con eso se aseguraba una relativa paz en el frente mediático, uno de los más grandes errores de su presidencia. 

Pero a los 5 años la criatura tenía que empezar a caminar sola. Recuerdo que se decía que el kirchnerismo era un populismo frío, incapaz de despertar pasiones. Quizá el haber confiado en el poder prestado por Duhalde, por Clarín, por Moyano o el pejotismo hizo olvidar a los Kirchner un cierto tiempo de la necesidad de apuntalar una gestión transformadora con el pueblo en la calle. Con militantes.

Si me acuerdo de todo esto es porque hoy algunas de estas cosas parecen muy lejanas. Hay rupturas irreversibles. Hay alianzas que fueron tácticas y que se fueron vaciando de sentido a medida que el kirchnerismo tuvo que sostener en los hechos lo que Néstor había declarado en su discurso de asunción: eso de no dejar las convicciones en la puerta de la Casa de Gobierno, eso de cortarle el rostro a Claudio Escribano, jefe de redacción de La Nación, que pretendió imponer un pliego de condiciones de gobernabilidad cuando Kirchner ni siquiera había asumido. Duhalde más rápidamente, Clarín muy tardíamente, salieron del esquema de poder que el gobierno necesitó para apoyarse en sus momentos más precarios. Cristina hoy tiene lo que Néstor no llegó a lograr: una potente legitimidad política expresada a través de la impresionante mayoría lograda en las últimas elecciones, que a su vez superaron los resultados que se habían logrado en las urnas en 2007.

El recuerdo de la idea de "liderazgo frío", de un gobierno incapaz de despertar pasiones, hoy suena hasta gracioso. Ahora acusan a los kirchneristas de fanáticos y se culpa al kirchnerismo de haber traído la división al seno de la familia argentina. La militancia kirchnerista se fue templando en situaciones adversas, en medio de operaciones golpistas que empezaron a instalar la idea de fin de ciclo ya antes de que Cristina asumiera su primer mandato. Es una militancia que se hizo primero en la sensación de aislamiento, en la percepción de que eso que uno apoyaba estaba a punto de desmoronarse, de que todas las voces que podían escucharse en los medios confluían en el repudio de un gobierno aislado. Diana Mafía venía a nuestro programa de FM La Tribu y se daba el lujo de decir que Néstor dominaba a Cristina. La entusiasta seguidora de Lilita Carrió hasta fue capaz de comparar con sorna la capacidad política de Cristina con la de Isabel Martínez. En ese momento de avance de la reacción conservadora, creo que nada hizo más por fortalecer el impulso militante que la pantalla dividida de TN, cuando en las tardes de zozobra de 2008 Cristina salía a hacer algún anuncio de gobierno y le ponían al lado a De Angeli y el grupo de matones que cortaban las rutas del país a hacerle burla a cada palabra de la presidenta. La brutalidad de esa operación golpista engendró está militancia´kirchnerista: "vamos a dejar de apoyar a Cristina cuando ella deje de hacer eso para lo que la votamos, no cuando la aprieten los sectores del privilegio" pensamos en ese momento frente a los embates de la Rural y lo mantenemos ahora, contra la Rural y también contra Moyano y Micheli, sus nuevos aliados.

Antes de ayer hubo cien mil, doscientos mil personas en la costa marplatense, celebrando no precisamente la belleza abstracta de un barco de la Armada Argentina, sino la mucho más concreta decisión de sostener una política de autonomía frente al poder financiero internacional y sus voceros locales. No nos falta la memoria inmediata: hace poquito la derecha se entusiasmó con la retención de la Fragata en Ghana y quiso convertirla en símbolo de la imposibilidad de la política soberana de reestructuración de la deuda, una de las medidas claves de la década K. Los fondos buitres fueron aplaudidos en los medios y en los foros de discusión locales. La Fragata, retenida en Ghana, era el símbolo de una nación aislada internacionalmente. Una chica se acercó la noche del cacerolazo a decir que era familiar de un tripulante de la Fragata y que le pedía a la Presidenta que haga algo para traerla de vuelta. La derecha especuló con que una declaración de default a fin de año -combinada con saqueos programados por el moyanismo y Libres del Sur- aceleraría el trámite que no pudo lograr con el voto no positivo de Cobos: la salida anticipada del poder de Cristina, un sueño al que nunca renunciaron (ni ahora) en todos estos años. Pero una cosa es armar la tapa de Clarín del domingo, que convence a los caceroleros de lo que de antemano están convencidos, y otra cosa es vérselas con el kirchnerismo. 

