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lunes, 9 de enero de 2023

Brasil: el comienzo del fin del bolsonarismo


Contra algunas interpretaciones preocupadas, pienso que el golpe abortado de ayer fue el comienzo del fin del bolsonarismo y el afianzamiento de Lula en el poder. Todavía puede haber algunos "episodios" pero cada vez más aislados. Tome nota la ultraderecha argentina.


sábado, 13 de julio de 2019

El mito de La Moncloa y el elogio de la grieta





por Henrique Júdice Magalhães

La transición política modélica de fines de los 70, en la que los sudamericanos debemos inspirarnos, se dio en la Península Ibérica, pero no fue la española: fue la portuguesa, de la que nadie habla.

En España, tras la muerte de Franco, el sistema político se (re)compuso mediante los pactos de La Moncloa, no tan objetables para aquel momento en lo que atañe a sus letras, pero de espíritu dañino. Sacar de la arena deliberativa ciertos temas y volverlos tabúes es un fraude a la democracia.

Entre líneas, se plasmó la victória póstuma del generalísimo mediante la renuncia de los partidos comunista y socialista a cambiar el sistema monárquico por el republicano, a abolir títulos y privilegios de nobleza, a punir a los torturadores y sus mandantes, a restituir la identidad y los vínculos de miles de niños robados de sus familias. Se hace fácil comprender por qué ese esperpento encanta a las élites sudamericanas y, particularmente, a la argentina [1].

Las peripecias del doctor Baltazar Garzón como juez, primero “de” y luego “bajo” tal régimen quizás sean su mejor retrato. Fue alabado y protegido desde el sistema por sus desbordes represivos contra el independentismo vasco, que incluyeron el cierre de un diario, la proscripción de un partido electoral y la conivencia con la tortura. Fue tolerado cuando procesó a Pinochet y a algunos agentes de la última dictadura argentina – ya que, al fin y al cabo, hay que afirmar la jerarquía interestatal y la superioridad civilizatoria hacia las ex-colonias. Fue suspendido en sus funciones y severamente amonestado cuando quiso hacer lo mismo con los crímenes del franquismo. Y finalmente fue expulsado de la magistratura cuando intentó investigar, en el caso Gürtel, el entramado de corrupción de uno de los socios mayoritários de la torta horneada en la Moncloa, el PP.

En Portugal, casi en simultáneo a la alabada transición española, la mayoría de la oficialidad militar se hartaba de sostener el obscurantismo y la miséria y volteaba al heredero de Salazar, Marcelo Caetano, dando inicio a lo que pronto se volvió la revolución de los claveles. Revolución con tomas de fábricas y estancias por obreros y campesinos, purgas en órganos del Estado, disolución de cuerpos represivos y nacionalización de empresas. Y que, aún tras el golpe que le puso freno (pero no marcha atrás) el 25 de noviembre de 1975, dejó como legado um muy importante incremento de los derechos laborales y los sistemas públicos de salud y enseñanza.

En Sudamérica no hubo algo así. Pero existió un país en el que no se pactó la transición con la dictadura saliente porque ella, en verdad, salió echada a patadas en el culo: Argentina.

Ése país fue, por décadas, el único en hacer, – y, más tarde, la inspiración de unos pocos más, pero aquí mucho mejor hecho-, algo que en Portugal casi fue realidad [2] y en España sigue siendo tabú: juzgar, condenar y encarcelar a agentes del terror de Estado.

En Sudamérica, Argentina fue Portugal, mientras que Brasil, donde se impuso y sigue imponiéndose la rosca parlamentaria condicionada por los poderes fácticos (incluso los armados), fué España. Por eso es que ningún político argentino ha podido, desde 1983, darse el gusto que se permitió por años uno de los próceres del franquismo no muy reciclado del PP, Manuel Fraga Iribarne: tener de custodio a Rodolfo Almirón [3]. Por eso es que Bunge & Born, en los 80, pudo tener como jefe de seguridad a Miguel Etchecolatz, pero lo tuvo en Brasil, que también dio cobijo a autoridades y agentes del salazarismo.

Y no es que Argentina no haya tenido nunca su pacto de La Moncloa: lo tuvo entre 1994 y 2001. Lo tumbó una pueblada – que no es una revolución, pero algo es algo.

La Moncloa y Olivos no fueron solo arreglos mafiosos entre facciones parlamentarias: fueron actas de impunidad para criminales de uniforme. Ya sé que la base jurídica para enjuiciarlos, la dio uno de los puntos del acuerdo Menem-Alfonsín: el rango constitucional de los tratados internacionales de derechos humanos. Eso es tan cierto como que, durante la vigencia del pacto, ni un solo represor fue encarcelado y, tras su derrumbe, se iniciaron los juicios de lesa-humanidad, con una profundidad nunca vista en ningún lugar. El tema no es la letra del acuerdo, sino su espíritu.

La implosión del Pacto de Olivos y la inexistencia de cualquier cosa de ese tipo en Portugal ayudan también a comprender por qué estos son dos de los escasos (¿o los únicos?) países de Europa y América donde, pese a las dificultades económicas y el malhumor social, la extrema derecha tiene una expresión social y electoral risible. Mientras en Brasil ella gobierna con Bolsonaro y en España se apresta a hacerlo con Vox, en Portugal su caudal de votos no alcanza para elegir un diputado, e incluso la derecha a secas (CDS) es frecuentemente superada no solo por los comunistas ortodoxos (PCP) y heterodoxos (BE) sino también por un partido animalista, el PAN (y ya que estamos: otro lindo contraste civilizatório ante España y su fijación tauromáquica).

Para mantenerse electoralmente competitivas, las derechas argentina y portuguesa tuvieron que abandonar las formas explícitamente cavernícolas y retroceder al liberalismo, aunque – en el caso argentino – con represión. Mientras el PP español, fundado por ministros de Franco, nunca ha renegado de su orígen, es impensable que alguna fuerza política se reivindique salazarista en Portugal o que miembros de aquel régimen ocupen posiciones políticas importantes. Y pese a que Patricia Bullrich y Miguel Ángel Pichetto incitan de manera criminalmente irresponsable las pulsiones de represión y muerte, Argentina está muy lejos, todavía, de aquellos años del Pacto de Olivos en que Aldo Rico y Luis Patti llegaron a ser o tener parlamentarios e intendentes.

Un país donde los privilegios de las clases dominantes sean intocables por consenso y sus matones no solo tengan garantizadas la impunidad y las prebendas, y donde incluso esté prohibido hablar de ellos [4], es lo que añoran ciertas élites económicas e intelectuales y las dirigencias macrista, pejotista no K, lo que queda de la radical y quizás también algún político o intelectual K. Y eso fue, precisamente, lo que la lucha del pueblo en la calle, primero y luego las decisiones políticas del kirchnerismo les quitaron.

Hoy, más que nunca: ¡viva la democracia, viva la grieta!

