miércoles, 15 de septiembre de 2021

Con más datos y menos estupor que el domingo

- No ganó votos el macrismo, perdió el FdT. 

- Sacó más votos la izquierda que Milei. 

- Un 5% en PBA que no fue a votar, los sectores más pobres. Enojados con el gobierno, no fueron a votar macrismo. 

- Manes logró que su voto no se identificara con el macrismo. 

- Santilli en provincia de Buenos Aires sacó 22% y Vidal en CABA 33%. Larreta no recibió un aluvión de votos, sino que el FdT perdió un aluvión de votos, que no fueron al macrismo sino al voto en blanco, la izquierda, Manes y al ausentismo. 

- El enojo de los golpeados por la pobreza no fue registrado por las encuestas: el célebre voto silencioso.

-En Jujuy, la provincia de Milagro Sala, todavía presa, la izquierda obtuvo el 25%. Tener en cuenta las buenas relaciones entre el gobierno nacional y Gerardo Morales.

-Conclusión personal: el centro político al que el FdT apuntó es un espacio en extinción.

- Si Alberto como resultado de estas elecciones aplica el ajuste que le pide el establishment, el FdT se rompe y él termina con 3%. Termina como Dilma. El centro es el alfonsinismo, una ubicación imaginaria. Las derrotas y victorias del kirchnerismo se amasaron sin ajuste ni represión. Y el ajuste sin represión es imposible. Ponele que en 2019 se votó por el centro. El domingo el centro perdió de punta a punta. El voto de 2019 caducó. 

- Esta historia no ha terminado.

martes, 14 de septiembre de 2021

Los balcones de la miseria argentina (la relectura de un texto temprano)


Esta nota fue publicada el 1 de mayo del 2020, cuando el rumbo parecía que podía corregirse pese a las fallas ya evidentes del gobierno democrático del FdT. Durante este año no escribí casi nada de coyuntura política porque los blogs ya no están para eso: la coyuntura política está ampliamente cubierta (en todos los sentidos de la palabra) por los grupos mediáticos de diversa orientación política. Hubo un tiempo en el que había que romper un cerco mediático allá por el otoño de 2008 y entonces aparecieron los blogs. El gobierno actual, en cambio, ha decidido, según lo expresó el propio presidente Alberto Fernández, que la comunicación es un negocio y así quedó tercerizada en diversos grupos privados (incluso en los que trabajan para voltear al gobierno) y financiados por la pauta oficial. Pagamos para que Clarín, Infobae y La Nación armen el escenario de nuestra aniquilación. No se trata solo de un reduccionismo comunicacional en el que se alega que "falló la comunicación": estoy diciendo que con nuestros fondos públicos financiamos los proyectiles de quienes nos disparan. Lo que es la parte de un todo más amplio.

Pero al leer el texto que sigue, escrito cuando Alberto aún presidía la mesa de Larreta y Kicillof como símbolo de la "Unidad Nacional", ya abundaban los signos de que esa escena ocultaba el germen del resultado del que nos anoticiamos el domingo pasado a eso de las 20:30. De alguna forma el domingo nos golpeó como una novedad pero el 1 de mayo de 2020 se estaba percibiendo lo sustancial de esta nueva derrota del campo popular. Ojalá haya tiempo para todavía, un año y medio después, evitar que la derrota resulte irreversible.

1 de mayo de 2020: El gobierno de Alberto Fernández dejó abierto un flanco por el que la derecha dura logró vulnerarlo, después de un período en el que había conquistado un enorme consenso social en la primera fase de la crisis sanitaria causada por la pandemia del CoVid19. El costo político que Alberto va a pagar por esta distracción todavía está por verse. En sus pocos meses de gobierno mostró ductilidad para resolver los graves problemas que le reservaba una Argentina arrasada por el macrismo. Todavía podría ser que esa ductilidad vuelva a sacarlo de esta encrucijada. Pero con el cacerolazo de anoche, construido y sobredimensionado con tenacidad por los medios corporativos que encabezan la oposición, la derecha gritó su primer gol en doce meses. Recién el 18 de mayo se cumplirá un año del día en que Cristina anunció su decisión de proponerle a Alberto encabezar la fórmula presidencial.

El cacerolazo de anoche en los barrios del norte de la ciudad dista todavía de producir una crisis política como la que asoma en los países que, por preservar los intereses de las clases dominantes, dejaron crecer las pilas de cadáveres al colapsar sus sistemas sanitarios. El éxito del enfoque sanitarista de Alberto ante la pandemia, con el achatamiento de la curva de contagios y el número comparativamente bajo de muertos por el CoVid19 viene siendo un mal ejemplo para las derechas duras. Lo ideal para ellos sería que, si los gobiernos encabezados por crápulas como Trump, Johnson o Bolsonaro no pueden ni frenar la catástrofe sanitaria ni evitar el derrumbe de sus economías, ejemplos como el de la democracia argentina fracasaran también, para que la muerte los iguale a todos: un imperio extendido del cualunquismo mortífero.

El estruendo de los balcones pequeñoburgueses alimentados por el resentimiento clasista y magnificado por la tele hace sonar una alarma en el esquema de unidad nacional y el "cierre de la grieta" con el que Alberto Fernández viene intentando consolidar su liderazgo político. Ese cacerolazo balconero que los medios de la derecha dura gustan relatar como "masivo" se opone simbólicamente al silencio temeroso que reina en los barrios pobres que no tienen quién los televise. No importa que el gobierno de Larreta deje por semanas sin agua a las villas mientras en la tele las campañas publicitarias machacan todo el tiempo con la necesidad de lavarse las manos. Fuera de los barrios pobres, las clases medias se lavan siempre las manos. El balcón es el escenario preferido por la televisión. Esa grieta no se cierra nunca.

La consolidación del liderazgo de Alberto en esta primera fase fue sorpresiva para sus partidarios e inquietante para la derecha. "Menos mal que ya no está macri en el gobierno" fue la frase más repetida en estas semanas. Una frase lacerante para una derecha que no encuentra un liderazgo fuera de los telepastores que nunca dejaron de recalentar el resentimiento de la burguesía televidente: ¿acaso a alguien se le ocurriría salir a pedir por macri o por peceto? La certeza de que si la pandemia se hubiera desatado durante el régimen macrista el número de muertos habría crecido exponencialmente logró que la figura de Alberto llegara a índices de aprobación que duplicaban los votos obtenidos en octubre pasado.

