Estreno mundial: D35I3RT0 - Raúl Perron3 - laotra21

martes, 31 de marzo de 2020

El comienzo de la desestabilización del gobierno democrático


Graciana Peñafort publicó en sus redes:

¿En serio le quieren bajar el sueldo a Alberto Fernández? ¿A Ginés Gonzáles García? ¿A Wado? Todos ellos y muchos más, se la están jugando todos los días para que todos estemos lo más a salvo posible. Mientras vos caceroleás para eso, ellos están trabajando para nosotros.

Creo con sinceridad que es una estupidez. Y también creo que es una conducta disruptiva destinada a abrir una grieta nueva , en donde @alferdez se desvive por cerrarla.

¿Sabés quienes empujan esta idea tan estúpida? Los que quieren que se levante la cuarentena.

¿Y sabés por qué? Porque hay quienes consideran que hay vidas descartables . Que es mejor perder n cantidad de vidas -"daños colaterales"- que perder ganancias.

Y esta vez les tocó un presidente que entre economía y vida eligió la vida, la de todos nosotros.

Piden eso los Rocca, los que despiden a 1450 laburantes cuando blanquearon miles de millones. Los Toma que están designados aún en los directorios de las empresas como Techint para defender los intereses de Estado, pero que defienden los intereses de la Empresa.

Piden eso los bancos, esos mismos que te rematarían tu casa comprada con un crédito UVA si Alberto no lo hubiese impedido dictando una norma. Piden eso las Tarjetas de Crédito que no pueden exigirte el pago porque el gobierno lo impide.

Piden eso las empresas de servicios públicos que tampoco pueden cortarte el servicio porque el gobierno te garantizó el servicio. Sí, esas empresas que durante el macrismo te dolarizaron las tarifas aunque vos cobrabas en pesos.

Todos ellos son los que no quieren perder un peso, aunque para no perder dinero, se tengan que morir tus viejos, que son población de riesgo. O tu hijo diabético.

Caceroleá por algo que se sea una solución real. Por un impuesto de emergencia para quienes ganaron tanto.

O para quienes blanquearon capitales. O para quienes tienen ganancias en dólares. Caceroleá por algo que salve vidas y no por algo que salve balances que nunca pero nunca te salvan a vos. Ni a mis viejos. Solo a ellos. Siempre.

Postdata de La otra:

Creo que lo que impulsó los hashtags y barullo de anoche no es una idea estúpida sino más bien dañina: es el comienzo de la desestabilización del liderazgo que Alberto mostró encarnar en estos días críticos. Después de que Alberto le dijo que no sea miserable a Paolo Rocca, que no despida a 1500 trabajadores y que acepte ganar un poco menos, el Círculo Rojo activó su maquinaria de guerra. Anoche se veía en TN, La Nación+ y A24, fogoneando un cacerolazo en barrios gorilas para tratar de empardar el aplauso espontáneo que saludó el discurso de Alberto el domingo. Empezaron a limarlo porque advirtieron que su autoridad política se fortaleció mucho en el campo popular y ellos son enemigos de los líderes populares. Tratarán de arrinconarlo, de sacarle consesiones, de hacerlo retroceder, de fisurar la unidad del Frente de Todos, de que Alberto ceda y traicione el mandato popular, que pierda legitimidad. No les importa que el país se transforme en el infierno social que hoy son Brasil o Chile, no les importa la Nación. Les importan sus ganacias y el domingo Alberto se metió con eso.

lunes, 30 de marzo de 2020

A lo mejor resulta bien


El aplauso espontáneo anoche a Alberto en distintos barrios de la ciudad, desde Lugano a Caballito, Palermo y Villa Urquiza, también en puntos del conurbano, en Nueva Córdoba y Bariloche, es un fenómeno que yo no recuerdo que haya pasado en mi vida. El 18 de mayo pasado, cuando nadie podía presagiar lo que hoy sucede, Cristina tomó una decisión trascendente. Creo que el traspaso de liderazgo del 10/12 a la tarde muestra ahora lo bien que lo pensó Cristina. No creo que haya otro dirigente mas idóneo en este contexto atroz. Ojalá todo salga lo mejor posible para Argentina, pero este es un momento que marca un antes y un después en nuestra historia.

Habrá que enfrentar el pico del contagio. Y si los daños se aminoran, después enfrentar un panorama económico extremadamente más difícil del que cualquiera pudo prever. Si salimos más o menos bien, Alberto va a suceder el liderazgo de Perón, Néstor y Cristina. 

domingo, 29 de marzo de 2020

Aplausos a Alberto Fernández después de su discurso en diversos puntos del país




















Pentecostales y Friggatriscaidecafobia

Daniel Johnston / Juana Molina: artistas anómalos - La otra radio.-, nueva época, primer programa, tercer (escuchar acá) y cuarto bloque (acá)


Daniel Johnston era un niño con inquietudes artísticas en medio de una familia de pentecostales pirados que temían que el impulso creativo de Danny lo alejara del camino del Señor. Su mamá es una de esas típicas madres californianas que consagran su vida a destrozar sistemáticamente el alma de sus niños. Las conocemos por esas películas documentales independientes sobre familias norteamericanas disfuncionales, pienso en Tarnation, pienso en Capturing the Friedmans, auténticas trituradoras de sus hijos con las mejores intenciones.

Como Daniel dibujaba, hacía canciones y películas caseras en las que satirizaba a su devota madre, ella se preocupó por la salud del nene y empezó a llevarlo a hacer ver por psiquiatras que le diagnosticaron bipolaridad y le recetaron drogas potentes que perturbaron al pibe y minaron su resistencia física. Daniel murió a los 58, con el hígado arruinado por los fármacos que le recetaron y todavía el espíritu de un niño. Ninguno de los ataques pentecostales o neurocientíficas lograron aplacar su inspiración desbordada. Por eso Daniel antes que un enfermo fue un artista al que su familia y el sistema sanitario enfermó.

Cuando era un jovencito trabajaba en un McDonalds, qué ocupación más previsible puede aguardar al hijo de una fanática pentecostal californiana. Grababa sus casetes caseros, los copiaba de a uno, dibujaba el arte de tapa de los casetes y los regalaba a los que le simpatizaban. En los alrededores del McDonalds se hizo popular, tanto que fue ganando admiradores que lo iban a visitar al local y el patrón le permitía que cantara sus canciones en la hamburguesería, hasta que se llenó de gente que no consumía.

De manera extraña su talento anómalo fue irrigándose hasta transformarse en un personaje urbano, un freak, un flaquito disparatado que en sus canciones hablaba de amores no correspondidos, de historias de perdedores y de su obsesión por el demonio, que creía que lo asediaba. Capaz que sí. Cantaba:

Vivo en la ciudad del diablo
No sabía que fuera la ciudad del diablo
Oh, señor, de verdad me bajonea
Estar en la ciudad del diablo
Y que todos mis amigos sean vampiros.
No sabía que fueran vampiros
Y resulta que yo también era un vampiro
En la ciudad del diablo.

En los 80, cuando Lennon había sido asesinado y por el exceso de medicaciones había dejado de ser flaquito pero mantenía su vocecita aniñada, a Daniel se le había puesto en la cabeza que los Beatles aún vivos tendrían que convertirse en su banda de apoyo y que Yoko iría a producir el disco. En verdad, con un poco más de astucia y sin el bombardeo de fármacos al que lo sometieron, podría haber sido un nuevo Bob Dylan. Al final terminó siendo una especie de versión bizarra de Dylan, no una estrella pop que supiera cultivar el misterio, como Bob, sino su lado B, su contracara oscura, rotos los diques de sus demonios, esos que Dylan siempre supo tan bien esquivar. Johnston pareció no esquivar ninguno, los atrajo a todos sobre su propia mente y llegó el punto en que les entregó el control.


Fue sí un artista de culto por eso, de aquellos que empiezan a atraer la atención de pequeñas multitudes calificadas. Fue seguido por artistas prestigiosos. Se hizo amigo de los Sonic Youth, con los que tomó sus primeros ácidos que lo ayudaron a desbarrancar por las escarpadas pendientes de su ánimo. Una noche Kurt Cobain se puso una remera con la ilustración que Daniel había hecho para uno de sus discos de culto y así fue vestido a una entrega de premios de la MTV, lo que hizo que muchos preguntaran de dónde salía ese dibujo y averiguaran cómo conseguir el disco. Por eso fue ascendiendo en fama, sin llegar nunca a establecerse como artista profesional. Daniel era demasiado imprevisible para eso. En medio de sus recitales la emoción lo poseía de tal manera que el rumbo del show se le iba de las manos y la audiencia no sabía si reír, asustarse o apiadarse por lo que pasaba sobre el escenario. Sus fans famosos lo empujaron a grabar un disco con una gran compañía, que fue un fiasco comercial y uno de sus mayores logros artísticos.

Y bien: ni los pentecostales, ni su madre, ni el diablo, ni los fármacos, ni la neurociencia, ni los ácidos pudieron impedir que Daniel dejara por su derrotero una obra artística imponente mientras padecía. Los artistas malditos consiguen admiradores por sus padecimientos y vidas tortuosas y agonía larga y deterioro físico y mental. Al público que venera el éxito le da también un poco de morbo consumir el fracaso. Pero también están sus discos, que pueden escucharse sin saber todos estos detalles.