NOTAS:

[1] - https://www.infobae.com/politica/2019/05/06/felipe-gonzalez-desde-1984-me-preguntan-en-la-argentina-como-hicimos-el-pacto-de-la-moncloa/

[2] - http://visao.sapo.pt/jornaldeletras/2017-12-11-Irene-Flunser-Pimentel-O-julgamento-da-Pide

[3] - https://www.publico.es/actualidad/rodolfo-almiron-guardaespaldas-fraga.html

[4] - www.pajarorojo.com.ar/?p=42419 y https://anovademocracia.com.br/no-186/6900-nem-justica-nem-memoria

miércoles, 10 de julio de 2019

Netflix en la radio

Anima, Rolling Thunder Revue, Democracia Em Vertigem: Netflix en La otra.-radio, para escuchar acá



Todos sabemos qué es Netflix, pero yo un poco menos que todos porque no estoy abonado. Sin embargo, durante todos estos años no pude dejar de escuchar los comentarios acerca de las series que estaban buenísimas, de las que no había que perderse, de los amigos que se clavan una temporada entera de XYZ en un fin de semana, de los que ven las películas por el celular, del crecimiento de las plataformas on demand, de la pérdida del aura y la muerte del autor como signos de una contemporaneidad rabiosa y la ruptura con una tradición ya pesada. En el fondo se trata de una puja entre el modo de estar en el mundo del siglo xx y el que asoma en el siglo xxi. (Como si el siglo xx no tuviera algo que ver con lo que pasa en el xxi, pero bueno...). Todos hemos percibido un ánimo de celebración alrededor de la muerte del autor en el sentido moderno: por fin se cumplen las profecías de Nietzsche y Foucault, ya las series no tienen autor: tienen guionistas, elencos, tramas, spoilers y sobre todo diseño de producción. Dame un diseño de producción y después vamos viendo.



Hace 25 años se hablaba de la muerte del cine y hoy es adecuado hablar de su mutación. Algo así como: ¿en qué cosa tendría que devenir el cine para que sea posible incluir en esa etiqueta lo que vemos en las pantallas digitales que acarreamos sin necesidad de entrar en el espacio sacralizador de la sala de cine? Hay en el clima de época un miedo a quedar algo ligado al pasado, a la modernidad, a la política de los autores, al romanticismo... Si uno desconfía de la experiencia de ver el mundo a través del celular, de los grupos de personas que inclinan la columna vertebral y mueven la pantallita con el dedo, entonces se aleja de los millennials, de los centennials y se vuelve un poco reaccionario.

Netflix es algo más que un vehículo de producciones audiovisuales. Más que una empresa de entretenimientos. Nuestra sospecha, por no decir mi sospecha, es que forma parte del mismo diseño de Mercado Libre, de las fluctuaciones en la tarifa de Uber según la hora y la demanda, el empleo flexible online y la flexibilización laboral. Con cinismo estético se ligan todas estas licuaciones neoliberales con la flexibilidad, como aquello que se opone a la rigidez, a pesar de que el rumbo que toman las cosas del mundo se presenta a la vez como duramente irreversible. Los esfuerzos de la crítica y los estudios académicos por naturalizar el rumbo de la historia nos hacen desembocar ineluctablemente en Netflix.

En estos últimos tiempos, quizás desde que David Lynch decidió hacer Twin Peaks 3 para Netflix, o cuando un producto de Netflix y Cuarón como Roma no solo fue nominada para el Oscar como mejor película y mejor película en idioma extranjero simultáneamente sino que además fue muy votada en la Internacional Cinéfila, las conversaciones sobre esta plataforma -mejor dicho: sobre su modo de insertarse en nuestra experiencia- tomaron otro cariz. Si hay una generación que amoldó su noción del consumo cultural y su experiencia de la narración con las series de Netflix, tenemos que añadir a nuestros interrogantes la pregunta de por qué artistas como Lynch, Dylan y Scorsese, o Thom Yorke y P. T. Anderson deciden poner a circular sus obras a través de Netflix. No es difícil entender por qué la empresa quiere fichar a Dylan, a Lynch o a Yorke en su catálogo: en plena expansión, una pátina del presitigio de los nombres ilustres de la era analógica es un valor agregado, tentación para que nos suscribamos los renuentes. Pero podemos preguntar todavía por la anuencia del autor a mandarse por ese lado. Esa decisión puede significar ansiedad para llegar al público que no pagaría una entrada para verlos en una sala, aggiornarse, aceptar las ventajas de visibilidad que otros dispositivos de distribución no ofrecerían, volverse actores relevantes de los modos del nuevo siglo o simplemente facturar un montón de dólares.

Anima es el nombre de un disco que acaba de sacar Thom Yorke y es realmente muy bueno. Pero también es el nombre de una película de corta duración ("one-reeler", bromearon los autores haciendo alusión a un formato usual de la época del cine mudo, las películas de un solo rollo) producida por Netflix. La película es buenísima, entre lo mejor que hizo Anderson y una demostración de que Thom Yorke no solo es un autor de grandes canciones y explorador de angustiantes atmósferas sonoras sino también un ícono, un gran actor, un bailarín notable, un artista integral. Anima película es una obra considerable con aroma a pesadilla epocal. La visión desoladora de la humanidad zombie retorciéndose en el subte rumbo a sus trabajos cotidianos coreografía una experiencia verídica, una pesadilla tan tangible como la realidad. Se aplica mucho talento para pensar el vínculo entre imagen y sonido, entre duración y progresión dramática, entre coreografía y puesta de cámara, entre color y ritmo. Merecería ser vista en una sala (como de hecho se proyectó en algunas ciudades del mundo en su semana de lanzamiento). Pero la cuestión es que su disponibilidad actual es Netflix. O sea, podés verlo en tu celu si estás abonado y si no, conseguite un amigo que te invite a su casaa verla  (o que te muestre su celu) o esperá que la suban a alguna página pirata.



Lo mismo se puede decir de la genial Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese de la que escribí hace poco en este blog, una pieza indispensable para armar el rompecabezas Dylan. También para confirmar que Scorsese es el cineasta indicado para poner a Dylan en términos cinematográficos. Uno de los encantos secretos de la película es el arte de la falsificación, la tergiversación, la inclusión inadvertida de testimonios apócrifos que ayudan a extender la mitomanía que Dylan convirtió en su juego preferido. Hay varios personajes ficticios y anécdotas inventadas mezcladas con el material de archivo y el propio Dylan actual se encarga de reflexionar ante cámara acerca de la verdad que se dice detrás de la máscara. En ese mismo plan hay que interpretar la cita que hace Scorsese al comienzo y al final de la película de un corto ilusionista de George Melies en el que una mujer desaparece por un truco de montaje. Es Melies y no Lumiere el epígrafe del "documental". Rolling Thunder Revue: A Bob Dylan Story by Martin Scorsese  será para la posteridad el Dylan de Netflix.