De pronto, la derecha argentina se había quedado huérfana. Alberto llegó con los votos de Cristina y un pequeño caudal de sectores medios despolitizados, dañados por el maltrato sistemático del macrismo, pero los reflejos rápidos de Fernández ante la emergencia sanitaria hicieron crecer su figura de líder político hasta límites inesperados. Un líder político que goza de gran aprobación popular conquista una autonomía que resulta siempre un obstáculo para los poderes fácticos, mientras en el mundo los gobiernos de la derecha obscena naturalizan el desprecio por la vida digna. El poder trasnacional juega en esta partida una batalla simbólica que no puede permitirse perder: la prevalencia de los más aptos y el aniquilamiento de los débiles, la alucinación nietzscheana de la voluntad de poder convertida en sentido común hegemónico.

Pero cuando para oponernos a la ley de esa ferocidad reinante en el capitalismo tardío en nuestro haber solo contamos con la memoria de la organización popular, se producen distracciones, un lujo que no podemos darnos.

Desde que se desató la pandemia se vio que hay sectores sociales muy vulnerables a la amenaza del virus: barrios pobres, geriátricos y cárceles en los que la distancia social es impracticable, formas de la arquitectura civil incompatibles con el aislamiento necesario para frenar la propagación de la enfermedad. La reacción de los países gobernados por la derecha dura fue dejar a estos sectores librados a su suerte, incluso propiciar su destrucción. Que la muerte haga su faena. La derecha siempre cuenta con la muerte como instrumento de gobierno, también ante la pandemia. Así se explica la persistencia de Trump, Bolsonaro o Johnson, a pesar de sus gestiones catastróficas. Cuando los cientificistas ingenuos creen que la actitud natural de toda sociedad es siempre defender la dignidad de la vida humana, chocan rápido con la evidencia de que para el capitalismo la vida no es un fin sino apenas un medio y, a veces, un lastre para el desarrollo de las potencias productivas. La voluntad de poder quiere el aniquilamiento de los débiles. Plena vigencia del nihilismo.

En el esquema humanitario que asumió Alberto, desde el primer momento debería haber prestado especial atención a estos grupos que la experiencia mundial señalaba como focos en los que el virus se expandía fácilmente. Las cárceles, los geriátricos y los barrios pobres tendrían que haber ocupado un lugar especial en sus primeras comunicaciones, esperadas con respeto y ansiedad por una enorme mayoría social. Quizás un exceso de alfonsinismo lo hizo reparar en sectores en los que el peligro no está tan expuesto y "guardarse unas semanas" resulta viable. El #QuedateEnCasa no le habla a la villa, al geriátrico ni a la celda. En sus primeros discursos dedicó gran parte de su tiempo a considerar a los runners, a los que añoraban su hora de esparcimiento o los nenes que dibujan en los deptos. Un enfoque clasemediero.

No está mal pensar en ellos si se gobierna para todos. Pero esos casos en los que Alberto reparó en sus discursos no arman una totalidad. Lo malo, si realmente se gobierna para todos, es olvidarse de que la burguesía y la pequeño-burguesía tienden a abandonar a sus viejos en los geriátricos, prefiere apartar de la vista a los villeros y las cárceles son el reino del horror en el que la sociedad cómplice de la violencia sistémica esconde su fracaso.

Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquella exija hará responsable al juez que la autorice: lo dice el artículo 18 de la Constitución, algo que la clase media ignora porque nunca se piensa a sí misma en la cárcel. El Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos que desde 1994 tiene rango constitucional dice en su artículo 10 que toda persona privada de su libertad será tratada humanamente y con el respeto debido a la dignidad inherente al ser humano. La derecha que alardea de republicana jamás lo creyó; al contrario, se complace en hacer de las cárceles reductos de lo inhumano. Es una falla inquietante que también para una perspectiva humanista cueste tanto visualizar este problema, porque las cárceles infectas no cesan de señalar el fracaso de una comunidad organizada.

La pandemia es la gran oportunidad para que un gobierno que se propuso instalar una nueva institucionalidad tome el problema estructural de las cárceles como medida de su legitimidad. El macrismo nos legó cárceles sobrepobladas por pobres en las que vivir dignamente no es posible, pero las cárceles ya eran insoportables desde hace mucho tiempo. El marginal: las ficciones sensacionalistas de televisión las convirtieron en fuente de su esparcimiento. El balcón de los caceroleros es el contraplano de la Argentina blanca. Las pantallas pueden trasmitir su indignación latosa hasta pretenderla obligatoria para todos.

Si el problema de la deuda parecía demandar la necesidad de postergar algunas reformas humanitarias para momentos más propicios, la pandemia cambió el orden de las prioridades. La defección del estado y la sobrepoblación de las celdas, incluso antes que un reto moral para la sociedad, se convierten ahora en una urgencia sanitaria. Si cuando hay que propiciar el distanciamiento social y la higiene no se resuelve la inhabitabilidad del sistema carcelario, ¿cuándo va a asumir la democracia su propia miseria? La experiencia de otros países ya nos había advertido sobre la necesidad de poner el foco en estas debilidades. Lo mismo pasó con los geriátricos y los barrios pobres: los contagios empezaron a acelerarse en los ámbitos de los que ya estábamos avisados. El enfoque del comité de expertos se centró en una perspectiva clamediera en la que la existencia transita entre el living y el balcón. El único problema era entonces pasear al perro o a los nenes.

¿Nadie pensó en las villas? ¿Nadie pensó en los geriátricos? ¿Nadie pensó en las cárceles? La derecha sí: pensó que esa zona débil de la trama social era su oportunidad para corroer el liderazgo político que estaba tomando un vuelo propio inconveniente: vio ahí la hendija para inyectar sus fobias más tóxicas. El gobierno de Alberto, un abogado penalista, justo en este punto se mostró inconvincente para encarar el crimen de la sobrepoblación carcelaria. Incluso un pensamiento calculador puede advertir que estos regímenes de encierro no funcionan como compartimentos estancos: en las cárceles -igual que en los geriátricos y en las villas- hay personas que todos los días entran y salen. Hasta para un sanitarismo blanco es evidente que estos eran los lugares que se debían cuidar con delicadeza para conducir el tránsito social de la cuarentena. Si las cárceles, los geriátricos y los barrios pobres se convierten en focos infecciosos, no hay manera de controlar la propagación del virus y el sistema sanitario se expone al colpaso. La cuarentena precoz podría no ser el remedio de todos los males.