Daniel antes de morir, ya deteriorado física y mentalmente, pasó por Buenos Aires años antes de morir. Por supuesto, no llenó ningún estadio pero tocó en un pequeño local atestado de gente ansiosa por ver en directo el fenómeno artístico.

Los detalles biográficos y retazos de sus canciones pueden hallarse en la película El Diablo y Daniel Johnston, que no es una gran película pero en su textura rústica y su ambición modesta logra mostrarnos la opresión del ambiente social en que creció Daniel Johnston y se convirtió en un gran artista a pesar del territorio hostil en el que su florcita creció.



El domingo pasado dedicamos la tercera parte de La otra.-radio a conocer un poco más a Daniel Johnston: pueden escucharlo acá.

***

El cuarto bloque de La otra.-radio del domingo pasado -nueva época- se lo dedicamos a Juana Molina, desde su reciente actuación por streaming ya en época de cuarentena. Artista en la vanguardia musical mundial desde hace años, fuimos hacia atrás, hacia sus comienzos como actriz cómica que tuvo un éxito quizá no deseado por ella, que siempre quiso hacer música. Su talento cómico era tal que su programa Juana y sus hermanas, que duró solo tres temporadas a comienzo de los años 90, ganó un Martín Fierro y todavía sigue recordándose con regocijo. Y cuando uno va a ver un show de Juana siempre espera que en medio de sus hermosas canciones aparezca alguna de sus hermanas y todo se disparate. Por eso, al final del programa del domingo pasado escuchamos un fragmento particularmente lindo: haciendo el personaje de la modelo tonta, Marcela Balsam, inspirado en una modelo muy conocida en esos años, es conductora de un programa en el que ella nunca sabe qué pasa ni quién la visita: por eso confunde a Mercedes Sosa con Patricia Sosa. La Negra va junto a su "hermano del alma", Horacio Molina, que la va a acompañar en guitarra, y la modelo tonta no logra discernir cómo es que los hermanos invitados son pareja y a la vez hermanos. En medio de tanto desconcierto, la Negra y Horacio hacen una hermosísima versión de "Cuando tú no estás", de Carlos Gardel. Este fragmento del programa lo pueden escuchar clickeando acá.



La otra.-radio en tiempos de cuarentena no para, pero nos vimos obligados a innovar por primera vez en nuestro formato, que compone una serie de retazos emitidos desde diversos puntos del planeta. Este programa es el primer ensayo de esta nueva forma, que vamos a continuar probando en las próximas semanas, haciendo de estos obstáculos impensados un estímulo para obligarnos a innovar. Esta noche la seguimos. Mientras esperan, pueden escuchar la primera parte (acá) y la segunda (acá). Nos hablamos hoy a las doce de la noche con otra emisión de esta nueva época de La otra.-radio.

jueves, 26 de marzo de 2020

Los filósofos del día lunes



por Lidia Ferrari

Dice Byoung-Chul Han que Europa está fracasando porque no puede controlar la pandemia. En cambio, estados asiáticos como Japón, Corea, China, etc., han controlado al Coronavirus gracias a la puesta en acto, lo dice Han, de un cambio de paradigma: la vigilancia digital. Los europeos están atrasados y destaca cómo Asia venció la lucha contra el Coronavirus mientras Europa la pierde. Un auténtico pronosticador del lunes, con los resultados en mano del partido del domingo. ¿Qué hubiera dicho cuando comenzó la epidemia en China y no se preveía su irradiación por doquier? No lo sabemos, porque los entrenadores del día lunes no arriesgan el pronóstico antes del partido. Y ni que hablar si son filósofos emblemáticos de la vida cotidiana de Occidente. Así, Byoung-Chul Han critica a Europa porque está atrasada respecto de la vigilancia digital y parece celebrar la batalla ganada de los orientales, pero advierte a Europa que sería un desastre que tomara el régimen policial digital como el chino como modelo. Su texto es casi un modelo de falacia contradictoria. Retornamos a antiguos pleitos civilizatorios entre Oriente y Occidente con este match de la Copa Coronavirus que nos presenta Han.

Otros emblemáticos filósofos contemporáneos polemizan acerca de cuál aparato teórico describe mejor la realidad de la pandemia. Y siempre parece ser el propio.

El legado griego inmortalizado en una de las más famosas frases filosóficas de todos los tiempos que alentaba a no estar tan seguros de lo que sabemos parece letra muerta. Estos son tiempos inéditos, anómalos, en los cuales médicos, expertos, gobernantes padecen intensamente la incertidumbre de lo que sucede y lo que vendrá. En este tiempo suspendido del Coronavirus, donde se ha llegado al extremo de cancelar hasta los partidos de fútbol, algunos filósofos podrían acompañar la contingencia, patrona del mundo, con menos narcisismo y con más humildad.

martes, 24 de marzo de 2020

La canción de las bestias

La otra.-radio, nueva época, primer programa, segundo bloque, para clickear acá


Todas las bestias sufrimos sin parar
lloramos nuestras penas en silencio
todos los horrores que recaen sobre mí
los canto y los transformo en bondad.

No puedo evitar hacer el daño y después
mi corazón se rompe en mil pedazos
mi alma es una casa donde vive el amor
y las más profundas fantasías del terror.

La pregunta es cómo creen que se puede arreglar
un mundo donde todos llevan la razón
la respuesta es que los bellos de espíritu caerán también
ausentes en el valle de la muerte.

Me produce una gran curiosidad
la búsqueda y la ausencia de sentido
avanzan los ejércitos del bien y el mal.

La pregunta es cómo creen que se puede arreglar
un mundo donde todos llevan la razón
la respuesta...
Si me preguntan qué quiero cantar
es la canción de las bestias.

Hace mucho frío y nadie puede descansar
el futuro no es más que un gran desierto
las bestias nos juntamos en las calles a beber
los restos de lo que fue una gran ciudad

La pregunta es cómo creen que se puede arreglar
un mundo donde todos llevan la razón
la respuesta...
Si me preguntan qué quiero cantar
es la canción de las bestias.

Todas las bestias sufrimos sin parar
lloramos nuestras penas en silencio.
La aparición de La conquista del espacio, el nuevo disco de Fito Páez, luego del extraordinario y desmesurado La ciudad liberada, vino a coincidir con la declaración mundial de la pandemia del Covid-19, coincidencia que de ahora en más va a teñir a este puñado de canciones concebidas en un contexto cronológicamente cercano pero históricamente irreversible. Será inevitable escuchar cada una de las canciones de La conquista del espacio en términos de presagio o de despedida a un mundo que ya no volverá. También nos podríamos preguntar cuáles de los asuntos que Fito trata en su nuevo disco siguen inalterables, después del descalabro civilizatorio causado por la propagación del virus, los intentos de mitigación mediante el aislamiento de la población, los estados de excepción, el parate de las actividades productivas y culturales y el cambio brusco de hábitos personales y colectivos. ¿Qué canciones quedarán en pie en esta invitación a conquistar el espacio que Fito nos propone? Es rápido para decirlo, aunque las varias interpretaciones sobre la obra es lo único que no se podrá detener.

La propia presentación en vivo del disco en un estadio de Rosario tuvo que ser suspendida por las medidas sanitarias de distanciamiento social. Fito remplazó el ya convencional concierto de rock multitudinario por una trasmisión por streaming desde su propia casa, con el músico solo al piano haciendo algunas de las canciones de su nuevo disco, junto con otras de su repertorio tradicional y algunos covers más bien inesperados ("Esta tarde vi llover" de Manzanero, "Gracias a la vida" de Violeta Parra", "Desde que o samba é samba" de Veloso y Gil y "Ring Them Bells" de Bob Dylan). La actuación íntima llegó a ser vista en simultáneo por más de 100 mil personas a través de diversas plataformas. Quizá el acontecimiento del viernes 20 marque a partir de ahora una tendencia para atravesar la cuarentena que seguirán otros músicos de gran popularidad.





"La canción de las bestias" es un folk a la vieja usanza que quizás sea la mejor canción de este disco más compacto que el anterior, lo que no necesariamente quiere decir más inspirado. En su letra, enancada en una melodía simple y hermosa, Fito intenta desmarcarse de la actitud bienpensante con que muchos de sus oyentes habituales se aproximan a su obra ("la respuesta es que los bellos de espíritu caerán también/ ausentes en el valle de la muerte"). Cuando Páez habla de las bestias no se refiere a alguna especie de adversario, sino que lo hace en primera persona: "Todas las bestias sufrimos sin parar/ lloramos nuestras penas en silencio, (...)/ No puedo evitar hacer el daño y después/ mi corazón se rompe en mil pedazos". Lejos de enarbolar una orgullosa bandera identitaria, lo que Páez levanta en este tema es un desgarro propio e irreparable. No servirá como consigna en la desconcentración de los actos políticos -donde sí puede usarse, digamos, "Juguetes perdidos"- pero eso no quiere decir que su hondura personal no logre una forma más inquietante de la política, una que cuestione las critalizaciones más tranquilizadoras del "ellos" y "nosotros".