Algún día extrañaremos la agitación de esta época. Ya nadie habla de populismo frío ni de marchas tristes. Ahora se apela a figuras más impactantes: chavo-estalinismo, nazismo sin campos de concentración (se agrega: "todavía"), fuerzas de choque, fanáticos de la Cámpora que adoctrinan a nuestros niños en la escuela primaria. Es decir: pasamos a la fase del populismo caliente.

Cristina en el último mes encabezó dos movilizaciones multitudinarias, que en todas las estimaciones superan las 100.000 personas. Personas que fueron a apoyar su gobierno, el rumbo que sigue, a respaldarla contra los intentos de hacerla aparecer como aislada políticamente. Ayer la nota de Nicolás Wiñazki en Clarín se titulaba: "Rodeada por la militancia, Cristina recibió a la Fragata". Es la manera que tiene la derecha de reciclar su idea -reñida con la empiria- del aislamiento político. "Si tiene cientos de miles a su alrededor, es porque son todos fanáticos militantes". Se extraña, claro, la Argentina Normal, cuando un Magnetto o un Escribano podían aislar al presidente, un puesto menor. 

¿Cristina tiene cientos de miles de militantes dispuestos a poner el cuerpo en la calle cuando hace falta? La derecha debería repensar el argumento. Es exagerado creer que la marcha a Plaza de Mayo de diciembre y el acto de antes de ayer en Mar del Plata se nutrieron exclusivamente de militantes. Pero si así fuera, la noticia es magnífica para los que estamos a favor. El ejercicio de la movilización enamora, nos conecta con una zona de la experiencia humana que no se puede suplir por las pantallas táctiles, crea lazos que desbordan el ámbito privado de lo familiar, pone la vida del individuo en un marco más amplio y más espacioso: las calles.

Supongamos que es verdad lo que dice la derecha: que hay 150.000, 200.000 militantes K: militontos los llaman en twiter los vivarachos. "Cabezas de termo" les dice un tipo profundamente marcado por el resentimiento del fracaso alfonsinista como Esteban Schmidt. Ok: tenemos 100.000 militontos dispuestos a salir a la calle. Salen con banderas. Están a favor de algo: se les puede preguntar a cada uno de ellos y seguro que va a explicar qué quiere, qué apoya, a quién vota, qué está defendiendo.

Hubo antes de ayer un escarceo de construir un cacerolazo marplatense: las pocas fotos que aparecieron son patéticas no solo por la insignificancia de la convocatoria, sino más aun por la sordidez de sus consignas. El 8N no eran pocos los antiK, eran muchísimos. Pusieron toda la carne en el asador: el cacerolazo "espontáneo" tenía un organigrama que se actualizaba día a día en Clarín y La Nación. Pero ahí no había militantes. Ni siquiera adherentes o simpatizantes. Había vergonzantes. Yo estuve ahí y hablé con la gente: no quiero ofenderlos, sino más bien comprender qué tipo de sujeto social constituyen. Digo vergonzantes porque les daba vergüenza decir a quién habían votado o a quién pensaban votar. De decenas de interlocutores tomados al azar, solo logré que una señora me dijera que le gustaba Duhalde. En cambio, se apasionaban al putear a Cristina y al despreciar a sus partidarios: son -los que apoyan a Cristina- analfabetos, bolivianos y paraguayos a los que el gobierno les da un DNI falso, vagos que gozan de planes sociales, chicos con el cerebro lavado, militantes rentados. Y las propuestas de los caceroleros para el futuro inmediato tenían una violencia a la altura de ese desprecio: que se muera la Yegua, que vayan todos presos, que se deje de mantener vagos, que vote la gente que tiene un cierto nivel de educación. Como el odio de clase, la violencia y la identificación con valores sociales que expresan eran muy avergonzantes, la política de los medios de derecha fue no acercarles el micrófono.