Alberto y su gobierno prefirieron suponer que el problema de las cárceles superpobladas se disiparía  de algún modo en la bruma de la cruzada sanitaria. Tocó la cuestión con desgano, con tuits poco precisos que intentaron derivar los aspectos más corrosivos de la cuestión hacia un mero enfoque jurídico, despolitizado. Para no hablar de los sectores del Frente de Todos que abrazan el punitivismo fascista con fervor, como Massa o Berni. Tocar el problema de las cárceles y de las villas es la contrapartida necesaria de plantear un impuesto a las grandes fortunas, porque implica dar un enfoque integral de las desigualdades permanentes que la pandemia vino a desencubrir. El gobierno de Alberto comunicó mal, no por una falla de los equipos de comunicación, sino porque no pensó el problema en su carácter sistemático. La derecha sí es buena comunicadora y se tomó una semana para asustar a la clase mierda con la amenaza de una apertura masiva de las cárceles, azuzando justo ese punto en el que el Frente de Todos se muestra inconsistente. 

Hasta los caceroleros con dos dedos de frente podrían comprender un hilo de enunciados de fácil conexión. Un rebrote en las cárceles -en villas, en geriátricos- compromete la disponibilidad de las camas del sistema sanitario. Si las camas de terapia intensiva se llenan de presos, de habitantes de las villas o de gerontes, puede no haber lugar para los propios caceroleros. La ficción tanática de que los pequeñoburgeses se desentienden de la suerte de presos, pobres y viejos es también inconsistente: para que el sistema funcione es preciso que todos los días los trabajadores de las villas, los geriátricos y el sistema penitenciario circulen de un lugar a otro. No se sostiene la ilusión pequeñoburguesa de que cárceles, villas y geriátricos puedan estallar mientras el estado "nos va" a reservar camas. Es una ilusión entrópica.

Esto se dice en tres pasos. Lleva explicarlo pocos segundos. El riesgo del gobierno de Alberto radica justo en que sus primeros pasos los anduvo bien. El gobierno del Frente de Todos juega su legitimidad en que estos sencillos enunciados se asimilen por las mayorías sociales. Tiene que asumir su responsabilidad estatal. Las cárceles somos nosotros. Del otro lado, la derecha seguirá apostando a la muerte. 

sábado, 11 de septiembre de 2021

La chirinada: Jauretche, Borges, la Duquesa Esmeralda y Cristina


por Lidia Ferrari

Y Cristina dijo: “Perdimos las elecciones en el 2009 pero la economía estaba fuerte, desendeudada, nadie podía venir a decirnos como manejábamos nuestros recursos porque no le debíamos un solo peso al Fondo. La industria venía trabajando mucho, veníamos creciendo en la mano de obra. Cada vez más trabajo, cada vez más consumo y entonces la no aprobación del presupuesto la pudimos aguantar porque teníamos espaldas para aguantar aquella chirinada. Verdadera chirinada”. Y fuimos a buscar qué quiere decir chirinada, porque no conocíamos la palabra. El primer encuentro fue en el prólogo que Borges hace al libro de Jauretche ‘El Paso de los Libres’ (referencia de Fernández Baraibar) [1]. Es una palabra aceptada por la RAE, que la define como un argentinismo despectivo: “Asonada inútil, motín frustrado”. Hay diferentes versiones sobre el nombre propio Chirino de la cual proviene: la del Chirino de Juan Moreira y la de un zambo venezolano que lideró una revuelta fallida contra la esclavitud en Venezuela. Como quiera que fuese ya en Wikipedia encontramos la referencia a Perón, quien la usaba de manera despectiva refiriéndose a los intentos de golpes frustrados en su contra. Cristina la usó desde el lugar en el que la usaba Perón, despectivamente hacia esos que pretendieron una sedición institucional an no aprobar el presupuesto y fallaron. 

Me gusta pensar que el uso de cada palabra de Cristina tiene un sentido preciso que quiere transmitir y enseñarnos. En diferentes partes de su discurso se refiere a ese lugar emblemático de la oligarquía: la Recoleta. Asociamos Recoleta con ese rejunte entre lo popular y lo oligárquico del prólogo de 1934 que hace Borges al poema épico-gauchesco de Jauretche. A los de la Recoleta les arroja la conjunción Borges y Jauretche. Jauretche y Borges que, como una especie de oxímoron, junta los aparentes opuestos. Vaya forma de hacer un sorpasso a la famosa grieta. Pero está en la línea de ese otro sorpasso de la grieta que está dando la Duquesa Mitre. No por azar la mencionó Cristina. Siempre aprendemos de ella porque sabe captar el clima de época. Y no dudo de que estamos en un momento de emergencia de verdades, no importa de qué lugar provengan. Como lo de la Duquesa Esmeralda que cruza el charco hediondo arriesgándose a enarbolar verdades sobre ese mundo delincuencial, del cual la chirinada macrista es ‘un fracaso amargado por la irrisión’. 

¿No estaremos transitando un momento donde los discursos que impregnaban y hacían mella ideológica en 2015 comienzan a desmoronarse? Y esa demolición proviene de sus mismos sostenedores de entonces. Por eso, la duquesa Esmeralda es protagonista de esta nueva era que se abre; como esa que comenta Abelardo Ramos en el prólogo a Jauretche, cuando advierte que los vientos están cambiando, que después del ‘55 volvieron a rejuntarse y a producir una cultura santulona de ‘literatura pura’ y remilgos a lo nacional, pero que, nos dice Ramos, en 1960 ya no interesa a nadie. “El país había crecido hacia adentro, entretanto, y se insinuaban las condiciones para la expansión de una literatura y un pensamiento argentinos”. 

Me parece o quizás lo deseo que esa mención a la chirinada, la conjunción Borges-Jauretche y la revuelta de la duquesa Esmeralda están hablándonos de algo que fue creciendo adentro, también en las filas de esa ideología oligarca y decadente pero neoliberal, como corresponde a la época. Las verdades también crecen como mala hierba, tozudamente, tercamente diría Cristina, en medio de los terrenos más inhóspitos y mezquinos.

NOTA 
[1]

miércoles, 8 de septiembre de 2021

El final de "La niña santa" y de una entrevista reciente a Lucrecia Martel

La niña santa (2004) quizá sea mi película favorita de Lucrecia Martel, lo que implica una de mis películas favoritas de cualquier época. Será porque a Lucrecia la descubrí como cineasta demasiado tarde. Lo que es común en mí. Soy el último o el anteúltimo en darme cuenta de las cosas importantes. La ciénaga, por ejemplo, la vi varios años después de su estreno. Pero yo a ella la conocía personalmente desde hacía una década. Los dos estudiamos por la misma época en la escuela de cine del INCAA, por entonces llamada CERC y hoy ENERC. Lucrecia fue para mí durante los 90 esa rubiecita de tonada salteña y modos suaves que en medio de un conflicto con las autoridades de la escuela, a comienzos del menemismo, había propuesto en una asamblea estudiantil ocupar el CERC y tomar de rehén a su director, por entonces Humberto Ríos. Los asambleístas nos miramos desconcertados. Esa fue la primera vez que me llamó la atención: una propuesta política tremenda planteada con esa forma dulce de hablar que ella todavía conserva. El contraste entre la radicalidad y los modos fue la impresión  que guardé de ella durante varios años.

