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domingo, 18 de mayo de 2014

Vamos Niezsche todavía

Hoy a la medianoche en La otra.-radio. FM 88,7. online, de la mano de Esther Díaz.

Ilustración: Bob Row

por Oscar Cuervo

Hace dos semanas estuvo Esther Díaz en La otra.-radio para anunciar lo que iba a ser el Congreso Internacional de Epistemología y Metodología "Nietzsche y la ciencia". Y una pregunta que yo tenía que hacer inevitablemente era el motivo de la inesperada coordinación de "Nietzsche" con "ciencia", antes que las más esperables "Nietzsche y arte", "Nietzsche y música" o "Nietzsche y política". La respuesta que me dio Esther la pueden escuchar directamente de su voz, clickeando acá, pero el valor de tal título se halla precisamente en las preguntas que suscita o los prejuicios que remueve. Porque semejante título no promete que Nieztsche puede constituirse en un nuevo paradigma para la ciencia tal como la conocemos, sino que más bien puede llevarnos a preguntar si acaso conocemos lo suficiente a la ciencia.

Niezsche apareció en la escena del siglo 19 como científico. Su primer libro lo hizo en carácter de filólogo, una de las ciencias más típicas de su época. Y, claro, era inevitable que El nacimiento de la tragedia fuera no solo cuestionado sino execrado en el ambiente de la filología. Tanto que gracias a él su autor perdió todo crédito en el mundo académico y en poco tiempo tuvo que abandonar la filología y su cargo universitario. Es que ese libro genial e inoportuno desbordaba un encuadre disciplinar tan estrecho como el de la ciencia del siglo 19. Y de todos modos es notable que, para el Prefacio agregado a la tercera edición Nietzsche dijera de manera muy explícita que lo que en ese primer libro planteaba era el problema mismo de la ciencia... "la ciencia concebida por vez primera como problemática, como discutible".  Y ahí entonces puede ser que empecemos a entender algo. 130 años después podría parecernos que la ciencia avanzó mucho, pero quizás esa sea una ilusión óptica promovida por la arrolladora tecnología, mientras las bases epistemológicas de la comunidad científica actual quizá no se hayan alejado tanto de la mentalidad que excomulgó a Nietzsche cuando publicó aquel libro improbable.

Esa impertinencia suya parecía intuirla Nietzsche incluso mucho antes, cuando en 1870 le escribió a un amigo esa frase que ya citamos:

"...no necesito adherirme a ningún patrón dominante, puesto que no aspiro ocupar puestos brillantes y famosos. En cambio, cuando llegue el tiempo, quiero hablar con toda la franqueza de que sea capaz. Ciencia, arte y filosofia crecen ahora tan juntos dentro de mí, que en todo caso pariré centauros".


El Congreso Nietzsche ya pasó y yo tuve una breve participación en él: además pude presenciar el tramo final, en el que el Orpheus Research Centre in Music, un grupo proveniente de la ciudad de Gante, Bélgica, presentó una performance titulada “El fragmento en sí mismo. Asemblage estético-epistémica para voz, piano, electrónica y video proyección, con música y textos de Friedrich Nietzsche”.  "El fragmento en sí mismo" es el curioso título de una pieza musical que compuso Nieztsche en su juventud. Y la performance del grupo consistió en cruzar su música con sus textos filosóficos e intervenir sobre estas texturas con otras -sonidos electrónicos, video, desarrollos conceptuales en los que el grupo propone rescatar la idea de una epistemología radical, donde el arte mismo se vuelva campo de experimentación. No se trata de que el arte se "cientifice", sino de extender la idea de experiencia, de liberarla de la doble reducción: la experiencia ha llegado a ser entendida como mero conocimiento y el conocimiento fue reducido a ciencia. ¿Y si pudiéramos hacer decir a la palabra "experienciacosas que ella decía antes de ser apropiada por el empirismo y el cientificismo? ¿Si la experiencia no excluyera la pasíón, la imaginación, la invención, lo abisal, aquello que no cabe en la proposición científica? La palabra "experiencia" contiene aún una voz que ya no suele escucharse, pero que remite a la peripecia, el viaje, la travesía... ¿Por qué resignarnos entonces a reducirla a un mero registro de datos sensitivos?

En su exposición para este Congreso, titulada "Nietzsche y la irrupción de epistemologías vitales", Esther Díaz dijo "...hay que aprender a escribir, y por lo tanto a hablar, con los mismos pies ligeros con que se baila. El pensamiento se cocina en el pliegue subjetivo que somos. Pero este pliegue –a su vez- es el afuera aglutinándose y dispersándose, ¿cómo expresarse entonces desde la rigidez de las proposiciones?, ¿cómo lograr un discurso por el que se deslice el sentido? Percibiendo los matices, no dejándose tentar por simplificaciones ni generalizaciones, vibrando con los acontecimientos, caminando sobre la historia. El modo de pensar la ciencia de Nietzsche es inconmensurable con la epistemología en boga y con una de sus funciones, la metodología aplicada como receta. La ciencia, en Nietzsche, es reafirmación de la jovialidad. Deben soplar vientos hostiles a la vida para concebirla como formalidad lógica. Además, la ciencia no es solo conocimiento, es vida, política, arte, práctica social. Nada de esto está reñido con el rigor ni la disciplina. No es necesario ser solemne para ser fecundo y sí es necesario ser visceral para pensar. He aquí a Nietzsche...".

Hace dos semanas, cuando Esther estuvo en La otra.-radio anticipando el Congreso Nietzsche, quedamos en que volvería para que habláramos después de lo que ese encuentro nos había dejado. Por eso hoy a la noche Esther vuelve a hablar con nosotros, para seguir pensando en estas cosas.

Medianoche en FM La Tribu. 88,7. online.

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