En el segundo bloque del programa del domingo de La otra.-radio, Maxi Diomedi se dedicó a hacernos escuchar y pensar sobre algunas de las canciones del disco. Y destacó el gesto que tuvo Fito de convocar a artistas de muy diversa consideración: desde Hernán del grupo de cumbia Mala Fama para cantar "Ey you", un corrosivo mix de rock y cumbia que oscila entre el léxico pop y el tumbero; hasta la estrella supermainstream Lali Espósito, que lo acompaña en la melodiosa "Gente de la calle". Maxi se detuvo en nuestro programa para analizar la incomodidad que produce la discrepancia entre la dureza de la condición social que esta canción alude y el tratamiento brillante con que la letra choca. Es evidente que Fito quiere incomodar con esta desaveniencia y que esa incomodidad tiene varias posibles lecturas políticas que Maxi esboza en el programa.

"La conquista del espacio", el tema, parece explicitar el lugar desde el cual Páez propone escuchar estas canciones agridulces:

Entre los artistas no se encuentra el enemigo
Vamos por los pueblos, las capitales
Llevando nuestra música alrededor del sol
Sabemos encender una hoguera con una guitarra.

Para escuchar las canciones y el análisis de Maxi Diomedi en La otra, clickeen acá.

lunes, 23 de marzo de 2020

Estado de emergencia

La otra.-radio, nueva época, primer programa, primer bloque, para clickear acá 


Desde anoche empezamos una nueva época en La otra.-radio, obligados por las circunstancias y hasta cuando sea necesario. El programa tiene otra estructura, otra factura, otra sintaxis y varias texturas. La cuarentena, que no sabemos cuánto va a durar ni cómo -ni quiénes- vamos a quedar, nos lleva de pronto desde la postmodernidad hacia un nuevo medioevo. ¿Acaso los avances portentosos de la tecnociencia y el mundo globalizado pueden ser liquidados por un bichito invisible? Es temprano para decirlo, más aún para inferir consecuencias que se desliguen de las curvas de crecimiento exponencial de los contagios hacia un lenguaje de una historia que ya no comprendemos -¿alguna vez comprendimos?-.

Muchas veces en los últimos años, cuando se moría algún personaje importante, decíamos: es el fin del siglo xx. Y suponíamos que los rasgos distintivos del futuro mediato ya los junábamos: el mundo iba a ser un poco así como Fukuyama presagió, el fin de la historia. El imperio de la economía globalizada, el fin de la política, la muerte del arte, el fin de la filosofía, la muerte del cine, la muerte del hombre como dijo Foucault antes de morirse... Y todo iba a ser controlado desde los drones, la nanotecnología, los microchips y la deep web. Internet nos ponía en otro mundo que ya no era este y en lugar de salir de levante, Tinder, en lugar de telos, webcams y en lugar de cine, Netflix. Bueno, todo eso todavía sigue pero hasta la web puede colapsar si los muchachos se ponen nerviosos y no logran parar al virus. Este mismo blog puede quedar reducido a nada -ni cenizas, ni restos- si las potencias occidentales se desquician.

Cuando paren al virus no sabemos cómo será el mundo que quede. Parecería que no va a ser como una línea que continúa lo que conocíamos. Los vínculos, el poder, las finanzas, el trabajo, el estado, el mercado.

Finalmente los baby boomers, la generación x, los millenials y los centenials -los que quedemos- vamos a ver que el siglo xxi era distinto de lo que pensábamos, así como el xx no fue como Comte pensaba. La agenda de discusión pública cambió hoy drásticamente desde el primer infectado de Coronavirus, detectado justo el 31 de diciembre de 2019, puntualidad del final.

El período que fue desde la caída del Muro hasta hoy parece tocar su fin. Ni sabemos todavía si celebraremos su extinción en medio de pantallas led restallantes o si todo acabará con un gemido, como decían Marlow, Conrad, Eliot y el Coronel Kurtz. O bailando una cumbia con la muerte. Si los millones de los despojados avanzan hacia ciudades y vienen a destruir las vidrieras de shoppings, los bancos y las casas de electrodomésticos y los metrobuses quedan caducos. Si la horda gringa va a armarse como ya lo está haciendo y a matarse entre ellos para dar lugar al siglo chino. O si the United States of America para no perder su preminencia va a lanzar un virus más dañino que este. O la semana que viene un laboratorio descubre el remedio que termine siendo peor que la enfermedad.

Capaz que el ser humano recapacita y el siglo sea mejor, los neoliberales se dan por vencidos al ver que su proyecto conducía al desierto, se revalorizan los Estados Naciones y los líderes políticos dejan de ser estos energúmenos que conducían las grandes potencias hasta que el bicho empezó a propagarse.

Digamos todo: puede ser. Digamos: todo puede ser. No sabemos cómo será esta semana ni estamos en condiciones de distinguir el corto, el mediano y el largo plazo, ya que el próximo plazo podría ser el penúltimo o el primero de otra cosa. Quizá tengamos que pensar que la razón de ser de la civilización estuvo delin34do por la P3573, que a lo largo de siglos el mundo se fu3 configur4ndo en honor y temor a la P3573 y, a P354r de tod45 las pr3v3ncion35, L4 P3573, el virus, la naturaleza o algo que no podemos manejar vienen a decirrnos cómo seguir. Quizás el siglo que venga va a estar configurado en relación -en prevención- a L4 P3573. Y caigan como hojas de otoño un montón de certezas invictas.

¿Volveremos a tomar mate? ¿Volveremos a besarnos? ¿Volveremos a chocar contra las fuerzas policiales? ¿Lo haremos más que nunca, más mate, más besos, más revueltas? Es lunes y los mercados están abriendo. Puede ser la peor semana de la historia de occidente cristiano o solamente un poco peor que la última, un tránsito lento hacia nada. Dicen que desde que se desató la P3573 el medio ambiente empezó a purificarse. ¿Será el Coronavirus una solución definitiva para el problema humano? ¿Será que los organismos microscópicos se adueñarán del mundo que creíamos nuestro?

No me pidan por eso que les diga cómo va a ser el programa de la semana que viene: quizá el de ayer fue el primero de una nueva serie (duró dos horas y cuarto por estar sobreproducido) o tal vez haya sido el último de todos. O un intervalo entre dos rutinas. No me pidan.

Escuchen este, que fue hecho con una pequeña ayudita de mis amigos, como esperamos hacer los que vienen, si podemos. Mientras tanto, un programa de radio, un tipo hablando, una canción en el aire infestado de la noche, las noches frescas de otoño como a mí me gustan, como a mí me gustaban cuando podía salir a caminar por la calle, bien tarde, a la noche.



Escuchen el primer bloque del programa -nos salió más largo que de costumbre, por falta de costumbre. Si lo vamos puliendo puede ser la gramática radial que usemos de ahora en más. Si nos sale mal, puede ser una afectuosa despedida. Clickeen acá. En la semana, si pinta, seguimos compartiendo los otros tres bloques de La otra.-radio.

sábado, 21 de marzo de 2020

Discusión entre un virólogo del Malbrán y Daniel Tognetti: un científico que trabaja a destajo y un boludo que opina

¿Cuánto valen un micrófono y un boludo que opina?





Ayer Tognetti apuraba a un científico del Malbrán para que apoye su pretensión de que Argentina actúe en la emergencia como lo hace Corea del Sur, con testeos masivos, desconociendo el desmantelamiento de los recursos infectológicos en el país posmacrista. El científico, apurado por Tognetti, se abstuvo de agregar más confusión al ruido público, respondiendo que él no estaba para opinar sino para descubrir nuevos casos de contagio con los mínimos recursos que dejó macri a la ciencia argentina. El investigador del Malbrán dijo a Tognetti que el Instituto tiene 11 profesionales que cobran de 24 a $37 mil. Ellos están haciendo frente a la pandemia, mientras Tognetti azuza a su público a imaginar que Argentina puede imitar las técnicas de Corea. No se puede exigir a un proyecto popular que asumió hace 3 meses el manejo de un Estado arrasado por desfinanciación de lo público que asuma una campaña sanitaria que sí puede implementar una potencia desarrollada. El reclamo de "testeos masivos ya" a un estado que cuenta con UN Instituto Malbrán con investigadores que cobran 37 mil por mes por 12 horas de trabajo a destajo muestra la irresponsabilidad de opinators que privilegian su narcisismo por sobre la salud pública. Un científico que cobra 37 mil después de haber dedicado años formándose en su disciplina trabaja por la comunidad para salvar muchas vidas. Tognetti parlotea por los medios desde hace 3 décadas en programas sensacionalistas, siembra desconfianza en una situación crítica y contribuye a la corrosión de la organización popular, trabajosamente construida en años de resistencia al macrismo. La sugerencia de Tognetti hoy fue recogida por el FIT que salió a imponer el hastag #TesteosMasivosYa en twitter. Obviamente, ni Tognetti ni el FIT salvarán una sola de las vidas amenazadas por el Coronavirus. Mientras los trabajadores del Malbrán siguen trabajando 12 hs. x 7 días a la semana contra la enfermedad.

Ayer a la mañana, primer día de cuarentena obligatoria en el país.