La vida siguió y me enteré de que mi compañerita del CERC había hecho su primera película, La ciénaga, aclamada por la crítica mundial. Un par de años después me la encontré en el hall de Abasto y nos saludamos. Le mencioné La ciénaga, le dije que todavía no la había visto y le pregunté si aún estaba en cartel. Qué papelonero. "No, las películas no duran tanto" me contestó, comprensiva de mi despiste. Meses después La ciénaga se repuso en la ya desaparecida Sala Tita Merello de Suipacha y Corrientes. Fui a verla y me cayó la ficha de que el cine argentino había ingresado al nuevo siglo en gran forma. Desde Favio no se producía una irrupción tan despampanante. En La ciénaga emerge la poética de Martel ya consumada. Pero yo llegué dos años tarde. Ahora pienso que deben estar pasando cosas extraordinarias de las que me voy a enterar más adelante.

Pero cuando se estrenó La niña santa yo ya estaba pendiente de quien considero une de les más grandes cineastes del mundo. Fui al estreno. El segundo largo después de un comienzo tan alto es decisivo: ahí se ve si el debut fue un hito insuperable o solo el comienzo de una gran obra. Con el NCA pasó varias veces eso de celebrar al autor de un solo hit. La niña santa es extraordinaria. Una comedia bressoniana, cruzada de citas evangélicas en tono mordaz, con diálogos de una gracia y precisión pasmosas, con un elenco afiladísimo: las mejores actuaciones en cine de Mercedes Morán, Alejandro Urdapilleta, Carlos Belloso, Arturo Goetz, Mónica Villa y las debutantes Maria Alché y Julieta Zylberbeg. 

Será porque con La niña santa llegué a tiempo o porque sus personajes absurdos son tan simpáticos que yo la prefiero. Meses después del estreno, Lucrecia vino a una entrevista pública organizada por La otra. Una concurrencia que desbordaba una sala de Villa Crespo quedó fascinada con esa inteligencia que hoy conoce el mundo. En un momento alguien preguntó por el final tan anticlimático de la película: está por producirse un escándalo, porque en medio de un congreso de fonoaudiólogos uno de los asistentes va a ser denunciado por abuso sexual de una menor, pero cuando la situación va a estallar Martel opta por un ligero desvío y se queda con las dos amigas, Alché y Zylberbeg, que flirtean en una piscina celeste, espacio marteliano por excelencia. Fin. "¿Por qué la terminó ahí, antes de que se produzca la situación explosiva?" pregunta alguien de los asistentes. "Porque no sabría cómo filmar esa escena" contesta Lucrecia.

Se ve que no soy el único fan de La niña santa. En Dolor y gloria, Pedro Almodóvar pone al protagonista de su película a mirar esa escena de la piscina mientras está fumado. Se ve que casi dos décadas después Pedro tampoco pudo olvidarla. Es que ese final condensa las claves del arte marteliano.

La niña santa en Dolor y gloria

Pensé en ese final cuando anoche leí la nota que acaban de hacerle a Martel Miguel Savransky y Valentín Huarte para la página web Jacobin, cuya lectura completa recomiendo. Acá transcribo las últimas líneas de la entrevista:

"La cancelación -dice Lucrecia- no es un problema de todo el feminismo, es muy diverso el movimiento. El punitivismo, la cancelación, me aterran. Pero el silencio con el que cuentan los abusadores es igualmente aterrador. Supongo que podremos encontrar una solución mejor que la cancelación, pero mientras tanto es muy injusto pedir recato después de tantos siglos de opresión. 

"En mi paso por Venecia manifesté que no iba a ir a la Gala de la película de Polanski, en solidaridad, mínima, con las víctimas, porque no hay solo una denuncia contra Polanski. No sabía que Polanski no podía ir a Venecia porque es un país con convenios con EEUU y si toca Italia, INTERPOL puede detenerlo por la condena pendiente en el país norteamericano. Aun así, dije que vería la película. No considero eso cancelación, sino un mínimo gesto para con las víctimas. No estoy a favor de que se prohíban las películas ni ninguna expresión del pensamiento humano. Fue muy interesante ver cómo en J’accuse (2019), Polanski intentaba indultarse identificándose con Dreyfus, un hombre acusado injustamente, que no es el caso de Polanski. Entonces, es importante que todos podamos ver cómo un hombre con todos los recursos para reflexionar sobre sus actos, decide no hacerlo.

"A veinte años de La ciénaga -preguntan los entrevistadores- y cerrado de alguna manera el ciclo del así llamado «Nuevo Cine Argentino», ¿vislumbrás algún aire de renovación en el cine nacional y latinoamericano actualmente? ¿Qué películas o cineastas destacarías?"

Dice Martel: "Perdón, me quedé sin tiempo, tengo que ir a editar".

Para leer el reportaje completo, vayan acá.

domingo, 5 de septiembre de 2021

Netflix es la iglesia evangélica de la pequeñoburguesía ilustrada

El Reino, la serie de los Piñeiyro que traza un retrato burdo y estigmatizante de las religiosidades populares, logra el milagro de que hasta algunas muy buenas actrices actúen muy mal  


La serie de Marcelo Piñeyro y Claudia Piñeiro El Reino es analizada en nuestra columna radial en Patologías Culturales, el programa que sale los sábados a las 18 conducido por Maximiliano Diomedi. En esta columna se analizan la pobreza estética y la estigmatización política de un producto típico para el consumo de las pequeño-burguesías ilustradas que acceden a la industria cultural a través de Netflix. El fenómeno de las iglesias evangélicas es dibujado en la serie con trazos burdos y sin internarse en la heterogeneidad de la religiosidad popular. Piñeyro y Piñeiro logran el milagro de que aún actrices y actores muy buenos estén todos muy mal en El Reino. Escuchen la columna de Oscar Cuervo acá.
 

A Marcelo Piñeyro lo conocemos porque a principio de los 90 adulteró el relato de los inicios del rock argentino en la mediocre Tango Feroz. Claudia Piñeiro aduce persecución solo porque la torpeza con que ejecutó el guión de la serie recibió críticas por su visión estigmatizadora del campo heterogéneo de las iglesias evangélicas.