En estos mismos días esa plataforma subió una película documental de la brasileña Petra Costa: Democracia Em Vertigem (Al filo de la democracia, en su versión en castellano). Con formas un tanto más convencionales que las dos películas comentadas arriba, Costa narra los pasos del lawfare brasileño que conduce a la destitución de Dilma, la cárcel de Lula y la presidencia de Bolsonaro. La similitud entre los procedimientos de los poderes de la derecha que se movieron para destruir la democracia brasileña y los que actúan aún hoy en Argentina solo se pueden ver con intensa inquietud. El lawfare brasileño, nos muestra la película, ya desembocó en su fase catastrófica. En Argentina todavía no. Es inquietante enterarse por Netflix.

Estas tres películas están entre lo más interesante que puede verse hoy en día en cualquier formato. Pero todas ellas están en un solo formato. De eso y con más detalles, con pelos y señales, gruñidos y susurros, hablamos en la reciente emisión de La otra.-radio, que pueden escuchar clickeando acá. [Quizá el único personaje que no puede hacer nada en este escenario es Joao Gilberto, al que finalmente este programa estuvo dedicado].

domingo, 7 de julio de 2019

Anima, Democracia em vertigem, Rolling Thunder Revue... ¿Netflix?



Anima, un cortometraje de 15 minutos de Paul Thomas Anderson y Thom Yorke, acompaña el lanzamiento del nuevo disco solista del líder de Radiohead.



Democracia em vertigem, el documental sobre el proceso de degradación institucional brasileño realizado por Petra Costa, que en parte viene a reparar la canallada de O mecanismo.

Y por supuesto, la extraordinaria


Cada una de estas películas tiene un notable interés, pero a esto se añade una tensión acerca de los modos de circulación de la producción cinematográfica en el siglo xxi y el riesgo de la privatización total de la experiencia del mundo. 

Joao, el músico que pasó la mayor parte de su vida yéndose


Ahora sí, se fue para siempre del mundo el músico que pasó la mayor parte de su vida yéndose, Joao Gilberto. El enigma más indescifrable de la música popular, genio del microgesto, apenas percibido y absolutamente imprevisto, anomalía completa. Su cantar susurrado, tímido, su batida en la guitarra, de un ritmo de matemática incalculable, su dulce melodismo mínimo, su melancolía terminal, formulada con trazos tenues hasta el desconcierto, toda su música exige ser atravesada como una experiencia paradojal. Diego Fischerman escribió alguna vez: "Quien oye esas canciones debe poner de su parte casi tanto como quien las interpreta. No hay manera de desconcentrarse sin perder lo esencial. Porque lo esencial tiene que ver, precisamente, con los detalles casi imperceptibles".

Joao es uno de los pocos artífices de la bossa nova, una irrupción en la escena que necesitó de muy pocos discos para cambiar todo para siempre, expresión de un refinamiento modernista seguramente incompatible con la barbarie en la que hoy se halla sumido el Brasil.

La estética de sobriedad extrema que él puso en marcha es inescindible de su ética. La suavidad con que se deslizaba por los escenarios estaba regida por una recusación inapelable de las normas del business. La industria cultural y Joao se repelieron mutuamente con una pasión hoy extinguida: no deben quedar, después de su larga partida, otros músicos que guardaran con tanto celo la fragilidad de su arte ante la prepotencia del mercado. Joao fue maltratado con tanta intensidad como aquella con la que él despreció a los mercaderes que manejan el negocio. Ni ellos, con toda su brutalidad, pudieron evitar que antes de partir él nos dejara algunas de las canciones más hermosas que existen.

Joao se fue apagando de a poco, como una de sus músicas.

Si tú dices que desafino, amor
sabrás que esto causa en mí un inmenso dolor
sólo los privilegiados tienen el oído como el tuyo
yo poseo apenas lo que Dios me dio.

Pero si tú insistes en clasificar
mi comportamiento de anti-musical
yo aún mintiendo debo argumentar
que esto es bossa nova, esto es muy natural.

Lo que tú no sabes y ni siquiera presientes
es que los desafinados también tienen un corazón
te fotografié en mi Rolley-Flex
y se reveló tu enorme ingratitud.

Simplemente no puedes hablar así de mi amor
esto es lo mayor que tú puedes encontrar
y con tu música olvidaste lo principal:
que en el pecho de los desafinados
en el fondo del pecho late callado
que en el pecho de los desafinados también late un corazón.



Esta es la versión cantada en Buenos Aires junto a Caetano Veloso en 1998 en el show en el Gran Rex al que tuve el privilegio de asistir.



Nana cantando "nesse mesmo lugar"
Tim maia cantando "arrastão"
Bethânia cantando "a primeira manhã"
Djavan cantando "drão"
Chico cantando "exaltação à mangueira"
Paulinho, "sonho de um carnaval"
Gal cantando "candeias"
E elis, "como nossos pais"
Elba cantando "de volta pra o aconchego"
Sílvio cantando "mulher"
E elisete cantando "chega de mágoa"
Carmen cantando "adeus batucada"
Gilberto cantando "sobre todas as coisas"
Cauby cantando "camarim"
Orlando cantando "faixa de cetim"
Milton, "o que será?"
Roberto, "a madrasta"
Bosco, "rio de janeiro"
E dalva, "poeira do chão":
Melhor do que isso só mesmo o silêncio
E melhor do que o silêncio só joão
Nara cantando "diz que fui por aí"
Marisa, "a menina dança"
Aracy cantando "a camisa amarela"
Amélia, "boêmio"
Max, "polícia"
Nora, "menino grande"
Dolores, "não se avexe não":
Melhor do que isso só mesmo o silêncio
Melhor do que o silêncio só joão

CAETANO VELOSO

jueves, 9 de mayo de 2019

FICIC 2019 en La otra

Una conversación con Roger Koza, director artístico del Festival, que se puede escuchar completa clickeando acá

Sol Alegría, ganadora de la competencia internacional del FICIC 2019

En la reciente emisión de La otra.-radio estuvimos conversando con Roger Koza, director artístico del FICIC, ni bien la edición del festival coscoíno acababa de terminar. Roger ya había llegado a Córdoba capital cuando nuestro programa salió al aire.

Lo primero que él nos dijo  es que esta ha sido una de las ediciones más felices del FICIC -un festival que verdaderamente aspira a construir una zona de felicidad, pienso yo-, una especie de equilibrio más logrado, evalúa él, buscando las palabras, más gente viendo las películas que en las otras ocasiones y también un reconocimiento más inmediato. A esa hora de la madrugada del lunes ya el diario El País de España había publicado una nota elogiosa al que denominó "Un festival de cine quijotesco en el centro de Argentina".


