martes, 20 de julio de 2010

Noticias de Pez en Mar del Plata



por José Miccio

Ariel Minimal – de excelente humor - pregunta en un momento del recital que dio Pez el viernes pasado en una discoteca marplatense si alguien conoce a Jaimito Cohen. Es improbable: el promedio de edad del público – unas cien personas - se encuentra en la franja de los veinte. Minimal – que tiene cerca del escenario a los más entusiastas: pibes muy pibes que saltan y corean sus canciones - lo sabe, y aclara que Cohen era un comediante. Pero no insiste. Termina de afinar por tercera o cuarta vez y comienza otra canción. Toca feliz; es notorio. Y excelentemente. Franco Salvador, Pepo Limeres y Fósforo García lo sostienen y lo empujan. “Hoy estoy stand-up”, dice en otro intervalo.

Hace unos siete u ocho años, en otro lugar de Mar del Plata, Pez compartió fecha con Los Natas. Su recital comenzó con una versión de “Las guerras” y terminó rápido; Minimal se fue del escenario con cara de ojete: “No tocamos mas”. Un mal día antes; un gran día ahora.

Apenas eso.

Pero también otra cosa.

El disco nuevo de Pez – su duodécimo– es una declaración de fe en el rock, en su energía eléctrica y su vitalismo juvenil. En la tapa, los cuatro – ya grandecitos - separan sus pies del piso: a los lados, Salvador y García caminan las paredes; al frente, Limeres, el más hábil, se sostiene en una mano; en el centro, justo en el punto medio de las dimensiones, Minimal, pelado, no toca nada sino el aire. En el disco, trece canciones de distorsión y melodías diáfanas, sin cortes entre una y otra, todas en tempo altísimo, con apenas un descanso al final, de nombre claro: “Suerte de plegaria”.

Minimal – cabeza y aleta dorsal de la banda - tiene cuarenta años y suena como un hombre de su edad que recuerda su adolescencia: en escena, su panza y su tonsura dicen el tiempo, y también lo dice la sabiduría con que toca una música que recrea la que escuchaba cuando tenía quince. También de esa fuente llegan sus letras, afirmativas más que nunca, después de sus muchos testimonios de rabia y colores tristes. El show comienza con “Latigazo”, igual que el disco. Escuchamos entonces: “Acepté todo lo absurdo de esta vida / la belleza en la balanza pudo más / y ahora elijo no ser más el Dios que hostiga / y mi brazo es este puerto en donde anclás”.

La mayor parte del recital está dedicado a la presentación del nuevo CD. Brillan también “Soñar soñar”, “¡Vamos!” y “Un nuevo juego”. En un momento, el archivo se abre y suena “Cortapescuezos”, de su primer álbum, Cabeza, ese que, desde su mismo inicio con “Rompe el alba”, busca conexiones con Spinetta. Y hay, también, tiempo para canciones intermedias, por supuesto; sobre todo de Frágilinvencible, que cumple diez años.

Pero esta vez no hay progresivo.

O permanece en segundo plano, sugiriendo ideas que se tocarán distintas.

Minimal tiene amores diferentes y a veces encontrados En los 80 tocaba como un músico de los 80; al comienzo de los 90, como un músico de los 90; después decidió tener con el calendario una relación más polémica y ajustó sus oídos a la única década de su vida que no lo tuvo sobre un escenario. Por eso cantaba en “Siete”, de su segundo disco con Pez, Quemado, “Yo siempre seré wing derecho”, una versión– una más – del rocker como sujeto no reconciliado, y una manera desvergonzada de asumirse como extemporáneo cuatro años después de los 17 caramelos de Martes Menta, que entonces, en 1992, cuando Dynamo era el disco-rey, se llamaban sónicos.