Las denuncias que hicieron los Piñeiyro sobre los "intentos de censura" fueron en realidad parte de la campaña promocional del producto de Netflix. La serie sigue exhibiéndose sin ningún problema y la autovictimización de sus autores logró que incluso la izquierda troskista se montara en la operación estigmatizadora contra sectores religiosos populares que ofrecen una complejidad sociológica que merecería un tratamiento más serio. 

La autovictimización de Claudia Piñeiro, alegando un intento de censura que no existe, nos hace recordar que ella es la pareja de Ricardo Gil Lavedra, el autor intelectual del lawfare contra Milagro Sala. ´Hay un patrón político común en ambas operaciones: la condena anticipada que sufrió la dirigente de la Tupac y la condena mediática que desde una plataforma trasnacional denigra con un trazo grueso a un conjunto de iglesias muy heterogéneo. Los públicos de clase media evangelizados espiritualmente por Netflix son volubles a la distorsión mediática que demoniza a los luchadores populares y se burla de formas de religiosidad no establecida. No importa la verdad sino una verosimilitud diseñada para públicos autocomplacientes y distraídos. La demonización, mediática o jurídica, se hace siempre en nombre de valores republicanos y en salvaguarda de la libertad de expresión. La barbarie de la televidencia ilustrada, en fin.

viernes, 3 de septiembre de 2021

La primera película que se me ocurre



La primera película que vi en la tele, blanco y negro, imaginate, tengo 90 años, fue El romance del Aniceto y la Francisca, posta, nunca había visto una película entera, menos sabía qué era el cine de autor, me llamó muchísimo la atención la escena en el club, termina una cumbia, la pista se vacía, el plano dura un minuto y cinco segundos, una eternidad, empieza un tango y las parejas se van sumando a la pista, Favio la filma en un gran plano general picado (lo aprendí después) y deja ese tiempo muerto que en el club era normal y en el cine se vive larguísimo aunque, como era la primera que veía, yo no tenía idea de los ritmos del cine. Era un pibe de siete años, así que eso fue el cine para mí. Después me impresionó la curiosa manera de morir de Luppi, tomándose del muro, abrazado al gallo, pensé que todas las películas debían ser así, pero acababa de ver una de las mejores películas de la historia, una de las mejores que vi jamás. Desde esa noche en canal 13 b&n el cineasta Leonardo Favio estuvo en mi corazón y mi cabeza hasta hoy, noventa y nueve décadas después. Vi muchas películas pero esa, que vi de casualidad en la tele, sigue siendo la primera película que se me ocurre.










viernes, 27 de agosto de 2021

Uno cada día

Un nuevo blog de la familia de La otra 

(clickeen acá)

Carmen Cuervo, inédito

La otra es un proyecto de comunicación, creación y pensamiento que nació en 2003 como revista de papel: "Revista de arte y pensamiento". Cuando empezó, La otra no tenía una estrategia. 18 años después seguimos sin tenerla. En el camino fuimos viviendo y dejando algunas huellas. En 2006 nació La otra.-radio los domingos a medianoche en FM La Tribu, donde estuvimos hasta fines de 2015, para pasar en 2016 a Radio Gráfica en un ciclo que terminó al comenzar la pandemia, marzo de 2020. 

En 2008, último día de enero, una amiga pensó que ya era momento de tener un blog e hizo por su cuenta el primer posteo. Al día siguiente empezamos a escribir, principalmente sobre cine, música y filosofía. 2008 fue un año muy importante para la historia argentina: el año de la exteriorización del kirchnerismo  como identidad política. Si al mes de que empezó el blog estalló el conflicto con las patronales agrarias que intentaron destituir al gobierno recientemente electo de Cristina Kirchner, el período 2003-2007, con la presidencia de Néstor, fue el de la incubación de esta nueva identidad política, la primera surgida en Argentina en el siglo xxi, en el seno de la tradición peronista. Pero la exteriorización del kirchnerismo se manifiesta cuando surge su negación, un bloque de poder destituyente: entonces, primero de manera espontánea y cada vez con mayor conciencia, se forjó este movimiento encabezado por Néstor y Cristina que hoy sigue siendo el que más gravitación tiene en nuestra historia reciente, hasta el punto de que su oponente se define no por un proyecto estratégico propositivo sino meramente destructivo: el antikirchnerismo sigue orbitando hasta la obsesión alrededor de la figura del kirchnerismo, y su actual conductora política, Cristina Kirchner, condiciona y ordena todas las disputas, sea a favor o en contra. Los antikirchneristas forman parte de nuestro paradigma y su única razón de ser es extirpar este proyecto político de la historia argentina. Por esa razón contingente, en 2003 con el aparición de la revista y en 2008 con el inicio de este blog, La otra es un proyecto que quedó ligado a la historia del kirchnerismo y la sección política por momentos terminó por acaparar gran parte de nuestra atención.

Carmen Cuervo, publicado el 24/8/2021 en uno cada día

Pero nuestro interés por el cine, la música y la filosofía es igualmente intenso. Durante algunos períodos, sin premeditación, uno de estos ejes pasa al frente y los otros lo secundan. No como tags disociados: nuestro tratamiento de la música y el cine tiene una fuerte impronta política y también se ve estimulado por la interrogación filosófica. En cada posteo sobre conflictos sociales, cine, música, poesía o artes plásticas, siempre aparece una perplejidad acerca de qué es eso de lo que se trata: qué es una canción, qué es el cine, qué es una obra de arte, cuáles son sus maneras de estar en el mundo, cómo interactúan en la polis. Existen algunas orientaciones filosóficas postmodernas que intentan esquivar esta pregunta por lo que es o lo que está en el mundo -en jerga filosófica, este ser/estar se denomina ontología-. Sostenemos que hay cierta fetichización y deshistorización de las palabras en este discurso postmoderno: parecería que bastara con usar otras palabras para que las cosas cambien. Hace poco le hacíamos una entrevista a un joven cineasta que decía que prefería no pensar qué es el cine, sino cuál es el modo de existencia de las películas, como si solo desplazando levemente la terminología se esquivara el peligro del esencialismo. El prurito al nombrar supone que estar en el mundo, ser, equivaldría a postular una esencia atemporal y consistente. Este prejuicio de que ser es consistir ha sido la tradición dominante en el pensamiento occidental desde la antigüedad. Pero una vez que el prejuicio es percibido como tal, el siguiente paso no tendría que tratar de esquivar la interrogación por el "¿qué es...?" mediante una paráfrasis: "prefiero no preguntar qué es el cine sino cuáles son sus modos de existencia". Una manera torcida de decir lo mismo. Si hubiera un eje que define La otra en cualquiera de sus soportes y plataformas es la insistencia en estas preguntas, que valen tanto para la música, como para la cinefilia, las artes plásticas, la tecnología o el peronismo. Preguntar qué son de ninguna manera implica adjudicarles una esencia inmutable, sino constatar lo que se manifiesta, eso que estando ahí nos interroga, nos inquieta y nos desafía.