Es verdaderamente austero el sustento material del FICIC, así que este reconocimiento que se fue ganando edición tras edición se explica ante todo por la laboriosa alegría del grupo que lo realiza y el cuidado con el que se tratan las películas y a quienes participan en cualquiera de los roles. La concisión de sus dimensiones -en días, en presupuesto, en salas- contrasta con su grandeza de corazón, si me permiten la cursilería, más corazón que el odio que puede percibirse en otros festivales más poderosos. Y, sobre todo, las ideas acerca del cine que sus hacedores ponen en juego, esta es para mí la gran clave: la importancia del FICIC en el calendario de festivales de cine en el país se funda en que este es un encuentro pensado en sus detalles decisivos.

De nuestra conversación con Roger -participamos Paz Bustamante, Carla Maglio y quie firma esta nota, transcribimos ahora algunos pasajes e invitamos a escucharlo completo acá. Ninguno de los integrantes del staff del programa pudo estar presente en esta ocasión, pero lo seguimos a la distancia y comentamos algunas de las películas que ya conocíamos. En mi caso, estoy atravesando un pleno entusiasmo por Lluvia de jaulas de César González, ganadora de una mención del Jurado en la competencia internacional y también del premio de la Asociación de Cronistas.

Lluvia de jaulas (César González)

- Es una película que marca un salto cualitativo en la obra de González -dice Koza-, no porque su obra precedente fuera peor o mejor, sino porque hay salto estético, una concepción sonora distinta, una forma de trabajo en cierta medida insolente en función de lo que está retratando. Al mismo tiempo yo discutía con alguien, no importa quién, que me decía que la película era un poco desprolija, que había momentos en los que perdía su eje... Yo decía: "si esto lo hace Godard, todos decimos que es una genialidad". Y la verdad es que hay momentos en los que tiene esa impronta. Claro, Godard es un sujeto que se clausura en sí mismo, en tanto que nadie podría ser como él. Pero ¿qué pasa si hay alguien que tiene algún destello de genialidad como lo puede tener Godard, pero ha nacido en una villa? El que haya nacido en una villa no lo hace ni mejor ni peor, esto es la contracara de un humanismo ridículo. Antes que nada González es un cineasta. Uno no piensa en el cine de Solnicki porque es un tipo de una muy buena posición económica, del mismo modo que tampoco tiene tanta relevancia el origen de uno o el otro. El tema es cómo filman lo que filman, qué están pensando, qué forma cinematográfica ponen en juego. Y en Lluvia de jaulas hay un trabajo de sonido que produce un extrañamiento sobre lo que se ve. Se diluye toda versión paternalista respecto de cualquier fenómeno de la villa, Hay un contracampo constante entre la ciudad y esa ciudad secreta que son sus villas. Hay una comprensión evidente del territorio que González filma, pero es muy interesante el momento en el que saca a ese niño a recorrer la ciudad de Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires se vuelve extraña para cualquier tipo de mirada. Creo que la operación de extrañamiento pasa por el sonido, Buenos Aires en Lluvia de jaulas suena diferente. En la disyunción entre la villa y la ciudad uno puede ver el contracampo de la pobreza en una cierta riqueza, yo diría, torpe, bruta, de la ciudad de Buenos Aires. Un contrapunto que nunca logra síntesis, porque no hay reconciliación entre esa ciudad y la ciudad clandestina. Aparte tiene momentos plásticos de una belleza inusitada, como ese final con el niño que lleva las flores del mismo modo con que en una escena anterior puede tener una tarjeta de crédito con cocaína o lo que fuera.

Corsario (Raúl Perrone)

- Esas flores del final -asocio yo- me conectaron con Corsario (Raúl Perrone), otra película vista en esta emisión del FICIC, bastante distinta pero con algunos puntos de contacto, incluso en su geografía, la zona oeste del conurbano.

- Es verdad, es verdad, el tema de las flores, ¿no?, aparecen también. Bueno, hay una sensibilidad común. Lluvia de jaulas tiene momentos cercanos a Ragazzi (también de Perrone). Hay algo hermoso, que es un tiempo de espera, uno no sabe muy bien cuál es el tiempo de los personajes: no es del todo el tiempo del ocio, no es del todo el tiempo del delinquir, entonces hay un tiempo flotante. Y algo de eso hay también en Ragazzi, sobre todo en la segunda parte, donde Perrone se permite la desobediencia de la representación de que los desposeídos tienen ocio, porque los ricos se han adueñado del ocio, creen que es un privilegio del pudiente, y Ragazzi dice: ¡No!, cuidado, hay otras formas del ocio y usted no la entiende. Lo otro que es muy llamativo de González es que son pocos los cineastas de nuestro país que como él pueden ejercitar su oficio y a la vez acompañarlo con una reflexión sobre lo que hacen. Es notable en él una constante necesidad por estar pensando su práctica. 

- La película que ganó el festival, la brasileña Sol Alegría, no la vimos.

- Es una película muy interesante, muy intensa, de Tavinho Teixeira -dice Koza-. Es una de las películas más precisas para imaginar la gran mácula de Latinoamérica, porque lo inaceptable está en el poder en Brasil, el brazo de un gran monstruo que se extiende en la configuración del Congreso y que además tiene un apoyo por fuera.

- Genera una tensión conocer el gran momento por el que está pasando el cine brasileño, que uno no termina de poder relacionarlo con esta monstruosidad que manifiesta el poder político- decimos.

- Yo creo -afirma Roger- que el gran momento se da sobre todo en la ficción brasileña. Yo no veo en el cine documental de Brasil una regeneración después de la muerte de Eduardo Coutinho, no veo ahí un recambio generacional. Sí veo zonas mixtas, de indeterminación entre la ficción y la no ficción. Y te diría que hay como diez o quince películas que de algún modo desde la ficción entran en contacto con una extensión posible del presente, donde las ficciones trabajan con formas de horadar lo que no permite ver el presente. Abren el presente, porque se posicionan en lugares a veces lúdicos, a veces imaginarios, a veces desde la ciencia ficción o el fantástico, donde uno puede vislumbrar problemas que están obturando cualquier tipo de transformación social. Yo creo que hay una disyunción en Brasil que la propia bandera expresa, un problema entre el orden y el progreso. Y esa tensión está llevada al máximo entre el cine y la realidad.

- Me parece que en las películas que seleccionás, algunas las vi, de otras leí -dice Carla Maglio- los cineastas plantean una relación particular con el espacio, que no es un problema menor. Yo no sé si dimensionamos el nivel de resquebrajamiento de las tramas sociales en el espacio que hay hoy en Brasil.