La derecha tiene 200.000 vergonzantes, que no pueden decir a quién votan, qué proyecto apoyan, vergonzantes a los que no pueden hacer hablar porque expresan racismo, violencia, antipolítica. Y presentan esa afasia como una virtud ciudadana... Entonces quiere hacer pasar a la militancia como una categoría degradada del republicanismo.

Quizá tengamos que asumir que es así: la derecha vergonzante, la que no se anima nunca a decir qué es, que se apropie del concepto de república, de la institucionalidad, de la alternancia y del control del poder judicial (el menos democrático de los tres poderes de nuestro sistema). Admitamos su necesidad de eufemismo, que es un especie de homenaje involuntario a la democracia. Una profundización democrática, un crecimiento del igualitarismo, un proyecto transformador que avanza con sus dirigentes a la cabeza o incluso dejando atrás a sus dirigentes, necesita conquistar otras bases: la movilización, la militancia, la politización de los vínculos, el cuestionamiento al sentido común cualunquista y la producción permanente de liderazgos que desborden la inercia conservadora del republicanismo.

Les aconsejamos a nuestros hermanos de la derecha que traten de superar la vergüenza y que militen.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El problema de la derecha



Foto: M.A.F.I.A.

Foto: M.A.F.I.A.

El problema de la derecha argentina es su carácter vergonzante: les da vergüenza decir qué son, a quiénes votan, qué medidas implementarían de llegar al poder.

Lo mismo pasa con los medios de derecha: les avergüenza hacer hablar a los racistas que movilizan en los cacerolazos.

Cuando aparecen los líderes, avergüenzan a sus votantes. Cuando aparecen las bases, avergüenzan a sus dirigentes...

Y en general les avergüenza decir que son de derecha.

El problema político de la derecha argentina se acabará cuando sincere su condición de derecha, sus líderes y el racismo de sus adherentes.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Néstor Kirchner y el cine político

por Oscar Cuervo

Hasta hace poco yo me preguntaba cómo era posible que el cine argentino no percibiera la agitación política de estos años. Si toda la sociedad, la familia, la escuela, la tele, la música, se veía atravesada por una controversia, ¿cómo era que en cine no se veía? ¿Cómo el cine argentino podía ser tan careta para mantenerse al margen de la disputa?

2012 es el año en que el cine se hizo cargo del problema.

Obviamente, no digo que el cine argentino haya sido apolítico, porque nunca es posible que lo sea. Pero resultaba muy raro que en las películas argentinas no se percibieran rastros de estos años de disputa.

Uno iba a reunirse con familiares y se armaba la discusión, en los blogs arreciaba la discusión, en la universidad se discutía, en la calle. Entre los sindicalistas, los escritores, los músicos, los actores, entre taxistas y pasajeros se discutía con pasión, atropelladamente. Los críticos de cine se puteaban unos a otros, gente que había compartido espacios comunes por años, de pronto se veía enfrentada.

¿Cómo era posible que de ese estado de discusión no se percibieran rastros en las películas argentinas? Ni en las buenas ni en las malas...

Y bueno, este año la cosa cambió drásticamente.

Un intento fallido de instalar una discusión fue Secuestro y muerte, de Fillipelli. Pero no prosperó, por varios motivos. Por su histeriqueo para no llamar las cosas por su nombre. Por su cobardía cívica, por su vocación endogámica... La única discusión que podía plantear Secuestro y muerte estaba restringida al mundillo del Bafici y ni siquiera. Pasó desapercibida.

De todos modos, a pesar de sus remilgos, Secuestro y muerte era más honesta en su insidia que el cancherismo antipolítico de El estudiante. La peliculita venerada por el mundillo baficiano, es cine liberal libertario, lanatismo avant la lettre. Aunque para ser lanatismo pleno  El estudiante tiene un inconveniente: la mayoría de la juventud lanatista es tan bruta que no ve películas políticas. Así que la discusión en torno a El Estudiante se limitó a morderse la cola: entre los que decían que la película decía y los que decían que no decía. Por lo tanto, era solo una discusión entre críticos y estudiantes de cine.

Secuestro y muerte y El estudiante fueron, por tanto, dos intentos fallidos de instalar un debate político. Fallidos por su falta de coraje. Por su mala fe, por su liberalismo abstracto y por su esnobismo.