Este blog fue sumando extensiones en blogs asociados: Un Largo desde octubre de 2013, para publicar textos de una longitud y un tiempo de lectura que exceden los de los blogs habituales, que permanecen a la vista durante más tiempo y van consiguiendo sus lectores a lo largo de los años: textos "de catálogo" (vean, por ejemplo "Nietzsche Largo" el posteo más largo que La otra haya jamás publicado, de 18600 palabras, casi un librito, que hasta el día de hoy cuenta con tres mil quinientos lectores que se suman mes a mes). En enero de 2015 empezamos a editar un blog de fragmentos breves y diarios al que no pudimos darle continuidad. En noviembre de 2017 publicamos KBSAS, que nació acompañando a la agrupación Kierkegaard Buenos Aires, de vida efímera, pese a lo cual hasta hoy se mantiene como blog.

En Youtube La otra tiene un canal desde abril de 2009, que en el último año recibió los aportes creativos de artistas como Raúl Perrone, César González y Martín Farina. En Facebook tenemos un grupo desde julio de 2009. En Twitter estamos con el nombre de usuario oscaracuervo desde octubre de 2010. También estamos en Bandcamp como laotra21, donde ya publicamos tres álbumes con nuestras experimentaciones sonoras. También desde el año pasado tenemos nuestro canal de Ivoox en el que ya publicamos una primera serie de podcasts, que continuarán de manera inminente. Desde diciembre de 2018 también tenemos el perfil @laotra21 en Instagram, combinando imágenes y textos breves, en una fase todavía experimental, a la busca de públicos que no circulan por las otras plataformas. Palabras, imágenes y sonidos combinados son las sustancias por las que La otra se va deslizando a través de ya 18 años. La revista de papel dejó de salir en 2012 cuando se volvió económicamente insostenible. 

Les colaboradores con que contamos en todas nuestras mutaciones y soportes a lo largo de los años se cuentan en centenares. Entre todes contribuyeron a darle a La otra la particular tonalidad en la que vibra. Suponemos que el tiempo nos va a seguir dirigiendo el rumbo, como fue desde el principio.

Carmen Cuervo, publicado el 25/8/2021 en uno cada día

A partir de esta semana el blog uno cada día empieza una nueva etapa. Allí Carmen Cuervo irá publicando sus pinturas de a una por día. Contará algunas veces con la colaboración de otres artistes que aportarán sus voces para hacer un canal de comunicación cotidiana predominantemente visual y poético. Aparecerá ahí la pregunta por el mirar. Este posteo está dirigido a darle la bienvenida a uno cada día

Las pinturas que ilustran este post son algunas de las que ya fueron publicadas en estas primeras jornadas. La que encabeza el post aparece por primera vez en La otra. Ojalá les guste. Lo encuentran clickeando acá. El tiempo está después.

lunes, 23 de agosto de 2021

Kiarostami y las ventanas



[El final de Like someone in love me produjo un shock. La filmografía de Kiarostami me resultaba bastante familiar, ya había pensado bastante en el camino singular que recorrió desde la década del 80, cuando parecía que sobre el cine estaba todo dicho. Pero el piedrazo en la ventana y el corte me sacudieron. Ni sabía que se trataba del final absoluto de su cine. Iban a pasar algunos años para encontrarme con esa evidencia del cierre. Pero qué cierre. Ese final de obra precisamente no cierra nada, no hay final que cierre, el cine no tiene forma de cerrarse sobre sí].




Pocos cineastas me emocionan más que Kiarostami. Pensé mucho en la intensidad con la que su cine me afecta y creo que se trata de su precisa conjunción de sensibilidad y entendimiento. La emoción no surge de una peripecia que pudiera traducirse en palabras, sus peripecias a veces suelen ser simplísimas y en la mirada de otro director podría resultar anodina, sino de la forma en la que logra articular el vínculo entre cine y mundo. Kiarostami es de los pocos cineastas que lograr crear formas que piensan. Lo que su cine piensa es el cine mismo en su inserción en el mundo y la figura primordial que lo organiza es la de la ventana. 




No es el primer cineasta que se vale de la ventana como figura del cine: también lo hace Hitchcock. Sin embargo, sus poéticas resultan totalmente distintas. En Hitchcock la ventana aparece como la tentación del que espía: el goce del espectador como voyeur. En Kiarostami se trata de la dialéctica entre espacio interior y exterior, no como dos ámbitos separados, sino como contiguos. En cada plano en que Kiarostami ve al mundo a través del marco de una ventana nos recuerda que el cine no está separado de la vida sino que no hay marco que no pueda desmarcarse. El cine logra aparecer a través de la figura de su propia inserción en el mundo.




Lo que emociona, entonces, es la fragilidad perpetua de toda mirada.

[Sé que estás líneas no dicen con suficiente claridad la relación entre forma y emoción en el cine de Kiarostami, pero lo dejo acá anotado para una posterior revisión].

Continuá acá: https://kbsas.blogspot.com/2021/09/abbas-kiarostami-judith-butler-marcos.html