- Desde el inicio yo me di cuenta que las 9 películas de la competencia de esta edición del FICIC estaban unidas por el problema del espacio como la entidad dramática por excelencia: eran espacios ocupados, espacios imaginados, espacios heterogéneos, como es en el caso de González. Y algo de esto aparece también en el cine de Brasil. En el caso de Sol Alegría, frente a la consagración de un modelo teológico castrense que castra a los ciudadanos en su deseo, el film imagina la existencia de una comunidad clandestina que practica sexo como una especie de resistencia vital, hasta esperar la posibilidad de una invención que no aparece pero se llega a vislumbrar, frente a un orden estrangulador. La economía libidinal es una economía de reserva. Yo no puedo dejar de pensar en Wilhelm Reich ante estas sociedades propensas al fascismo y su manera de relacionarse con las prácticas sexuales. Es inmediata la obsesión de Bolsonaro por regularizar los placeres sexuales, fue lo primero que él expresó. Yo veo que en Brasil hay en este momento una confusión sobre lo que se puede hacer, pero se entiende que por ahi hay que empezar a pensar - propone Roger-. Cuando en el debate sobre el aborto Pino Solanas menciona al derecho humano al goce se produce un momento increíble. Yo pensaba: ¿qué están hablando en el Congreso? Era tan careta el discurso que de pronto apareció una palabra que no estaba en el léxico del Congreso: el deerecho humano al goce. Y esa aparición de una incomodidad léxica en medio de un discurso fosilizado es un agujero que se produce y quedará en nuestro recuerdo.

Ata tu arado a una estrella (Carmen Guarini)

Paz Bustamante destacó la retrospectiva que esta edición del FICIC dedicó a Carmen Guarini.

- Tengo la impresión de que hay una idea rígida de las formas de periodización del cine argentino. Porque cuando empieza la década del 80 el cine no está absolutamente muerto. Hay gente que ha trabajado como puente entre generaciones. Creo que Ana Poliak es una de ellas, Carlos Echeverría es otro, cineastas que se han olvidado como Sergio Belloti. Y en este caso en particular, Carmen Guarini lo que hace es resguardar una memoria y una práctica del cine documental, que lo termina relacionando con la historia de la Escuela de Cine de Santa Fe, con Fernando Birri. Ella es la plataforma sobre la que se erigen los nuevos documentalistas del cine argentino. Y una de las conjeturas del festival fue expresar que aquí está una de las cineastas que hizo ese puente.

sábado, 20 de abril de 2019

Las dos mejores del BAFICI. Bamboo dogs y Espero tua re(volta)


Bamboo dogs (Khavn de la Cruz)

Quiero decir que esta es la mejor película que vi en la reciente edición del BAFICI, una de las pocas que está a la altura de la reputación que el festival había sabido ganarse a principios de siglo, cuando parecía que el concepto de cine independiente estaba sintonizando el pulso del mundo contemporáneo y, sobre las bases de un siglo de cine visto era posible vislumbrar todo un cine por ver. Esto ya no suele pasar y nos conformamos con celebrar peliculitas simpáticas. De la Cruz es un filipino que no conocía. Pero sobre el que deberé actualizarme, que practica un expresionismo digital como el instrumento mas idóneo para tomar el latido de la noche urbana. Prácticamente todo el film transcurre en el interior de una van cuya oscuridad no permite determinar exactamente cuantos pasajeros lleva ni quiénes son y solo en forma paulatina van exponiendo algunos vínculos y conflictos que los ligan, no todos, nunca completamente: el encanto de lo apenas entrevisto. 


Alto contraste, unos colores que rasan las siluetas, un calor que se palpa y la densidad del aire del vehículo y el desamparo de la calle, yendo no se sabe hacia dónde en la noche filipina. Planos cortos, distancias focales criticas, diagonales, distorsión y prersagios, con un aire noir que lleva a que el autor del catalogo del festival la clasifique erróneamente como thriller. No hay thriller en Bamboo dogs porque desdeña la nitidez de una peripecia que la hiciera genérica. Hay algo de lo que el noir debe haberse nutrido cuando no era un género codificado: un lirismo urbano a través.del que pueden presentirse tensiones posibles, incluso a punto de.estallar, aunque no se sepa.como ni por qué. Lo mejor de Bamboo dogs es su uso desfachatado de estos yeites para trazar una poesía visual canalla y melancólica. 


Hay una trama basada en hechos reales, ocurridos a mediados de los 90, es decir, en la urbe neoliberal, notorios para los filipinos, cruzada de parapoliciales, políticos corruptos y un sindicato del crimen, para la cual la tonalidad oscura y la cámara vibrante se adecuan muy bien, aunque no nos hagan falta conocer los pormenores para captar la densidad y la belleza del asunto. 


Podría haber sido la funcion de apertura de un festival menos careta, como alguna vez lo fueron The hole o Millenium Mambo. Pero la gente está rara y las cosas cambiaron.

Yo sugeriría que presten atención a Khavn de la Cruz.


Espero tua revolta (Eliza Capai)

La segunda película que más me interesó de este BAFICI es la brasileña Espero tua revolta, algo así como la película que me hubiera gustado ver sobre las innumerables movilizaciones callejeras argentinas y acá a ningún cineasta se le ocurrió. Podría haber sido la película de cierre en BAFICI que no fuera el que es hoy, el del tipo disfrazado de lechuza. En lugar de cerrar con esta, para cumplir con la cuota socialdemócrata vimos, la peor película que haya hecho Nanni Moretti, quien vino a contarnos algunos años después cómo fue el golpe que volteó en Chile a Salvador Allende desde su agobio italiano.


En cambio, Espero tua re(volta) intenta comprender lo que está pasando ahora mismo en Brasil, a través de la mirada de tres estudiantes brasileños, no intenso agora, esta vez de verdad, dos chicas y un chico. En 2015 el gobernador de San Pablo anunció que se iban a cerrar casi un centenar de escuelas, alegando una "redistribución más racional de la matrícula" (¿les suena?), lo que iba a cambiar la vida de miles de estudiantes de la educación pública paulista y terminó incorporándolos a la militancia. Jovencísimos, inspirados en el movimiento estudiantil argentino y en una película sobre las movilizaciones de los estudiantes chilenos, decidieron tomar sus escuelas, mientras el sistema político brasileño entraba en un colapso acelerado: Dilma, Temer, Bolsonaro... 


Si Bamboo dogs privilegia el elemento alucinatorio que el cine contiene, Espero tua revolta hace estallar en una explosión colorida el registro cinematográfico de la calle, con cámaras livianas que avanzan a la par de las columnas estudiantiles. Y lo hace desde una óptica negra, feminista, diversa, rapera, es decir, integrando los rasgos más contemporáneos de la lucha política. Una película narrada por los propios militantes que están haciendo su primera experiencia y descubren las dificultades del compromiso, se enfrentan a sus primeros dilemas políticos y reciben sus primeros palos de la cana. La lucha se precipita a un ritmo frenético que la cámara sigue, mientras una extraordinaria banda de sonido transforma todo este tumulto en una performance colectiva. 