Este año aparecieron al menos tres películas en las que se percibe con claridad las huellas de la contienda.argentina, cuando no la contienda misma.  Películas que exhiben una posición, que se hacen cargo de ella.

Tierra de los padres, Infancia clandestina y Néstor Kirchner.

No es una enumeración exhaustiva: a lo mejor hay más, pero son las que a mí se me hacen evidentes.

No forman parte de lo mismo: son muy diferentes en sus propósitos y en su concepción cinematográfica. No tienen las tres el mismo valor artístico, pero de algún modo en ellas se afirma la idea de que la estética no lo es todo. No son idénticas en su posición política ni en el público al que reclaman. Pero sus realizadores quieren intervenir por medio de ellas en el conflicto político actual. No hablan sólo de la dictadura, aunque sí hablan de ella. No hablan solo de los 70, aunque sí hablan de esa década. No hablan de "la política" o de "la violencia" en abstracto: hacen política y hacen cine. No son post-políticas, no son irónicas ni elusivas. Y coinciden en algo más: son tres películas incómodas para el partido del cine (esta es una idea que habría que desarrollar).

Hoy en Patologías culturales y mañana en La otra.-radio intentaremos seguir desarrollando estas ideas. FM La Tribu. Hoy sábado a las 17:00, mañana domingo a la medianoche. 88,7. Acá se puede escuchar online.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Beatriz Sarlo contra Cynthia García

El domingo a la medianoche todo sobre el 8N
La otra.-radio. FM La Tribu. 88,7. online



El 8N mereció todo tipo de análisis, disponibles ahora en la red. A mí me interesa particularmente el efecto post 8N visible en los medios y las redes sociales. En las horas posteriores a la gran marcha cualunquista fue llamativo que los temas que acapararon la atención fueron la violencia contra los periodistas de C5N y DDD y, sobre todo, el desempeño de Cyntia García en el propio epicentro del caceroleo. Eso se podía constatar en los TT de twitter durante todo el viernes, entre los que no aparecía ninguno que hiciera referencia directa al 8N, algo llamativo si se acepta la tesis que quiso instalar la derecha de que la marcha fue "un fruto espontáneo de las redes sociales, sin dirección política". 

Si los caceroleros se entusiasmaron con que la jornada iba a marcar un antes y un después histórico, los indicios inmediatos de esa nueva época no pudieron encontrarse ayer precisamente en esas redes desde las que se "autoconvocaron" "espontáneamente". 

La derecha puso el jueves toda la carne en el asador, la marcha fue espontáneamente pautada con dos meses de anticipación desde los diarios La Nación y Clarín, tanto en sus ediciones impresas como en sus páginas web: dónde concentrarse, cómo ir vestidos, con quién no hablar, qué no decir, cómo mostrarse pacíficos y tolerantes, etc. Precisamente, la viralización de la foto de Barreda (ayer fue el récord histórico de visitas a este blog, que tuvo la primicia de esa imagen), la violencia contra los periodistas y la presencia en vivo del móvil de 678 dándole la palabra a los caceroleros sin editarlos (algo que no pudo hacer TN ni Canal 13) marcan los flancos débiles de esa estrategia comunicacional: la de mostrarlos pacíficos, tolerantes, respetuosos de las disidencias y a-políticos. Un fugaz paneo por la marcha en tiempo real puede desmentir esa construcción. En La otra lo descubrimos desde los primeros cacerolazos de este año (ver acá): lo mejor que se puede hacer ante el cualunquista prepotente y operado por los medios es dejarlo hablar.



Ayer, la iniciativa de Cynthia García de poner el cuerpo en el campo mismo del adversario y darle la palabra parece que sorprendió al dispositivo derechista. TN solo mostró entrevistas editadas de los manifestantes, aquellas que respondieran a la imagen prolijamente delineada por el Grupo. 678 arriesgó mucho (empezando por el pellejo de su personal) al  enviar a Cynthia y abrir el micrófono sin ningún tipo de filtro. El trabajo periodístico que hizo García fue impecable, si lo comparamos con los editoriales y columnas de opinión que se leyeron el viernes pero parecían escritos desde antes. Una pequeña muestra al azar de los manifestantes dejaba ver con mucha precisión cuál fue el sector social movilizado, tanto como la inconsistencia y vaguedad de su ideario: inseguridad, falta de libertad de expresión, acusaciones a la propia Cynthia y al panel de 678 de corruptos, Indek, devaluación (???), desocupación (???); y, por sobre todas las cosas, su falta de referentes políticos opositores o el caracter vergonzante de sus simpatías; es decir: la agenda machacante fijada por los medios. ¿Esto habla mal de los manifestantes? No, simplemente es lo que hay; y el que quiere encontrar otra cosa, embellecerlos con la elegancia del "sentido común" o con la pureza natural de la "opinión pública" necesita cerrarles el micrófono.



