lunes, 5 de septiembre de 2016

La unidad por abajo

La columna política de La otra.-radio de anoche, para escuchar clickeando acá


Un par de días después del derrocamiento de Dilma en Brasil mediante un procedimiento amañado que no tiene la menor legitimidad política y vulnera la voluntad popular, en un contexto internacional donde parece que el sistema neoliberal cubre al planeta entero sofocando a las democracias que florecieron en América Latina en las últimas décadas, aparece una vez más la singularidad argentina. Plasmada en la multitudinaria Marcha Federal del viernes en la Plaza de Mayo, fruto de la firmeza política de los conductores de sendas CTAs, Yasky y Micheli, pero sobre todo de corrientes profundas de la sociedad argentina que persisten desde mucho antes, desde muchos antes.

No sabemos si fue el acto opositor más numeroso en los 9 meses del régimen macrista, pero según nuestra evaluación es el más cargado de futuro. El acto político que saca a la luz la posibilidad estratégica de ponerle un límite al avance atropellador y ciertamente brutal de la derecha local/trasnacional y su corte de habitantes del poder permanente: no solo los CEOs del régimen, sino los peronchismos oficialistas de todos los gobiernos, desde la Triple A hasta acá, corresponsables de la entrega del patrimonio nacional, quienes desde que subió macri se muestran dispuestos a abrirse de gambas una vez más, junto con las distintas variantes color caca (marrón claro o marrón oscuro) del amarillo bilis gobernante, el opicialismo massista y sus diversas alquimias de desechos del menemismo, duhaldismo, ucedeísmo, y los arrepentidos de todo que quieren acomodarse en las boletas panperonchistas de Sergio, el visitante asiduo de la Embajada, con la anuencia de la lacra cupular sindical que se vende por la guita de las obras sociales y la permanencia en el cargo.

El acto de la Plaza tiene un efecto saludablemente descolocante para todos los que ya se habían repartido las pilchas del muerto que todavía no había dejado de respirar y que, por lo visto, goza de buena salud y no fue invitado a su propio sepelio. Yasky la llamó "la unidad por abajo". La unidad que el pueblo se las arregla para armar desde abajo es el soplo de aire fresco que en nada se parece al clima sofocante del sistema de medios del régimen. La unidad por abajo marca precisamente el carácter fallido de ese anillo mediático, Y sale a la calle a ponerle un límite a la ilusión de un conservadurismo con elecciones cada cuatro años y un tercio del país durmiendo debajo de los puentes o muriendo bajo las balas de la policía.

La unidad por abajo que tan acertadamente denominó Yasky, que no es una unidad plasmada sino un work in progress, resistido o recelado incluso por sectores del campo popular que muchas veces son propensos a comerse las operaciones del poder. La unidad por abajo descoloca a una izquierda que se alegra cuando al pueblo le va muy mal, porque piensa que así tiene posibilidades de crecer (y esto explica que La Izquierda Diario hiciera una cobertura periodística de la marcha tan mezquina como la de los medios más oligarcas).

La unidad por abajo es posibilidad, programa, tarea para los próximos meses y años, algo más decisivo, mucho más que las boletas electorales del año que viene. ¿Cómo metemos la Marcha Federal en una boleta? preguntaba un amigo. Y se nos ocurre que hay mucha ansiedad por la boleta, cuando la unidad por abajo es lo decisivo. Porque la boleta que podamos garabatear en un rato o dentro de dos meses puede tener un 60% de traidores que se atornillen a la banca ni bien asuman y empiecen a operar para ser admitidos como la pata peronista del régimen, al mejor estilo de los Bossio, Peceto al horno y tantos gobernas, senadores, diputados y burócratas.

El único reaseguro contra estos vendidos que siempre van a aparecer es la unidad por abajo. Esa que obliga a todos a repensar su propia posición de piezas en el tablero. Cuando el Chino Navarro había empezado a arrimarse al massismo porque "Cristina es cosa del pasado y a mí los domingos a la noche me gusta ver películas", cuando el Grupo Esmeralda, Ráscame la Espalda estaba recalculando la remake de la renovación ochentista para perder con Menem, aparece esta fuerza no calculada de la unidad por abajo.

La unidad por abajo no está concluida, es tarea. Incluso dentro de las diversas fracciones de ATE, en la interna cegetista, en los distintos sectores del kirchnerismo, el trosquismo más dinámico, son las bases que construyen desde abajo y crecen desde el pie las que indican que hay formas de encarar el futuro que pueden nutrirse del desgaste que está mostrando y difícilmente logre revertir el régimen. 

El kirchnerismo está obligado a pensar la diferencia que va desde la homogénea y autolimitada Marcha de la Resistencia a la impura, contradictoria, tensa y fértil unidad por abajo de la Marcha Federal. No por resultadismo, sino porque lo de esta semana sí que es auténtico empoderamiento, aunque (o quizás incluso porque) no tenga que sostener la consigna "Cristina Conducción". Ya veremos.

Cristina militante para los kirchneristas y unidad por abajo con los sectores que Yasky define con precisión como campo popular. Que vale la pena repasar:

"Solamente es posible este hermoso acto con esta unidad de los trabajadores. La unidad que marca un momento nuevo, distinto en la confluencia del movimiento sindical y de los movimientos sociales. La unidad en la convergencia con el movimiento estudiantil, con los organismos de derechos humanos. La unidad con los pequeños productores de las PYMES, los pequeños productores del agro y de la agricultura familiar, la unidad con los trabajadores informales, la CNCT, la CTEP, las empresas recuperadas, la Federación Tierra y Vivienda, el Frente Transversal, muchas más. Unidad con las organizaciones de izquierda, con las organizaciones que representan al sector agrario. Unidad con los cooperativizados: esa unidad es el mapa del campo popular que el neoliberalismo quiere dividido, quiere roto, quiere que cada pedacito no encastre con el otro. Si ellos nos logran dividir, van a lograr dominarnos. Si nosotros construimos la unidad con la convicción de que esa unidad es para la lucha, por la liberación, por la emancipación, por la justicia social, si esa unidad la construimos, somos invencibles. Hoy casi sin darnos cuenta, casi sin ser conscientes, la historia nos pone en un punto en el que somos protagonistas de un cambio profundo, de una nueva historia. Y hoy es el día en que la historia nos dice: "la Argentina va a cambiar porque este pueblo no se arrodilla ante el poder económico ni ante la represión". Para nosotros no es lo mismo que no hubiesen estado acá los compañeros del Sindicato de Camioneros y el compañero Pablo Moyano de la CGT. No es lo mismo si no hubiese estado acá el compañero Sergio Palazzo, el compañero Gillini, el Gringo Amichetti y el resto de los compañeros de la Corriente Federal, no hubiese sido lo mismo si no hubiera tantos compañeros y compañeras de sindicatos de la CGT. Ahí por abajo, la unidad entre la CGT y la CTA crece, se hace fuerte, y esa unidad por abajo es la que nos permite decir que estamos en camino de la construcción del sujeto colectivo que va a poner en este país la agenda social que el gobierno se niega a discutir".

Los columnistas de la derecha todos acusaron el golpe y este domingo hablaron de cualquier verdura, básicamente más de lo mismo, intrigas de Comodoro Pipí, internas de los services, amenazas telefónicas a payasos tristes, containers contaminados y cualquier otra huevada que les evite el mal trago de percibir el temple de la calle. La unidad por abajo.

De algo de esto hablamos anoche en La otra.-radio, por radio Gráfica. Lo pueden escuchar clickeando acá.