El setentismo de Pez tiene su cima en 2001, el año de Convivencia sagrada, su quinto disco, que toma su nombre de un subsello de EMI dedicado a la música progresiva, muy recordado por quienes tenían edad de rock entre 1975 y 1980. Ahora, en las canciones recientes y en el show, los nombres son otros. Alguien pide un cover de los Misfits. Minimal rechaza la idea. Otro pide un cover de los Crass. Minimal vuelve a decir no. Hay alegría en el intercambio. Minimal no sobra los pedidos; usa un tono benevolente y tal vez cómplice; se sonríe. Los que gritan desde abajo saben de qué están hablando. La cuarta – y enorme - canción del nuevo disco de Pez se llama “Cassette”. Tiene letra de Minimal y música de Fósforo García. Y ambas son un viaje al tiempo de la educación sentimental de sus autores.

Comienza así, con estas palabras en verdad memorables: “Tu voz en el lado A y en el lado B, TSOL”. Y todo - Sentimiento Incontrolable y su A de Anarquía, Cemento, el cassette - dice adolescencia y dice años 80. Se trata de alguien – esa segunda persona que por costumbre asociamos a una mujer cuando es un hombre el que canta, pero que tal vez sea el propio Minimal, encontrándose consigo mismo en un pliegue del tiempo – que no sigue el camino de todos.

Es una historia conocida, el relato más terco del rock: la poesía del corazón tiene esta vez el nombre de Baudelaire y la imagen de un cuaderno espiralado; la prosa del mundo se cifra en la ciudad, el dinero y el mundial de fútbol que consagró a Maradona. El personaje de la canción enfrenta este conflicto en el espacio público – el recital de rock anarcopunk – y en el espacio privado – su propio cuaderno -. Y - ¡qué gran imagen! – encuentra su lugar propio en la traducción, que los reúne: “Las letras de los Crass / que a tu modo siempre traducís”.

“Cassette” es el momento más feliz del disco y fue el momento más feliz del recital. Es también la canción que ilumina el presente inmediato de la banda. “No estamos para pegar los temas”, comenta Salvador mientras Minimal cambia una cuerda. Enseguida, desparraman una energía gozosa y cristalina. El juego fue así: rock al palo y autoironía.

¡Ah, la edad del rocker!

El tiempo de los cuarenta se mostró en esas quejas ligeras y en una memoria larga; la adolescencia se cantó en “Cassette” y se dijo en Jaimito Cohen, que hacía de Drácula y de Borromeo en Calabromas.

Porque yo no necesitaba que Minimal me dijera que Jaimito Cohen era un comediante.

Qué vértigo.

Ayer cumplí 37 años.

Y me regalaron el nuevo disco de Pez.

El disco que tiene esta canción.

6 comentarios:

santiago segura dijo...

Bueno... Feliz cumpleaños!, digamos.

Las canciones de Pez que tienen anclaje en el pasado -musical y letrísticamente- suelen ser las mejores. Incluso en (paradójicamente) Hoy, creo que el tema que más me gusta es Los lados B, que repite lo del wing derecho que comentás en la nota.

jose dijo...

Santiago. Gracias (¿digamos?). Lo del cumpleaños importa poco; es la canción la que importa, como siempre. Me había olvidado de "Los lados B". Tenés razón; además de reiterar lo del wing derecho (Como René y Héber decía en "Siete") ahí se suma Kiss a la colección de bandas y más menciones a la televisión. La diferencia es que en "Los aldos B" el tiempo evocado es la niñez (yo recuerdo que había figuritas de Kiss y que un amigo de la primaria propuso romperlas porque los tipos mataban pollitos).

Unknown dijo...

No conozco demasiado a la banda, pero por el relato que hacés dan ganas de ponerse a escuchar. Buenísimo el post, y en general todo lo que escribís en la revista también.
Saludos.

César dijo...

Erica: ponete a escuchar Pez. Ya.

jose dijo...

Erica. ¡Muchas gracias! Y dale una chance a Pez: biên vale la pena. Y ya que estoy invito a escuchar también a Juan Ravioli, que graba para Azione Artigianale, el sello de Minimal y amigos. Tiene dos discos muy buenos: Álbum para la juventud 1 y 2.

Unknown dijo...

César: si me lo decís así...lo escucharé cuanto antes.
José: ayer lo comentaba con una compañera del trabajo y ella me dijo que el disco que más le gusta se llama "Hoy".
Saludos.