Cine y pensamiento







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miércoles, 28 de mayo de 2014

Doce Casas. Historias de mujeres devotas

El ciclo de Santiago Loza y Eduardo Crespo 






¡Oh, qué sentimiento!

Ser es creer.

por Alito Aep

El ciclo reproduce el clima del teleteatro argentino clásico: largas escenas que se desarrollan en interiores (por lo general, el living de una casa), pocos personajes, diálogos extensos, planos que se demoran sobre los rostros de los actores, música que remarca los estados emocionales. Los decorados, visiblemente armados en estudios, llenos de muebles y objetos reales, iluminados intensamente. Todos esos elementos configuran un hiperrealismo extraño, onírico, que debajo de una aparente imitación de la vida cotidiana, se hace verosímil no por el parecido con la realidad, sino por su capacidad de resonarnos a nivel emocional y simbólico.

Sin embargo, se le quita a la estructura del teleteatro clásico sus bases argumentales: la verdad oculta que, cuando sea revelada, cambiará la vida y las posiciones de poder de los personajes, y la marcada línea divisoria entre malos y buenos, franqueable sólo en situaciones excepcionales. Al quitarle este dique, el foco se centra en el mundo interno de los personajes, que pueden fluir en sus delirios, enfrentarse con sus aristas más extremas, sincerarse emocionalmente, sin temor de mostrar contradicciones o ambigüedades. Como si a esos personajes de teleteatro, se les dijera: “en este mundo podés ser todo lo que sos, aquí no se juzga a nadie”.


Llevo vistas, hasta ahora, cuatro de las ocho historias que pasaron. De todas ellas, la séptima, la de Andrea (mes de julio), fue la que más me impresionó. Me identifiqué profundamente con la protagonista; hizo vibrar aspectos míos que tienden más bien a dormirse en el realismo capitalista de la vida diaria.

Los diferentes caminos posibles en la búsqueda del amor, de la fe, del sentido de la soledad y del sacrificio; la emocionalidad que nos desborda; los recursos que nos permiten sobrevivir.

Conviven en esta historia Flashdance y Carl Dreyer. Comienza jugando con el parecido físico entre Ailín Salas y Jennifer Beals, pero termina siendo el otro personaje, Andrea (Cecilia Ursi), la que resuena con ambos aspectos de una misma personalidad: la asceta, casi una monja, que mira al mundo desde afuera (y desde arriba), y la trabajadora capaz del sacrificio por ser la mejor bailarina.

Oh, what a feeling!
Being’s believing!

(Doce Casas sale por la TV Pública de lunes a jueves a las 22:30 horas en capítulos de media hora. Y los sábados a las 23 se repite la historia completa de esa semana. Además, todos los capítulos pueden verse online en cualquier momento en el canal de Youtube de la TV Pública).

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