Lo que la derecha se proponga construir con lo logrado hasta ayer -que no es poco, pero tampoco es suficiente- debe partir necesariamente de esa base. Y si se quieren engañar de que tienen más que lo que tienen o son mejores que lo que son, peor para ellos.

Es muy sintomático el rebote que tuvo el trabajo de Cynthia: un buen porcentaje de las columnas de la derecha se dedicó a demostrar que la periodista "estuvo muy mal", lo que demuestra qué bien que estuvo. Tanto es así que la columnista estrella del mitrismo, nada menos que la vieja profesora Beatriz Sarlo, consagró toda su columna, Una muestra de pedantería kirchnerista, a tratar de demoler el desempeño de la joven periodista. Dice la vieja profesora:

"Aunque no miro las marchas por televisión, en el caso de la del jueves, no tuve más remedio. Estoy a miles de kilómetros de distancia. Por lo tanto, hablaré de la televisión y no de la marcha. La cronista de 6,7,8 Cynthia García hizo el mejor servicio posible a los manifestantes y el peor a su causa".

Vale la pena detenerse en los términos con que Sarlo descalifica a García. La manera de procesar el mal trago que le provocó García es decir que ella fue a "provocar" o a "maltratar" a los manifestantes, como si una relación de fuerzas meramente física, entre miles de exaltados anti-k rodeando a una mujer con un micrófono, una cámara y un pequeño equipo de producción, habilitara poner a los cacerolos en condición de debilidad.

Sarlo escribe disgustada desde Massachusetts, lamentando estar a tanta distancia del evento histórico espontáneamente preparado. Dice no tener más remedio que haberlo visto por televisión. Y, lo que resulta revelador, lo siguió por 678, lo que marca su obsesión (la de toda la derecha, de la cual ella es su vocera calificada) por el programa; además del poco interés y la previsibilidad que ofrecía la cobertura de TN (que para Sarlo podría representar la manera "correcta" de cubrir el acto).

Parece que a la profesora le angustió presenciar las conversaciones entre Cynthia y los manifestantes y le hubiera gustado estar ahí para bajarle el copete a esa mocosa insolente. La premisa de la que parte nuestra máxima semióloga es errada y sesgada: Cynthia no fue para hacer "quedar mal" a los caceroleros, ni para "tomarles examen", sino para hacerlos hablar y, eventualmente, responderles a algunas cuestiones puntuales, sin ceder a las provocaciones de los que se acercaron con ánimo soberbio y hasta patotero, y sin encubrir su propia posición política (algo que en TN, donde son todos independientes, no se consigue). Cynthia los trató con amabilidad y les preguntaba una y otra vez qué era lo que reclamaban y qué tipo de cambio político aspiraban a producir con su movilización. Si no salieron de sus respuestas líneas claras, es porque no las tenían. Les preguntó también por qué político opositor se sentían representados y consiguió así un gran logro periodístico: decenas de personas que pasaron azarosamente por su micrófono no pudieron reivindicar ninguna identificación política o ideológica. Ningún otro medio logró un testimonio tan de primera agua al respecto. Y, de paso, pantalla abierta para todo el que quisiera decir algo desmentía en acto cualquier queja por falta de libertad de expresión y reducía al absurdo toda idea de censura.

"... la cobertura de 6,7,8 pasó por alto lo que se puede hacer o decir durante una marcha. Perdió toda noción que respondiera a lo que es posible en un estado de entusiasmo o de indignación. Sólo desde una perspectiva abstracta puede suponerse que marchar y discurrir razonablemente sobre programas y datos forman parte de la misma situación de discurso. Quien marcha, en todo caso, ha pensado antes de llegar a la plaza y sólo los especialistas o los periodistas están en condiciones de pensar mientras están en ella".

