Foto: Nadia Albarracin


viernes, 26 de octubre de 2012

La misión del comandante Asthar Sheran

Una película de de Ernesto Baca estrenada en el docBsAs


por Martín Farina

La película de Ernesto Baca, con música de Xvox y producción de Mauro Andrizzi, es una gran recopilación de vídeos de youtube, que con sus matices, relatan la profecía del 2012. Reduzco el término profecía al singular, porque implicaría un naufragio seguro el intento de clarificar el crisol de variedades que allí proliferan. Según palabras del director, el proyecto se le manifestó de esa manera, inesperadamente.

Destaco la idea de recopilación no porque quiera ser peyorativo, o porque pretenda ocultar el trabajo de montaje que por cierto es enorme, sino porque advierto en el film una cualidad inusitada que no pude completar hasta escuchar al director después de la proyección.

Como se puede imaginar sin ser muy original, la cualidad visual que presentan ese tipo de vídeos  en youtube generalmente es el eclecticismo altamente disonante entre imagen y sonido, y también entre las imágenes sin más. La variedad de colores, los efectos visuales, el planteo tipográfico, y el antropomorfismo de figuras celestiales o mitológicas... ponen de manifiesto el intento desgarrador por traducir lo indecible, por cualquiera. Cualquiera tampoco es peyorativo, sino inclusivo. La herramienta de comunicación youtube está al alcance de la mano, y más allá de lo despampanante e inverosímil del dispositivo hay la sensación profunda de familiaridad con muchos de los conceptos allí expresados.

Aquí veo la cualidad del film: la paradoja fuera del film. Más allá del mensaje propio del dispositivo cinematográfico, hay un segundo dispositivo que activa el director en su charla con el público. Se muestra convencido de la veracidad e inclusive suma anécdotas personales que refuerzan el despertar sobrenatural en los oyentes. Es ese momento en el que nosotros, los espectadores, nos sentimos como idiotas, como que nos están cargando en la cara, aunque no nos animamos a desbaratar ese dispositivo delirante. Justamente, porque sería lo más fácil. Quizás lo inmediato. Y también porque ¿quién puede estar seguro?

La ironía del director hubiera sido tal vez el calmante que le devuelva al espectador la posibilidad de seguir existiendo con cierta familiaridad, pero aquí el director dobla la apuesta. No sé si se puede separar el film de la performance, me imagino que solo en ese conjunto completan el sentido de la experiencia. Por eso no veo en el film un fuera de campo, sino más bien un fuera del film; haciendo de la experiencia visual la presencia del dispositivo posterior inevitable para certificar la paradoja, apostando a la credibilidad y no a la ironía.

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