Tognetti: Vamos a hacer una entrevista. Para conversar con nosotros tenemos a alguien muy importante, ni más ni menos el técnico en virología del Instituto Malbrán, Flavio Vergara. Muy buenos días, acá estamos con Rulo Dellatorre y Adrián Murano.

Flavio Vergara: Qué tal, Daniel, Rulo, Adrián.

DT: ¿Cómo están en el Malbrán? Me imagino que lo estarán haciendo a destajo, ¿no?

FV: Mirá, estamos trabajando jornadas muy intensas, los compañeros están trabajando 12 horas, jornadas completas, cuando el horario normal de trabajo son 6 horas, pero la demanda para poder dar respuesta a lo que el sistema de salud y nuestra población necesitan hace que no pueda ser de otra manera. Es la tarea que nos toca.

DT: No, tal cual, y la verdad, creo que ayer por la noche se hizo una manifestación popular y masiva de un aplauso, ese aplauso es para tus compañeros, para vos, para todos los trabajadores de la salud. Y además me imagino que se deben estar preparando para una situación absolutamente inédita, bueno, en la vida colectiva, en la humanidad, en el mundo, en la Argentina y para ustedes también. Así que vale el reconocimiento por lo que están haciendo y es emocionante que ustedes sigan ahí, que están laburando 12 horas y demás. Pregunta bien puntual, porque hay como... la verdad que yo no tengo la precisión honestamente. ¿Cuántos exámenes se están haciendo por día en el Malbrán y cuál es la capacidad operativa hoy del Malbrán para procesar exámenes?

FV: Hace 50 días, prácticamente, se inició con una muy baja cantidad de muestras, empezamos con 20, 40, mientras que anteayer se procesaron 180, ayer se procesaron 210.

DT: Bien: anteayer 180, ayer 210 y se comenzó entre 20 y 40 muertas (sic), muestras por día, ¿es así?

FV: Sí, es así. Nosotros ayer ya llegamos a las 1300 muestras totales con un resultado de 128 casos positivos. Se mantiene mas o menos el 10% de casos positivos respecto de las muestras tomadas. Para explicar: el Malbrán, como institución, es la cabecera de la Red Nacional de Laboratorios de las enfermedades infectocontagiosas que circulan en nuestro país. Mientras estamos hablando de esto, nuestros compañeros de Pergamino están haciendo (pruebas sobre) Dengue, ¿sí?. Lo que pasa es que hoy esta pandemia tapa cualquier otra tarea que se esté haciendo, trabajan en sífilis, en tuberculosis. La situación particular por la que atravesamos en este momento está vinculada a que nosotros tenemos una capacidad operativa en la que llegaríamos a las 240 muestras sin mayor dificultad. Pero lo que se está haciendo es activar el centro nacional de referencia que es la Red Nacional de Laboratorios, con 35 laboratorios en todo el país. Laboratorios que trabajan permanentemente con el Malbrán, a los que les delegamos la capacidad de respuesta técnica del diagnóstico. Se los está capacitando hoy en centros de capacitación. Se les reparten los insumos. El Ministerio puso dinero para equipos. Les explico lo que significa poner dinero hoy, con todo lo que pasó en estos últimos 4 años. A partir de mañana tenemos capacitados a los técnicos para poder hacer frente a este nuevo diagnóstico. Con el procedimiento y los insumos que se les van a proveer, podemos empezar a descentralizar la tarea y aumentar la capacidad de diagnóstico en todo el país, para poder tener en menor tiempo más capacidad de respuesta. Sabemos que es una curva que va a seguir subiendo. No quiero mezclar la curva del diagnóstico con la curva de casos. La curva de casos la estamos trabajando para que se ataque. La absoluta decisión la tomó Alberto Fernández con el equipo de asesores de la Sociedad de Infectología, del Ministerio de Salud, para entender que había que frenar el movimiento de la gente, para que esto no avance como una patología que se nos pueda complicar.

DT: La información que nos da es muy precisa, en el día de ayer se hicieron 210 exámenes, anteayer se hicieron 180. El Presidente anunció que iba a haber 35 centros de detección en el país, también lo anunció el Ministro Ginés González García. ¿En qué momento creés vos que estarán esos 35 centros operativos?

FV: Te lo repito: hoy se les está dando la capacitación por teleconferencia, porque no se puede viajar, para que a lo sumo el lunes estén haciendo el diagnóstico en los distintos lugares del país. Por ejemplo, el Instituto de Epidemiología de Mar del Plata que pertenece al I. Malbrán está en condiciones de empezar mañana mismo. El Instituto Coni de Santa Fe, que depende también del Malbrán, está en condiciones de empezar mañana mismo.Tenemos en la CABA un instituto que va a empezar a hacer diagnósticos. En Córdoba, en Santa Fe. Y en Chaco, hay una situación particular  en el Hospital Castro Rendón en Chaco, por lo que significó la aparición de la enfermedad en la provincia, la situación particular de este docente que no entendió que tenía que quedarse en su casa.

DT: Bien. Muchos hablan del "Modelo de Corea del Sur". El otro día hablábamos con el Embajador de Corea en Argentina. Tengo entendido que hubo en estos días reuniones de funcionarios coreanos con funcionarios argentinos. Pero también está la recomendación de la Organización Mundial de la Salud diciendo: "testing, testing, testing". En Corea lograron hacer testeos, eeehhh... hay 100 centros de detención (sic), o mas de 100 centros de detención [quiere decir "detección", pero no le sale] y eso se mostró bastante eficaz, si se quiere, para detectar lo que son los casos asintomáticos o los casos en que todavía los síntomas no se han desarrollado. ¿Que posibilidades hay de que haya un kit de autotesteo o un kit de testeo rápido, digamos? ¿Está desarrollado? ¿Se desarrolló en Argentina o en algún otro país y se puede llegar a aplicar en mediano plazo en Argentina?

FV: Nosotros no tenemos test de diagnóstico rápido. Desarrollamos una técnica muy sofisticada que se hace solamente en el laboratorio y lleva mucho tiempo, pero el resultado que da es 100% fiable. Las técnicas de diagnóstico rápido tienen un 95% de fiabilidad. Nosotros no contamos con técnicas de diagnóstico rápido. Si el Ministerio de Salud entiende que hay que pasar a un modelo de mayor cantidad de testeos, es porque sabemos que hay gente asintomática. Los estudios epidemiológicos saben que por cada caso positivo vos tenés una cantidad de casos similares, pero que no han sido relevados por el sistema.

DT: Es la recomendación de la Organización Mundial de la Salud, ahora te vamos a pasar el audio. Hace 3 días atrás (sic) el titular de la OMS hizo una recomendación y dijo: "Tengo 3 recomendaciones para hacer: testeos, testeos y testeos".

FV: Daniel, yo entiendo lo que decís y lo creo, yo sería un irresponsable si opino sobre eso, porque el Ministerio no planteó opinión, porque acato el mando del Ministerio.

Adrián Murano: ¿Por qué decías "si el Ministerio entiende que hay que testear más". ¿Hay una discusión ahí?

FV: No, no, te dije que hasta que el Ministerio no tome esa definición, yo no tengo por qué opinar de ese tema, porque no soy personal autorizado para opinar sobre el tema.

DT: Bien. ¿Pero te parecería que podría ser una política que podría favorecer, digamos, a esclarecer toda esta situación?

FV: A mí me parece que lo más importante que tenemos que hacer es que la gente se quede en las casas, que cumpla con las recomendaciones que dijo ayer el Presidente. Porque lo que frena el virus es eso, si vos querés ver cuántos están enfermándose subclínicamente y lo podés determinar por un gasto gigantesco en diagnóstico, es de una forma. Si querés tener camas preparadas para la gente que vaya a hacer cuadros agudos, para poder atenderlos, es otra forma. Si vos querés decirle a la gente que se quede quieta, porque sabés que la gente que se queda quieta hace bajar la tasa de infectabilidad y eso hace que haya menos casos para tener que estudiar, es otra forma.

DT: Pero podés hacer todo junto también, ¿no?

FV: Yo confío en que el Ministerio de Salud está defendiendo la mejor estrategia para el país.

RD: Flavio, en un momento, cuando hablaste de los 35 laboratorios de la red que se están por implementar, dijiste lo que significa gastar plata en este momento. Y dijiste "después puedo hablar de esto". ¿Podés decirme por qué hiciste la referencia a los recursos, a lo que se está gastando y lo que se necesitaría?

FV: Bueno, vos sos hombre de datos. Lo que el macrismo nos dejó a nosotros tiene que ver con el siguiente panorama: 10% de pérdida de personal, un 65% del salario nuestro, un 50% de pérdida de presupuestos, nuestro presupuesto operativo consiste básicamente en insumos importados, porque el presupuesto en números se mantuvo, pero la devaluación lo destruyó, y no hubo inversión en equipamientos en los últimos años. Entonces para poder hacer frente a lo que estamos haciendo, además de nuestra capacidad técnica y profesional, es que el Ministerio invirtió 200 millones de pesos para comprar reactivos y equipamientos para que la red se provea para poder hacer el diagnóstico. Hicieron una transferencia de 1700 millones para que haya insumos de seguridad y lo que haga falta en los hospitales, si no, nosotros no podemos hacer esto. A eso me refería. Y si me dejan referirme al laboratorio de referencia, ahí trabajan 11 profesionales y técnicos, 9 son mujeres, 7 son becarios. Tenemos compañeros técnicos que cobran 24, 25 mil pesos. Y los profesionales arrancan cobrando 37 mil. Ese es el mapa que nos dejaron y esta es la gente que está haciendo frente a la pandemia.