jueves, 19 de agosto de 2021

Tres piezas nietzscheanas: risa y temblor


I 

 Parágrafo 125 de La Gaya Scienza

 '¿No oyeron hablar de aquel loco que, con una linterna encendida en pleno día, corría por la plaza y gritaba sin cesar: "¡Busco a Dios! ¡Busco a Dios!"? -Y como precisamente se habían juntado ahí muchos que no creían en Dios, sus gritos provocaron risas. ¿Se te perdió?, dijo uno. ¿Se extravió como un niño?, dijo otro. ¿No estará escondido en algún sitio? ¿Nos tiene miedo? ¿Se ha embarcado? ¿Emigró? -así gritaban y se reían a coro. El loco los encaró, les clavó la mirada y exclamó: '¿Dónde está Dios? ¡Se los voy a decir! ¡Lo matamos - ustedes y yo! ¡Todos somos sus asesinos! Pero ¿cómo lo hemos hecho? ¿Cómo hemos podido vaciar el mar? ¿Quién nos dio la esponja para borrar completamente el horizonte? ¿Qué hemos hecho para desencadenar a esta tierra de su sol? ¿Hacia dónde rueda ahora? ¿Dónde nos lleva su movimiento? ¿Lejos de todo sol? ¿No nos precipitamos en una constante caída, hacia atrás, de costado, hacia adelante, en todas las direcciones? ¿No erramos como a través de una nada infinita? ¿No sentimos el aliento del vacío? ¿No hace ya frío? ¿No anochece continuamente y se hace cada vez más oscuro? ¿No hay que encender las linternas desde la mañana? ¿No seguimos oyendo el ruido de los sepultureros que enterraron a Dios? ¿No seguimos oliendo la putrefacción divina? -¡los dioses también se descomponen! ¡Dios ha muerto! ¡Dios está muerto! ¡Y lo matamos nosotros! ¿Cómo vamos a consolarnos nosotros, asesinos entre los asesinos? Lo más sagrado, lo más poderoso que había hasta ahora en el mundo ha teñido con su sangre nuestros cuchillos -¿quién nos quitará esta sangre de las manos? ¿Qué agua podrá purificarnos? ¿Qué solemnes expiaciones, qué juegos sagrados habremos de inventar? ¿No es demasiado grande para nosotros la magnitud de este acto? ¿No tendríamos que convertirnos en dioses para resultar dignos de semejante acción? Nunca hubo una acción más grandiosa -¡y todo el que nazca después de nosotros pertenecerá, a causa de esta acción, a una historia más elevada que lo que la historia fue hasta ahora!'. Al llegar a este punto, el loco se calló y miró de nuevo a sus oyentes: ellos también se habían callado y lo miraban sin entender. Por último, tiró la linterna al suelo, que se rompió y se apagó. 'Vine demasiado pronto -dijo él entonces-, mi tiempo no ha llegado aún. Este formidable acontecimiento está todavía en camino, avanza, pero aún no ha llegado a los oídos de los hombres. Necesitan tiempo el relámpago y el trueno y la luz de los astros para ser vistos. También necesitan tiempo los actos después de su realización. Esta acción es para ellos más lejana que los astros más lejanos -¡y sin embargo son ellos los que lo ejecutaron!' Cuentan también que ese mismo día el loco entró en varias iglesias en las que entonó su Requiem aeternam Deo. Cuando lo echaban de ellas y le preguntaban por qué lo hacía, él no dejaba de repetir: '¿Qué son estas iglesias, sino los sepulcros y los monumentos funerarios de Dios?'" 
Friedrich Nietzsche

Ilustración: Carmen Cuervo


II 

Mi ángel de la guarda está tirado en el sillón,

descompuesto

dice que las espadas están superadas

y las alas, peor, no se usan más, que ya nadie sabe con qué atacar la “materia”

Mi ángel anduvo consultando con colegas y demonios menores, fáciles de abordar.

Juran que tampoco entienden mucho.

Los demonios mayores se frotan la falta de manos, o las colas, pero es por puro alarde, me explica, ellos tampoco se adjudican la autoría.

¡Nadie entiende!

Mi ángel de la guarda es viejo, es decir, antiguo. Debería saber.

Pero no se le ocurre ninguna comparación. “Esta época es incomparable”.

Yo estoy tirada en el otro sillón

lo sigo con los ojos

me habla directamente con las plumas

-eso lo mantenemos-

está asustado, creo

no tanto como yo

que, aunque él diga lo contrario,

sólo me acuerdo de la mortalidad.

Daniela Andújar

III

La escritura de La Gaya Scienza coincide con un momento de salud delicado para Nietzsche. En 1880 empieza su última década filosófica. Sus malestares se agravan: terribles dolores de cabeza, ceguera progresiva y problemas gástricos. Sufre  la comida, la humedad, el viento. Son sus años errantes. Deambula por Europa: norte de Italia, Suiza, Alemania. ¿Qué busca? El clima que le deje vivir. No vive una vida jovial. Cuando escribe de su risa olímpica, Nietzsche está delineando un personaje literario.

La jovialidad es efecto de la liberación del peso de la verdad que agobia a los seres humanos. La verdad pesa y entristece. Una vez que el hombre y la mujer descubren, escribe Nietzsche, que la verdad es un invento propio, ya no se ponen por debajo de ella, la tratan como que la manejan y se jactan de eso. El eje vertical -arriba/abajo- organiza la visión nietzscheana de la vida. La postmodernidad que colonizó el sentido común de la socialdemocracia francesa -y en consecuencia porteña- se entusiasma con el giro emotivo y deviene jovial. O trata.

No es nuevo. Así es como en la filosofía se producen los ínfimos desplazamientos de sentido. Nunca es una simple adulteración. La filosofía no habla un léxico convencional, se ve corroída como toda lengua que no responde a la voluntad de nadie. Se toma un fragmento, se lo quita del flujo del pensamiento nietzscheano, de la tragedia en medio de la cual aparece, se lo resalta, se lo hace circular de mano en mano como una moneda que se gasta, lo sabían los cínicos. A la scienza jovial se le ha sacado densidad. La muerte de la verdad y de Dios no son en Nietzsche acontecimientos jocosos sino catástrofes que abaten la civilización europea -hoy global. Europa exportó su ruina. Y arrasan el cuerpo de su profeta. Nietzsche lo llama advenimiento del nihilismo. ¿Es jocoso para sus lectores tardos? Lo que hoy vive el mundo es el hoyo del nihilismo, lo que dice el loco de la linterna en La Gaya Scienza. No hay título menos entendido. Esta es la clave para ubicarse política y personalmente en la época. La muerte de la verdad significa que el fundamento falta. No una simple falta de conceptos sino que falta el piso sobre el que pararse.