En la primera fase el movimiento estudiantil triunfa, pero la crisis política brasileña militariza la represión, hasta llegar a la debacle actual, con la consiguiente incertidumbre con que la película culmina. Un cine político de una contemporaneidad rabiosa, que nos produce un poco de envidia (aunque la situación brasileña no sea de envidiar). En Berlín la película ganó el premio de Amnesty y el Premio de la Paz. Aquí los programadores del BAFICI lograron que pasara tan desapercibida como Bamboo Dogs. Como verán, no todo es ajuste presupuestario: hay taras estructurales.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Terraplanismo, macrismo y muerte de la verdad

La otra.radio del domingo pasado para escuchar descargando el audio acá 


Hace pocos días se hizo la primera convención de terraplanistas argentinos. Es un grupo de papanatas que sostienen que la Tierra es plana y que existe una conspiración a nivel internacional para ocultarlo. Comentábamos esto en el comienzo de nuestra emisión más reciente de La otra.-radio. Los terraplanistas no son el único grupo oscurantista de los que proliferan en el siglo xxi. Se me ocurrió que puede resultar sorprendente que en el momento de máxima tecnologización de la vida humana estos grupos oscurantistas encuentren tantos adherentes. Pensándolo bien no es tan sorpresivo: depender de la tecnología no nos hace más racionales, como podrían haber creído los positivistas del siglo xix. Al contrario, es posible que la eficacia de la técnica pueda acrecentarse totalmente disociada de la capacidad humana del discernimiento, puesto que el objeto de la técnica no es la verdad sino la eficacia. 

De manera que la multiplicación de los oscurantistas en la era digital sería un corolario esperable, una vez que se volvió parte del sentido común la doctrina nietzscheana de que la verdad no existe y todo es interpretación, así como los diversos modos de interpretacionismo y la vulgata foucaultiana que reduce la verdad a una construcción social resultante de las relaciones de poder. Si todo es interpretación, la esfericidad de la Tierra bien podría ser una interpretación impuesta por el poder científico dominante y los terraplanistas harían uso de su libertad de enarbolar una disidencia astronómica reivindicable. Una derivación algo farsesca de todos los relativismos y constructivismos postmodernos: la Tierra no es esférica sino que depende de cómo la diversidad de los terráqueos quiera que sea. El detalle más curioso es que la convención de terraplanistas argentinos se hizo en la localidad de... ¡Colón!

Nuestro columnista brasileño, Henrique Júdice, nos dice que en Brasil los terraplanistas están desde hace tiempo, ya que ese país hace mucho que importa cualquier locura conspiranoica proveniente de EEUU. Hasta el punto de que quien encabeza la facción iluminista del gabinete de Bolsonaro, el Ministro de Ciencia y Tecnología, que fue astronauta y vio la Tierra desde el espacio, se desespera ante la convicción que manifiesta otra ministra de ese gabinete que adhiere al terraplanismo. Nada raro en un gobierno que triunfó con la ayuda de las más aberrantes fake news que, después de todo, son interpretaciones. Acá no tenemos teraplanistas en el gobierno, pero hay gente que cree en las cosas que dice Lilita Carrrió, de manera que tan lejos no estamos. 

Júdice nos cuenta que la parte del gabinete de Bolsonaro más vinculada a las iglesias evangélicas sostiene la necesidad de que en las escuelas se enseñe el creacionismo y ahora ya van por la enseñanza de la Tierra plana.  Según él en Brasil hay una explicación para esto que no se aplica tanto a Argentina. En su país nunca hubo una democratización efectiva de la enseñanza pública, por lo que se pasó bruscamente de un estado de analfabetismo hasta una cultura televisiva y luego digital, sin haber atravesado una etapa de la cultura letrada. Es cierto que en Argentina, sobre todo en Buenos Aires, hay una extensa tradición de ilustración y escuela pública que proviene ya desde el siglo xix. Tan cierto como que el macrismo quiere terminar con esa tradición.


Judice piensa que los EEUU exportan pseudociencias y fanatismos religiosos porque el establishment estadounidense no puede afrontar sus debilidades incrementando el nivel de conocimiento de su propia población, ya que si este nivel aumentara, si el pueblo norteamericano fuera más consciente y menos alienado de lo que es, el sistema mismo no sería capaz de sostenerse. Así, lo resuelve exportando sus debilidades y volviendo a los otros países más débiles que ellos. (Se me ocurre ahora que el cine norteamericano sería en parte un vehículo de esta neobarbarie, pero no lo digo porque algunos allegados cinéfilos pueden sentirse ofendidos). 

Si la tesis de Judice es compatible con el crecimiento de pseudociencias en la Argentina, podemos explicar en qué sentido el gobierno cambiemita se ha abierto al mundo del siglo xxi, en el que la verdad no existe y todo es interpretación. Durán Barba, Alejandro Rozitchner o Elisa Carrió, sin ser miembros de las iglesias evangélicas, son entusiastas promotores del pensamiento mágico que se huele en los desvaríos de los discursos presidenciales. Una vez más, la víctima sacrificial es la verdad.

Con la misma soltura con que alguien afirma que la Tierra es plana, puede otro cualquiera decir que Cristina se robó dos PBI y habrá creyentes dispuestos a creerlo. 

La música del programa pasado fue en parte programada por Henrique Júdice, que nos trajo a algunos exponentes de la música popular brasileña totalmente desconocidos por aquí.

Así fue como escuchamos "Aos fuzilados da CSN", de Garotos Podres, una banda de punk rock que es leyenda en Brasil por ser pioneros en ese estilo musical y por su firme compromiso político. La canción la compusieron en homenaje a tres obreros de la Compañía Siderúrgica Nacional asesinados por el Ejército en la represión a una huelga en 1988, en pleno gobierno civil. Ahora, nos explica Júdice, la policía sigue siendo tan brutal y asesina como entonces. La diferencia es que la Compañía Siderúrgica Nacional ya no existe como sociedad del Estado.

La segunda canción que Henrique programó fue "Milonga Borgeana", parte de un libro de Jaime Vaz Brasil después convertido en CD, el más grande poeta vivo del idioma portugués para gusto de Henrique. La obra tiene muchas canciones maravillosas, pero Henrique eligió esta por su relación con Argentina.

La tercera canción es "Raízes" de Renato Teixeira, que en la versión que escuchamos la canta junto al dúo Pena Branca y Xavantinho. La canción forma parte de la banda sonora de la película Árabia, de modo que Henrique aprovecha para invitar los oyentes a que vayan al cine Cosmos a ver esta película que considera excelente. La canción es muy popular en el interior de Brasil, sobre todo en la parte central, aunque su autor no figura entre los artistas preferidos de los medios, que poco hablan de él.

Por último, la Escola Mangueira ganó el carnaval de Río este año con un samba muy fuertemente político, de la mejor especie de política, colmado de referencias históricas a las luchas populares. Aunque la melodía parece un tanto estándar -hay poco margen para la creatividad musical en el formato que impone la competición de las Escolas de Samba en Río-, por su letra y el momento político en que se da a conocer tiene un valor especial.