DT: Flavio, te agradecemos el contacto con nosotros.

Adrián Murano acota, cuando la entrevista termina: "El tramo final es una descripción muy cruda de la diferencia entre Argentina y Europa". Tognetti insiste en que van a poner el audio de la Organización Mundial de la Salud e insiste en que esto es lo que se está discutiendo hoy en España. "En España se está diciendo, estehhh..., 'hagamos estudios masivos para detectar a los asintomáticos', esto dice el titular de la OMS". Tognetti no se contenta con poner una vez las declaraciones del titular de la OMS, pide ponerlo dos veces: "test, test, test", como si la mera repetición de la declaración de un burócrata internacional pudiera saltar las diferencias de base económica entre el desarrollo tecnológico y científico coreano y la realidad de devastación que dejó el macrismo en el campo de la investigación científica nacional, a la que se dedicó sistemáticamente a destruir durante 4 años, hasta hace tres meses. Tognetti dice que repite el audio para que también los funcionarios nacionales estén muy atentos, como si la atención que él reclama hacia un audio pudiera producir con voluntarismo la base material que haría falta para igualar la capacidad de Corea del Sur para hacer testeos masivos a la posibilidad de trabajo de algunas decenas de investigadores que cobran un salario por debajo de la línea de pobreza y fueron desprovistos por el gobierno anterior de su instrumental y los insumos imprescindibles. "Hay un problema estructural que va más allá del macrismo", dice Tognetti, que así le regala una magnífica lavada de cara al gobierno anterior que destruyó a la ciencia argentina que ahora debe hacer frente a la pandemia.

Incluso en los fallidos -"muertas" en lugar de "muestras"; "detención" en lugar de "detección"- parecería que Tognetti deseara que el Coronavirus produjera una enorme cantidad de muertos en favor de su narcisismo, para después decir: "¿Vieron? ¡Yo les dije que había que hacer test masivos como en Corea del Sur?". Mientras los científicos del Malbrán trabajan a destajo por 30 mil pesos mensuales en servicio de la salud pública. ¿Cuánto vale un micrófono y un boludo que opina?

lunes, 16 de marzo de 2020

Y pensar a ciencia y verdad nuestro porvenir...

La columna editorial de La otra.-radio menos pensada, para escuchar clickeando acá  


De una emisión a otra de La otra.-radio estamos acostumbrados a comentar cambios drásticos en la política argentina. Esta vez, ese lapso fue cubierto por un cambio a  una escala mayor: a escala planetaria. La pandemia del coronavirus, cuyas noticias nos empezaron a llegar hace semanas desde una lejana provincia china, ya se propagó por el mundo entero y llegó también hasta nosotros. A un ritmo tan imprevisible que el domingo a la tarde preparábamos un programa pero las medidas preventivas dispuestas por el gobierno, una necesaria restricción de la circulación por el territorio para tratar de detener la propagación del desastre, nos hicieron modificar los planes y salir con una programación de emergencia. Así parece que nos asomamos al abismo del nuevo siglo.

Uno puede revisar cómo la literatura de anticipación de la diversas épocas proyectó su futuro. Lo más notorio es que los siglos nunca fueron como la humanidad previamente los imaginó. El XVIII se jactó de ser el Siglo de las Luces, pero a la Revolución Francesa le siguió el Terror. La euforia de la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XIX hizo a los filósofos y literatos positivistas soñar un derrame del bienestar, el progreso indefinido, la racionalización de la organización social, la curación de enfermedades, la aceleración de la productividad. Pero en el siglo XX todas estas expectativas dieron lugar a las guerras más cruentas de la historia, genocidios, campos de concentración, armas nucleares, residuos tóxicos, contaminación ambiental, hacinamiento en las poblaciones urbanas, un cambio climático que puede producir en nuestro hábitat daños irreversibles, concentración de la riqueza, consumismo desenfrenado, creciente desempleo, una desigualdad creciente entre los sectores más ricos y los más pobres de la sociedad y una situación de amenaza social e inseguridad que se instaló como la normalidad contemporánea.

Cierto: algunas enfermedades encontraron su cura, pero la alienación de los trabajos y las costumbres hizo que aparecieran otras que antes no existían. Cierto: los defensores de la idea del progreso indefinido siguen poniendo el alargamiento del promedio de vida como un ejemplo evidente de las ventajas del desarrollo tecnológico. Pero hace pocos meses la propia Christine Lagarde cuando era la autoridad máxima del FMI señaló que uno de los problemas más graves de la economía globalizada es que la longevidad de la vida humana va a volver rápidamente insostenibles los sistemas previsionales. Los viejos son el obstáculo del sistema que los hizo posible. 

Aunque se trate de una coincidencia no provocada, ahora aparece el virus que arrasa principlamente con los viejos. Un incoveniente muy oportuno para el orden neoliberal, sin siquiera alentar teorías conspiranoicas.

Lo que de una semana a otra parece muy probable es que esta pandemia global que crece a velocidad inaudita puede resultar el quiebre de la linealidad con que pensábamos el futuro. Quizás recién ahora el siglo XXI esté empezando a mostrar su verdadera cara. ¿Cuánto va a durar esto? ¿Qué consecuencias tendrá en la vida -y la muerte- que nos espera? ¿Cómo se transita semejante crisis, cuando los líderes mundiales tiene el rostro fiero de Donald Trump, Boris Johnson, Jair Bolsonaro? ¿Quién o qué va a quedar en pie? ¿Y qué aptitudes serán necesarias para sobrevivir en el mundo que asoma?

Parece un poco rápido para saberlo y puede que no sea como ahora creemos, sino de una manera completamente inesperada. Apenas podemos imaginar cómo estaremos dentro de un mes. ¿Qué podemos saber de lo que nos depara el siglo? ¿Se acuerdan cuando festejamos llegada del nuevo milenio?

Bueno, resulta que ahora ni siquiera nos podemos prever como va a ser el próximo programa de La otra.-radio, mientras los invito a que escuchen la columna editorial de anoche, clickeando acá.

sábado, 14 de marzo de 2020

El coronavirus: las noticias falsas llegan más rápido y más lejos que las verdaderas, posiblemente debido a que son muy atractivas y por eso las compartimos más


Todos los medios hoy están absolutamente saturados con datos sobre la epidemia del coronavirus. Esta sobreabundancia, lamentablemente, no es buena, ni útil, sino que a menudoes  todo lo contrario: un efecto colateral que nos confunde, nos complica y nos genera riesgos adicionales a los de la propia epidemia. En La otra no vamos a agregar más ruido al ruido: que hablen los que saben. El texto que sigue lo encontré en el muy interesante blog El Gato y La Caja, editado por un grupo de investigadores científicos. En este caso, la autora es Guadalupe Nogués, quien se presenta como "bióloga molecular retirada de la mesada, involucrada ahora en la ciencia, la comunicación, la educación y cómo entretejerlas".

Coronavirus, la otra epidemia

¿Qué es la desinfodemia? 
¿Qué alarmas debemos prender antes de alarmarnos nosotros?

Estamos rodeados

Hoy en día la atención del mundo parece estar centrada en una sola cosa: la epidemia del nuevo coronavirus, que empezó en Wuhan, China, y que está expandiéndose a gran velocidad por todo el mundo. A tanta velocidad que, de hecho, llegó finalmente a Argentina. Y es razonable que estemos preocupados. Las enfermedades nuevas requieren atención especial: no sabemos cuán contagiosas o mortales son, no sabemos si el patógeno que las provoca varía poco, como el virus del sarampión, o mucho, como el de la gripe. No sabemos, tampoco, qué tratamientos son efectivos ni si se podrán desarrollar vacunas y medidas profilácticas. En un mundo tan integrado como el nuestro, los efectos de estas epidemias a veces son incalculables. Sin ir más lejos, la mera posibilidad de que esta epidemia enlentezca el crecimiento de China y se extienda a otros países llevó a las bolsas del mundo a sufrir lo que, por ahora, es la peor caída en la última década.

Después de todo, vivimos en un mundo global. En 1950 hubo 25 millones de viajes turísticos internacionales (menos de 1 viaje cada 100 habitantes), y en 2018 el número aumentó a 1400 millones (casi 0,2 viajes por habitante). Las mercaderías y la gente viajan en días o semanas entre cualquier par de puntos del planeta, y eso ayuda a la dispersión de los patógenos. Pero esto no es lo único que en este mundo globalizado se propaga en forma viral.