Oscar Cuervo

[Texto completo, acá: http://unlargo.blogspot.com/2018/01/nietzsche-largo.html]

domingo, 15 de agosto de 2021

La geopolítica del Homo Sapiens y los desastres naturales

Olivo en 2021

Melendugno. Olivo de 2500 años, me dijeron.


por Lidia Ferrari

Estuve en la región de Puglia en 2015. Por primera vez visitaba esa hermosa región que viví como un Jardín de Olivos. Durante kilómetros y kilómetros la belleza del paisaje de los verdes olivos se extendían por todo el territorio. El lugar de mayor densidad de olivos del mundo, decían, y los más antiguos. En una librería encontré un libro con fotos de los más bellos, gigantes y ancianos, que ostentaban su vejez sin pudor desde hace siglos. En mi biblioteca ese libro tiene un lugar destacado. Este año fue diferente. Al llegar al Salento, la parte sur de Puglia, el paisaje mostró una trágica faceta que nunca hubiera deseado ver. Los olivos que me habían enamorado estaban secos, muertos. Han sido infectados por una bacteria llamada Xylella. No podía dejar de entristecerme y angustiarme por ese paisaje que tanto me había fascinado en el 2015. Son 750000 hectáreas dañadas y millones de plantas de olivo que han muerto. Los que saben dicen que esos olivos que han sobrevivido siglos y milenios se enfermaron porque el territorio estaba enfermo. Múltiples factores debilitaron a los olivos que no pudieron defenderse de la bacteria. Los agentes químicos, la desertificación, las migraciones y la menor biodiversidad fueron destruyendo el ecosistema. 

Debe ser así, porque si sobrevivieron cientos y miles de años, ¿qué hizo que no pudieran resistir este embate del destino? Pienso en los olivos y me inunda la tristeza. Cuando se habla del cambio climático, como lo hacen en los medios, parece algo lejano, de otra galaxia. Esta visita me confrontó con lo inexorable de una destrucción en marcha. Pero no de cualquier destrucción, sino de la humana destrucción. Esa verdad revelada ante mis ojos me produjo, me produce, un dolor profundo. Recordé que me hablaron de algo similar con los cardones de la Puna, algunos centenarios que están muriendo. Y fui a indagar. Y también es terrible. Los cardones gigantes de la Baja California se están muriendo. Los informes que leí hablan de que ‘no saben’ qué los enferma. Pero los expertos sobre la tragedia de los olivos nos hablan de ese conjunto de razones humanas para que estas especies centenarias no pudieran sobrevivir en los últimos años cuando sobrevivieron siglos. 

En 6 años pasé de visitar el Jardín de los Olivos al Cementerio de los Olivos. La gente del lugar habla de la tragedia, pero lo viven como una fatalidad. Los comprendo, son los que te cuentan que no hay trabajo, que la mayoría emigran al norte. Su vida también se desertifica allí y deben huir. Ellos también están amenazados como los olivos por ese mal que corre por el planeta sin que nada lo detenga. La depredación humana aniquila… Sobre esa tragedia, encima, no se detienen los provocadores de incendios. Algunos piensan que es una oportunidad para hacer negocios. Radix malorum est cupiditas (la raíz del mal es la codicia). No hay nada que hacer con eso. 

Pero las oleadas de extinción y la tragedia ecológica se iniciaron con la colonización de los Sapiens, nos cuentan los antropólogos. Por eso sería difícil decidir cuál estrategia geopolítica estuvo en la base de tales desastres. Sin duda, el capitalismo industrial ha sido un principal protagonista. Pero hasta Freud dice, casi de modo ingenuo, que una de las tareas del ser humano es dominar la naturaleza. Se supone que para su beneficio. Se está enterando ahora que ese tipo dominio no lo lleva sino a su propia extinción. Como la maquinaria capitalista que no puede frenarse porque su lógica es sin fin y, afirmada en ese dominio de la naturaleza, se juega la especie. 

Desde nuestra finitud de seres singulares no podemos aprehender lo que sucede con los tiempos siderales de la tierra, como planeta. Las decisiones geopolíticas pueden exacerbar la maquinaria capitalista o ralentizarla, pero ese atributo depredador del Sapiens parece irrefrenable.

Estamos viviendo ‘ahora’ los efectos de ese ‘dominio de la naturaleza’ fuente del ‘progreso civilizatorio’. Los olivos milenarios. Los gigantes cardones. La colosal bajante del río Paraná. La emergencia hídrica de Asia Central con la casi desaparición del gigantesco Lago Aral. No sabíamos que anidaba allí la mayor barbarie, esa que los civilizados industriales capitalistas le endilgaban a los salvajes. 

Mientras los desastres sucedieran lejos, no importa. Pero ahora están aquí. Pocos tomaron nota de la encíclica del Papa Francisco, Laudato Sii, sobre el cuidado de la casa común. Hay mucha prédica mediática y hasta política, pero sospecho que es más de lo mismo. Pues no se detiene la maquinaria si siguen jugando a aprovechar la emergencia climática para sus negocios y ciertas políticas. La pregunta crucial es: ¿alguien puede detener esto?

jueves, 12 de agosto de 2021

Bresson, probablemente




Si hubiera que reducir toda la historia conocida del cine a lo esencial

y quedarse con lo mínimo indispensable

que pudiera contenerlo todo

(procedimiento harto discutible, ya que ¿por qué prescindir del resto?

pero ya aplicado por la fenomenología)

si me pidieran que lo hiciera

me quedaría con solo dos películas

del mismo cineasta

Robert Bresson



Un condenado a muerte se escapa 

que la hizo a los 55 años

y contiene todo el clasicismo posible, con sus elementos mínimos

El diablo, probablemente

filmada en el terrible 1977

a sus 76 años

que abre la contemporaneidad

dos películas simétricas opuestas

que a la vez resumen toda su obra

dos condenados a muerte

uno se escapa y el otro no

dos películas con sus marcas históricas definidas

la segunda guerra, la resistencia, la liberación

y el capitalismo tardío con su estela de devastación

dos finales simétricos y anunciados desde los planos iniciales de cada película

renunciando a toda intriga sobre el resultado

y ateniéndose concisamente al camino

porque la verdad no es el resultado 

sino el camino




dos pares de compañeros

dos muros saltados

y en ambas la escapada final hacia lo oscuro 

Bresson ya se había ganado el porvenir del cine con su prodigiosa década del 50

y ya anciano a los 76 vuelve sobre el motivo de la condena y la salvación

con especial atención a la presencia del prójimo

y sus resultados diversos

cuando al final de Un condenado a muerte se escapa

Fontaine salta el muro

y advierte que solo no habría podido hacerlo, salvarse

se abre el sentido, tan retaceado hasta ese momento de la película

"Solo no habría podido"

y al final de El diablo, probablemente

después de saltar otro muro

Charles se detiene para empezar a decirle a Valentin

"¿Quieres que te diga...?"

será interrumpido por la decisión de su compañero

seca, inapelable

la frase queda trunca

podría haber sido de otra manera

pero el dilema se repite: lo que un hombre puede o no puede hacer solo

lo que solo puede hacer con otro

el amor y su falta

si me pidieran que redujera todo el cine a su núcleo esencial

diría

Un condenado a muerte se escapa

El diablo, probablemente.