miércoles, 21 de septiembre de 2016

El ladrón, el carnicero y su presidente


por Cláudio Boyé 

Escena 1: Julián Cirigliano, jugador del equipo de rugby San Cirano, empuja y tira al piso a un hombre indigente; luego, sube corriendo a un auto desde donde están filmando la escena. Se escuchan risas.

Escena 2: En la ciudad de Zárate, un delincuente que había asaltado una carnicería junto a un cómplice termina aplastado entre las ruedas del auto del comerciante y el poste de un semáforo, mientras vecinos del lugar lo insultan y golpean. Poco tiempo después, muere.

Escena 3: El Presidente Macri dice: (el carnicero) debería estar con su familia, tranquilo, tratando de reflexionar sobre todo lo que pasó, mientras la justicia decide.

Las escenas 1 y 2 corresponden a imágenes subidas a la WEB y luego reproducidas por los medios masivos de colonización (acertada expresión de Nora Merlín). Todo un signo de nuestra época. En el primer caso se trata de violencia de clase, que como corresponde fue fuertemente criticada por todos los medios. No porque cuestionen su existencia, sino por lo explícito de las imágenes. No tienen la misma vara cuando se trata de la violencia ejercida por los CEOs del Estado, o por los empresarios, dueños no sólo de los medios de producción, sino también de las vidas de los que venden o alquilan su fuerza de trabajo. Ya se trate de cesantías masivas, de represión policial a manifestaciones populares. El gobernador Morales es un ejemplo de la violencia y la arbitrariedad del Estado, al convertir a Jujuy en un laboratorio donde se llevó a cabo el primer ensayo de cómo usar el poder para vengarse de sus enemigos de clase. Milagro Sala es su trofeo.

En la segunda escena se puede ver a un presunto delincuente aplastado por el automóvil de Sergio Oyarzun, alias el carnicero, y a una turba que termina ejecutando a quien ya habían condenado, movidos solo por la identificación recíproca entre los participantes. Identificación al Ideal sin mediación alguna, así define Lacan a la locura por fuera de la psicosis. Ejemplo, si los hay, del debilitamiento del vínculo social. La convivencia humana sólo se vuelve posible cuando se aglutina una mayoría más fuerte que los individuos aislados y cohesionada frente a estos. Ahora el poder de esta comunidad (Estado) se contrapone, como derecho, al poder del individuo, que es condenado como violencia bruta, plantea Freud en El malestar de la cultura, y luego concluye: esta sustitución del poder del individuo por el de la comunidad es el paso cultural decisivo. Su esencia consiste en que los miembros de la comunidad se limitan en sus posibilidades de satisfacción, en tanto que el individuo no conocía tal satisfacción.

El siguiente requisito es que el orden jurídico no se quebrantará para favorecer al individuo. Si esto no ocurre, la locución latina, tomada de Plauto, homo homini lupus (el hombre es el lobo del hombre), se instalará como única regla dentro de la comunidad y, en tal caso, el vínculo social habrá desaparecido. Como sociedad volveríamos a la ley del Talión, sin Código Hamurabi de por medio. ¿Por qué es necesario decir esto? El Código Hammurabi (1300 a. C.), código de leyes, unifica los diferentes códigos existentes en las ciudades del imperio babilónico. Pretende establecer leyes aplicables en todos los casos e impedir así que cada uno "tomara la justicia por su mano", pues sin ley escrita que los jueces hubieran de aplicar obligatoriamente era fácil que cada uno actuase como más le conviniera. En este sentido, el crimen del carnicero junto con la turba de Zárate es, si se me permite, pre-hammurábico. Ni siquiera se trata de la ley de la selva pues, si fuera así, habría una ley, y en este triste episodio no hay ley, sólo hay pasaje al acto. Para el psicoanálisis el pasaje al acto se sitúa como un más allá del principio del placer y, por lo tanto, está enteramente ligado a la pulsión de muerte.

Lacan, en el Seminario La angustia, se refiere a que la violencia real surge cuando la estructura simbólica que garantiza la vida de la comunidad se desmorona. Es un momento en el que no se piensa, se actúa.  Esta antinomia entre pasaje al acto y pensamiento se observa en muchas situaciones, desde pasajes al acto simples hasta homicidios.

Estas imágenes que se desarrollan ante nuestra mirada son sancionadas como ejemplo por una voz que aparece en la Escena 3. La voz del Presidente Macri hablando por radio y diciendo que el carnicero es una persona sana y querida y que, por eso y porque él lo dice, debería estar en su casa y con su familia. No es casual que al día siguiente esto se haga efectivo por vía judicial. Es la voz del amo que engorda su ganado. Ese que tiene sed de venganza y que encuentra la sanción simbólica de la máxima autoridad en nuestro sistema presidencialista. Voz que es acompañada por otras, del ministro de Justicia, de los medios concentrados, que convierten al homicida en un modelo de conducta frente a la inseguridad ciudadana. El carnicero, el médico, el remisero, son los paradigmas de una sociedad amenazada en su vínculo social por políticos y políticas neoliberales, constructores de subjetividades individualistas que se pueden caracterizar como la primera figura del individualismo moderno, al decir de Hegel, la del deseo de goce inmediato sin reflexión alguna. Como en el primer Fausto de Goethe, “la conciencia desprecia el entendimiento y la ciencia, supremos dones concedidos a los hombres, y se entrega en brazos del demonio".

Las consecuencias en el orden social y de la subjetividad son las que hemos mencionado y son las que el modelo neoliberal necesita para imponer su modelo económico. No son consecuencias de la falta de experiencia para gobernar lo que está sucediendo sino de un objetivo del sistema capitalista, que es el de capturar y moldear este tipo de subjetividad que se ajuste a sus fines. Para esto, los medios masivos de colonización son parte de sus instrumentos.

* Claudio Boyé es psicoanalista y docente de UBA.