Además de la epidemia de una enfermedad, hay una segunda epidemia, la de la desinformación acerca de la enfermedad. Una epidemia propagada por agentes infecciosos que no están hechos de materia sino de bits, que no se transmiten mediante fluidos corporales o vías similares, sino a través de las redes. Y así como es imposible hoy ver un canal de televisión, leer un diario, o mirar internet sin escuchar o leer información sobre la epidemia de coronavirus, este artículo hablará sobre la epidemia de desinformación más que sobre la del virus, por dos motivos. Primero, sobre este nuevo coronavirus, llamado SARS-CoV-2, y sobre la enfermedad que causa, conocida como Covid-19, ya hay mucho escrito, y dicho. Segundo, mucho de lo escrito y dicho es parte de esta epidemia de desinformación. Entenderla nos va a permitir prepararnos para combatirla, no sólo en este caso, sino también en los nuevos que seguramente vendrán.

Desinfodemia

Hoy, internet es a la información lo que los aviones a las cosas materiales, un acelerador que permite que todo tarde menos en llegar más lejos. Dicho de otro modo: actualmente, gracias a la tecnología disponible, las cosas materiales viajamos más lejos y más rápido que antes, tanto si somos gente que va a pasarla bien en sus vacaciones, como virus que provocan una pandemia. Lo mismo ocurre en el mundo de la información. Hace mucho ya que los medios de comunicación tradicionales no son los únicos que informan, o desinforman: gracias a la facilitación de las redes sociales, nosotros mismos somos generadores y propagadores de contenido. Pero con un condimento interesante que complica aún más las cosas: se demostró que las noticias falsas llegan más rápido y más lejos que las verdaderas, posiblemente debido a que son muy atractivas y por eso las compartimos más.

Pero la idea de doble epidemia, a nivel agente infeccioso y a nivel desinformación, no es nueva. Lo que es quizá más reciente es considerar que estas dos epidemias simultáneas se potencian mutuamente, por lo que el daño total termina siendo más que la suma de las partes. Estos mundos, que parecen separados, empiezan a interactuar con efectos que recién ahora estamos empezando a entender. A mediados de 2018, en la revista The Atlantic se publicó un artículo llamado “Cómo la desinfodemia propaga la enfermedad”, donde los autores advierten que la desinformación online hace que las enfermedades se dispersen aún más. Esto ocurriría por varias razones: la desinformación hace que disminuya la confianza en los organismos de salud y en los expertos, que se dediquen recursos a desmentir mitos e ideas conspirativas, y a veces incluso que se promuevan comportamientos que no sólo no son efectivos sino que ponen en riesgo a las personas.

Un ejemplo de esto es la desinformación sobre vacunas, que es hoy gran responsable de la baja en las coberturas de vacunación en algunas regiones, lo que a su vez colabora con el resurgimiento del sarampión que estamos viviendo en el continente americano. La antropóloga Heidi Larson, que trabaja sobre la confianza y desinformación en vacunas, dijo esto en un artículo en la revista Nature en 2018: “Predigo que la próxima epidemia −sea de una cepa de gripe de alta mortalidad u otra cosa− no se deberá a la falta de medidas preventivas. En vez de eso, el contagio emocional, facilitado por la digitalidad, puede erosionar la confianza en las vacunas y volverlas discutibles. En las redes sociales, el diluvio de información contradictoria, desinformación e información manipulada debería ser reconocido como una amenaza global a la salud pública”.

La desinfodemia sería entonces la ‘propagación de una enfermedad facilitada por desinformación viral’. Esto parecería estar pasando con Covid-19. ¿A qué podemos considerar desinformación en el contexto de este nuevo coronavirus? Circulan mitos acerca de cómo prevenir esta enfermedad o cómo curarla, ideas conspirativas sobre el origen del virus, hipótesis dudosas o insostenibles que se hacen pasar como si fueran certezas (la desinformación sobre temas de salud es tan estándar y sigue los mismos argumentos generales que cada vez que surge una nueva epidemia reaparecen las mismas ideas).

Anotemos:

* “hay vacuna pero la ocultan y se la quedan para ellos”,
* “el virus fue creado en un laboratorio y se escapó (o fue liberado adrede)”,
* “esto fue predicho por (inserte libro sagrado, astrólogo famoso de turno, influencer)”,
* “es un plan de (inserte supuesto individuo o grupo de poder que actúa en las sombras y sólo unos pocos iluminados lo saben) para eliminar a la mayor parte de la población mundial”,
* “es un plan de (inserte la misma gente) para beneficiarse vendiéndonos medicamentos caros”,
* “esto se puede prevenir/curar con cosas ‘naturales’ (típicamente ajo o alguna hierba)”.

Por supuesto, es posible que alguna vez alguna de estas afirmaciones sea cierta, del mismo modo en que, si tiramos de espaldas dardos a la pared, alguna vez le vamos a pegar al blanco, por la más absoluta de las casualidades. Pero, en líneas generales, lo más probable es que los dardos terminen en el piso o clavados por cualquier parte, así que si nos encontramos con algo así, actuemos con prudencia.

La difusión de datos (ya sean información o desinformación) ya no sigue el tradicional camino de emisores/receptores. Las redes permiten una enorme y riquísima trama de conexiones horizontales, comunicación de noticias, memes, opiniones y aun mensajes personales, por lo que cada uno de nosotros, al convertirse, al menos parcialmente, en emisor, también se vuelve responsable en este proceso de desinfodemia. Como con las enfermedades, se puede ser un portador sano que, sin ser afectado, transmite el agente infeccioso a los demás. Muchos medios, quizás intentando imitar el éxito de las redes sociales, adoptan su tono apocalíptico y acrítico, y a veces son poco rigurosos con la veracidad de un contenido, porque priorizan la primicia. De esa manera, el mensaje es predominantemente ‘todos vamos a morir’, con una actualización en tiempo real del número de casos, cruceros varados, protocolos activados, cierre de escuelas, controles en fronteras y falsas alarmas. (Mucho de esto se discute en más detalle en este capítulo de este libro). Y no, no vamos a morir todos. Incluso si se termina declarando a Covid-19 como pandemia, esto lo que nos diría es que es una enfermedad distribuida en todo el mundo, y nada diría acerca de su gravedad o urgencia.

Las dos epidemias se mueven juntas y se retroalimentan. Más enfermedad lleva a más desinformación. Y la desinformación impide atacar del mejor modo posible a la enfermedad porque despilfarra recursos −incluida nuestra atención−, genera tensiones innecesarias −incluyendo absurdas cazas de brujas a gente por su origen étnico−, provoca desensibilización, y disminuye la confianza en las autoridades sanitarias, los expertos y los medios de comunicación profesionales. Todo esto facilita a su vez la propagación de la enfermedad. ¿Cómo quebrar esta tendencia y salir del círculo vicioso? En definitiva, ¿cómo podemos prevenir la desinfodemia? Por supuesto, mucha de la responsabilidad recae en las autoridades. Pero, si pensamos en cómo funcionan las comunicaciones y los virus −o sea, cómo se propaga la desinfodemia− tenemos que considerar que nosotros, todos, somos parte del problema. Afortunadamente, eso nos hace también parte de la solución.

Prevención

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y los ministerios de salud de cada país están tomando medidas para detener o postergar esta doble epidemia, es decir, la del virus y la de la desinformación asociada. En cuanto a la enfermedad, se definen protocolos para su detección y cómo actuar ante casos dudosos y positivos, se compran insumos hospitalarios y se capacita a los profesionales de la salud. Por supuesto, hay países con mayor o menor capacidad para afrontar esto. Uno de los efectos de la globalización es que lo que hace o no hace otro país es relevante para todos: los agentes infecciosos no entienden de fronteras. En relación con la información, dan la información más completa, confiable y actualizada posible. Es cierto que se sospecha que China demoró un poco más de lo debido en informar sobre el brote. No sabemos si hubo un intento de las autoridades locales de ocultar lo que pasaba, o simplemente pensaron que se trataba de algo menor. Lo cierto es que desde que se abrió al mundo, la información está fluyendo, y lo hace bajo la mirada atenta de gobiernos y organizaciones a los que nada les gustaría más que hacer quedar mal a otros gobiernos y organizaciones. La OMS tiene una sección entera dedicada a este nuevo coronavirus y a Covid-19. Incluso hay un apartado en el que refutan algunos de los mitos que están circulando actualmente. Este sistema tiene sus limitaciones, claro. A veces pueden demorar en dar la información hasta que es confirmada. En el día a día frenético de quienes están combatiendo la enfermedad a veces hay que revisar números y estimados, a medida que se va sabiendo más. La incertidumbre es grande, pero ¿hay una alternativa mejor que mantenga exigencia de calidad?

Por otro lado, el comportamiento de cada uno de nosotros es importante para la prevención de Covid-19. En esta doble epidemia, no sólo somos los que nos enfermamos sino también los que contagiamos. Por eso la prevención incluye lo que hacemos y también lo que no hacemos, y no únicamente con respecto al agente infeccioso en sí, sino también con la desinformación. Por un lado, lavémonos las manos con frecuencia y con dedicación, estornudemos en el hueco del codo o en un pañuelo descartable, desinfectemos superficies, seamos responsables si tenemos síntomas respiratorios, etc. (más sobre medidas preventivas acá). Por otro lado, ¿qué podemos hacer con respecto a la información? No generemos ni distribuyamos en las redes sociales contenido que no confirmamos si es cierto o falso, ya sea que lo hagamos por genuina preocupación o irónicamente (sí, el consumo irónico contribuye a la confusión y difusión de desinformación).

