Cadete





miércoles, 10 de octubre de 2012

Un momento puramente lyncheano


Just you
And I
Just You
And I
Together forever
In love
Just you (just you)
And I (and I)
Just You (Just you)
And I (And I)
Together forever
In love
In love
We go strolling together
IN love
We go strolling forever
Oh oh oh
Just you (just you)
And I (and I)
Just you (just you) And I (and I)
Together forever
In Love
Just you
And I
Just you
And I

Es decir: un momento totalmente encantador. Escenas como esta hay unas cuantas en la filmografía de David Lynch. La que aquí citamos pertenece al segundo capítulo de la segunda temporada de Twin Peaks, la serie que hizo una incisión irreparable en la experiencia televisiva, aquella a la que todas las series contemporáneas emulan con éxito dispar. Twin Peaks sentó las bases de la narración mutante, con proliferación descontrolada de tramas y subtramas, y final abierto. Las coordenadas narrativas de Lynch parecen desarrollarse en la intersección de universos paralelos, sin que nunca sepamos del todo si lo que estamos viendo ocurre en el acá, en el allá, o entre ambos. Esta indeterminación fue llevada hasta el paroxismo en Twin Peaks y luego alcanzaría el rango de logro magistral en Mulholland Drive. Pero en los 90 y en la tele, Twin Peaks fue demasiado. Las osadías de Lynch luego serían disciplinadas por sus émulos y lo desconcertante se volvió sistemático.

Nunca lograremos acordarnos bien qué viene antes o qué viene después de cada visión salida de la cabeza enfermiza de Lynch, pero sus grandes momentos parecen imponerse por la fuerza de una fascinación arrolladora, liberada de la sujeción del relato. Una narración fuera de quicio. 

La que acá vemos es una mezcla adorable de candor, dulzura, romanticismo, ironía, elegancia retro, comicidad subterránea y demencia desatada. ¿Por qué están los tres jóvenes tan conmovidos al cantar esta canción? ¿Por qué nos conmueven tanto a nosotros, si por otro lado nos resultan ciertamente ridículos? ¿Será esa vacilación acerca de cuál es el sentimiento correcto frente a momentos así lo que nos descoloca? ¿Será que las melodías de Angelo Badalamenti son de una sencillez desopilante, a la vez que de un romaticismo arrebatador? ¿Será que todas las canciones de amor y todos los enamorados son y serán siempre ridículos? ¿O qué será?

1 comentario:

julieta dijo...

pero es muy linda esa escena!! :)