La selección musical la completé yo. Nuestro módico carnaval larretista tuvo su momento de gloria plebeya cuando la murga de los Chiflados de Boedo le tocó en la propia cara del jefe de gobierno de esta ciudad gorila una afamada melodía popular. Y también escuchamos a un desconocido artista de las redes sociales que compuso un gran hit, inspirado en las zozobras lingüisticas del presidente afásico que padecemos.

Siguiendo con nuestra investigación sobre el oscurantismo, intentamos penetrar en los circuitos mentales de un garca que es partidario del gobierno, levanta la bandera del déficit cero y evade impuestos sin detectar su propia inconsistencia. Todo es interpretación (la verdad no existe).

Para escuchar el programa, clickear acá.

miércoles, 30 de enero de 2019

Bolsonaro de salida: avanza el golpe militar en Brasil

La otra.-radio para escuchar acá:
Primera parte
Segunda parte



Cuando el domingo pasado vino a visitarnos el periodista brasileño Henrique Judice, nuestra intención era hablar de los acelerados cambios políticos que está viviendo nuestra región latinoamericana. Las conversaciones previas que habíamos tenido con él nos dieron la impresión de que no solo podía orientarnos para entender el sorprendente giro a la ultraderecha de la sociedad brasileña sino que también está muy bien informado acerca de los procesos políticos y culturales de la Argentina postdictatorial hasta la fecha, y de la región en general. Judice hace además un valioso esfuerzo por pensar los procesos de cada país en particular y detectar sus diferencias, sus similitudes y sus interdependencias. Sostiene una mirada muy amplia que valoriza detalles sutiles que pueden alterar la apreciación del conjunto y evitar falacias de generalización apresurada. Ustedes pueden constatar estas cualidades escuchando el programa que se descarga acá: Primera Parte y Segunda Parte. Su mirada amplia y detallada seguro les va a interesar tanto como a nosotros.

Henrique vive parte del año en Argentina y otra parte en su país natal, con una tendencia a radicarse en nuestro país. Acaba de volver de Brasil, donde vivió los primeros días del régimen de Bolsonaro y se manifiesta preocupado por el clima de creciente violencia que vive su país, que está escalando hacia un resultado imprevisible, en una sociedad que de por sí ya era muy violenta. Considera que el fenómeno es tan acelerado que resulta difícil hacer predicciones e intentarlo puede dar lugar al riesgo de equivocarse. Pero aún consciente de ese riesgo, nos expuso algunas cosas que cree que van a pasar en Brasil tal vez más rápido de lo que esperamos. En primer lugar, que Bolsonaro es muy probable que no termine su mandato. Esa percepción nos dejó sorprendidos, porque la prensa corporativa argentina se dedica a mostrar a Bolsonaro como un hombre fuerte y un gran aliado para macri. De hecho, Fontevecchia, que se jacta de conocer muy bien a la sociedad brasileña y en Argentina practica un oficialismo semidisimulado, tituló su columna del domingo "Bolsonaro, una suerte para Macri" en la que se regocija: "Es probable que Bolsonaro y Macri sean los primeros presidentes de una Argentina y un Brasil unidos para potenciar su comercio, unidos más por el pragmatismo económico que por la ideología". Parecería que Fontevecchia tiene una mirada errónea respecto de la real situación en Brasil, tanto como trata de embellecer cuanto puede las presuntas virtudes de un macrismo al que cuesta mucho encontrarle aspectos positivos.

Lamentablemente, no será precisamente el PT el que pueda desestabilizar a Bolsonaro. Y quienes lo sucedan no serán justamente más democráticos que él.

El domingo a la noche, Judice nos dijo entre otras cosas:

- Yo me cuido mucho de hacer predicciones, sobre todo respecto de Brasil en el cuadro excepcionalísimo que tenemos hoy, pero voy a arriesgar una: Bolsonaro no cumple su mandato. Según lo declara [Eduardo Villas Boas] el excomandante en jefe del ejército que trasmitió el cargo a su sucesor [el general Edson Leal Pujol] hace pocos días, la elección misma de Bolsonaro es parte de un plan de aproximaciones sucesivas hacia la toma gradual del poder por parte de los militares. Hay un golpe de estado en Brasil para que las fuerzas armadas tomen el poder. Y por supuesto el golpe no se hace para poner a un exmilitar de bajo grado con un historial de los peores [como lo es Bolsonaro]. A Bolsonaro, como llegó a tener algún prestigio en el vacío de poder que se produjo en Brasil por una crisis política muy profunda, lo usaron como un caballo de Troya para que los propios militares terminen tomando el poder. Fijate que el vicepresidente de Bolsonaro es un general [Hamilton Mourão] y en el gabinete tiene 8 ministros que son generales y un almirante. Brasil es gobernado en los hechos por una junta militar. Y las cosas se encaminan, ya sea por juicio político, por renuncia o por complicaciones post-quirúrgicas, a que el vicepresidente asuma el lugar que hoy ocupa Bolsonaro, al que se puede considerar un títere en manos de la junta militar. Me parece que el avance hacia ese remplazo es rápido, por todo lo que ha pasado en los últimos días.

- En Brasil toda la institucionalidad está podrida -sigue Judice-, igual o más quizás que en la Argentina de 2001, y cuando un régimen llega a ese grado de incapacidad, incluso de renovación interna, hay dos salidas clásicas en la historia: una revolución -o cuando menos una pueblada, como la que ustedes tuvieron acá en 2001-, o un golpe militar. Para hacer una revolución se requieren años o décadas para prepararla; para una pueblada se requiere una vitalidad que la sociedad brasileña no tiene hoy. Así que el vacío se llena con el golpe militar que ya se lo ve a simple vista. Y el desarrollo más reciente de esto es que la prensa Globo en particular -hoy enfrentada a Bolsonaro- empezó con denuncias muy serias en contra de él y de sus hijos [...]. Y la interpretación más corriente en Brasil en este momento es que Globo, como vocero de un bloque de intereses de las clases dominantes, quiere sacar a Bolsonaro y que asuma su vice, el general retirado Mourão. Este golpe en marcha se vio en la constitución del gabinete de Bolsonaro. Los evangelistas neo-pentecostales creían que iban a copar los ministerios y quienes en verdad lo hicieron fueron los generales. Solo entró como ministra una pastora evangélica, que además no la eligieron los líderes de las iglesias sino los militares".

- ¿Y a vos te parece que si Bolsonaro fuera remplazado por los militares, esto daría lugar a un régimen más represivo, retrógrado y oscurantista? -preguntamos.

- Me permito establecer un paralelo con una situación que los argentinos conocen bien. Ustedes tuvieron por dos años, en el 74 y 75, una orgía de sangre con una presidenta más inepta que Bolsonaro y Dilma juntos y un tipo que era el líder a la vez de una secta esotérica y de una banda parapolicial. Nadie soportaba eso, la cosa llegó a tal punto que hasta la guerrilla de izquierda sin admitirlo públicamente prefería que el general Videla, que parecía mucho más preparado que esa gente, diera de una vez el golpe y estableciera un mínimo de orden, y todos saben lo que pasó. Así que si me preguntás qué es peor, si un cuadro de total anomia política y de sangre o una dictadura ordenada que justo por ser más prolija, si se define un objetivo genocida, lo puede cumplir a la perfección, yo no sabría decirte qué es lo peor.