GUÍA DE SUPERVIVENCIA DE BOLSILLO

¿Cómo relacionarnos mejor con la información?

1. ¿La información que nos importa se refiere a algo total o parcialmente fáctico?

2. ¿Se mencionan las evidencias que sustentan la afirmación o la manera de acceder a ellas? ¿Son completas y confiables?

3. ¿Cuáles son los sesgos y distorsiones que pueden haber influido en la adulteración de la información, desde que se generó hasta que llegó a nosotros?

4. ¿Cuáles son nuestros sesgos y creencias? ¿Podemos estar confundiendo expertos competentes con falsos expertos? ¿Podemos estar, al menos en parte, bajo la influencia de nuestro tribalismo?

5. ¿Podemos estar dentro de una burbuja ideológica sin darnos cuenta? ¿No convendría incorporar en nuestras redes a personas de otras tribus?

6. ¿Tratamos honestamente de identificar si la información es o no una noticia falsa?

7. ¿Cómo actuamos frente a esa información? ¿Colaboramos o no con su difusión? ¿Analizamos el riesgo de equivocarnos actuando y de equivocarnos no actuando?

8. ¿Cómo actuamos frente al agente que nos hizo llegar información falsa? ¿Ponderamos verdad sobre popularidad? ¿Exigimos accountability? ¿Penalizamos el mal comportamiento?

No es fácil combatir y prevenir la desinformación. En los últimos años se intensificó la investigación científica en este campo (esto está detallado en este artículo). Aunque hay mucho que todavía no terminamos de entender, está bastante claro lo que cada uno de nosotros puede hacer para colaborar pero, si no actuamos en consecuencia, no hay información que alcance.

Comunicación

Para prevenir el dengue, sabemos que tenemos que usar repelente y eliminar los reservorios de agua en los que el mosquito se puede reproducir. ¿Lo hacemos? Para prevenir el sarampión y otras enfermedades infectocontagiosas hay vacunas. ¿Sabemos realmente si estamos al día con las vacunas? Muchas infecciones de transmisión sexual se previenen eficazmente usando preservativos. ¿Los usamos? En el hemisferio Sur pronto entraremos en la temporada de gripe. ¿Nos vamos a dar la vacuna antigripal y, si tenemos síntomas, seremos cuidadosos con buscar ayuda médica y no exponer a otros en el trabajo, la escuela o los medios de transporte? Y exactamente la misma idea aplica frente a nuestro comportamiento frente a la información y la desinformación. Sabemos todo. ¿Hacemos lo que hay que hacer?

En un contexto de desinfodemia, es crucial lograr y conservar una comunicación adecuada. La mejor comunicación, en términos sanitarios, no es solamente la que informa, sino también la que ayuda a generar los comportamientos necesarios para prevenir, enlentecer o frenar la enfermedad.

El desafío es cómo comunicar en temas de salud sin generar desinfodemia: ni minimizar, ni generar ansiedad y pánico. Los mensajes deben ser claros, completos y sencillos de comprender. Esto incluye poder explicar la incerteza, la complejidad, el riesgo para uno y para los demás, y las acciones que hay que seguir. Como si esto fuera poco, el emisor de la información debe ser transparente y confiable −cuidar la credibilidad es por eso clave, porque sin confianza no hay comunicación efectiva−. Es también necesario darle poder −aunque sea limitado y local− al receptor del mensaje. Decirle cómo son las cosas, sí, pero ayudarlo a comprender cómo lo afectan, y qué debería hacer para ayudar. Ocuparse además de preocuparse. Pocas cosas como la actividad para combatir la paranoia.

Hasta donde se sabe, este virus se transmite con relativa facilidad a través de las microgotitas que salen de nuestra boca cuando hablamos, tosemos o estornudamos, y puede sobrevivir algunas horas en las superficies. Por eso las recomendaciones de higiene respiratoria, lavado de manos, etc. son las que son. Su letalidad es relativamente baja −aun si enfermamos, lo más probable es que tengamos una versión leve de Covid-19− pero los adultos mayores y personas inmunocomprometidas son grupos especialmente vulnerables. Una pandemia es hoy muy probable, pero como no está muy claro todavía cuán grave es esta enfermedad ni qué alcance tendrá, hay que prepararse. “Hoping for the best, but expecting the worst”, decía una vieja canción: “esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor”. Las autoridades sanitarias de los países deben hacer lo posible por frenar el avance de la enfermedad, pero también deben prepararse para escenarios más complicados. Un virus de transmisión tan sencilla como este, aunque no sea tan letal, terminará provocando muchas muertes. Es un virus nuevo, así que las personas no tenemos previamente protección de nuestro sistema inmunitario y todos somos potencialmente susceptibles. Además, todavía no hay una vacuna, aunque esto ya está en desarrollo y se espera que haya al menos una en algunos meses. Esto que sabemos ahora puede cambiar en las próximas semanas. Como vemos, hay complejidad e incertezas, pero también hay cosas claras.

Cuidarnos

Hace menos de un mes murió, por una encefalitis causada por sarampión, una mujer de 50 años que estaba inmunocomprometida por haber recibido un trasplante renal. Es el primer caso de muerte por sarampión en Argentina desde 1998. Y la culpa es nuestra. No pudimos cuidarla. Teníamos los medios para hacerlo: si al menos un 95% de las personas nos hubiéramos vacunado, el virus del sarampión no habría reingresado. El coronavirus ya llegó a nuestro país. Si se produce alguna muerte * también será, al menos en parte, nuestro fracaso. En particular, por no haber aprendido las lecciones de la historia y por no haber establecido los medios de contención de la desinfodemia.

Estamos juntos en esto. No, no vamos a morir todos, pero algunos lamentablemente sí. Hacer todo lo posible para combatir la desinfodemia va a salvar vidas. Nuestro sistema inmune aprende de las infecciones. Ojalá nuestro sistema social también lo haga. Que Covid-19 sea, además, una manera de aprender.

* La nota fue escrita antes de las dos muertes ya producidas en el país.

Postdata de La otra: en el mismo blog puede leerse otra nota, "Coronavirus: Exponencialidad y prevención. ¿Cómo se propaga el Covid-19 y qué podemos hacer al respecto?", cuya lectura recomiendo. Clickear acá.

jueves, 12 de marzo de 2020

Familia y La noche

El cine de Edgardo Castro




por Oscar Cuervo

Un equívoco bastante extendido alrededor de la recepción de Familia, el segundo largometraje de Edgardo Castro, tiende a oponerlo al presunto alto impacto que estaba destinado a causar el primero, La noche. Como si todos hubieran quedado esperando que Castro encontrara de un golpe su lugar natural en el submundo de la nocturnidad porteña, con escenas de una explicitud carnal que viniera a inaugurar un estado nomádico -si esto no fuera un oxímoron-, un imperio de los sentidos en pleno barrio del Once. Entonces muchos podrían haber creído que Castro tenía que ir ahora un poco más allá, correr la línea de lo filmable en el terreno de la joda, el pete, la falopa. Los que esperaban más pijas y más rayas quizá no hayan terminado de comprender La noche.

El rasgo que se revela esencial en la posición cinematográfica de Castro emerge cuando se disipan estos malentendidos. Familia no es "lo contrario" de La noche, ni un repliegue hacia el mundo de las convenciones sociales, ahí donde La noche parecía rebosar de "transgresiones". Lo que queda cuando se suprime lo superfluo es que Castro practica un cine sin adjetivaciones: La noche designa una instancia temporal cotidiana, sin calificativos, un presente continuo, sin ninguna adjunción ligada a la libertad, la sordidez, el goce, la felicidad, el pecado o la desdicha. Castro no romantiza el desvelo. Solo desvela. No hay moralización en ese tránsito nocturno ni en su prolongación hacia las mañanas de luz hiriente; tampoco ningún malditismo. Castro no celebra ni se conduele en su excursión por la parte oscura. La noche es oscura, saturada y ruidosa, porque es de noche y porque transcurre en lugares donde hay ruidos y colores saturados. La política del autor en aquella ópera prima exponía la presencia de los cuerpos, sus movimientos, sus roces, sus introducciones, sus fricciones, sin construir con ellos una épica ni una tragedia. Si La noche era inaudita para la habitualidad del cine argentino es porque rescataba para la cámara su capacidad de percepción material del tiempo, su inercia y su demora. Contra una cierta idea del drama construido a fuerza de encuadres y cortes de montaje, La noche practicaba una abstinencia del fluir, una exasperante serenidad del dejar ser: como una corriente que no se puede empezar ni terminar. Por lo tanto, sin drama, suspenso ni conclusión, no hay una instancia del juicio: el espectador no tiene que condenar ni absolver ningún acto de héroes ni villanos, más que nada porque no hay héroes ni villanos. La noche no es una posición moral contraria al día, es un mundo que el día dice desconocer, aunque esté hecho de su misma materia.