Sarlo se inquieta desde Massachusetts porque los entrevistados no le pueden decir a Cynthia lo que ella quisiera decirle. Supone erróneamente que con el móvil se quería demostrar que ellos no "saben" responder, cuando el logro fue mostrar lo que los manifestantes sí saben.

"6,7,8 olvidó que, cuando decenas de miles de personas se movilizan, sus motivos son de órdenes variados - trata de disculparlos Sarlo de una acusación que nadie hizo-. Esto sucede con mayor evidencia cuando no existe una organización política que proponga las consignas. Pero aunque esa organización hubiera existido, cada uno de los manifestantes no estaría en condiciones de explicarlas ajustándose a la letra de las leyes o los detalles de los cambios que se reclaman". (Y de paso miente al postular que no hubo organización política del acto, cuando la derecha desplegó un aparato impresionante para convocarlo, difundió consignas y pautó conductas con obsesividad).

¿Tendría Cynthia que haber tratado de hacer quedar bien a los caceroleros? Para eso trabajan los medios de Clarín y sus socios todo el tiempo. Lo que la Televisión Pública tiene que hacer de ahora en más todo el tiempo es dejarlos hablar, conversar con ellos con agenda abierta, que se explayen hasta donde puedan llegar. Si dicen cosas inteligentes, aprender de ellos y, si se desbocan, dejarlos expuestos.


Por supuesto que ellos no son "la opinión pública", porque también habría que hacer hablar a la gente de otras regiones y sectores, y no solo a la de la ciudad más culta y sofisticada, la que eligió ser gobernada por Mauricio.

Sarlo también prefiere dialogar con su propia construcción del cacerolo prístino antes que escuchar al cacerolo real. Por eso, ella supone que ayer había muchos desencantados ex-votantes de Cristina: "Los manifestantes estaban allí porque una serie de hechos se condensaron en un núcleo de malestar. Muchos habían votado a la Presidenta y después recorrieron ese difícil camino, generalmente sin regreso, que es el de la desilusión: voté y no cumplieron las promesas. O mejor todavía: voté y me equivoqué". En realidad una de las ideas más repetidas en la marcha (yo estuve ayer ahí, no lo vi por 678) era: "no te votamos y nunca te votaríamos". "Somos el 46% que no te votó y queremos que hagas lo que nosotros decimos".

Una última cosa me llamó la atención en la irritada columna de Sarlo, algo recurrente en ella: las referencias a la función docente, a la formación intelectual  y a los pergaminos académicos de los interlocutores. 


"(Cynthia) Los interrogó con una pedantería que sólo parece concebible como caricatura de una profesora tomando examen a alumnos mal preparados o con la seguridad de que el careo es imprescindible para dejar al desnudo la culpable y penosa indigencia política del interrogado". 

Y

"Me gustaría ver a Cynthia García interrogada a su vez por alguien con mejor formación política de la que ella tiene, que le exigiera esa misma precisión y le cortara la palabra cada vez que su entrevistador considerara que ha llegado el momento de dejar al descubierto la debilidad de sus ideas". 

No es la primera vez que Sarlo traza analogías entre debate político y situación pedagógica. Muchas veces ha comparado a Cristina con una maestra maltratadora (lo hizo por última vez cuando en Harvard los operadores del PRO se hicieron pasar por estudiantes ingenuos); también desdeñó Sarlo al panel de 678 porque no tenía "nivel académico" para debatir con ella. Ahora se angustia porque piensa a los caceroleros como alumnos no preparados frente a una profesora que les toma examen. O fantasea una venganza: que Cynthia fuera sometida a un examen por alguien "con mejor formación política" (es obvio que la vieja profesora quisiera postularse a hacerlo). 

Digo que es curiosa esa obsesión pedagógica, porque los alumnos de Sarlo en Puan suelen recordarla como una examinadora pérfida tratando de minar el ánimo de sus interrogados con una mirada despectiva, o ningunear a escritores contemporáneos que no formaran parte de su camarilla, manejando con celo aristocrático el canon literario argentino al que se permitía ingresar a esos claustros que durante su reinado se parecía a un feudo.