Le pedimos a Henrique que explicara su tendencia a radicarse en Argentina y a vivir cada vez menos en Brasil y nos explicó:

"El clima social en Brasil se pone no solo raro, con desbordes de violencia y con muchos de los elementos que vuelven cada día más difícil la vida en el país, el tema de los tarifazos, tema por el que acá con razón se quejan y protestan, allá tanto la luz como el colectivo y todo eso es mucho más caro. Bueno, Argentina incluso con macri, no por mérito de él sino a pesar de él, sigue siendo lo más parecido a una sociedad decente que hay en Latinoamérica y quizás en todo el hemisferio sur.

- Nosotros a veces nos desesperamos porque nos parece que hay una pasividad y falta una reacción contra las medidas de ajuste del gobierno -digo- y en realidad a macri le cuesta imponer un plan de ajuste mucho más duro que el que logró imponer en estos años, justamente porque hay una resistencia social que por ahí no es tan visible, pero es continua, cotidiana, en las marchas, en los cortes de calle, las protestas sindicales, por ejemplo el conflicto que tiene ahora Rodríguez Larreta con los docentes y alumnos por el cierre de escuelas de adultos. Vos ves que hay en la sociedad una actividad continua para frenar los intentos del gobierno, aún cuando los dirigentes están un poco vacilantes para ofrecer una oposición frontal al gobierno. Pero sí hay una sociedad que hace mucha fuerza de resistencia.

- A mí me parece -nos responde Judice- que la sociedad argentina de manera admirable sabe marcar límites no solo al macrismo sino a otros poderes, como fue el tema del 2 x 1 en la Corte Suprema, o la reacción ante la reforma previsional que, aunque se la aprobó, lo hicieron con un desgaste político que, si macri llega a perder este año, se podrá decir que todo empezó allí. Por más admirable que eso me parezca, sin embargo, hay un intento de desmovilización que pasa por la complicidad de los dirigentes mismos. Y aunque macri sepa los límites de eso, lo que me temo es que esos límites se vuelvan cada vez más cómodos para él hasta que pueda gradualmente ir imponiendo los ajustes. 

La conversación siguió tocando varios otros temas, entre ellos los intereses internacionales cruzados en la crisis fabricada por los EEUU en Venezuela, otros rasgos del bolsonarismo en relación con las iglesias neopentecostales, algo más de la situación argentina, las comparaciones entre Globo y Clarín, la pueblada argentina de 2001 como salida virtuosa a la crisis, la complicidad de parte de la dirigencia social y del sindicalismo con el gobierno macrista, y asuntos más referidos a las culturas brasileña, argentina, uruguaya, música, literatura, blogs, etc. El programa completo puede escucharse en dos partes, acá y acá.


Al otro día de esta charla, pudimos constatar que las sospechas de Henrique hacia la continuidad de Bolsonaro parecen bien fundadas. En un newsletter de circulación restringida apareció la nota cuya foto puede verse arriba de este texto, cuya traducción (realizada por el propio Judice) sería:

"Están en marcha las negociaciones para una tutela del presidente de la República, Jair Bolsonaro, por su vicepresidente Hamilton Mourão y demás ministros militares con prestigio en el Palacio del Planalto. Se trata de una acción realizada en sintonía con el ministro de Defensa, general Fernando Azevedo e Silva, y los comandantes de las Fuerzas Armadas. El término “negociación” es pro forma.

"El proyecto es imponer límites y restricciones al comportamiento y libertad decisoria de Bolsonaro, incluyendo la vigilancia y reducción de las iniciativas de sus tres hijos en las redes sociales y fuera de ellas. En el entorno del presidente es comparado a João Baptista Figueiredo, que sorprendió incluso a sus camaradas por sus actitudes estrafalarias después de ser elegido. La conducta de Figueiredo se justificó por la cirurgía cardíaca que sufrió. Bolsonaro fué acuchillado, pero no sería ese el componente emocional responsable de sus desbordes.

"Jair Bolsonaro simplemente no está a la altura del cargo y mucho menos del equipo que montó. No comprende gran parte de lo que se discute en el gobierno ni hace ningún esfuerzo para comprenderlo. Él se dirige solamente a un grupo de sus electores. No respeta los protocolos. Y parece maniatado por el gnomo de Richmond, Olavo de Carvalho, en una simbiosis familiar que ya incomoda a los militares. Entre los generales, empresarios y buena parte de los formadores de opinión, mejor sería si fuera posible hacer algún acuerdo cordial para que Bolsonaro dejara el cargo y Mourão lo asumiera inmediatamente.

"Después que dejó de lado el lenguaje del cuartel, volviéndose más comedido, el vicepresidente ha mostrado una preparación muy superior y la autoridad necesaria para el ejercicio de la función. Lo que se dice casi en las narices del presidente es que él gobierna para un gueto y Mourão gobernaría para los brasileños. El alacrán que pasea en medio de las conspiraciones destila la certeza que el hijo Flávio Bolsonaro no tiene como explicar sus actos inconfesables. Y no es posible esterilizar las extrañas operaciones del joven senador, de modo que ellos no salpiquen en el presidente y en los demás miembros del clan. Es el bolsonarogate o la temerización ya, en el flamante gobierno del capitán. Mourão está listo para asumir. Basta que las condiciones estén dadas. Por ahora, la tutela es una primera etapa."

domingo, 27 de enero de 2019

Perdió


Parió, escupió
expelió
un dios, un bicho
un hombre
brotó alguien
un nadie
¿qué?
¿a quien?
surgió, vadeó
se hundió, escapó
en el sonido, en el sueño
en el sueño
son cien
dan mil
son cien mil
un millón
del mal, del bien
ahí viene uno
ojos vacíos
de mata oscura
y mar azul
Ay, duele en el pecho
esa traición
ve a la alborada, mañana
sale del pezón marrón
la leche dulce, sal
chau, mamá
valió
creció, vengó
permaneció, aprendió
en los bordes de la favela
mandó, juzgó
condenó, salvó
ejecutó, soltó
agarró
cogió, estiró
encerró, mató
pegó, jodió
hasta quedar sin gusto
ganó, regañó
golpeó, llevó
mamá, perdió, perdió
cielo
mar y mata
votos de la luz de ese mirar
antes de vivir
pequeño y bueno
no dice eso, no
dice: eso no
la cuenta es otra
tiene que dar, tiene que dar
fue mal, papá
anocheció
brilló, rasgó
abrochó, miró
ardió, resplandeció
la nave en la ciudad
el sol se puso
opuso
y nada sucedió
el sol se puso
después nació
y nada sucedió.

Caetano Veloso


Ilustración: Carmen Cuervo