En este sentido, Familia viene a despejar los equívocos alrededor de la película anterior. Castro continúa fiel a su abstinencia de adjetivos. Es la familia, nada más. El telos hacia el que él se dirige -el mismo Castro, es decir, con toda probabilidad el mismo personaje de La noche- es la familia, sin ninguna calificación. Su inmersión en ese mundo es tan o tan poco promiscua como en La noche: tan o tan poco explícita. Castro viaja hacia Comodoro Rivadavia, aunque ese lugar carezca de atributos en el tratamiento del film. Es simplemente el espacio de la familia, lejos, cuya peculiaridad es la distancia que impone un viaje y por ende un tiempo. Si el viaje es largo, hay que parar en el camino, hay que cenar y compartir el silencio y un bocado con un perro de la ruta. En esa escena nocturna, pequeña y poderosa, Castro traza el primer puente hacia La noche. El silencio que rodea el encuentro del hombre y el perro vibra. Son dos cuerpos que se encuentran un momento y no necesitan hablar para decir su verdad.

El silencio de esa escena contrasta con la sonoridad continua que Castro hallará en la casa de su familia, un espacio invadido por el audio del televisor y los celulares, que los breves y desafectados intercambios entre sus habitantes parecen interferir o apenas comentar. La sordera del padre hace que nunca entienda bien de qué se habla y sin embargo parece haber entendido todo lo que (ya no) pasa entre todos ellos. La madre mira la tele y todo el drama que falta en el espacio familiar emana de ese rectángulo. En el led -que la cámara toma fuera de foco, porque importan los que miran y no lo mirado- se comenta toda la épica, la moralidad y la adjetivación de la que la vida familiar carece. Si de pronto una catástrofe interrumpiera la trasmisión televisiva, ese mundo quizás no resistiría, de un modo similar al que la droga y el alcohol sostienen la socialidad en La noche.

Después habrá ocasión para una celebración ritual, tan despojada de épica como todo lo que se ha mostrado, con fuegos artificiales que cruzan el cielo y arrancan en los personajes una sonrisa protocolar, que se disipa enseguida. Cuando la ceremonia acabe, Castro saldrá a la calle y verá pasar a un hombre y -otra vez- un perro, quizás una línea de fuga inexplorada, capaz un puente hacia La noche. Antes que el plano quede vacío, Castro girará por última vez su rostro a cámara, para desaparecer por el lado izquierdo.

¿Entonces? La cámara en el cine de Castro nunca compone, por lo que cada sucesiva situación queda des-compuesta. Es su manera de registrar el tiempo de la vida. Pero hay un signo que atraviesa inequívocamente ambas películas: la presencia de Castro, su mirada impasible, su concentración renuente a cualquier expresividad. Edgardo Castro es un hombre que viene del teatro pero parece entender qué cosa es el cine. Como la cámara, él no compone: simplemente está ahí. Eso es lo que nos inquieta.


Qué pavotes los críticos
Entrevista a Edgardo Castro en La otra.-radio (15/4/2019)

Audio primera parte acá
Audio segunda parte acá

- Todos tenemos una familia -nos decía Edgardo Castro una madrugada del otoño pasado en La otra, después de presentar su segundo largo, Familia- y las dinámicas familiares son hermosas y también pueden terminar siendo muy tremendas y para mí Familia tiene que ver con eso. La verdad es que no me importa que vos te vayas a tu casa pensando.en mi familia. Si la película funciona, es que al otro día te levantás pensando en tu familia. Son los vínculos de amor que yo empecé a investigar con La noche, cómo los seres humanos nos podemos relacionar con nuestra propia soledad, en este caso con los vínculos más primarios, tu mamá, tu papá, tus hermanos, y así te podés constituir como persona. Somos lo que somos en relación con ellos. Familia no es un documental, como dijo algún pelotudo -no, "pelotudo" es una palabra que no quiero usar, mejor digo "con algún crítico pavote"-, "es una película convencional y es un documental". Le digo al pavote: "Che, no entendiste nada". Generar ficción en este momento del país es muy difícil. Yo soy un actor ante todo, un actor que genera ficción en el cine argentino.

- Cuando Oscar dice -pregunta Maxi Diomedi- que da la impresión de que el mismo personaje de La noche agarra el auto y se va a Comodoro Rivadavia, ¿hay algo de eso?

- Sí. Mirá, en un momento con Mariano Llinás -porque El Pampero es la casa productora que acompaña mis películas y me apoya para que yo pueda ser lo que soy- le digo: "Che, los periodistas me van a preguntar si es el mismo personaje, ¿qué contesto?". Él me hace un par de preguntas y me dice: "Bueno, no digas ni que sí ni que no". Y para mí esa estupidez que me dice él cobra mucho sentido, es una película que me llevó 3, 4 años hacerla y siempre esa cuestión estuvo muy presente. Y digo: "Sí, es y no es ese mismo personaje". Pero hay algo que tiene que ver con el proceso creativo en el hecho de usar el mismo personaje de la ficción que lleva adelante una película y decir que lo viste antes en La noche, en ese derrotero de sexo, de promiscuidad, de drogas, y ahora lo ves viajando a una ciudad a 2000 kilómetros de la Capital, como es Comodoro Rivadavia. Y sí, es y no es.


Cada espectador completa los puntos suspensivos entre una y otra película, más allá de la intención del autor. Para mí es el mismo personaje de La noche el que al principio de Familia se está cortando el pelo, quizás después de una noche agitada, que se está preparando para viajar. Hay una primera iluminación en la parada en la ruta, el encuentro con el perro: ese silencio en compañía con el perro me resultó muy amoroso...

- Hermoso lo que decís -interrumpe Castro-, porque a la hora de hacerla, no solo de dirigirla sino de actuarla, cuando la llevamos a cabo en un parador de Río Colorado, a mí me conectó con algo de lo que estás diciendo y dije: "Che, yo estoy sintiendo que hay algo hermoso acá". El perro se me acercó solo y empecé a improvisar con él. Y de repente tuvimos una relación que me llevó a sentir: "No estoy solo". Hay un perro, como en La noche decís "Hay un travesti que me puede acompañar". Ahora hay un perro. Cualquiera puede decir: "Este es un facho hijo de puta comparando". Pero, digo, somos seres vivos que conectamos.

- En silencio, comparten un pedazo de comida, él se te arrima y hay una corriente que los atraviesa y atraviesa el plano.

- Y compartir la soledad que tenemos, seas un perro o una persona.

- Un perro de la ruta, ahí en la noche. Y vos sos otro perro de la ruta ahí en la noche.

- Ese perro tiene que ver con las putas, los taxi-boys, los trans, los chorros que están en La noche, que no creen en nada y que para llevar adelante esa película tenían que creer en mí y en lo que íbamos a hacer. Es lo mismo. Es un perro de un parador en la ruta que puede estar con cualquiera, todo el tiempo, y entonces se armó algo que tiene que ver con otra cosa: hay algo, el mundo no está perdido.

- Un momento de lo real que aparece y el cine está ubicado justo para captarlo.


- Sí, para mí el cine tiene que ver con eso, con la capacidad de los que pueden generar ficción y captar esos momentos. Eso es lo que me interesa del cine, es lo más difícil. Soy actor y hago películas de otros, genero ficción todo el tiempo. Entonces mi responsabilidad tiene que ver con generar la verdad. Y el perro es eso: "Che, apareció esto, qué hacemos: ¿lo tomamos o nos hacemos los boludos?".

- Cuando hace tres años apareciste en el cine con La noche ganaste la competencia internacional del BAFICI. La película produjo una gran conmoción que ahora, viéndola en perspectiva y con la recepción que tuvo Familia, me lleva a pensar que aquella conmoción fue por motivos equivocados, que no la entendieron bien.

- No es que son motivos equivocados, sino que digo: qué pavotes son los críticos, qué pavotes los periodistas. Vivimos en un momento en el que hay que pensar, hay que ver y sentir. Una película es una cosa muy compleja, no sé, yo no estudié cine, soy un actor, hago películas de otros donde me pagan plata para producir mis películas. El hacer cine me da una paz en el mundo que no tengo en otros lugares.

- Algunos críticos decían que en Familia hay un giro en Edgardo Castro que, después de La noche vuelve hacia algo más convencional. Pero yo encuentro que hay una idea del cine que las une, a pesar de que los espacios y las situaciones que mostrás en las dos películas sean tan diferentes. Hay escenas puente entre las dos películas -como la del perro-, pero sobre todo una idea del cine...

- Y una idea de la vida, de cómo llevás adelante el deseo. Ahora estamos hablando de cine, pero para mí es mucho más complejo. Cuando les digo "pavotes" me refiero a eso: son procesos creativos. Para mí es un trabajo enorme en un momento de Argentina donde el sistema político y social hace que estas cosas se mueran. Poder producir con independencia es una cosa importante hoy en este país. Nos olvidamos de hablar de poner el deseo por delante. Necesitamos de esto para no morir. Si no, todo está atravesado por la muerte. Vos hablaste del BAFICI, yo no quiero hablar del BAFICI, de ciertas plataformas, pero sí quiero hablar de la muerte, de cómo la muerte nos está atravesando a los argentinos. Yo no quiero estar conectado con la muerte. La noche no está conectada con la muerte, sino con la ternura y con la esperanza que podemos tener las personas en este país. Y Familia es seguir investigando lo mismo.

Familia se exhibe en la Sala Lugones hoy por última vez a las 19:00 hs.

Se seguirá exhibiendo en el MALBA los viernes 13, 20 y 27 de marzo a las 20:00